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2050, ¿un mundo robotizado?

  • El avance tecnológico hará desaparecer cientos de trabajos, según los expertos

  • Los optimistas ven en la automatización una oportunidad y mayor eficiencia

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Cambio de modelo económico, tercera revolución industrial o transición, lo cierto es que se llame como se quiera llamar el mundo robótico ya está aquí y no es una hipótesis de ciencia ficción.

Detractores y partidarios reparten sus opiniones a partes iguales sobre un futuro llenos de riesgos y oportunidades para un mundo, el actual, que tendrá que inventar nuevos empleos.

Riesgos y amenazas

La revolución tecnológica en los empleos podría ser devastadora. Según Andy Haldane, director económico del Banco de Inglaterra, "los robots nos quitarán la mitad de los trabajos". 

Carl Benedikt Frey y Michael Osborne, de la Universidad de Oxford, analizaron 700 tipos de trabajos y obtuvieron una conclusión similar al advertir que “la fusión de la robótica, las tecnologías de la información y la inteligencia artificial… provocará que el 47% de los empleos en Estados Unidos pueden considerarse de alto riesgo de ser automatizados en los próximos 10 o 20 años”. 

Para la consultora Forrester, que publicó el pasado septiembre su estudio The future of jobs, 2025: working side by side with robots, en la próxima década se podrán perder casi 23 millones de empleos en EE.UU. Moshe Vardi, profesor de Ciencias de la computación en la Rice University, añade además que esta destrucción de empleos será especialmente dañina para la clase media y que “agravará la desigualdad”.

Informes similares hablan de que en 2030 los robots ocuparán la mitad de los puestos de trabajo en Japón o que en Europa, antes de 2020, se perderán más de cinco millones de puestos de trabajo.

En estimaciones del banco ING-DiBa, con sede en Francfort, solo en Alemania 18 millones de empleos serán reemplazados por trabajadores “no humanos” en 20 años.

Un panel robotizado limpia placas solares Un panel robotizado limpia placas solares

Muchos de los oficios que conocemos hoy en día tienen las horas contadas en esta factible distopia. Robots, drones, máquinas con inteligencia artificial han ido ocupando muchos puestos en tareas rutinarias y mecánicas, como las cadenas de montaje o tareas de limpieza. Pero, paulatinamente, también están llegando a los hospitales asistiendo a los cirujanos, automatizando los transportes o atendiendo a clientes en algunos hoteles anticipando un mañana que ya, en algunos lugares del mundo, es el día de hoy.

Los robots son mucho más productivos y rentables que los humanos, mucho menos conflictivos laboralmente, no necesitan vacaciones, ni un salario ni cotizan a los sistemas públicos de bienestar, son, por tanto, ventajosos para muchas compañías dedicadas a montajes, industria, construcción, atención al público, tareas nocturnas, peligrosas o con malas condiciones meteorológicas, escasamente cualificadas, etc. No solo se pueden hacer con estos empleos, también afectarán negativamente al sistema sanitario y al sistema de pensiones por su nula aportación económica y podrían dañar el sentido de utilidad y responsabilidad de los humanos.

Para los especialistas el miedo a que las máquinas acaben con el trabajo que desempeñan los hombres va más allá del que sentían los “ludistas”, los trabajadores ingleses que, organizados en uno de los primeros movimientos obreros, pretendían acabar con las máquinas llegadas con la primera revolución industrial. A comienzos del siglo XIX pensaban que éstas eran responsables de las malas condiciones laborales, los bajos salarios y el desempleo. Con su llegada en este siglo XXI, los moderno ludistas vaticinan que, todo lo que pueda ser automatizado se automatizará, afectando tanto a los trabajadores de cuello “azul” como a los de cuello “blanco”. Este hecho provocará más desigualdad, más paro y de mayor duración, un ensanchamiento de la "brecha" de salarios y una ruptura del orden social actual por la inestabilidad.

En la actualidad los robots aplicados a la industria son, según algunas estimaciones, casi un millón y medio, y operan principalmente en EE.UU., China, Alemania, Corea del Sur o Japón. En España los robots industriales rondan las 30.000 unidades. El economista Brian Arthur, autor del término 'Second Economy' (Segunda Economía), asegura que en una década serán parte de una economía que moverá casi siete billones de euros, la misma cantidad que movía la economía tradicional en 1995.

En opinión de Jerry Michalski, fundador del think tank REX, los únicos trabajadores cualificados cuyo trabajo no podrá ser automatizado serán los altos directivos, los que requieren un toque humano como las niñeras, jardineros o entrenadores, o los creativos, como los escritores, pintores o periodistas.

El resto, asegura Michalski, “será sustituido por la automatización”. Para Geoff Livingston, presidente de Tenacity5 Media, puede que ya contemos con la tecnología suficiente para suplir gran parte de los trabajos…, “pero la sociedad todavía no está preparada para aceptarlo”.

Un mundo acostumbrado a repartir la riqueza por medio del trabajo necesitará una notable reducción de las horas laborales, adaptar los impuestos y salarios básicos universales para paliar la desigualdad económica y la precariedad laboral.

¿Revolución o transición? ¡Oportunidades!

Es innegable que ya, y más en los años venideros, muchos trabajos que ahora hacemos los humanos estarán “en manos” de las máquinas. La consultora Boston Consulting Group estima que las ventas de robots pasarán de crecer un 2% o 3% al año hasta un 10% anual de aquí a 2025.

En China la robotización ya es una realidad. Desde 2013 esta gran potencia económica es la referencia industrial y tecnológica en el mercado mundial. En ese año las empresas chinas compraron 34.000 robots, cantidad que aumentó hasta los 56.000 en 2014. España, con 30.000 robots de los que 19.000 trabajan en el sector automovilístico, es la octava potencia mundial. Pero los robots fabricados en nuestro país facturan solo unos 400 millones al año frente a los 15.000 millones que se invierten anualmente en su compra y el software y la ingeniería asociados.

Los robots acabarán con muchas de profesiones y las ocupaciones no serán las mismas, pero aunque se destruyan empleos también habrá que inventar nuevas actividades. Uno de los creadores de Internet, Vinton “Vint” Gray Cerf, asegura que “históricamente la tecnología ha creado más trabajos de los que ha destruido y no hay razón para pensar que esta vez no va a ocurrir lo mismo”. Las pasadas revoluciones industriales le dan la razón.

Habrá que desarrollar, construir, programar y mantener a los robots, se tendrá que educar a sus inteligencias artificiales, también que enseñar a robots y humanos a trabajar juntos y convivir o, fundamental, formar a las nuevas generaciones para que no se queden obsoletas o desenganchadas.

Son solo algunos nichos y oportunidades que esperan ser ocupados por una nueva generación de emprendedores. Solo en España hay 95.000 empleos tecnológicos que no pueden cubrirse por falta de profesionales con una cualificación adecuada y se estima que, hasta 2020, se podrían generar 900.000 empleos tecnológicos y digitales.

En esta nueva economía los partidarios de los robots y la automatización ven un futuro lleno de oportunidades, de desarrollo y de una economía más eficiente. Los neoludistas, por su parte, podrán contar con la mejor defensa ante una máquina: la creatividad, la humanidad, el afán de superación o de resolver problemas que caracterizan al ser humano.

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