893. Biblioteca Pública - El ladrón de rostros. Ibon Martín sumerge a la subinspectora Cestero en las supersticiones religiosas del corazón de la montaña vasca
(Entrevista de Manuel Sollo). Un asesino en serie apodado El Apostol, que realiza un macabro ritual con sus víctimas, causa el pánico en la localidad guipuzcoana de Oñati y su entorno, un territorio de roca, agua y creencias milenarias. En este escenario se desarrolla la trama de El ladrón de rostros (Plaza & Janés), del escritor Ibon Martín, referente de lo que denomina el euskandinavo, el thriller vasco inspirado en el suspense nórdico. Es la tercera novela protagonizada por la subinspectora Ane Cestero y su Unidad de Homicidios de Impacto de la Ertzaintza. En plena pandemia, bajo un severo confinamiento, los vecinos de estos parajes rurales vivirán temerosos de que el criminal actúe en cualquier momento, movido por una misión divina contra supuestos pecadores. Le inspira el friso de los apóstoles creados por el escultor Jorge Oteiza en la fachada de la Basílica de Arantzazu. La superstición popular se entrevera con el extremismo religioso como caras de una moneda que nos revela la fragilidad humana y su necesidad de creer en algo cuando todo parece perdido. En el devenir de la investigación, junto a un nutrido grupo de sospechosos, surge la corrupción política, el sensacionalismo mediático, el machismo y los conflictos sobre el respeto a la legalidad en situaciones límites.