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Página 2 - Clásicos - "Platero y yo" (Jaguar) de Juan Ramón Jiménez

David González ilustra 'Platero y yo' de Juan Ramón Jiménez

  • Una cuidada edición que celebra el centenario de la obra

  • "He intentado acompañar el lirismo de Juan Ramón Jiménez", asegura

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"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal..."

Así comienza Platero y yo, el inmortal poema de Juan Ramón Jiménez que recrea poéticamente la vida del burro Platero y que es uno de los tesoros de la literatura universal y le valió el Premio Nobel de Literatura. Una obra que este año celebra su centenario y de la que se han lanzado varias ediciones, aunque queremos destacar la que publica Ediciones Jaguar, embellecida con las espectaculares y, a la vez poéticas, ilustraciones de David González.

El ilustrador confiesa que ilustrar un poema tan universal es complicado: "Una amiga me dijo hace algún tiempo que para leer Platero y yo hay que tener la “mirada limpia”. Algo que subrayo y que considero como una tarea nada fácil. Mi interpretación parte desde esas palabras, se apoya en la naturalidad y en la sencillez".

"He intentado acompañar dentro de mis posibilidades el lirismo de Juan Ramón Jiménez, unas veces de forma literal (si el capítulo es muy descriptivo) y, en la medida de lo posible, he buscado que mis ilustraciones complementen el texto, que cuenten algo más allá de lo que expresa el autor. Licencia que me he tomado desde el más absoluto respeto a la obra".

Una obra muy actual

Como los grandes clásicos de la literatura, Platero y yo mantiene su actualidad, en opinión del ilustrador: "Jiménez comenzó a escribir Platero y yo hacia 1906, creo que es evidente que el texto ha envejecido, pero sorprende lo actual que puede ser en muchos aspectos, como los personajes entrañables o decadentes que aparecen en el escrito y que probablemente conozcamos similares en nuestro pueblo o ciudad; costumbres y fiestas que apenas han cambiado, o el dolor y el sufrimiento, que siempre se mantienen impasivos al tiempo".   

"Cuando el texto está tan bien escrito -continúa David- lo difícil es elegir una de las tantas posibilidades que ofrece para poder pasarlo a imagen. Bendita dificultad".

Imaginando a los protagonistas

Todos tenemos una idea de Platero y Juan Ramón, pero trasladarlos a imágense es otra cosa. "Hace un año -nos cuenta David- recogí de la calle a una perrita que no estaba en buenas condiciones y tan solo tenía dos meses. Ahora pesa unos 40kg y algunas personas cambian de acera cuando paseo con ella. Sin embargo, la sigo viendo como aquel cachorro que podía levantar con un solo brazo. Es posible que el escritor viera así a Platero, por esa razón tuve claro desde el principio hacer un burro poetizado, que pareciera un pollino. Creo que este enfoque se adapta bien al tan conocido primer capítulo del libro y que describe con tanta ternura a Platero".

En cuanto al personaje de Juan Ramón "Huyendo de hacer un retrato físico, sí me he ceñido al texto respetando el traje oscuro y la barba tal y como se describe, procurando por otro lado que infunda bondad, ternura, sosiego... Casi en consonancia con lo que comunica Platero, al fin y al cabo, pienso que el burro es una continuidad de la figura de Juan Ramón" -puntualiza el ilustrador-.

Tampoco es fácil acertar con la gama de colores, pero David demuestra ser un experto: "Mis ilustraciones pretenden acompañar el lirismo del texto y un elemento importante para ello es el uso del color. Por ejemplo, hay algunos capítulos que se desarrollan en un atardecer y es necesario el uso de colores cálidos, o bien capítulos como La tísica, en el que nos adentramos en una habitación oscura prácticamente sin color y que contrasta fuertemente con el rostro casi blanco de una niña".

"Para ilustrar poesía hay que imaginar poesía"

La adaptación de obras literarias es un subgénero del cine y el cómic, pero las adaptaciones de poesía son bastante raras. por eso hemos preguntado a David cómo se ilustra la poesía y su respuesta no ha podido ser más acertada: "Imaginando poesía".

En cuanto a sus influencias david asegura que: "No podría decir nada ni nadie en particular para este libro. Son numerosos los pintores, ilustradores, películas, etc. que han influido y que seguirán haciéndolo a lo largo de mi trayectoria en esta profesión. Otro potente inspirador en mi trabajo es la música, la considero una herramienta importantísima. Cada ilustración tiene su banda sonora".

La naturaleza, al igual que en la obra de Juan Ramón Jiménez, es una de los protagonistas: "Tiene un papel primordial -asegura David González-. El escenario principal es el pueblo de Moguer y su entorno. Desde la cubierta, pasando por las guardas y en muchas del resto de las ilustraciones, he procurado que la naturaleza adquiera una fuerte presencia". 

Finalmente, hemos preguntado al ilustrador por sus proyectos: "Actualmente, por un lado estoy trabajando para unos libros de texto y, por otro, con un proyecto muy interesante para Chidori Books, una joven editorial que publica en formato digital y está especializada en literatura japonesa".

Los espectaculares dibujos de David González pueden ser la mejor excusa para volver a disfrutar de una de las mejores obras de la literatura universal.

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