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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Nacidas para sufrir - ver ahora
Transcripción completa

(Llanto de bebé)

¿Podemos poner "Los Simpsons"?

No, que estamos de luto.

Purita, hija, siéntate tú también, que no has parado en todo el día.

No tengo hambre, luego como un poco. Los hombres igual quieren más sopa.

¿No vas a comer? No.

Es que a nosotras nos gustaría hablar a solas con nuestra tía.

Deja eso, ya nos servimos nosotras. No te preocupes.

Vale, me echaré un ratillo si no necesitan nada más.

Sí, descansa, que no has pegado ojo en toda la semana.

Qué mujer más buena y más trabajadora.

(Golpe)

Perdón, perdón, ya lo recojo.

No vi el florero.

Desde el martes que lleva sin acostarse

para no dejar ni un minuto sola a la tía Benita.

Para que no se pudiera arrancar la sonda.

Sí, y la brecha que lleva en la frente

se la hizo porque se durmió en la silla y se cayó de cabeza.

Si ya nos lo ha contado, tía.

Si es que yo no he visto una cosa igual en mi vida.

Sin ser familia suya ni nada. Si es que...

Es que Purita es una santa.

Qué falta nos harían mujeres así en la residencia.

Tendrían que venirse las dos, tía.

Usted a vivir conmigo y ella a trabajar.

Quita, quita. ¡Con lo a gusto que estoy yo en mi casa!

¿Y a usted le importaría

si le propongo a Purita que trabaje con nosotras?

¿Y por qué se tendría que ir de aquí?

De eso queríamos hablar.

Ahora que la pobre tía Benita ha muerto,

nos preguntábamos qué pasaría con Purita.

¿Es que tiene que pasar algo con ella?

Hemos pensado que igual no hace falta que esté contratada las 24 horas.

Pues si es que ella vive aquí.

¿Es que la vais a echar a la calle?

Echarla no, tía.

Que siga aquí, así le hace compañía,

pero debería buscarse otro trabajo, que aquí ya no hay.

Bueno, no hay tanto que hacer.

Claro.

Luego ya me metéis a mí en una residencia.

Que no la metemos en una residencia. Es la residencia donde trabajo yo.

Estaría mejor que en un hotel.

Mira que lo he pensado veces, pero no me lo quería creer.

Con todo lo que he hecho yo por todas vosotras.

Si ya lo sabemos, tía.

Nos lo dice desde que murieron nuestros padres.

No había cumplido los 14 años y ya me machacaba

con que no la metiéramos en residencias.

Pues a lo mejor es que no machaqué lo suficiente.

Ni se me pasó por la cabeza meteros a vosotras tres en un orfanato.

Te podrías haber callado.

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

(SE ACLARA LA GARGANTA)

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Me he acostumbrado

tanto a vivir con ella

que si no llega a ser porque estaba conmigo, yo...

(LLORA)

(Campanas)

(GRITA)

¡Virgen santísima!

¿Pero es que no miráis por dónde vais?

Flora, que a estas horas no hay ni un coche, es la costumbre.

¿Se encuentran bien? ¿Les pasó algo? No sé,

tengo una cosa aquí en el corazón.

Quita, quita. Que no ha sido nada. No vaya a ser

que lleguemos tarde. ¿Dónde vas tan temprano?

A repartir los estofados y los escabeches

al Parador y los hoteles rurales,

que no saben lo bien que lo compran,

hija mía. Menos mal que empezamos con eso. Está siendo

nuestra salvación.

Porque si tuviéramos que salir adelante con mi pensión,

íbamos listas.

¿Y para eso sacáis el coche y venís como locas a las 7:30 de la mañana?

Es que antes vamos a la capital, a arreglar papeles.

Lo de mi tía. Nos ha citado el abogado.

¿Tenéis abogado y todo?

¿Es que hay algún problema con el testamento de tu tía?

¿Qué va a haber? Si no tenía nada la pobretica.

Pero, hija, los políticos, que para vivir

tienen que complicarnos la vida a los pobres, es que...

Nos vamos, que llegamos tarde.

Hay que ver lo mal que ha mentido siempre esta mujer.

Yo la he visto rara, sí.

Arreglar los papeles de su tía. Qué valor.

¿Sí? Teníamos una cita con el abogado.

Sí, pase.

Purita, hija, ¿te importa esperar fuera?

Es que quiero preguntarle un par de cosas un poco delicadas.

Aquí tienen un montón de revistas.

Mira, vas a estar muy entretenida.

Claro, claro. Yo espero muy a gusto.

Pues yo venía mayormente por el tema de desheredar a mis sobrinas.

¿Ha hecho usted testamento? No, no, qué va.

Bueno, pues debe hacer testamento.

Sus sobrinas son sus herederas legítimas,

pero no las forzosas

en el caso en el que usted falleciera sin haber hecho testamento.

No hay problema, si yo quiero hacer testamento

porque yo se lo quiero dejar todo a otra persona,

pero quiero informarme antes.

Muy bien. ¿Qué quiere saber?

A ver si yo me sé explicar.

Yo se lo quiero dejar todo a esa persona que le digo,

pero con una serie de condiciones.

Como si estableciéramos

un compromiso. Dígame, ¿cuáles son esas condiciones?

Que viva conmigo, me cuide y se haga cargo de mí hasta que muera.

¿Y esta persona de la que me habla es un hombre soltero, divorciado?

Qué dice un hombre. Muy inocente tendría que ser yo.

No, no, no. Es una chica joven, Purita.

Que me ha ayudado muchísimo con la enfermedad de mi tía Benita.

Precisamente está ahí fuera sentada.

Porque yo a ella no le he querido decir nada todavía.

Pues nada, hace un testamento donde especifique todo esto

y ya está. Sus sobrinas no podrán reclamar nada.

¿Así de sencillo?

Yo pensaba que para desheredarlas tendría que argumentar y argumentar.

No, no. Eso es si fueran sus hijas. Para sus sobrinas no hace falta.

(ASIENTE)

¿Y de lo otro?

¿Lo otro?

Sí, lo de que Purita se comprometa a cuidarme hasta que me muera.

(RESOPLA)

Eso es más difícil, señora.

Ya, pero es que yo necesito tener algo firmado

por si pierdo la cabeza o caigo en coma y no rijo.

Usted quiere un compromiso por parte de ella, que la atenderá y cuidará

aunque usted no sea consciente.

Y que tampoco se case.

Es que eso es casi un contrato de esclavitud.

No creo que haya nadie

que acepte un compromiso semejante.

Eso es que usted no la conoce.

Si ella es muy buena y muy esclava.

Si a mí lo que me da miedo es que se meta alguien y me la líe.

O que yo caiga en coma y vengan mis sobrinas a darme la eutanasia.

Yo necesito tener un papel,

por si me pasa algo que yo esté en sus manos.

Y ella también en las mías, claro.

Yo había pensado en adoptarla, fíjese lo que le digo.

Qué macho más bueno.

Cómo se las monta a todas sin cansarse, el "jodío".

Eso es la alfalfa fresca,

que siempre les ha venido a los conejos de maravilla.

Me da no sé qué.

Purita, hija.

Tienes que perderle el miedo a la guadaña.

La guadaña no te va a hacer nada malo.

Si es que soy muy torpe si me saca de mis fregonas y mis estropajos.

Sabe que me accidento cuando me descuida.

Siego con las tijeras de podar.

Ni hablar, que se va la mañana para hacer un manojo

y no nos queda tiempo para nada.

Ya verás tú como le vas cogiendo el tranquillo

a la guadaña y ya no sabes

vivir sin ella.

Purita, hija, es que no estás en lo que estás.

Es que no dejo de pensar en lo del abogado.

¿Otra vez envuelta con eso?

¿Está usted de verdad segura? Pero,

¿segura, segura de que lo que vamos a hacer está bien?

Pues claro que sí, Purita.

Si lo dijo muy claramente el abogado,

que era la única manera que teníamos de arreglar los papeles.

Sin meter por medio a mis sobrinas ni a tu familia.

Si no me importa seguir como hasta ahora con usted.

Yo no necesito que usted me arregle los papeles ni nada.

Si ya lo sé, hija, si eres una santa.

Si lo hago por mí, por estar tranquila.

Imagínate, no lo quiera Dios,

que me quede inválida, postrada

en una cama o en coma vegetativo, que hay mucho caso en el pueblo.

Yo la seguiría cuidando igual.

Si sus sobrinas me dejan.

Ese es el problema. Que yo no sé si te iban a dejar

o no te iban a dejar.

Teniendo tú y yo los papeles firmados,

tú eres la que mandas y ellas no tienen nada que hacer.

¡Anda! Pero qué alegría más grande, qué sorpresa,

venir a verme sin que sea navidad

y sin que haya pasado nada.

Porque no ha pasado nada, ¿no? No me asustéis.

Eso tendrá que decírnoslo usted, si pasa algo o no pasa nada.

Pero, Mariana, hija, ¿qué va a pasar?

Mire, tía, no mareemos más la perdiz.

¿Qué es eso de que está arreglando los papeles para casarse?

Pues no sé por qué no voy hablar delante de ella.

Igual también tiene algo que decir aquí, ¿no?

(Golpe)

¿Ves? Ya la has puesto nerviosa.

Qué borrica eres a veces, Maricarmen.

Si es que yo os lo iba a haber contado todo,

pero, hija, ¿delante de ella?

¿Entonces es verdad que se quiere casar?

Hombre, dicho así, querer, querer, lo que se dice querer...

¿Ha pedido los papeles sin quererse casar?

Para casarse con Purita, además.

Pero, mujer, si lo hago para que tenga una seguridad.

¿Qué seguridad ni qué leches? A usted se le va la cabeza.

Coño, tía, le hacemos un contrato y a ti...

¡Aquí no digáis palabrotas, malhabladas!

Le hacemos un contrato fijo

y ya tiene seguridad, si ese es el problema.

¿Ahora le quieres hacer un contrato? No decías eso antes.

Usted tampoco dijo que la necesitara las 24 horas.

Vamos, digo yo.

Purita está en una edad muy mala

y hay mucho hombre pretendiéndola.

Y en el pueblo hay mucho soltero y mucho viudo también.

Y ella es muy buena.

¿Pero a usted qué más le da lo que ella haga?

Si se quiere casar, que se case. Muy bonito, ¿y yo qué?

¿A mí quién me va a cuidar cuando me falten las fuerzas?

Siempre poniéndose en lo peor. Hombre, ¿por qué será?

A lo mejor es porque no he tenido bastante mala suerte toda mi vida

para que me vea así a mi vejez. ¿Qué mala suerte ni qué mala suerte?

¿No? ¿Y quién se quedó aquí cuidando a los abuelos

mientras vuestra madre se fue a formar su familia a la capital?

¿Y quién apechugó luego con vosotras tres?

Nuestros padres tuvieron un accidente y se mataron.

Nuestra madre estuvo siete días agonizando

con unos dolores que no la dejaban ni vivir ni terminar de morirse.

Se murió sin cumplir los 40, pero usted es la de la mala suerte.

Pero yo os recogí a las tres

y desde entonces os he estado cuidando.

Sacrifiqué mi juventud.

¿Pero qué juventud ni qué juventud?

Si usted tenía 50 años cuando nos quedamos huérfanas.

Os he tratado como si fuerais mis hijas.

A las tres juntas, para que no os repartieran

por las casas de vuestras tías de Teruel.

Que no parabais de llorar porque no queríais que os separaran.

Pues habernos dado un guantazo y habernos mandado a Teruel,

así no habríamos ahorrado todos los que nos dio después.

Desagradecida.

¿De verdad que se casa para asegurar quien la cuide cuando sea mayor?

¿Y si no por qué se han casado los hombres con mujeres más jóvenes

toda la vida?

¿No se da cuenta de que es una locura?

Locura sería pensar que vosotras os vais a hacer cargo de mí

y no me vais a meter en la residencia de Marta

en cuanto me descuide. Ya salió lo de la residencia.

Sabemos que la quieres mucho, mujer.

Si no te imaginas lo agradecidas que estamos, pero casarte con ella...

Sí, si yo también se lo dije, pero lo que ella quiera.

Solo quiero que esté tranquila y no tenga preocupaciones.

Mira, Purita, deja de decir que todo lo haces por ella

y empieza a pensar por ti misma.

¿Te das cuenta de lo que es casarte con ella?

Yo estoy muy bien. Dice que soy muy buena, que me quiere mucho.

¿Pero cómo no te va a querer? Si te tiene trabajando todo el día.

¿Tú no te das cuenta? Antes que tú ya tuvimos a dos o tres mujeres

y no nos duraban ni un mes. Cuando apareciste tú,

nos dimos cuenta de que eras un tesoro,

pero, mujer, casarte con ella.

¿No hemos estado pagando a Purita para que cuidara de la tía Benita?

Y si llegado el caso, hubiera que hacerle lo mismo,

lo haríamos sin dudarlo.

¿Y si para entonces Purita se ha dejado liar por algún hombre?

¿Entonces qué hago yo? Pues ya encontraremos a otra Purita.

Que otra Purita no hay.

¿Pero qué le ha dado a usted con Purita?

Que no hay otra así de buena y de trabajadora.

Hala, a llorar otra vez. Todo se arregla llorando.

No, no se arregla, pero se queda una muy a gusto.

Anda, que si no llorara todo lo que lloro...

De verdad. ¡Purita!

Vaya par.

¿Qué le has dado?

Nada, un lexatín.

¿Y desde cuándo toma ansiolíticos?

Me lo mandó el médico para que no me ponga nerviosa.

Que estoy del corazón.

¿Los toma todos los días? Lo tomo

cada tres o cuatro meses.

Cuando alguna de vosotras se digna a venir a verme.

Pues eso tiene solución y bien fácil.

Con dejar de venir no la ponemos nerviosa. Mire qué sencillo.

Pues no vengáis.

Si es lo que queráis, lo estáis deseando, perderme de vista.

Si es que las que no valemos para ser malas...

Purita, ¿tú sabes dónde te metes?

Purita,

aprovecha que estás subida para fregar la parte de arriba

de los estantes.

Pero si lo de aquí

no sé va con el trapo.

Hay que rascar con cepillo y estropajo un rato.

¿Rasco?

Rasca, hija, como tú lo veas mejor.

No, deja, que ya te lo traigo yo.

(Llaman a la puerta)

¡Adelante, estamos en la cocina!

Hola, tía. Anda, Marta

y Don Dimas.

Qué sorpresa más grande.

Purita,

este es Don Dimas, que ya te he hablado tanto de él.

Es del pueblo, pero se fue a Zaragoza

hace ya muchos años.

Al obispado ni más ni menos.

Encantada. Buenos días.

Buenos días. Hola, Purita.

No,

tú quédate con lo que estás haciendo. Ya les atiendo yo.

Vámonos fuera, que se pueden manchar la ropa negra con la pintura.

Bueno,

¿y a qué se debe esta visita?

Flora, yo siempre te he tenido por muy buena cristiana.

En la vida hay gente que ha nacido para sufrir y a mí me ha tocado.

Qué exagerada es usted, tía.

Por eso me extraña doblemente lo que me ha dicho

Don Antonio. ¿Lo que le ha dicho quién?

Don Antonio, el nuevo párroco.

Sí.

¿Y qué le ha dicho? (GRITA)

No ha sido nada.

No ha sido nada.

No ha sido nada.

Pues que has iniciado los trámites para celebrar una boda

civil y con una mujer.

Supongo que con la que estaba subida a la escalera.

Sí, sí, sí. Es Purita, otra santa.

Ya. ¿Y?

Pues supongo

que no tendré que explicarte que eso va en contra

de la doctrina de la Iglesia católica.

Pues no, claro, eso yo ya lo sé.

Pero además yo ya le dije a Don Antonio

que nosotras nos casamos, pero solo por los papeles

y para arreglar la situación de Purita.

Pero, ¿Purita es extranjera? No, no, no. Purita es española.

Quiero yo tener un papel firmado con ella,

que hay que explicarlo todo.

Pero eso de lo que estás hablando, es algo fraudulento.

Es un matrimonio de conveniencia.

Pues como la mayoría, ¿no? Y ya a mi edad ni le cuento.

¿No pensará usted que a mis 73 años

tenga aún esperanza de casarme por amor?

Qué cosas se le ocurren.

Pero te repito

que estás hablando de un matrimonio de conveniencia

que además tiene el agravante de que es un matrimonio homo...

Vaya, vaya, vaya.

Bueno, un matrimonio entre dos mujeres.

Ahí les he pillado yo. A usted

y a su Don Antonio.

Yo ya le expliqué muy bien explicado

a este curita joven que hay ahora en el pueblo

que nuestro matrimonio era solo un asunto de papeles

y que la que se podía ofender era yo si se le ocurría solo insinuar,

fíjese lo que le digo, tan solo insinuar

que había otro interés de cualquier otro tipo detrás.

Y yo ya le dije que aún así el asunto...

No estoy hablando con usted, así que haga el favor.

Pero un matrimonio entre mujeres, aunque solo sea por los papeles,

está mal. ¡Muy mal!

¡Es pecado! Porque usted lo diga.

Vamos a ver.

Flora, ¿te atreves a discutir conmigo

lo que es y lo que no es pecado?

Pues mire, padre, no. Lo que haré es pedirle que salga de mi casa.

Y no vuelva a insultarme

con esas insinuaciones de que Purita y yo pecamos.

Faltaría más, hombre.

Vámonos.

¿Te quedas a comer con nosotras?

Una rebelde, tía, eso es lo que es usted, una rebelde.

Claro, así he salido yo como he salido.

Pero,

¿al final se casan?

Si puede ser, sí.

Voy a por la concejala.

Purita,

aunque tú y yo nos casemos

para arreglar los papeles por lo civil,

no hay mala intención, ¿no?

No sé si me entiendes.

A mí es que me da un poco de vergüenza

por lo que puedan pensar de mí.

Que me caso por interés.

No me gusta que piensen que soy una sinvergonzona.

¿Pero qué interés ni qué interés?

Si aquí la que se casa por interés soy yo. Ya ves tú, menudo negocio.

Total, para lo que vas a heredar. Y cargas con una vieja.

Pero qué cosas se pone a decir, Flora. Yo no cargo con nada.

Yo estoy muy orgullosa de que usted haya querido hacerme de su familia.

¿Entonces las caso?

Mujer, si no es mucha molestia.

Claro, claro. Perdone. Como hemos visto que no hay nadie de la familia

pues habíamos pensado...

La familia no hace falta para nada. He traído dos "testigas".

Yo la hubiera adoptado porque todos saben que la quiero como una hija.

Claro, mujer. Pero lo ponen todo tan complicado

que eso es solo para los ricos.

A los pobres no nos queda otra cosa que casarnos.

Hacer no hacemos nada malo porque yo la quiero como una hija

y ella me quiere a mí como una madre.

Más que a una madre, más que a una madre.

Ya te he hecho llorar. Si es que... Ande.

A ver si acabamos con esto.

(LLORA)

Salvadora, mujer.

Nada, si no es nada.

Nada, nada. Ahora en casa ya verás como se le pasa.

Es que me emociono mucho.

No la puedo llevar a ninguna boda.

Se conoce que como se ha quedado soltera.

(LLORA)

Ahora tú sola, ¿vale?

Así es, muy bien.

Si es que a ti da gusto enseñarte.

¿Le pasa algo, Flora?

No, no. No sé.

Tú sigue con lo que estás haciendo.

¿Seguro que no le pasa nada?

No. Es que no sé por qué, pero he sentido algo en el pecho.

¿Quiere que vayamos al médico? No.

No. Si no es nada malo. Es todo lo contrario.

Que viéndonos aquí a las dos

con la alfalfa tan verde

el campo tan bonito,

pues he sentido que era feliz

y no había sentido eso nunca.

¿No se me estará empezando a ir la cabeza por la edad?

Que hasta me ha dado por pensar que este año en las fiestas

me gustaría ir a la verbena.

Fíjate con lo contraria que he sido a todo eso toda mi vida.

Qué locura, ¿verdad?

No, yo también estoy contenta.

¡Purita!

Hija mía del amor hermoso, ¿pero va a ir así?

Encima me pongo un jersey de cuello de pico.

Me gusta el estampado.

Hacía no sé cuánto

que no me la ponía. Se me habrá quedado pequeña.

A mí se me están quitando las ganas de ir.

Bueno, pues no vamos.

Que no hace ni un año que se murió mi tía.

Ya sabes cómo son en el pueblo con el luto.

Claro.

¿Quieres ir tú sola? A mí no me importa.

No, si no viene usted, yo no voy a ningún sitio.

Hija, lo dices de una manera

que me pones entre la espada y la pared.

Es que... Que no, Flora.

Si no quiere nos quedamos en casa tan ricamente viendo la tele.

No, no. Lo has dejado muy claro. A tu manera, pero muy claro.

Anda,

vamos para la verbena que cualquiera te tiene esta noche en casa.

¡Pero, Flora! ¿Tú al baile?

Ya ves, hija, esta Purita,

que no hay manera de tenerla en casa.

#Tengo millares de estrella y tengo la luna y el sol

#Y la luz de tu mirada y la luz de tu mirada dentro de mi corazón

#Tengo las nubes del cielo y tengo las olas del mar

#Y si tengo tu cariño y si tengo tu cariño ya no quiero nada más

#Estando contigo, contigo, contigo de pronto me siento feliz

#Y cuando te miro, te miro, te miro me olvido del mundo y de mí

#Qué maravilloso

#Es quererte así

#Estando contigo, contigo, contigo me siento feliz

Flora, ¿y tus sobrinas no vienen este año a las fiestas?

No me hables de ellas. Para mí como si no existieran.

Hay que ver lo mal que se han portado al final contigo,

con lo que te sacrificaste por ellas.

#Soñando contigo, contigo, contigo me siento feliz#

Y ahora llega el vals de todos los años

dedicado

a los que el año pasado bailabais simplemente como novios

y este año

ya lo hacéis como marido y mujer.

Que salgan a la pista

nuestros queridos amigos y vecinos

María y Francisco José,

Alicia y Miguel,

Pilar y Rubén,

Francisco y María Teresa,

y Pepa y Juan.

¿Pepa y Juan?

#Dime si tú hoy quieres

#Bailar con el sol

#El vals de las mariposas#

#Construido en terreno ilegal

#Un pasado que me hace dudar

#Del presente. Y yo

#Me defiendo atacándote así#

Lo que han cambiado las cosas desde nuestros años mozos.

¿Verdad, Flora? ¿Te acuerdas?

¿Cómo no me voy a acordar?

Ya me gustaría olvidarme de cualquier cosa de vez en cuando,

pero es lo que tiene mi cabeza, que no para quieta.

Siempre con el runrún, runrún.

No sé ni para qué estamos metiendo la tele esta noche.

Con lo tarde que se nos ha hecho.

Pero claro, cualquiera te traía para casa.

Es verdad, ha sido culpa mía.

Te has liado a bailar

que parece que te habían dado cuerda.

Me daba no sé qué de decirle que no a Salvadora.

Te daba no sé qué con Salvadora y con todas las mujeres del pueblo

porque no te ha faltado ni una.

Y con la lengua que tiene la mayoría.

Porque tú no te dabas cuenta,

pero te sacaban a bailar para reírse de ti.

¿Sí? A ver qué te crees.

¿Que lo hacen de buena fe? Como si yo no las conociera.

Ni se me había pasado por la cabeza. Claro, si ese el problema,

que a ti no se te pasa nada por la cabeza.

Todito lo tengo que pensar yo.

Perdóneme, Flora, de verdad que no me he dado cuenta.

Pues que sepas que no me ha gustado nada tu actitud.

Por tu culpa se han estado riendo de ti y de mí.

Si es que esto a mí nunca se me ha dado bien.

Yo de pequeña siempre me caía de la bicicleta

porque me daba vértigo cuando veía pasar el suelo rápido por debajo.

Tonterías. Verás como con el coche no te va a pasar eso.

Sabe que me accidento en cuanto me descuido.

Tira por aquí, por aquí, por la izquierda.

¿Adónde va este camino? Tú confía en mí

que por aquí no hay nada de tráfico.

¿Y animales? No quiero atropellar un corderico como la última vez.

No, por aquí no hay nada de nada, ya verás, por eso te traigo.

Pero mira al frente. Tú siempre al frente, al horizonte.

Pero sin quitar los ojos del camino.

Borrica, que te vas a comer las piedras. Si es que...

Yo he enseñado a conducir a mis sobrinas, a todas,

y ahora te enseñaré

a conducir a ti. Gira por aquí. Gira por aquí, por ahí.

¿Por aquí no se va

a la finca de Teodosia del molino? Yo qué sé adónde se va por aquí.

Yo te hago girar para que estés atenta.

A ver si vamos a tener un disgusto. Teodosia tiene los animales sueltos.

El día que yo no esté, ¿qué?

¿Tú has pensado el día que yo no esté?

¿Te vas a quedar sin salir del pueblo por no saber conducir?

No diga eso. No me gusta que hable así. Eso ni se piensa.

Más vale que lo pienses de vez en cuando.

Yo no soy una chiquilla como tú. Por favor, no lo diga ni en broma.

Algún día yo te faltaré.

Serás una mujer libre, sin cargas de ningún tipo.

Con una casa, con un huerto de tu propiedad.

¡Flora, por favor!

Pues podrías poner un negocio, un hotel rural,

una tienda de conservas, de escabeche.

No siga diciendo eso. Calla.

Pero no debes arrimarte a un hombre para que se aproveche de ti.

Yo conozco a todos los hombres del pueblo

y anda que no se les nota lo que piensan.

(GRITA)

¿Pero qué ha sido eso? No lo sé.

Iba mirando al horizonte y no lo vi.

Creo que ha sido un chiquillo.

¿Cómo vas a haber atropellado a un chiquillo?

Se metió debajo de la rueda y no pude frenar.

Flora, que lo he matado. Yo creo que lo he matado.

Dios mío.

¿Quién es? No, hija, no te apures.

Es la pava de Teodosia, la del molino.

¿He atropellado a Teodosia? Que no, hija.

A su pava, la pava. El ave de corral, hija.

Qué disgusto se va a llevar Teodosia.

Con lo que la estaba engordando y lo hermosa que estaba.

¿Qué hacemos? ¿Se la llevamos? Sí, hombre.

Se la vamos a llevar con la mala uva que tiene. Que no.

¿No ha dejado a la pava en el campo? Pues se le habrá escapado

o se la habrán robado unos rumanos. ¿Quién sabe?

Tiene un cordel en la pata. Se lo quitamos.

Si esta mujer es tonta de remate.

¿A quién se le ocurre dejar a la pava

con un cordel como si fuera un perro?

Vamos a meter corriendo a la pava en el coche y lo echas para atrás.

Tira para atrás. Venga.

Conduzca usted, Flora. Me he puesto muy nerviosa.

Ni hablar, ni hablar. Conduces tú

para tener una coartada.

Si no es porque te estoy enseñando, ¿qué hacemos tú y yo aquí?

Esto está bien para ti.

Tienes que aprender a conducir en situaciones difíciles.

Yo estoy muy nerviosa. A mí me va a dar algo. ¿Qué es eso?

La pava. ¿La pava?

Sí, la pava, que aún se remueve la pobre.

Es que estos bichos tardan mucho en morirse. Son como las gallinas,

que les cortas la cabeza aún se escapan corriendo las condenadas.

¿Miramos? Lo mismo no ha sido para tanto

y podemos dejarla donde le hemos dado.

A esta pava le quedan dos suspiros. Te lo digo yo que he matado muchas.

(Golpes)

Por Dios, que yo creo que está viva.

Qué jodida. Parece que me entendiera lo que estoy diciendo la condenada.

Esto es peor que cuando pillé al corderico.

Bien bueno que estaba.

¡Flora!

¡Flora!

Mira el frente. Tú siempre al frente.

¡Flora!

¡Flora!

¡Flora!

Acelera, acelera.

No pares, acelera.

Que la voy a atropellar. Que se aparte.

Tú no pares.

Alguien nos ha tenido que ver meter la pava.

¡Parad, que estáis saliendo en la tele! ¡Flora!

¿Ha dicho algo de la tele? Que mires al frente.

No te distraigas. Que nos la vamos a dar.

Ha dicho que salimos en la tele.

Pues por atropellar a la pava no puede ser, ¿no?

Eso han sido mis sobrinas. Maricarmen y la mayor,

que me la tienen jurada. Dios mío.

Si yo sabía que tenía que pasar.

Ahora, que se van a enterar.

Como digan algo que no deban,

entro en directo por teléfono y las pongo a caer de un burro.

Se va a enterar la audiencia de toda España.

Dios mío.

Purita, deja de decir "Dios mío".

Es que a lo mejor no son sus sobrinas.

Lo mismo es mi familia que me está buscando.

Mi hermano Ciriaco.

¿Dónde?

¿Esa no eres tú? Los dedos,

son sus dedos.

"Esta imagen que ven es de Purificación."

"Ciriaco, ¿qué quieres decirle exactamente a tu hermana?"

Ciriaco. Ya sabía yo que esos dedos eran de Ciriaco.

"Que se ponga en contacto con la familia,

que madre ya la ha perdonado

por todo lo que pasó."

"Solo quiere volver a verla una última vez antes de..."

"Bueno, pues con estas palabras de Ciriaco

nos tenemos que despedir,

pero mañana saben que estamos aquí de nuevo, así que hasta mañana."

(Teléfono)

Coge el teléfono, chica.

Si es Patricia, me la pasas a mí y ya está.

¡Que lo cojas!

¿Dígame?

¿Quién es?

Acabamos de llegar y pusimos la tele.

Que quién es.

Espere, que le paso con ella.

¿Dígame?

Mariana, qué sorpresa.

Mira cómo llama mi sobrina.

¿En la tele?

Ni nos hemos dado cuenta.

No, es que acabamos de llegar de la calle

que le estoy enseñando a conducir a Purita

igual que hice con vosotras. Te acuerdas, ¿verdad?

Y no nos ha dado tiempo a ponerla.

Para que veas que no estamos tan enganchadas a Patricia.

Lo hemos grabado casi todo.

La niña metió la cinta al ver a Puri y lo hemos grabado.

Por lo que ha dicho el hermano, creo que era un tema de justicia.

Algo de cárcel, fíjate lo que te digo.

-Madre, de cárcel, cárcel. -A ver, ¿la siguiente?

Dos cartones de leche de la de con fibra.

-Vale. -A mí también me ha parecido entender

que hablaban de un asunto de cárcel. Él no lo dijo con todas las letras.

-Solo dijo que se había escapado. -Toma.

A ver, ¿alguna cosa más?

Sí, galletas María de las de con fibra.

Y bien que hablaba el hermano de algo muy gordo que había pasado.

Pues yo no veo a la pobre Purita metida en un lío de cárcel.

Si no es más buena por no ser más infeliz.

Fíate tú de las mosquitas muertas.

"Bueno, con estas palabras de Ciriaco nos despedimos

porque el tiempo se acaba,

pero mañana saben que estamos aquí de nuevo,

así que hasta mañana."

No tienes porqué contarme nada si no quieres.

Aunque si te vas a sentir más tranquila.

Yo creo que te va a hacer bien.

Te vas a desahogar y eso es siempre bueno.

Que conste que lo digo pensando en ti.

Flora, ¿usted,

usted qué diría si le dijera que he estado en un manicomio?

¿Pero por qué ibas a haber estado ahí?

Mi familia pensó que era lo mejor para mí.

Purita, tesoro,

¿pero qué pasó exactamente para que tu familia te llevara allí?

Yo...

¿Yo nunca le he hablado de mi cuñada la del mayor, Prudencio?

Era francesa. Marlène,

Magdalena en español.

Mi hermano la conoció en un viaje con el camión.

Yo la quería mucho.

La ayudaba siempre con los críos, me quedaba a dormir en su casa.

Como mi hermano viajaba todo el tiempo con el camión

y lo único que hacía era dejarla embarazada.

Yo era una cría. Me enseñaba muchas cosas.

A hablar en francés, a sacarme partido.

Yo dormía muchas veces en su cama con ella cuando no estaba mi hermano

y así nos turnábamos con los pequeños

cuando se despertaban por la noche.

Una...

Una madrugada...

Una madrugada mi hermano volvió a casa

y nos encontró dormidas a las dos juntas.

Parece ser que mi cuñada durmiendo me había abrazado así por detrás.

No sé muy bien porque la verdad es que no me acuerdo.

Mi hermano

me sacó de un tirón de la cama

y montó un escándalo

llamándome de todo.

Me mandó a casa de mi madre sin darme tiempo ni a vestirme

con un frío que hacía para morirse.

Yo me fui llorando atravesando el pueblo en camisón

y la dejé allí sola.

Mi hermano le dio una paliza que por poco la mata.

Pensó lo que no era

y se volvió loco.

En mi casa siempre me han tenido por un poco chicazo,

como siempre he sido desgarbada.

Pero, Flora,

que me muera aquí mismo si miento.

Yo nunca hice nada malo con mi cuñada ni con nadie.

Que ni se me había pasado por la cabeza.

Si yo creo que ni sabía que esas cosas existían.

Y a partir de ahí ya no sé muy bien cómo fueron las cosas,

qué fue antes ni qué después. El caso es

que me fui al manicomio de las monjas y mi cuñada,

mi cuñada hizo las maletas y se fue a Francia con los cinco niños.

La hermana Cecilia me explicó que yo tenía una personalidad obsesiva

y no tenía que obsesionarme con mi cuñada, sino por algo bueno.

Me dijo que me metiera a monja, como ella,

que la religión es muy buena para cualquier trastorno.

Lo que pasa es que yo no me veía allí encerrada,

pero me puse a trabajar

y me di cuenta de que eso servía. Trabajar, trabajar sin descansar.

¿Eso es todo?

Sí.

A ver si luego va a haber otro programa de televisión

donde te saquen más trapos sucios

y tengas que venir a contarme la otra parte de la historia.

Se lo juro, Flora, se lo juro por lo más sagrado.

Entiéndeme tú a mí, Purita.

Yo nunca te he preguntado nada de tu pasado, cuando yo en cambio

he sido siempre un libro abierto para ti.

Que lo mío lo sabes tú desde el primer día.

Así que date cuenta cómo me veo ahora

que me entero de todo lo tuyo.

No me mire así, por lo que más quiera. Llevamos juntas muchos años.

Dígame una sola vez de la que haya tenido queja de mí.

Dígamelo ahora mismo y si quiere, hago las maletas y me voy.

Gracias. Gracias, Flora.

No me gusta dejar tanto tiempo solos a los animales.

Pero si volvemos mañana.

No, no. Me tenía que haber quedado con ellos.

Además, ¿qué pinto yo aquí? Esto es un asunto

que tenéis que resolver tú y tus hermanos. Claro,

que cualquiera te deja sola con ellos.

Purita,

¿pero tu hermano no te dijo qué le pasa exactamente a tu madre?

No, no hacía más que decir que está muy viejecita.

Yo lo que creo es que ya está muerta

y no me lo dice para que no me lleve una impresión.

No, hombre, no. ¿Cómo van a hacer eso? Que no.

¿Y por qué no me han dejado hablar con ella?

Venga, chiquilla, no sufras.

Flora,

¿me promete una cosa?

Sí, dime. ¿Qué? Que si mi madre está viva,

que no se entere nunca de lo nuestro.

Hija, dicho así parece una cosa pecaminosa.

Prométamelo.

¿Y no sería mucho mejor que le expliques cómo es...?

Por lo que más quiera. Si mi madre está viva,

no debe enterarse nunca,

que se muere y es como si la matara yo.

A mí mi madre me impone mucho respeto.

Como si siempre hubiera podido leerme el pensamiento.

Hija mía, qué exageración, por Dios.

Con ella delante prefiero no pensar.

Joder.

Vaya retraso trae el autobús de los cojones.

Vamos, que se hace de noche.

¡Madre!

¡Madre!

Ya la tenemos liada otra vez. ¡Madre!

(Tos)

(TOSE)

¿Se puede saber qué ha hecho?

¿No se podía usted

esperar a que volviera yo?

Me dijiste que no tardabas ni tres cuartos de hora.

Y se ha hecho de noche.

¿Qué querías? ¿Que me meara encima?

El autobús, que ha llegado tarde.

A mí no me eche la bronca. Súbase las bragas.

No puedo hacerme cargo de todo.

Ya ves cómo está madre.

Trabajo en el campo el día entero.

(TOSE)

Yo lo que tendría que hacer es morirme.

Madre.

No hable usted así, mujer.

Lo que una tiene que hacer en estos años

en que ya empezamos a vernos mayores

es organizarnos

para estar lo más cómodas posible.

Y seguro que usted lo que querría es estar tranquila

y en paz y bien atendida.

Y claro,

en su casa de toda la vida. ¿A que sí?

(TOSE)

Mi casa de toda la vida hubo que venderla.

¿Vendió usted la casa del pueblo?

A ver qué remedio.

Los divorcios de tus tres cuñadas

casi nos dejan en la calle.

Si no fuera porque mis hijos me han ido acogiendo.

Ya verá usted como ahora entre los cuatro

consiguen a alguien para que le haga compañía

y que le atiendan como una marquesa.

Ahora hay mucha gente de fuera,

ecuatorianas, rusas, lo que usted quiera,

y con carreras en sus países. Hasta enfermeras.

Y que hacen eso mejor que las de aquí

y por la mitad de dinero.

¿Buscar una mujer?

¿A una forastera?

¿Teniendo una hija que puede hacerse cargo de ella?

Porque vamos a ver,

¿qué tienes que hacer en ese pueblo para no poder atender a tu madre?

¿Estás trabajando en algún sitio?

(TOSE)

(LLORA)

Pues esta es desde ahora su casa. ¿Qué le parece?

¿Le gusta, madre?

No es un palacio, pero no se vive mal.

Un poco húmeda, un poco fría, pero bueno, no tiene

más que decírnoslo y llamamos a sus hijos.

Que lo último es que venga a tener más padecimientos.

Buenas noches.

Voy a ponerle la estufa en la habitación de la tía Benita.

No, chica, déjalo.

Le ponemos una manta más en la cama.

Si esa habitación es tan grande que la estufa no hace nada.

¿Ni un poco? Aunque solo sea para la primera impresión.

¿Está usted cansada, madre? En un minuto está hecha la cama.

Es la mejor habitación de la casa, la más grande.

Fue de mis padres hasta que murieron los dos, pobrecicos.

Y luego de mi tía Benita.

Que también me la traje aquí cuando se puso peor de lo suyo.

Yo me la tenía reservada para mí, para cuando no me pueda valer,

pero se la dejo muy gustosamente.

Es usted muy buena.

Estamos aquí para ayudarnos.

¡Purita! No se te olvide poner la funda de plástico en el colchón.

"Sí, ya la he puesto."

Igual usted no se da cuenta, Flora,

pero no sabe la suerte que tiene de no tener hijos.

Y no es que los míos sean malos,

que lo único que tienen es que siempre fueron inocentes de más.

Pero luego llegan las nueras y se casan.

Y ya se echan a perder.

Te matas a trabajar para sacarlos adelante y luego...

Después de lo que pasamos con la primera, la de Prudencio.

La francesa aquella hija de su madre.

Yo me ponía a temblar cuando veía que Ciriaco y Esteban

iban por el mismo camino.

Y que en cualquier momento podía llegar la carta

de la condenada de la abogada.

Doña Curri de la Mata se llamaba.

Hasta el nombre lo tenía desaborido.

Es que cuando se meten los abogados por medio, ya se sabe.

Se conoce que mis otras nueras,

viendo que a la francesa le fue bien con la dichosa abogada,

se quedaron con el nombre las jodidas.

Por eso ya le digo,

era ver llegar la carta

de la muy puñetera

y ponerme a temblar.

(Claxon)

(Claxon)

¡Tía!

¡Tía!

¿No le parece que empieza a hacer frío? ¿Nos vamos a casa?

Hija, para un rayito de sol que me da en todo el día.

Hola, tía, ¿qué tal?

Siempre trabajando. Hola, Purita, bonita.

Esta es tu madre, ¿verdad?

Sí. Mire, madre, es Marta, la sobrina

de Flora. Es monja. Encantada.

Y María del Pilar, que también es monja.

Está usted tosiendo mucho, madre, yo creo que...

Toso siempre.

Por eso no sufras. ¿Y a qué se debe esta visita?

Pues nada, a verla a usted. A ver cómo está.

Vaya, tía. ¿Quién le iba a decir que le iba a crecer la familia?

Esto es como el dicho ese tan famoso, "éramos pocos

y parió la abuela".

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Vámonos, madre, que querrán hablar de cosas de familia.

No me lo creía cuando me lo contaron.

¿Qué? ¿Y quién te lo dijo? Si puede saberse.

La concejala de asuntos sociales, que hablamos a veces.

Me gusta preguntarle por usted.

Que es usted muy seca hablando por teléfono y parece molesta.

¿Y la llamas a ella para preguntarle por mí?

No la llamo, hablamos por el messenger.

Pero no se enfade, tía.

Si lo hago para saber de usted.

Hala, pues ya sabes todo lo que tenías que saber.

María. (HABLA EN OTRO IDIOMA)

Tía,

¿la madre

sabe lo vuestro?

No. Y ni se te ocurra decirle nada a Purita.

Se pone fatal cuando se le menciona.

Veo a Purita con su madre y me dan una envidia.

No me interprete mal, no es que eche de menos a la mía.

Es porque usted no me deja que la cuide como Purita a la suya.

Lo que no te dejo es meterme en una residencia.

Haberte venido a echarme una mano

cuando la tía Benita se quedó incapacitada.

Y ahora me estarías cuidando a mí.

Si es que mi vocación también es muy importante, tía.

Que para mí ser monja lo es todo.

Pues si lo es todo no debes preocuparte de nada más.

Hay que ver, cómo es usted.

Y yo que desde pequeñita siempre quise ser monja

por lo que la admiraba.

¿A mí? Sí.

Nos repetía tanto lo mucho que se sacrificaba por los demás

y lo poco que se había dedicado usted misma.

Yo lo veía tan claro con nosotras.

Con cómo nos cuidaba,

que le caímos del cielo sin comerlo ni beberlo.

Y al final me dije: "Yo,

yo quiero ser como mi tía".

Y la mejor manera que se me ocurrió fue meterme a monja.

Ya ve usted qué tontería.

Pues menuda cosa me sueltas a estas alturas.

Que te hiciste monja por mí. Si es que...

Mira que no quedaros a cenar.

Que no, se hace tarde y a María no le gusta que conduzca de noche.

Tú también cuídate, Purita, y no cargues con todo el trabajo,

que mi tía es muy mandona. Qué va.

Si lo que es es una santa. A mí me lo vas a contar.

(TOSE)

(TOSE)

¿Adónde vas?

A ver a mi madre, que parece que le ha dado la tos

más fuerte esta noche.

Sí, parece que sí.

(Televisión)

Flora.

¿Sí?

Parece que está peor esta noche. Me voy a quedar en su cuarto

por si necesita algo. Si a usted no le importa.

Mujer, ¿por qué me iba a importar?

Pero, ¿vas a dormir con ella en la cama?

No, en la mecedora.

Dios mío, qué susto.

Buenos días.

Buenos días. Buenos días.

¿Habéis dormido aquí toda la noche?

Casi, es que salimos a hacernos una tisana

y la aliviaba mucho estar sentada en vez de acostada.

Y como aquí en la cocina también se estaba más calentito.

¿Y cómo está usted esta mañana?

Ya ve.

Está mejor, ¿verdad, madre?

Anoche se puso malísima. Se ahogaba con la tos.

En cuanto sean las ocho nos vamos

a ver al médico.

A ver si no nos entretienen mucho.

"Flora."

"¡Flora!"

¿Qué hace dándole de comer a los animales? Eso es cosa mía.

Lo hago para entretenerme. A ver si se va a poner también mala.

Como tardabais tanto. ¿Qué le ha dicho el médico?

Pues parece que no es nada muy grave.

Crónico de los bronquios. Le ha mandado un jarabe,

unas pastillas y un inhalador.

Pues eso tampoco es malo, ¿no?

¿O hay algo más?

Pues que tiene que dormir en una habitación soleada.

¿En la nuestra?

Bueno, al médico no le he dicho que solo le da el sol a la nuestra.

Como también es la única que tiene toma para la tele.

Solo le digo lo que dice el médico.

¿Y qué más?

Pues que necesita una cama reclinable programable.

¿Eso qué es? ¿Para qué sirve?

Una cama que se inclina con el mando.

Le ponemos una almohada

en la espalda como se ha hecho siempre.

Ya, pero es que dice que no es lo mismo

porque necesita que vaya inclinándose por la noche

para que no se le acumule la mucosidad

y eso solo lo hace la programable reclinable.

Que empieza así tumbada, muy poco a poco a 45,

luego baja otra vez a 30, luego un rato a 60.

Así toda la noche.

¿Y eso lo cubre la seguridad social?

Pues me parece a mí que no.

¿Marta?

"¿Tía?" Hola, Marta, cariño.

"Tía, ¿ha pasado algo?" No, no, no ha pasado nada.

Perdona que te llame a estas horas. ¿Estabas ya en la cama?

Que las monjas madrugáis bastante. "No, no, no se preocupe."

"¿Qué pasa?" Quería pedirte disculpas.

Que me he portado fatal últimamente contigo, hablándote muy mal,

cuando tú solo piensas en mí

y haces las cosas con la mejor intención.

(LLORA)

Pero, chiquilla, ¿estás llorando? "No, no, tía, no se preocupe."

"Es que me he emocionado tanto." Nada.

Este fin de semana cogemos el coche y vamos a ver a la residencia

a que nos enseñes cómo es tu trabajo y eso.

¿Te hace ilusión, bonita? (LLORA)

Venga, venga, pero no llores más. Este sábado nos tienes a las tres.

Anda. Adiós, adiós.

Qué cruz de sobrinas.

¿Quién era? Pues quién va a ser, Marta.

Las otras ya ni me llaman.

Se me ha puesto a llorar.

Se ha empeñado la pobre en que no la quiero, ya ves tú.

Con lo que la cuidé cuando era niña

y lo mucho que la apoyé cuando dijo que quería ser monja.

A los nueve años que lo decía ya.

Pobre.

Se ha puesto tan pesada

que no he tenido más remedio que decirle que este fin de semana

íbamos a verla.

A ver si así se queda más tranquila.

Así también le podemos dar una vuelta a tu madre, que la pobre

no ha salido nada desde que vino aquí.

¿No te parece?

¿Está usted bien, madre? Sí, sí.

¿No se quiere poner el cinturón?

Mire que ahora es obligatorio llevarlo puesto detrás.

No, que me ahogo.

(Claxon)

¿Ve?

No se asuste, si no pasa nada.

Anda, mira.

Una cama como la que decía el médico que le convenía a tu madre, ¿no?

A mí no me importa cambiarle la almohada cada media hora

como hace la cama. Claro que sí, hija mía.

Y hay que ver qué vistas.

Y cuantísimo sol.

Sí que es bonita, sí.

¿Le gusta? ¿Cómo no me va a gustar?

Me gusta muchísimo. Es preciosa.

¿Verdad que sí?

Yo creo, Flora, vamos... (TOSE)

Que lo digo con la mejor de las intenciones,

que debería venirse aquí a vivir con su sobrina.

Y nosotras nos volvemos

al pueblo con mis hijos,

y ya no le damos a usted más guerra, hombre.

¿Yo venirme aquí

teniendo mi casa de toda la vida?

Hombre, si viviera en una casa que no fuera la mía, no le diría yo

que no me lo pensaría, pero no.

Como en la casa de una no se vive en ningún sitio.

La paella no la hacen tan rica como usted,

pero claro, es lo que tiene, aquí cocinamos para más de 100.

Está un poquito suavita.

Debe ser la costumbre.

Para mí está rica.

No puedo comer más.

Tengo una cosa rara aquí en el estómago.

¿Se encuentra usted mal?

¿Quiere que mi sobrina llame a un médico de aquí?

Gracias, no hace falta.

Que sí, que llamamos a un médico, que no es molestia.

Que no, que no.

Yo creo que es el viaje,

que me ha revuelto un poco el estómago.

A ver si no se va encontrar bien para hacer el viaje de vuelta

al pueblo. ¿Está usted mala, madre?

¿Quiere que nos quedemos a dormir? No.

(Claxon)

Pura, hija mía,

¿a ti no te ha cortejado ningún hombre en todo este tiempo?

Qué va, madre, no he dado pie a ninguno.

Pues yo pensaba que te habías casado con un extranjero

o alguna cosa rara así.

Como estuvimos tanto tiempo sin saber de ti.

Qué va, yo con un extranjero.

¿No se quiere usted poner el cinturón?

Mire que como nos pare la policía por no llevarlo puesto.

¿No te habrás casado y divorciado sin que yo me enterase?

Que no, madre, que no me he casado.

Flora. ¿Qué pasa?

¿Está peor tu madre?

Un poquillo. Dice que no puede meterse en la cama,

que le da más tos. Prefiere quedarse durmiendo en la silla.

Bueno, si va a estar mejor.

¿A usted no le importa si la traigo a nuestra habitación

y así ve la tele con nosotras?

Yo ronco.

No creo que le importe. Mi padre roncaba como una bestia.

Bueno.

(LLORA)

(RONCA)

¿Está usted bien, madre?

(TOSE)

Sí.

Pero si está usted llorando.

Yo no sé si tú te has casado y no me lo has querido decir

o es que te vas a casar,

pero yo siento aquí en el pecho

que te pierdo.

Te pierdo porque tú te casas.

Lo siento como si lo estuviera viendo.

¿Y no ve usted con quién me caso?

Pues si no lo ve es que no me caso, no le dé más vueltas.

Solo te veo a ti

y a mí y a Flora,

pero ningún hombre.

Nada, nada. Le aseguro que no hay peligro.

¿Me lo prometes?

Está bien.

Me da en el corazón que quien se case contigo

solo quiere aprovecharse de ti.

¿Le gusta el pueblo?

¿Está contenta aquí? Claro, si es muy bonito.

Y Flora y mi hija me cuidan mucho.

Pero... Pero usted echa de menos el suyo.

He vivido allí toda mi vida.

Yo se lo digo a mi Pura, que nos vayamos allí

y dejemos de ser una molestia para Flora.

No se quiere creer que no es ninguna molestia.

Usted nos sufra por Flora,

que es la mujer más buena y más sacrificada del pueblo.

Lo que ha trabajado ella en su vida para cuidar

a los demás. Pues claro,

pero no dejaba de ser su familia.

En cambio yo...

(CANTA EN INGLÉS)

Lo que están tardando hoy en arrancar con los pasodobles.

Estoy por sacarla a bailar una de estas modernas.

¿Yo bailando esto?

¡Chica!

Estoy muy contenta de haber recuperado a mi hija.

He rezado mucho para que esto ocurriera.

Para que el Señor...

Claro, debe ser muy duro estar mucho tiempo sin ver a una hija.

Y para que me la devolviera soltera.

Me voy a bailar, no me espero. ¿Se anima alguien?

¿No?

Lo loca que está esta hija mía. Purita es muy buena chica.

Buena de más.

Está feo que lo diga yo, pero es la primera vez que siento

que estoy ante una persona todavía más buena que yo.

De joven tuve algún problemilla con ella

que fue precisamente por eso, por ser buena de más.

Si le pasa lo que a mí, que no vale para ser mala.

Y ahora llega uno de los momentos más emocionantes de la noche.

El vals para todos los matrimonios de este año.

Yolanda y Javier,

Clara y Marcelo,

Amalia y Antonio,

Adelaida y Francisco,

Juan Gabriel y Lidia,

Pedro y Paquita,

y Estela Y David.

Y por último

me gustaría disculparme

por no haber incluido en la lista del pasado año

a una pareja muy, pero que muy especial,

pero creo que esta noche podré remediarlo

porque están también aquí entre nosotros.

Pido un muy fuerte aplauso

para el primer matrimonio gay

de este pueblo.

Flora y Purita.

(SE AHOGA)

¡Un médico! ¡Que alguien llame a un médico!

Perdón, Flora.

Perdóneme.

Es que es mi madre, tiene usted que comprenderme.

Usted siempre me ha dicho que una debe cuidar de sus mayores.

Anda, sí, vete con ella.

(Llaman a la puerta)

"Cartera."

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Me lo han quitado todo.

No me han dejado nada. (LLORA)

-Qué poca vergüenza. -Y qué valor.

Con lo bien que se portó Flora con las dos, con la madre y la hija.

Ya decía yo que la Purita esta tan buena tan buena no podía ser.

Para mí que ha sido cosa de la madre.

Claro, las madres siempre tenemos la culpa de todo.

-No te... -Si se le ve a Purita,

que no levanta la cabeza ni para saludar del sofoco que pasa.

Yo solo sé que a la pobre Flora se lo han quitado todo, la casa,

la pensión, las tierras, hasta el coche.

El dos caballos ese del año del "catapúm".

Y eso solo lo hace una malnacida,

una mala persona, una mala amiga, una mala... Lo que le eches.

Una hija de mala madre.

"Seguimos con la fiesta, de manera que este ambientazo que hay

va a continuar durante todos los días del año."

"¿Has mirado por ahí por la plaza?"

-"Sí, y está abarrotada." -"Cómo está la plaza."

"¡Pura!"

¿Qué hacías por ahí fuera levantada?

He ido a por un vaso de agua.

No te la quitas de la cabeza, ¿no?

No diga esas cosas, madre.

¿Te remuerde la conciencia haberte quedado con su casa?

Como si ella no se hubiera estado aprovechando de ti.

Hay que ver, lo tonta que eres, hija mía.

No nos teníamos que haber quedado a vivir aquí.

La casa no nos va a dejar estar tranquilas.

Mañana mismo quiero que te pongas a empaquetarlo todo.

Nos volvemos al pueblo con tus hermanos.

¿Nos vamos de esta casa?

Quieres que la devolvamos a su antigua dueña, ¿verdad?

Pues vas fresca. La ponemos a la venta

y santas pascuas.

No la venda, por lo que más quiera. ¿Ves cómo

no se te quita de la cabeza?

Todavía confías en que yo me muera antes que ella

para devolvérsela.

¿Verdad?

Pues te vas a quedar con las ganas

porque la pondremos a la venta.

No lo haga, por favor, nunca le pedí...

¡No, no! La casa, el huerto y el coche.

El coche no porque tenemos que ir al pueblo.

El coche lo vendemos allí.

¿El coche?

¿Quién lo llevará al pueblo?

Pues tú.

Pero no diga locuras, si quiere que volvamos al pueblo

saco los billetes de autobús y la casa la cerramos.

¿Autobús? ¿Teniendo como tenemos un coche buenísimo?

¡No!

Pero, madre, que nunca he conducido fuera del pueblo.

Pues ya va siendo hora.

Madre, que... ¡Que nada!

Ni madre ni leches.

Yo no me pego otra paliza de medio día

en un autobús. Y no se hable más.

Tía.

Tiene usted visita.

Buenos días, Flora.

¿Cómo está usted?

¿Qué te ha pasado?

Un accidente con el coche.

Sabe que yo me accidento en cuanto me descuido.

Mi madre no llevaba puesto el cinturón

y salió despedida por el parabrisas.

(LLORA) ¡La he matado!

La he matado.

Pero,

yo a lo que he venido es a pedirle perdón

por todo.

Yo necesito pedírselo aunque sea para que me diga que no.

O no me diga nada.

Te has quedado otra vez sola

y por eso vienes a mí.

A mí no me importa quedarme sola.

Supongo que es lo que me merezco.

Yo necesito pedirle perdón

y tratar de arreglar todo lo que he hecho mal.

Después yo me quito del medio

y ya no vuelve a verme nunca más si eso es lo que usted quiere.

¿Tú te crees que va a tener arreglo?

¿Que va a ser así de fácil?

Te quedaste con mi casa, con mis tierras.

Hasta con la pensión que cobraba.

Fue la abogada esa que...

Si mi sobrina no me llega acoger aquí,

me hubiera visto durmiendo en la calle.

Yo no quería, le prometo...

Además compartiendo habitación con otras tres viejas

cuando podía haberme instalado aquí dos años antes en una individual

con vistas al patio para mí.

Yo pensé que podía echar a razón a mi madre

cuando se le pasara el disgusto, pero...

Claro. ¿Y ahora vienes a pedirme disculpas

porque tu madre ha muerto y te has quedado sola?

Y como te piensas que yo debo ser tonta,

te voy a volver a hacer compañía.

Que no, Flora, de verdad que no.

Que yo quiero devolverle todo lo que es suyo.

Su casa, su huerto, su pensión, su todo.

Menos el coche, claro.

Pues muy bien.

Si es eso lo que quieres, ya puedes empezar a firmar papeles.

De eso quería hablarle.

Porque

he ido a hablar con un abogado.

¿Otra vez metiendo abogados por medio?

¿No tuviste bastante con la abogada sinvergüenza que me dejó sin nada?

Es que si le devuelvo todo sin más como una donación...

¿Una donación?

Querrá decir una devolución.

Una devolución a su legítima propietaria.

Sí, lo que dice, una devolución. Si eso es lo que quería hacer,

pero es que hacienda se lleva un montón de impuestos.

No consiente poner las cosas a su nombre como si tal cosa.

La culpa de todo la tienes tú por haberme quitado lo que es mío.

Tiene toda la razón.

Anda, siéntate.

Que solo vales para lloriquear.

Habrás pensado en algo.

Alguna manera habrá

de que no pierda mis cosas por tu mala cabeza.

Sí.

Hay una manera,

pero no sé si va a querer.

Si a usted no le parece mal, podríamos

volver a arreglar los papeles

como la otra vez.

Así todo volvería a ser suyo.

Después yo renuncio

y me voy donde no vuelva a verme.

¿Has venido a pedirme que te perdone

y que me case otra vez contigo?

Sí.

Supongo que sí.

Pues no seas cobarde y pregúntamelo como Dios manda.

Flora,

¿podrá usted algún día perdonarme

por todo lo que he hecho mal

y casarse otra vez conmigo?

Lo de casarme sí porque parece que no tengo más remedio.

Lo de perdonarte ya veremos.

De momento, puedes empezar

ayudándome a hacer las maletas.

He dicho

que lo de perdonarte ya veremos.

Si es que las que no valemos para ser malas...

Versión española - Nacidas para sufrir

18 jun 2017

Flora, solterona de 73 años, ha vivido siempre en su pueblo, consagrada al cuidado de sus familiares más cercanos. Ahora que se acerca el momento en que tendrán que cuidar de ella, teme que la lleven a una residencia. Su única salvación es Purita, una joven con la que se siente en familia.

Contenido disponible hasta el 3 de julio de 2017.

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