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Entrevista

Lemaitre: "El éxito no me ha retirado el cerebro y tengo buena memoria, los que me son queridos no son los privilegiados"

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Pierre Lemaitre cierra su trilogía sobre el periodo de entreguerras en Francia con 'El espejo de nuestras penas'

Pierre Lemaitre ha tardado siete años en completar una trilogía que cubre 30 años en la historia de Francia, desde 1910 hasta 1940. Más de 1.600 páginas de aventuras protagonizadas por héroes anónimos que nos llevan de la primera guerra mundial a la ocupación nazi. El escritor al que algunos comparan con Victor Hugo o Alejandro Dumas nos concede esta entrevista vía telemática desde su casa, dónde prepara ya una nueva novela que arrancará en 1949 y será una saga familiar. Lemaitre no ha perdido el sentido del humor ni la capacidad de ponerse del lado de los más desfavorecidos, en la literatura, y en la vida real dónde se muestra muy crítico con la gestión de la covid19 del gobierno francés.

P.: Al principio de la novela escribe la frase, “Por dondequiera que va, el hombre siempre lleva consigo su novela” de Pérez Galdós, ¿por qué la escogió?

R. No había citado aún a Galdós, alguien a quien admiro mucho, lo cual me sorprende la verdad. Creo que esa frase la escribe en Fortunata y Jacinta y me parecía muy adecuado para mi proyecto literario. Cada uno de los personajes se lanza al camino llevando a cuestas su propia historia y con el deseo de escribir el último capítulo de su propia vida. En esta novela todos buscan la verdad sobre su historia personal.

P.: Esta trilogía, Los hijos del desastre, le ha llevado 7 años, ¿cómo se siente ahora que ve el conjunto terminado?

R. : Quizás te parezca inmodesto y pretencioso, pero cuando veo los tres libros, uno al lado del otro, son 1.600 páginas de una historia de la que no estoy en absoluto descontento. Tampoco diría que estoy orgulloso, no tengo la sensación de legar a la posteridad una obra mayor, pero estoy contento, hay un aire novelesco que lo rodea todo que me gusta. Tengo la impresión de que un lector que empezara ahora la trilogía tiene por delante tres libros, un conjunto, una promesa de lectura interesante. Así que estoy contento de lo que he conseguido, la serie ha tenido éxito, ha encontrado lectores, ha sido traducida a 42 idiomas. Ya sé que no soy Balzac, ni Proust, ni Dumas, ni Víctor Hugo. No soy más que Pierre Lemaitre pero al menos he llegado al final de este proyecto con un producto literario que no desmerece.

No tengo la sensación de legar a la posteridad una obra mayor, pero estoy contento, hay un aire novelesco que lo rodea todo que me gusta

P.: Bueno, algunos en su país le llaman el nuevo Dumas, no sé si eso le agrada

R.: No sé quién lo dice, y si lo dicen en buen sentido, o si lo que me están llamando es el último autor del siglo XIX. Quizás me encuentren un poco viejo, pero, en fin, no es desagradable que te coloquen cerca de Alejandro El Grande.

P.: La primera novela de esta serie,  Nos vemos allá arriba, era un texto que mezclaba drama, humor, romanticismo. Con ella alcanzó un enorme éxito, pero, ¿cómo decidió cambiar de género y dejar atrás la novela negra?

R.: No lo hice aposta, no me levanté una mañana y me dije, estaría bien escribir, Nos vemos allá arriba quería hacer un polar, una novela negra que sucediera al final de la guerra. Pero no avanzaba y enseguida comprendí que mi historia no tenía el código genético de una novela policiaca. Las historias tienen un código genético, un genoma, y esa historia no tenía el buen género, así que tenía dos opciones abandonar para hacer un policiaco o decirme será otra cosa, y eso es lo que hice, aunque no hubo nada premeditado.

P.: Tampoco tenía claro hacer una trilogía, tengo entendido que fue después de la primera cuando tomó la decisión de convertirlo en una trilogía.

R.: Fue quizás por el azar de las circunstancias. Si esa novela no hubiera encontrado su público, no hubiera sido premiada; si no hubiera tenido éxito, habría vuelto a las novelas policiacas, pero me vi empujado a ello por el éxito. El público me pedía algo que yo tenía ganas de escribir. Ahora mismo estoy en una circunstancia muy diferente, me he planteado otro proyecto literario que aún no sé si será un díptico o una trilogía, pero quiero adelantarme a los volúmenes posteriores

P.: ¿Ha decidido ya el tema de su siguiente trabajo?

R. Si, será una saga familiar, 30 años de la vida de una familia formada por tres hijos y una hija y va a comenzar después de la segunda guerra mundial, en 1949, en el momento en el que estamos en eso que en Francia se llama “los treinta gloriosos” y que son los tres decenios, los años 50, 60 y 70 dónde el país gozaba de una buena salud económica, con un índice de paro casi reducido a cero, una buena seguridad social… Estoy escribiendo el primero que va de 1949 a 1951 y es una especie de espejo de Nos vemos allá arriba dónde reflejaba las dificultades de los superviviente de la Gran Guerra y en esta retrato los problemas de las personas que han estado cuatro años bajo los mandos nazis.

P.: Si volvemos a hablar de El espejo de nuestras penas, como lectora me sorprende la dureza con la que se habla de la inutilidad del Estado Mayor francés, no sé si es una visión compartida por los historiadores en Francia, si hay consenso en que se dejó a los alemanes llegar al corazón del país con mucha facilidad.

R. Es una opinión general compartida por los historiadores, sobre todo ahora que ha pasado el tiempo suficiente y que los historiadores tienen la distancia necesaria para trabajar ese periodo. Veinte años después de la guerra había muchas hipótesis, pero ahora 70 años después lo hemos comprendido. Lo que intento es traducir esa realidad a través de un puñado de personajes que lo llevan a escena.

P. En la novela vemos como los franceses creen que su ejército lo está haciendo bien, creen en esas mentiras que reciben a través de los medios de comunicación, lo que hoy llamaríamos fake news, y en nuestros días en ocasiones pasa algo parecido.

R. Si, pero no hay que comparar a los franceses de 1940 y a los de ahora. Si te pones en la piel de alguien que en 1939 no paraba de escuchar que teníamos una armada invencible, la mejor del mundo, que la línea Maginot era inquebrantable, a fuerza de decirlo, se intoxicó a la gente con tanta propaganda que el que no lo creyera era considerado un loco. Hoy es muy distinto, un político no puede decir una mentira sin que enseguida salga alguien en una red social y lo desmienta. Eso nos permite tener una multitud de información que nos permite dudar, pero en 1939 no había más que radio y periódicos, ante una propaganda así de masiva no es que quisieran creer, es que creían porque creían los que les decían, les habían dicho y repetido que era así. De hecho la novela arranca así, con el convencimiento de que Francia va a ganar la guerra. Creo que hay algo peligroso desde el punto de vista intelectual en juzgar a la gente de la época con nuestros ojos. La gente necesitaba creer, y su desilusión fue tremenda, la caída fue cruel, creían que habían recibido información pero se trataba sólo de propaganda.

Hay algo peligroso desde el punto de vista intelectual en juzgar a la gente de la época con nuestros ojos

P. Puedo preguntarle por la pandemia, ¿cómo le ha afectado el confinamiento, ver lo que sucedía a su alrededor?, ¿ha afectado por ejemplo a su trabajo, a su concentración?

R. La verdad es que no me apetece mucho responder a esta pregunta porque lo que diga puede parecer obsceno. Soy extremadamente privilegiado, trabajo en mi casa, con mi mujer, tengo una casa grande, un jardín. Pero hay un montón de gente que ha pasado dificultades, esas mujeres que han convivido con un marido violento, las familias numerosas… ¿Qué quieres que te diga? Si te respondo, diciendo que he tenido problemas sería obsceno. Te diré lo que creo, ha sido muy duro para los pobres, para los que tienen condiciones terribles, yo tengo dinero, y condiciones extremadamente privilegiadas, no me voy a quejar de que ha sido duro trabajar durante la pandemia

P. Es la respuesta de alguien que en sus novelas se coloca siempre del lado de los pobres.

R. Yo vengo de un barrio de clase media, soy fiel a lo que he sido. El azar de la existencia ha hecho que mis condiciones de vida sean privilegiadas y bien superiores a lo que yo podría haber esperado razonablemente cuando era joven pero tengo buena memoria. El éxito no me ha retirado el cerebro y tengo buena memoria. En quien pienso, los que me son queridos no son los privilegiados, que para mi son los menos importantes, son esas enfermeras que han tenido que ir a trabajar con bolsas de basura en lugar de equipos de protección, con máscaras compradas en Decathlon porque el Estado no era capaz de protegerlas. Pienso en los valientes médicos que fueron voluntarios a los hospitales y que han muerto por la covid19 en el momento en que Macron decía que las mascarillas no servían para nada. Pienso en la gente que limpiaba la basura todos los días para que la ciudad no fuera invadida por las ratas, y que lo hacía en condiciones de salud espantosas mientras el gobierno nos aseguraba que íbamos a hacer frente a la pandemia, que estábamos en guerra, y que finalmente Macron era el nuevo Clemenceau. Todo eso es de chiste. Ha habido mucha gente que lo ha pasado mal, infinitamente peor que yo.

El gobierno nos aseguraba que íbamos a hacer frente a la pandemia, que estábamos en guerra, y que Macron era el nuevo Clemenceau

P. Si le parece volvemos a hablar de la novela, de Louise su protagonista principal y del concepto de la maternidad que es uno de los más importantes en esta novela.

R. En el caso de Louise no tenía mucha elección, al final de la novela Nos vemos allá arriba decía que reencontraríamos a Louise en los años 40 algo que todo el mundo había olvidado seguro, pero yo no, además me parecía que tenía un buen perfil para heroína porque no sabíamos mucho de ella así que yo tenía espacio para inventarle una vida. Era además una hija del desastre, una superviviente de la segunda guerra mundial, su madre había perdido la cabeza, tenía 30 años, una edad perfecta para una heroína. El tema de la maternidad surgió cuando fabricaba sus secretos de familia, necesitaba fabricar una historia que contuviera esa historia, me he aprovechado de la novela, de su estructura para que haya todo tipo de maternidades, deseadas, intempestivas, algunas que no llegan a producirse… Esta es una novela con muchas historias de amor que reflexiona también sobre las consecuencias de ese amor que muchas veces es la maternidad.

P. Es además una novela que retrata el enorme éxodo de los franceses huyendo de los alemanes, más de 10 millones de personas aterrorizadas, ese Espejo de nuestras penas que da título a la novela, ¿qué signfica?.

R.: Es un evento sorprendente que no tiene equivalente en la historia de Europa. Ha habido por supuesto inmigraciones masivas pero nunca que yo sepa un evento tan espectacular y repentino. No son 10 millones de personas que van a inmigrar en un año. Son 10 millones de personas que se van a echar a la carreta en dos semanas. Sobre la primera guerra mundial hay una centena de novelas; sobre la segunda, miles; sobre el éxodo, cinco. Así que decidí utilizarlo como metáfora para mi proyecto literario que quería contar el periodo de entreguerras. Empezaba con el final de una guerra y terminaba con el comienzo de otra. Vamos de una debacle a otra. De una guerra en la que habíamos ganado, pero que la historia dice que no hubo un ganador, en la que sembramos Europa de decenas de miles de muertos para un resultado inútil. Y ahora vamos a ver en un solo golpe un pánico general, la ruina de la confianza que la gente tenía en sus gobernantes. El éxodo me parecía una estupenda imagen, tenía un buen personaje, un buen escenario, la gran cuestión era reunirlos y creo que lo he conseguido.