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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Todos tenemos un plan (coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

(Godoy BSO "Todos tenemos un plan")

Ahí dejamos el cuerpo sin vida de Agustín.

Ese hombre que decidió cambiar de vida

usurpando la de otro, la de su propio hermano,

sin imaginar siquiera

que, finalmente, compartiría su trágico destino.

Ese enigmático hombre está a mi lado en carne y hueso

a quien volvemos a saludar.

Es Viggo Mortensen.

Viggo, buenas noches. Buenas noches.

Te doy las buenas noches con menos oxígeno que al principio

porque se me ha ido terminando y realmente...

Es triste.

Bueno, quizás, deberíamos hablar

de muchas cosas que plantea la película

porque habla a partir de ese personaje

que interpretas a dos voces y a dos almas,

habla del destino y de la fatalidad,

(Continúa la música)

habla de lo sugerente de la suplantación de la identidad.

Yo empezaría preguntándote qué opinas

sobre conceptos tan amplios como estos.

¿Qué opinas?

¿Está el destino escrito y del pasado no se puede escapar?

Yo creo que no está escrito,

pero, por otro lado, como decía creo que Schopenhauer,

si uno llega a los ochentaipico

y mira su vida,

parece que hay cierto orden.

Por muy caótico que haya sido o ha parecido ser

durante tu vida todo

parece que hay un orden.

Es como leer una novela.

Después, ¿no?

(Continúa la música)

Pero durante el proceso no creo que haya orden.

Creo que buscamos un orden después.

Queremos ordenar las cosas.

Tiene que haber sido por algo que pasó todo esto, no sé.

No sé si hay...

Lo que sí es cierto

es que me encanta cómo arranca la película.

Me encanta que se establece algo entre el personaje mío,

bueno, uno de ellos, Agustín,

y el personaje de Soledad Villamil.

Que algo hay que no funciona.

Él ya está buscando escapar psicológicamente

de alguna manera, ¿no?

Él ya siente que es parte de la estructura que me gusta.

Él ya está haciendo un papel

y nos puede pasar a todos.

Yo creo que pasa a todo el mundo.

Él ya está actuando.

No es lo que quiere estar haciendo,

no es donde quiere estar viviendo

y la oportunidad se presenta de volver a su infancia.

A un lugar que conoce de su infancia.

Y suplantando a su hermano es como volver a la naturaleza,

volver a los orígenes...

Son pocas las personas cuando se hacen mayores

que siguen interesadas en la gente joven,

en las nuevas tecnologías, en la vida, en el presente...

Lo normal para mucha gente, me parece,

cuando envejecen, si llegan a cierta edad,

es mirar para atrás y pensar:

"Bueno, todo era más sencillo. Todo era más hermoso.

La gente era más honesta, la vida era más simple,

la ciudad era más fácil de transitar,

la política, el mundo...".

Pero no es cierto.

Cada época tiene sus desafíos

y sus cosas buenas también.

En la vida, hasta cierto punto, nos pasan cosas,

pero la vida la hace uno.

Y, en este caso,

Agustín está intentando retomar cierto control sobre su vida

y no quiere hacer ese papel más.

Quiere hacer otro papel.

Realmente, hay que ser valiente en esa tesitura.

En un momento tan especial como es adoptar a un niño,

en ese compromiso profundo con la pareja y con la vida decir:

"No quiero estar aquí. No quiero hacerlo".

Pero, después, ¿qué daño haces a la otra persona

o a otras personas

en elegir lo que tú quieres?

¿Hasta qué punto te va a llevar tu egoísmo?

Hay consecuencias.

Con unos cambios así radicales de vida

pues dejas en el camino a personas, a relaciones...

En este caso,

el personaje de Soledad Villamil no entiende nada.

Hay una escena que me encanta en la cárcel

cuando ella va a visitarlo

y hay unos cambios ahí cuando ella se da cuenta.

-Yo no soy Agustín.

-Soy Pedro.

-Cállate.

Cállate, por Dios. ¿Qué estás haciendo?

Pero la película no es maniquea,

porque no es Agustín el bueno y Pedro el malo,

porque, Agustín, en un momento dado, llega a matar.

En dos momentos dados es capaz de matar.

Sí.

La escena fue un desafío técnico. Bueno, bueno.

Esa parte la rodamos en España.

Rodamos todo, excepto las últimas dos semanas,

en Argentina, en invierno y de noche muchas veces.

Y -5 grados.

Un frío bárbaro y húmedo en El Tigre.

Y después fuimos a Alicante, a la Ciudad de la Luz, para rodar.

Bueno, hacía mínimo 40 grados todos los días.

Por Dios.

Y rodamos la escena donde el hermano está en la bañera

y lo viene a visitar.

La escena en la cocina ya es muy interesante.

Es muy compleja.

Por favor, que sea lo que me contaras.

Y, después, la de la bañera, ¿no?

A nivel interpretativo y a nivel técnico

para que el espectador pueda comprender cómo se hace eso.

Bueno, lo hicieron muy bien. Y no es que tuviéramos...

Yo era también uno de los productores

junto a Mariela Besuievsky y...

Gerardo Herrero.

Gerardo Herrero y Vanessa Ragone en Argentina.

Y este...

No teníamos mucho dinero para hacer esto.

¿Cómo se hace?

Si fuera una película grande en Estados Unidos o Inglaterra,

pues solucionado

con efectos especiales y con mucho dinero.

Pero aquí lo hicimos de varias maneras.

En algunas había una parte que se veía parte del cuerpo

y había un doble

y yo le mostraba lo que iba a hacer cuando hacía eso.

"Que se ponga en esta posición" y, entonces, había un plano mío.

Yo trabajaba con este doble,

pero otras veces yo rodaba una parte

y después se sobrepone a la antigua la imagen.

Yo hacía al otro hermano y me decía:

"Ahí no. Le metiste la mano en el ojo".

No sé.

No, no. Si lo quieres abrazar...

Era interesante el desafío.

Pudimos hacer eso en la cocina muy bien,

cuando entra en la casa.

Y, después, claro, lo mismo

cuando un hermano mata al otro en la bañera.

Eso fue brutal.

Técnicamente interesante, pero también a nivel interpretativo,

porque en lo sexual, el acento...

Los dos hablan, obviamente, con acento como el mío o parecido,

pero uno tiene un vocabulario diferente

y un acento levemente diferente.

De más de clase obrera uno

y el otro más de Buenos Aires como un tipo así culto.

-¿Hace mucho que están juntos?

-Ocho años.

Tres viajes.

-Siempre me gusta más trabajar con un actor de verdad.

Contigo mismo, ¿no? Sí, sí.

Pero era el desafío,

y por suerte esperamos hasta el final del rodaje

para hacer esas escenas,

porque entonces ya había hecho de los dos

y los conocía a los dos personajes.

Eso me ayudó.

¿Cómo construyes las señas de identidad de cada uno?

Bueno, me hago la misma pregunta antes de empezar un proyecto.

Cuando acepto un papel,

siempre me pregunto qué pasó antes de la página número 1.

O sea, desde el nacimiento del personaje.

Si es alguien que existió, puedo estudiar o buscar cosas.

Si no, me tengo que inventar qué fue de su vida.

Dónde nació, cómo fue eso, cómo fue su familia, el colegio...

Todo, todo.

Te puedes pasar la vida entera

contestando a qué pasó antes de la página número 1.

En este caso, lo hacía para dos personajes.

¿Qué pasa antes del reencuentro entre ellos?

Tuve como un libro o documento, digamos,

con todas las notas que había tomado

y con todo lo que había imaginado hablando con Ana Piterbarg.

Me parece que podría haberse criado aquí,

fue ahí y después hizo esto, tuvo estos trabajos, no sé qué,

y este otro esta vida.

Y lo hablamos mucho.

A ella le gusta eso también por suerte.

Entonces, armamos el cuento de cada uno juntos

y a ver qué pasa, ¿no?

Después tenías que dejar eso que has estudiado a un lado

y prestar atención a los otros actores

y, sobre todo, a la directora, ¿no?

A mí me gustan las historias en general,

pero, sobre todo, las historias en el cine

que no te cuentan todo.

Claro.

Que si están bien hechas las películas

y bien construidos los argumentos de las historias

consiguen que el espectador se sienta involucrado

y cómplice

y que ayude a contar la historia mientras ve la película.

Por eso me gusta tanto trabajar con Cronenberg, por ejemplo.

Porque él respeta la inteligencia del espectador

y te da cierta información,

pero no subraya, no cuenta todo...

No responde a todas las preguntas que puedas tener viendo la película.

Esto lo hace Ana Piterbarg con "Todos tenemos un plan" también.

Vas viendo,

vas pensando cosas como acabas de decir.

Por qué uno es así y otro es así, por qué eligen esto...

Vaya uno a saber.

Tendremos nuestras explicaciones.

Ahí vamos contando nosotros, vamos viendo,

vamos imaginando qué ha sido de la vida anterior,

por ejemplo, del personaje de Soledad Villamil

y de mi personaje de Agustín,

por qué han llegado a este...

Desencuentro.

Este desencuentro.

Por qué no está satisfecho Agustín.

No se explica todo, pero te lo vas imaginando.

Hay ciertas pistas por ahí cuando vas viendo la película.

Te imaginas lo que puede haber sido la relación,

cómo ha llegado aquí,

te imaginas qué ha sido de la infancia

por lo poco que te cuenta el personaje de Daniel Fanego.

-Agustín era un chico muy mimado.

Con esos airecitos de superior

daban ganas de escupirle.

De maltratarlo.

Siempre fue un cagón.

-Te imaginas muchas cosas.

Te imaginas al final lo que va a hacer.

La chica se va en esa lancha río arriba

con el cadáver de su amado Agustín/Pedro.

Es terrible.

Bueno, hay una anécdota.

Es graciosa.

Cuando se va, es una imagen muy bonita,

en el río hay corrientes muy fuertes, ¿no?

Tengo que decir que Sofía es encantadora

y lo hace muy bien,

pero manejar una lancha no es lo suyo, digamos,

y yo tenía que ir muerto ahí.

Estaba ahí y era el plano final donde desaparecemos

y ella no tenía ni idea.

Le dije:

"A la izquierda para ir a la derecha y derecha para ir a la izquierda".

Y había rocas y había de todo y no teníamos mucho tiempo.

Teníamos...

No sé el tiempo que teníamos,

se iba la luz, no sé qué,

y yo ahí muerto le decía sin mover la boca:

"A la derecha. A la izquierda".

Y a veces íbamos hacia las rocas

y un par de veces me tuve que levantar,

enderezar y tirarme otra vez al suelo.

Era muy gracioso. Tuviste que revivir.

Y teníamos una radio, un "walkie", y nos gritaban:

"Acuéstate vivo. Ponte en el suelo.

Ya está, ya está. Estamos rodando".

Vuelves a estar muerto.

Y ella ahí así.

Pero, después, en la película, parece que es una "crack" de...

De la conducción acuática.

Veterana. Sí, sí.

Estaba pensando en que, de alguna manera,

al volver a Argentina a rodar

tú también te reencuentras con parte de tu infancia, ¿no?

Es verdad.

Y, bueno, quisiera saber cómo te sientes

cuando te ocurre eso.

¿Qué se te mueve por dentro?

Me gustó mucho.

Yo me fui a los 11 años

y como tenía 11 años y muchos recuerdos,

tengo dos hermanos y ellos tenían ocho y seis,

a mí no se me fue el idioma.

Qué gracia.

El vocabulario sí

porque pasé como 20 años en una parte de Estados Unidos

donde no había gente que hablara español.

Entonces, cuando volví, creo que 25 años después,

a los 36 años, a Argentina,

ya había empezado a ser actor

y ahorré el dinero para el viaje y me fui.

Me alquilé un auto

y me fui por Argentina a sitios que conocía

y me pasé una semana y pico caminando por Buenos Aires

tratando de encontrar los sitios de memoria.

Barrios donde había jugado,

parques donde había jugado al fútbol,

donde había ido al colegio,

edificios donde habíamos vivido o que ahora no había ese edificio.

Me contaron que lo derrumbaron hace 20 años.

"Ah, bueno".

Esas cosas.

Y lo gracioso es que hablando con gente me decía:

"Pero ¿de dónde sos? Hablas raro".

Lo de que hablaba raro era que usaba el argot de 1970.

"Pero hablas como mi abuelo".

Te habías parado en el tiempo.

"¿Qué te pasa?".

"Esa palabra no la he escuchado ni en 15 años".

Es fue interesante.

Entonces, empecé a volver seguidamente.

Qué bonito eso. Es muy bonito.

Y luego volvía también cuando empecé a trabajar más.

Empezando con "El señor de los anillos" y eso.

Cuando hacía promoción.

Pasé 15 años haciendo películas

y nunca me preguntaron si quería ir a un estreno

o a hacer promoción.

Hacía mi trabajo y ya.

Con "El señor de los anillos"

empezaron a decir "vas allá a presentar la película".

"¿Y hablas español? Te mandamos a Argentina".

Y yo digo: "Genial".

Y, entonces, volvía para eso y poco a poco...

Pero son visitas de una semana o unos días.

Con "Todos tenemos un plan", con ese rodaje,

en la preproducción, como productor y como actor,

estuve un tiempo estudiando, mirando localizaciones

y haciendo el trabajo preparativo para rodar

y, después, durante el rodaje, meses, ¿no?

Eso fue diferente.

Era volver de verdad a recordar muchísimas cosas

y pensar en cómo...

Yo había vivido en la ciudad, pero también en el campo

donde aprendí a montar a caballo, a pescar y a hacer muchas cosas.

Entonces, tenía un poco el lado de Pedro

y un poco el lado de Agustín de memoria

y eso me ayudó a construir los personajes.

Pero me encantó porque fue una parte...

Bueno, casi toda la primera década de mi vida

la pasé en ese país, ¿no?

Entonces, no se puede volver,

pero hay un aire, hay olores...

La tonada...

La infancia. La infancia.

Los sonidos, las plantas, los árboles, el clima, la comida...

Obviamente, la música y todo eso.

Entonces, volví hasta cierto punto como pude

y empecé a entender qué había pasado desde entonces,

muchísimo, como en cualquier país,

y cuál era mi relación ahora con Argentina y con muchas cosas.

Eso fue...

Tengo que decir

que en nuestro oficio tenemos mucha suerte

de poder hacer estos viajes mentales y físicos,

si queremos

y nos abrimos al punto de vista del otro

a los lugares donde nos encontramos para contar estas historias.

Es un regalo poder hacer esto.

Yo podría haber ido y decir:

"Me voy a quedar dos meses en Argentina".

Pero hay algo muy intenso

cuando estás preparando una historia o un personaje.

En este caso, dos personajes.

Como que te enfocas de otra manera.

Es como si vas caminando por la calle o por el bosque

con una cámara.

Ya estás pensando y mirando el paisaje de otra manera.

Recordando e imaginando la composición, encuadres...

Y si no vas con la cámara, a lo mejor vas y te dicen:

"¿Qué tipo de árbol? ¿Qué fue de ese bosque?

¿Qué árboles había?".

"No lo sé, la verdad".

Si fuiste con la cámara, ya te diste cuenta y podría decir...

Aunque no sacaras ninguna foto, puedes decir "sí, abedules".

Estás alerta.

Estás alerta. Sí, sí.

Y vas así.

Fue muy intenso rodar ahí y me gustó mucho.

Viggo, tú hablas varios idiomas.

¿En qué idioma piensas?

Ahora en castellano contigo,

pero si estoy en Estados Unidos o Inglaterra,

tengo que pensar...

Si me están dando el cambio en un almacén o un quiosco,

estoy pensando en inglés y soñando incluso en inglés.

Si estoy en Dinamarca porque tengo familia

y he vivido ahí unos años también en mi vida,

pues pienso en danés un poco.

Esos son los idiomas principales de mi vida, ¿no?

El inglés, el castellano y el danés también.

Después, si te interesan los idiomas o has aprendido de niño más que uno,

tienes más probabilidad, más facilidad...

A lo mejor, te interesa aprender otros, ¿no?

Pero no es lo mismo.

Yo no me voy a Italia y sueño en italiano.

Claro.

Pienso más bien en español en Italia

y traduzco mentalmente para intentar hablar en italiano.

Tú eres...

Decíamos al principio

que si hay algo que define tu carrera

es esa coherencia, esa libertad,

ese compromiso contigo mismo

por intentar elegir cosas que te apetecen,

pero no solo delante de la cámara o detrás,

sino también alrededor, ¿no?

Te gusta pintar, te gusta la fotografía...

Hay muchas cosas que te gustan.

Soy pesadísimo.

Pero eso es una maravilla

porque vas cogiendo todo lo que la vida te ofrece

y que te puede hacer feliz.

Yo me acuerdo perfectamente del momento

en que me empecé a dar cuenta,

como lo hace cualquier niño o cualquier niña,

de que existe la muerte.

Se muere un perro, se muere un caballo,

muere la abuela o la abuela de alguien,

o es un accidente,

si tiene mala suerte como niño y alguien muere.

Qué sé yo.

Y le preguntas a tu mamá o a tu papá o alguien:

"Pero ¿yo me voy a morir?

¿Nos morimos todos?

¿Yo me voy a morir como el caballo este?".

Y tu mamá te dice:

"Bueno, falta mucho tiempo".

Qué sé yo.

Te dicen lo que pueden. Lo que pueden.

Pero yo me acuerdo perfectamente

de que cuando me di cuenta de eso, no me asustó.

Me enojé un poco, la verdad, y pensé:

"Bueno, habrá que hacer cosas".

Y sigo.

Y a base de eso creo que...

Yo siempre tengo presente

que la vida es muy corta.

Relativamente corta.

También es muy larga.

Depende de cómo la llenes,

lo que aprendas sobre ti, sobre los demás,

sobre los paisajes y todo eso.

Y hay un dicho que me gusta mucho en latín

y que lo dijo creo que Sigmund Freud.

Otro personaje que he hecho.

Cuando vi esta frase, me encantó.

Es "si vis vitam, para mortem".

Si quieres aprovechar la vida, prepara tu muerte.

No tiene que ser negativo,

pero acepta que es así y aprovecha así tu vida.

Que no te pille de sorpresa

y te amargue la vida o te amargue tus último años.

"Qué molestia". "No me gusta estar enfermo".

"No me gusta ser viejo". "No quiero morir".

¿Qué pasa? ¿Por qué esto...?

¿Por qué te tiene que sorprender eso?

No es negativo.

O sea, es así. Es un misterio.

No sabemos hasta cuándo nos toca.

Y, bueno, aprovechar.

Yo creo que viene de eso que me interesa hacer cosas.

No soy tan arrogante

como para pensar

que va a gustar a todo el mundo todo lo que hago.

Yo lo hago porque me gusta a mí y si le gusta a otro, pues bien.

¿Y qué te hace más feliz de todo lo que haces?

No hay nada específico.

Me gusta explorar

como de niño me gustaba explorar y caminar.

La verdad es que me escapaba mucho de niño.

Yo me escapé de la cuna dos veces.

Mis padres una mañana se despertaron y la cuna estaba vacía.

Vivíamos en el campo.

No estaba y fue como una cosa de Lassie.

El perro me encontró debajo del árbol con el pañal sucio

unas horas después.

Habían llamado a la policía y todo. Qué susto.

Y, después, unos meses después, otra vez.

Un domingo por la mañana fuera a la cuna.

Un ser libre. Sí, sí.

Ahí pasaron más horas.

Resulta que crucé gateando un camino, una carretera,

y a 400 metros entré en una casa.

Estaba en la cocina

y la gente había estado de fiesta la noche anterior

y yo con los cacharros de la cocina estaba haciendo música

y se despertaron.

Entonces, llamaron a mis padres que estaban desesperados.

Habían llamado a la policía y les dijeron:

"¿Les falta algo en casa?".

¿Le echan de menos?

O sea, yo sigo escapándome.

Pero no.

En general, tengo la suerte

y he podido seguir escapándome y explorando.

El libro que presento ahora en primavera

se llama "Lo que no se puede escribir".

Es el nombre de uno de los poemas.

Es un libro en español.

Y me gusta explorar esto de que...

Lo que hago es que escribo sobre lo que no se puede escribir

o lo que no se debe escribir porque no.

Y me gusta...

Siempre que me dicen algo

o que leo un guion por muy bueno que sea

el personaje parece que es así.

¿Y cuando no es así cómo es?

Me pregunto eso también, ¿no?

Eso es parte de qué pasó antes de la página número 1.

¿Qué más hay?

¿Qué más?

Es lo que siempre me interesa.

Por eso, sea dibujando, escribiendo o editando libros,

siempre es como que está muy bien, pero ¿es todo?

¿Qué más hay?

¿Por qué esta frase está escrita así?

¿Podría ser de otra manera o hay otra frase que la sigue?

¿Hay otra palabra que es mejor?

No sé, es esta cosa de siempre estar trabajando,

arreglando, buscando otras versiones y otras opciones.

Estaba pensando en "Green book", la película de Peter Farrelly,

por la que estás nominado al Óscar al mejor actor

y que te ha dado tantísimas satisfacciones.

Dígame que no huele bien.

-No he comido pollo frito en toda mi vida.

-Su gente adora el pollo frito.

-Tienes un concepto muy limitado sobre mí.

-Sí, ¿verdad? Soy listo.

¿Tú ahora paras?

¿Miras hacia atrás entre los sueños que tenías de niño

y lo que tienes ahora y la vida que llevas?

¿Tú, a veces, paras?

¿Y qué sientes con lo que has conseguido?

Siento agradecimiento de estar vivo todavía,

de poder seguir mentalmente y físicamente viajando.

Cuando veo películas,

incluso "Todos tenemos un plan" o películas de hace 20 años o más,

es como mirar un álbum de fotos.

Cuando ves una foto, ahí tienes diez años o siete años,

pero ves muchísimo más que esa foto.

Te acuerdas de dónde estabas, cómo te sentías,

cómo era tu relación con todos, con el mundo...

Qué guapa era tu mamá.

No está en la foto, pero, bueno, lo que sea.

Y yo veo las películas, veo "Todos tenemos un plan",

y me acuerdo de cosas que pasaron alrededor del rodaje,

que estaban pasando en mi vida personal

en aquel momento. Claro, claro.

Y yo creo que en parte es eso.

Por eso, la gente se hace "selfies", por eso la gente...

Hasta cierto punto, ¿no?

Por eso, yo no hago "selfies" en general.

Si alguien me lo pide, sí, pero no es algo...

Yo no tengo un teléfono de esos.

Pero sí escribo, sí pinto, sí hago fotos...

He intentado tener un diario, pero no se me da.

He intentado, pero me aburro inmediatamente.

Bueno, comí esto y fuimos a Segovia y no sé qué.

Bueno, entonces, las fotos que tengo,

que he hecho yo o que me han hecho a mí,

las películas en las que he estado,

me ayudan a recodar lo que pasó y lo que he aprendido.

Y, a veces, mirando ese álbum virtual o real

recuerdo una lección muy valiosa que a lo mejor he olvidado.

"Ah, eso es verdad".

"Tengo que recodar eso porque ese día me di cuenta

o alguien me corrigió y me enseñó algo

y valdría la pena".

"Me va a servir para lo que estoy haciendo".

O sea, aprender de la historia, de tu historia,

es lo que creo que se hace

si uno sigue el consejo de Freud.

Pues, Viggo, formas parte también

de la historia de "Versión española".

Me honra. Me encanta.

A nosotros también.

Es un placer enorme.

Ha sido un placer charlar contigo.

Me había olvidado de que estábamos con cámaras.

Qué bien.

Así que gracias de verdad por tu tiempo

y por haber encontrado un hueco como siempre que te pedimos

para estar aquí con nosotros.

Enhorabuena por todo lo bueno que te pasa.

Te seguiremos muy de cerca

y muy atentos a que te sigan pasando cosas buenas

y que nos sigas haciendo felices con tu trabajo.

Igualmente para vos y para todo el equipo.

Muchas gracias. Muchas gracias.

De verdad, de corazón.

Y a vosotros muchas gracias también por acompañarnos un día más.

Ya sabéis que dentro de una semana nueva cita

con el mejor cine español reciente.

Hasta entonces, un beso muy fuerte.

Chao.

-¿Qué estás haciendo? -Escribir una carta.

-¿Puedo?

-"Querida Dolores, a veces me recuerdas a una cana".

Sabes que es horrible, ¿no?

Escribe esto.

La distancia que nos separa me parte el alma.

Enamorarme de ti...

-"Ha sido lo más fácil que he hecho nunca".

¿Besos para los niños?

-Sería como tocar un cencerro

al final de la séptima sinfonía de Shostakóvich.

-¿Así que está bien? -Perfecto, Tony.

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Versión española - Todos tenemos un plan (coloquio)

18 feb 2019

Cayetana Guillén Cuervo presenta la película de Versión española y un coloquio sobre la misma.

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