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Omar Sosa, el hechicero del jazz

  • El artista presentó en Carne cruda su último disco Calma, solo piano &...
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Dice que es un percusionista que golpea las 88 teclas del piano. A veces también las acaricia como en su último disco, "Calma", un remanso de paz para el espíritu y un tremendo disco de jazz a piano solo, sensual, espiritual y reflexivo. Se llama Omar Sosa, nació en Camagüey (Cuba) y es uno de los pianistas más brillantes, eclécticos y mestizos del jazz afrocubano y mundial, un virtuoso al que se ha comparado con grandes de la talla de Chucho Valdés o Thelonious Monk (es tanta la admiración de Omar Sosa por éste último que llamó a su hijo Lonious en honor al pianista estadounidense).

omar sosa

Nominado repetidamente para los Grammy, el año pasado ganó los Independent Music Awards en la categoría de jazz por su disco Ceremony junto a la Big Band de la Radio Nacional Alemana (NDR), un disco en el que fundía todas sus influencias: Cuba, África, Norteamérica y Europa, es decir, los ritmos afrocubanos, el son, el tribalismo africano, el jazz estadounidense y la vanguardia europea dando lugar a una ceremonia de música de altísimos vuelos oficiada por este chamán que toca siempre con su túnica blanca de santero y que dice interpretar con su piano lo que los espíritus le soplan al oído.

Omar Sosa es un místico, aunque lleno de la sensualidad de su tierra también. Cuando tenía 19 años una experiencia cambió su vida. Según él mismo cuenta, un tío suyo soñó con un hombre con el que Omar debía encontrarse para encarrilar su vida. El sobrino, incrédulo aún, aceptó a cumplir el sueño de su tío y dio con el individuo. Aquel hombre le introdujo en la santería y Sosa ha llevado ese aprendizaje a la música. Por eso cuando toca busca evocar a los ancestros, de ahí su sonido enraizado con la tradición.

Un genio itinerante

No sólo con la cubana. También ha echado en la marmita de su música el folclore africano, desde el Magreb hasta el África sahariana y el África negra, mezclándolo con los ritmos afrocubanos y caribeños gracias al componente base que lo une todo: el jazz. Discos como Afreecanos y Mulatos son fascinantes ejemplos de esto y son el resultado de su vida de nómada.

Después de salir de Cuba, Omar Sosa ha vivido en San Francisco, Oakland, Quito, Barcelona y ahora en Menorca. Esa movilidad se aprecia en su música que te lleva de un sitio a otro en un viaje fascinante y fértil en el que se unen pasado, presente e incluso futuro.

Esa movilidad también la ha vivido en su formación musical. Iba para chelista pero acabó dedicándose a la percusión y de ahí dio el salto al piano. Y qué salto: no sólo tiene una técnica brillante y un toque emotivo, además es un exquisito compositor para ese instrumento de 88 teclas que para él son como tambores con los que llamarte a celebrar un conjuro mágico, oscuro, misterioso y profundo en el que se unen reflexión y baile, calma y furia, sensualidad y espíritu.

En tiempos revueltos y superficiales, nada mejor que la música de este hechicero para exorcizar demonios interiores y exteriores. Como dice el título de su último disco, te invitamos a la “Calma”.

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