Mercado Central La 1

Mercado Central

Lunes a viernes a las 16.25 horas

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No recomendado para menores de 7 años Mercado central - Capítulo 107 - ver ahora
Transcripción completa

¿Nos tomamos un café y así me fumo un purito?

-Vale.

Mira, a mí lo que no me parece ni medio normal

es que Juan el de los pollos se ofrece a traer lotería del pueblo

y no se lo diga a todo el mundo.

Imagínate que toca

y que ni tú ni yo llevamos un décimo.

Pues maldita la gracia, ¿no? Mmm.

Pero bueno, ¿para quién estoy hablando yo, para las palomas?

-Perdona, cariño, es que estaba distraído.

-¿Ya no te interesa lo que te cuento? Pues pronto empezamos.

-No, no es eso, es que tengo la cabeza en otro lado.

(AMBOS) Mira.

-Siéntate, cariño, anda.

(SUSPIRA)

-No te preocupes por Lorena.

Tu hija sabe cuidarse perfectamente ella sola.

Necesitaba airearse un poco, pero en dos días la tienes aquí.

-No, si no es ella la que me preocupa.

-¿Entonces quién? ¿Rosa? ¿No me has dicho que estaba mejor?

-Sí, Rosa tampoco.

-Elías.

¿Qué ha hecho ahora ese hombre?

Es que... -No, no.

Que no van por ahí los tiros.

-Pues, hijo, ¿por dónde van?

Es que hay que sacártelo todo con sacacorchos.

-Tengo algo para ti.

(CARRASPEA) -¿Y esto qué es?

-Ábrelo.

-Certificado literal de nacimiento. -Ajá.

-No, te has confundido de sobre, esto es para tu gestor.

-¿Cómo va a ser para el gestor?

Aquí tienes todo lo que necesitas para casarte.

-¿Casarme? ¿Con quién?

-¿Con quién va a ser? Conmigo.

(Sintonía de "Mercado Central")

# Se apagó

# una luz de la ciudad

# y una sombra en sus viejos pasillos

# de colores,

# que no brillarán más.

# Ven, sígueme

# a aquel lugar,

# sabor a sal

# y azafrán,

# aromas de un tiempo atrás.

# Y se encendió

# una luz de la ciudad

# en la plaza # donde regateamos con un beso

# volver a comenzar.

# Juntos tú y yo,

# jugando a recordar

# que somos cada uno un color,

# sabor a son

# de aquel Mercado Central... #

Pues... aquí tienes.

-Gracias.

Mi primer socio de la tarde.

-Si este es el premio,

dime dónde tengo que firmar

para salvar ballenas, plancton y todo lo demás.

-Eh...

¿Qué haces esta noche?

-Pues dormir se me da bastante bien.

-Quería prepararte una cenita de agradecimiento en mi casa.

-Ah.

Pero ¿tú invitas a cenar a todos los nuevos socios?

-No.

Solo a los que me gustan mucho.

-Ya.

-Eh, bueno, que el otro día me lo pasé muy bien contigo.

Fue una de las citas más divertidas

que he tenido nunca. -Ya.

Tampoco es que fuera una... digo, una cita cita, ¿no?

Más bien algo informal.

-Ya.

A lo mejor tú también te quedaste con ganas de...

No sé. -De...

-De hacer algo más... -Más...

-...íntimo.

-Ah.

Ya, es que esta noche, yo...

-Vale, perdón, lo siento.

Qué idiota.

Tendrás un montón de curro y yo... -No, no.

No es por la pizzería, Marta.

A ver, que...

Tú eres una chica encantadora.

Pero...

Pero hay líneas rojas que no puedo pasar.

-¿Qué líneas rojas?

-Pues que...

Que yo tengo como principio de no salir con nadie del Mercado.

-¿Me lo dices en serio? -Sí, sí, sí.

Completamente. -Ya.

Si no te gusto, me lo dices y punto.

-No, no, que me gustas. -Esa excusa me parece chorra.

-No es excusa. -Estaré en Santa Isabel, ¿te llamo?

(PAOLO SUSPIRA)

Marta, lo siento.

De verdad, pero...

A ver, que...

Tu invitación me halaga profundamente.

Y en otro momento estaría bailando una tarantela, pero...

Pero en este momento no puedo.

-Lo que me faltaba por oír.

-No, es que estoy pasando por un momento...

No quiero atarme a nadie, de verdad.

-Bueno, tú eres un tópico andante.

¿Por qué los tíos sois tan cobardes?

Si no os gusta alguien, lo decís a la cara y punto.

-No, que tú me gustas, me gustas mucho, Marta.

-¿Has puesto tus datos?

-Sí. -Pues ya hemos terminado.

-No. ¡Marta!

¡Marta, por favor!

(SUSPIRA)

Mira, estamos muy bien juntos.

Vivimos juntos, nos queremos.

Mmm, ¿qué tiene de malo que nos casemos?

-Nada, supongo, pero ¿qué tiene de bueno?

-No sé, que es todo más fácil, que la burocracia es menor.

¿Qué te parece mi idea?

Di "sí quiero" o "no quiero", pero di algo.

-¿Sabes lo que quiero? -¿Qué?

-Que me lo pidas otra vez, eso quiero.

-¿Otra vez? Bueno.

Estamos muy bien juntos.

Vivimos juntos. Nos queremos.

-Para el carro, Jesús de la Cruz, que pareces un notario.

Yo lo que quiero es que me lo pidas

con un poquitito más de chispa y de cariño.

-¡Acabáramos!

Tú quieres que me hinque de rodillas

con un ramo de flores en una mano y el anillo en la otra, ¿no?

-Pues tú verás lo que haces y cómo lo haces,

pero una cosa te digo:

como no te pongas las pilas,

igual te llevas una sorpresa con la respuesta.

-Pero ¿adónde vas?

-A ver a mis amigas,

que tú estás de un soso que tira para atrás.

Certificado literal de nacimiento, pero ¿tendrá valor?

Qué... qué... -Pero... eh...

(CHASQUEA LA LENGUA)

Buenos días. -Buenas.

Chist... ¿Cómo vienes tan temprano?

Tu madre está durmiendo todavía. -Pues por eso.

Quería hablar contigo.

¿Me explicas a qué vino lo de ayer?

-¿El qué?

-Que de repente te pareciera bien

que mamá se pase a las medicinas alternativas.

¿De verdad te crees esas chorradas?

-¿Conoces el efecto placebo?

-Sí, papá, no tengo diez años. -Bueno.

Tu madre, como cualquier enfermo, además de la medicina,

necesita poder confiar en el tratamiento,

sentirse segura con lo que toma.

La enfermedad ha durado mucho.

¿Lo entiendes?

Y tu madre no se fía ni de los médicos.

-Ya.

¿Y va a dejar de tomar sus medicinas,

para tomar unas hierbas que no sirven?

-Eso no lo sabemos.

Pero el factor psicológico es importante para la curación.

Si ella tiene fe en el tratamiento alternativo...

-Vale, sí, puede que hoy se encuentre mejor porque se ha sugestionado,

pero, si no se toma los antibióticos, empeorará.

Siempre te ha parecido una tontería lo de las terapias alternativas.

-Tú y yo no tenemos por qué creer en eso.

Con que tenga ella fe, vale.

-Yo de verdad que no entiendo nada, ¿cómo puedes estar tan tranquilo?

-Las pastillas que está tomando no pueden hacerle ningún daño.

-No, las pastillas no,

pero dejar un ciclo de antibióticos es peligroso.

De verdad, papá, pero es que, ¿no tienes miedo de lo que le pase?

-¿En serio me estás preguntando eso?

Mira, tu madre puede seguir chupando raíces si quiere.

Yo no voy a consentir que deje de tomar los antibióticos.

Ya sé que me tienes en muy baja estima.

Pero te voy a decir dos cosas.

Una: no soy imbécil.

Y dos: quiero a tu madre más que a nadie en este mundo.

Nunca haría nada que pudiera perjudicarla, ¿mmm?

Tu madre va a seguir tomando los antibióticos.

Aunque no lo sepa.

-Mamá tiene derecho a decidir lo que quiere tomarse y lo que no.

-Tu madre está enferma, no piensa con claridad.

Dejar de tomar los antibióticos es una locura.

-Pues ya la convenceremos.

No me parece bien darle antibióticos a escondidas.

-Ya lo he intentado, no lo he conseguido.

No me quedaré sentado viendo cómo pone en peligro su salud.

-¿Y si te pilla?

-Ya me ocuparé yo de que eso no ocurra, ¿mmm?

Solo lo sabemos tú y yo.

Y espero que no le digas nada.

Si se enterara,

dejaría el tratamiento definitivamente.

A ver, Javier, pero ¿seguro que nos van a poner una multa?

-Me temo que sí, los del Ayuntamiento

van a hacer una inspección

de las obras de la cubierta, sería un milagro

para que no se den cuenta

de que los materiales no pasan el control de calidad.

-Pero ¿no había ya otra empresa que está trabajando en el tejado?

Y la pagaste con el dinero de Íngrid, ¿no?

-Sí, Construcciones el Casar.

Me temo que eso no va a evitar que nos pongan una multa.

¿Y no la tendría que pagar

la constructora? El problema es

que Quiñón Construcciones está en concurso de acreedores,

no pagarán nada.

Si les denunciamos, perderemos tiempo...

Y dinero, sí.

Y nos va a tocar pagar a todos. ¿A cuánto asciende la multa?

Todavía no se sabe.

No quiero que adelantemos acontecimientos.

Solo os quería avisar para que, en caso de que nos pongan otra multa,

no nos pille por sorpresa.

-¿Y de dónde vamos a sacar el dinero?

Yo tengo para pagar la próxima cuota.

No tengo para la reforma, imagínate para una multa.

Carmen.

No eres la única con problemas, estamos todos igual.

Así que quejarte no ayuda mucho.

Recuérdame que cuando quiera dar mi opinión te pida permiso.

(GERMÁN) No ha dicho eso.

¿Podemos no discutir?

(PAOLO) Javier, sé que no lo has hecho

de propósito, pero yo no sé qué decir.

Nos estás arruinando a todos.

Paolo, no nos pasemos, por favor.

Todos tenemos nuestra parte de culpa.

-Dime tú qué parte de culpa tengo yo.

Yo pago mis cuotas.

Ya está. -Y yo.

-Vamos a calmarnos, por favor. (CARMEN) ¿Que nos calmemos?

Por favor, eres tú

el que nos ha metido y nos tiene que sacar.

-A ver, por supuesto que voy a presentar alegaciones.

Y, si nos ponen la multa, negociaré un pago a plazos.

-¿Un pago de cuánto?

-Todavía no se sabe.

-Pues entérate, por Dios, si no lo sabes.

A mí se me caería la cara de vergüenza

si estuvieran en un problema así por mi culpa.

-No es solo culpa suya, Carmen.

-Ah, ¿no?

¿Quién contrató a la constructora Quiñón

para que nos hicieran la chapuza en la cubierta?

Si tuvieras algo de dignidad,

pagarías tú la multa. A ver, Carmen, tampoco te pases.

Javier propuso a Quiñón y todos secundamos esa propuesta.

Con lo cual, todos somos responsables.

(CARMEN) Ah, ¿sí?

Igualito de responsables todos, la misma responsabilidad.

Otra vez igual, ¿no?

Estamos igual que siempre, ¿no?

Es que no me lo puedo creer.

Que nosotros no somos simplemente unos tenderos aquí,

vecinos de puesto y poco más.

Que nosotros prácticamente somos una familia, ¿eh?

Una familia.

Claro, cuando las cosas van bien, es muy fácil llevarse bien.

Y, cuando están mal, ¿qué?

Ahí es donde se ve el material del que estamos hechos.

Sí, es un palo para todo lo de Hortuño, sí.

Pero ¿permitiremos que nos agobie, que acabe con nosotros?

No, señor.

Hay algunos que tienen una situación más apurada que la mía, lo sé.

Pero sabéis que, gracias a Dios, a mí me han ido bien los negocios.

Tengo dinero.

Sé que esto que voy a decir muchos no lo vais a creer.

Por todo lo que le debo a este mercado,

lo que ha sido en mi vida,

en el caso de que haya una multa, si es necesario, la pago yo.

(PAOLO) ¿En serio? Sí.

¡Pues muchas gracias!

Has estado muy bien en la reunión, a los jefes les ha encantado la idea.

Cuando lo terminemos y lo presentemos el cliente,

vamos a triunfar, ya verás.

Se van a quedar encantados con nosotros.

Ya sé que he sido muy exigente estos días,

era necesario para acabar a tiempo.

Tanto esfuerzo ha merecido la pena.

Te aseguro que será recompensado.

¿Mmm? -No te preocupes.

Tampoco ha sido para tanto.

-Esta tarde daré los últimos retoques a la presentación y lo tendríamos.

-Perfecto, ¿a qué hora quieres que vaya?

-No hace falta que vengas.

Has trabajado duro, tómate la tarde libre.

-No, pero me gustaría estar al tanto de todo.

Por si te equivocas o cualquier cosa, poder echarte un cable.

-¿Si me equivoco? ¿Cuándo?

-Bueno, en... en la presentación.

-Tú no vas a ir a la presentación.

-A ver, bueno, yo pensaba que...

-¿Qué?

-Tú mismo has dicho

que he trabajado muy bien este tiempo.

-Ajá. -Me gustaría estar hasta el final.

-Así ha sido, hasta el final de la parte que te toca.

La reunión con el cliente no entra en tus competencias, ¿eh?

Pero, si quieres venir a ayudarme a prepararla, encantado.

-Claro, claro, cuenta conmigo.

-Estaré toda la tarde allí, pasa cuando quieras.

-Perfecto, nos vemos esta tarde.

Voy a comprar unas cosas que necesito.

-Yo voy a casa, no quiero dejar a Rosa sola.

-Genial. -Hasta luego.

-Hasta luego.

Lucía.

-¿Qué pasa? ¿Tú no tenías que estar trabajando a "full"?

-Y lo estoy, estoy esperando a que me traigan una mercancía.

-Mmm. -Acompáñame.

-Hombre, yo también me alegro de verte, ¿eh?

Dame un beso, ¿no? -Perdona.

Acabo de ver una cosa que me ha dejado rayado.

-¿Qué cosa?

-Nacho, ahora mismo.

Te has dado la vuelta y te ha dado un repasito.

-¿Nacho? -Sí.

-¿Qué dices, por favor? -Que sí, que lo he visto.

No me lo imagino. -Anda, si pasa de mí.

Me quiere quitar de en medio, a la presentación no me deja ir.

-Porque una cosa es el trabajo y otra, lo otro.

-Ya, pero, si fuese lo otro,

digo yo que me trataría mejor, en vez de putearme.

-Pues no querrá que los becarios vayan a las reuniones importantes.

No quita para que le pongas. -Que no.

Que no, que Nacho está pilladísimo por Rosa,

tienes que ver cómo la trata.

-Me da que ese tío va a por ti a muerte.

¿A cuento de qué vino

cuando tuvimos que cancelar el concierto,

que se puso en plan celoso?

-Ya, ¿y cómo iba a saber él eso?

-Pues no lo sé, tía.

Espero que tengas razón y sean rayadas mías.

Sería muy "heavy" tener un mal rollo con él.

Es el padre de Noa y no me molaría.

Pero Nacho es un tío muy raro.

Noa se fue de casa hace unos meses por su culpa.

-Bueno, a ver si el celoso vas a ser tú, ¿no?

Además, si le pongo, ¿qué?

¿Crees que porque sea mi jefe voy a ir corriendo a sus brazos?

A mí el que me pone es otro que no manda nada.

-¿Cómo que no mando nada, eh?

Verás con los del reparto, cómo los pongo firmes.

-¿Tienes que esperar aquí?

-Tengo que estar pendiente.

En plan jefe. -Bueno.

Acompáñame a tomar algo, que me muero de hambre.

-Bueno, venga, un ratito sí que me puedo escapar.

Eh, eh, eh, a ver, a ver.

Eh... ¿Me cuentas de qué va esto?

¿Te lo tengo que explicar todo? Eh... Pues sí, porque se supone

que querías meterle un palo al Mercado

con la denuncia y la multa del Ayuntamiento.

Digo yo que has sido tú, ¿no?

¿Tú qué crees? Pues no lo sé.

Primero los quieres hundir y ahora les salvas el culo.

Germán, de verdad.

Toda precaución es poca, eso, que no se nos olvide.

Y más aquí, en este mercado.

Se enteran si te has divorciado, con quién te has acostado...

Bueno, ¿ha pasado algo?

Sí, ha pasado algo.

Ayer, casualmente,

escuché a tu novio y al delicadito hablar sobre el tema.

Han empezado a atar cabos, sacaron mi nombre,

sospechan que yo soy el topo, ¿mmm?

Así que hay que hacer algo

para evitar que sospechen de nosotros.

Y esta es la mejor manera que se me ha ocurrido, ¿no?

No sé, papá, no sé.

¿Quieres que se enteren de que estamos detrás de esto?

No creo que a tu novio le haga mucha gracia.

Es que estoy harto, papá.

Solo quiero que esto termine cuanto antes.

Bueno, pues, para que eso pase, tenemos que seguir con el plan.

Si hay que improvisar, pues se improvisa.

A veces, la precipitación arruina el mejor de los planes.

(Móvil)

Vale. ¿Crees que con esto van a dejar de sospechar de ti?

Por la cuenta que nos trae.

El problema ahora

es que tengo que ponerme a hablar con Jorge y convencerle.

Y es que no lo puedo ni ver.

(Móvil)

Perdona.

(Móvil)

Dime, Velasco.

¿Otro envío? ¿Ya? Pero ¿así, tan pronto?

No, hombre, que me... me coge así de improvisto,

un envío así, tan inmediato.

Sí, sí, sí, sí.

No, mis camiones hacen esa ruta todos los días, no hay problema.

De acuerdo, sí.

Si para ti es importante, lo harán, no te preocupes.

Cuenta con ello.

(SUSPIRA)

Hola, Vanesa. -Hola.

¿Estás listo? -Yo nací listo.

-Mmm... -¿Nos tomamos alguna cosa?

Para relajarnos un poco.

-Si yo estoy relajadísima.

-Y... y yo también, ¿eh? -¿Sí?

-Lo decía por ti, por si era tu primera vez.

Quiero decir, tu primer trío. (VANESA RÍE)

No, para nada.

No es que lo haga todas las semanas. -Ah.

-Pero todos los fines de semana cae alguno.

-Ah, qué bien. -Mmm...

¿Y tú lo haces mucho?

-Yo... sí.

Sí. -¿Sí? Ah.

-Bueno, lo... lo hice cuando era más joven.

Como todo el mundo, ¿no? Hice mis pinitos.

Luego me casé y tuve que tomar un camino más tradicional.

-Ya, ya.

Hay matrimonios divertidos, yo he estado con algunos.

-Yo también, ¿eh? Sí. -Ah.

-Solo que... Bueno, ya me hubiera gustado, pero...

Aunque esté un poco oxigenado, no quiere decir que...

Bueno, sabes cómo es esto del sexo, ¿no?, que...

-No, no, no tengo idea.

-Bueno, que es un poco como... como la bicicleta, ¿no?

-Ah. -Uno, una vez que aprende, no...

No se olvida nunca. -Claro, no.

Bueno, aquí, lo importante es dejarse llevar.

-Eso. -Mmm.

Nadar a favor. -Ajá.

-Al principio, es algo incómodo.

Pero, cuando te vas conociendo, se rompe el hielo.

-Claro.

Oye, ¿y tu amiga?

-¿Qué amiga?

-¿No esperamos...?

¿Cómo se llama? -¡Hola!

¡Ya estás aquí! -Hola.

Hola. -Hola.

-Soy Jaime. -Ah, Jaime.

Paolo, encantado.

-Bueno, ¿vamos al hotel o qué? -¿Los...?

¿Los tres? ¿Ya?

-Sí, ¿no querías venir pronto?

-Sí. -Antes nos vamos,

antes venimos. -Claro.

-Vamos, nos está esperando el taxi a la vuelta de la esquina.

No seguirás pensando

que Elías es el topo de Hortuño, ¿no?

No lo sé, Javi, no lo tengo nada claro.

Me ha descolocado lo que ha pasado en la reunión.

No contaba con que pagara la multa.

Eso anula cualquier sospecha.

O no.

Igual es una estrategia.

Es la mejor manera de que nadie piense mal de ti.

Podría ser, pero se aleja bastante de tu teoría

de buscar la explicación más simple.

Si querían acabar con el Mercado, solo debían sentarse y esperar.

Si Elías no llega a pagar la multa, esto se hundía.

No lo sé, no lo sé.

Hay algo que no me da buen "feeling".

Ya.

¿Ya qué?

Pues que no estás siendo objetivo, estás picado con él.

¿Yo estoy picado?

Reconócelo.

Te estás obsesionando con Elías. No.

No.

Simplemente, creo que es un tío despreciable,

que ensucia todo lo que toca, eso es todo.

Si no es por ese pequeño detalle, seríais casi amigos, ¿no?

Casi.

Oye, ¿sabes algo de Lorena?

No, todavía no.

¿Y no... no estás preocupado?

Bueno, supongo que Lorena necesita ese tiempo, es normal.

Mira, no quiero meterme donde no me llaman.

Pero tienes cierta tendencia a no querer afrontar los problemas.

¿Perdona?

¿A qué viene eso ahora?

Hace años que nos conocemos,

sabemos perfectamente de qué pie cojea el otro.

Ah. Pues nunca me habías hablado de esta tendencia que tengo.

Pensaba que eras más o menos consciente.

Me gusta verlo con perspectiva.

Prefiero reflexionar. No.

Lo que tú haces no es reflexionar, lo que tú haces es dimitir.

No luchas por lo que te gusta, te quedas en la barrera.

Y no lo haces por prudencia, lo haces porque eres...

Cobarde.

No lo he dicho yo.

No, no lo has dicho, Javier.

Pero lo tenías en la punta de la lengua.

Cuando Elías se metió en tu relación con Celia,

¿acaso luchaste por ella?

Sí, pues a ver si me la podéis traer antes de las dos de la tarde,

¿de acuerdo?

Venga, muchísima gracias.

Adiós.

Hola, Adela. Hola, Jesús.

¿Se sabe ya algo de Lorena?

Se ha vuelto a quitar de en medio.

Esta chica no sabe afrontar los problemas.

Ya lo decía yo: "A ver hasta cuándo esta vez".

Anda, Jesús,

esta Lorena no tiene nada que ver con la de la primera vez.

Ya veréis como, en menos de nada, está otra vez por aquí.

Ojalá tengas razón.

Últimamente no gano para disgustos con mis hijas.

¿Cómo está Rosa?

Pues no acaba de recuperarse.

Hace un rato he hablado con Nacho

y dice que está bien, pero no me fío.

La cantidad de veces que habrá recaído.

Venga, ánimo.

Oye.

Hay muy poca gente hoy por aquí, ¿no?

Sí, bueno, a estas horas, la cosa siempre está flojilla.

¿Supiste

si fue Elías el que mandó a esos okupas a la floristería nueva?

A ver, Jesús, ¿tú que crees?

Lo siento.

Conociéndole, no sé por qué le he dicho nada.

Bueno, pero me alegro, te ha quitado un problema de encima.

Siento ser tan claro,

pero estás haciendo lo mismo con Lorena.

¿Qué haces para que vuelva a tu lado? Nada, ni la has llamado.

Te resignas, tiras la toalla antes de tiempo.

Te estás quedando a gusto, ¿no? Todavía no he terminado.

Esa actitud con las mujeres la tienes en tu vida en general.

¿Qué me dijiste cuando iba a dimitir?

Que luchara, que me enfrentara a mis problemas.

Pero en La Fanega saliste corriendo.

Cuando dejé La Fanega, lo dejé todo solucionado, Javier.

Pero no volviste al restaurante, huiste lo más lejos que pudiste.

Te cuesta enfrentarte a las cosas desagradables.

Las escondes o te escondes tú, como si así fuesen a solucionarse.

Lo siento, creo que tenía que decírtelo.

Ahora, si quieres, ya... ya puedes cebarte conmigo.

No. No, no, no.

Esta me la guardo para otra.

Mira, Javier, si estoy aquí es porque quiero.

Esta fue mi elección.

No estoy huyendo de nada

ni me escondo de nadie. Bien.

A eso se le llama madurar.

¿Por qué no lo haces con las mujeres?

Con Lorena, ¿qué vas a hacer?

No tengo ni idea.

¿Lo ves?

Al final, acabarás haciendo lo mismo de siempre, nada.

Dejarás que la cosa fluya

y luego te quejarás porque nada te sale bien.

Perdona que te meta esta chapa, me sabe fatal, Jorge.

Sobre todo, después de tu apoyo en la reunión.

Bueno, una cosa no tiene que ver con la otra.

Últimamente no estamos de acuerdo en las decisiones que tomas,

pero te conozco, Javier, lo haces por el bien del Mercado,

y no es justo que cargues tú solo con todos los problemas del Mercado.

Gracias.

No, gracias a ti.

A veces, la verdad duele

y... duele un poquito menos si te la dice un amigo.

El problema se ha solucionado de momento.

Pero, ¿sabes?, esto me ha hecho verle las orejas al lobo.

Pero ¿tú crees que ese tipo

va a abrir la floristería de todos modos?

Hombre, si no es él, será otro.

Me tengo que poner las pilas por si viene competencia.

Pero, bueno, ya le estoy dando vueltas a algunas ideas.

Me alegro de que te preocupes por el negocio.

Estás más animada, y, para que te animes más,

tengo que darte una buena noticia.

Voy a pedirle a Valeria que se case conmigo.

Ah.

Enhorabuena. Y, por supuesto,

todas las flores que van a hacer falta para la boda

saldrán de esta floristería.

Y, para empezar,

te voy a encargar un buen ramo para la pedida de mano.

¿Qué... qué te estás callando, Adela?

¿Tú estás seguro de lo que vas a hacer?

¿A qué viene eso ahora?

Yo quiero a Valeria. Hombre, ya me imagino.

Precisamente por eso,

¿qué sentido tiene casarse, cambiar lo que funciona?

Una firma no va a cambiar las cosas.

Hombre, Jesús, lo cambia todo.

No te puedes imaginar si viene un divorcio,

átate los machos, todo son problemas.

Tú estás rebotada por lo que te ha pasado con Elías,

pero no todos los matrimonios tienen que acabar así.

Fíjate en mí, estuvimos juntos hasta que la muerte nos separó.

Sí, claro, pero es que eran otros tiempos.

Y, cuando había un problema, se apechugaba.

Ahora, con la edad que tenéis,

¿tú crees que vais a estar por la labor

de aguantaros la más mínima?

No, hombre, no. ¿Y por qué no?

Nuestra relación no es perfecta, pero nos queremos.

También Elías y yo nos queríamos y mira cómo hemos terminado.

No sabes lo doloroso que es

pasar del amor al odio de la noche a la mañana.

No se lo deseo a nadie, y menos a ti.

Perdona, Jesús.

Soy yo también tonta, vienes todo contento

a compartir una buena noticia

y yo te recibo como si fuera una amargada de la vida

y te quito toda la ilusión.

Y, además, tienes razón,

no estoy yo para dar consejos de matrimonio precisamente ahora.

Me alegro muchísimo y espero que seáis muy felices.

Dime cómo quieres el ramo, que te lo voy a regalar.

Eh... Déjalo.

Me estoy acordando de que tengo que hacer unas gestiones.

No voy a andar toda la mañana

con el ramito en la mano. (RÍE)

Luego vengo más tarde.

Toma, ya verás qué tierno te sale.

Y tu vuelta.

Está bien, ¿no? -Está bien, gracias.

-Huy.

-¿Tienes un momentito?

-¿Qué ha pasado?

¿Es Lorena? ¿Está bien?

-Sí, sí, creo. Bueno, no sé.

No es eso de lo que quería hablarte.

-¿Y por qué tienes esa cara de ajo?

¿Te lo has pensado mejor y ya no te quieres casar conmigo?

No me lo puedo creer.

¿En serio vienes a decirme eso?

Me dejas de piedra.

Creía que estábamos bien.

-Por eso, estamos tan bien

que temo que el matrimonio perjudique nuestra relación.

-¿Y por qué la iba a perjudicar?

Nos queremos y vivimos juntos.

Firmar unos papeles no significa nada.

¿O es que no tienes claro lo que sientes por mí?

-Es lo que tengo más claro en mi vida.

-¿Entonces?

¿A qué vienen esas dudas?

-Muchos matrimonios

acaban en divorcio al año de casarse.

¿Y si nos pasa a nosotros?

-¿Y por qué nos iba a pasar?

-Mi padre decía que lo que funciona mejor no menearlo.

Estoy tan a gusto con lo nuestro que no quiero perderlo

por dar un paso del que no tenemos ninguna necesidad.

-Pero nosotros ya hemos estado felizmente casados

con nuestros respectivos durante muchos años

y sin problemas.

Y eso que fuimos al matrimonio sin haber convivido.

Pero nosotros ya hemos dado ese paso.

Y seguimos enamorados.

Por lo menos, yo.

-Y yo. -Ah.

-Me ha costado tanto encontrar una mujer

que me haga sentir lo mismo que sentí por Consuelo

que solo pensar en perderte por una bobada de boda a nuestra edad

me hace sentir muy mal.

-¿Casarnos te parece una bobada? -Ya me entiendes, lo has dicho tú.

Si no va a cambiar nada.

(TARTAMUDEA)

¿O es que a ti te hacía mucha ilusión?

-No.

No, hombre, no, una boda a estas alturas,

a mí, ni fu ni fa.

Pero si fuiste tú el que lo propuso.

Yo ni siquiera me lo había planteado.

Mira, si te vas a quedar más tranquilo

quedándonos como estamos,

como decía tu padre, mejor no menearlo.

-¿Seguro?

¡Ay! Es que no puedo más que quererte.

Estamos hechos el uno para el otro.

-Mua. (RÍE) -¿A que sí?

Mua.

Noa, ponme una cervecita, por favor. -Ahora mismo.

-Paolo.

¿Qué ha pasado, pero tú no tení...?

¿Tú no tenías tu cita?

-Sí.

-¿Qué ha pasado? -Acabo de llegar del hotel.

Gracias, Noa.

-¿Ese careto? ¿Qué pasa? ¿Te han dado plantón?

-No.

-¿Entonces qué?

La tía era un callo, ¿no?

-Peor, Nicolás, mucho peor.

-Claro, si es que es lo que yo te digo,

cualquier mujer, al lado de Vanesa, sale perdiendo fijo.

-Que no era una mujer, Nicolás.

Yo daba por hecho que el trío

estaba compuesto por dos mujeres y yo.

Pues, al final, era otro tipo de trío.

-¡Venga ya! ¿Erais dos tíos?

-¡Chist!

-O sea, que el "panino"

era de embutido, pan y más "panino". -¡Ah!

-Madre mía.

Escúchame.

¿Y el hombre... el otro tío...?

-¿Qué? -¿Era guapo?

-Pues a ver si tenía razón Carmen.

Nicolás, que era un hombre, ¿qué importa si era guapo o no?

-No, no, che.

Un poco sí importa, que hay tíos y tíos.

Eh...

-Pues, a ver, si te importa tanto, sí, creo que era guapo.

-A mí no me importa nada, si yo es por animarte.

-Es que yo,

cuando vi este pedazo de hombre sonriéndome... (RESOPLA)

Quería morirme.

Morirme. -¿Y para qué fuiste al hotel?

-Yo qué sé.

No quería quedar como un rajado delante de Vanesa.

Ya.

Vale, tío, pues... pues gracias.

Si te enteras de algo, llámame, ¿vale?

No sabía que estabas ocupado.

No te hubiera hecho venir, no es tan urgente.

Para mi mami nunca estoy ocupado.

Estaba hablando con un colega de Lorena

que conocí un día tomando cañas,

a ver si él sabía algo... Eso.

¿Y? Y no sabe nada.

Que no la ve desde ese día.

¿Tú crees que volverá?

Sí, cuando se aclare las ideas y descanse un poco, volverá.

Vamos, más pronto que tarde, la tenemos por aquí.

Ojalá.

La quiero un montón.

Primero te fuiste tú, ahora se va Lorena...

Me estáis dejando solo

con los machirulos De la Cruz.

Bueno, pero, como te va muy bien con Javier,

no me extrañaría nada que en breve viváis juntos.

¿No? Bueno, ya veremos.

¿Mmm? Poco a poco.

A ver, Celestina, ¿qué quieres?

¿Te has enterado de lo del tal Sáez?

No sé quién es.

Un hombre que vino a comprar flores y me preguntó los precios de todo.

Y luego resulta que quiere poner una floristería aquí al lado.

Nada más llegar a la habitación,... -Sí.

-...Vanesa

empieza a besarnos.

A los dos.

Y a quitarse la ropa.

-¿Y llevaba liguero?

-¿Liguero?

Yo qué sé si llevaba liguero, Nicolás.

Lo que importa es que a mi lado

tenía un hombre que se quitaba los pantalones.

-Hombre, Paolo, normal.

¿Se iba a meter en el fregado con los pantalones?

-No sé qué me esperaba, pero...

Cuando vi todo esto, me fui de allí corriendo.

-Es que vas de moderno, y para eso hay que valer, es que...

-Es que he metido la pata hasta el fondo.

-Escúchame, que, digo yo,

que, ya que estabas allí, ¿por qué no aprovechaste?

Por Vanesa, vamos.

-No, Nicolás, no lo decía por esto.

Lo decía por Marta.

He perdido a la única mujer que me importaba de verdad.

Y todo porque te escucho a ti.

-¡Eh, eh! ¿A mí me vas a echar la culpa ahora?

Yo he intentado ayudarte porque estabas hecho un lío.

(RESOPLA)

Si no llevaras la vida de desenfreno que llevas,

no te habría animado a meterte en un trío.

-¡Chist! (HOMBRE) ¿Qué pasa, Nicolás?

-Que tienes razón.

Es toda mi culpa.

Yo no sé por qué voy de lo que no soy.

-Paolo, pero es que... es que, macho,

es que Vanesa es una de esas mujeres que te llevan a hacer locuras.

¿Qué quieres que te diga? -Eso sí, eso sí, Nicolás, pero...

Pero es que yo no soy un picaflor, yo soy un hombre de una sola mujer.

-Ya.

-Bueno, sabes que algo he aprendido de todo esto.

-¿El qué? ¿Que no te gustan los tíos?

-No, no, esto ya lo sabía.

Es que...

Bueno, que yo el mejor sexo

siempre lo he tenido con una mujer a la que conocía.

Con la que tenía confianza.

A la que quería. ¿Me entiendes? -Yo lo tengo clarísimo.

Y, si estuviera aquí Carmen, más.

-Yo también, pero se me había olvidado.

-Pues, mira, pues, si has aprendido eso,

ya está, aprovecha y quédate con eso.

-No, es que no puedo, Nicolás.

Porque he perdido a Marta.

La única mujer que conozco

con la que podía tener todo esto y mucho más.

-Ya.

"Quillo", yo me quedaría contigo aquí horas y horas,

pero tengo un lío...

Fíjate todas las bombillas que tengo que poner en el almacén.

-Vete. -Luego hablamos.

-Hasta luego.

(GERMÁN) Anda ya.

Sí, sí.

Aunque no la va a poder abrir. ¿Por qué?

Bueno, el caso es que yo he estado dándole vueltas a esto del negocio.

Y, mira, tarde o temprano pasará algo parecido.

Me tengo que poner las pilas. Tú ya te lo curras un montón.

Ya, pero no vale con eso, tengo que ofrecer algo más.

Si quiero sobrevivir a la competencia,

no puedo quedarme en ser un pequeño negocio.

¿Y qué has pensado?

He estado dándole vueltas a la cabeza.

Y creo que podríamos hacer algo así como lo de las frutas,

pero con flores y que la gente pueda hacerme encargos

en la web de la floristería.

Me parece muy guay. ¿Sí?

Sí. Entonces ¿me vas a ayudar?

¿Yo?

Sí, bueno, quiero que me diseñes

una página como la de las frutas, pero con flores.

Ya la tenías hecha, no será mucho trabajo.

Eh... No, no, si es que no es por el trabajo que me des.

¿No crees que es mejor esperar un tiempo?

¿A qué?

Pues... No sé, mamá.

En realidad, acabas de empezar, a lo mejor es...

preferible asentar la venta a pie de calle

y ya pasamos a la venta "online", ¿no?

Así también nos aseguramos de qué futuro tiene el Mercado.

Mmm. Entonces ¿no vas a echarme una mano?

Que no, que no es eso, pero...

(SUSPIRA) Es que, tal y como estáis tú y papá,

es mejor que me mantenga al margen.

Yo de ti no me preocuparía.

Tu padre quiere que me vaya bien en el negocio

y, a su manera, me ha ayudado.

¿Cómo que te ha ayudado?

Me has preguntado

por qué no abría la floristería nueva.

Sí.

Se le han metido unos okupas en el local.

¿Papá? Sí.

Esa es su manera de hacer las cosas.

Vamos a ver, que a mí me parece fatal.

Pero, aunque sea a su manera, me ha venido muy bien.

Así que, ya ves, me va ayudando.

Vale.

Vale, pues no veo por qué no voy a poder ayudarte yo.

Entonces ¿me vas a diseñar la página?

Claro que sí.

Ese es mi hijo.

Parece que estás más animada, ¿no?

-Reconoce que el tratamiento natural me está yendo muy bien, ¿eh?

-Reconocido.

-Ojalá sea el definitivo,

porque, de verdad, estoy aburrida

de recuperarme y luego volver a recaer.

-Seguro que sí.

Sobre todo, si no haces tonterías

como echarte a la calle en lugar de guardar reposo.

-Prometido.

Gracias por respetar mi decisión,

sé que no eres partidario de la medicina natural.

Y por eso tiene más mérito.

-Bueno, tú eres la enferma, ¿no?

Te podemos dar nuestra opinión, pero si no te convencemos...

-Sabes que hubo un momento en que pasé mucho miedo, Nacho.

Ahora que estoy mejor puedo hablar ya de esto,

pero es que llegué a pensar que...

que tenía algo muy malo. -Escucha, escucha.

-¿Sabes? -Escucha.

No pienses cosas malas.

Tenemos que intentar ser positivos.

Yo no voy a dejar que te pase nada malo.

Si este tratamiento no funciona,

buscaremos otro u otro médico, lo que sea.

Pero tú vas a salir de esto, te lo juro.

(Timbre)

-¿Esperas a alguien?

-No. Será Noa, que se ha dejado las llaves.

Hola. -Hola.

-Habíamos quedado por la tarde, ¿no?

-Ya, bueno, pero te traigo unas fotografías para el dosier.

-Pasa.

-Hola. -Hola.

-Ahora me la enseñas, acompaño a Rosa al dormitorio.

-No hace falta, que ya voy sola. -No, déjame que te acompañe, anda.

Eh... Ya estoy... Quieres enseñarme... la foto, ¿no?

-Sí, la fotografía.

La tengo en el portátil.

Oye, te voy a pedir un favor.

Si... si se pone en contacto contigo, le dices que me llame.

Bueno, o, si sabes algo de ella, me llamas tú, ¿eh?

Vale.

Gracias, ¿eh?

Jesús, ¿tienes un momento?

Pues la verdad es que no.

Jonathan está ayudando a Noa y no puedo desatender el puesto.

Será solo un segundo, es importante.

¿Sabes algo de Lorena?

No. ¿Vosotros?

(SUSPIRA) Germán y yo hemos estado llamando

a todo el que se nos ha ocurrido, pero nadie la ha visto.

Yo he llamado a los pocos amigos suyos que conozco

y tampoco saben nada.

Pero voy a ir a buscarla. ¿Adónde?

Pues no tengo ni idea,

pero no me voy a quedar aquí sin hacer nada.

Al menos tendrás alguna pista por donde comenzar.

No tengo ni idea.

Verás, quería pedirte...

No querría dejar el puesto desatendido.

Si no te importa que Jonathan le eche un ojo,

cuando no esté ayudando a Noa.

Claro que sí.

Tómate todo el tiempo que necesites para buscarla.

Gracias.

Mira, desde que estáis juntos tú y Lorena,

la he visto más centrada.

Siempre ha sido una chica muy alocada y rebelde.

Y yo creo que tú le das la paz y el equilibrio que necesita.

-¿Estáis hablando de Lorena?

-No te metas, por favor. -A ver.

Como nuevo integrante de la familia, como hija política o como se llame,

creo que mi deber es estar con vosotros.

-Sí, mira.

La verdad es que no tengo el humor para hablar contigo de mi hija.

Vamos, hombre.

Venga, que son pimientos, que no son adoquines.

Chist, chist.

He estado hablando con Hortuño. ¿Por lo de la multa?

Te habrá puesto fino por haberte comprometido a pagarla.

Al revés.

Me ha dicho que entiende la situación

y que mi papel es muy difícil.

¿En serio?

Está muy comprensivo.

Entiende lo de la multa para que confíen en mí.

Qué raro, yo este hombre no sé por dónde va a salir nunca.

Qué me vas a contar...

Estaba hasta simpático, me ha dado las gracias.

Pues, mira, ya somos dos los que tenemos que agradecerte algo.

Le has echado una mano a mamá

con lo del tío que quería hacerle la competencia.

Me alegro de que, aunque las cosas estén feas,

en el fondo os queráis un poquito.

¿Te ha dicho tu madre algo o qué? No.

No me ha dicho nada.

Es una forma de hablar.

Quiero decir, no sé, estoy viendo que... que la ayudas,

que le echas un cable a pesar de que vaya contra tus intereses.

Pues para lo que ha servido.

En vez de darme las gracias, me ha echado una bronca.

"No te metas en mi vida, que son mis cosas". En fin.

Normal, ¿no?

Tal y como están las cosas,

no está como para reconocer que la has ayudado.

Además, que la forma de ayudarla...

¿Qué pasa?

Un poco mafiosa, ¿no? Chanchullera.

Vaya, que lleva tu sello. Pues eso.

¿Se te ocurre algo mejor?

Ha funcionado, ¿verdad? Pues ya está.

¿Subes? No, no, no, quiero revisar

la carga de la furgoneta. ¿Y eso?

Unos clientes se han quejado, la fruta llega con golpes.

Bueno, ya lo hago yo. No, no, no, no.

Lo hago yo, a veces es bueno que el jefe haga estas cosas.

Es el secreto de nuestro negocio, ¿no?

Hasta ahora.

No es por cotillear, pero, a ver,

antes de irse Lorena, estuve hablando con ella.

Y había estado hablando por teléfono con Nuria.

Nuria, la hija del zapatero.

¿Os acordáis? -Ah, sí.

La que vendió el puesto y puso un chiringuito en Ibiza.

¿No? -Eso mismo.

Le decía que tenía mucho trabajo.

Y Lorena dijo que le apetecía irse unos días.

-O sea, que es probable que esté allí.

-Mmm. ¿Sabes cómo localizarla?

-Creo que tengo el teléfono del padre.

Olmos se llamaba, ¿no? -Ah. Sí.

-Ah.

Por una vez me alegro de que seas tan cotilla.

-De nada.

Cría fama.

-A... aquí está.

Espero que siga manteniendo el mismo teléfono

después de tanto tiempo. -Y que esté vivo.

-Da señal.

¿Olmos?

Soy Jesús de la Cruz.

Sí, del Central, sí.

Mira, perdona que te moleste.

Es que estoy intentando localizar a mi hija Lorena

y no doy con ella.

Creo que está con tu hija.

Ya.

Bueno, pues...

Si haces el favor,

pregúntale a tu hija, a ver si sabe algo.

Hasta luego.

Lleva unos días en Ibiza en casa de su hija.

Y Lorena no ha pasado por allí.

Nos hemos quedado sin la única pista que teníamos.

-Pues se llama a la policía y ya está, ¿no?

-La policía no se dedica a buscar

personas mayores de edad que se han ido voluntariamente.

Ya me lo dijeron la otra vez.

Lorena ha cogido una mochila y se ha largado.

¿Una mochila?

¿Para ir adónde?

No sé, no me lo ha dicho.

Me tratas como a un niño y no lo soy.

Le dije que no estaba bien

que se acostase con tu marido, no te lo merecías.

-A quien no le ha pasado nada no desaparece de repente.

Y yo de eso sé.

Ya. Pues, cuando esté mejor, ya contestará.

Tengo otras preocupaciones, la vida no gira en torno a Lorena.

Hablamos lo que haga falta.

-Sobre todo, ella. -Oye.

-Habláis mucho, sí.

Pero no decís lo que realmente deseáis.

Y eso va por los dos.

-¿Y eso qué se supone que significa?

-¿Se lo dices tú o yo?

Pero ¿qué ha pasado?

¿Quién ha sido?

Cuando he ido al almacén, estaba bien.

Igual ha venido una ráfaga de viento....

Sí, bueno, o un huracán.

Alguien lo ha hecho a propósito.

Tenemos que hacer algo para que no se ponga peor.

Tu madre está enferma.

-Que ya, abuelo, que ya lo sé, pero...

Que le estamos dando los antibióticos a escondidas.

-Sigo cansada y con toses,

pero noto cómo mi cuerpo elimina la enfermedad y los antibióticos.

-Mira, mamá, pues justo de eso quería hablarte.

-Esto cambia mucho las cosas, no se ha rajado.

Se lo pensaba y al hablar contigo

se echó para atrás. -Sí.

Un poco sí, la verdad.

Pero le he dicho que a mí tampoco me hacía ilusión casarme

y sí me hubiera gustado.

-Quería aprovechar para despedirme.

-Pero, entonces, ¿no nos volvemos a... ver?

Bueno, por aquí, digo.

-Bueno, supongo que no.

Es lo que querías, ¿no?

-A lo mejor no es mala idea que vengas conmigo a la presentación.

¿Mmm?

Sí.

Pero tendremos que quedar mañana para prepararla bien.

-Me voy a casa. ¡No te vas!

Déjame. ¡No te voy a dejar!

Te quedarás aquí y me ayudarás hasta pagar el daño que has hecho.

No me toques, déjame. ¡No te muevas, David!

Contéstame sí o no y sin medias tintas.

O dejamos de marear la perdiz.

Quiero mucho a Lorena. ¿Te he preguntado eso?

Daría lo que fuera por encontrarla y arreglar lo nuestro.

¿Respondo tu pregunta?

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Mercado central - Capítulo 107

25 feb 2020

Jesús propone matrimonio a Valeria, pero la manera en que lo hace no es del agrado de la Pacheca, que le deja sin respuesta hasta que no lo haga como Dios manda.
Paolo acaba cortando la relación con Marta.
Nacho explica a Noa que hace creer a Rosa que aprueba su decisión de tratarse con medicina natural, pero en realidad le está dando los antibióticos sin que ella se entere.
Elías consigue desterrar las sospechas que Jorge y Javier tienen sobre él respecto a su relación con Hortuño pagando íntegramente la multa que el Ayuntamiento ha impuesto al mercado por emplear materiales de mala calidad en las obras de la cubierta.
Para hacer frente a la competencia de la floristería, Adela decide crear una página de pedidos on-line con la ayuda de Germán.
Paolo fracasa en su trío con Vanesa y se arrepiente de haber dejado escapar a Marta.
Jesús, convencido por Adela, da marcha atrás en sus planes de boda con Valeria.
Lucía corrobora que Jonathan tiene razón, Nacho se siente atraído por ella.

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