www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
3831500
No recomendado para menores de 12 años Víctor Ros - T2. Capítulo 7 - ver ahora
Transcripción completa

Hola, sargento...

-No te muevas.

¿Por qué te has entregado?

Porque ya no me queda na... por lo menos, que De la Rubia

pague por todo lo que le ha hecho a mi gente.

¿Y por qué deberíamos creerte?

Tú verás lo que haces... Pero sé lo que estáis buscando:

el oro que robaron del Banco de España.

Y también sé por dónde piensa sacarlo ese malnacío.

-Apártese de esa caja.

La Mano Negra es más poderosa de lo que usted cree...

Siempre hay alguien por encima.

¿Ha visto lo que hay dentro de las cajas?

Y pensar que íbamos a morir por unas cajas llenas de plomo.

¡Eh!, ¡eh!, aquí nadie tiene por qué morir, tranquilos.

-¡Noooo...!

-No sé en qué andaba metido el Estepeño...

pero parece que cometió un error,

que hizo tratos con quien no debía, ¿verdad?

Ya que soy la amante del sargento,

tendré que disfrutar del privilegio de conocer algún secretillo, ¿no?

Mira Juana, yo no,

no sé dónde va a ir a parar todo esto, no, no lo sé.

Pero lo que sí te puedo asegurar es que,

esta vez no te fallaré. Supongo que ahora ya sabemos...

No sabes la de veces que soñé con esto.

En tu mano está recuperar todo lo que perdiste.

¿Qué tienes tú que ver conmigo?

-Yo no quería que tu padre pasara la vida pendiente de mí,

ni tú...

Por eso os hice creer que había muerto.

-Juana...

Cuando yo he llegado a la pensión, ya no estaba.

Hablamos por la tarde...

¿Tu sabías que era mi madre?

No va a marcharse sin más.

Volverá.

Eh, eh, eh, eh, eh...

No tengas tanta prisa por irte al otro barrio...

Trae la pulserita esta...

Es mejor tratar este asunto fuera del cuartel.

Todavía no sabemos hasta dónde pueden llegar los oídos

de la Mano Negra.

A De la Rubia lo mataron en la estación de tren,

delante de nuestras narices.

Señores, a mi me van a perdonar, pero...

pero ese gachó ¿no era el mandamás de la Mano Negra?

No, De la Rubia solo era una pieza más de la organización.

¿Cuántos son en la Mano Negra, carajo?, esto parece un ejército...

Es que son un ejército, sargento.

Abajo, están los soldados:

chirleros, prostitutas, mineros, jornaleros del campo...

Cualquiera puede formar parte.

Están mezclados entre la gente y solo responden ante una persona.

Por encima están los lugartenientes.

De la Rubia, el Zíngaro.

Sólo se reúnen para formar el Tribunal Popular.

Para castigar a los que le traicionan...

Exacto.

Seguro que se acuerda de "a hierro, fuego, veneno o calumnias"...

No me dais miedo...

Y luego, por encima de todos estos, está él.

El Gran Maestre.

Si queremos acabar con todo esto,

tenemos que dar con el.

Todos tememos a la muerte.

Tu no eres diferente...

Y empezarás a sentir ese miedo

cuando te des cuenta de que,

por mucho que grites,

Víctor Ros no podrá escucharte...

Vayan tirando.

Sólo necesita tiempo.

Me he portado como un crío...

No le tendría que haber dicho que no es mi madre.

Sus cosas siguen aquí, Juan. Volverá.

Y, cuando lo haga, tienes que darle la oportunidad

de que se explique.

A ver cómo cojones encontramos a ese Gran Maestre,

si cada vez que nos acercamos a uno, lo matan...

No lo sé...

Y no entiendo por qué han engañado a De la Rubia...

¿Por qué le han hecho sacar un cargamento de plomo?

Es que es imposible que supieran que íbamos a interceptarlo...

Caballeros,

necesito hablar con el Capitán Barrera.

-Por supuesto, Señor Forcada, por aquí, por favor.

-Es un honor recibir a nuestro alcalde...

¿en qué podemos servirle?

-Se va a producir un asesinato. Y deben evitarlo a toda costa.

Y supongo que usted sabe a quién van a asesinar...

A mí.

-Pase, pase...

-Todo empezó hace unos días...

-Ya saben lo complicada que está la situación con las colonias.

Y las peticiones que ha hecho el gobierno para sufragar los gastos

con la suscripción nacional...

Sí, pero el pueblo está pasando hambre.

La sequía, la falta de jornal...

ahora no les puede pedir, además, esa suscripción...

Se pasa hambre en toda España.

Y los demás pueblos sí que colaboran con las arcas del Estado.

Todos menos esta gente. Es una vergüenza.

No dejaban ni un real...

Precisamente por eso,

me vi obligado a aprobar un impuesto sobre los consumos.

Subí el precio del pan, de los cereales...

y tan pronto se hizo público, el Licenciao

y cuatro más del sindicato fueron a mi encuentro...

A ver, señores, a ver,

estamos al borde de una guerra

y el país necesita que todos arrimemos el hombro...

-¿De qué le vamos a servir al país si estamos muertos de hambre?

Nuestra verdadera guerra,

es ponerles algo en el plato a los críos pequeños...

¿O es que no los ha visto por las calles?

Que se los va a llevar el viento...

-Alcalde, Mi hermano tiene razón... Están en los huesos...

-Abra los ojos, señor Forcada.

Quite los impuestos o, la próxima vez,

no se lo vamos a exigir con palabras.

El pueblo se echará a la calle con lo que sea...

con palos, azadas.

Cuando uno asfixia a la gente,

no debe sorprenderse si se defienden con lo que tengan...

-¿De verdad se cree que puede amenazarme con esa verborrea

y quedarse tan tranquilo?

No, si no me tiene respeto, le aconsejo que, al menos,

me tenga miedo...

No le conviene tenerme a malas.

-Un día, ya no hablaremos más,

y habrá una aurora de sangre...

-Que tengan un buen día.

Anoche encontraron al Licenciao muerto en la venta de Emiliana.

Le habían pegado un tiro.

Es más que evidente que yo no he sido...

-Nunca lo hemos dudado, señor...

Sí, pero los vecinos le creen culpable.

Se corrió la voz y han ido a por usted.

Así es, han apedreado el ayuntamiento.

Y no me han abierto la cabeza de milagro.

Han perdido el juicio por completo y por eso he venido,

para que me protejan.

Si salgo por esa puerta,

soy hombre muerto, me matan.

-¡Eh, no se alteren! ¡Venga, vamos!

¡Dejen la calle inmediatamente! ¡Fuera de aquí, vamos!

¡Aquí no se puede estar! ¡Les habla la autoridad!

¡dispénsense inmediatamente! ¡Vamos!

-¡Muerte al alcalde!

-¡Asesino!

-El hambre les ha nublao la sesera a esta gente...

-No, sargento, no.

El problema es que, en este pueblo, le da por pensar al que no debe,

ese es el problema...

-¡Alcalde!

Mi hermano "El Licenciao" le manda saludos...

¡No disparen, no disparen!

¡Llévenselo dentro! ¡vamos!

¡Váyanse a sus casas!

¡vamos!

Quedarse aquí va a empeorar la situación...

Nadie se va a mover hasta que tengamos la cabeza del Alcalde...

-Aparte de pobres, ¿sois imbéciles o qué?;

¿quién va a ganar? Esos palos o esta...

¿Cómo se llama?

Luis.

Luis Salazar.

Luis, sé que está furioso por la muerte de su hermano,

pero todo esto no va a servir para nada.

Sólo para que haya más sangre.

Entréguese y ayúdenos a encontrar a quién mató al Licenciado...

Si lo tenéis ahí dentro.

La Emiliana lo vio pasar a la venta...

se metió en la habitación de mi hermano

y le pegó un tiro.

Si es así, le prometo que le llevaré a la cárcel.

Y me da igual que sea el alcalde o el Santísimo Padre...

En este pueblo no hay justicia.

Nunca la ha habío... Eso es lo que mi hermano decía.

El alcalde nos ha llevao a la miseria...

y al que le planta cara, se lo lleva por delante...

Eso es lo que ha pasao con mi hermano.

Y eso es lo que pasa siempre.

Pero ya nos hemos hartao... ¡Sacadlo fuera!

-Vamos. Inténtalo.

Si lo que quieren es vengar la muerte del Licenciao,

desde la tumba no van a conseguir nada.

Deme un día. No necesito más.

Si mañana por la mañana no hemos encontrado al asesino de su hermano,

vuelvan a por el Alcalde...

Como esto sea un truco pa salvar al alcalde,

ya nada va a parar al pueblo...

-No deberías estar en la calle, lechuguino.

-¿Pero qué haces aquí? Creía que estabas ya en París...

-El tren sale mañana temprano.

¿Y esa cara tan larga?

-Es que se ha ido Elena...

y estaba dando una vuelta a ver si la encontraba...

-Lo mismo ha dejao el pueblo.

Las cosas se están poniendo mu feas.

(Campanas)

Venga, no es buena idea andar zascandileando por las calles...

-Por culpa de esta sociedad injusta y criminal,

los trabajadores se sacrifican para producir la riqueza...

una riqueza que siempre se quedan los ricos holgazanes...

La razón de ser de la Mano Negra,

es acabar con esa injusticia

y con los ricos con todos los medios a su alcance,

utilizando para ello,

si es necesario, el fuego, el hierro,

el veneno o la calumnia,

para vengar así el hambre y la muerte de nuestros hermanos.

Este Tribunal popular,

castigará con dureza

todos los crímenes de la burguesía y sus colaboradores,

utilizando para ello todos los medios posibles...

Ahí fuera cada vez son más y como se lo propongan,

al final tiran la puerta abajo.

No estaría de más pedir ayuda, mi capitán.

Todos los hombres que vengan serán pocos.

-Vengo de enviar un cable a la Comandancia de Jaén

para pedir refuerzos.

Espero que llegara a tiempo,

porque el telégrafo ha dejado de funcionar.

Parece que han cortado los cables.

-Sargento, Capitán, hay altercados en la calle del Pontón...

Les ha dado por el francés ese que vino a tomar

vistas para el aparato ése...

-¿Qué carajo les habrá hecho el del cinematógrafo?

-¡Despejen la calle, vamos! Pa atrás.

¡Despejen la calle!

-¡Venga!

-¡Trae pa acá Gabacho!

-¡Mon matériel est trés fragile! ¿Por qué no me escuchan?

-¿Pero qué dice?

-Yo, yo no tengo relación alguna con el Alcalde.

-No me cuente rollos.

-Soy un delegado de los Lumiére...

-¿Qué lleva ahí?

-¡El cinematógrafo! ¡Tienen que haber oído hablar de él!

-¡Eh, basta, basta! ¡Dejen a Monsieur Guédéon...!

-¡Quita, anda, quita!

¿Qué pasa?

Alguno quiere ir de entierro esta mañana, ¿o qué?

¡Fuera de aquí!

-Estaban en la calle del portón, han entrao en el café

y se han cebao con el francés... La gente no atiende a razones,

Marcos... O el alcalde hace algo para tranquilizarlos

y quita el impuesto de los consumos,

o esto acaba como el rosario de la Aurora...

-Demasiado tarde, Perla. Han matado al Licenciao.

Echa el cierre.

Que con la mala follá que tiene esta gente,

lo único que me faltaba a mi es que se emborracharan...

Monsieur, le vamos a escoltar hasta el cuartel.

Allí estará seguro.

Madame, usted también viene con nosotros.

No vayamos a crear un conflicto diplomático.

Ahí fuera la gente quiere justicia.

Y parece que ya han encontrado un culpable:

usted.

Luis Salazar asegura que asesinó a su hermano y motivos no le faltan.

Les vieron discutir en plena calle hace unos días.

Y, si mi talante hubiera sido otro, le habría matado

con mis propias manos.

La gente le escucha más que al cura y estaba embraveciendo

a todo el mundo.

Pero le juro por la Virgen de Linarejos

que yo no he sido...

Señor, voy a necesitar una excusa mejor que su palabra.

Está bien.

Al Licenciao le dispararon la tarde del viernes.

Y los viernes por la tarde, a esa hora,

llueva a truene, yo voy a visitar a mi madre.

La pobre mujer está tan enferma que ya ni me conoce.

Se lo puede preguntar a los concejales,

bueno, no, se lo puede preguntar a quien quiera...

Todo el mundo sabe que los viernes por la tarde, a esa hora,

yo estoy con mi madre.

Claro y ayer no fue diferente.

Claro que no, inspector. Soy un hombre de costumbres.

Y no debería dudar tanto de mí.

¿Me toma por un minero borracho o qué?

¡Me debe un respeto!

La única persona que puede confirmar su testimonio,

es su madre y si, como dice, "no conoce",

parece que su coartada se viene abajo...

y se lo digo con todo el respeto.

Disculpen, el capitán Barrera quiere verle, señor Alcalde...

Está bien.

Yo no le maté.

Encuentre a quien lo hizo y termine con este disparate

de una santa vez. Por favor se lo pido.

-La cuñá del Licenciao y sus primos vinieron a llevarse al pobretico...

Pero yo no he tocado na de na,

me da mucho coraje fregar la sangre...

Necesitamos que nos diga qué es lo que vio exactamente.

Con todo detalle.

Pos verá... El Licenciao me dijo que se iba a juntar con alguien

para solucionar tó lo que estaba pasando,

porque no nos llega el jornal, ¿sabe usté?

Que si alguien podía arreglarlo, era él, eso lo sabe to el mundo.

Luego me pidió una achicoria... Me fui pa la cocina

pero vi que no tenía ni para sacarle una tostá,

así que pensé: pues saco un chorizo...

Señora, señora, de verdad,

hay algunos detalles que podemos pasar por alto ¿Qué pasó entonces?

Me salí donde el mostrador, que oí que alguien entraba a la venta,

y cuando me asomé, lo vi pasar donde el Licenciao.

De seguío, me di cuenta de que era el señor Alcalde.

Si es que se le puede seguir llamando señor a ese malnacío...

Lo reconocí por el sombrero ¿sabe usté?

Como siempre va vestido como un señoritongo,

dándoselas de importante... a mi nunca me ha gustado,

si le digo la verdad, no me daba buena espina,

todo el pueblo muriéndose de hambre

y a él que no le ha faltado nunca de na.

A ese hombre le gusta mucho el vicio...

A alguien no le gustaba la decoración,

han cambiado el espejo de sitio.

...El caso es que empezaron a darse voces.

Y entonces el señor Alcalde echó mano de una pistola

y ya no vi más...

¿Empuñó el arma con la diestra?

Sí, apuntó al Licenciao.

Cerró el cuarto de un portazo y luego

¡pum! el disparo.

Pero cuando pasé, ni un alma,

el Licenciao tirao en el suelo y ya está.

El señor alcalde se había desaparecío,

y yo le juro por la memoria de mi madre que no me meneé del pasillo.

Pero ¿cómo pudo desaparecer así in más?

Eso es algo que tendrá que explicarnos el señor Alcalde.

Cuando esté en París me voy a jartar de pasear por el arco ése,

como las señoras importantes...

Tiene que estar eso llenito de lechuguinos como tú.

-Clara siempre decía que es la ciudad más bonita del mundo.

Así que, ya verás, te va a gustar tanto que no vas a querer volver.

-A lo mejor dentro de poco puedes venir a visitarme,

como últimamente parece que no sabes estar sin mí...

Solo quería comprobar que estabas bien...

Pero ya veo que tienes buena compañía.

Víctor,

¿sabes algo de Elena?

Aún no. Pero seguro que está bien.

Esta mujer ha ayudado a la policía.

A las fuerzas del orden que utilizan los ricos

cuando ponen todo su empeño en destruirnos.

Y ha puesto en peligro nuestra revolución.

-¿Vuestra revolución o vuestro oro?

-Nunca pagará bastante con su vida

aquel que quiere perder la de muchos.

Presentados los cargos,

¿quién aprueba el castigo por traición?

Elena Guzmán,

este Tribunal Popular de la Mano Negra

te condena a muerte.

A medio día, en la segunda oración del Ángelus.

Cuando todos estén rezando la Pasión,

morirás a fuego.

-Debería detenerte ahora mismo...

-¿Y de qué se me acusa, sargento?

-De hacerme perder la cabeza y de volverme loco.

-Ha sido una mala idea venir al cuartel.

La gente podría sospechar, tu mujer podría descubrirnos...

-No podía pasar un segundo más sin verte...

Además, las cosas se están poniendo muy feas fuera;

es por tu seguridad...

-Sé cuidarme yo sola.

-Dentro de cinco minutos me van a echar de menos en el cuartel

¿Quieres que sigamos de cháchara?

Sargento...

Sí...

El inspector Ros, le está buscando...

Ya, ya...

Carajo Ros,... que estamos hablando del Alcalde.

Sólo le digo que todas las pruebas le señalan como culpable:

Emiliana le vio entrar en la habitación

y discutir con el Licenciado.

El señor Forcada es diestro, como dijo la ventera...

Señores,

creo que no deberían perderse este espectáculo.

-¡La Virgen santísima!

Si, si eso es Linares.

¿Cuándo filmó estas imágenes, señor Guédéon?

Ayer mismo, por la tarde, recién llegado a Linares...

En ese caso, el señor Alcalde decía la verdad.

Usted no mató al Licenciado.

El señor Forcada es un hombre de costumbres, ayer,

como cada viernes, llueva o truene,

estaba visitando a su pobre madre enferma

¿no es así?

¿Podría volver a pasar las imágenes, por favor?

Fíjense en quién aparece al fondo...

Podemos parar ya la proyección, ¿no?

No, no, por favor. Dele un poquito más a la manivela.

El Loco Varea...

y la mujer de Don Marcial, el boticario...

Anda que no le gustaría na verse retratá...

No creo que a la esposa de Don Marcial

le gustara ver esta proyección.

Y, a su marido, tampoco.

Señores, el señor alcalde no es un asesino.

Y aquí tenemos la prueba.

Cuando se produjo el crimen,

usted estaba en compañía de la esposa de Don Marcial,

una costumbre más entretenida que estar cuidando

a su pobre madre enferma...

Además, ella nos lo podrá confirmar.

Señor alcalde, si quiere le acompaño a otras dependencias,

donde esté más tranquilo y nadie le moleste...

(Bullicio)

-Menudo invento el cinematógrafo este, ¿no?

¿no le parece?

... Gracias a él hemos descubierto el secretillo del alcalde...

Pero este crimen todavía no está resuelto...

sabemos que el alcalde no es el asesino...

pero todavía no sabemos quién lo hizo.

Permiso, creo que no me he presentado:

León Cavestany.

Yo también me dedico al mundo del espectáculo, ¿sabe, monsieur?

-Pascal Guédéon; representante de los Hermanos Lumiére.

¿A qué se dedica? ¿Es usted cómico?

-Vendedor ambulante.

Pero, ojo, siempre me ha gustado mirar hacia el mañana...

Y, precisamente, por eso

quiero hacerme con un aparato como el suyo...

Tengo una idea para que su negocio

sea un éxito rotundo.

-Perdona, pero el negocio ya es un éxito,

todo el país se vuelve loco con las proyecciones...

Hay incluso desmayos...

-Créame, las mías sí que harían enloquecer a más de uno...

Me refiero a filmar imágenes...

"picantonas",

¿Cómo sería en francés? Érotiques... subidas de tono,

ya me entiende.

Mire, yo busco a un puñado de señoritas de vida alegre

que estén dispuestas a quedarse como su madre las trajo al mundo

y, acto seguido, procedemos a filmarlas haciendo...

bueno la...

haciendo lo que se hace en un prostíbulo...

-No cuente conmigo para sus vicios...

-Vicios, no...

-Les espagnols sont trés bizarres... -Pas tous.

Disculpe, sargento.

Portillo me ha dicho que quería verme.

A lo mejor tenemos que hacer noche en el cuartel.

Habrá que preparar mantas y algo de pitanza para la gente.

¿Podría organizarse de organizar a los guardias?

Con mucho gusto...

Pero, de la señorita de Suberwick

¿quiere que me encargue yo también

o prefiere hacerlo usted personalmente?

¿Se puede saber qué está insinuando?

Si quiere, podemos pasarnos el día y la noche disimulando,

pero los dos sabemos lo que he visto...

Pues, si quiere que le diga la verdad,

yo tampoco me lo explico, no entiendo cómo ha pasado...

pero ha pasao... y varias veces en una noche...

Bueno, bueno, ahórrese los detalles.

Entre usted y yo, Blázquez, yo he tenido mas escarceos,

pero con ella es...

diferente...

más...

Me lo imagino, me lo imagino, sargento.

Usted no se ha visto en otra como esta.

La madame es mucha mujer.

Hermosa, fina y más joven que usted.

Vamos, que lo normal es que se hubiera fijado

en un hombre un poco más...

¿Ma, ma, más qué?

Bueno, usted olvide lo que he dicho que cosas más raras se han visto...

Y ahora, ahora si me disculpa, voy a encargarme del reparto

de las mantas y comida...

(Cristales)

Esto se está poniendo cada vez peor...

-¡Hércules!

-Sargento.

-Sal fuera y diles que como vuelvan a tirar una piedra,

les vamos a responder con balas...

Monsieur, si no le importa, me gustaría hablar con madame,

de un asunto, en privado...

-Adelante.

-¿Ocurre algo?

-No, na mujer, na.

Solo quería saber si estabas bien...

Aunque te he visto la mar de entretenida con,

con el gabacho de los Lumière.

-Ah, me ha estado contando anécdotas muy divertidas.

Es todo un caballero, y muy culto.

-Se le ve al gachó muy listo, sí, muy listo.

-Sargento... ¿Está celoso?

-Bueno...

-A mí me gustan los españoles...

Y hay uno que, últimamente, me vuelve muy loca,

el "Tigre de Linares", ¿lo conoce?

-Por favor, que aquí nos pueden ver...

-Desde luego, son capaces de inventarse cualquier cosa

con tal de no culpar al alcalde...

Él no pudo hacerlo,

la esposa del boticario lo puede probar.

Esa mujer se encama con él.

Dirá lo que Forcada quiera que diga...

No... ese cerdo tiene que pagar por lo que ha hecho.

Escúcheme, sé que quiere vengar la muerte de su hermano,

pero el culpable no es el Alcalde.

Le prometo que voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para averiguar quién mató al Licenciado.

Pero necesito algo a cambio.

Necesito que disuelva la gente que hay ahí fuera,

a usted le escuchan.

A mi qué me van a escuchar...

A quien escuchaban eran a mi hermano.

Era listo, muy listo, ¿sabe?

Y podría haber salido del pueblo pero decidió quedarse aquí,

con su gente... y luchar por ellos.

Es por eso por lo que los vecinos le querían tanto.

Cuanto antes acabemos con la revuelta,

antes podré resolver este asesinato.

Si le dejo salir y convence a esa gente

para que se vaya a casa, le prometo que no habrá consecuencias...

¿Qué me dice?

Déjeme que la pegue un tiro a la puta esta...

-Esperaremos hasta el mediodía.

En una guerra, los símbolos son importantes.

-Dicen que en el pueblo se han ido con palos

y con piedras a por los guardias y el alcalde...

Lo pobres desgraciaos...

Como empiecen a pegar tiros, no queda uno en pie...

-Si han cercado el cuartel,

la insurrección nos servirá de ayuda.

Jamargo...

Tengo que pedirte que hagas algo más por la Mano Negra.

-Este levantamiento es un ataque intolerable a las instituciones.

General Morán;

al mando del cuarto batallón de la guarnición de Málaga.

Víctor Ros, inspector de policía.

Gobernación recibió el cable del Capitán Barrera

y, al no tener respuesta,

se me ordenó que saliera de inmediato...

-Se lo agradezco mucho, mi General.

Como ve, el pueblo ha tomado la justicia por su mano...

-¿Con cuántos hombres cuenta?

Deberíamos disolver a la muchedumbre.

Hacerles regresar a sus casas...

No va a ser necesario ejercer la fuerza.

Luis les convencerá...

¿Tú eres el que ha empezado todo esto?

-Si alguien ha empezado todo esto ha sido el Alcalde...

ahogándonos con sus impuestos pa matarnos de hambre...

-¿Seguro que fue así?

El señor Forcada me ha contado que un desgraciado...

un tal Licenciao, estuvo haciendo proselitismo.

Disponiendo a la gente en su contra...

-Ése desgraciao, era mi hermano.

-Le acompaño en el sentimiento.

Y ahora, ¿por qué no hace que toda esa gente

regrese a sus casas

y usted entierra en paz a su hermano?

El consistorio pagará de buen grado su nicho...

-Así es, un ataúd de roble y doce misas gregorianas.

Para que este pueblo despida al Licenciao como se merece...

Vamos...

Hércules.

(Bullicio)

Compañeros...

Todos lamentamos la muerte de mi hermano.

El Licenciao.

Él siempre dio la cara por nosotros...

No le importó que fuera delante

de los señoritos o de los políticos...

Como el siempre decía,

no podemos dejar que nos roben to lo que ganamos.

(Ovación)

Los guardias

me han pedío nuestra ayuda.

Que les dejemos hacer su trabajo...

Pa encontrar al asesino de mi hermano.

Eso dicen...

¡Pero es otra mentira!

¡Lo único que quieren...!

¿Pero qué has hecho?

¡No ve que solo quería ayudarle!

¡Venga hombre!

A otro con el cuento de que el Alcalde no lo hizo...

Que sois todos iguales.

Lo que sea con tal de no tocarle un pelo a los que mandan...

-Abra la puerta.

Que le voy a explicar un par de cosas a este hijo de puta...

Sargento, no vamos a ganar nada dándole una paliza...

¿No? ¿Y lo a gusto que me voy a quedar?

Sargento, sargento, escúcheme, escúcheme.

¡No!, no, sargento.

Lo que necesitamos es saber quién mató a su hermano.

Demostrarles que no fue Forcada...

Vamos.

Fue usted un inconsciente al confiar en esa rata de Salazar.

Si no le hubiese tratado con esa soberbia,

habría hecho lo que me había prometido.

Ros; mida sus palabras con el General.

-He visto esto muchas veces. En otros pueblos.

Esa chusma se cree que tiene derecho a todo, sin pagar una perra...

Hay que pararles los pies.

Este es un país decente: y si alguien se salta la ley,

el ejército está para imponer el orden.

Más que saltarse la ley, esa gente lo que quiere es justicia,

y no morirse de hambre...

¿En qué bando está, Ros?

General, no es cuestión de bandos.

Solamente estoy diciendo que entiendo

por qué han sacado los palos y las azadas...

Y por qué están rodeando el cuartel.

España está a las puertas de un conflicto con Estados Unidos.

¿Qué debemos esperar de sus ciudadanos? Desde luego,

no que se levanten en armas contra sus dirigentes...

-Unos tienen que jugarse la vida en el frente

y otros tienen que pasar penurias en casa

y conformarse con un mendrugo de pan

que llevarse a la boca por el bien de país....

Es ley de vida.

-Dejé órdenes de que mandaran a mi batallón.

Si para entonces, siguen rodeando el cuartel,

le prometo que yo mismo me encargaré de ellos...

Hay que tener mano dura con los insurrectos.

Disculpen,

un vecino ha hecho llegar esto a uno de los guardias.

Es para usted.

Si me disculpan...

"Elena Guzmán ha sido condenada

por el Tribunal Popular de la Mano Negra.

Será ejecutada a fuego a la hora de la segunda oración del Ángelus.

Rece por su alma, inspector Ros".

Qué, ¿esa carta trae buenas noticias?

Nada nuevo, capitán.

Que si no entregamos al alcalde, asaltarán el cuartel.

No quieren negociar nada...

¿Es que no se dan cuenta que con esa actitud no hacen más

que cargar de razones a Morán?

Dios...

-¿Sabes qué te digo, lechuguino?

Que la olvides, la gente que no te tiene aprecio,

mejor tenerla lejos.

Oye, perdona, no sabía que Elena te importaba tanto...

-Es mi madre...

Empiezo a creer que tengo mala sombra ¿sabes?

Todas las personas que de verdad me importan

acaban dejándome...

Primero mi padre, luego Clara...

A mi Clara me quiso como si fuera su hijo...

Y ahora Elena...

Y ahora te vas a ir tu y no sé si voy a volver a verte en la vida.

Te irás, cuidarás de tu madre, hasta que llegue algún lechuguino

y te empiece a decir cosas bonitas en francés y te enamores de él.

-A mí los gabachos me dan igual...

además, me gusta enterarme cuando me dicen cosas bonitas...

¿Se le ocurre alguna idea, jefe?

¿Quién entró y discutió con el Licenciado?

Necesitaría volver a revisar la habitación,

a examinar el cadáver...

¿Y si fue el Alcalde?

No...

A lo mejor, cuando hablemos con la mujer del boticario nos dice

que, al final, el señor Forcada no se quedó con ella...

O, tal vez, le dio tiempo a ir a la venta

y volver...

No... no, no.

Yo también he intentado convencerme con esa solución.

Pero no funciona.

No puedo acusar al Alcalde sólo porque necesito salir de aquí...

No puede estar pasando otra vez...

Los hombres de Morán llegarán a primera hora;

quizás deberíamos dejarles intervenir...

¿Y si no llegan a tiempo?

La van a matar a mediodía.

Tu te crees que estás en una guerra...

pero, en realidad,

no tienes ni idea de por qué te estás jugando

la vida...

¡Ven aquí! Habla conmigo, ven.

-Sujete ahí bien.

-Buhonero.

-Sí, sí...

-¿Dónde están los gabachos...?

-Supongo que sobrellevando el encierro con estoicismo,

como todos.

-Manda cojones que tengamos que estar aquí encerraos.

deberíamos echar a esos desgraciaos a tiros...

-¿Qué culpa tienen ellos, sargento?

Porque llevamos uniforme que, si no...

¿dónde estaríamos usted y yo ahora? Ahí fuera.

-¡Eh! Interesante reflexión.

Voy a meditar sobre ello, mientras me echo una cabezadita...

-Faltan tablones...

-Ya voy yo. Me vendrá bien un paseíto.

(Susurran en francés)

Necesitamos tablones.

Preferiría que estuvieran junto a los demás.

Fuera la cosa se está complicando.

-Iré a recoger mi material...

-Si pusieran el mismo empeño en el trabajo,

otro gallo nos cantaría...

He oído que su revólver ha mandado a mejor vida

a un puñado de hombres...

¿Es una Smith Wesson, modelo 3, verdad?

Buen observador.

La mayoría, en la guerra de las Vascongadas,

al servicio de Carlos María de Borbón...

La empuñadura es de nácar, hecha a mano.

Una vez me quedé sin balas

y tuve que golpear a varios hombres a fuerza de cañón.

Desde entonces mi amiga se encasquilla un poco,

pero sigue siendo tan letal como el primer día...

No lo haga.

Si al final necesitamos la ayuda de sus hombres,

no cargue contra el pueblo, General...

Amigo Ros,

a veces, hay que darle un bofetón a un hijo

para que aprenda que hay cosas que no debe hacer.

-¡Ce n'est pas possible!

Mi material no está.

Lo dejé aquí justo después de la proyección.

-Hombre Monsieur, qué pretende

¿que busque sus cosas con lo que está cayendo ahí fuera?

-¿Sabe el valor que tiene? La película,

el cinematógrafo, mis enseres personales...

Tout a disparu...

-El sargento tiene otros asuntos que atender.

Yo le ayudaré a buscar sus cosas.

-Creo que tengo una ligera idea dónde pueden estar.

-¿Estás bien, Marcos?

-Sí, solo que, este jaleo, los vecinos amotinados

y el asesinato... tengo el estómago del revés,

pero estoy bien.

Será posible, buhonero:

¿cómo se te ocurre robarle al gabacho sus cosas?

-No, no, no.

Lo exacto sería decir

que he tomado prestado los enseres de Monseiur Guédéon...

Tan solo quería aprender el proceso de revelado de forma autodidacta

y si ése estirado no se hubiese negado

a echarme una mano...

-Está bien, está bien...

Tampoco es que el franchute sea santo de mi devoción.

Recoge y devuélveselo.

-Mire, está claro que que mi francés no es el del insigne Baudelaire,

pero estoy convencido de que,

ni el mismo, hubiese entendido semejante galimatías...

¿Usted ve sentido a diagramas como éste?

-Soy guardia civil, carajo, no fotógrafo,

¿qué voy a entender ahí?

-Exactamente lo mismo que un servidor, nada.

Lo que sí que está claro

es que yo he estudiado diferentes manuales fotográficos...

Pero es que este no tiene ni pies ni cabeza, mírelo.

(Golpe)

¿Está seguro que este libro no contiene información

del cinematógrafo?

-Sería más útil calzando una mesa, sargento.

No sé por qué Monsieur Guédéon lo lleva consigo.

Un tablero de Vigenère.

Ahora lo tengo todo mucho más claro.

Es un sistema criptográfico clásico que, a pesar de su antigüedad,

es casi indescifrable...

¿Qué utilidad puede tener poner esto en un manual?

¿De qué le va a servir a un delegado de los Lumière...?

Necesito que me haga un favor, salga fuera

y, si viene Monsieur Guédéon, entreténgale.

Necesito tiempo.

(Golpe)

¿Quién carajo será ese gabacho?

Un mensaje oculto en una película pasaría inadvertido

a ojos de cualquiera...

Esas vistas de Linares, claro.

Cuando proyectó esas imágenes del pueblo,

hubo una cosa que me llamó la atención.

Había unas letras que estaban como raspadas...

Pensaba que se trataba de algún defecto.

Pero, no, era un mensaje cifrado.

Fíjese:

P A C...

Pacax... ¿Esto qué es, francés?

No, es el mensaje encriptado que pretendía enviar.

Usando una palabra clave y el tablero de Vigènere

podría descifrarlo... Pero, ¿cuál es esa palabra clave?

Pues espero que usted sepa lo que está haciendo,

porque, yo hace tiempo que me he perdío...

¿Qué podría ser?

... Linares.

España.

Robo. Oro.

Bancarrota.

¿Eso es... eso es lo que ponía en la película?

O sea que tenemos refugiao a un espía.

Lo que me faltaba.

Y sabe lo del robo del oro.

Si este mensaje llega al gobierno de los Estados Unidos,

no nos podremos defender.

Ganarán la batalla antes de librarla.

¿Y... y cómo carajo se han podido enterar?

Alguien le ha dado el soplo...

Y somos muy pocos los que sabemos esa información, sargento.

Hijo de puta...

¿Qué ocurre?

No pensé que...

Ros, tenemos que detenerlo, ahora...

Vamos a tomarlo con prudencia, ¿de acuerdo?.

Tenemos que seguir manteniendo esto en secreto.

Esperaremos a que los vecinos levanten el cerco...

¿Y eso cuándo será?

Muy pronto.

Ya sé quién mató al Licenciado.

¿Qué?

¿Ya han encontrao a alguien

pa encasquetarle la muerte de mi hermano?

Luis, soy consciente de que esto no va a ser fácil.

¿Cuál era el estado de salud de tu hermano?

Últimamente estaba como siempre cansao, no dormía bien

y tenía una tos fea...

pero él decía que se encontraba bien...

Mentía.

Encontré esto en su habitación.

Tosía sangre, Luis:

tuberculosis.

Así que no le quedaba mucho tiempo.

Y él lo sabía.

Eso no hace menos culpable al asesino.

No, pero nos ayuda a entender sus motivos...

Tu hermano se suicidó.

¡Eso no es verdá...!

Emiliana me dijo que el Alcalde nunca se había quitado el sombrero.

Ahora sabemos que es una persona educada...

Caballeros,

necesito hablar con el Capitán Barrera.

Y también sabemos que Emiliana habló con el Licenciado.

El Licenciao me dijo que se iba a juntar con alguien pa arreglar tó

lo que estaba pasando.

Me salí donde el mostrador, que oí que alguien entraba a la venta...

Justo en ese momento tu hermano

aprovechó para ponerse unas ropas iguales

que las del alcalde.

Dio un portazo para que Emiliana volviera

y, en ese momento, entró en la habitación....

¡Pero usted quién se ha creído que es!

¡Ustedes tienen la obligación de pagar impuestos,

como todo el mundo!

¡España está en una guerra

y tienen que arrimar el hombro, como todo el mundo!

¿entiende? Señor Furcada, tranquilícese.

Nosotros no podemos más.

Con esas ropas y de espaldas, Emiliana pensó que era el Alcalde,

así que ya tenía un testigo.

Y ahora solo tenía que seguir con la representación.

Simuló una discusión con el Alcalde.

Pero, ¿cómo podía fingir que había dos personas en esa habitación?

Nosotros no podemos más, ¿entiende?, por favor,

le pido que se tranquilice, ¿eh?

¡No, no me puedo tranquilizar!

¡Usted cree la humillación que me ha hecho pasar en la calle!

-Porque no tuvo que fingir na.

Cuando estuve en la pensión me di cuenta de par de detalles.

Tu hermano había cambiado el espejo de sitio

y había movido la cama.

Pero, ¿por qué haría algo así?

Emiliana me dio la respuesta.

Ella vio cómo el Alcalde cogía el arma con la mano derecha.

Pero, en realidad,

lo que estaba viendo era un reflejo.

Señor Furcada, le estoy pidiendo, por favor,

que se tranquilice.

Usted no sabe con quién está hablando.

Usted va a pagar por lo que ha hecho.

(Disparo)

El Licenciado engañó a Emiliana con el espejo.

Por eso ella vio que el alcalde

empuñaba el arma con la mano derecha,

pero en realidad lo estaba haciendo con la izquierda.

(Estruendo)

Tu hermano era zurdo, ¿verdad?

En su habitación encontré unos papeles manuscritos

con manchas de tinta,

propias de una persona que escribe con la mano izquierda...

Está intentando confundirme con tanta palabrería...

Luis, tu hermano estaba en las últimas.

Quería que la gente se revelara contra el Alcalde

y se sacrificó.

Por eso culpó a Forcada de su muerte y, por eso,

esta revuelta...

Hay que admirar el valor de su hermano.

Aunque se quitara la vida por la causa equivocada...

Sabe que le he contado la verdad.

Tienes que salir fuera y hablar con los vecinos.

A mí no me creerán...

La muerte de mi hermano no ha sido por nada...

Luis, por favor. Está amaneciendo.

Y esto tiene que acabar ya.

Acabará cuando el alcalde tenga lo que se merece...

-¿Está usted loco?

Si les dice que el Licenciado se ha suicidado,

se le van a echar encima...

¡Tengo que salir!

¡A ver! ¡Tenemos cosas más importantes

que resolver aquí!

Ocúpese usted del francés...

¡Necesitamos más hombres, jefe!

¡El ejército está a punto de llegar!

¡Os van a matar por nada!

¡El Licenciado se ha suicidado, el Alcalde no tiene nada que ver!

¡Marcharos, marcharos!

¡Cerrad la puerta!

¡Esa puerta!

-¡Le juro que dentro de nada, no quedará ni un alma en esa calle!

-¡Ros!

¡Han matado al alcalde!

Vamos.

Maldita sea...

Virgen de Linarejo...

Cuando vi que se abrían las puertas,

le dije al alcalde que se refugiara aquí...

-Luis Salazar ha intentado fugarse;

uno de mis hombres encontró la celda abierta...

Fue localizado de inmediato;

lo descubrimos intentando huir por las caballerizas,

se le dio el alto, pero prefirió no entregarse...

Lástima que no podamos llevarlo al garrote.

Capitán.

Se ve que el suicidio es una enfermedad contagiosa

en esta familia...

¿Y cómo pudo hacerlo? Estaba desarmado...

Y decidido a matar al alcalde.

Le han dado igual sus explicaciones.

Sólo quería llevar el motín hasta el final...

Pero si creía que con su muerte todo se acababa,

es que era más tonto de lo que pensaba.

-Cuando lleguen sus soldados,

cargará contra la gente...

-Venga Candela, anda para la estación,

que al final vas a perder el tren.

-No es el último tren que va a salir pa Francia...

Me puedo ir en...

Cuando hayas encontrao a la Elena...

-Candela, por favor, el pueblo está desierto...

nadie que tenga dos dedos de frente va a pisar el pueblo

si no es para irse... ¿Quién es ése?

-El Lazarino... se lo echaron pal monte...

Tiene la lepra...

¡Lazarino!

-¿Qué haces?

-Párate ahí un momento, que no te voy a hacer na...

-¿Pero a dónde vas?

-Dame una moneda y cállate...

-¡Queremos justicia!

-Ahí fuera hay mujeres y niños. Tienes que hacer algo.

Diles que el alcalde ya ha muerto...

-Antes tenemos que resolver algo.

-¿Qué ocurre Marcos? ¿Estás bien?

-Lo sé todo.

-Ese tal Guédéon es un espía, y tú también lo eres.

Por eso te metiste conmigo en la cama,

para sonsacarme lo del oro.

-Marcos...

-No hace falta que hables. Ya lo harás en el juicio.

Y te juro que de esta no te van a librar tus encantos.

-Déjame explicártelo... Déjame solo esa oportunidad,

por favor, luego ya haces lo que quieras...

¿vale?.

Jefe, saldremos de aquí y encontraremos a Juana.

El mediodía está al caer.

Lo único que vamos a encontrar es un cadáver que enterrar...

Si Luis hubiese hablado con la gente...

No, no, no, llegaremos a tiempo.

Pero el loco ese de Morán

está deseando cargar contra la gente...

y sé que usted no está dispuesto a salir de aquí

pasando por encima de los cuerpos de los vecinos...

La celda de Luis no estaba forzada.

Blázquez, vaya a mi mesa, rápido, en el cajón hay unas pinzas,

tengo que extraerle la bala... Y avise a Barrera.

Tiene que saber quién mató a Forcada.

Vamos.

Bien...

¿De verdad vas a encerrarme?

-Habré sido un idiota por estar contigo,

pero no lo voy a ser para dejarte escapar...

-Te utilicé para sacarte información...

Es lo que tenía que hacer...

Pero nadie me ordenó que me enamorara de ti.

-A otro con ese cuento, gabacha.

Aquí está.

¿Ve esta muesca? Esto significa que el arma que la ha disparado tiene

un defecto en el cañón que provoca que las balas salgan marcadas...

Aun así, su dueño presume, siempre que puede,

de revólver.

Una vez me quedé sin balas

y tuve que golpear a varios hombres a fuerza de cañón.

Desde entonces mi amiga se encasquilla un poco,

pero sigue siendo tan letal como el primer día...

-¿Me está usted diciendo que el general Morán

ha matado al Alcalde?

Exacto, él se encargó de Forcada y seguramente,

alguno de sus hombres, mató a Luis

fingiendo un suicidio. Necesitaban un culpable...

Morán sabía que si hablábamos con la gente

y les contábamos qué le había pasado al Licenciado,

seguramente les podríamos convencer para que se fueran a sus casas...

Necesitaba una excusa para cargar contra ellos.

Y la ha fabricado.

¡Atención, carguen armas!

-¡Víctor! ¡Víctor!

¡Juan! ¡Juan!

¡Vete de aquí! ¡Vete de aquí!

¡Salir de la calle! ¡Vamos!

¡Sé dónde puede estar Elena!

-¡Llevadlo dentro!

¡Juan, por favor, van a cargar! ¡vete de aquí!

¡Preparados!

¡Marcharos!

¡Marcharos!

¡salid de la calle!

¡Apunten!

¡Marcharos, vamos! ¡Iros a casa!

¡Fuego!

¡Juan!

¡Juan!

Víctor, la han matado... la han matado...

Tiene pulso...

Blázquez, hay que llevarla a un lugar seguro, ¡vamos!

Yo me encargo.

¡Vamos! Cuidado con la cabeza.

No se preocupe.

Juan, Juan,

¡ey! ¡Juan!

Escúchame, ahora tienes que ayudarme.

Mírame,

¿dónde está Juana?

Nos encontramos a un hombre que se llamaba el Lazarino

y nos dio este pañuelo...

Vamos.

Este Tribunal de la Mano Negra,

te condenó a muerte por traición.

Nada ni nadie

podrá impedir que la condena se lleve a cabo.

Elena Guzmán, vas a morir:

a fuego...

-Antes mártir que confesor...

O nos deja escapar o es usted hombre muerto, sargento.

Vamos, lo importante es Candela. Vamos, ayúdame, vamos, vamos.

Víctor, si la encuentran, no voy a permitir

que se la lleven...

Si te enfrentas a ellos, no van a dudar en disparar.

Aconitina.

A diferencia del cianuro, aún no se ha detectado.

Le matará en unos minutos, y nadie sabrá lo que le ocurrió.

-No es necesario...

-Somos espías, mon cherie. Nos preparamos para lo peor.

-Es usted un hombre brillante, señor Ros.

Créame, no voy a sentir ningún placer teniendo que matarle.

Preferiría que estuviese a mi lado.

Sería usted,

un soldado perfecto para esta guerra.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T2. Capítulo 7

Víctor Ros - T2. Capítulo 7

15 dic 2016

El impuesto de consumos ahoga a los habitantes de Linares, que no tardan en levantarse en armas contra el alcalde. Liderados por el anarquista Salazar, mantienen a las autoridades atrincheradas en el cuartel bajo la protección de la Guardia Civil. El asesinato del anarquista, que apunta como principal sospechoso al alcalde, hace la situación insostenible y provoca la intervención del Capitán Oliver, que pretende aplastar a los insurgentes contra la opinión de Víctor Ros. Éste tendrá que afinar su intuición y recurso para poder demostrar que no todo es lo que parece. Pero el tiempo corre en su contra.

Mientras él está atrapado por la situación, Juana sigue desaparecida y solo el arrojo de Juan, acompañado por Candela, le podrá dar una oportunidad de vivir. Sin embargo, la suerte puede que no esté de su lado y la Mano Negra termine ganando la batalla

ver más sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 7" ver menos sobre "Víctor Ros - T2. Capítulo 7"
Clips

Los últimos 243 programas de Víctor Ros

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios