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No recomendado para menores de 12 años Versión española - La conspiración - ver ahora
Transcripción completa

(Música de misterio)

Ahí está.

Vamos.

A la orden, mi general.

Soy el coronel Solchaga.

Descanse.

Sargento.

Mi señora y mis hijos.

Señora. Coronel.

General, ¿a qué hora quiere mañana tomar el mando en la capitanía?

Mañana no, ahora mismo.

Pero antes me gustaría llevar a mi familia a casa.

¿Puede ser? Claro, mi general.

Su casa está en la misma capitanía. Ah, magnífico.

(Música de intriga)

Ahí vais bien, yo iré en el otro.

(Griterío y fuegos artificiales)

¡Viva la República!

¡Viva la República! -¡Viva!

Nuestra ruta no pasa por ahí.

¡Viva la revolución!

"General Mola, tengo el honor de entregarle"

el mando del Gobierno militar de Navarra.

Me hago cargo, general, de esta gran responsabilidad.

Espero estar a la altura del trabajo que usted ha realizado.

A la orden de vuecencia, mi general.

Soy el capitán Vicario.

Quiero desearle suerte

y presentarle las excusas del capitán Lastra,

que no ha podido asistir.

Muchas gracias, capitán.

Emiliano.

¿Quién es ese capitán que se ha presentado?

Según mis noticias, es uno de los que se reúnen en secreto.

Parece ser que el capitán Lastra y él son los cabecillas.

¿De qué hablan?

No creo que sus ideas disten mucho de las suyas, mi general.

¿Cuánto tiempo lleva en Pamplona, comandante?

Tres días.

Veo que no ha parado de trabajar.

¿Esos capitanes son de fiar? Parece ser que sí.

Pero yo no he asistido a ninguna de sus reuniones.

Estoy seguro de que se enterará de cuándo es la próxima.

Su despacho, mi general.

Magnífico trabajo, comandante.

Sé cómo le gusta trabajar.

Mi general, yo sé que su traslado a Pamplona es una forma de castigo.

Yo no sé si en esta nueva situación

quiere usted que yo siga siendo su ayudante.

Por supuesto que sí.

Tenía que preguntárselo.

Este juego es como la vida misma.

Hay que saber dar los pasos precisos.

Pues lo que ha ocurrido cuando hemos llegado no era ningún juego.

El comandante Cordón me ha dicho

que los enfrentamientos son frecuentes.

Ya sé que no has podido elegir, pero...

tenía la esperanza de encontrar un sitio más tranquilo.

Ahora no creo que haya un solo lugar

en el que puedas encontrar esa tranquilidad, Consuelo.

De todos modos, esta casa está muy bien.

¿No te parece?

Me alegra que te guste.

(Crujido de la madera)

(Música de suspense)

¿Ocurre algo, Emilio?

No, no es nada, Consuelo.

No pasa nada.

(LEE) "Con la máxima urgencia".

Esto lo ha escrito el capitán Lastra, seguro.

¿Sí? Con máxima urgencia pero sin fecha.

Eso quiere decir que la convoque usted.

Estos o bien saben lo de la junta de generales

o bien están locos por saber qué pasó.

Por las noticias que he tenido, esos capitanes parecen de fiar.

¿Dónde se reúnen? En casa de Lastra.

Iré.

¿Algún plan para mañana, mi general?

Si no se lo digo, me degrada.

No me atrevería.

Quiero ver a Raimundo García. Garcilaso.

Exacto.

Nos conocimos en Marruecos y coincidimos en Madrid

antes de que Azaña nos castigara con la dispersión.

Ese es mi plan.

¿Y el suyo, comandante?

Cuando termine todo esto, casarme, mi general.

Ya tiene edad.

Don Raimundo García me espera.

Ese es el despacho de ahí.

Gracias.

"Cuando entramos en los coches,

comenzaron los gritos, los insultos y alguna explosión".

Y en tu periódico, ni una línea.

No, no, no es mi periódico. ¡Qué más quisiera yo!

La censura, que cada día está peor.

Emilio.

Las cosas van a cambiar, ¿verdad?

Quiero decir, ¿vas a seguir adelante con los planes?

Para eso necesito de todos los apoyos civiles y militares

y más unión que nunca.

Puedes contar conmigo.

Y llegará el momento en que también podrás contar con el periódico.

Soy capaz de mucho más si la causa lo merece.

Mírale.

Si hasta que parece que reniega del uniforme del Ejército.

Estoy muy indignado.

Lo mínimo que puede hacer es contestar a la invitación.

¡O la acepta o no, pero le dije que era urgente, cojones!

Ha pasado muy poco tiempo.

Seguro que está informándose.

A mí me da la impresión de que es un hombre serio y responsable.

Creo que es bueno que lo hayan mandando aquí.

¿No crees que ha venido a hacer

la reforma del Ejército que quiere Azaña?

¿El general Mola? -Ajá.

¿Que Mola ha venido a colaborar en la reducción del Ejército

y del poder político de los militares y desde Pamplona?

No, hombre, no.

Le han mandado aquí como forma de castigo.

Estoy seguro de que el general les va a demostrar su equivocación.

Sinceramente, amigo Vicario,

lo que está pasando en España nos obliga a actuar ya.

(Teléfono)

¡Muy bien, Emilio!

Muy bien, muy bien. Sí, señor.

Señor.

Le llama el comandante Cordón.

Enhorabuena.

A ver si eres capaz de poner la próxima.

A ver, esta.

Pero solito, ¿eh? No le ayudéis.

Dígame, Cordón.

"Venga, Emilio, tú solito".

Ah, muy bien, magnífico.

Sí, sí.

No, no, que venga a recogerme ahora mismo.

Ajá.

No, si para usted es el adecuado,

a mí no me importa que sea amigo de Lastra.

Muy bien.

Perfecto.

No, no, no. No, esta primera vez iré yo solo.

Gracias, Emiliano.

Tengo que salir.

Pero ¿no habíamos quedado para ir al cine esta noche?

Es urgente, Consuelo.

Vendrá a buscarme un chofer civil.

Dile que me espere abajo.

¿Para qué lo necesitas?

Hola, soy Félix Maíz, su nuevo chofer.

Lo primero que quiero decirle

es que es un honor para mí trabajar con usted.

Pues no debería tomárselo así.

Es más bien una obligación que usted ha decidido asumir.

Es cierto.

¿Sabe los peligros que se expone?

Sí.

Lo tengo en cuenta, pero quiero colaborar con usted.

Vámonos.

Me han dicho que es usted amigo del capitán Lastra.

Sí, lo soy.

Ahora vamos a su domicilio.

Perdone.

¿Ellos le esperan?

No.

Menuda sorpresa.

Lastra estaba preocupado.

¿Por qué?

Porque no ha recibido una respuesta a la invitación.

Está usted al tanto de todo por lo que veo.

Mire, le exijo la máxima discreción.

No podrá decir nada de mis reuniones

ni de mis viajes ni de nada que tenga que ver conmigo a nadie.

Ni siquiera a su mujer, si la tiene.

Mucho menos, a su amigo Lastra.

(Timbre)

¿Sabes quién puede ser?

A las órdenes de vuecencia, mi general.

Capitán Lastra, descanse.

Pase, por favor.

He sabido que se reunían

y quería corresponder a su amable invitación.

Siéntense.

No, gracias.

Bien.

¿Y cuál es el contenido de esta reunión?

Lo mismo que pensaba preguntarle mañana si hoy no venía.

¿Y qué pensaba preguntarme?

Si en esas reuniones de generales llegaron a un acuerdo.

No pensará usted ni ninguno de ustedes

que voy a informales de esas conversaciones.

De cualquier forma, me gustaría seguir informado de sus reuniones.

Cuando pueda, asistiré.

Algunas veces me acompañará el comandante Cordón.

Capitán Lastra.

No es bueno circular a toda velocidad.

¿Qué tal con tu nuevo chofer?

Un charlatán.

Pero parece noble y fiel.

¿Y el niño? Bien.

Creo que se va a adaptar rápido.

Aunque al decirle que tenía que ir al colegio obligatoriamente,

se ha puesto a llorar casi.

Se le ha caído un diente a Ángeles.

Pero está bien, son cosas de la edad.

Y las otras dos,

contentas, deseando hacer nuevas amigas.

Gracias, Zoila.

Tengo hambre.

Ya os pongo mermelada.

Y cuando acabemos el acorazado,

¿qué hacemos con él, papá?

Pues lo miramos.

Miramos lo bonito que ha quedado y ya está.

Papá, ¿a que tú vendías juguetes?

Cariño, ¿por qué no desayunas?

Anda, tómate la leche.

Pues sí, hijo, sí.

Pero de eso ha pasado ya mucho tiempo.

Pues lo vendemos.

Y hacemos otro y luego otro...

Pero ¿cómo vamos a venderlo después de tanto esfuerzo?

Toma.

(Teléfono)

Ve tú.

Sí, claro.

Si no lo podemos vender,

lo llevamos a un museo.

¿Un museo? Nada menos.

Bueno, bueno, pero para eso tenéis que esforzaros mucho.

A ver.

¿Dónde vamos a ir después de misa?

¿Al parque?

¿A las barracas?

Emilio.

Es Menor Poblador, el gobernador civil.

Que si puede verte.

¿Ahora?

Dice que está aquí, en capitanía.

Bueno, pues dile que suba.

¿De verdad que no quiere tomar nada?

No, gracias, general.

Bueno, pues usted dirá, señor gobernador.

Aunque hubiésemos estado mejor en mi despacho o en el suyo.

Prefiero conocerle de esta manera antes

que en un acto oficial.

Además, para lo que quiero decirle es mejor aquí.

Escuche, general.

Se están celebrando por aquí

ciertas reuniones de capitanes y no con muy buenos fines.

Ellos piensan que son secretas,

pero tengo buena información.

Y vengo para rogarle que no asista a ellas.

Acaba de llegar

y eso podía complicar su situación en Pamplona.

A mí no me han invitado nunca,

pero esté seguro de que voy a averiguar lo que pasa.

Créame que me alegro, general.

De lo contrario, lamentaría tener que comunicárselo

al director general de seguridad.

¿Conoce usted al señor Mayor?

No, no le conozco.

Pero esa dirección general, sí.

No se le escapará a usted que yo ocupé ese cargo durante un tiempo.

Espero que entienda lo que he venido a decirle.

Lo entiendo.

Me ha parecido que hablaba usted muy sinceramente

al decir que lamentaría tener que cumplir con su obligación.

Yo, general,

le aprecio a usted, sinceramente.

Muchas gracias, gobernador.

Espero devolverle la visita algún día.

Que podamos hablar de cosas más agradables.

¿No le parece?

Espero que así sea.

Vaya usted con Dios.

(Música de incertidumbre)

Cordón, quiero a Maíz mañana a las 9:00.

Que prepare un viaje largo.

Muy bien.

(Música de incertidumbre)

General don Miguel Cabanellas Ferrer.

Se presenta el general Emilio Mola Vidal.

¿Hablamos en mi coche, en el suyo o paseamos?

Paseamos.

¿Para qué quería verme?

¿Algo que ver con la reunión que tuvieron en Madrid

un grupo de generales?

Tiene que ver con eso y con la situación de España.

Este Gobierno cada vez lo hace peor.

Con todos mis respetos, general, peor me parece poco.

En Madrid, nos comprometimos a pasarnos

la mayor información posible,

pero ahora ya ve, cada uno en una punta del mapa.

Pero aunque sea cada vez más difícil

y que estemos aquí para que no nos vean,

nosotros podemos comunicarnos, vernos

y hablar.

¿Para qué me ha citado? ¿Qué quiere usted de mí?

Armas.

He oído que en las reuniones de Madrid

se hablaba del 20 de abril.

Sí, se habló de esa fecha, pero es imposible,

la tenemos demasiado encima

y hay que hacer las cosas paso a paso.

Supongo que querrá mantener la bandera tricolor

y el himno de Riego, ¿no?

Por supuesto.

¿Qué garantías me ofrece de que será así?

Mi palabra es garantía suficiente de lealtad, mi general.

Estoy de acuerdo.

Cuando crea que tiene los apoyos suficientes,

cuente conmigo y con las armas que yo le pueda suministrar.

Eso es lo que buscaba, ¿no?

Sí, era eso.

Para concretar,

12 000 fusiles y 1 millón de cartuchos.

Tiene que conseguir los apoyos suficientes.

Si no, será imposible.

¿Volvemos?

Vamos.

Perdona el retraso. No te preocupes.

Ahora te cuento.

¿Qué van a tomar?

¿Qué nos recomienda?

Sin duda alguna, la merluza.

Está... Merluza.

Cola y a la plancha.

¿Algo más?

Nada más.

¿Y usted? También merluza, pero a la romana.

Y antes, un poco de sopa de pescado.

Ah, yo también.

Sopa.

Muy bien, creo que les gustará.

¿Es de fiar? Sí, no solo él, también sus jefes.

A los dueños les conozco hace tiempo.

Noticias de Estoril.

Sanjurjo pide que te ponga en contacto con los carlistas.

Ya sabes. Tienen bombas, armamento...

Dicen que es necesario

que haya una participación que no sea estrictamente militar.

Totalmente de acuerdo, pero ¿con quién?

Sanjurjo dice que con Fal Conde.

¿Fal Conde? No lo conozco.

No te preocupes, yo haré el enlace.

Necesito lugar y hora con un día de antelación por lo menos.

También quiero que intentes la forma

de ponerme en contacto con Franco.

Demasiados días sin información.

Bien, veré lo que puedo hacer.

¿Y qué tal con los capitanes? Impacientes.

Les veré el día 20.

Bueno.

Mejor, después del 14.

Veremos qué pasa en el aniversario de la República.

Todo esto es de hace cinco días,

en el quinto aniversario de la República.

Todo transcurría con una cierta normalidad

hasta que comenzaron los abucheos contra la Guardia Civil.

El alférez de la Guardia Civil, Anastasio de los Reyes,

ordenó callar los abucheos.

En ese mismo momento, se desató la violencia.

De repente, sonaron unos petardos

y en medio de estos incidentes alguien, no se sabe quién,

disparó por la espalda al alférez de la Guardia Civil matándolo.

Al día siguiente,

multitud de militares y guardias civiles

acudieron al entierro.

El Gobierno había prohibido que en la esquela se fijara la hora.

Y, a pesar de todo,

unas 50 000 personas avanzaron hasta Madrid.

Y ya, en la capital,

el entierro se convirtió en una batalla.

En la plaza de Castelar matan a Andrés Sáenz de Heredia,

el primo de José Antonio.

Y en la de Manuel Becerra, al disolver la manifestación,

el teniente Castillo al mando de la Guardia de Asalto

se carga a un joven tradicionalista y a un falangista.

El documental lo reproduce bien todo,

pero he conseguido estas fotos de los disturbios.

Menuda manera de imponer el orden y la paz.

¿Por qué no las has publicado en tu suplemento?

Lo he intentado una y otra vez, pero me lo han prohibido.

¿Me las puedes dejar para la reunión de mañana?

Sí, pero como te las vea Lastra es capaz de montarte una rebelión.

Esto es una locura.

Qué barbaridad.

La Guardia de Asalto está imponiendo su poder.

No solo la Guardia de Asalto.

El Gobierno está permitiendo todo tipo de violencia.

Una violencia siempre en el mismo sentido.

Sí, se está llegando a límites intolerables.

No podemos consentir que el Comunismo

acabe tomando el poder

y nos convierta en una colonia del Bolchevismo.

Esta no es la República que algunos esperábamos.

Es necesario que construyamos una gran fuerza militar

y no solo militar,

también con el apoyo civil suficiente

para enfrentarnos a este poder cada vez más destructivo.

Eso es lo que pretendo llevar a cabo.

Y ahora, en este mismo instante,

quiero saber si cuento con el apoyo de todos ustedes.

Con el mío sí, mi general.

¿Cómo se llama usted?

Javier Insausti.

Capitán Insausti.

Antonio Ramírez.

Luis Hurca.

Capitán Hurca.

Y capitán Vicario.

Por supuesto.

Capitán Lastra.

Bueno, ya tenemos director.

Excelente.

¿Nadie me va a poner un vino?

A Lastra le ha costado, ¿eh?

No me pareció que tanto.

Quería ir demasiado deprisa, nada más.

Bueno, es una cuestión de carácter.

General, ¿lleva usted escolta?

No, nunca la llevo.

(Música de suspense)

¡Pare!

¿Están ustedes bien?

Sí, sí, sí.

Bueno, pues ya pasó.

Por ahora, ni una palabra de esto a nadie.

¿Entendido?

(Teléfono)

¿Quién llama?

"Señora, dígale a su marido que esta vez se ha librado,

pero que la próxima será la definitiva".

Mamá.

(Música de tensión)

Tengo miedo, he tenido una pesadilla.

No te preocupes, mi vida.

No te preocupes, ya pasó.

¿Era papá el que ha llamado?

Sí, sí.

Era papá.

Anda, anda, vamos a la cama.

A la camita.

Y ahora,

a soñar con los angelitos.

(Abren una puerta)

¿Están ya dormidos?

Y tú, ¿qué tal?

Bien.

Con mucho trabajo, como siempre.

Vamos a la cama.

(Música de tensión)

Lo difícil es saber quién está detrás de todo esto.

Me temo que el Gobierno.

No creo que el Gobierno se atreva tanto.

Algunos de sus miembros, seguro.

Pero lo que esto deja claro es que necesita escolta, mi general.

De ninguna manera, Emiliano.

Ya sabe que no me gusta llamar la atención.

Sí, sí, lo sé.

Los capitanes también lo saben y dicen que es necesario.

Además, todos ellos estarían dispuestos a serlo

sin ninguna duda.

Si le pasara algo, Dios no lo quiera,

¿qué, mi general?

Está bien, que sea Lastra.

(Llaman a la puerta)

Pase.

A sus órdenes, mi comandante.

Una mujer ha dejado este sobre

de parte del director de "El diario de Navarra".

Acérquese.

¿Espera respuesta? No, mi comandante.

Lo dejó y se marchó.

Retírese. A sus órdenes.

Ábralo.

(LEE) "El general Sanjurjo aprueba que el general Mola

sea el director".

Magnífico.

Recuerde que dentro de unas horas

tiene una cita con el general Queipo de Llano.

Es su amigo Lastra. A partir de ahora llevo escolta.

Gracias por decírmelo.

Después de la última...

(SUSPIRA) Ay.

¿Ha oído la radio?

No, ni un minuto.

Al teniente Castillo, el de la Guardia de Asalto,

le acusan de la muerte del primo de José Antonio.

¿Y quién le acusa? No lo han precisado.

Enseguida está la comida.

Muy bien, muy bien.

¿Y qué tal por Pamplona?

La verdad es que cada día mejor.

Además, hoy tengo noticias nuevas de Sanjurjo.

¿Desde Estoril?

No directamente, sino a través del director de "El diario de Navarra".

Claro.

Raimundo García.

Garcilaso.

También por mi cargo estar bien informado es una obligación.

Entonces, de los capitanes sabrás algo.

Algo, pero no mucho.

Pensaba que tú me informarías.

Pero, antes de eso,

¿cuál es la información que te ha llegado?

Sanjurjo acepta que yo sea el director.

Quiere que me ponga en contacto con los carlistas lo antes posible.

Pero lo que me importa de esta reunión

es saber si puedo contar contigo.

Sabía que me lo preguntarías en algún momento.

Hombre, ya me dirás.

Además de consuegro de Alcalá Zamora,

sé que eres republicano

y que vas diciendo barbaridades de José Antonio y de Franco.

¡Ya sabes que no me gustan las dictaduras!

Sí, soy republicano, pero no de esta República.

Creo que estamos llegando a una situación difícil de aguantar.

Cuenta conmigo.

A donde no pienso ir es a Canarias.

O sea, que a Franco no pienso verle.

¡Mejor, porque no me fío de Paca la culona!

Creo que su colaboración va a ser importante.

Bueno, ya veremos.

A mí lo que me gustaría es ocuparme de Valladolid.

En mi plan hay una zona que será clave: Andalucía.

Y dentro de Andalucía, Sevilla.

Nunca se me hubiera ocurrido.

Será clave.

Tal como están las cosas allí,

necesito un hombre con tu experiencia

y tu capacidad de mando.

Bueno.

Como muy bien dices, vamos a actuar con calma y con prudencia.

Ya llegará el momento.

Su alfarero, señores.

"Estas zonas las tenemos ganadas de antemano,"

pero no hay que descuidarlas, por supuesto.

En estas otras, Madrid, Barcelona y Valencia,

el trabajo va a ser muy duro.

Sevilla tampoco va a ser fácil, pero con Queipo al mando

se convertirá en punto seguro.

(Teléfono)

Despacho del general Mola.

Sí, señor.

Don José Alonso Mayor.

Sí, señor Mayor.

(SUSURRA) El director general de Seguridad.

Bueno, usted mismo está diciendo que son rumores.

No les haga caso porque seguro que no serán los últimos.

No, no, yo de eso no sé nada.

Si los carlistas se estuviesen organizando,

yo lo sabría.

Como seguro que usted también sabría

quién está detrás del ataque que recibí

si es que fue planeado, claro.

Bueno, bueno.

Con Dios, señor Mayor.

Será hijo de puta...

(Música de incertidumbre)

Agradezco su presencia, general.

Usted ha tenido que hacer muchos más kilómetros que yo.

O sea, que mi agradecimiento es mayor, señor Fal Conde.

Por lo visto, el general Sanjurjo consigue todo lo que se propone.

Y está al tanto desde el primer día.

Sí, nosotros le informamos de todo.

También de las maniobras que realizan por esos montes.

Sí, de todo.

¿Y de la fabricación de bombas?

Veo que está usted al tanto de todo.

Es una de mis obligaciones.

Y una de las mías es mantener informado a Sanjurjo.

Ya, ya.

El general y yo somos buenos amigos.

Sí, lo sé.

También sé que Raimundo García actúa de enlace.

El exilio del general debe ser terrible.

Pudo ser peor.

Entre usted y yo, lo del general fue muy precipitado.

Usted también está castigado, ¿no?

Sí.

Pero no desterrado.

¿Van ustedes a colaborar?

Pues sí, estamos dispuestos.

Pero, claro,

esa colaboración no puede ser incondicional.

¿Cuáles son las condiciones?

A los carlistas hay una que nos parece fundamental:

la bandera.

Queremos que se cambie la tricolor por la bicolor,

que es la tradicional.

Estamos dispuestos a luchar,

pero bajo una bandera que consideramos la nuestra

y que esperamos que dentro de poco sea la de todos.

Me queda claro.

¿Algo más?

Sí, queremos que se deroguen todas las leyes laicas.

Y, por supuesto, la disolución de todos los partidos políticos.

Ni siquiera en la reunión de generales hablamos de estos temas.

Ahora mismo, lo que necesita la patria

es una colaboración incondicional.

Pues para los carlistas

consideramos que es una condición imprescindible.

No hay más que ver lo que estamos viviendo últimamente.

Y usted sabe muy bien que necesita la colaboración carlista.

Veremos, señor Fal Conde.

Ya veremos.

Elena.

General, ¿qué tal?

Sí, me he adelantado.

Comandante, esta señorita y yo nos conocemos desde hace tiempo.

Es de Franco.

Está en clave.

Pero ¿tú sabes descifrarlo?

Por supuesto.

¿Y qué dice?

Magnífica noticia.

Me acepta como director.

Pues ya es un logro, mi general, con la fama que tiene.

Hay otro de José Antonio.

Apoya el proyecto,

pero quiere una gran parcela de poder para la Falange

en el futuro Gobierno.

Me previene de Queipo y de Franco.

¿Cuál es tu próximo destino? (SUSPIRA) Ah.

De momento, Madrid. Luego, ya veremos.

No paras.

Así es.

Pero creo que merece la pena. Claro.

Si no, no harías de paloma mensajera.

Ni tú serías el director.

Mi tren sale en media hora.

Comandante.

Acompaña a Elena.

Des que el Frente Popular ganó las elecciones,

se ven más banderas rojas que republicanas.

Mucho me temo que esto va a ir en aumento.

Yo veo a mi padre entre ellos y lo fusilo.

Hay que parar esta marea.

¿Qué me querías contar?

Franco no se fía ni de Queipo ni de José Antonio.

José Antonio no se fía ni de Franco ni de Queipo.

Y no me huele bien.

Pues algo tendrás que hacer.

Porque lo que parece es que de ti sí se fían.

De momento, sí.

Vamos a ver hasta cuándo.

Lo último que quiero son desuniones.

Lo vas a conseguir, de eso estoy seguro.

Deberías hablar con el conde de Rodezno.

Tiene más poder dentro del Carlismo que Fal Conde.

¡Hombre!

General Mola.

Y de paisano.

Tenga.

"El mundo obrero".

¡Viva Rusia!

Te conocen más de lo que tú te crees.

Me parece que deberías ponerte en contacto con Medel.

Es el comandante jefe de la Guardia Civil.

Estudiasteis juntos en la academia, ¿no?

Coño, Raimundo, sabes más de mi vida que yo mismo.

Me veré con Medel.

(RADIO) "Algunos diputados conservadores

protestaron de nuevo

ante las aseveraciones del socialista Largo Caballero

al afirmar en palabras textuales

que 'cuando el Frente Popular se derrumbe, que se derrumbará,

el triunfo de la clase obrera será indiscutible

y entonces se establecerá la dictadura del proletariado'".

Quite eso. "Se trata de una nueva...".

¿Ha podido oír el discurso completo?

No, ¿y usted? Sí.

Y hay algo que se me ha quedado grabado.

Ha llegado a decir que estamos en vísperas de una guerra civil.

En serio, Emilio, ¿es así?

Si ellos la provocan,

no nos quedará otro camino que llevar las cosas hasta el final.

Hasta el aplastamiento del adversario.

(Música de suspense)

Mire, gobernador. El plan solo era darle un susto.

Si Mola salió con vida es porque solo quisimos eso

y saber hasta dónde es capaz de llegar.

No estaba previsto matarle.

El petardo no debía caer en el coche y así fue.

En la Dirección General de Seguridad no somos terroristas.

Pero debió usted avisarme de su intención

antes de atentar contra el general, señor Mayor.

¿Para qué? Sé perfectamente que desaprueba estos métodos.

Por eso he venido hoy.

¿No se le ha ocurrido pensar que pueden haber llegado a acusarme?

Esto es una falta de coordinación de la DGS.

Bueno, y una más de este Gobierno.

¿Se está pasando usted al bando equivocado, señor gobernador?

El ejercicio de la autocrítica no me hace menos republicano.

Ojalá lo ejerciesen más nuestros gobernantes.

En parte estoy de acuerdo.

No debieron haber sido tan generosos con esta pandilla de golpistas.

¿O le parece un justo castigo

limitarse a desperdigarlos y regalar a Mola este gobierno militar?

Conociendo de sobra que al salir de África, camino de Navarra,

conspiró en Madrid con los generales más resentidos.

A este Gobierno del Frente Popular,

si no se está de acuerdo con lo que hace

ni con todos los avances sociales que nadie hizo hasta ahora,

se le puede echar a punta de votos, no de fusil.

Lo que quieren estos generales

es seguir con todos los privilegios que les dio la Monarquía

por defender Marruecos

y asociarse con la España más ultraderechista,

la que perdió las elecciones.

Sí, de acuerdo, señor Mayor.

Pero ese discurso ya lo asumí hace tiempo.

Lo sé, gobernador, lo sé.

Perdone, pero es que hay cosas que me sacan de mis casillas.

Bueno, el caso es que Azaña teme y con razón

que los generales de marzo se reagrupen

y planeen un golpe para antes de noviembre.

Hay mucho movimiento,

del que usted, por cierto, no me informa.

Porque no tengo noticias, señor Mayor.

Por eso quiero comprobarlo yo mismo.

Volveré a Pamplona próximamente y ya le comunicaré la fecha exacta.

¿Avisará al general Mola de su llegada?

Por supuesto que no, y espero que usted tampoco.

Ya le diré cuándo debe citarle.

Aquí es, mi general.

Me general. Pepe.

Qué sorpresa.

Pensaba que estabas enfadado conmigo.

Como no asistí a tu investidura... No te preocupes.

Fue todo muy rápido.

¿Sabes que todavía me acuerdo de los días de la academia?

Yo, también.

Siéntate.

¿Qué tal por Pamplona?

Pues la verdad es que no me puedo quejar.

¿Y tú?

Tampoco llevo mucho tiempo desde que relevé al comandante.

Ya sabes, por ser sospechoso de conspiración.

Verás, Emilio.

No estoy de acuerdo

con las decisiones que tomasteis unos generales en Madrid,

si son las que dicen. ¿Por qué?

Pienso que los que llevamos uniforme

tenemos la obligación de defender

el poder constitucionalmente establecido.

Sí, Pepe, pero las cosas no pueden seguir así.

Si el Comunismo llegara al poder...

Yo saldría a la calle a manifestarme como Emilio Mola.

Veo que conservas tu buena memoria.

Es que me lo dijiste varias veces en la academia.

Si llegara el caso, ¿tú qué harías?

Obedecer las órdenes

del poder legalmente constituido.

O sea, ¿que no harías nada por la salvación de España?

Como comandante de la Guardia Civil de Navarra,

ordenaría a mis hombres que salieran a luchar

contra el alzamiento frente a la República.

¿Es tu última palabra? Mira, Emilio.

En febrero no ganó el Marxismo.

Ganó la burguesía liberal.

Es la ultraderecha la que está llevando a España

a esta situación de caos,

así que no me vengas con que vais a salvar la patria.

Estoy en contra del Fascismo.

Si llegara, siempre gritaré: "¡Viva la República!".

Yo no soy ningún fascista.

Eso el tiempo lo dirá.

Mi general.

El gobernador civil Menor Poblador ha llamado para avisarle

de que el director general de Seguridad don José Alonso...

Sé cómo se llama el director de la DGS.

Sí, lo sé, mi general.

Bueno, que quiere hacerle una visita sorpresa en Pamplona.

Muy bien, que la haga.

Y el conde de Rodezno ha confirmado su encuentro para esta noche.

Cordón, léame esto en voz alta y dígame qué le parece.

¿Es la primera de sus instrucciones como director?

Así es.

(LEE) "Se tendrá en cuenta que la acción

ha de ser en muy violenta para reducir al enemigo,

que es fuerte y bien organizado".

"Desde luego, serán encarcelados

todos los directivos de los partidos políticos,

sociedades o sindicatos no afectos al movimiento,

aplicándoles castigos ejemplares

para estrangular las maniobras de rebeldía o huelga".

¿Y?

Mi general, yo sé que estamos llegando a la absoluta anarquía,

pero me parece un texto... realmente duro.

Y, si me lo permite, yo diría que casi violento.

Violencia es lo que estamos viviendo.

Esto no es violencia, esto es un anuncio.

¿Te pasa algo, comandante?

¿Puedo irme ya, mi general?

He quedado con mi novia para fijar la fecha de nuestra boda.

(Música de incertidumbre)

Ahí está.

No sé lo que durará, pero lo mejor es que se vaya a casa.

Muy bien.

Buenas noches, mi general.

Soy el padre Izpu.

El señor conde le espera en la capilla privada

del señor arzobispo,

que, por cierto, le envía su bendición.

Vamos.

(Música de misterio)

Conde de Rodezno.

Sí, yo mismo.

Y usted, así vestido, el general Mola.

Lo primero que quiero hacer es pedirle disculpas

porque me temo que Fal Conde no estuvo cortés con usted.

Estuve a punto de mandarle un escrito.

Bueno.

Ahora que nos hemos visto, puede decirme el contenido.

Por favor.

Es muy sencillo.

Necesitamos a los requetés

para el triunfo en Navarra y el País Vasco.

Esto no lo podemos sacar adelante.

Es solo con hombres uniformados. Sí.

Es una zona muy importante.

Por tanto, no merece la pena discutir

sobre el color de las banderas.

Hay algo muchos más decisivo.

General.

Cuando usted ordene el toque de clarín,

los carlistas obedecerán sin la menor duda.

Magnífico. Eso sí.

Cuando alcancemos el poder,

quiero que queden destruidas todas esas leyes inmorales

que permiten el divorcio, el matrimonio civil

y el voto de la mujer.

Pero primero habrá que alcanzar el poder.

(Música de incertidumbre)

¿No le dije que se fuera a casa?

Es cosa mía, Emilio.

Sube rápido.

Últimas noticias del ministerio de la guerra.

El Gobierno quiere destituir a Yagüe

de su puesto en Marruecos.

¿Por qué?

Ya lo sabes.

Quiere castigar

a los que reprimieron la revolución del 34.

Ya.

El pretexto es ese.

El motivo real son mis movimientos, ¿no?

Estoy convencido.

No puedo permitirme el lujo de quedarme sin jefe en Marruecos.

Al menos, hasta que Franco llegue.

Yagüe para mí es imprescindible.

Tengo que comunicarme con él cuanto antes.

Ya lo he hecho por ti.

Está muy nervioso.

Quiere que actúe ya.

¿Puedes? De ninguna manera.

Sería un fracasado estrepitoso.

Si el Presidente del Gobierno

consigue destituirle,

vas a tener un problema muy gordo.

"7 por 3: 21".

7 por 4...

28.

28.

7 por 5: 35.

¿Qué, y sacas buenas notas?

Nunca le parecen suficientes.

No se conforma con notable.

Vaya creo que tiene a quien parecerse.

Bueno, a dormir.

Emilio, déjales un poco más.

Para una vez que tienen ocasión de ver a su tío...

No, no, ya es muy tarde y necesito seguir hablando con mi hermano.

A sus órdenes.

Buenas noches, tío Ramón. -Buenas noches.

Buenas noches. -Que durmáis bien.

Hasta otra, Ramón. Adiós, Consuelo.

¿Qué posibilidades hay en Barcelona?

Yo creo que está muy difícil.

Ya.

No acabo de ver con quién podemos contar allí.

No sé.

Llano de la Encomienda. ¿Qué te parece?

Pero... en las reuniones de Madrid estuvo el general Goded, ¿no?

En Madrid estuvo de acuerdo en todo, pero no sé.

No me da confianza.

Quizá le encargue Baleares, ya veré.

¿A qué hora te vas?

Dentro de un rato, en el último tren.

Pero, Emilio,

¿cuándo crees que empezará todo?

Hasta que no estén todos los compromisos

no voy a poner una fecha definitiva.

No quiero precipitaciones de las que me tenga que arrepentir.

¿Entiendes?

¿Me informarás?

A diario.

Ya veremos cómo.

Bueno.

Creo que ya es hora de ir a la estación.

Estaré preparado cuando llegue el momento de cumplir tus órdenes.

Buen viaje, Ramón.

(RADIO) "Y el señor Calvo Sotelo añadió:

'Sobre el caso, me agradaría hacer un levísimo comentario'.

'Cuando se habla por ahí del peligro de militares monarquizantes,

sonrío un poco

porque no creo que exista actualmente

en el Ejército español

un solo militar dispuesto a sublevarse

a favor de la Monarquía y en contra de la República'.

'Si lo hubiera sería un loco,

aunque también sería un loco

el militar que al frente de su destino

no estuviera dispuesto a sublevarse a favor de España...'".

(Llaman a la puerta)

Adelante.

El director general de Seguridad, señor Alonso Mayor.

Que pase.

General Mola, le presento...

Siéntese, por favor, y apague ese aparato.

Calvo Sotelo es un imprudente y un provocador.

He escuchado su discurso por la radio del coche

y no sé dónde vamos a llegar.

Es intolerable.

Aunque tal vez usted sí lo sepa, general Mola.

Buenos días, señor Mayor.

¿Ha venido a Pamplona para hacerme esa pegunta?

Son cada vez más las noticias que me llegan

y hablan de movimientos de armas y requetés aquí, en Navarra.

Y hay algunos que se atreven, así lo dicen,

a implicarle a usted, general.

Son solo infundios.

¡Estoy hasta los cojones de tanta amenaza!

¡Parece que se vigila cualquiera de mis movimientos!

Señores, por favor. Les ruego que conserven la calma.

Comprenda, general, que debo transmitir sus palabras

al ministerio de la gobernación.

Así que conteste a mi pregunta con la misma claridad.

Doy mi palabra de no estar comprometido

en ninguna aventura que ponga en peligro

al Gobierno de la República.

Lo transmitiré con esas mismas palabras.

"Este será su último discurso".

"Así amenaza la Secretaria General del PCE, Dolores Ibarruri,

al diputado del frente antirrevolucionario Calvo Sotelo".

Esto voy a publicarlo.

Y esto otro que sigue ahora, también.

Escucha.

"Según el informe del jefe de la oposición derechista,

Gil Robles,

en los cuatro últimos meses

han destruido 160 iglesias,

ha habido 250 muertos y heridos,

215 atracos comunistas

y 312 huelgas".

¿Te van a dejar publicarlo?

Lo voy a intentar como sea.

¡Porque algo tenemos que hacer!

¡No nos conviene!

¡Eso saldrá en muchos periódicos y no hay que arriesgar!

Emilio, sé que eres prudente y que no quieres dar

pasos en falso,

pero esto no puedo continuar así.

Y realmente Yagüe no fue destituido,

pero no vuelvas a tentar a la suerte, actúa ya.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

Despacho del general Mola.

Lastra.

Capitán, el general no está.

No sé si es muy complicado lo que tengo que escribir

o es que hoy no me sale nada.

General.

Ya hemos decidido la fecha de nuestra boda.

Será a primeros de año.

No sé si es el momento más adecuado por la situación del país, pero...

pero ya está.

Y, mi general,

sería para mí un orgullo

si vuecencia quisiera ser el padrino de mi boda.

Cuente conmigo, coño.

No pasa nada, cariño.

Que son las fiestas de aquí.

# A Pamplona hemos de ir,

# con una media, con una media.

# A Pamplona hemos de ir, con una media y un calcetín. #

Tenéis que aprender la canción.

(Llaman a la puerta)

¿Quién será?

Zoila está de fiesta.

No os mováis de aquí.

(Música de suspense)

(Llaman de nuevo)

¿Quién es?

"Soy Raimundo García,

director de 'El Diario de Navarra'".

(SUSPIRA) Ay.

No he llamado

por si los niños dormían.

No se preocupe.

Pase, por favor.

No, no, no, será solo un momento.

He venido a capitanía por reunirme con su marido,

pero no ha habido forma.

Su ayudante tampoco está en el despacho

y yo tengo muy poco tiempo.

Ah, pues Emilio aquí todavía no ha llegado.

Ya, ya, ya se sabe.

En San Fermines, verse por Pamplona es toda una hazaña.

Claro.

¿Puedo ayudarle en algo?

¿Tiene algún recado para él?

No sé si debo ni...

si a su marido le parecerá correcto.

En fin.

Dígale que las maniobras en Marruecos ya han comenzado.

Y que Yagüe está al frente del Ejército africano

esperando sus instrucciones.

Eso es todo.

Perdóneme.

Y perdone esta intromisión.

"Si hay algo más que quieras contarme,"

dímelo.

Ese era el mensaje de Garcilaso.

Ahora eres tú el que debes explicarme qué significa.

¿Sabes por qué me enamoré de ti, Emilio?

Porque no te dirigías a mí como a uno de tus soldados.

(Música melancólica)

Cuando vinimos a Pamplona,

pensé que eso supondría que tus planes quedaban atrás.

No vinimos, me castigaron.

Sí.

Sí.

Pero desde que hemos llegado no me has contado nada.

Es más.

No te lo había dicho.

Pero...

pero me enteré de que han intentado matarte

porque contesté una llamada anónima.

No quise preocuparte, eso es todo.

Solo estoy cumpliendo con mi deber,

tanto con mi patria como con mi familia.

Con tu patria, ya veo que sí.

¿Y con tu familia? ¡También!

¡Tenemos casa, alimentos, seguridad!

Eso lo hemos tenido siempre.

Pero antes...

también había tiempo para otras cosas.

El cariño, por ejemplo.

En estos momentos, la seguridad se ha convertido en el valor máximo.

Y por eso tus hijos y yo nos pasamos el día entero

encerrados en estas cuatro paredes, ¿no?,

¡en esta especie de cárcel

esperando a que tú decidas provocar una guerra civil!

¿Que yo quiero provocar una guerra civil?

¡Llevamos en estado de alerta

desde el mismo puñetero día en que ganaron las elecciones!

Pensé

que compartíamos ciertos principios, Consuelo.

¡También compartimos cuatro hijos!

Lo siento.

Lo siento mucho, Emilio, de verdad.

Esta no es la patria que yo quiero para mis hijos.

Pero si tú quieres llevártelos a un lugar más seguro,

lo entenderé.

He hablado con mis parientes de Bayona.

Están dispuestos a coger a los niños.

Pueden ir con Zoila en tren hasta Irún.

Allí estarán esperándoles mis primos.

¿Y tú?

Yo quiero quedarme contigo.

Excelente.

(Llaman a la puerta)

Mi general.

En Madrid le han pegado dos tiros

al teniente de la Guardia de Asalto José Castillo.

Ese es el acusado de matar entre otros al primo de José Antonio.

Se lo tenía merecido el muy cabrón.

¿Quién lo ha matado?

Según la visión oficial, dos pistoleros del fascismo.

O sea, dos valientes.

Mi general, ¿no cree que ya ha llegado el momento?

Capitán, salga de mi despacho.

Comandante, que Maíz traiga el coche.

Lo de Castillo va a traer consecuencias.

Mamá, ¿cuándo vendrás a vernos?

No, sola no, ven con papá.

Nos veremos muy pronto.

Lo que no nos llevamos es el acorazado.

No te preocupes.

Ya os lo llevaremos nosotros.

Tenéis que portaros muy bien, ¿eh?

Y tú, Zoila, ya sabes.

Vuelve en el primer tren que puedas.

Sí, señora.

Corre el rumor de que a Castillo se lo cargaron

los propios socialistas

por negarse a hacer cierto encargo del Presidente del Gobierno.

¿Te dijeron cuál era ese encargo?

Pensé que lo sabrías tú,

que como diputado estás más cerca de él.

Desde las elecciones de febrero,

eso de estar cerca del Presidente no lo puede decir casi nadie.

Lo que si sé

es que la prensa oficial

ha publicado que han sido los fascistas.

En previsión de que la resistencia se alargue,

vamos a necesitar enlaces con Hitler y Mussolini.

Emilio.

¿Hasta dónde tienes planeada tu estrategia para el alzamiento?

En mi cabeza, hasta el último detalle

y con suma precisión.

Creo que deberías pasar a la acción.

Deberías hacer concesiones a los carlistas, a los falangistas

y a quien hiciera falta.

Y adelantarte a los acontecimientos.

Para que no te ganen la partida, como acabo de hacerlo ahora.

Mate.

(Llaman a la puerta)

"¡Abran a la Policía! ¡Queda usted detenido!".

"No pueden detenerme".

"¡Tiene usted que acompañarnos!".

"¡Traigo una orden de detención!".

(Llaman a la puerta)

(Música de suspense)

(Llaman de nuevo)

Capitán, ¿qué ocurre?

Mi general.

Han secuestrado a Calvo Sotelo.

¿Ha venido en coche?

Espéreme abajo, tardaré muy poco.

Descanse, Manolo.

(Música folclórica)

De momento, ninguno ha dicho nada.

(RADIO) "En las próximas horas, se espera un tiempo tranquilo

en la zona norte".

Seguro que Garcilaso tiene ya noticias de última hora.

(LEE) "A las 2:00 del 13 de julio,

se presentaron en el domicilio

del diputado derechista José Calvo Sotelo

dos hombres uniformados

portando una orden de arresto de la Dirección General de Seguridad".

Otra vez, Mayor.

"En principio,

Calvo Sotelo se negó,

invocando al derecho de inmunidad parlamentaria".

"Y trató, sin conseguirlo,

de contactar telefónicamente con la Dirección General,

pero los uniformados habían arrancado el hilo telefónico".

Muy pronto para tener tanta información.

¿De dónde la has sacado?

La mujer de Calvo Sotelo puso una denuncia inmediatamente.

Y tus informadores de la Policía me han pasado la declaración.

Sigue, sigue.

"El diputado fue obligado bajo amenazas

a acompañar a los desconocidos asaltantes

y uno de ellos, que se las dio de jefe,

mostró su carné de miembro de la Guardia Civil".

"Eso generó confianza, entre comillas,

en Calvo Sotelo".

Y se lo llevaron a dar un paseo.

Exactamente.

(Teléfono)

Diga.

(Música de suspense)

El cadáver de José Calvo Sotelo

ha aparecido con dos balas en la cabeza

en el depósito del cementerio del este de Madrid.

Esos serán amigos de Castillo.

Seguro.

Esto es una venganza.

¡Y un crimen de Estado!

Los capitanes dicen que ha llegado el momento.

Que esperar más tiempo puede ser peligroso.

Alguno llega a decir que una locura.

¿Qué piensa hacer, mi general?

Todo, pienso hacerlo todo, pero a su debido tiempo.

Estoy hasta los huevos de repetir

que cualquier error puede llevarnos al fracaso.

Póngame con la Dirección General de Seguridad.

Con la Dirección General de Seguridad.

Un momento.

Con el señor Alonso Mayor, por favor.

El general Mola.

"Sí, general".

"Estoy recibiendo muchas llamadas, pero no me pongo con nadie".

"Con usted, sí". Muchas gracias.

¿Qué me dice de que los asesinos

llevasen una orden de detención de la DGS?

"Es una falsedad".

"No ha habido ninguna orden de esta dirección".

"Estamos investigando cómo se ha generado esa calumnia".

O sea, que según usted,

los hechos no tienen nada que ver con esa dirección general.

"Absolutamente nada".

"Ya le digo que lo estamos investigando".

¿Y han descubierto algo?

"No, todavía no".

¡Pues espero que sea pronto!

¡Porque la situación empieza a ser muy preocupante!

No me creo ni una palabra.

Le ha colgado el teléfono, mi general.

Ha sido instintivo.

Comandante.

Me gustaría estar un rato solo.

Voy a tratar de dormir un poco.

¿Quiere que le prepare algo?

Se lo agradezco,

pero que sea en un par de horas, por favor.

Diré que no pasen llamadas.

Magnífico.

(RONCA)

(Llaman a la puerta)

¡Adelante!

Le he preparado algo.

¿Se lo traigo, mi general?

No, luego, luego.

Bueno, dos horas son dos horas.

¿Ha conectado los teléfonos?

(Teléfono)

(Teléfono)

Dígame.

Un momento.

Garcilaso.

Dime.

"Emilio, tengo un mensaje de José Antonio Primo de Rivera".

"La Falange se une sin condiciones

y abandona sus pretensiones de poder".

"Enhorabuena".

Perfecto, Garcilaso.

Muchas gracias. "Adelante, Emilio".

Comandante.

Póngame con el general Cabanillas.

Con el general Cabanillas.

"¿Alguna novedad, general?".

Magníficas noticias, mi general.

Ya tengo todos los apoyos que necesito.

"Bien, enhorabuena".

Desde lo de Calvo Sotelo, los teléfonos no han parado.

"Entonces, se acerca el momento". Así es.

¡Ya ha llegado la hora!

"Y dígame qué compromisos ha conseguido usted".

Los falangistas, los carlistas,

los generales Queipo de Llano y Goded,

todos los capitanes.

"Bien, pues cuente también conmigo".

"Pero, como usted dice muy bien,

hay que empezar todo en el día exacto".

¡Así lo haré, mi general!

"Espero sus noticias".

Yagüe está ahora aquí,

dirigiendo las maniobras del llano amarillo

que terminarán mañana como estaba previsto.

Después,

tomará el mando en Marruecos hasta que llegue Franco.

Franco está en Tenerife a cargo de la comandancia de Canarias.

Pero viajará a Marruecos y tomará el mando.

Entonces, todo empezará en Marruecos.

Y continuará en Andalucía.

Queipo tomará el mando en Sevilla,

Goded en Mallorca, Saliquet en Valladolid...

Y así, con todas las capitales.

En una operación de tenaza sobre Madrid.

¿Madrid y Barcelona no son casi imposibles?

Casi, pero caerán.

¿Cuándo comenzará todo?

En Logroño, están a punto de levantarse por su cuenta.

¡Aquí no se moverá ni Dios hasta el momento oportuno!

Pero usted sí sabe cuál es ese momento.

17-17.

Día 17 a las 17:00.

¿Por qué no antes?

Algunos tenemos la sensación

de que se ha perdido demasiado tiempo.

O peor, de que el plan del alzamiento se ha paralizado.

El asesinato de Calvo Sotelo ha marcado la fecha para muchos.

¡Nada se ha paralizado!

¿Qué quieren, que nos descubran y nos desmantelen como en marzo?

Y nosotros, ¿qué?

Yo estaré al mando del Ejército del norte.

Con 10 millones de cartuchos de fusil, tomaremos Madrid.

¿Y eso cuándo será, general?

¡Cuando yo dé la orden!

¿Ha quedado claro?

(Música de incertidumbre)

¡Edición especial!

¡Edición especial!

¡Cientos de elementos de derechas detenidos

por manifestarse contra el asesinato de Calvo Sotelo!

¡Suspendidas las sesiones parlamentarias

hasta 40 días!

Buenos días, Paquita. Vaya día, don Raimundo.

Así es.

Me llevo "El Sol" y "La Voz". Muy bien.

¡El director de la Dirección General de Seguridad

clausura el domicilio social de la CEDA en Madrid!

Muy pronto, Emilio, hijo.

Sí, enseguida estaremos juntos.

No llores.

Juega, juega con tus hermanas.

Sí, sí, te llevaré el acorazado y así lo terminas tú.

¿Qué te parece?

Espera, hijo.

(Timbre)

Dale un beso de mi parte.

Ya voy yo, Zoila.

Emilio. Pasa, pasa.

Señora.

¿Qué se tapa en Madrid? Ahora te cuento.

Que no nos molesten.

El Gobierno siguen sin tomarnos muy en serio.

Pero hay gente en el Frente Popular que sí.

Martínez Barrio, por ejemplo.

Está muy preocupado

porque Azaña ha dicho que si se produce una rebelión

está dispuesto a armar a la población civil.

Este Azaña...

No solo se empeña en triturar al Ejército,

sino que organiza una tropa marxista

de la noche a la mañana.

Te lo digo para que lo tengas en cuenta.

Lo que faltaba para la anarquía total.

Que es justamente lo que queremos evitar.

¿No?

Si quiere guerra, la va a tener.

(Música de incertidumbre)

No has pegado ojo en toda la noche.

No.

Pero, por lo que dices, tú tampoco.

Me pasa mucho que te vayas.

Pero creo que es lo mejor.

¿Crees que todo saldrá como lo tienes previsto?

Esta vez no será un fracaso.

Cuando llegue el momento, Sanjurjo llegará en avión desde Lisboa

y se pondrá al mando de un gobierno militar.

¿Y tú?

Ministro de la gobernación.

¿Y cuándo saldrá Sanjurjo de Lisboa?

No lo sé.

O sea, que no me quieres decir la fecha.

Serán muy pocos días, Consuelo.

Eso espero.

Emilio.

Solo quiero saber una cosa para quedarme tranquila.

Dime.

Cando Azaña te encarceló, no te castigó solo a ti.

Tuviste que trabajar muy duro haciendo juguetes

para mantenernos.

Después, las cosas cambiaron

y el mismo Azaña estuvo en la cárcel.

Y tú recuperaste tu posición.

Quiero que me digas, Emilio,

si crees que todo lo malo que hubo entre vosotros terminó.

Que no eres rencoroso

ni vengativo.

Consuelo.

Azaña también ha recuperado su posición.

Te juro que mis planes no tienen nada que ver

con rencores personales,

sino con mi deber hacia la patria.

Puedes irte tranquila.

Mi general.

Lo siento, Emilio, no tengo mucho tiempo.

Traigo un mensaje de Franco.

Es urgente.

Geografía poco extensa.

¿Qué significa?

Significa que Franco no va a Marruecos.

¿Por qué piensas que ha cambiado de opinión?

Ya me insinuó en marzo: "Ve tú primero, yo iré luego".

¿Va a salir, mi general?

Voy a cambiarme.

Tengo que ir a la estación a recoger a mi hermano.

Gracias, Elena.

General.

Ayer, nuestros compañeros capitanes de Logroño

quisieron salir a la calle, pero logré pararlos.

Magnífico, Vicario. Sigue haciéndolo.

Puede que haya retraso. ¿Retraso? ¿Por qué?

Franco no va a Marruecos.

En la carta te detallaba la situación.

Ya te he dicho que esa carta no llegó.

Está claro que el control es cada vez más estricto.

Cuéntame.

Las cosas van muy mal.

Y no solo en Barcelona.

En toda Cataluña.

No contamos con medios.

No tenemos compromisos,

no tenemos hombres ni armas.

No sé si es el momento, Emilio.

Mira, se dice que en los cuarteles

casi la cuarta parte de los reclutas de reemplazo

ha sucumbido a las ideas marxistas.

No me cabe en la cabeza

que el Ejército se haya vuelto tan dócil con Azaña.

Pero de todas formas, Ramón, eso que tú llamas el momento

no creo que llegue a Barcelona, Madrid y a otras capitales.

Pero el movimiento es imparable.

Y algún día alcanzará a toda España.

O sea, que crees que sería un error detenerlo.

¿Y qué vas a hacer sin Franco?

El avión ya lo esperaba con los motores encendidos

y no apareció.

¿Quién va a estar al mando del Ejército de Marruecos?

¿Yagüe?

Al final, Queipo va a tener razón en no fiarse de Paquito.

¿Lo vas a retrasar todo? En junio, le mandé cuatro mensajes.

No me respondió a ninguno.

Algo raro tiene que estar pasando por ahí abajo.

Emilio.

A mí me parece que siempre ha querido rivalizar contigo.

Puede ser.

Pero tiene que haber algo más.

¿El qué?

Es el que mejor se ha llevado siempre

con el Gobierno de Siqueiros.

Algo debe haber.

Si no, no me explico a qué carajo está explicando.

Quizá está esperando a que todo le favorezca

y por eso haya perdido interés en apoyar el levantamiento.

Voy a mantener el calendario con él o sin él.

Si hay modificaciones, te las haré llegar de inmediato.

Emilio.

Puede que sea la última vez que nos veamos.

Eso no lo quiero oír ni en broma.

¿Estamos?

Estoy convencido de que Yagüe no se alzará sin Franco.

(Teléfono)

Mola al habla.

"Soy Garcilaso". Dime, ¿qué pasa en Marruecos?

"Yagüe acaba de sublevarse según lo previsto".

"Enhorabuena, mi general". ¡Bien hecho, coño!

Gracias, Garcilaso, hasta luego.

Señores.

Informen de esto a los demás capitanes y que estén preparados.

Cuando Cabanillas mande las municiones, les avisaré.

¡Y ni un paso hasta que yo lo ordene!

¿Entendido? Sí, mi general.

Pueden retirarse.

(Música de intriga)

(Teléfono)

Cójalo y dele al botón.

Despacho del general Mola.

"Soy el Director General de la DGS".

"Póngame con el general Mola".

Un momento.

Mola al aparato.

"General, acabo de enterarme

de lo que está sucediendo en Marruecos".

"Espero que esto no tenga nada que ver con usted".

A estas alturas ya debería usted haberlo deducido.

"Pero usted me dio su palabra".

Le di mi palabra de que no estaba metido en ninguna aventura.

¿O le parece una aventura salvar a la patria?

¡Edición especial!

¡Edición especial!

¡Edición especial!

Buenos días, Pepe.

Gracias por tu madrugón.

Veo que has cumplido con tu amenaza de sublevarte.

Porque lo de Yagüe está dirigido por ti.

Marruecos es solo el comienzo.

¿Por qué me has llamado?

Para darte una última oportunidad.

Ya te dije muy claramente cuál es mi postura.

Dentro de unas horas, me sublevaré

con todas las fuerzas a mis órdenes.

Tal vez, te lo quieras pensar mejor y unirte a nosotros.

Ahora y siempre, ¡defenderé al Gobierno de la República

legalmente constituido!

Lamento tu decisión.

Pero te pido que no utilices tus armas contra mis hombres.

¿Es una amenaza?

Pasa, pasa, Emilio.

Tengo noticias. Espero que buenas.

Mensaje de Franco.

Esta madrugada han despegado rumbo a Marruecos.

¡Será cabrito!

Seguro que han esperado hasta el último momento.

Sin duda, pero sigue siendo una buena noticia.

Magnífica, esta noche se la comunicaré a los capitanes.

Espero que se entienda que esto será

por las buenas o por las malas.

Publicarás la proclama. Seguro.

Pasaré por tu despacho. Bien.

Eh... ¿qué tenemos más pendiente? Sí, tenemos dos cosas.

Permiso, mi general.

Coronel Solchaga.

Pase, hombre, pase.

¿Todo en orden? Todo en orden, mi general.

Las compañías, a la espera de nuestras órdenes.

Los carlistas, dispuestos.

Todo, según lo acordado.

Y todos y todo a sus órdenes.

Pues en marcha.

¿Qué pasa, coronel?

Al venir hacia capitanía, vi una ambulancia

y detrás un grupo de oficiales de la Guardia Civil gritando:

"Abajo los fascistas".

Venían de su cuartel.

Le pregunté a uno qué había pasado

y me dijo que allí el comandante Medel

arengó a sus hombres contra la sublevación nacional

y gritó: "Viva la República".

¿Y?

La mayoría de los oficiales le contestó con 'vivas' a España.

Entonces, al verse perdido,

el comandante Medel intentó huir

y disparó con su pistola a un guardia que resultó herido.

Entonces, otro guaria le disparó con su fusil

y Medel cayó muerto.

Qué desgracia caer en manos de tus propios hombres.

¿No?

(RADIO) "De nuevo hablar el Gobierno

para confirmar la tranquilidad en toda la península".

"Gracias a las medidas de previsión tomadas,

puede considerarse desarticulado

un movimiento de agresión a la República

que no ha encontrado en la península ninguna asistencia

y solo ha conseguido adeptos en una facción del Ejército

que la República mantiene en Marruecos".

Como ven, todo marcha según el plan.

Avanzando hacia Madrid,

donde muy pronto entrará el general Fanjul.

¿Y Barcelona, mi general?

Llano de la Encomienda se ha negado a sublevarse,

pero hasta eso era previsible.

¿Quién se va a hacer cargo ahora de esa plaza?

He mandado a Goded desde Mallorca

para que lo arreste y tome el mando en Barcelona.

Entre ayer y hoy se han sumado

todas las guarniciones comprometidas.

Solo faltamos nosotros.

Todos los capitanes y demás oficiales

estamos a su entera disposición, mi general.

En calidad del director del movimiento

y jefe de las fuerzas del norte.

Mañana daré el pistoletazo de salida.

El porvenir de la patria está en nuestras manos

y es para mí un honor contar con ustedes.

Señores.

Todos a casa.

Nos esperan días gloriosos.

¡Capitán!

(Cánticos y griterío)

"Despacho del general Mola".

"Sí, señor".

El Presidente de Las Cortes.

# Y se alzan los pueblos

# por la internacional.

# Agrupémonos todos... #

"General Mola".

Dígame, señor Martínez Barrio.

Le escucho con todo el respeto.

"General, le llamo para informarle

de que don Manuel Azaña me ha dado plenos poderes

para la formación de un nuevo Gobierno".

Le deseo suerte en su nuevo mandato.

Pero ¿cuál es el motivo de su llamada?

"Mire, general".

"La suerte de este nuevo Gobierno depende de usted".

"El señor Azaña me acaba de nombrar

con la intención de hacerle cambiar a usted de opinión,

ya que según las informaciones de que disponemos,

usted es en este momento

el director de la rebelión militar que acaba de producirse".

¿Y cómo piensa hacerme cambiar de opinión?

¿Triturando al Ejército como el señor Azaña?

"No, no, no se trata de eso, general".

"El señor Azaña me ha pedido que forme un Gobierno

capaz de satisfacer las pretensiones del Ejército".

"Mire, general".

"Me gustaría saber quién le parece a usted más adecuado

para hacerse cargo de la cartera de Defensa".

Agradezco mucho su consideración,

pero me siento en el deber de decirle

que el Gobierno que usted va a formar no servirá para nada.

"¿Y no cree usted que sea posible llegar a un acuerdo

entre nosotros?".

No, ahora ya no.

Ustedes tienen sus fuerzas y yo tengo las mías.

Llegar a un acuerdo ahora supondría traicionar a unos y a otros.

¡Y eso no lo haré!

General Mola".

"¿Se da usted cuenta de la tragedia que se va a producir?".

Sí.

Pero es mi deber.

"Entonces,

¿quiere usted decir que esta es su última palabra?".

Con todo respeto, me despido de usted,

señor Martínez Barrio.

He terminado a tiempo las instrucciones políticas.

Pues aquí estoy.

A las 18:00, la proclama.

Como lo tenías previsto.

Así es, pero no quiero yo quien lo haga.

He pensado que sea un capitán.

Vicario, por ejemplo.

En tu nombre, claro. Por supuesto que en mi nombre.

¿Eso era todo? No, hay algo más.

No estaba seguro.

Dime el plan completo.

Primero quiero saber la opinión del comandante.

¿Ha podido leer el par de páginas?

Sí, las he leído, mi general. Me parece muy bien.

Estupendo.

Entonces, quiero primero el capitán a las 18:00.

Segundo: que se imprima el texto que ha leído el comandante

y se reparta por todo Pamplona.

Y tercero: "Radio Navarra" para mi proclama.

¿A qué hora? A las 22:00.

(Música de incertidumbre)

Yo, Emilio Mola Vidal,

general y jefe de las Fuerzas Armadas de Navarra,

hago saber

que dado que la España de hoy

ofrece un espectáculo de miseria, sangre y dolor

como jamás ha conocido su historia,

el Ejército,

fiel a su consigna de derramar su sangre por la patria,

extiende hoy su brazo armado

para salvar a una España llevada al borde del abismo

por un enemigo que intentaba teñir para siempre

las aguas de nuestros ríos

con el carmín glorioso de la sangre española.

¡Una vez más, el Ejército,

unido a otras fuerzas de la nación,

siente el deber de recoger el gran anhelo de los españoles,

que no es otro que el de imponer el orden, la justicia

y una nación libre, poderosa y grande!

¡Queda declarado el estado de guerra!

Versión española - La conspiración

07 abr 2019

El 14 de marzo de 1936, el General Emilio Mola Vidal llega con su familia a Pamplona para tomar el mando del Gobierno Militar de la plaza, trasladado por el Gobierno del Frente Popular de la II República Española, como parte de una estrategia de dispersión de militares sospechosos de conspiración...

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  1. sara

    creo que mereció el millón de euros si es que costó eso gran actor ..... da gusto ver buenos actores en tu propia lengua

    09 abr 2019
  2. Manuel Medina Chicote

    ¿Para cuando la justicia en España?

    08 abr 2019
  3. Manuel Medina Chicote

    ¿PARA CUANDO LA JUSTICIA EN ESPAÑA?

    08 abr 2019