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El primer ministro británico, y candidato conservador, David Cameron, en un acto de campaña AFP AFP PHOTO / POOL / TOBY MELVILLE

Reino Unido y la UE: 'Should I Stay or Should I Go?'

  • Cuando debaten sobre la UE es fácil que los británicos levanten la voz

  • El discurso del UKIP ha contagiado al partido conservador

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Si hay una cuestión que hace perder a los británicos, sobre todo a los ingleses, su admirada flema es Europa. Cuando debaten sobre la Unión Europea es fácil que pierdan los papeles: que levanten la voz, hagan demagogia burda, mientan e incluso insulten. Para explicar esa visceralidad antieuropea de muchos se ofrecen y complementan varias teorías: la insularidad, la dificultad de digerir el fin del imperio, el sucedáneo que es sentirse en el Atlántico más cerca de los Estados Unidos que del “continente”, la larga campaña anti-europea de la prensa conservadora, en especial la sensacionalista…

Las críticas más habituales son la burocracia, un déficit democrático, la imposición de normas dictadas desde Bruselas y, últimamente, la libre circulación de personas que ha causado, dicen, una invasión de inmigrantes. Omiten la libertad y facilidad para que los británicos residan, trabajen o se jubilen en otros países. En España por ejemplo.

La crisis de la moneda única ha dado un argumento más a los críticos, “lo veis, ya os lo advertimos”. Los euroescépticos suelen decir que cuando el Reino Unido entró en el club en 1973 lo hizo en una “comunidad económica” y que la económica era la relación que les interesaba e interesa, no la política y social. En ese discurso la UE es a menudo el “otro” a quien echarle la culpa, una carga sin la cual le iría mucho mejor al Reino Unido.

El ambiente es tal que quienes defienden que la pertenencia a la Unión Europea compensa lo hacen a menudo acomplejados. Los lobbies anti-europeos son más activos y hábiles que los europeístas.

Y en estas llegó el UKIP

Ese es el caldo de cultivo en el que ha surgido el UKIP, siglas que corresponden al explícito Partido de la Independencia del Reino Unido. El partido del polémico, histriónico y faltón Nigel Farage. Un partido que debido al sistema electoral británico ha sido hasta hace medio año extraparlamentario en Westminster, excepto un período de 2 años en el que un diputado conservador se pasó a sus filas.

La novedad de hace medio año es que por primera vez ha logrado dos escaños en las urnas, en ambos casos se trata de diputados que abandonaron el Partido Conservador, dimitieron y volvieron a someterse al voto. Fueron reelegidos, esta vez como candidatos del UKIP.

Donde sí hace años que tiene representación es en el Parlamento Europeo, en las últimas elecciones, hace un año, fue el más votado con un 27% de los votos. Toda una ironía. Con la crisis los ataques del UKIP se han concentrando en la libre circulación de personas, el discurso antieuropeo se ha hecho antinmigración.

Efecto UKIP en los Tories: Brexit

Brexit: De Britain y exit (salida). El discurso del UKIP ha contagiado al partido conservador, el partido más amenazado electoralmente por el UKIP, como demuestran las dos deserciones de otoño, y que ya tradicionalmente tiene un sector muy euroescéptico o directamente eurófobo.

El primer ministro británico, David Cameron, prometió que si vuelve a gobernar renegociará la repatriación de competencias (algo que no contemplan en Bruselas) y convocará en 2017 un referéndum sobre si seguir o no en la UE. Cameron, que se define como europeísta pragmático, ha prometido defender la permanencia. Algo parecido planteó cuando aceptó el referéndum de independencia de Escocia y a punto estuvo de salirle mal la jugada.

En ese contexto cultural y electoral hay que entender las posturas de David Cameron, en Londres y en Bruselas.

Los socios liberaldemócratas (Libdem)

Son el socio menor del gobierno de coalición. Son europeístas, pero su líder y viceprimer ministro, Nick Clegg, una semana antes de las elecciones ha dejado la puerta abierta a ese referéndum en caso de que la coalición se repita.

La promesa de Cameron ha situado a los europeístas contrarios al referéndum en la difícil posición de aparecer ante los británicos como reticentes a consultar su opinión por miedo al resultado.

Los Laboristas, en la oposición, mantienen que el referéndum no es necesario, salvo en caso de nuevas transferencias a Bruselas. En la medida en que su opinión sea aún influyente Tony Blair ha advertido de que, según él, el referéndum traería una inestabilidad al Reino Unido no vista desde la Segunda Guerra Mundial.

Escocia, Gales e Irlanda del Norte

La mayoría de los escoceses dejó claro en la campaña del referéndum de independencia que quieren seguir en la UE, así que una potencial salida del Reino Unido podría llevar a pedir un nuevo referéndum.

La líder del partido nacionalista galés (Plaid Cymru) ha pedido que el referéndum de la UE se haga “por países” y que el Reino Unido salga de la UE solo si así lo deciden los cuatro países que lo forman, una manera de decir “si salimos de la UE que no sea porque nos lo han impuesto los ingleses”.

En el caso de Irlanda, los partidarios del statu quo señalan que si el Reino Unido saliera de la UE, dentro de la isla habría una frontera internacional a todos los efectos.

Business

Uno de los argumentos contra la UE es que le cuesta dinero al Reino Unido y restringe la libertad de su potente sector financiero. Pero medios de la City como el Financial Times y The Economist defienden seguir en la Unión. Según la Cámara de Comercio Británica, el 63% de los empresarios consultados a principios de año creen que el Brexit sería negativo. Internacionalmente el FT lo resumía con este titular: Preocupa más un Brexit que un Grexit.

¿Y qué dicen las encuestas?. La última del instituto YouGov registra una ventaja récord de los partidarios de seguir en la Unión Europea: 45% a 35%. Pero las encuestas no siempre aciertan y quedan dos años para ese hipotético referéndum.

Anna Bosch fue corresponsal de TVE en Londres de septiembre de 2009 a diciembre de 2012.
 

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