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El museo etnográfico de Cantabria cumple 60 años

  • Rescatan la realidad rural de la región a través de los años
  • Aperos, herramientas y artesanía que muestran una Cantabria a punto de desaparecer
  • Buscan mantener la tradición oral para no olvidar quienes fueron
El museo etnográfico de Cantabria cumple 60 años
Rocío Pastor Eugenio

Amparo López Ortiz, Directora del Museo Etnográfico de Cantabria, abre las puertas para dar la bienvenida a quienes se acerquen hasta Muriedas. En este espacio privilegiado, cerca de Santander, desde el exterior, con su ermita y su hórreo, hasta el interior de la que fue la casa natal de Pedro Velarde, la tradición rural de Cantabria, se torna protagonista.

El museo se concibe como un lugar en el que el tiempo se detiene y el pasado se torna presente. Para los más mayores, se convierte en un reducto en el que la memoria les envuelve y recuerdan los útiles, objetos y herramientas que tenían en su propio hogar o en el de sus padres o abuelos; pero no es algo limitado a una cierta edad, sino que los más pequeños, impregnados por esa tradición oral que convertía en historia lo cotidiano, de generación en generación, pueden acercarse de primera mano, a los oficios capaces de convertir la madera en aperos, la leche en mantequilla o la miel en un manjar.

Dedicado al mundo rural, los instrumentos de labranza y los oficios de la región, cuelgan de las paredes, de habitación en habitación. En una era en la que la mecanización ha hecho desaparecer lo manual y la artesanía, ver todo aquello con lo que se inició lo que conocemos hoy, invita a la reflexión y a la pausa.

Pero no es lo único, la cerámica, la confección o incluso la ebanistería se dan cita entre las paredes de esta casa del Siglo XVII.

 Museo etnográfico de Cantabria

Una de las partes más especiales del museo, para muchos, es la dedicada al hogar. El amor de la brasa, los platos de cerámica para las ocasiones especiales, los coladores hechos de pelo de animal o los bancos - mesa que, antes de la llegada de cualquier tienda de muebles low cost, ya se plegaban para salvar el espacio de una cocina con muchos usos.

Familias que, con economías precarias, necesitaban hacer uso del ingenio para no desperdiciar absolutamente nada, ni comida ni madera y se nutrían a través de las reuniones familiares o con los vecinos. La religión, en el corazón de la casa, se representa con la Virgen de la capilla domiciliaria, que cada semana, se alojaba en el domicilio de un miembro de la familia.

 Miguel Angel de Arriba Miguel Angel de Arriba. Imagen del Museo etnográfico de Cantabria

Sin olvidar que nos encontramos en la casa natal de Pedro Velarde, una de las alas superiores del museo está dedicada a su memoria y muestra, otra realidad, la que representa cómo vivía la clase alta en el siglo XVII.

En sus habitaciones se encuentran su dormitorio, una recreación de la que fue su uniforme, el sillón frailero que la familia que utilizaba para ir a la Iglesia o impresionantes secreters, perfectamente tallados y decorados.

La casa ofrece una sucesión de espacios, en los que recorrer los oficios tradicionales, desde la minería hasta la riqueza forestal de la región que suministraba una serie de útiles imprescindibles para la vida cotidiana; sin olvidar la importancia de mercados y ferias, con la inclusión de la producción doméstica de los alimentos relacionados con la matanza del chon, la elaboración del pan, la manteca, el queso o la obtención de la miel o del orujo.

Los modos de vida agrícola, pastoril y ganadero que han aportado a la cultura material un profuso catálogo de objetos. Una considerable variedad, en la que también tienen lugar los instrumentos musicales, juegos y deportes del patrimonio cultural inmaterial de Cantabria.

Los fondos del museo están integrados por una excelente colección de objetos de distinta cronología, que dan muestra de la evolución y los modos de vida en el medio rural durante los siglos XVIII, XIX y XX.

Un recorrido por el pasado en el que además de disfrutar de visitas guiadas para grupos pequeños, para conocer cada utensilio del museo, también ofrece talleres gratuitos para, entre otros, aprender a bailar la jota o tocar la pandereta.

Tradiciones con las que dar valor a la memoria, la artesanía y los oficios de esta tierra.