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No recomendado para menores de 12 años Versión española - La playa de los ahogados   - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

¿No entras? Está dormido.

Está Leo aquí.

Hola, tío, ¿cómo estás?

(Llaman a la puerta)

Buenos días, doctor.

Doctor.

¿Alguna novedad? No, no, no.

(SUSURRA)

No entiendo. ¿Qué dice, tío?

(SUSURRA) Que apuntes al doctor en el libro de los idiotas.

¿Que apuntes al doctor en el libro de los idiotas?

¿Es verdad que tenéis un libro de idiotas?

¿No lo sabías? No.

¿Quieres que te lleve a algún lado? Depende, ¿dónde vas?

A mi casa. No querrás que me quede aquí con este ambiente.

¿Si te acompaño me puedes traer mañana?

Pues claro.

(Música)

Es de la última cosecha, Leo, a ver qué te parece.

Está bueno.

Y eso que aún le falta un poquito.

Está muy bueno.

¿Los apuntas ahí a todos?

A todos no. Hace años que dejé de actualizarlo.

Me daba demasiado trabajo. (RÍE)

(Móvil)

Espera, espera. Sí, dime, Rafa. "¿Dónde anda, jefe?"

¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?

Han encontrado el cadáver de un hombre en una playa de Panchón.

¿Un marinero? "¿Cómo quiere que lo sepa"?

¿Va a tardar mucho?

La forense ha preguntado si podemos pasar a recogerlo.

Bueno, pues ve tú a recogerlo. ¿Yo solo? ¿Y usted?

¿Yo?

Aquí tengo, por lo menos, hasta mediodía.

Muy bien, pues nada, ya voy yo. Bueno, venga, hasta luego.

Hola.

Rafa.

De buena se ha librado. ¿Dónde estaba?

¿Has comido? ¿Comer? No, no voy a comer.

Pues yo me muero de hambre. ¿Me acompañas y me cuentas?

Cuando llegué ya estaba el cuerpo fuera,

estaba echando espuma por la nariz y por la boca.

¿Un marinero? (ASIENTE)

Se llamaba...

Justo Castelo.

En el pueblo le conocen como El Rubio.

El domingo salió en su barca a navegar

y ha aparecido flotando en la orilla.

¿Iba solo?

Llevaba las manos atadas con una brida de plástico.

Un suicida.

El forense dice que no. ¿Por qué?

¿Seguro que no quieres?

Está buenísimo. No, no, de verdad.

No me digas que es la primera vez que ves un ahogado en tu vida.

No, no.

En mi tierra alguna vez aparece uno en el río, pero...

A mí es que los muertos...

Y ese Castelo, ¿no? Justo.

¿Eh? Justo Castelo.

¿Tenía familia?

Ni mujer ni hijos, pero la madre y la hermana viven en el pueblo.

Esta tarde viene la hermana para identificar el cadáver.

¿Hablaste con ella?

¿No te dijo nada?

¿No hablaste con algún vecino? ¿Con nadie?

¿Usted qué cree?

Pero esto es lo de siempre.

La gente abre la boca para no decir nada.

Perdón, que a veces se me olvida que es usted uno de ellos.

(Música)

Rafa, entra si quieres.

Os puedo adelantar que murió ahogado.

(SUSURRA) Para saber eso no hace falta una autopsia.

Tenía los pulmones encharcados,

así que estaba vivo cuando cayó al agua.

¿Te ha contado Rafael que tenía las manos atadas con una brida?

Sí. Y que no crees que se las atara él mismo.

No.

Pues no sería el primero. No, no, a este se las ataron.

¿Por qué?

¿Cómo te ceñirías una brida?

No sé...

Con los dientes. Efectivamente.

Y el cierre quedaría aquí en la zona de los pulgares.

Pero en este caso estaba en la zona de los meñiques.

Pudo moverse después. No, no, mira la herida.

Demasiado apretada como para moverse. Y hay otra cosa.

La mayoría de los golpes que ves son traumatismos post mortem,

pero hay uno provocado en vida.

Se lo tapa el pelo, pero tiene más o menos...

Esta forma.

Le golpearon con algo alargado y con una bola en la punta.

O sea, que según tú, primero lo golpearon,

luego le ataron las manos y le tiraron al agua.

Por ese orden.

¿Y la hora de la muerte? Pues... 2-3 días.

La última vez que le vieron con vida fue domingo por la mañana, ¿no?

Sí. Pues eso, tres días.

Muy bien.

Sus cosas las tiene Clara García. Muy bien.

Esa es la ropa que llevaba puesta y estas sus pertenencias.

Las llaves, la medalla de la Virgen del Carmen y una figa.

¿Una qué?

Es un amuleto. Una figa.

¿Nada más?

También una bolsita con polvo blanco en un bolsillo.

¿Droga?

Supongo. Estaba mojada, la mandé al laboratorio.

¿Esa es la brida? Sí.

Nunca había visto una así.

Yo tampoco, pero no he encontrado nada que identifique al fabricante.

Eso es chino.

Últimamente todo es chino.

¿Qué pasó con el barco? No sé.

-Perdón, inspector, está aquí la hermana, Alicia Castelo.

¡Clara!

Hola, soy el inspector Caldas.

Siento mucho lo de su hermano. Muchas gracias.

El sábado estuvo en mi casa.

Venía casi todas las tardes a ver a mi madre.

Está impedida y vive conmigo.

Mi marido pasa muchos meses embarcado y nos hacemos compañía las dos.

¿Su hermano estaba bien?

Estaba como siempre.

¿Sabéis si había discutido con alguien o le preocupaba algo?

¿No?

¿Alguna amistad nueva o extraña?

¿Drogas?

No sé qué le habrán contado, pero Justo dejó eso hace mucho.

Mucho es... Años.

Gracias. Bueno...

Acompáñala dentro, anda.

(Móvil)

Caldas, la sustancia de la bolsita es sal.

¿Sal? Eso han dicho.

Yo me piro, chao. Bueno.

Chao.

(Música)

Buenas noches.

Oye, Carlos.

¿Tú por qué crees que alguien llevaría en el bolsillo del pantalón

una bolsa con sal?

No lo sé, Leo. Me rindo.

¿Por qué?

No es una adivinanza, es por si lo sabías.

Vete al carallo. Te pongo una de pulpo.

¿Sí? "Soy yo, lo viniste?"

No pude acercarme al hospital. ¿Cómo sigue el tío?

"Bueno, más o menos". Bueno...

Mañana tengo que acercarme a Panxón a primera hora.

A ver si me puedo pasar a la vuelta.

(Música)

(HABLA EN GALLEGO)

Dos kilos y medio. Y medio...

(HABLA EN GALLEGO)

El de la boina y las barbas canosas es uno de los compañeros del muerto.

El otro es aquel de naranja, se llama José Arias.

Empezamos por el marisco. Bien.

(HABLA EN GALLEGO)

¿Esos son hembras preñadas?

Son, pero no es por compasión.

Sin pesca no hay pan, amigo.

¿Cuándo vio a Castelo por última vez?

Estuvimos juntos en la subasta del sábado.

¿Estaba bien? Estaba como siempre.

¿Y el domingo?

El domingo no pescamos. Ya...

Pero el domingo por la mañana vieron a Castelo salir al mar.

Lo verían. Cuidado con los pies.

¡Coño! Gracias.

¿Quiere que le eche una mano? No, no hace falta.

Y...

¿Sabe si Castelo tenía algún problema con alguien por el puerto?

La verdad es que no teníamos mucho trato. Fuera de esto, no...

Ya, se llevaban mal.

Ni mal ni bien. ¿Entonces?

La vida, amigo. (RÍE)

Ya está todo vendido, ¿eh? No, no. No venimos a comprar nada.

Soy el inspector Caldas de Vigo.

Estamos aquí por lo de Justo Castelo. Ya sabe, ¿no?

Los domingos no hay lonja, ¿verdad?

Los domingos descansamos todos.

Ya, pero es que le vieron salir a pescar el domingo por la mañana.

No.

A pescar seguro que no iba, dejó las nasas en el espigón.

Que ojalá fuese a pescar.

Porque una cosa es morir faenando, pero echarse uno mismo al mar.

Cuánto miedo debía tener.

¿Miedo de qué?

¿Nadie le ha hablado del capitán Sousa?

No.

Inspector.

¿Quién es el capitán Sousa? ¿Va a hablar con Hermida?

¿Tendría que hablar con Hermida?

Él es el que mejor conoce toda esa historia.

-No, ahora no, gracias.

El capitán Sousa era el patrón del Xurelo.

Un pesquero de unas 20 t, más o menos.

Como aquel, ¿ve?

(HABLAN EN GALLEGO)

Tenga cuidado no resbale aquí.

Solían ir unas millas al norte a faenar.

Una noche que había tormenta, hará 10-12 años,

el Xurelo se fue contra una piedra.

Y los marineros que iban a bordo se salvaron tirándose al mar,

pero el capitán Sousa se hundió con el barco.

¿Se ahogó? Sí.

¿Y eso qué tiene que ver con Castelo?

¿Cómo que tiene que ver?

El Rubio era uno de los tres marineros que iban a bordo.

Sigo sin comprender.

Mire, inspector,

aquí últimamente están pasando cosas muy extrañas.

El barco del capitán Sousa navega por las noches por la bahía.

¿Qué?

Que navega por la bahía por la noche.

¿Pero no se había hundido? Hablamos de uno parecido, hombre.

Es eso, ¿verdad? Sí...

Toca madera.

Yo lo vi.

Una vez, pero lo vi.

Cerca del faro, una noche.

Estaba lejos, pero estoy seguro de que era él.

Y dicen que El Rubio también lo vio.

Para mí que se tiró al mar

porque no debía tener la conciencia muy tranquila, ¿sabe?

Y ahora, si me permiten, tengo que trabajar.

Sí, sí, claro, claro. Gracinhas.

Date una vuelta

a ver si encuentras al que vio a Castelo salir al mar.

Yo voy hasta su casa a ver si hablo con la hermana.

¡Me cago en los muertos del marinero,

sus supersticiones y su puta madre! ¿Qué te pasa?

Que me ha escupido en la bota, coño. (RÍE)

(Música)

Es para el entierro.

¿Cómo está su madre?

Mal.

¿Y usted pudo dormir?

Eso fue el año pasado.

Pescó un pez luna.

Fueron sus 15 minutos de fama.

Hasta vinieron de la televisión a hacerle una entrevista.

¿Le apetece un café? Sí.

Iba a prepararme uno.

Gracias.

¿Azúcar? No, no, no.

Yo lo tomo así, lo tomo solo.

Ayer me preguntó si había notado algo diferente en mi hermano.

Justo venía casi todas las tardes a casa a ver a mi madre.

No hablaba mucho, pero estaba un ratito con nosotras.

Se sentaba junto a la ventana

y empezaba a silbar.

Hace un par de semanas, un día se sentó, como siempre,

pero no silbó.

Y ya no lo oímos silbar nunca más.

Podría estar preocupado por algo.

Lo que sé es que mi hermano no se mató, inspector.

Nunca le causaría tanto dolor a mi madre.

Algunos de sus vecinos me hablan del capitán Sousa.

No sé si le conoce.

Sí.

Mi hermano navegó tres años con él.

El capitán le ayudó a apartarse de la heroína.

Nunca podremos pagarle lo que hizo.

Naufragaron el 4 de octubre del 2001.

Justo y los otros dos marineros eran jóvenes y se salvaron,

pero el capitán... Pobre.

¿Qué fue de los otros dos?

Marcos Valverde se casó con una veraneante,

se quedó aquí en el pueblo.

Y José Arias se marchó a trabajar el mar del Norte.

¿Arias?

Conocí un Arias en la subasta.

Volvió al pueblo hace un par de años.

Pero me dijo que no se trataba con su hermano.

Aquella noche les cambió la vida.

¿Le ayudo? No.

Una mujer vio salir a Castelo a las 6:30 de la mañana.

Iba solo.

Al parecer, su barco fue el único que salió el domingo

porque hizo malo. ¿Qué hay de Sousa?

Dicen que lleva tiempo amenazando a Castelo, dicen.

¿Le ayudo o no? ¿Amenazando cómo?

Que le hizo una pintada en el barco

que Castelo se puso pálido al ver lo que ponía.

¿Me deja? ¿Qué ponía?

No sabemos, llevó la barca a un carpintero y lo borró.

¡Rafa! ¿Qué quiere?

¿Y ese carpintero dónde vive? Tiene un taller en el puerto.

El Rubio me trajo hace dos o tres semanas el bote auxiliar.

Traía algo escrito en letras rojas.

Me pidió una lija y pintura y lo cubrió el mismo.

¿Pudo leerlo?

Había una fecha.

4 de octubre...

No recuerdo el año. 2001.

Puede ser.

Debajo me pareció que ponía asesinos.

¿Asesinos?

(Música)

"¿Sí?" Hola, soy el inspector Caldas.

Quisiera hablar con Marcos Valverde. "No, no está".

¿Con usted podría hablar?

"Sí, les abro". Gracias.

(Música)

¡Joder! Vaya casita, ¿no? ¿Te gusta?

La compramos hace dos años. Era de un arquitecto de Madrid.

Nos costó mucho que nos la vendiera, ¿eh?

Pero Marcos sabía que a mí me gustaba y no paró hasta convencerle.

Tiene un don para eso.

Por favor.

Es muy bonita. Gracias.

Pero los inviernos aquí son muy duros.

Me paso el año deseando que llegue el calor y la gente.

¿A qué se dedica su marido?

A demasiadas cosas.

Construcción, gasolineras... Ahora le ha dado por hacer vino.

Se pasa la vida metido en esa bodega.

Nos han contado que también trabajó en la mar.

Sí, pero a Marcos no le gusta hablar de eso.

Sobrevivió a un naufragio donde murió un hombre.

Ya, precisamente, el marinero que apareció ayer ahogado

formaba parte de esa tripulación.

¿Sabes si su marido y él se seguían viendo?

No. Marcos no trata con ninguno.

Yo creo que los evita propósito, como defensa para no...

Para no recordar.

Usted sí conocía a Castelo, ¿verdad?

Sí, alguna vez le he comprado marisco, sí.

Con quien yo me llevo muy bien es con su hermana Alicia, la maestra.

Gracias.

Es de lo mejorcito que hay en el pueblo.

¿Ha anotado si su marido estaba más preocupado últimamente por algo?

Marcos siempre está preocupado por algo.

¿Usted conocía al capitán Sousa? Y lo que dicen de él.

En un pueblo pequeño no se pueden tener secretos, ¿verdad?

Pero él le habrá contado que...

Mi marido no tiene tiempo para supersticiones.

¿Seguro que no quiere que le espere?

No, prefiero que vayas a ver dónde se pueden comprar esas bridas.

Mira quién está aquí.

-Hombre, Carlitos.

Qué sorpresa.

-Te quedas a comer, ¿verdad? -Naturalmente que sí.

Sabes que no eres el primer Caldas con el que hablo hoy.

¿Ah, no?

Tu padre me llamó hace un momento

para preguntarme el nombre de un imbécil.

Sí, los apunta en un cuaderno. Dice que es el libro de los idiotas.

¿Pero todavía sigue con eso?

Yo creo que empezó cuando tu madre aún vivía.

Te está sentando bien la jubilación, ¿eh?

Lo cierto es que un médico nunca se jubila del todo.

Pero no me puedo quejar.

Además, ahora tengo tiempo para salir de pesca todos los días.

Estás en Panchón por lo del ahogado.

Sí.

¿Tú llegaste a ver el cadáver? No, ya no me llaman para eso.

¿Qué pasa? ¿Había algo raro? No lo sé.

Parece un suicidio de manual.

El Justo Castelo era un tipo raro, solitario.

Y tirarse al mar atado es típico del que no quiere fallar.

Además, las adicciones suelen presentar cuadros depresivos

con el paso del tiempo.

Sí, llevaba una bolsita con una sustancia extraña.

Pero resultó ser sal.

Eso es un amuleto. ¿La sal?

Sí.

Unos prefieren la figa y otros la bolsa de sal.

Pues llevaba las dos.

¿Crees que puede ser por el capitán Sousa?

Siempre hubo algo extraño en aquel naufragio.

Lo primero, que la noche no estaba para navegar

y Sousa no era ningún imprudente.

No se entiende que no pidiera abrigo en algún puerto.

¿Dónde se hundió el barco?

Aquí, cerca de la isla de Sálvora. Sálvora.

Otro misterio.

Se fueron contra unas rocas que conoce cualquiera

que haya navegado por allí dos veces.

Sousa tenía que conocerlas.

Encontraron su cadáver semanas más tarde

en las redes de un pesquero. ¿Estuviste en el levantamiento?

No, lo mandaron a Vigo. Se ocuparía algún forense allí.

Pero alguien lo reconocería, ¿no? Sí, su mujer.

Era su única familia.

Y murió poco después.

Odiaba a esos tres chicos.

Decía que ninguno de ellos había movido un dedo

para sacar a su marido del agua. Tú también lo crees, ¿verdad?

Lo que sé es que antes del naufragio eran una piña, y luego se separaron.

Tuvo que pasarles algo. Un naufragio es algo.

Algo más, Leo.

Los náufragos que sobreviven crean lazos perpetuos,

como los soldados que comparten trinchera.

Y ellos tres dejaron de hablarse.

El Rubio se encerró en su caparazón, Arias emigró a Escocia...

Y Valverde no volvió a pisar un puerto.

Tú estuviste con ellos, ¿no?

Con Arias. Valverde no estaba en casa.

Estuve hablando con su mujer. No parece irle mal.

Dejó la mar y se dedicó a hacer casas.

Ya ves cómo tienen el pueblo.

Con la excusa de la arquitectura racionalista, lo escarallan todo.

Otro que se dedica al vino.

¿Alguien habló de vino? -Sí, pero no es como tu padre.

Valverde busca en el vino el prestigio que no da el ladrillo.

A tu padre el prestigio le importa un carallo.

Joder, vaya navajas, ¿eh? -Te quejarás tú.

¿Puedes beber o estás de servicio?

Es el de tu padre. Entonces, con más motivo.

Nunca te hablé de aquella marea en Terranova.

-Ay, lo pasaste tú mal en Terranova.

-Mira esta foto.

¿Este eres tú? Sí, y el otro es Sousa.

¿Qué llevaba ahí? Él lo llamaba la macana.

Era una especie de barra con una bola en la punta.

Supongo que se iría al fondo con ella.

¿Tienes más fotos suyas? Otra cosa no habrá, pero fotos...

-Mira, esta es de la tripulación al completo.

A ver.

Valverde, Arias, El Rubio, el capitán Sousa...

Llévate la carpeta, hombre.

Esa se la hice unas semanas antes del naufragio.

-¿Y qué tal tu tío?

Ahí va, ahí va. Que sí, hombre, ya verá.

Bah, es usted...

Nada, ni rastro de las bridas por ninguna parte.

¿Ve cómo ya decía yo que eran raras? En cambio, hay muchos marineros

que juran haber visto al Xurelo navegando.

En medio de la noche, entre la niebla.

Espera. Espera aquí.

¿Sale a pescar? Voy a reponer unas nasas.

¿Por qué no me dijo que Castelo y usted

navegaron con el capitán Sousa? No lo preguntó.

¿Sabe que alguien pintó la fecha del naufragio

en el bote de Castelo?

Sí.

Y escribieron la palabra "asesino".

No sé qué escribieron en el bote del Rubio, inspector,

en el mío nadie escribió nada.

(Móvil)

¿Sí?

Vamos.

Sí, dime.

Vamos para allá.

Apenas traté con Arias y con El Rubio durante todos estos años.

¿Por qué dejaron de verse?

Imagino que sabe que sufrimos un naufragio.

Más o menos. ¿Cómo fue?

Había muy mala mar aquella noche y ya volvíamos a casa.

El capitán Sousa iba al timón tratando de no perder el rumbo.

Nosotros tres estábamos a su lado sujetándonos como podíamos.

Hasta que llegó aquella ola.

Nos levantó,

y cuando caímos, oí crujir el casco.

El barco se escoró,

y antes de darnos cuenta estábamos en el agua.

¿El capitán? Ya no volvimos a verlo.

No sé cómo fuimos capaces de llegar nadando hasta la orilla.

Pero lo hicimos.

¿Llevaban puestos los chalecos?

Sí, sin ellos no habríamos salido. ¿El capitán también?

El Rubio le ofreció uno cuando la cosa comenzó a ponerse fea,

pero el capitán Sousa era...

Era un tipo duro.

Él solo pensaba en salvar el barco.

Ya.

Y si la mar estaba tan mal,

¿por qué no buscaron un refugio en algún puerto de aquella zona?

Imagino que porque llevábamos la bodega llena,

pero eso habría que preguntárselo al capitán.

Sí, claro.

Y después, ¿qué más pasó?

Cada uno siguió con su vida.

El Rubio siguió pescando,

Arias se marchó del pueblo poco después,

y yo salí adelante como pude. No le ha ido mal.

Que no le engañe lo que ve.

No siempre he vivido en una casa como esta,

y nadie me regaló lo que tengo. Claro, claro. Por supuesto.

¿Sabe que hay quien dice que vio al capitán Sousa navegando por aquí?

Ojalá.

Castelo debía tener más dudas que usted.

Iba cargado de amuletos.

No sé lo que quería El Rubio, inspector. El miedo es libre.

Pero usted no tiene miedo. No, de esas historias no.

Pero ¿sabe?

A día de hoy, aún...

Aún me cuesta meter los pies en la orilla del mar.

Estaba convencido de que le golpearon con una llave de tubo,

de las que utilizan para las tuercas de las ruedas de los coches.

Pero también pudo ser con esto. ¿Hay más fotos?

Sí, pero esta es la mejor.

Antonio...

Antonio Sousa.

Antonio Sousa, patrón de barco.

Ahogado en 2001. Eso es.

Apareció en la red de un arrastrero. Se lo estaban comiendo los cangrejos.

Qué bien. Está completamente desfigurado.

Podría ser cualquiera. ¿Se analizó el ADN?

Llevaba la misma ropa, la misma medalla. No hizo falta.

Hay cientos de marineros con esta ropa y esta misma medalla.

Lo identificó la viuda. ¿La viuda?

La vida no querría ni mirar.

Habría identificado a cualquiera para enterrarlo cuanto antes.

¿Qué es lo que quieres oír, Leo?

Lo que quiere saber es si puede ser otra persona.

¿Otro abogado con la misma ropa, la misma complexión?

Solo dime si es posible.

Vámonos, ¿no?

No te gusta el sitio.

(Murmullo)

¿Le pongo otra? Una.

Por cierto, la bolsa con sal es un amuleto.

Me acordé ayer al poco de marcharte. Ya lo sé.

No veo una desde que navegaba.

(Música melancólica)

(LLAMA A LA PUERTA)

Buenos días. Buenos días.

Acaba de llegar el registro de llamadas de Castelo.

Recibía todos los días llamadas desde una cabina del puerto.

No duraban más de cuatro o cinco segundos.

Hay más. ¿A que no sabe a quién hizo la última llamada?

A José Arias.

(Portero)

(Portero)

Estará dormido.

Se ha estado toda la noche navegando...

Pues que se levante. ¡Arias!

Déjalo. ¡Arias!

Déjalo. ¡Abre, coño!

Volvemos más tarde. ¡Arias!

¡Abre, que echo la puerta abajo!

¡Eh! ¿Qué pasa?

¿Aquí no hay nadie?

José Arias vive aquí, ¿verdad? ¿Sabes si está en casa?

Sordo no es.

Vino de la mar a primera hora, pero volvió a salir.

No creo que tarde.

Gracias. (CHISTA)

¡Ah!

Nos dijo que no se trataba con Castelo fuera de la lonja.

El sábado estuvieron hablando por teléfono durante ocho minutos.

¿Y eso quién lo dice? La compañía telefónica.

¿Qué pasa, este no es su número?

Perdió una defensa y quería saber si yo la encontré.

¿Una qué?

Una defensa, una boya. A veces se sueltan del barco.

¿Y le llevó ocho minutos preguntar por eso?

Vamos.

Rafa.

Me lo creo. Coño que si me lo creo.

Uno pregunta por la boya, el otro que qué boya,

y que pum, que pam, que pim, que pum,

ocho minutos hablando de la boya y no llegan a ninguna conclusión.

(Móvil)

¿Ese culo es el de la mujer de Valverde?

Dime, Clara. "Hola, Leo".

Ha aparecido el barco de Castelo. ¿Dónde?

Lo encontró un chico mientras hacía pesca submarina

junto al faro de Monteferro.

"¿Aún estáis en Panxón?". Sí.

"Vamos para allá".

Los marineros de aquí llaman a este lugar "la piscina",

porque las rocas sumergidas forman una pared natural alrededor.

¿Y el barco dónde está?

Ahí, sumergido. Con un agujero en el casco.

El que lo hundió no quería que apareciera.

¿No hubiera sido mejor hundirlo lejos?

No. En alta mar, las corrientes arrastrarían los restos a la costa.

En cambio, ahí abajo el mar está quieto.

El único riesgo es que lo encuentre un submarinista.

Pero no hay mucha gente buceando en esta época del año.

Lo normal es que quedara cubierto de algas ahí abajo para siempre.

¿Es posible que el cuerpo de alguien que se ahoga aquí

pueda aparecer en una playa al otro lado del monte?

Creo que no.

Habría que preguntárselo a alguien que conozca bien estas corrientes.

El faro está aquí arriba.

El cuerpo de El Rubio apareció en esta playa.

La corriente va en esta dirección.

Por lo cual, si se hubiese ahogado en el faro,

el mar lo arrastraría hacia allá, nunca lo traería a la playa.

¿Comprendes? Sí, más o menos.

Mira, yo pensaba salir a pescar. ¿Por qué no me acompañas?

Lo entenderás mejor en el mar. Venga.

¿Qué pasa, artista?

-Buenos días, doctor. -Está quedando preciosa.

Este chaval es un fenómeno.

La prueba evidente de que Dios hizo al hombre con dedos de más.

Ayer estuve rebuscando entre mis fotos viejas

y encontré esto.

Ahí está tu madre.

Supuse que te gustaría tenerla.

(Música melancólica)

Mira, el sitio aquí es perfecto para esconder algo

porque abajo el mar está en calma.

Pero hay que ser de aquí para conocerlo.

Allí se puede desembarcar, ¿no? Sí. Además, eso.

Es el único lugar en este lado el monte donde se puede desembarcar.

Pero ¿hemos venido aquí a pescar o qué? Vamos.

¿No se puede pescar en marcha?

La robaliza no. Pues pesca otra cosa.

Mira el faro.

Hermida dice que vio a Sousa navegando por el faro.

¿Tú crees que nos lo podemos encontrar?

Pues no lo sé.

Pero hay cosas de las que en un barco no se habla.

¿Por qué no volvemos? ¿De vacío?

Mira, deja de molestar y cébame este anzuelo.

¿Esto qué es?

¡Están vivas! Coño, claro que están vivas.

(VOMITA) (RÍE)

(SUSPIRA)

¿Qué?

¿Te parece bonito escarallarle así a un viejo en su día de pesca?

¿Qué, cómo estás?

Más o menos.

¿Vamos?

Espera.

¿Qué posibilidades hay de que vuelva a marearme?

¿Todavía te queda algo por echar?

¿Pescaste o qué?

Sí, porquería.

Botellas viejas, bolsas...

Mira, hasta una llave de tuercas para un coche.

Cualquier día tiran un volante.

¿Qué? Espera, espera.

Mira, ahí arriba hay un camino.

Puedes llamar y que te recoja alguien en coche.

Ya bastante me jodiste hoy.

Así que también nos mareamos en los barquitos, ¿no?

Toma, para el forense.

¿Se encuentra mejor?

¿Llevaste la llave al forense? De allí vengo.

Dice que la forma coincide, que el lunes lo confirma.

Pero yo no creo que le dieran con ella.

Hombre, si la forma coincide... Ya.

Pero es como lo de esconder el barco ahí, pegado al monte.

Ya oíste que era para que los restos no salieran a la superficie.

Además, desde allí se puede desembarcar sin testigos.

Si alguien se toma tantas molestias en hundir el barco,

¿por qué no con el arma del crimen? Porque no hay arma de ningún crimen.

Para todo el mundo, Castelo se suicidó. Punto.

Murió ahogado.

De no haber sido porque las bridas no estaban atadas a la altura

de los pulgares, nosotros habríamos pensado lo mismo.

Pues seguimos sin tener nada.

Sabemos que le tenía pánico al capitán Sousa.

Pero si le dieron con esa llave, la barra no tiene nada que ver.

La barra no, pero están las pintadas,

los amuletos, las llamadas entre marineros...

Además, tuvo que ser alguien que conocía esta costa.

¿Hemos comprobado si hay alguna cámara en las casas

que hay en el camino que va hacia el faro?

No.

Clara.

(Música suave)

Carallo, sí que tenías hambre.

Es lo primero que como desde el almuerzo.

Yo solo me mareé una vez, pero fue en el Índico.

¿Índico?

¿Cuántos años navegaste?

15. De los 24 a los 39.

¿Y sabes dónde vi las mujeres más guapas? En Mombasa.

Mombasa.

Kenia.

Oye, si tú estuvieses navegando por la isla de Sálvora

y se desatase un temporal, ¿dónde te refugiarías?

Vete al carallo, te estoy hablando de Mombasa,

me vienes con Sálvora.

Sálvora está aquí.

Pues supongo que iría a Ribeira, que tiene calado para un mercante.

Pero un pesquero pequeño,

de esos que pasan como mucho dos noches en alta mar.

Entonces, en Aguiño.

¡Aguiño! Yo diría que sí.

(Música suspense)

Aguiño, Aguiño, Aguiño.

Pesquero naufraga en Sálvora.

Aquí está.

Mujer desaparecida en Aguiño.

Rebeca Neira, de 32 años, falta de su domicilio.

Rebeca Neira.

Dos mil...

uno.

Rebeca Neira.

Fue vista por última vez con dos desconocidos.

(Móvil)

¿Sí? "Rafa".

Creo que estuvieron en Aguiño. ¿Eh?

"La noche en que se ahogó el capitán Sousa"

se denunció la desaparición de una mujer en Aguiño.

Fue vista por última vez con dos marineros.

¿Qué hora es, inspector?

"Escucha la descripción de uno de ellos".

Joven, delgado, con el cabello rubio.

Llevaba un traje de aguas azul oscuro.

Tiene que ser Castelo. ¿Me recoges mañana?

¿Mañana? Mañana es sábado.

A las ocho.

¿Quién era?

Quién va a ser, hija.

Quién va a ser.

Ven aquí, anda.

(HABLA EN GALLEGO)

¿Y Arias?

(HABLA EN GALLEGO)

¡Arias!

¡Llamó por unas putas defensas, por unas putas defensas!

Que no vengo por eso, no vengo por eso.

Es que nadie se explica cómo es posible que Sousa

no buscara un refugio en algún puerto de aquella zona

tal y como estaba la noche. De tormenta.

¿Seguro que no estuvieron en Aguiño?

Yo no le puedo responder a eso.

Puede ser. ¿Por qué se echaron a la mar

sin esperar a que amainase la tormenta?

No le puedo responder a eso porque yo no gobernaba ese barco.

Yo era un simple marinero en ese barco.

Tranquilo.

¿Le suena el nombre de Rebeca Neira?

¿Quién es Rebeca Neira? Una vecina de Aguiño.

Pasó parte de aquella noche con un marinero.

¿La recuerda? No.

No, no, deja. Pago yo. Gracias.

Una cosa, inspector.

Dime. ¿Hoy es sábado, verdad?

Sí.

Yo no tendría que estar aquí.

Yo tampoco. No me joda, ¿eh?

Estamos aquí por usted.

¿No podíamos esperar al lunes?

El lunes no hay lonja, Rafa. ¿Y qué, coño?

Esta gente no se desintegra porque no haya lonja.

A usted le da igual que sea domingo, lunes, por la mañana, por la noche.

Llama por teléfono, suelta su rollo y no se para a preguntar

si los demás tenemos cosas que hacer o no.

Si lo dices por lo de ayer...

Por ayer, por mañana, por pasado, por el otro, por el tío de la moto.

No sabía la hora que era. ¿Y qué?

No tenemos culpa de que usted no tenga más vida que el trabajo.

Vamos.

(SUSPIRA)

Les expliqué que llevábamos la bodega llena,

y para el capitán era lo primero. Pero recalaron en un puerto.

No.

¿Seguro? ¿Seguro que no estuvieron en Aguiño?

A ver, deje que haga memoria.

Si no recuerdo mal, yo diría que...

Sí, paramos a repostar aquella noche,

pero no sabría decirle si fue en Aguiño.

¿Pudo ser allí?

Sí, pudo ser. Nunca lo mencionaron.

Estuvieron con una mujer, ¿verdad?

¿Una mujer? ¿Dónde? ¿Dónde va a ser? En Aguiño.

No, claro que no.

Una mujer fue vista en Aguiño con un marinero rubio.

Sí. ¿Podría ser Castelo?

Mire, con toda franqueza, creo que es imposible que fuera él.

Si paramos, fue para repostar, tuvo que ser muy poco rato.

¿Vamos hasta Aguiño?

No, déjalo. Ya vamos el lunes.

¿Seguro? Sí.

¡Coño! Mira quién ha venido.

Qué buena cara tienes.

¿Qué, le invitamos a un vinito?

¿Qué se celebra?

Que por fin su sobrino ha venido a verle.

¡Vale!

Se va a casa mañana.

Con oxígeno, pero va a instalarse conmigo en la finca.

¿Lo vas a aguantar?

Te avisaré para que me eches una mano cuando le den el alta.

Oye, Leo, ¿cómo se llamaba el novio aquel de Aurora?

¿Cuál?

Aquel que era tonto del culo.

Jaime.

¡Jaime!

(Música suave)

La denuncia la puso Diego Neira, el hijo de la mujer desaparecida.

Era menor, fue acompañado por una mujer del pueblo.

Y él es el único que la vio con El Rubio y con el otro.

¿Y qué pasó con ella?

No lo sé, porque en el expediente solo consta la denuncia.

Esa era la casa de Rebeca Neira y de su hijo.

¿Y qué? No le han dicho ni pío, ¿verdad?

Se fueron del pueblo hace unos años. Afortunadamente, el compañero

que recogió la denuncia todavía sigue viviendo aquí.

Yo ya no soy compañero de nadie. Me retiré.

Bueno, estamos investigando el asesinato de un marinero.

¿Aquí, en Aguiño? Podría tener que ver con esto, sí.

Verá. En la denuncia,

Diego Neira hace alusión a un marinero rubio.

Creemos que podría ser este.

Naufragaron a pocas millas de aquí, en Sálvora.

El patrón se ahogó.

No sé cómo puedo ayudar.

Nos gustaría poder hablar con Rebeca Neira o con su hijo.

Sabemos que ya no viven aquí.

No.

Rebeca se marchó aquella noche y no volvió por el pueblo.

¿No volvió? Se largó con uno.

¿Con uno? ¿Con quién? Con uno cualquiera.

Ella era así. Pero ¿la buscaron?

Un tiempo.

Hasta que alguien contó que la habían visto en algún sitio.

¿Eso se comprobó?

¿Y el muchacho?

También se esfumó al cabo de unos días.

Creo que la madre vino a buscarlo.

Pero el chico no retiró la denuncia.

Le daría vergüenza admitir que todo era otra aventura de su madre.

¿La mujer que acompañó al chico a poner la denuncia

sigue viviendo en Aguiño?

Aquí tes. Verás como en dous, tres días, mellora.

-Ben. Moitas grazas, Irene. -Nada. Ata logo.

¿Sí? Buenos días.

Buenos días.

Soy el inspector Caldas. Él es el agente Estévez.

Venimos desde Vigo. ¿Por el robo otra vez?

No, no, no. Tratamos de localizar a una vecina de Aguiño.

Se llama Rebeca Neira. No sé si usted la conoce.

Sabemos que ya no vive aquí.

No, Rebeca no vive en ningún lado.

¿Murió?

No murió, la mataron.

¿Cuándo?

En el 2001.

Aquella noche, Rebeca salió a comprar cigarrillos al bar del puerto.

Como siempre que se quedaba sin tabaco por la noche.

"Diego se quedó adormilado en el sofá viendo una película".

(Música suspense)

-No vais a venir a mi casa.

Está el niño. Otro día.

(IRENE) "Diego entendió que estorbaba y se marchó".

-¡Diego! ¡Diego!

-"El pobre no sabía dónde ir. Era tarde.

Se paró y vio a uno de los hombres entrar en la casa".

"El otro se marchó hacia el puerto.

Tenía el pelo rubio".

A Diego le pareció extranjero.

En la denuncia no se describe al que entró en la casa.

Porque no pudo verlo. Nunca supimos quiénes eran.

A Diego le parecieron marineros, pero no podían serlo.

La flota estaba amarrada por el temporal.

Un barco que llegase esa noche debía estar por la mañana en el puerto,

y aquí no había más barcos que los del pueblo.

Ya. Pegamos carteles por todas partes.

Organizamos batidas durante días buscándola, pero nada.

¿Y por qué cree que está muerta?

Porque no se habría ido dejando a su hijo.

Además, Diego vio una mancha. Le pareció de sangre.

Eso tampoco figura aquí.

No le dio importancia hasta después de poner la denuncia.

¿No se lo contaron a este señor, al policía...?

Somoza. ¿A Somoza?

No.

Somoza había tenido un problema con Rebeca años antes.

Siempre fue un cerdo.

Rebeca le denunció por intentar pasarse de la raya.

La cosa quedó en nada, pero Somoza no se lo perdonó.

En la comisaría puso en duda cada cosa que Diego le contaba.

Lo humilló. No hizo nada por buscar a su madre.

Y el muchacho, Diego Neira, ¿dónde podemos encontrarlo?

Se marchó al poco tiempo a casa de su abuela, vivía al norte, en Ferrol.

Me llamaba de vez en cuando, y no sé...

Seguía teniendo pesadillas con el hombre rubio.

¿Siguen en contacto? No. Hace siete u ocho años

me llamó para decirme que su abuela había muerto.

Que se iba, pero no me dijo dónde. ¿No tendrá una fotografía suya?

No.

¿Puedo preguntar a qué viene este interés después de tanto tiempo?

Sí, claro, por supuesto.

Esta es la tripulación de un barco que se hundió

a pocas millas de aquí aquella noche, en Sálvora.

Es posible que pasasen unas horas en Aguiño.

El Rubio fue asesinado hace unos días.

Bueno, estamos investigando su muerte.

¿Creen que Rebeca iba en este barco?

Muchas gracias. Gracias.

Bueno, pues tenían un buen motivo para echarse al mar

en mitad de atormenta, ¿no? Sí.

Lo que no sé es cómo encontró a Castelo.

Panxón está al sur. Y él se fue a vivir muchos kilómetros al norte.

No lo sé, Rafa, yo tampoco lo sé. No lo sé.

Lo que sí sé es que Diego Neira

tenía un buen motivo para matar al Rubio.

¡Arias!

¡Venga, coño, abre ya!

Nadie les va a abrir. Se marchó.

Hace un par de días. Llevaba una maleta.

¿De verdad son policías?

Sí.

¿Están aquí por lo del Rubio? Exactamente.

¡Pobre rapaz! El otro día estaba ahí, donde está usted,

y al día siguiente ya está muerto. ¿Cómo?

¿Castelo estuvo aquí, vino a ver a Arias?

No le dijo que estuvo aquí la tarde antes de morir.

¿Les oyó hablar? Estaba desesperado, el pobriño.

Que si les oyó hablar. No.

Pero se le veía en los ojos.

Yo creo que ya había decidido quitarse de en medio.

-Se fue después de hablar con ustedes.

Sí, eso ya lo sabemos.

Pero se equivocan buscándolo a él.

No tiene nada que ver con la muerte de Justo, no tenían relación.

¿Sabe que estuvieron hablando el día anterior a la muerte de su hermano?

No fue mi hermano quien llamó a José Arias ese día.

Fui yo.

Le llamé yo desde casa de mi hermano.

Si les contó otra cosa fue para protegerme.

Estoy casada y este es un pueblo pequeño.

Bueno, no es solo la llamada.

Su hermano vino a ver a Arias la tarde antes de morir.

Eso no puede ser. ¿Arias no se lo dijo?

No. ¿Dónde ha ido?

No lo sé.

Solo espero que no tarde otros 11 años en volver.

Déjala.

Es que no sé qué más puedo decirles, ya les he contado lo que recordaba.

Usted sabía que las pintadas del bote de Castelo no tenían

nada que ver con la muerte del capitán Sousa, ¿verdad?

Mire, no le entiendo, no sé a dónde quiere ir a parar.

Venimos de Aguiño.

Esa mujer, Rebeca Neira, desapareció la misma noche

en que ustedes naufragaron.

Dos marineros estuvieron con ella en su casa, uno era justo Castelo.

¿Quién era el otro? Yo no.

No le ha preguntado eso. Mi respuesta está clara,

le digo que no lo sé, no sé quién fue, ¿qué más quieren?

¿Arias?

¿Fue Arias?

Puede hablar tranquilo, se marchó del pueblo.

Encubrir un crimen es un delito.

Escuchen, yo no encubro nada.

Pero no puedo declarar lo que no sé.

(Música)

Ya sé cómo lo localizó. ¿Cómo?

El Rubio pescó un pez raro,

vi el recorte de periódico enmarcado en su casa.

Además, creo que salió en televisión, me dijo la hermana.

¿Cuándo? No sé, el año pasado.

Era hoy, ¿verdad?

Lo siento, papá.

Lo siento.

¿Entonces no vienes?

No, hoy no voy a poder.

A lo mejor mañana.

Mañana, claro.

Arias figura como pasajero en un vuelo Madrid-Glasgow

el domingo por la mañana, tiene una hija allí.

Eilín. Sí, algo así.

¿Qué más? Sus antecedentes: violación,

lesiones. La última vez destrozó un bar en Baiona

hizo falta una patrulla para reducirlo.

No me extraña. ¿Qué hay del chico? Ese es otro fantasma.

¿Cree que puede haber ido tras José Arias?

No hay como salir corriendo para que te persigan.

Pues ojalá lleve razón y esté en Escocia, prefiero que sea

otro el que lo detenga. Yo también. ¿Qué más?

Clara Barcia, lo está buscando.

Dice que tiene imágenes de una cámara cerca del faro.

La cámara esta en una casa antes del desvío que lleva al faro.

Tiene un sensor de movimiento, por suerte hay poca cosa.

Esto es a las 6:05.

Un Land Rover va hacia el faro. Nos interesan los que vengan.

Bueno, yo os enseño lo que hay. Bueno.

La siguiente es a las 6:30.

Ese hombre con capucha que viene caminando del faro.

Demasiado pronto, a esa hora Castelo ya estaba en el mar.

Pues la última es de las 7:30.

El todoterreno regresando del faro.

Y no hay nada más. No.

Espera un momento. ¿Puedes poner otra vez al que va andando?

¿Se puede ver más grande eso?

¿Qué pasa? Que es el mismo, ¿no?

Yo creo que es el mismo, el que va andando y el que va en coche.

¿Puedes poner las dos imágenes juntas?

Podría ser. Vamos a ver si yo me aclaro.

Un coche va hacia el faro a las 6:05.

Y su conductor baja andando a las... 6:30.

Y una hora después el mismo conductor vuelve a bajar

montado en su coche. Sí, pero no lo vemos

ir a recoger el coche.

O volvió monte a través o tenía que haberlo pillado la cámara.

Rafa, ¿quién vio a Castelo el domingo por la mañana salir al mar?

Una señora mayor de allí. Pregúntale cómo iba vestido.

¿Qué llevaba puesto cuando lo sacasteis del agua?

Un impermeable azul finito.

Seguro que es el mismo coche, ¿verdad?

Seguro, eso ya lo comprobé antes.

Es un Land Rover, tiene un rayazo y le falta un retrovisor.

Llevaba puesto el traje de aguas de siempre.

¿Llevaba la capucha puesta? Perdone, ¿llevaba la capucha puesta?

Sí, gracias.

El hombre de la barca

no era Justo Castelo. ¿Me explicáis qué pasa?

Seguro que lo atrapó el sábado por la noche, le sacó

toda la información que pudo, le golpeó, le ató las manos,

y lo tiró al agua, como dijo el forense.

Necesitaba una coartada: la de hacernos creer a todos

que el domingo por la mañana Castelo estaba vivo.

El cabrón coge el coche, lo lleva al faro, lo deja allí, se viste

como Castelo y se va al puerto. Se deja ver por allí,

agarra la barca de Castelo, se va hasta el faro, y puede hundirla

sin testigos. Se monta en su coche y se va.

¿Pero sabéis quién es? (AMBOS) Diego Nei...

Diego Neira. Barcia.

La mujer de Valverde quiere hablar contigo.

Pásamela aquí. No, no es una llamada; gracias.

Pásamelo otra vez, por favor.

¿Qué pasa, ha ocurrido algo? Nos han destrozado

la puerta del jardín. ¿Cuándo?

Hace un par de horas. ¿Entraron en de la casa?

No, creemos que no, pero yo no pienso pasar otra noche allí.

Supongo que ha venido a poner una denuncia, ¿no?

Sí. Mi marido no quería, pero yo sí.

Ni siquiera sabe que estoy aquí, hablando con usted. Inspector,

yo estoy preocupada por mi marido.

¿Su marido está en la casa? Buscando un carpintero.

Tranquila. Tengo miedo de que pueda

pasarle algo. No se preocupe.

Nosotros nos encargamos. Tómele declaración, por favor.

Tranquila. Gracias.

Han intentado entrar en casa de Valverde.

¿El chico? Eso parece, nos vamos.

Quiero que Ferro y tú os acerquéis a Panxón, alguien tiene

que haber visto ese Land Rover, date una vuelta por allí.

Pues no entiendo por qué ha roto la puerta, era más fácil saltarla.

Rafa.

¿Qué están haciendo ustedes aquí?

Veníamos a hablar con usted, ¿han entrado en la casa?

No. Son solo un par de maderas rotas.

¿Quiere que le ponga un agente de guardia?

No, van a venir a arreglar la puerta,

y voy a instalar una alarma. Será suficiente.

Castelo ha muerto, Arias se ha marchado,

si ajustan cuentas el siguiente será usted.

Caldas.

Agradezco su ayuda, mándemelos mañana.

¿Llamaron a un carpintero? Sí, es ahí.

Y hay que ponerse el casco, ¿eh?

Clara y Ferro ya están por aquí, dicen que han estado hablando

con un comisario de Ferrol que conoció a Diego Neira.

¿Y? Al parecer Diego Neira

tuvo un accidente hace unos años. ¿Y?

El agujero sí era para entrar en la casa.

¿Cómo? ¿Recuerdas el muchacho que bailaba

la cometa el otro día en la playa?

¿Recuerdas que llevaba una pierna ortopédica?

Claro, coño, no puede saltar la puerta, por eso la ha roto.

Exacto. Exactamente, vamos.

(Música)

Jefe, están aquí. Llámame en cuanto tengas algo.

Llevo 10 minutos hablando con Tráfico.

No hay ningún Land Rover como el que buscamos matriculado aquí.

¿Te contó Rafa que nos llamaron de Ferrol?

Sí, lo del accidente de Diego Neira.

Tuvo que romper la puerta de la casa de Valverde para poder entrar

con la pierna ortopédica, creo que lo tenemos localizado.

¿Pierna ortopédica? ¿No es cojo?

¿No tuvo un accidente? Pero en una mano.

Se cortó varios dedos con una sierra, era carpintero. Construía barcos

de madera y cosas así. Barcos.

Preparad una unidad, nos vamos a casa de Valverde.

(Sirena)

Rafa.

(Claxon)

Diego Neira.

Hemos estado en Aguiño, venimos a buscarte.

Deja eso en el suelo, Diego.

¿Tú eres tonto o qué? ¿No has oído al inspector? Venga, deja eso.

Me cago en... Ven aquí. Rafa.

¡Rafa! Ven aquí, coño.

¡Ven aquí! Para qué corres, ¿eh?

¿Para qué corres? ¿Eh?

¿Es el hijo de aquella chica? Sí.

¿Pero por qué ha venido a por mí? Yo no hice nada.

No hacer nada no basta. ¿Y qué quería?

¿Que acabase en el fondo del mar como el capitán Sousa?

¿Quiere acompañarnos a comisaría y nos cuenta lo que sabe?

Cuando quiera.

Llegamos a puerto y nos pusimos a cenar en el puente,

como otras veces.

Arias estaba borracho cuando apareció aquella mujer.

Mira, mira. Mira que peixe, mira que peixe. Terra á vista!

Guapa! Estou buscando unha coma ti!

Saca de ahí, ti.

Los dos se marcharon con ella

y el capitán Sousa y yo nos echamos a dormir.

No sabría decir cuánto tiempo pasó hasta que regresaron, solo...

Recuerdo que me desperté con los golpes de las olas.

Luego accedí al puente y...

Y ya está. Arias.

Iba al timón, a sus pies estaba el capitán Sousa.

Malherido.

Tenía sangre en la cabeza.

Unos minutos después puso rumbo a las rocas. Nos pusimos el chaleco.

Y muy poco antes de estrellarnos nos lanzamos al agua.

¿Qué pasó con la chica?

Había un bulto en cubierta envuelto en una manta.

A una voz de Arias, El Rubio lo enrolló en una cadena.

Y lo tiró por la borda.

Muchas gracias. Eso es todo.

¿Crees que mantendrá su declaración cuando Arias esté delante?

No sé, le tiene pánico.

¿Qué opinas del chico?

Se niega a hablar, parece en shock.

Solo ha dicho que él no mató al Rubio.

¿Y tú le crees?

No.

Ay, si a mí me dejaran, si ibas a hablar tú o no...

Sabemos lo de tu madre.

Sabemos que no te abandonó.

Acabamos de tomar declaración a Marcos Valverde.

Nos ha contado todo lo que pasó en Aguiño aquella noche.

¿Fue él?

Arias.

¿Dónde está?

¿Lo van a atrapar? Eso espero.

¿Y qué hicieron con mi madre?

Tu madre está en el mar.

Cerca de Aguiño.

¿La van a buscar?

Solo puedo prometerte que haré lo que pueda.

¿Va a sacarme de aquí?

¿Vas a contarme lo que le pasó a Castelo?

No sé qué le pasó.

Yo no tengo nada que ver en la muerte de El Rubio.

¿Y con las pintadas tampoco? Sí, las pintadas sí que las hice.

Ah. Para que confesase.

Quería encontrar al hombre que mató a mi madre.

¿Y qué ibas a hacer con él?

Quería preguntarle por qué.

Bien. Me pongo en tu lugar.

Y entiendo que quieras matarlos. ¿En mi lugar?

La juez te creerá si declaras que le presionaste un poco

para que te diera el par de nombres, pero que resbaló tratando de huir.

Tú ya no pudiste hacer nada, en poco tiempo estarás en la calle.

Diego, estoy intentando ofrecerte una salida.

Usted no me ofrece una salida.

Usted quiere que me declare culpable de una muerte.

Yo no he matado a nadie.

Gracias.

(Música)

(RADIO) "En Vigo, no xulgado de instrución número oito, decretouse

este venres prisión incondicional e sen fianza para Diego Neira, de 26

anos, acusado da morte de Justo Castelo, o mariñeiro cuxo cadáver

foi atopado nunha praia de Panxón hai dúas semanas.

A noticia da detención de Neira, que traballa como carpinteiro naval

nesa localidade pontevedresa, produciu consternación e sorpresa

entre os veciños que sempre entenderon a morte do mariñeiro

como un suicidio".

(TV) "Segundo puido saber a Televisión de Galicia, a vinganza

sería o móbil do crime que estaría relacionado coa desaparición da nai

do acusado, ocorrida hai 14 anos en Aguiño.

Novas probas apuntarían a que a muller, en localización descoñecida

dende outubro de 2001, puido ser asasinada na mesma noite

da desaparición dos membros do Xurelo, o pesqueiro no que traballaba

o agora...

En Escocia prosegue a busca de José Arias. Os feitos polos que se busca,

remóntanse a outubro de 2001, cando coa colaboración doutro mariñeiro,

matou a Rebeca Neira, desaparecida dende entón e cuxo cadáver puideron

botar ó mar".

Han detenido a Arias en Escocia. ¿Le han tomado declaración?

Admite que estaba muy borracho, pero lo único que recuerda

es lo fría estaba el agua. ¿Cuándo lo trasladan?

No lo sé. Pronto, supongo.

Quería decirle que me voy a coger un par de días de descanso.

Me parece bien. Y usted también debería descansar.

Y abrir la ventana.

(Música)

Para arriba. Eso es, muy bien.

(Música)

¿De dónde sacaste esa brida?

Me mandaron unas muestras de la asociación de... De bodegueros.

¿A todos los bodegueros os mandaron bridas como esta?

Sí, ¿por qué?

Llévame a Vigo. ¿Ahora?

¡Sí, ahora!

Les agradezco mucho lo que han hecho por mi marido. Si no llega a ser

por ustedes, a saber lo que habría pasado, ¿verdad? Ahí está.

-Ya sé que atraparon a Arias. Sí, en Escocia.

Enhorabuena, inspector, hoy no se van a marchar ustedes de aquí

sin una caja de mi mejor vino.

Su mujer dice que tiene usted el don de conseguir lo que se propone.

Y es verdad. Pero seguro que no sabe

que una joven llamada Rebeca Neira se le resistió a usted.

¿Cómo dice? Y supongo que tampoco sabe

que el capitán Sousa también se enfrentó a usted porque no quería

zarpar en una noche de tormenta. Los dos lo pagaron con la vida.

Eso seguro que no se lo ha contado a su mujer, ¿verdad?

Imagino que tendrá alguna explicación para mantener lo que está insinuando.

Sí, tengo el testimonio de Arias. De Arias...

Así que ahora Arias ha decidido acusarme, precisamente él

que se esfumó después del naufragio y al que ahora le ha faltado tiempo

para salir huyendo de ese chico. Arias estaba huyendo de usted.

¿De mí? Un hombre como Arias huyendo de alguien como yo.

Arias solo es fuerte por fuera. No movería un dedo contra usted

sabiendo como sabe que es capaz de cualquier cosa

cuando algo se interpone en su camino. Otra cosa distinta

es Castelo. Castelo sí le había perdido el miedo.

Pero quería dormir tranquilo. Pero vamos a ver, cómo se atreve

usted a venir... Cómo se atreven ustedes a venir a mi casa

y acusarme de algo así ¡sin una sola prueba!

Tranquilo, ¿eh? Tranquilo. No me toques.

Tenemos la llave de tubo con la que golpeó a Castelo,

que ni siquiera se preocupó de tirarla al mar.

Claro, ¿quién iba a investigar el suicidio de un pobre desgraciado?

Mi coche está aquí, ¿por qué no lo comprueba ahora mismo

y nos dejamos de una vez de perder el tiempo?

Sí, sí, lo vamos a comprobar todo. Pero dígame una cosa.

¿Estuvo aquí el sábado por la tarde Justo Castelo? ¿Aquí en su casa?

Puede que pasara a ofrecerle a mi mujer algo de marisco.

A veces le compraba directamente a él. Lo único que sé es

que el domingo lo vieron en su barco,

y yo ese domingo estuve en mi bodega desde primera hora.

Puede usted hablar con quien quiera.

Si es de su bodega debería contestar.

Probablemente quieran avisarle de que unos compañeros nuestros

están allí con una orden de registro.

Ya le dije que lo íbamos a comprobar todo.

Todo.

¿Cómo no nos dimos cuenta de que un constructor no necesitaba

un carpintero de barcos para arreglar la puerta de su casa?

Tiene gracia, ¿eh? Nosotros vinimos a protegerle a usted

y salvamos a ese desgraciado de acabar como su madre, en el mar.

(Teléfono)

¿Sí?

De su bodega.

Tenemos el coche, inspector. Y falta la llave de tubo.

En el maletero están el traje de aguas y las bridas.

Muy bien.

Está todo.

(Música)

Hoy no sale a pescar, ¿eh? No, hasta que suba la marea no.

Ya me dijeron que estuvo esta mañana en el juzgado.

Casi dos horas.

Me dieron su recado y se lo agradezco, pero no...

No hacía falta que se disculpara. Yo creo que sí.

Como el pobre del Rubio, a eso vino él a mi casa la noche antes

de que ese cabrón lo liquidara. A disculparse, a desahogarse.

Además de las pintadas en el barco recibía llamadas casi todos los días

a cualquier hora y... No podía más. Me dijo que iba a hablar aunque...

Aunque al hacerlo pudiera acabar preso, iba a hablar.

¿La mataron entre los dos?

No, Valverde solo.

Esperta! Ven comigo, ven comigo. Sae! Veña, vamos, á présa.

El Rubio ya llevaba un buen rato durmiendo en el barco cuando vino

ese cabrón a despertarlo.

Y lo convenció para que le ayudara a limpiar la casa.

(Música)

Rubio.

Pero al barco sí la llevaron juntos.

Valverde golpeó a Sousa para poder zarpar, puso rumbo a las rocas

y el resto ya lo sabe usted.

¿Y usted por qué se marchó?

Valverde me amenazó desde el principio con cargarme

lo de esa chica si alguna vez hablaba. Yo ya había tenido

mis problemas con la justicia.

¿A quién de los dos iban a creer?

¿Va a marchar otra vez? No, me quedaré por aquí.

Hasta que suba la marea.

Hasta que suba la marea. Sí, señor.

Hasta que suba la marea.

(Música créditos)

Versión española - La playa de los ahogados

26 ene 2020

Galicia. La investigación del inspector Caldas del asesinato de un marinero, cuyo cadáver ha aparecido en la playa, le lleva hasta el naufragio, unos años antes, de un barco en el que murió el patrón y del que se salvaron sus tres tripulantes, entre los que se encontraba el marinero ahora asesinado.

Contenido disponible hasta el 8 de mayo de 2027.

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