Enlaces accesibilidad

Más Isabel - La epilepsia, como posible enfermedad de Muley Hacén

Por
 Más Isabel - La epilepsia, como posible enfermedad de Muley - Hacen

Hernando de Baeza, sobre el agravamiento de la salud de Muley Hacén

“Dende á pocos dias cegó el rrey; y dizen que haziendole muchas medecinas para tornalle la vista, entre otras fué una que estándosela poniendo vn dia en un baño, dizen que le entró vn espíritu en el Cuerpo; y en la verdad ello pasó ansi, porque daua con él en el suelo muchas vezes, y dezia por la boca algunas cosas de aquellas que suelen dezir los que tienen aquella pasión.”

En 'Isabel' hemos ido viendo a lo largo de distintos capítulos cómo se agrava poco a poco la salud de Muley Hacén. ¿Qué enfermedad pudo tener?¿Cómo pudo ser tratada en su época?

Abúl Hasan ´Alî, más conocido como Muley Hacén, debía ser un hombre enfermo y de edad avanzada cuando en el verano de 1485 (El cronista Bernaldez nos dice que en el día de San Juan) muere siendo tres los sitios atribuidos para su fallecimiento: Mondújar, Almuñécar o Salobreña. Para rastrear el origen y evolución de su enfermedad a través de las fuentes árabes e incluso sefardíes, tenemos que ponernos en contexto y situarnos unos meses antes.

La situación de Granada

Tras ser Boabdil hecho prisionero en Lucena (1483) y luego liberado, después de firmar unas capitulaciones deshonrosas, éste se refugia en Guadix, que será su capital durante dos años. En ese tiempo, Muley Hacén había recuperado su trono teniendo como principal valedor a su hermano El Zagal, que poco a poco comienza a acaparar poder al ver la debilidad de su hermano el emir.

En febrero de 1485, la situación empeoró para el Rey Chico. Almería cayó en manos del Zagal el cual dio muerte por degüello a su hermano Yusuf; el mismo Boabdil tuvo que huir y refugiarse en Córdoba al amparo de los Reyes Católicos para poder salvar su vida.

Dentro de este complejo panorama, el Zagal había terminado por proclamarse emir. Así pues, el reino nazarí tuvo oficialmente tres emires en aquellos días, hasta que finalmente, un Muley Hacén cada vez más enfermo y desengañado, acabó abdicando en su hermano El Zagal (según Al-Maqqarí) o bien depuesto por este mismo personaje.  

Lo cierto es que sea como fuere, en la primavera de 1485, Muley Hacén es destronado y deportado a Salobreña y desde ahí, a Almuñécar o a Mondújar donde muere.

Diferentes versiones sobre la enfermdad del emir

Aquí es donde entran en escena las distintas versiones de nuestras fuentes sobre su estado de salud. El sefardí Capsali y Hernando de Baeza nos comentan que Muley Hacén estaba perfectamente en sus cabales cuando tomó el gobierno en este segundo y brevísimo reinado.

Sin embargo, el anónimo cronista árabe de la Nubdat al-´Asr nos comenta que Muley Hacén estaba ya en el principio de su enfermedad (como hemos visto en 'Isabel' a lo largo de los capítulos) y nos describe en su obra esta dolencia como una epilepsia que progresivamente acaba por mermarle sus facultades, dejándole ciego, con el cuerpo medio paralizado e hinchado y atribuye a esta enfermedad y otras desgracias que le ocurrieron a "un castigo de Dios”"por las tantas injusticias y malas acciones que cometió.

Otro hecho que supuso un golpe emocional para la ya delicada salud de Muley Hacén fue la noticia de la muerte de su hijo Yúsuf en Almería, ordenada bien por el Zagal (según Capsali) o bien, instigada por Zoraida (Soraya), según Hernando de Baeza, quien veía peligrar la sucesión de su primogénito, el infante Sa´ad.

Como comenta el arabista Camilo Álvarez de Morales en su libro “Muley Hacén, Boabdil y El Zagal” para atender la cada vez más precaria salud de Muley Hacén tanto en palacio como en los últimos meses de su destierro, el emir dispuso de una serie de médicos de corte de los cuales no sabemos casi nada, salvo el caso del médico judío granadino Isaac Hamón de quien la crónica de otro compatriota, Ibn Verga nos da referencias indirectas.

Tratando la enfermedad de un rey, entre lo mágico y lo empírico

A tenor de lo descrito por Hernando de Baeza, pensamos que Isaac Hamón y otros médicos habrían practicado una combinación de medicina de corte con la de tipo mágico.

No hay que olvidar que algunos autores afirman que la epilepsia era un mal causado por un desorden de los elementos y humores (un exceso del humor llamado “flema”) que hay en el cuerpo. Los síntomas además, coinciden con el grado 5º que menciona Abúl Qásim az-Zahráwí, el máximo que podía sufrir un paciente de esta enfermedad que ya sería causado por demonios.

A modo de ejemplo, sobre los tratamientos médicos que podía haber recibido Muley Hacén en su corte, éstos podría haber sido los que recomendaba por ejemplo en el siglo XIV, Ibn al-Játib en su Kitâb `Amal man tabba li-man habba y que resume el arabista Camilo Álvarez de Morales: "colgar sobre la ropa del enfermo distintas plantas o coral, pelo o piel de animales, ingerir huesos humanos o pezuña de asno calcinados, hígado de asno asado y cuajos de liebre o de avestruz o tomar granos de peonía. Otros se utilizan mediante inhalaciones como es el caso del estiércol de camello y la hiel o la sangre de tortuga".

Para la ceguera provocada por la epilepsia estos tratamientos habrían consistido un protocolo similar al descrito antes a base de ungüentos o colirios hechos con ingredientes de los mismos elementos ya descritos, sahumerios, el uso de talismanes en los ojos, sacos con elementos protectores y para el caso de los “yinns” que provocaban la epilepsia o las convulsiones de Muley Hacén toda una serie de conjuros y oraciones islámicas protectoras para expulsarlo del cuerpo.

En casos graves podía dejarse de tratar al enfermo y dejarlo en manos de la Divinidad, que es lo que pudo pasar a Muley Hacén ya estando deportado en Salobreña y luego en Móndujar o Almuñecar.

Algunos remedios curiosos

En el siglo XII, el persa Ar-Razí y después el médico y farmacólogo andalusí, Ibn al-Baytar recogen el remedio conocido como “Al-Fandáríqún” para tratarla y ambos recomiendan llevar al cuello un colgante hecho de coral para paliarla.

Entre las plantas naturales para tratar la epilepsia se cita el jugo de cáñamo, las hojas del naranjo, el azafrán, la peonía, la zarzaparrilla, el hipérico, la genciana, el cantueso, el jengibre o la ruda.

Se hacían preparados que podían contener junto a estas plantas sustancias muy extrañas y exóticas como el caso de la “Mumiyya” o mumia, sustancia importada del Medio Oriente, procedente de las momias egipcias, al suponérsele propiedades mágicas, el betún de Judea o el estiércol de animal. Incluso se usaban metales preciosos como polvo de oro o plata.

Asimismo, la musicoterapia era recomendada para estos casos de epilepsia también y Ar-Râzî (Rhazes) la recomendaba mezclada con la ingesta de jugo de cáñamo.

También recomendaban al paciente una buena dieta complementada con alimentos ligeros como fruta o ciertos tipos de verduras como la berenjena o la cebolla y consumir tisanas de agua muy caliente. También se usaban sahumerios hechos de plantas y compuestos medicinales como la mirra o el sándalo y otros tan extraños como la hiel o el estiércol.