Cuando nos sentamos frente a una pantalla, sabemos que lo que vemos es ficción. El cine nos entretiene, cuenta María Gómez en "Diálogos internos", pero también cada historia funciona como un espejo. Porque una historia de ficción abre conversaciones que difícilmente se generan de otra manera. "De repente, sin proponértelo, estás reflexionando sobre la vida, sobre la moral, sobre la sociedad… temas que quizá nunca saldrían en una cena normal o en una charla cotidiana", detalla nuestra colaboradora.
La ficción tiene ese poder: te lleva a lugares de tu mente a los que, por ti mismo, tal vez no llegarías. Por tanto, es una herramienta para buscar sentido a cosas que pasan en la realidad. "Lo primero que se me viene a la mente -cuenta María- es Platón y el "Mito de la Caverna", un espacio para cuestionar la realidad: un escenario ficticio que funciona como metáfora.
Las películas infantiles funcionan como una especie de guía de valores que nos moldea. Los clásicos de Disney son un ejemplo. Las pelis para adolescentes, otro. Con María nos preguntamos si el cine es un reflejo de la realidad o si crea la realidad. Concluimos que la ficción es espejo pero al mismo tiempo es motor: nos refleja y nos va educando. "Una buena película no te dice de forma directa lo que tienes que pensar, no es un sermón", asevera Gómez. "Lo interesante es cuando la historia está abierta". Esto lo podemos relacionar con el diálogo de Sócrates: en lugar de dar respuestas directas, te lanza preguntas.
Recurrir a la ficción puede ser una forma de buscar seguridad, de sentir que hay algo que puedes controlar. Por eso, la ficción no solo entretiene: funciona como una herramienta de autorregulación emocional. El cine no es solo entretenimiento, y a veces no te da todo mascado, te obliga a pensar. Esa es la verdadera magia de la ficción: mostrarnos la realidad de manera que podamos comprendernos mejor a nosotros mismos.
Si te gusta el cine, escucha el pódcast completo porque María nos ofrece propuestas de pelis que te harán pensar.