www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.6.0/js
3840981
No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 8 - ver ahora
Transcripción completa

España.

Robo.

Oro.

Bancarrota.

¿Y cómo carajo se han podido enterar?

Alguien le ha dado el soplo...

Lo sé todo.

Ese tal Guédéon es un espía, y tú también lo eres.

Por eso te metiste conmigo en la cama,

para sonsacarme lo del oro.

-Marcos...

-No hace falta que hables. Ya lo harás en el juicio.

-Esta mujer ha ayudado a la policía.

Y ha puesto en peligro nuestra revolución.

Elena Guzmán ha sido condenada

por el Tribunal Popular de la Mano Negra.

Será ejecutada a fuego a la hora de la segunda oración del Ángelus.

Rece por su alma, inspector Ros.

¡Cerrad la puerta!

¡Esa puerta!

-¡Le juro que dentro de nada, no quedará ni un alma en esa calle!

-¡Ros!

Han matado al alcalde.

Blázquez, vaya a mi mesa, rápido, en el cajón hay unas pinzas,

tengo que extraerle la bala... Y avise a Barrera.

Tiene que saber quién mató a Forcada.

¿Me está usted diciendo que el general Morán

ha matado al Alcalde?

Exacto.

¡Víctor!

¡Juan! ¡Vete de aquí!

¡Vete de aquí! ¡Salir de la calle!

¡Vamos!

¡Sé dónde puede estar Elena!

-¡Llévenlo dentro!

¡Juan, por favor, van a cargar! ¡vete de aquí!

¡Marcharos!

¡Noo!

¡Juan!

Víctor, la han matado...

Tiene pulso... hay que llevarla a un lugar seguro, ¡vamos!

¡Juan! ¿dónde está Juana?

Elena Guzmán, vas a morir:

A fuego...

¿Tú de dónde has salío?

Yo no la he matao...

Solo iba a darle sepultura.

¿Dónde está Elena?

¿Y por qué esta mujer lleva sus ropas?

Antes mártir que confesor...

No te haré mártir...

te haré un lisiado.

Un disparo en el sitio adecuado

y perderás el movimiento de los brazos

y las piernas para siempre.

Con un poco de suerte te vas a comunicar parpadeando.

Te lo voy a repetir por última vez...

¿dónde está Elena?

Aquí mismo...

¿Quieres ser un mártir?,

¿qué si quieres ser un mártir?

(Disparo)

¡Quieto!

¡Quieto!

¡Quieto!

¡Juana!

Juana, Juana...

Por un momento pensé...

Pensé que a ti también te había perdido...

Juanito, ayúdame.

Saldrá de ésta...

Blázquez, no para de sangrar...

Aprieta aquí. ¡Fuerte!

¡Alto ahí!

Esta joven estaba entre los amotinados.

-Ella no ha tenido nada que ver.

-Eso tendrá que decidirlo la autoridad competente.

-Acompáñenos.

No será necesario. Yo mismo la llevaba al cuartel.

Dese prisa.

Tenemos orden de arrestar

a cualquiera que no permanezca en su domicilio.

Más te vale volver a tu casa...

Juanito, ¡vamos!,

¡eh! ¡Vamos!

Lo importante es Candela...

Vamos, ayúdame.

Vamos, vamos...

Gracias,

yo no quería que pasara esto...

¿Quién era?

No sé.

Vino por la noche a vigilarme.

Me trajo agua y un mendrugo de pan.

Me soltó una mano pa comer y aproveché...

le di con una piedra en la cabeza.

Y le pusiste tu ropa...

Después les oí llegar en un carruaje;

tenía que ganar tiempo como fuera.

Pero entonces oí un disparo.

Yo ya no podía hacer nada,

me escondí esperando que se fueran

y ya...

Juana.

Algo más que vieras, u oyeras...

Los que mandaban, llevaban capuchas...

¿Y qué decían?

Me condenaron a muerte. A fuego.

Por estar contigo...

Ya me gustaría a mí saber quienes son, Víctor.

Te juro que les sacaría las tripas con mis propias manos.

Te prometo que les vamos a cazar.

Creo que tengo una pista.

Pero antes de seguirla...

Tengo que llevarte a un lugar seguro.

Vamos, con cuidado.

Madre del amor hermoso...

¿Cómo traen a esta chiquilla aquí?

Hay que llevarla al dispensario...

Al dispensario no puede ir. La buscan los soldados.

Se está muriendo, Doña Rosario...

-Ay, por Dios...

-Blázquez, tiene que venir un médico a verla...

Con el ejército ocupando el pueblo,

ninguno se atreverá a salir a la calle.

Ya no sangra. Vamos a vendarla...

Ay la pobre, está blanca como la cal...

¿Conoce al buhonero? ¿Cavestany?

Sí...

Andará por el cuartel, quizás el pueda sacarle la bala...

Voy a buscarle...

Y tenga cuidado con los militares...

Tranquila.

¿Dónde estoy...?

Tranquila Candela, tranquila...

Ya está... ya está.

-O nos deja escapar o es usted hombre muerto, sargento.

Abra la puerta.

-Dispara, gabacho, dispara.

Pégame un tiro ahora mismo,

o si no te vas a pasar el resto de tu vida

mirando por encima del hombro.

-Un disparo alertaría a sus compañeros.

-Tengo una idea mejor...

-O salís de aquí a tiro limpio, o camino del penal de Ceuta...

-Le conviene tan poco como a nosotros

que se sepa lo que aquí ha ocurrido.

Lo más inteligente es que nos deje marchar.

No hablaremos a nadie de su traición... Tiene mi palabra.

-Su palabra,

su palabra vale na y menos...

-No veo que tenga otra opción.

-Sargento, el Capitán Barrera le reclama.

¿Ocurre algo?

-Nada, qué va a ocurrir.

Dígale al capitán que voy ahora mismo.

-Nosotros también deberíamos marcharnos, mon cherie.

-De momento, eso no va a ser posible.

El General Morán ha decretado el estado de sitio...

-¿Dónde está Ros?

-Podemos hacerlo sin él...

Capitán, están deteniendo a todos los obreros...

A ellos,

a sus mujeres, a sus hijos, carajo, hasta la cabra que les da la leche.

Si usted no hace algo, yo mismo le pego un tiro.

Aunque vaya de cabeza a un penal, pero,

no podemos permitir que hagan esto con nuestra gente, capitán.

-Buscad por las casas de los mineros...

-Capitán;

que unos guardias vayan con mis hombres a Cantarranas...

Conocen mejor el terreno.

-Estamos dispuestos a colaborar en lo que sea menester,

pero...

-Hay que detener a todo aquel que ofrezca resistencia.

-¿Aunque no estemos seguros de que han participado

en los altercaos?

-Esto no han sido solo unos altercaos.

Ha sido una declaración de guerra.

¿He de recordarle que bajo su autoridad

el alcalde fue asesinado?

-El sospechoso de ese crimen, también está muerto:

Luis Salazar se suicidó...

Así es muy complicado esclarecer

las circunstancias del asesinato de nuestro alcalde.

-¿Acaso duda de lo que hiciera Salazar?

-Solo pienso que hasta que no se aclaren

todos los hechos acaecidos en las últimas horas,

debo conservar el mando de este cuartel.

Tenemos fundadas sospechas

de que usted está implicado en la muerte de nuestro alcalde

y de Luis Salazar.

-¿Sospechas?

-Sólo cumplo con mi obligación...

-¡Arresten a este hombre!

¡Acaten mis órdenes!

¿O prefieren enfrentarse a un consejo de guerra?

¡Sargento!

¡Deme el arma!

Es usted un traidor...

-Y usted un asesino.

Siempre he querido saber qué se siente al disparar

un revólver como éste.

Usted me podría ayudar.

¿Qué cuerpo se le quedó cuando disparó a sangre fría

a Salazar y al alcalde...?

-Si dispara, le matarán...

Devuélvame mi revólver...

-¡Bajen las armas!

¡Es una orden!

-Una arma estupenda.

Pero, solo con el modelo no podemos averiguar

si la bala que mató el alcalde salió de él.

-Pero sí podemos comparar las dos balas.

La que ha disparado el Sargento ahora

y la que Víctor Ros extrajo del cadáver del alcalde.

-Y mire por dónde, las mismas estrías.

Y sobre todo, la marca por abocamiento.

El tambor de su revolver no está simétrico con el cañón,

y cada vez que dispara deja una marca en el proyectil.

Una marca única, mi General.

No ponga esa cara, mi General.

Yo tampoco creía que podría resolver un caso por las estrías

de una bala, un truco que me enseñó un amigo de Madrid...

Y vaya...

-Es usted la vergüenza del ejército.

-Sólo hice lo mejor para mi país.

-Eso lo tendrá que aclarar en un consejo de guerra...

Porque estamos en guerra,

¿se acuerda?

Y llevaba usted razón...

No, no estamos del mismo lado.

(Llaman a la puerta)

Blázquez.

Jefe...

¡Juana!

¿Cómo está Candela?

¿A ti también te buscan los soldados?

Los que buscan a Juana son peores.

No llevan uniforme.

Así que no os fieis de nadie que llame a esta puerta.

Vamos.

Doña Rosario ha ido a buscar a Cavestany,

pero todavía no se sabe nada.

No tiene fiebre.

Es buena señal.

Vete tranquilo, Víctor. Yo me quedo con ella...

-¿Y si aparecen los soldados?

En ese caso, tendréis que esconder a la chiquilla.

Víctor, si la encuentran, no voy a permitir

que se la lleven...

Escúchame.

Ya has visto de lo que son capaces esos militares.

Cargaron sin ningún reparo contra hombres, niños y mujeres.

Si te enfrentas a ellos, no van a dudar en disparar.

Es una batalla que no puedes ganar, hijo.

Vámonos.

¿Por qué se llevan detenido al General?

Le conviene darnos buen trato...

-Lo único que les interesa

es que no tardarán en salir del cuartel...

Tengan cuidado ahí fuera.

Los ánimos están muy calentitos. Puede haber reyertas, tiroteos,

y una bala perdida puede matar a algún inocente.

O a dos.

-Solo fanfarronea.

-¿Cómo puedes estar segura?

-Le conozco.

Aquí tienen un dicho: Perro ladrador,

poco mordedor.

Además, no le interesa tentar a la suerte con un tiroteo.

-Es español.

Actuar en contra de sus intereses forma parte de su naturaleza.

Además, a mí, nunca me han gustado los juegos de azar.

Aconitina.

A diferencia del cianuro, aún no se ha detectado.

Le matará en unos minutos, y nadie sabrá lo que le ocurrió.

-No es necesario...

-Somos espías, mon cherie. Nos preparamos para lo peor.

¿Qué ha pasado con Morán?

Pues, creo que todavía está pensando

cómo ha acabado en un calabozo...

El Capitán ha informado a Gobernación, tenemos permiso

para levantar el estado de sitio. Volvemos a estar al mando...

-Ros, Blázquez... tenemos que hablar.

Y nosotros con usted, capitán.

Vamos a necesitar toda su ayuda...

¿Pero por qué no se me ha puesto al tanto de lo que estaba pasando?

El presidente Sagasta nos exigió que lleváramos en secreto

nuestra misión.

Capitán, nadie puede saber que han robado

el oro del Banco de España...

Y, entonces, detrás de todo esto, ¿está la Mano Negra?

Exacto,

y el cargamento está a punto de abandonar Linares...

Bien, tanto la mujer que vigilaba a Elena

como el hombre que iba a enterrar su cadáver tenían quemaduras

en el dorso de la mano y en el resto de la cara,

pero, no tenían ni en la boca ni en la nariz.

¿Y qué podría significar eso, Ros?

Si alguien se cubre la boca y la nariz con un pañuelo,

queda al descubierto...

...El dorso de la mano y el resto de la cara.

¿Pero al descubierto de qué?

De un calor intenso y reciente.

Por el aspecto de las quemaduras, sus pieles

no estaban acostumbradas.

Así que tenemos a un hombre

y una mujer de la Mano Negra que estuvieron trabajando,

hace poco, en un sitio lleno de fuego...

¿Pero de qué manera podrían sacar el cargamento

y burlar nuestra vigilancia utilizando ese fuego?

Si lo fundieran. Sería un plan perfecto.

Si han hecho eso, el oro podría ser cualquier cosa...

Eso es lo que tenemos que averiguar.

Saber en qué han convertido el oro.

Señor, he señalado todas las fundiciones

que hay en Linares.

Guardias, preséntense al Capitán.

Un cargamento así, no puede pasar desapercibido.

Mientras Barrera revisa el resto de fundiciones,

tu y yo iremos a la del Calar.

Es sólo una suposición,

pero lo lógico sería que fundieran el oro en un lugar en desuso

y ese lleva meses cerrado.

¿A qué estamos esperando para comprobarlo?

Avisen si tienen suerte;

el capitán mandará parejas al resto de las fundiciones...

¿Usted no viene con nosotros?

Aún tengo un asunto pendiente que resolver aquí.

No puede dejar que Guédéon se vaya...

¿Aún no confía en mí, Ros?

Suerte...

-¿Cuántos años pasaste en la cárcel?

-Cinco...

pero lo peor vino después,

cuando salí...

-¿El Zíngaro?

-Pero bueno, que más da, ahora todo eso,

ya pasó. De lo peor, se aprende.

Se sacan cosas buenas.

Ahora lo que cuenta es esto.

-Cuando llegué a la pensión y vi que no estabas,

pensé que había sido por lo que te dije.

No tenía ni idea de que habían venido a por ti.

-¿Todavía estás enfadao?

-No.

(Gritos)

¿Y dónde está Doña Rosario?

Tendría que estar ya aquí...

-No puede tardar mucho más.

-Ya ¿y si vienen los soldados? ¿Qué hacemos?

¿Dejamos que se la lleven, sin curarla?

-Tu no te preocupes, que no se la van a llevar.

-¿Tienes la navaja?

-Sí...

-Pues dámela. Si vienen, yo me encargo.

-Quiero hacerlo yo.

Habré crecido entre algodones, pero sé con quién me gusta estar.

Será porque también vengo de la calle...

-De pequeño, te pasabas ahí más tiempo que las farolas.

No había manera de meterte en casa.

-Esa gente se cree que pueden hacer lo que quieran

con los que no tienen nada.

Que se tienen que agachar y hacerles reverencias.

Pues yo no voy a ser así y no voy a permitir

que le hagan a Candela lo mismo que te hicieron a ti...

-¿Y la niña?

-Está peor...

(Gritos)

¿Qué? ¿A qué esperas?

-Supongo que es la hora de las despedidas.

-Haré un esfuerzo por no llorar.

-Le voy a echar de menos...

-No puedo...

es sólo una cría y se me va a morir.

-No, lo que está claro es que se va a morir si no hacemos na.

-Dios mío, está ardiendo como un brasero.

-Hay que sacársela ya.

Vamos a ver, ¿tú no habías hecho estas cosas antes?

-Sí... a hombres que ni siquiera conocía.

Lo siento, lo siento...

-Está bien, busca entre tus cosas.

Necesito algo parecido a unas pinzas para sacarle la bala.

Doña Rosario, tráigame una botella de licor pa la chiquilla...

Esto le va a doler.

¿Y dice que no se han realizado trabajos últimamente?

Guardar escombro, na más...

Los hornos se apagaron hace mucho tiempo.

Yo solo estoy aquí pa que no se roben la poca mercancía

que debe quedar...

Entonces, ¿no le importará que echemos un vistazo?

Como gusten...

(Cadenas)

Eso es.

Juan cógele la muñeca.

Y avisa si el corazón le va más rápido.

-¿Es malo eso?

-Cuanto más corra, más cerca está de detenerse...

-Que Dios nos ampare...

-A mí Dios nunca me ha hecho aprecio y aquí sigo, doña Rosario.

-Se está acelerando, ¿eh?

-Tranquila, todo va a salir bien.

-Juana, se le va a salir el corazón del pecho.

¡No la siento, Juana!

-Es el último pedido que nos hicieron.

Todavía estamos esperando a que vengan a recogerlo.

Señor Cuendías... Qué sorpresa.

Lo mismo digo, señor Ros.

Bernardo me avisó de que había venido la policía,

pero no podía imaginarme que se tratara de usted.

Pensaba que solo se dedicaba al negocio del vino.

Sí, sí, sí, así es. Esta empresa es, una aventura más.

Que como puede comprobar, no ha salido nada bien.

Así que no creo que tenga mucho más que ver por aquí,

salvo que quiera usted regodearse en mi fracaso...

No, en absoluto.

¿Y bien?

¿cuál es el motivo de su visita?

¿si se puede saber?

Puede hablar con absoluta confianza.

Está usted entre amigos.

Es posible.

Pero esa confianza solo la tengo en usted...

Sí, cierto...

Bien, dígame.

Alguien ha estado utilizando su fundición estos últimos días.

La maquinaria está caliente,

y el material para hacer los moldes, también.

Creemos que se trata de una organización criminal...

Y, mucho me temo,

que no han podido llevarla a cabo sin la ayuda de su guardés.

Bernardo...

Dios mío...

Necesitamos interrogarle cuánto antes...

Sí, sí, está bien.

Déjeme hablar antes con él, es el guardés de la finca,

está armado.

Si se siente arrinconado, podría...

Voy a explicarle la situación y a pedirle el arma.

¿Quién es este dandy?

Álvaro Cuendías.

Uno de los únicos hombres de clase alta decentes

que he conocido en este pueblo... Es de confianza.

Es uno de los hombres que estaba en la cartuja...

¿Y eso qué significa?

Que van a matarnos.

Señor Ros...

Cuando quiera.

Gracias.

Creo que nos lo llevaremos al cuartel.

Pensaba que tenían cierta urgencia.

Llegaremos en un momento.

Y los guardias están al caer, ellos recogerán las pruebas

y nos escoltarán hasta allí...

Los guardias...

Eso es...

Da la impresión de que usted ya sabía lo que se podía encontrar aquí,

¿no es cierto, inspector?

Es usted un hombre inteligente, señor Cuendías.

Lo mismo digo, señor Ros...

Siento que esto tenga que acabar así...

Eso mismo pienso yo,

es una lástima.

Aunque si algo va a acabar aquí hoy, va a ser su vida.

¡Vamos!

¡Vamos!

¿Este también es de la Mano Negra?

¡Deberían dejar de disparar!

De lo contrario, morirán.

Somos más, inspector. Muchos más.

¡Ahora!

¡Vamos!

¡Alto!

¡Alto el fuego!

¡Quietos todos!

Es usted un hombre brillante, señor Ros.

Créame,

no voy a sentir ningún placer teniendo que matarle.

Preferiría que estuviese a mi lado.

Sería usted

un soldado perfecto para esta guerra.

-"Para matar a un traidor no hay que reparar que sea amigo,

hermano,

o padre.

Pues nunca pagará bastante con su vida

el que quiere perder la de muchos".

(Disparo)

¡Quieto!

¡Quieto!

¿Qué demonios está pasando aquí?

Quelle chaleur.

-No es fácil acostumbrarse al calor de esta tierra...

-Bon travail.

On y va...

-Gabacho.

-No pensaba que fuera tan estúpido como para seguirnos,

pero, sargento, debería haber disparado antes de saludar.

Somos dos contra uno.

Puede usted acabar con uno de nosotros...

Pero acabará muerto a cambio.

-Yo no voy a morir, gabacho.

¿Y sabe por qué?

Porque quien va a morir, es usted.

¿Aún no se ha dado cuenta de cómo?

Tal vez, esté empezando a sentirse mal...

-Ya pensaba que no vendrías...

-La cuñá del José Antonio dice que han soltado

a todos los de la jarana del cuartel...

-Te vamos a llevar a un médico para que te vea bien la herida...

Escúchame, te prometo que van a pagar por lo que han hecho.

-¿Los soldados?

Sí.-

-¿Ves cómo sí eres un señorito,

que todavía crees que hay justicia en el mundo?

-Va, ¿cargamos?

-No, no, no. Él se queda aquí.

A mí me secuestraron por ser amiga de tu padre.

-Venga, venga.

-Te voy a ir a ver.

-No va a ser fácil librarme de ti, ¿eh, lechuguino?

-La navaja, Juan, la navaja,

dámela... Tengo que salir...

-¿Tú también te vas a ir?

-Tengo que hacerlo, Juan.

-Si Víctor viene, ¿qué le digo?

-No, tu no te preocupes que espero encontrarme con él antes.

Juan,

a ver, que voy a estar bien.

Que llevo toda la vida sola,

que me sé cuidar.

-Te acabo de recuperar,

no te quiero volver a perder otra vez...

-Eso no va a volver a pasar, cariño.

No nos vamos a volver a separar tu y yo.

Te lo juro,

voy a volver a por ti.

Te lo juro por lo más sagrao.

No os mováis de la pensión...

-No me mires así. Con esto salimos ganando todos.

-Sobre todo el gabacho.

-Él será un héroe que murió defendiendo a su país en España.

Tú te libras de un testigo. Y yo...

-¿Y tú?

-Yo no quería envenenarte.

Si hubiera descubierto que no había seguido sus órdenes,

me habría costado la vida....

-Nada como un traidor para conocer a otro.

No puedo dejar que cuentes lo que sabes.

-No voy a contarlo.

-¿Y por qué te voy a creer?

-Yo no cuento tu secreto, si no cuentas el mío.

-A otro perro con ese hueso, madame.

-No vas a dispararme.

-¿Ah, no? ¿Y por qué?

-Porque si me matas, no volverás a verme.

Y sé que quieres encontrarte conmigo otra vez.

Lejos de aquí.

Y sin armas, sin traición, sin guerras...

Solos tú y yo.

Eres el mejor hombre que he conocido nunca, Marcos.

-En cambio tú eres una perra, Madame.

Ni rastro del tipejo que salió corriendo...

Cuendías era de los vuestros, ¿por qué lo has tirado abajo?

"Para matar a un traidor, no hay que reparar que sea amigo,

hermano, o padre". Es el reglamento de la Mano Negra.

Ha sido una ejecución por traición.

¿Dónde ha ido tu amigo tan deprisa? Ya.

Antes mártir que confesor.

Esto no ha servido para nada.

Van a sacar el oro de Linares.

Dejaran este país en la ruina.

Y los que mataron a Clara quedarán impunes.

Jefe, jefe.

No deje que el corazón le ciegue.

No puede cargar toda las responsabilidades

sobre su espalda.

Es un peso demasiado grande y también es mérito mío si las cosas

no han salido como queríamos.

A veces, todos cometemos errores.

¿Cómo le vais a llamar?

A tu hijo.

¿Qué nombre le vais a poner?

He visto cómo se te ha caído el cinturón de amuletos.

Hace poco que lo has terminado, ¿verdad?.

Tu mujer va a dar a luz en pocos días.

Y, cuando nazca ese niño, le vais a poner el cinturón:

con su pata de tejón, sus relicarios.

Todo lo necesario para ahuyentar el mal de ojo...

En este país todavía se cree que los niños mueren por maldiciones

y no porque les falte un buen plato de comida...

No sabe na de mí...

Sé que tu hijo va a crecer solo.

Que en esa casa no volverá a entrar un jornal

y tu niño pasará mucha hambre.

Vámonos.

Alfonso...

Le iba a poner Alfonso como a mi padre.

Mi esposa está de ocho meses y medio.

Se nos murió una nena, pero no le pusimos el cordón.

Se quedó fasciná de repente.

Por favor, lléveselo a mi mujer.

Le voy a llevar el cinto.

Y te prometo que a Alfonso no le va a faltar de nada...

Pero tienes que ayudarme.

Tu compañero, ¿qué le ha sacado del bolsillo a Cuendías?

El papel que pide el ejército pa sacar la mercancía...

Cuendías ha firmado el traslado del oro fundido.

Y tenía prisa... ¿El traslado va a ser hoy?

Por la rambla de los collaos.

En unos carromatos del ejército que van a la estación de Baeza.

Irán entre los soldados.

Vamos, tranquilo, aguanta.

Vamos, hazlo por tu hijo.

Respira.

Vamos.

Solo le pido una cosa...

Cumpla su palabra.

Te lo prometo.

Blázquez, necesitamos refuerzos.

Ve al cuartel y trae todos los hombres que puedas.

¿Y usted?

Yo voy a parar a ese convoy... Sea como sea.

Las fundiciones de la Tortilla y de La Cruz

funcionan con normalidad.

Nada extraño.

-¿Qué sabemos de Ros y Blázquez?

-Espero que hayan tenido más suerte...

-Ese oro no puede salir de Linares...

Capitán, necesitamos a todos los guardias disponibles...

¿Qué haces aquí?

Vi a ese malnacío en la calle y le seguí.

Ese hijo de perra casi me mata.

Estaba ahí detrás, en el bosque de la rivera, mirándoles...

pero eran demasiaos.

Hasta que te vi.

Iba a venir a ayudarte, pero ya veo

que no me necesitas para nada.

¿Era esto lo que buscabas?

Nada es lo que parece.

¿Los cañones están hechos de oro?

Fueron fundidos.

Los convirtieron en armamento para la guerra de Cuba...

¿Quién iba a sospechar de esta carga?

Cuendías era un hombre inteligente.

Es un medallón sin aparente valor.

Hecho de plomo.

Cógelo.

Vamos, cógelo.

Te da el poder sobre cientos de hombres.

Y quien lo posee, se convierte en el Gran Maestre de la Mano Negra.

"Parem regis": Rey entre iguales.

¿No lo llevaba alguien en la cartuja?

¿Dónde está ese cabrón, Víctor?

Se acabó, Elena.

Se acabó, Juana.

Te iban a ejecutarte a fuego por traicionar a la Mano Negra,

no por estar a mi lado.

Pero no les traicionaste a ellos,

me traicionaste a mí.

Estás delirando, Víctor.

No sé cuándo tiempo llevarás en esa organización,

pero ¿qué es lo que quieres ahora? ¿Sustituir a Cuendías?

¿Ser el Gran Maestre?

Todo ha sido una mentira,

desde el principio, desde que estabas

con los bandoleros.

En aquel tiroteo, te hiciste una herida para llamar mi atención

y así no poder atrapar al Estepeño.

Yo no me inventé mi sangre...

¡Te rajaste tu misma!

Esa herida no es de bala...

Pero a veces el corazón te ciega y no te deja ver lo que tienes

delante de tus narices.

Como, en ese momento,

que no me di cuenta que empezabas a seguir mis movimientos.

Por eso viniste conmigo.

No, Víctor.

Volví por mi hijo.

Volviste porque te era útil estar a mi lado.

Y así pudiste matar al Zíngaro, antes de que abriera la boca.

¡No! No, no, no, no, no...

¿Tanto te avergüenzas de lo que has hecho?

Vergüenza ninguna.

¡Juana!

No sé cómo no me di cuenta esta mañana en la cartuja.

Cuando le pregunté a ese hombre dónde estabas, no mostró sorpresa

en ningún momento.

¿Dónde está Elena?

Sabía que la muerta no eras tú.

Él te ayudó a colocar a esa mujer en tu sitio,

y a engañar a Cuendías.

Tu no querías matarle, ¿verdad?.

¿Quieres ser un mártir?

¡Qué si quieres ser un mártir!

Sabías que yo te lo iba a impedir ¿Cómo le convenciste?

Le dije la verdad...

Ven aquí, habla conmigo.

¡Ven!

Ven...

-Cuando saquemos el oro,

tendremos el dinero para hacer un ejército.

Y entonces, serán los ricos los que nos tendrán

miedo a nosotros.

Por eso estamos dispuestos a morir.

-Tu te vas a morir por Cuendías.

El oro jamás llegará a la Mano Negra

si él sigue siendo el Gran Maestre...

Jamás.

Cuendías era un traidor.

Un cerdo burgués que se adueñó de la Mano Negra.

Él mismo se delató.

-Podríamos ser ricos...

y disfrutar de todo ese oro juntos.

-Y la lucha, ¿qué?

-La lucha está perdida... Siempre ganan los mismos.

Y tú y yo hemos nacido para estar entre los vencedores...

En el fondo, no era más que otro imbécil

que se había enamorado de ti...

Estaba matándonos sólo para hacerse más rico.

Había olvidado la causa que nos trajo a todos a la Mano Negra...

Y organizaste un motín contra él.

La orden de matarle era cuanto estuviera firmado

el traslado del oro, ¿verdad?

Sí.

No íbamos a desaprovechar una buena idea.

El oro viajaría entre el material del ejército,

a Cádiz.

Nunca embarcaría a Cuba.

En el puerto,

separaríamos los cañones para llevarlos a Inglaterra.

Y desde allí, con ese dinero, levantar un ejército.

Con el país en la ruina, ¿quién nos iba a detener?

Pensé que podría quererte...

¿Pa ti no significó nada lo que pasó entre nosotros?

Dímelo tú.

¿Qué significó para ti?

Te he querido desde que tengo uso de razón.

Ya no te creo Juana.

"Todos los miembros de esta organización

estamos obligados a ocultar su simpatía por ella",

Por eso no te dije nada.

Quería decirte la verdad, pero no pude.

No me dijiste nada porque sabes que te hubiese arrestado

en ese mismo momento...

No tienes por qué hacerlo ahora.

Los guardias estarán a punto de llegar.

El Víctor que yo conocí en La Latina,

ese ratero que se jugaba la vida por un trozo de pan

sé que sigue ahí dentro.

Y es como yo,

quiere luchar por los que no tienen nada.

Por los que no han tenido la suerte de nacer en un palacio.

No sé qué Víctor conociste tú...

Pero de la Juana que yo conocí,

ya no queda nada. Se llama Elena y es una criminal.

¿Tu por quién estás luchando, Víctor?

Ese oro se gastará en la guerra,

no en alimentar a los que más lo necesitan...

¿No te das cuenta que soy yo la que está haciendo lo correcto?

¿Y cuánta sangre estás dispuesta a derramar?

Prefieres seguir siendo el perro guardián de los ricos...

-¡Alto!

¡Baje el arma!

Escúcheme...

¡Suéltela!

¡Le he dicho que la suelte!

Mi nombre es Víctor Ros,

soy inspector de la Metropolitana de Madrid,

el Capitán Barre... ¡No!

Te lo dije, te dije que volvería a por ti...

Vamos.

Tienes que me ayudarme a cargar una caja.

¿Dónde está?

-¿Para?

-Tú hazme caso...

(Estruendo)

¿Prefieres que se lo diga yo?

Ha venido a por estas bayonetas.

Parecen armas,

pero la hoja está hecha de oro macizo.

Las guardaron,

por si había algún problema en el convoy del ejército

y ahora ha venido a recuperarlas y a venderlas al mejor postor.

Y así costear el resurgir de su organización.

La Mano Negra.

Juan, ven aquí...

¿La Mano Negra?

-No hagas caso de lo que has oído decir de nosotros, cariño.

Es Víctor el que está del lado de los poderosos;

por eso nos persiguen, porque luchamos por los más pobres.

Matáis por ellos.

¿Y qué hacéis vosotros?

¿Quieres que te recuerde

todos los que han caído desde que esto empezó?

No sé por qué vuestros muertos son más importantes

que los nuestros...

Juan, ven conmigo.

Lucha por los tuyos, por hacer justicia de verdad...

Juan, no es necesario luchar...

Acuérdate de quién me metió a mí en la cárcel.

Quién disparó a Candela.

Quién comete las injusticias cada día.

No somos nosotros, son ellos.

Nosotros somos los que las sufrimos.

Como tu padre.

La única vez que hizo tratos con la policía,

acabó muerto...

-Déjanos marchar...

Juan, por favor, no cometas ese error...

Es mi madre y me necesita.

Yo no soy como tú, Víctor.

No me voy a pasar mi vida encerrado en una jaula de oro.

No, no eres como yo.

Eres como tu madre, como Clara.

Ella no te crio así.

Ella siempre luchó por lo que creía justo

y nunca derramó una gota de sangre.

En cambio, hay otros, que derramaron la suya,

en la joyería...

¿Tú tuviste algo que ver con la muerte de Clara?

-Podían haberte hecho daño

y no te tocaron porque yo se lo pedí.

-¿Por qué no hiciste lo mismo por Clara?

-Porque ella no era nada mío.

No podemos salvar la vida a cada señorita que se cruza

en nuestro camino...

¿Y tú qué sabrás de Clara?

Pues mucho más de lo que tu te crees...

La veía cada semana en el penal de Alcalá.

Venía a leerle a las presas,

con sus ropas caras y sus perfumes.

Se creía que con cuatro pasquines y una par de lecciones

iba a arreglar el mundo.

Por la noche yo me la imaginaba regresando a su palacio,

sintiéndose una santa

porque había ayudao a cuatro desgraciadas

y mientras nosotras nos moríamos de hambre.

Un día os vi a través de las rejas del patio.

Veníais a recogerla.

Ella lo tenía todo.

Yo no tenía nada.

Me quitó lo poco que tenía.

Mi hijo...

Quizá en la joyería supo lo que era perder,

lo que yo sentía cada día.

Ese día perdió Clara,

pero nosotros también perdimos.

¡Clara!

¡Clara!

¡Clara!

¡No!

¡Clara!

¡Clara!

¡Clara!

¡Clara!

La perdimos a ella para siempre.

Pero, para entenderlo,

tendrías que saber lo que es querer a alguien de verdad.

Juan...

-Deja que se vaya.

¡Alto!

¿Vas a matarme delante de él?

Vamos.

-Víctor no...

-Dispara... Dispara.

-Papá... No lo hagas,

no lo hagas.

En nombre de España, muchas gracias, inspector Ros.

Es un honor, señor presidente.

Es una pena que los ciudadanos nunca sepan lo que han hecho

por esta nación.

Lo sucedido en torno al oro, debe permanecer en secreto...

Estoy seguro de que podemos confiar en usted.

Por supuesto.

Nosotros sólo cumplimos con nuestro trabajo.

Y, ahora que el oro vuelve a estar en el Banco de España,

es el turno de los gobernantes.

Y confiemos que, con usted a la cabeza,

sepan darle el mayor uso.

Muchas gracias, inspector...

Y que no lo emplearán en guerras de antemano perdidas.

Sino en el beneficio del pueblo.

Porque la mayor de las guerras, señor presidente,

es contra el hambre y la injusticia.

Muchas gracias.

(Aplausos)

A mí tendrían que darme una medalla por aguantar sus insolencias.

¿Pero cómo se le ocurre hacer ahora un discurso como ese delante

del Presidente del Gobierno?

Precisamente porque es la única vez que va a verse obligado

a escucharme.

Pues, si quería influir en su decisión,

desengáñese.

Sé de buena tinta que ese oro ya está invertido en la guerra...

¿Quieren ustedes, jóvenes, conservar este momento imborrable

en una imagen?

¡Señor Ros!

¿Un retrato para la posteridad?

Junto al coche, por favor.

Juan, Candela, Vamos.

¿Aquí estamos bien?

Perfectamente.

¡No se asusten, que va!

¡Fuera!

En fin, marchamos para la capital.

Ya iba siendo hora, madrileño.

Y, encima, el Presidente Sagasta le pone un automóvil

para ir al Alcázar de San Juan, bien.

Parece que no va a echarnos mucho de menos.

Ya sabe lo que dicen: dos gallos en el mismo corral...

Madrid es un corral mucho más grande,

así que, si alguna vez le apetece, seguro que hay sitio para los dos.

Es posible, nunca se sabe cuando te vas a volver a encontrar

con alguien.

Por eso la dejó marchar, ¿no es así?

A Madame Suberwick.

Pues que me parta un rayo si sé de lo que está hablando.

Tuvieron una despedida amistosa...

De lo contrario no llevaría este perfume,

por si se produce un encuentro inesperado...

¿Y usted? ¿Por qué dejó marchar a Elena?

Que me parta un rayo si sé de lo que está hablando.

Toma, anda.

Apúntame tus señas, cuando León tenga el retrato,

te lo mando por carta...

-No será lo mismo que tenerte delante

y escuchar cómo me llamas lechuguino.

Pero ahora ya sabes dónde encontrarme.

Cuando estés recuperada, ¿de acuerdo?

-Las de la calle somos más fuertes de lo que parece.

Candela...

Seguro que tu sabrás sacarle mejor partido que yo.

Muchas gracias, señor, pero...

No, no, no, no, no. No te preocupes.

Yo no la necesito.

Cuídense.

¿Tu crees que volveremos a ver a Elena?

No lo sé, hijo.

No lo sé...

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T2. Capítulo 8

Víctor Ros - T2. Capítulo 8

22 dic 2016

Es un juego a vida o muerte. La Mano Negra ultima los preparativos para huir con el oro del Banco de España. Quizás, Víctor sea el gran derrotado y, no solo no logre impedirlo, sino que acabe perdiendo a Juana. También la vida de los que le rodean pende de un hilo: Candela o el propio sargento Giralda. Solo la capacidad deductiva del inspector logrará dar la vuelta a la situación.
Por fin, tendrá al Gran Maestre frente a frente. Esa enigmática figura que ha estado dirigiendo los movimientos de la Mano Negra desde el principio. El autor del robo del Banco de España y el culpable de la muerte de Clara. Sin embargo, Ros no puede imaginar cuál será su verdadera identidad.

ver más sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 8" ver menos sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 8"

Los últimos 243 programas de Víctor Ros

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios