El grafito es un material hidrofóbico, es decir, que repele el agua, pero también es no soluble en ella. Y aunque parece que llega a tocarse, lo cierto es que una fina capa de hidrocarburos ambientales se interpone ya que se crea una barrera dinámica entre ambos. Lo que en el ámbito científico siempre ha representado todo un misterio atómico, ha podido resolverse recientemente. Esta interacción lleva décadas ocupando a equipos científicos de todo el mundo, pero ahora, un trabajo recién publicado en Nature Communications ha dado un vuelco a nuestro conocimiento sobre el tema y ha logrado resolver las controversias existentes.
La investigación ha estudiado la interacción de moléculas de agua sobre grafito en condiciones ambientales reales y ha descubierto que el agua “nunca llega a colocarse en la superficie del material, ya que se le interponen dos o tres monocapas de hidrocarburos que vienen del entorno, lo que condiciona por completo las propiedades finales del material” según palabras de Ricardo García, investigador del CSIC en el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid y uno de los líderes del trabajo y con el que charlamos sobre este importante misterio atómico que acaba de quedar resuelto.