Madrid Fusión volvió a demostrar en su 24ª edición que la gastronomía contemporánea es mucho más que una sucesión de platos: es cultura, identidad, territorio y, sobre todo, relato. A la espera de su vigesimoquinta edición en 2027, el congreso celebrado en enero reafirmó su papel como gran foro internacional donde chefs, productores, destinos y prescriptores dialogan con un comensal que ya no es pasivo, sino informado, exigente y con criterio propio.
Bajo el lema “El cliente toma el mando”, Madrid Fusión abordó uno de los grandes retos del sector: entender y anticiparse a las nuevas expectativas del consumidor. Un cliente que quiere saber qué hay en el plato, de dónde procede el producto, cómo se elabora y qué historia hay detrás de cada propuesta. La gastronomía, en este contexto, se convierte en una experiencia completa que va mucho más allá del sabor.
La dimensión internacional del congreso quedó patente con la presencia de algunos de los cocineros más influyentes del mundo, llegados de países como España, Brasil, Japón, Perú, Filipinas o Italia. Entre los momentos más destacados estuvo la presentación de CHINA TASTE 2026, cuya inauguración dentro de Madrid Fusión se consolidó como uno de los ejercicios más sólidos de diálogo intercultural. El encuentro entre Julio Zhang y Roberto Martínez Foronda, trabajando un mismo producto —wagyu— desde técnicas y sensibilidades diferentes, evidenció que la cocina china es compleja, precisa y profundamente cultural, muy alejada de los estereotipos más extendidos.
Con esta inauguración, CHINA TASTE arrancó oficialmente una nueva edición que se consolida como plataforma de encuentro entre culturas, donde tradición, producto y solidaridad se dan la mano. Una invitación a celebrar el Año Nuevo Chino a través del sabor y el respeto por la herencia culinaria, con menús especiales en restaurantes de Madrid y Mallorca.
Latinoamérica también tuvo un protagonismo destacado, especialmente con la presencia de Ecuador. Desde ceviches y encebollados hasta platos andinos como el hornado o la fanesca, los chefs ecuatorianos reinterpretaron recetas tradicionales con un enfoque contemporáneo, poniendo en valor técnicas locales y productos emblemáticos. Quito se presentó como un cruce de caminos gastronómico, una ciudad andina marcada por la papa, el camote y los granos, pero enriquecida por la migración interna y la diversidad cultural. Desde la costa, la chef chocolatera Natalie Areco explicó la fuerza de una cocina que nace entre la selva y el océano Pacífico, ejemplificada en elaboraciones como el bolón, un desayuno tan humilde como energético.
El corazón del producto nacional volvió a latir con fuerza en el espacio Saborea España, que reunió a 17 destinos gastronómicos de nueve comunidades autónomas. Un escaparate de la diversidad culinaria española, donde ciudades y territorios mostraron sus recetas, sus despensas y su manera de entender la cocina como motor económico y turístico. Como se destacó en una de las intervenciones:
"Vemos también como hace prácticamente 5 o 6 años en la familia saboreamos, éramos 8 o 9 y en este momento ya hay un pasillo largo que somos más de eh 15 destinos y yo creo que esto es eh evidencia que la gastronomía no solo es paisaje, no solo es economía, sino también es turismo".
Madrid Fusión Alimentos de España volvió así a consolidarse como el gran escaparate del turismo gastronómico nacional. Un punto de encuentro donde productores y chefs dialogan directamente con un público profesional cada vez más especializado. En este contexto, el aceite de oliva virgen extra ocupó un lugar central como símbolo de identidad y motor turístico. El oleoturismo, las visitas a almazaras y las catas forman ya parte de una estrategia que invita a descubrir el territorio desde el sabor. Aceite de Jaén se presentó como referente mundial, recordando la excelencia del picual:
"Sabor y salud”. Tiene unos polifenoles y unos compuestos volátiles maravillosos…".
El arroz fue otro de los grandes protagonistas, especialmente el amparado por la Denominación de Origen Valencia. El arrocero 2025, Arturo Roig, defendió la paella de temporada como reflejo del calendario agrícola y de la cocina doméstica, donde habas, alcachofas, conejo o caracoles marcan el ritmo del invierno, mientras que el garrofón y las alubias valencianas reinan en verano.
Entre los destinos urbanos, Zaragoza celebró su reconocimiento como Ciudad Creativa Gastronómica de la Unesco, y desde Baleares, la cocina ibicenca brilló de la mano de Rosina Walter, con elaboraciones que recuperan harinas antiguas, producto de huerto propio y sabores profundamente ligados a la isla.
La vertiente dulce puso el broche emocional al recorrido. Desde Lanzarote, Adela Ramírez llevó a Madrid Fusión una propuesta cargada de simbolismo: casas blancas de chocolate rellenas de batata, evocando la trucha dulce navideño y defendiendo el producto local como seña de identidad. El café también encontró su espacio, con la gama "1895 Coffee Designers" de Lavazza, que subrayó cómo el consumidor actual presta cada vez más atención a lo que hay en la taza y a la experiencia que la rodea.
Madrid Fusión cerró así una edición que confirmó que la gastronomía del presente —y del futuro— se construye desde la autenticidad, la experiencia y la capacidad de contar historias que conectan al producto con las personas.
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