Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que escribí hace unos meses y que se titula “Mango y Sal”. Lo escribí cuando estaba en Nueva York, una temporada en la que cada día le compraba una bolsita de mango con sal, limón y picante a una mujer hondureña en Union Square, a la salida del metro. Recuerdo bien su expresión cuando veía acercarse a un policía: una mezcla de alerta y miedo que decía mucho más que cualquier palabra. Esa imagen se me quedó grabada y fue el punto de partida del cuento. Lo escribí pensando en ella. Cuando decidí contarle que la había convertido en personaje de una historia, ya no la encontré. Volví varios días al mismo lugar, pero no regresó. Hoy el cuento se publica en "El País Semanal" y lo comparto aquí. No sé si llegará a leerlo o escucharlo, pero sé que esa historia nació de un encuentro real y que yo no lo he olvidado.