Bajo la lava de La Palma y en situaciones extremas de temperatura, en esta situación han permanecido miles de abejas desde que comenzó la erupción del volcán el pasado 19 de septiembre, y que hace escasos días han podido ser rescatadas.
El hecho demuestra, según Marcos Negrete, apicultor y ex presidente de la Asociación Española de Apicultores, la capacidad de resiliencia de las abejas para superar situaciones extremas.
Tres colmenas habían quedado parcialmente visibles y las otras tres enterradas, apenas a unos 600 metros de distancia del centro eruptivo, en la misma zona de Cabeza de Vaca donde el pasado 19 de septiembre se abrió la tierra.
Cinco de las seis colmenas que tenía un apicultor en esa zona, estaban intactas y solo las abejas de la sexta murieron, quizá "no por el volcán, sino porque ya estaban débiles", antes de la erupción.
Cada colmena puede albergar, entre 30.000 y 40.000 abejas en primavera, y entre 20.000 y 25.000 cuando hay menos flores, de cuyo polen se nutren.