Los expertos insisten en que el irrepetible vocalista cubano Beny Moré forma parte de la trilogía de grandes mitos de la música latina de todos los tiempos, junto al argentino Carlos Gardel y el mexicano Pedro Infante.
Beny Moré estuvo ligado a la música desde el mismo momento de su llegada a este mundo. Pero lo cierto es que hasta 1940 no inició realmente una actividad que pudiera ser calificada como semi o profesional dentro de la música. Ese año formó en La Habana un dúo junto a un amigo llamado Anselmo, que se dedicaba a recorrer bares, cantinas y plazas para recoger algunas monedas que les entregaba el sorprendido público que escuchaba con atención. Según la biografía de Beny, como la cosa no daba para mucho, el futuro astro de la música cubana y latina, se vio obligado a trabajar duramente descargando pesados sacos de los barcos que llegaban al puerto de La Habana.
Pero estaba claro que Beny había nacido con una estrella, porque su suerte cambiaría radicalmente cuatro años más tarde al conocer a los miembros del legendario Trío Matamoros, que descubrieron, tal vez, por casualidad, el enorme potencial que se escondía tras ese muchacho llegado de provincias hasta la capital cubana y que mostraba un gran desparpajo y soltura, con un impresionante sentido del ritmo y una personalísima voz llena de matices. Comenzaba la leyenda de Beny Moré.