Diógenes de Sínope representa, quizá, el primer ejemplo de movimiento contracultural que desafió al poder al instalarse en los márgenes de la sociedad para criticarla. Apodado «el Perro», este filósofo único y rompedor vivía en una tinaja y buscaba a un verdadero hombre con una linterna. Definido por algunos como «un Sócrates enloquecido», Diógenes "el Cínico" marcó una huella indeleble en la historia del pensamiento alternativo y sigue siendo hoy, asegura David Hernández de la Fuente en "Retorno a Mileto", una de las figuras más reclamadas en nuestro mundo actual: desde las revueltas estudiantiles de los sesenta hasta movimientos como Anonymous o el 15-M. Diógenes utiliza la paradoja o del humor para delatar las contradicciones y las injusticias de su sociedad. Una especie de filosofía punk, descarada, anárquica y rompedora que pretende cantarle siempre las verdades a la sociedad de forma alocada e irreverente.
¿Por qué nos interesa tanto el mayor representante del cinismo? Dice nuestro colaborador que, frente a la mayoría políticamente correcta de las redes sociales y la política del pensamiento único, necesitamos aún el «buen» cinismo. "El cínico clásico -detalla David- se sirve del asombro ante una acción humorística o escandalosa convenientemente formulada con intención crítica y filosófica".
El cinismo propone un retorno a una vida sencilla de acuerdo con la naturaleza («kata physin») frente a la moral cívica tradicional; es una filosofía práctica y ascética. El comportamiento escandaloso tiene que ver con la necesidad de despertar a la sociedad dormida, aunque si todos fuéramos como ellos la sociedad, presume De la Fuente, no funcionaría porque los cínicos vivirán al margen de las normas sociales. Nos quedamos con que ayudan a la toma de conciencia ética y desarrollan estrategias para evidenciar las vergüenzas de la sociedad. Les gustaba escandalizar a la sociedad y meterse con los que se daban ínfulas de cultos, burlándose especialmente de las demás escuelas filosóficas.