LUISA SEGURA ALBERT - MADRID Jorge Drexler no es un ser habitual. Desde el momento en que recibe a los periodistas, uno por uno, en su estudio madrileño dando besos, ofreciéndoles algo para "tomar" y poniendo él mismo los vasos –a pesar de que hay más gente–, el plumilla en cuestión sabe que el rato que le espera va a ser bueno. Sí, independientemente de la entrevista.
Nos encontramos, por tanto, ante ese momento tan querido en que el músculo trapecio se relaja, en un movimiento de arriba a abajo que tarda en cambiar de sentido y que a una le lleva a pensar: “Este tipo está contento con su vida”.
The deep field, el vinilo de Joan as a police woman, se asoma desde el suelo de la sala central entre teclados, libros, proyectores, guitarras, una bicicleta y hasta un corazoncito rojo que hace juego con la lámpara que ilumina la cocina.
Y todo ello debajo de tres majestuosas vigas de madera que protegen en vertical el destino merecido de este uruguayo residente en España desde hace 15 años.
Una vez que entramos en el cuarto donde él se encierra para inventar sonidos y palabras, Drexler habla por los codos hasta perderse en cada una de las respuestas haciendo que te pierdas tú, hilando unos pensamientos con otros desordenadamente.
Pero qué manera de enmadejarse.
- Jorge, ¿por qué has decidido emprender esta nueva gira -Mundo abisal- prácticamente nada más acabar la anterior, sin haber grabado disco nuevo?
Lo he hecho con los últimos discos: primero hago una gira para presentar el disco en sí, en formato más grande y con duración de un año aproximadamente, y después hago otra con el formato opuesto, en solitario. Es que me gustan los dos formatos y no quiero renunciar a ninguno.
- Esta nueva gira que comenzaste hace tres meses es una gira distinta, ¿no? Hay más improvisación que en las anteriores, y eso que en la pasada ya la había…
Sí, esta gira en la que voy yo solo implica más concentración y sí, me gusta improvisar. Pero yo de este show destacaría también que está centrado en las luces –por lo que significa el mundo abisal– e incluso algunas de las canciones están elegidas porque tienen que ver con la luz. La oscuridad y el silencio también son elementos importantes.
- En estos 20 años de carrera que llevas has ganado un Oscar, un Goya el año pasado, has sido varias veces nominado a los Grammy Latinos, a los Grammy, has compuesto para Shakira, Mercedes Sosa, para Ana Belén, has tocado casi en 20 países… ¿Hay algo que no hayas logrado profesionalmente hablando?
La verdad es que nunca apunté a un objetivo. Mi objetivo ha sido siempre muy cercano; soy un mal planificador. Cuando grabé mi primer disco, La luz que sabe robar –del que se vendieron 33.000 copias–, yo conocía a todas las personas que lo compraron excepto a dos. Y cuando de repente alguien se me acercó en la playa y me dijo “yo he comprado el casete”, me sorprendí. Aquello ya superó todas mis expectativas.
Yo solo quería sacar un casete y regalárselo a los amigos. Bueno, y para ponerlo junto al de Fernando Cabrera, un músico uruguayo al que admiro. No se me ocurría vivir de eso; yo era practicante, ni siquiera médico aún.
Ya cuando vine a España empecé a vivir de esto.
- O sea, que te sientes realizado…
(Drexler se queda pensativo) Estoy muy contento. “Realizado” significa acabado y no, no me siento así. Es como “éxito”, que viene del latín “exitus” y que significa “salida”, “muerte”…
Ése es el conflicto que tengo con los conceptos estáticos, como “éxito”, “realización” o “iluminación”. La realidad es mucho más compleja que eso (...)
Más allá de buscar la trascendencia a lo que uno hace, hay que buscar la trascendencia en lo cotidiano, en lo habitual (...)
Pero yo me levanto cada día –imagina–, vengo aquí, abro esta puerta, me hago un mate, agarro la guitarra… Para mí es un privilegio impensable.
- Cuéntanos cómo ha sido tu nueva experiencia en el mundo del cine. La película, que se estrena el 29 de marzo según se ha sabido hoy, se llama La suerte en tus manos y el director es nada menos que Daniel Burman…
Sí, ha sido una maravilla. Daniel es, para empezar, uno de mis directores favoritos y, además, un amigo. Y un día me llamó para hacer una película. Yo le dije que estaba loco, que no tenía ninguna experiencia actoral. Y me contestó que no tenía que hacer nada, lo cual era mentira.
Así que primero le dije que no, pero más tarde vino a Madrid y me convenció. El guión estaba tan bien escrito… Así que me marché 2 meses a Buenos Aires y fue un placer trabajar con todo el equipo.
-¿Te costó meterte en el papel o te sentiste más a gusto de lo que pensabas?
Me sentí mejor, sí, de lo que pensaba. Y había trampa, porque el personaje no tiene nada que ver conmigo. Es un judío bonaerense que tiene un banco y está divorciado y con 2 hijos. Y tiene una aversión a decir la verdad.
- Pues tú tienes cara de no saber mentir…
(Se queda mirando el techo) Sí, se me nota cuando miento. Bueno, no lo sé, igual no. (Se ríe) No te guíes mucho por las apariencias.
- Por el cine has hecho cosas que no habías hecho por la música, como cortarte las uñas de la mano derecha…
Sí, es cierto, ¡me tuve que cortar las uñas! Y vestirme de financiero (se ríe). Y bueno, aprender a estar cómodo sabiendo que ese no eres tú, que es otra persona…
- ¿Vas a compaginar música o cine o es una experiencia aislada?
No, no creo que vaya a hacer otra película. Me ha encantado, pero tendrían que darse circunstancias muy especiales. Y no tendría que obstaculizar mi trabajo en la música.
- ¿Para cuándo un concierto por aquí con tu prima Ana Prada, que ya ha sacado 2 discos, o con tu hermano Daniel?
Ana es maravillosa. Además, floreció tarde. Es una prima adorable que empezó a los treinta y largos a escribir canciones, y para mí, es una de las mejores escritoras de canciones del Río de la Plata contemporáneo. Y no lo digo porque sea mi prima, de verdad. Tiene una puesta en escena maravillosa. Es increíble la prima, de verdad.
- Cuál es tu relación con las redes sociales, porque he visto que tienes casi 50.000 seguidores en Twitter…
Bueno, yo lo utilizo solo para decir algo bonito en verso. No digo dónde voy ni qué hago. Y contesto a los que me escriben en verso, por lo general. Para mí es una herramienta para explorar la poesía en 140 caracteres. Entre la gente que yo sigo he encontrado a los mejores escritores de mi generación. Lo mejores palíndromos los encontré ahí, en Twitter.

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