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Música

El rescate de 'Marianela' y las obras perdidas de la lírica: "Hay 800 óperas, muchas olvidadas"

  • El Teatro de la Zarzuela recupera en concierto obras españolas de las que no hay grabaciones
  • La última, Marianela, que se estrenó en 1923, del compositor exiliado Jaime Pahissa 

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'Marianela' se ha representado del 27 al 29 de noviembre en el Teatro de la Zarzuela JAVIER DEL REAL

El pasado 29 de noviembre el público dedicó una gran ovación a Marianeladel compositor catalán Jaime Pahissa (1880-1969), en el Teatro de la Zarzuela. Los aplausos simbolizan una paradoja temporal y una pizca de justicia poética: valoran a un autor difuminado y la resurrección de una ópera cuya melodía no se escuchaba desde hace 95 años en España.

Esta heredera vanguardista de Marianela forma parte del programa de recuperación por parte del coliseo madrileño desde 2016 de obras perdidas en la quebradiza memoria de la lírica.

La ópera fue escogida como un doble homenaje en el año Galdós: al escritor, en cuya novela homónima se inspira aunque con muchas distancias, y al propio Pahissa, filósofo de la música que murió en el olvido en Argentina tras su exilio por la Guerra Civil (aunque Marianela tuvo un reestreno apoteósico en 1946 en Buenos Aires).

Partitura de la obra de 1923

Para desempolvar la gestación de la partitura hay que remontarse a 1923, el compositor crea una versión, tras conocer a Galdós al que admiraba, basada en un libreto de los hermanos Álvarez Quintero que sube con éxito a las tablas del Gran Teatre Liceu de Barcelona.

Jaime Pahissa es seguidor y teórico de la ópera alemana, en especial de Wagner, y huye del edulcoramiento asociado a la lírica italiana, más de moda en la época. El resultado es una deconstrucción a conciencia del folclore en un drama expresionista sin altibajos.

Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela, define al compositor como “visionario” y uno de los grandes creadores de la primera mitad del siglo XX, pero sin huella en los repertorios.

“De Marianela solo existía la partitura no había grabación. El patrimonio musical de un país es tan importante como el pictórico o literario y hay muchísimas obras que se han olvidado. Me parece importante que determinadas óperas que nadie ha tenido oportunidad de escuchar las hayamos recuperado como María del Pilar de Gerónimo Jiménez, La Tempestad de Ruperto Chapí o Farinelli de Tomás Breton y que ya quedan ahí para otros. Creo que es esencial porque te permite descubrir los orígenes y luego decides si te gusta o no”, señala Bianco en una entrevista a RTVE.es.

"España exportaba ópera en los años 20"

El coliseo prepara las obras para concierto con años de antelación y programa dos joyas olvidadas por temporada (por lo general en tres funciones). Este tesoro bebe del “consumo masivo” de teatro lírico en los primeros años del siglo XX cuando España "exportaba" ópera y zarzuela a 21 países de Latinoamérica.

“Somos uno de los países europeos que más hemos compuesto. En torno a 9.000 zarzuelas y 800 óperas, hay que pensar que entre todo esto el 85% son malas pero queda un 15% de calidad”, explica Emilio Casares, musicólogo, catedrático emérito y fundador del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU).

“Las veces que yo he presenciado la salida de nuestra lírica a Europa me he quedado impresionado por la buena acogida. En la Scala de Milan con Luisa Fernanda se caía el teatro con muchísimos aplausos de quince o veinte minutos. Y me preguntan, pero ustedes ¿tienen estas óperas y no se conocen?”, analiza uno de los mayores recuperadores de patrimonio musical desconocido.

La soprano Adriana González en el papel protagonista JAVIER DEL REAL

Casares espiga desde hace 30 años partituras dispersas en bibliotecas, en el archivo de la SGAE (Sociedad General de Autores) o en otros países en una labor minuciosa y cuasi detectivesca.

“Por ejemplo, yo encuentro en Nápoles una obra de Martí y Soler. Tengo que ir allí, estudiar la partitura, comprobar su calidad y microfilmarla. Está escrita con grafías del siglo XVIII y con tinta. Hay una primera labor que es trasladar estas músicas a grafías modernas. Meterlas en un programa de ordenador, copiarlas y hacerlas visibles para que un director moderno y un violinista las pueda tocar sin ningún problema. Este proceso puede durar entre un año y medio es como si recuperara una catedral que estaba destruida”, señala el experto que añade con cierta sorna que lo más difícil es convencer a un teatro porque la mayoría se va a valores seguros como Doña Francisquita o La Traviata.

En el caso de Marianela, el Teatro de la Zarzuela ha saldado su deuda histórica con Jaime Pahissa con un concierto de orquesta y coro al completo; la soprano Adriana González ha encarnado el papel protagonista.

La escenificación es la asignatura pendiente en estas reconstrucciones aunque sí pudo llevarse a cabo con una obra “escondida”: El sueño de una noche de verano de Joaquín Gaztambide, estrenada en 1852 y desaparecida.

“Esta obra pensábamos que era de Shakespeare y en la SGAE sacaron el manuscrito. Yo buscaba los personajes y buscaba a Puck pero no era de Shakespeare era de Gaztambide que se había inspirado en el autor inglés aunque había muchos personajes parecidos. Fue un descubrimiento (…) Es un momento maravilloso cuando le pides a un pianista que lo toque y ves cómo nace la música”, relata Daniel Bianco.

Los especialistas aseguran que quedan muchas composiciones de Breton, el gran maestro de la lírica española que va más allá de La verbena de la Paloma (1894), Chapí y Ramón Carnicer, por emerger de las sombras del tiempo.

De momento, el Teatro de la Zarzuela ofrecerá al espectador del siglo XXI la oportunidad de escuchar por primera vez Las calatravas de Pablo Luna. Será en 2021 si el coronavirus lo permite.

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