El gigante intelectual del siglo XVIII tenía un anlelo filósofico que podía resumirse en estas tres preguntas: ¿qué puedo conocer?, ¿qué debo hacer? y ¿qué puedo esperar?. Nos cuenta Enric F. Gel en "Pensemos fuerte" que Immanuel Kant pretende llevar las diferentes capacidades cognitivas humanas a examen. Kant empieza su viaje filosófico siendo un racionalista convencido. Pero entonces lee a Hume y, según cuenta él mismo, eso lo despierta de su sueño dogmático. El problema es que la filosofía de Hume conduce a un escepticismo radical acerca de la ciencia y de la moral y la mente que conoce deja de ser un mero sujeto pasivo del conocimiento, que se limita a recibir lo que le entra por los sentidos y ya está. Pero eso no convence a este filósofo prusiano.
Y aquí llega su famoso giro copernicano: para Kant, la unidad y la forma del objeto de conocimiento ya no tienen su origen en las cosas mismas, sino en el sujeto, que pasa a estar en el centro del proceso cognitivo. Según este pensador, conocemos el mundo filtrado por nuestra mente. Es decir, el sujeto recige unos datos informes de los sentidos y les da una cierta forma ante su conciencia. Es como si llevásemos puestas unas gafas de realidad virtual, por lo que en la filosofía de Kant la verdad -o la realidad- dependen de la mente del pensador.
Atención porque en este capítulo hay dos cameos interesantes: Aristóteles y Einstein.
Puede interesarte recordar la primera entrega que tuvimos sobre Aristóteles con David Hérnadez de la Fuente. (Pulsa sobre Aristóteles)