Algunos dicen que hay un exceso de piel fina y otros que ya se acabaron los años de “aguantar”. Así comienza su sección en "Ágora 3.0" el pensador sevillano Vico. Ambas posturas bien explicadas -añade- no están carentes de razón. Centremos las cosas. Cuenta Vico que para exista una agresión debe haber como mínimo dos intervinientes, el agresor y la víctima o agredido.
Pero lo que muchas veces se pasa por alto es que debe también existir una voluntad clara por parte del agresor de herir al agredido. Esto nos lleva, según explica nuestro experto en ética, a un poder moral del ofendido que mal usado no busca resarcirse sino posicionarse por encima del agresor en un ejercicio de poder muy atractivo para la supuesta víctima. Y con otro peligro añadido: que invisibilice a las verdaderas víctimas dejándolas desprotegidas. La sociedad debe proteger a aquel que lo necesita, y saber discernir cuándo hay que hacerlo sólo puede ponerse en práctica -concluye Vico- aplicando pensamiento crítico. Y tú, ¿conoces a algún ofendidito?