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Lagerfeld viste de Chanel a su ejército de replicantes

  • El alemán imagina un escenario apocalíptico para la alta costura
  • Alexis Mabille recrea el espíritu de los grandes de la costura
  • Giambattista Valli tiñe de blanco su delicado jardín

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Desfile de alta costura de Chanel. AFP

Karl Lagerfeld es un genio, no cabe duda. Puede que se repita hasta el aburrimiento en las colecciones para Chanel, que exprimas las ideas hasta el agotamiento y proponga, una y otra vez, la misma idea pero… sus desfiles son mágicos, especiales y siempre da más de lo que se espera de él.

Su talento sabe desplazarse desde un bosque romántico a un paisaje apocalíptico. El desfile de alta costura se ha celebrado en un teatro convertido en una ventana, rodeada de cascotes y paredes destrozadas (presumiblemente por una guerra), desde la que se divisa una ciudad del futuro.

Las modelos, peinadas con un gran tupé, recordaban a Rachel, la replicante experimental de Blade Runner y llevaban prendas realizadas en tejidos de nueva generación que se mezclan, o cruzan, con texturas naturales como lanas y sedas.

Una paleta de colores urbanos y fríos

El gris del asfalto es uno de los tonos más utilizados, así como el negro o el clásico rosa palo. Todos llevan reflejos metalizados y pocas veces se mezclan. Cuando lo hacen vemos geometrías en blanco y negro, solos o con toques de rosa y azul.

El vestido recto y corto con cinturón ancho, sencillo y básico, se ve en múltiples versiones y casi parece el uniforme de esas replicantes dispuestas a salir corriendo o a saltar sobre un humano. Destacan los abrigos de doble capa y otros en tranquilos oversized. También los vestidos de fiesta compuestos por pequeñas piezas de distintos colores y texturas frías, que crean dibujos de estilo cibernético.

Ha cerrado el desfile una novia delicada y muy femenina, en contraste con el resto de la colección. Su vestido, de finos tirantes y escote en V, estaba realizado con retales cuadrados colocados de forma asimétrica en cascada. Un diseño elegantemente sutil, un canto a la esperanza tras el desastre que ha sabido interpretar la top Erin Wasson.

Hay Lagerfeld para rato

Y todo indica que Lagerfeld no se va de la firma ni de la moda. Que el futuro, a pesar del apocalipsis, es también suyo. Cuando se acabe el mundo, el kaiser seguirá en pie y quizá, al final, diga algo así:

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Mabille y Valli, beben de las grandes agujas

La película de Alexis Mabillle es bien distinta. El francés dibuja vestidos simétricos y los realiza en tejidos muy ricos que van bordados y pintados a mano, aportando un plus de lujo. Encajes generosos, cuellos de tul plisado en tamaño gigante y enormes lazos confieren a la colección un halo de glamour clásico y que convierte al diseñador en uno de los herederos de los grandes de la alta costura barroca y palaciega.

Blancos, perla y otros tonos pastel se hacen con la colección en la que también vemos negro y un rojo intenso que tiñe un envolvente abrigo que llama poderosamente la atención. Las siluetas son fluidas, con carácter, y destacan los volúmenes en las mangas, siempre grandes, como rellenos de un aire que los hace flotar.

Giambattista Valli es otro de los herederos de los genios de la costura, especialmente de Ungaro donde se formó. Una vez más son las flores las protagonistas de la colección y las vemos bordadas, aplicadas, pintadas y estratégicamente colocadas en los vestidos.

Pétalos y corolas prestan sus formas orgánicas a las faldas en diseños que, a veces, van más cortos por delante. Se juega con los contrates en una misma prenda y vemos minivestidos con maximazos o minifaldas y mangas gigantes.

El blanco, más que un color

El blanco es el color que domina la propuesta y adquiere diferentes tonalidades según la naturaleza del tejido. Lo vemos en opacos tafetanes y mikados y en sedas transparentes que se dejan adornar con florecillas de colores alegres.

Rojos y amarillos intensos recargan de poderío vestidos de amplios volúmenes y ricos bordados. Completa la carta de colores un azul china que vemos en bordados vegetales sobre fondo blanco y que hacen que abrigos y vestidos parezcan jarrones de cerámica de una dinastía milenaria.

En esta semana de la alta costura hay , además, un protagonista fuera de la pasarela oficial. Es Christian Lacroix que ha presentado una coleción de homenaje a la gran creadora de los años 30, Elsa Schiaparelli. Son 18 vestidos y pueden verse en el Museo de Artes Decorativas. 

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