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El torbellino de 'Nina' arrolla con drama y dolor en el Teatro Fernán Gómez de Madrid

  • La obra se basa en uno de los relatos de La Gaviota, de Chèjov
  • El texto, de José Ramón Fernández, recibió en 2003 el Premio Lope de Vega
  • Se representará de martes a domingo hasta el 2 de julio

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Una de las imagenes promocionales de 'Nina', en el Teatro Fernan Gómez de Madrid
Una de las imagenes promocionales de 'Nina', en el Teatro Fernan Gómez de Madrid

Si los colores pudieran describir la personalidad de un ser humano, Nina sería rojo puro. Rojo pasión, rojo ira, furia, seducción. Quizá también un poco de azul, melancolía. Y verde, frustración. De ser un fenómeno natural, no cabe duda de que es un huracán, un torbellino de emociones que arrasa todo cuanto deja a su paso, y a todos.

Nina es la apuesta del Teatro Fernán Gómez de Madrid para este mes de junio. Una apuesta segura si se tiene en cuenta que el texto, de José Ramón Fernández, fue galardonado en 2003 con el Premio Lope de Vega. Un texto cargado de dramatismo que, ni más ni menos, se basa en uno de los relatos de La Gaviota, del dramaturgo ruso Antón Chéjov.

En esta ocasión, una treinteañera Nina (Muriel Sánchez) regresa en otoño a su pueblo natal diez años después de haber decidido dejar todo atrás. Vuelve con una mochila cargada de malas experiencias, desamores, dolor, pérdida e incluso malos tratos. Su vocación de actriz se ha visto frustrada por sus papeles de bajo nivel en series de televisión y obras de teatro. Las mejores frases sólo se las dan a los protagonistas, lamenta.

En el hotel donde se aloja, se encontrará con su pasado, con Blas (José Bustos), un miembro de su pandilla de toda la vida. Juntos, recordarán los viejos tiempos. Pero, sobre todo, "los besos que no han dado". Analizarán cómo se han marchitado sus vidas y las de sus amigos. Compartirán frustraciones. Y la ira, la alegría y la melancolía correrán por la cara de Nina como un río que fluye al mar.

Original puesta en escena

Los primeros momentos de la obra son un delicioso espectáculo visual. El juego de la lluvia proyectada en la pared y su sonido. Jesús Hierónides, que interpreta al dueño del hotel, Esteban, es la clave de la intriga, es el que presagia lo que va a venir, quien hace los apartes aclaratorios y quien guía al antagonista (Blas) en todas sus acciones. Es un elemento intrínseco a la obra y que, a la vez, está fuera de ella. Sin duda, una original puesta en escena para meter al espectador en ambiente.

Después, un diálogo entre los dos protagonistas copará el resto de la obra. Algo muy arriesgado si no se logra hacer con dinamismo y puntos de interés. En este caso, Nina habla, se queja, lamenta, recuerda, y su expresión va tornando de la euforia al odio. Unos cambios bruscos que, a veces, no están del todo justificados y acordes al texto. Mientras, el antagonista no aporta el contrapunto necesario para hacer de él un personaje interesante. Asiente, se deja llevar. Pero no tiene un objetivo claro, no busca nada, no quiere nada de Nina.

Y conectar con ella también se hace difícil. Difícil tomarla cariño, ya que no hay momentos de cercanía ni simpatía como para apenarse por Nina, o desear que le vaya bien.

La actriz Muriel Sánchez, en uno de los momentos de la obra.

La actriz Muriel Sánchez, en uno de los momentos de la obra. noticias

A pesar de la sinopsis del teatro, que dice que "es una historia capaz de contagiarnos la esperanza y el amor por la vida", no hay apenas nada esperanzador. Nina no evoluciona, no ve luz. Tampoco Blas. Tan solo resignación. Una melancolíoa constante que no mira hacia el futuro en ninguno de los tres personajes. Una ausencia del juego de las emociones que hace que el espectador abandone el teatro con la sensación de haber estado con alguien que no levanta cabeza y se lamenta una y otra vez de su difícil situación.

Sin embargo, se agradecen ciertos puntos cómicos, especialmente aportados por Esteban, el dueño del local, el contrapunto a todo el drama (a pesar de su dramática historia personal).

También es interesante el uso de ciertos recursos, como las canciones, que ambientan los momentos alegres y sensuales de la obra, y el recuerdo a ciertas películas para hilar el argumento. Las sombras que el paso de los personajes dejan en la pared dan un suculento toque cinematográfico que hace más apetitosa la escena.

Una larga trayectoria

Esta versión de Nina de Diego Bagnera sucede a otras representaciones que tuvieron lugar en distintas ciudades en los últimos años. Una de las más importantes, la del Teatro Español de Madrid en 2006 bajo la dirección de David Desola y con Laia Marull (obtuvo el Premio Max por su interpretación) como Nina y Janjo Artero (Blas).

Después, Jorge Eines versionó la obra para llevarla a Buenos Aires y, en noviembre de 2011 se representó en París, en el Thèatre des Dechargeurs.

El último de los estrenos ha sido el que ha tenido lugar en Santiago de Chile, un montaje de Mauricio Santos. Ahora, Nina estará en el Teatro Fernán Gómez de Madrid de martes a domingo hasta el próximo 2 de julio.