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Premios Goya 2016: 'Un día perfecto', nominada al Goya a mejor película

Fernando León de Aranoa y la épica punk-rock de los trabajadores humanitarios

  • El cineasta estrena en Cannes su sexta película: Un día perfecto
  • Con Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko y Mélanie Thierry
  • RTVE.es entrevista al director

Por
Fernando León de Aranoa presenta en Cannes "Un día perfecto"

8 NOMINACIONES A LOS GOYA

Mejor película
Mejor dirección: Fernando León de Aranoa
Mejor guion adaptado: Fernando León de Aranoa
Mejor actor de reparto: Tim Robbins
Mejor dirección de producción: Luis Fernández Lago
Mejor dirección de fotografía: Álex Catalán
Mejor montaje: Nacho Ruiz Capillas
Mejor diseño de vestuario: Fernando García

En 1995, en pleno conflicto bélico, Fernando León de Aranoa rodaba, a petición de trabajadores humanitarios, material documental en Bosnia. En la tristemente bautizada como Avenida de los francotiradores de Sarajevo, una pintada atrajo su atención: En Ruanda están peor. “Era un prueba del humor que necesitaban los locales para resistir una situación como esa”, recuerda el cineasta. “El humor es catártico, es una manera de poner distancia y de protegerse también para sobrellevar las cosas”.

Han pasado 20 años y León de Aranoa presenta en Cannes (en la sección Quincena de realizadores) Un día perfecto, su sexta película de ficción y única presencia española en el certamen. Un homenaje, sazonado con humor, a los trabajadores humanitarios en conflictos bélicos para el que ha contado con Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko Mélanie Thierry. Con la participación de TVE en la producción, no será hasta el 28 de agosto cuando se estrene en España.

Un día perfecto está basada en la novela Dejarse llover, de Paula Farias, que transcurre en Kosovo. León de Aranoa desplaza la acción a Bosnia para aprovechar sus vivencias, aunque su historia podría desarrollarse en cualquier escenario bélico. “De Bosnia traje la sensación de irracionalidad, de laberinto, de impotencia, de confusión enorme. La primera víctima de un conflicto es la racionalidad y a partir de ahí todo el mundo entra en una lógica distinta: la de hacer daño”.

No es una cinta que haga hincapié en el horror, sino que retrata la energía de quienes voluntariamente acuden a parchear, en la medida de sus posibilidades, el escenario caótico de la guerra. “He querido hacer una película fuerte, vibrante, con humor, que fuera punk-rock más que un cuarteto de cuerda melancólico y triste”, cuenta como declaración de intenciones. “Los trabajadores humanitarios tienen sobre su espalda la difícil tarea de poner orden en ese caos irracional que son las guerras”.

Benicio del Toro es un curtido trabajador humanitario que, aunque llamado Mambrú, sabe cuando dejará la guerra: en una semana. Lidera un equipo que trata de rescatar un cadáver lanzado a un pozo para contaminarlo. Conseguir una cuerda se convierte en un imposible. En el conflicto parece que solo tienen dos usos: izar banderas y ahorcar enemigos. Tim Robbins es B, un veterano intuitivo y temerario. Y Mélanie Thierry es la recién llegada todavía impresionable.

Tim Robbins y Benicio del Toro protagonizan la nueva película del director de 'Barrio' o 'Los lunes al sol'. Narra la historia de un grupo de cooperantes que trata de sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión imposible, en la que el verdadero enemigo es la irracionalidad. Se estrena el 28 de agosto

A León de Aranoa le contaron una vez que existen tres tipos de trabajadores humanitarios: misioneros, mercenarios y marcianos. Una tipología que responde a los tres personajes, pero que también puede interpretarse como tres fases inevitables para cualquiera.

“Es verdad que hay algo de progresivo. Cuando alguien se ha profesionalizado como es el caso de Mambrú, puede estar más dispuesto a hacer renuncia y me gustaba que aprendiera de la recién llegada, que tiende a ser vehemente. Pero es verdad que son pasos progresivos, extrapolables a cualquier profesión. Incluso el cine”, sostiene. Entonces, ¿misionero, mercenario o marciano? “Soy misionero, a pesar de todo. O los tres juntos. Lo que sí es cierto es que trabajo con la vocación con la que empecé”.

Benicio del Toro, un socio creativo

Bosnia remite a drama, limpieza étnica, barro y lluvia. Y Un día perfecto aligera esa carga dramática porque el humor en defensa propia de los trabajadores humanitarios lo pide. “Recuerdo un momento de mucha presión, que tenían que evacuarnos de un campo de refugiados de Uganda, ver a trabajadores humanitarios de mucha experiencia hacer las mejores bromas”.

Rodada en las montañas de Granada, similares en vegetación a los Balcanes, los plano aéreos de los todoterrenos perdiéndose por carreteras laberínticos remiten al estado mental de los personajes. “No teníamos la necesidad de rodar allí por que la historia tiene cierto grado de abstracción, tiene algo de circular. Además no me siento atribuido para hablar de la Guerra de Bosnia. A veces, en el mismo día de rodaje, teníamos actores bosnios, serbios y croatas. Y, de repente, se veían reproduciendo situaciones que habían vivido 20 años atrás pero cambiados de bando. Tras el rodaje, con una cerveza en la mano, la cosa acababa en risas desmontando lo surrealista que es la guerra”.

León de Aranoa destaca el trabajo de Benicio del Toro. “Fue un socio creativo indispensable, implicado en compromiso, horas de trabajo… Traía muchas aportaciones para el personaje y eran buenas en el 90% de los caso”. Del Toro viene de interpretar a Pablo Escobar en Escobar: paraíso perdido y precisamente el nuevo proyecto de León de Aranoa será una película sobre el narcotraficante con Javier Bardem y Penélope Cruz.

El cineasta confiesa que, hasta ahora, medía el éxito de las películas en función del parecido final con el guion escrito. “Y siempre estaba por debajo. Honestamente, creo que en esta película lo rodado ha mejorado lo escrito. El no tener tiempo para ensayar fue un estímulo para improvisar, que el rodaje fuese más creativo. Me ha venido bien para luchar contra mi tendencia natural a llevar todo atado”.

Un brío que considera que impregna Un día perfecto y que encaja con la necesidad de desconexión de quienes lidian con el dolor y la muerte. “Cuando pasan las cosas, pasan. Ellos están en movimiento siempre, para resolver el problema o salvar el pellejo. Como la canción de Lou Reed de los créditos finales, es tiempo para la acción, no hay tiempo para discursos, para circunloquios. Es tiempo para actuar: es la base de su trabajo”.

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