www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
4061078
No recomendado para menores de 12 años Versión española - La casa de mi padre (Presentación y coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, buenas noches.

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para poder mirar con distancia?

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para poder pensar con templanza?

¿Cuánto tiempo tiene que pasar para no andar de puntillas?

"La casa de mi padre", dirigida en 2008 por Gorka Merchán,

nos va a brindar la oportunidad de hacer memoria

y de pasar revisión a una herida:

la generada en el País Vasco por años y años de tensión.

Gorka Merchán, buenas noches. Buenas noches.

Director de la película de hoy. Bienvenido a "Versión española".

Es un placer. Igualmente, es un orgullo estar aquí.

Hoy tenemos el enorme placer de recibir en nuestro plató

a dos magníficos conversadores

que poco o nada tienen que ver con el oficio del cine,

pero que son voces autorizadísimas para hablar del tema

que hoy nos va a ocupar

Edurne Portela, buenas noches. Buenas noches, Cayetana.

Bienvenida. Gracias.

Edurne, eres doctora en Literaturas Hispánicas

y has impartido clases en la Universidad de Lehigh,

en Pensilvania, en EE.UU., hasta el año 2015.

Y ahora estás centrada en tu carrera de escritora.

Eso es.

Has orientado gran parte de tu trabajo de investigación

a las formas de representación de la violencia

en la cultura contemporánea,

algo que te llevó a acercarte a la dictadura argentina

pero más tarde has decidido enfocar tus letras

y tus folios en blanco a tu realidad más cercana

que es la sociedad vasca, donde has crecido.

Y de ahí surge tu estupendo y necesario ensayo.

Lo tengo aquí en mi mano.

Digo "estupendo y necesario" desde el corazón, la verdad.

Porque lo hemos leído y releído en el equipo.

"El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia",

en el que te preguntas, y digo tus propias palabras,

"si resulta posible hacer un cambio imaginativo

que permita reconstruir los vínculos sociales

resquebrajados por la violencia

y si la cultura tiene una función en este proceso".

Muchas gracias, Edurne, por aceptar esta invitación.

Es muy importante para nosotros para hacer este programa.

Gracias a vosotros por invitarme.

Y con nosotros está también Gorka Landaburu.

Gorka, buenas noches. Buenas noches.

Bienvenido, es un placer. El placer es mío.

El estar con vosotros, y contigo, aquí.

Pues eres de sobra conocido por todos

pero vamos a recordar a nuestros espectadores

que es un prestigiosísimo periodista.

Actualmente diriges el semanario Cambio 16.

Has sido siempre una voz muy activa contra la violencia.

Tu presencia aquí es todo un privilegio

para poder hacer este programa.

No solo has sido testigo y narrador de aquellos años durísimos,

sino también has sido víctima de un atentado terrorista

que sufriste en mayo, si no me equivoco, del año 2001.

2001, el día de San Isidro.

El día de San Isidro. El 15 de mayo.

Acababa de ser el aniversario.

Pues quiero empezar por ti, Gorka.

Quiero que elijas un argumento que convenza al espectador

para que se quede a ver "La casa de mi padre".

¿Por qué es importante para el espectador ver la película?

Yo creo que es importante

porque considero que la memoria es importante.

Y lo que vamos a ver aquí,

y recomiendo fervientemente a la gente que lo vea,

va a ver una radiografía de un pueblo pequeño en el País Vasco

y cómo una familia es amenazada.

Todos se conocen en el pueblo, cada uno sabe lo que es,

pero que puede terminar trágicamente

y es lo que hemos vivido en la mayor parte de nuestros pueblos

hasta hace muy poco, en Euskadi.

Yo creo que es una radiografía muy recomendable,

y que veáis esta película

porque vais a ver lo que vivimos en el País Vasco

hace apenas ocho, nueve y diez años.

Edurne, luego vamos a tener tiempo para una larga conversación,

para un debate, porque esta película y la historia que aborda,

la historia de nuestro país, propone muchos temas.

Vamos a tener más tiempo para ello.

Hemos leído que "La casa de mi padre"

te parece una película injustamente tratada. ¿Por qué?

¿Qué destacarías de la película antes de verla?

Pues yo creo que fue una película que, en su momento,

representó un problema que estaba vivo,

como dice Gorka Merchán, es lo que vivíamos en los pueblos.

Lo representó de una manera muy realista,

al mismo tiempo muy humana, muy poco maniquea,

y que fue una película que en su momento

todos deberíamos haber visto y no tuvimos la oportunidad de ver

porque no se distribuyó en su momento,

porque estuvo muy poquito tiempo en los cines,

y porque yo creo que para mucha gente resultó incómoda.

Si no la vimos en su momento,

es absolutamente necesario que la veamos ahora

porque tiene muchísimo que ofrecer.

Y ahora, para nosotros, es memoria viva.

Porque está grabada en el momento en que los hechos estaban ocurriendo.

Eso es, Gorka. Luego hablaremos de todo eso.

Pero, realmente, tú haces la película,

empiezas a escribirla muy pronto, como en el año 2002.

Empiezas con las primeras versiones de este guion,

que consigues rodar en 2007 y estrenar en 2008.

Estamos hablando de que el tema que abordas

estaba absolutamente vivo y caliente.

El valor para hacer esta película es mucho.

¿Qué le vas a proponer a los espectadores

en la próxima hora y media?

¿Por qué les recomendarías que no se fueran,

que se quedaran con nosotros?

Porque creo que es una película necesaria

que transforma el cine y hace que te impacte en el corazón.

Es una película profundamente humana y una gran historia de amor.

Porque es el leit motiv que mueve a todos los personajes.

Unos tienen amor a su tierra, otros amor a su familia...

El problema es cuando el amor se transforma en odio,

que este sí puede llegar a matar, y es lo que explica la película.

Yo creo que es necesario e importante que la vean los espectadores

y, a partir de ahí, ya seguiremos construyendo el debate.

Lo explicas, además, desde los dos puntos de vista,

que es también otro de los valores temáticos,

aparte de los valores cinematográficos de la historia.

Vamos a verla, si os parece,

y luego charlamos de todo o de casi todo lo que propone

porque para abordar todos los temas necesitaríamos varios programas.

Vamos a ver ya "La casa de mi padre",

un valiente esfuerzo por capturar una atmósfera irrespirable.

El retrato a la altura de los ojos de una familia

que bien nos puede estar hablando de todo un país.

Una película que fue capaz, además,

de reunir de nuevo a una pareja mítica de nuestro cine

en los año 90: Carmelo Gómez y Emma Suárez.

Txomin...

¿De verdad crees que puedes cambiar las cosas?

Junto a ellos, un reparto de auténtico lujo

ponen voz y rostro a este laberinto de rencores.

Verónica Echegui, Álex Angulo, Irene Bau y Juan José Ballesta

defienden magníficamente cada una de las caras

del complejo rompecabezas y rompecorazones

que fue la convivencia en el País Vasco.

Que os guste mucho.

Aquí os esperamos para un interesantísimo coloquio

con nuestros invitados de hoy.

(Música)

"Aquí está la casa de mi padre y tengo que cuidarla".

Con esta firme declaración de intenciones

en medio del dolor más inabarcable se cierra esta tragedia.

Ejemplo en la ficción de tantas otras tragedias reales

que hoy nos parece ver por el espejo retrovisor

pero que han marcado la vida de tantas y tantas personas

en el pasado más reciente.

Una película que nos abre las puertas

a una interesantísima conversación

con los miembros de esta mesa de lujo

que hemos conseguido reunir hoy.

Gorka Merchán, director de la película.

Buenas noches de nuevo. Buenas noches.

Edurne Portela, buenas noches. -Buenas noches.

Doctora en Literaturas Hispánicas

y autora del ensayo que tengo aquí a mi lado:

"El eco de los disparos",

que reflexiona en torno a cómo el cine y la literatura

han reflejado los años de violencia

y cómo la cultura puede ser herramienta sanadora

de las heridas del pasado.

Gracias, Edurne, por acompañarnos. Gracias a vosotros.

Y Gorka Landaburu. Buenas noches de nuevo.

Buenas noches, Cayetana.

Ahora con el aliento más entrecortado

por el desenlace de la película que acabamos de ver.

Periodista íntimamente ligado y comprometido

con el fin de la violencia en el País Vasco.

Actual director de la revista Cambio 16,

víctima de atentado terrorista

allá por mayo, el día de San Isidro, del año 2001.

Gorka, voy a empezar por ti,

que eres el artífice de esta historia.

Y por el final porque, lógicamente,

después de asistir a una parábola que trata de apresar

esa atmósfera enrarecida, esa encrucijada de odios

que casi se convirtió en normalidad, en esa vida cotidiana del País Vasco

y en esa convivencia de sus ciudadanos.

El final es absolutamente devastador

y no sé si teníais claro el guionista y tú

que esto tenía que ser así,

que el final tenía que dejarnos con la sensación desasosegante

de que no había esperanza.

Bueno, sí que hubo dudas en muchos momentos.

Mucha gente nos decía,

o el productor en algunos momentos nos comentaba

que pensáramos tranquilamente si era necesario, por ejemplo,

matar a Txomin. Sí.

Es el personaje que aguanta todo el peso de la película.

Y bueno, yo creo que sí lo era.

Nuestra opinión era que si no ocurriera algo así

tan drástico como es la muerte de un ser humano,

Gaizka quizá no sería capaz de dar ese cambio que da.

O que intuimos que va a dar.

Y yo lo que sí creo es que es un final más esperanzador

de lo que a veces lo ha conseguido captar.

Porque como bien explica Edurne en su libro,

que para mí fue precioso leerlo,

ella es la persona que más ha entendido mi película

sin conocerme en absoluto.

Cuando llegué a su libro fue algo muy bonito de sentir

cómo ella había capturado toda la idea de la película.

Y en esa caricia de Sara,

ahí está, yo creo, un gran mensaje positivo también.

En ese "acá está la casa de mi padre, tengo que cuidarla".

Eso quiere decir que ella va a volver.

Que para ella ese amor que tiene a su tierra, a su casa,

por mucho que se haya criado en Argentina, en este caso,

es necesario, y a mí me deja con una esperanza

de que los jóvenes, en este caso,

vayan a poder cambiar las cosas a mejor.

Quizá es lo que los mayores no han sido capaces.

¿Volverás?

Acá está la casa de mi padre.

Y tengo que cuidarla.

En 2008, cuando se estrena la película, no se podía ni avistar

la declaración del cese definitivo de la actividad armada de ETA,

que finalmente se produjo en octubre de 2011.

Hablamos de 2008, que es la fecha de estreno.

Pero vamos, 2007 de rodaje,

y empezaste con las primeras versiones de guion en 2002.

Estamos hablando de que son años en los cuales el conflicto está ahí

y que hay que poner en valor tu valentía.

Me refiero a que, por ejemplo, ahora surgen relatos

en los cuales conviven los distintos puntos de vista,

como ocurre en tu película.

Estoy hablando, por ejemplo, de "Patria" de Fernando Aramburu

que sin duda es el acontecimiento editorial

del año pasado, y que no para de crecer este año.

Pero Fernando ha escrito con cierta distancia,

cosa que vosotros afrontasteis sobre la marcha.

Y eso tiene una complejidad, desde luego.

Y, sobre todo, saber que te van a mirar muy de cerca.

Bueno, mi obsesión constantemente, yo siempre lo digo,

me gustaría que mi equipo y yo fuéramos invisibles

para poder grabar la realidad sin ningún tipo de cortapisa.

En el cine, como bien sabéis, mentimos para contar la verdad.

Y en ese caso, esa era mi mayor obsesión: ser fiel.

Yo cuando hablaba con Gorka antes de rodar,

con algunas otras personas involucradas en el conflicto vasco,

en estas circunstancias, esa era nuestra obsesión:

ser capaces de contar la realidad desde una perspectiva humana, además.

-Hacemos lo posible por quitar las pintadas pero...

-¿Pero qué? -Venga, Txomin, ya sabes lo que hay.

¿Y cómo fue recibida por las distintas sensibilidades?

Yo, a veces, me encontré solo en el medio.

Y no gustó a ninguna parte mucho.

No sé cómo expresarlo.

A la gente que es, quizás, muy de una derecha

le pareció muy de una izquierda,

y a los que estaban muy a la izquierda

les pareció que no era lo suficiente. -Por eso has acertado, en la mitad.

Puede ser, con esa equidistancia.

Pero yo eso sí que lo noté, esa soledad de repente.

Y, a veces, sí que es verdad que sí que noté también

cierto odio, quizás. Me sorprendió.

Algunas entrevistas...

Recuerdo un programa de radio que era terrible,

me da pena haberlo perdido,

porque era muy interesante cómo me insultaban

de una manera, además, muy fuerte.

Y me sorprendió también.

No entendía por qué había esa animadversión en unos aspectos.

Gorka y Edurne, me gustaría saber qué destacáis de la película.

¿Qué valoráis más de la propuesta?

Gorka.

Yo quiero primero, y lo he dicho anteriormente,

felicitar a Gorka, "zorionak" solemos decir en Euskadi.

¿Por qué? Porque ha tenido la valentía...

Tú, Cayetana, lo has dicho al principio.

...de hacer una película hace diez años.

Y yo cuando he leído el libro de Fernando Aramburu "Patria",

también me he vuelto a recordar el pasado que vivimos muchos allá

y, sobre todo, tu película.

Porque es en el ámbito familiar, el cuñado, el sobrino,

el empresario, que es el tío al que matan,

pero le odia, efectivamente, el sobrino,

la cuñada que no se entiende... Todo eso se ha vivido.

Se ve muy bien que es un gran libro, por supuesto, el de Fernando Aramburu

pero tú tuviste la valentía de ponerlo en imagen hace diez años.

Y había que hacerlo.

Por eso ha pasado lo que ha pasado, que hay gente que lo ha cogido bien,

o a la izquierda abertzale no le gusta tanto

y a otros de la derecha menos, etcétera.

Primero quiero decirte esto.

Después, hay otra cosa que sí me llama la atención.

Y es, simplemente, al principio de la película

que yo creo que es un poquitín el leit motiv,

a pesar del final y todo esto,

es la mirada de Gaizka, que es el sobrino,

cuando su tío viene de Argentina a ver al padre de Gaizka,

que está enfermo y va a morir, la primera mirada.

Esa mirada de odio, que la hemos visto en el País Vasco.

En todas las concentraciones pacifistas que hacíamos

teníamos enfrente contramanifestaciones.

Y muchas veces en los pueblos, y a mí me ha pasado,

tener un cuñado, un sobrino, un primo, un vecino y un amigo

que estaban en la contramanifestación.

Me recuerdo en las manifestaciones pidiendo la liberación de Ortega Lara

y todos los lunes estábamos allá en silencio,

pero ellos, en Zarautz, estaban enfrente.

Y yo lo que miraba en ese cuarto de hora de reflexión

que estábamos con la pancarta durante año y medio todos los lunes,

yo miraba a la gente joven que había allá.

Gente de la izquierda abertzale.

Y esa mirada, esos ojos de odio.

Pero ¿por qué me odian?

¿Por qué odian? ¿Por qué esa mirada? ¿Qué se les ha inculcado?

Y en la película se ve eso un poco. Es el traidor.

Ya importa poco que sea el tío, el primo o el sobrino.

No, ya le han quitado todo el aspecto afectivo.

Es el traidor.

Y eso me ha marcado mucho en la película.

Y termino rápidamente.

Me recuerda a dos historias que he vivido de muy cerca,

que tú te has inspirado un poquitín, aunque los personajes no son reales,

pues Juan Mari Jáuregui, al que asesinan en Tolosa,

y mi amigo José Luis López de Lacalle

que le vi una semana antes de que le asesinaran en Zarautz

y que nos dijo a mi hermano y a mí, que llevamos escolta:

"Ander, Gorka, andad con cuidado, que van a por nosotros. Protegeros".

Y al que mataron fue a él una semana después

en su pueblo de Tolosa.

Edurne, ¿qué quieres decir?

¿Qué quieres destacar de la película?

¿Qué es lo que más valoras de "La casa de mi padre"?

Estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho Gorka,

en las felicitaciones también.

Como él comprobó, por lo que digo en el libro,

es una película que me conmovió mucho y me hizo reflexionar también mucho.

Yo creo que a nivel de representación de esos odios, de esas fracturas

que llegan a los niveles más íntimos, que es el nivel de la familia.

Yo creo que la película hace una representación fantástica.

Y luego, también, ese final del que hablabais antes.

Yo creo que es muy importante porque creo que hay dos cosas.

Hay una ruptura generacional

entre el odio inevitable del personaje de Emma Suárez

y la hija que, además, es una adolescente

que viene de fuera y ha tenido otras experiencias.

Que sabe mirar esta ruptura

con una conciencia muy diferente a la de Gaizka.

Y en ese acercamiento final, esa caricia,

en ese gesto de dolor y de amor al mismo tiempo,

yo creo que hay un atisbo de esperanza

pero que no es melodramática, no es superficial,

sino que tiene mucho que ver con un cambio de conciencia

que espero que también, gracias a este tipo de películas,

sea viable en las próximas generaciones.

Yo creo que los que hemos vivido esto de forma más cercana,

como tú, Gorka,

o las viudas de las que hablabas antes,

pues la labor de reconstrucción es mucho más difícil y alguna hacéis.

No partís del rencor, sino de una idea de convivencia.

Pero yo creo que igual en las generaciones futuras

ese trabajo va a ser un poquito más liviano

si se produce ese cambio de conciencia,

ese cambio imaginativo que necesitamos.

¿A qué creéis que se debe el éxito de "Patria"?

¿Estamos, realmente, a una distancia suficiente

como para poder contar las cosas de otra manera?

¿Como para poder acercarnos a ella?

¿Como para poder hacer que en un mismo territorio,

ya sea literario, ya sea cinematográfico,

convivan distintos puntos de vista?

Bueno, yo siempre pongo el ejemplo con mi película de "El abrazo"

que hablábamos antes, si tienes una herida reciente o no.

En este caso, la herida poco a poco se va cicatrizando

y creo que cada vez estamos más preparados

para afrontar temáticas como "La casa de mi padre"

o libros como "Patria".

En ese caso, yo lo noté cuando estrenamos

cómo la línea que caminabas era prácticamente invisible.

Era difícil. Yo, a veces, tenía miedo...

Todo el tema de la promoción y tal, era difícil intentar...

Ya no digo no ofender, porque eso es imposible a veces,

pero sí intentar ser justo con todo el mundo.

Porque como decía Gorka antes, lo complicado de todo esto

es que es como una guerra civil,

que siempre es más sangrante en el tiempo

y más difícil de solucionar

que si tú eres francés y yo alemán y nos peleamos.

Cuando esto se acaba, tú vuelves a París, yo a Hannover,

y no nos volvemos a ver.

Pero tanto en una guerra civil como en lo que ha pasado en Euskadi

está en las familias,

en tu primo, en tu sobrino, en tu tío,

que viene en Navidades, que tú vas...

Y eso es todavía mucho más difícil de conseguir desenlazar esos nudos.

Pero bueno, estamos en el proceso.

Yo creo que es un buen momento ahora para construir.

Es la palabra que a mí me gusta repetir.

¿En qué punto estamos ahora?

-Yo creo que estamos en el punto del relato.

Y no va a haber un relato sino que va a haber varios.

-Por supuesto.

Porque yo he defendido las cosas siempre de forma...

Sobre todo, ha habido la violencia terrorista de ETA.

Estás los muertos, más de 800.

Las amenazas: 10 000, 15 000. No sabemos cuántos empresarios.

Que muchos miraban todos los días debajo del coche.

Están los heridos, las familias...

Pero también hay otras violencias de las que hay que hablar.

-Ha habido violencia del Estado. -Por supuesto.

Ha habido torturas, que tanto nos ha costado hablar.

Yo hablo que ha habido tortura, ha habido el GAL, etcétera.

Yo nunca voy a comparar.

El mayor dolor y sufrimiento lo ha producido ETA.

Pero también tenemos que decir que ha habido eso.

Por eso pasa lo que pasa muchas veces en muchas familias.

Dicho esto, yo creo que hoy ETA ya no está.

Solo le falta disolverse.

Ha causado mucho sufrimiento.

Se tenía que haber disuelto hace ya más de 30 años.

Le pido que haga una autocrítica.

Sobre todo al pueblo español.

Al pueblo vasco, quiero decir. Y español, por qué no, también.

Pero es el momento de los relatos, el momento de conocer.

Porque la película que hemos visto,

yo creo que a la gente le habrá gustado y emocionado,

es que películas sobre ETA se han hecho muchas.

Pero desde el punto de vista favorable a ETA:

"La fuga de Segovia", "La muerte de Mikel"...

Otro tipo de películas.

Pero películas de las víctimas,

de los que han sufrido por parte de ETA

se han hecho muy pocas, y ojalá se hicieran más.

Se ha hecho la terrible película que a mí me conmocionó

que era "Lasa y Zabala", asesinados hace más de 20 años

por la Guarida Civil, y hay que decir las cosas,

no tenemos que tener miedo a decir.

Pero también espero que un día alguien haga una película

sobre Ortega Lara, que hay que hacer. Todo eso son testimonios.

En el cine, en la literatura, los historiadores,

y los que han sufrido esas violencias que lo puedan contar.

Porque eso que hay que contar es muy importante para el futuro.

Yo siempre digo, y lo he repetido mil veces:

Hay que pasar página, evidentemente, con el tiempo.

Pero antes tenemos que leer esa página hasta el final.

También suelo decir: la vida que te ha tocado...

A mí me fastidiaron las manos, me han dejado ciego, etcétera,

pero tenemos que seguir.

Porque tenemos hijos, tenemos familia,

y hay que ver el futuro.

Y digo que la vida también es como conducir un vehículo.

Para conducir bien, debes poner las dos manos al volante.

Y tienes que mirar de frente.

Pero si no llevas un gran retrovisor, que es el pasado, que es la memoria,

jamás conducirás debidamente.

Si no hay retrovisor y no hay memoria

nunca se podrá abordar en profundidad el problema.

Eso es. Se pasará por encima.

Y un problema como este no se puede...

-Y puedes tender a repetir los mismos errores

si no conoces el pasado y dónde has metido la pata.

¿Qué pasos quedan por dar en esa sociedad

para superar positivamente lo vivido?

Pues yo creo que uno de los pasos principales lo señalaba Gorka.

Es atender a la memoria de aquellos que lo han vivido.

La memoria del testigo yo creo que es fundamental.

Y en esta construcción de relatos,

que por una parte está el relato histórico

donde yo creo que tiene que haber una diferenciación fundamental

entre el terrorismo de ETA

y el daño que ha ocasionado en Euskadi y fuera de Euskadi

y las otras violencias que ha habido.

Por supuesto, la del GAL, la violencia policial, etcétera.

Entonces, hay un relato histórico que tiene que ser incontestable

en el que esa cuantificación del daño esté muy clara.

Pero, al mismo tiempo,

yo creo que debe haber una producción de relatos múltiples

que provengan de los testigos.

Algunos muy preparados para contar la historia

como puede ser Gorka,

como pueden ser escritores como Joaquín Muñoz, por ejemplo,

Iván Salduba... Otros escritores que llevan también años

escribiendo sobre el tema,

y darnos esas versiones imaginativas

que, en realidad, son versiones de la historia,

que, de alguna manera, nos den un mosaico

de todo esto que hemos vivido.

No puede haber un relato unívoco. En ese sentido, por ejemplo,

el éxito de "Patria" ha sido muy importante,

pero no puede ser el único relato,

a pesar de que sea un relato exhaustivo.

Yo creo que volver a estas representaciones

de los años 90, de principios de los años 2000,

cuando ETA estaba muy viva,

de estos directores de cine o de estos escritores

que lo estaban viviendo y plasmando la realidad del momento,

es muy importante.

No solo pensar lo que podemos aportar ahora

sino hacer memoria también de lo que se ha aportado,

no solo de lo que se ha vivido,

también de lo que se ha entendido en ese momento

y se ha representado a través de la cultura

y también del arte.

Es muy interesante, es lo que habla ella en su ensayo.

Es muy interesante distinguir entre ese relato histórico

y el relato que parte de la ficción

y que aplica imaginación para conseguir ese mosaico.

Es muy interesante

y le da un valor a la cultura como motor de cambio

y motor curativo y paliativo enorme. Y es muy interesante.

La película cuenta el conflicto desde la perspectiva de una familia,

como estábamos contando,

posiciones antagónicas dentro de esa familia.

Habla del tejido social y familiar

que estructura la sociedad vasca en ese momento.

Y yo quisiera saber cuál fue tu experiencia.

Claro, como cualquier persona que ha vivido en el País Vasco...

Yo hablo desde mi generación,

la gente que hemos nacido en el 74, en el 72...

Justo al final del franquismo.

Yo creo que nuestras experiencias de niñez y adolescencia

están muy relacionadas con esta historia,

con el tema del conflicto.

Y en mi caso, lo cuento en el libro en forma de relatos.

Cuando tenía diez años,

vi en la televisión que habían asesinado a mi pediatra.

Que daba la casualidad que era Santiago Brouard,

que fue una de las víctimas del GAL.

Como niña, mi familia solía ir a visitar a un familiar

a Iparralde, al País Vasco francés, que estaba vinculado con ETA.

Y son experiencias que las vives de niño

con una normalidad absoluta.

Hay esa extrañeza de que algo extraño, raro,

que no sabes entender bien, está sucediendo.

Pero no tienes las herramientas para entender en qué contexto estás.

Si es un contexto de violencia, un contexto de injusticia...

Está tan normalizado y tan metido en nuestras vidas

que se metaboliza como una realidad cotidiana.

Lo que dices es importante, cómo la gente joven...

Yo ya tengo hijos mayores, treinta y pico ya tienen.

Y lo han vivido siempre.

El padre era periodista, el tío era periodista,

el abuelo era periodista, y vivían también este ambiente.

Pero en la película se ve una cosa muy importante.

Cuando de repente están comiendo en la familia

y salta la noticia en la televisión.

¿Cuántas veces...? Y hablo de los 70, de los 80...

Que no había los medios que tenemos hoy de Internet.

La radio era vinculante.

Era la dichosa noticia del País Vasco.

¿Cuántos boletines de radio ha abierto ETA durante años?

Yo no digo que nos acostumbrábamos al tema de la violencia.

Nosotros no porque lo vivíamos en primera fila, era periodista.

Y cubría yo todos esos asesinatos que ha habido, los años de plomo.

La gente miraba para otro lado.

Yo tengo una anécdota muy bonita en los años 80, donde ETA mataba.

Y no era solo ETA: ETA militar, ETA político-militar,

los comandos autónomos anticapitalistas.

Más de 100 muertos en Euskadi, y en España.

Y en Madrid, aquí, ha habido atentados horribles.

Pero eso suponía un muerto cada tres días.

Y el silencio.

A mí lo que más me molestaba era el silencio de la gente.

El miedo, el temor.

Después, poco a poco, con el tiempo se fue rompiendo esto.

Pero sí a mí me ha quedado.

Los años de plomo, para mí, eran el silencio.

La gente miraba para otro lado.

Y la anécdota que quiero contar es un periodista de France Soir.

Me decía: "¿Por qué aquí en el País Vasco

la gente habla fuerte de repente

y después murmulla y habla en silencio?".

Y le decía, no me acuerdo del nombre del periodista:

"Es que cuando hablan fuerte, hablan de la Real y el Athletic.

Y cuando murmullan es que están hablando de política".

Porque había miedo.

Cuando tú hablas de silencio,

de esa aproximación que haces en tu libro,

en tu ensayo hablas del silencio con mayúsculas.

Como casi un personaje más que convive entre todos vosotros,

y está también en la película.

Y hablas de varios tipos de silencio.

Porque el silencio se provoca por varios motivos. Edurne.

¿Qué tipo de silencio ha habido en el País Vasco?

Claro, es muy difícil.

Yo creo que el silencio es una de las cosas

más difíciles de analizar.

Porque tendrías que meterte dentro de cada persona

para saber por qué calla.

Pero yo creo que sí hay actitudes colectivas

que se pueden identificar.

En buena medida, el silencio del miedo,

el éxito del terrorismo y de la violencia brutal

es que genera un miedo que impide la comunicación,

que aísla y, por tanto, el silencio se instala entre nosotros.

Pero también está el silencio cómplice.

El decir: "Bueno, si esto le ha pasado...".

El famoso "algo habrá hecho".

¿Por qué voy a hablar yo? Porque si hablo, me posiciono.

Si hablo, estoy con la víctima.

Entonces, lo que al final ha dominado nuestras relaciones

ha sido ese silencio, ya fuera el silencio cómplice,

el silencio amedrentado por la violencia,

y también es el silencio que se genera en una sociedad...

Y eso igual nos ha toca más a nuestra generación.

En una sociedad que no está acostumbrada al diálogo político.

Cuando no tienes herramientas

porque has heredado esa forma de estar en sociedad

yo creo que, de alguna manera, se implanta en ti esa costumbre

de no hablar de ciertos temas.

Uno de los "mantras" de mi abuela era: "oír, ver y callar".

Que en unos contextos...

-De la época de la guerra. Exacto, venía de la Guerra Civil.

Es de esa generación que estuvo callada, callada.

Y después, es el silencio de la no complicación.

-Eso es. -"Le ha tocado a él".

-"Mientras no me toque a mí".

"¿Os habéis enterado? Le ha tocado. Pobre familia".

-Pero de ahí no pasaba. -"Que no me toque a mí".

-Eso es. -Y yo entiendo...

Por eso hay que contar todas esas cosas.

El País Vasco no era San Sebastián, Zarautz, qué bonito, Getxo,

vamos en verano... Hubo su momento.

Pero había en pueblos pequeños y en ciudades más pequeñas

una opresión que la vivimos con el franquismo.

Por eso suelo decir yo que he vivido dos dictaduras:

la de Franco y después la de ETA. Pero es así.

De salir del portal, mirar a la izquierda y derecha

cuando ya las amenazas fueron para todo el mundo

es terrible.

En la película, cuando baja al garaje y le dice a su mujer y a su hija:

"Quedaros, que ahora vengo".

No dice lo que va a hacer, pero ya sabe la mujer, que sabe todo.

Va al garaje a mirar debajo del coche

a ver si hay una bomba.

Pues eso se ha vivido, y eso en una familia repercute

a los hermanos, a los primos...

Pero claro, el problema después, lo que he dicho antes,

que en una familia puedes tener gente cerca de la izquierda abertzale

e inclusive gente en la cárcel. A mí me ha tocado.

Del otro lado, por ser del mundo de ETA.

Y tú ser amenazado,

hasta que atenten contra ti directamente.

Y en todo esto, tú andas con la cuadrilla.

Me ha pasado ir a Zarautz,

cuando me pusieron escolta dije: "Yo no me quedo en casa".

Como dice el periodista en la película.

"A mí no me quitan la vida. Mi libertad".

-"¿Quiénes son para quitármela?". -"Mi libertad no me la quitan".

Eso nos impusieron al final.

Y después del atentado tuve dos escoltas más, o dos.

Y yo iba con la cuadrilla.

Y al principio nos miraban así, la mayoría abrazándome.

"Venga".

Y eran de la cuadrilla, el Txomin de turno o el escolta.

Pero esa convivencia era complicada para otros

que miraban de reojo

y lo que te pasa a ti cuando te ponen escolta

que vas a por el pan, que vas a por el tabaco,

que vas a la plaza a comprar lechuga o las anchoas de Getaria recientes,

que no lo puedas hacer porque tengas a una persona detrás

pues te quitan tu libertad.

Pero hay gente que lo aceptaba

y a ti hasta te daba vergüenza salir a la calle

en un pueblo al principio: "¿Qué va a decir la gente?".

La gente lo asume.

Pero las miradas de odio siguieron durante mucho tiempo.

Te miraban así, o miraban a los escoltas.

Y esa es la historia que hay que contar.

¿Cómo se pudo, Gorka, sostener tanto tiempo

esa fractura social,

con esa violencia contenida, y violencia real cotidiana?

Porque cada uno tiene que vivir.

Yo alabo la gran generosidad de mi tocayo Gorka.

Ponerse en el papel del otro. Yo pido explicaciones.

¿Por qué quisisteis matarme?

Es la pregunta que no va a resolver mi vida,

pero ¿por qué?

¿Cómo se vive? Pues se vive porque hay que vivir.

(RÍE) Y hay que levantarse todas las mañanas

y la gente tiene que ir a trabajar,

y bastantes problemas de orden social y en todos los sitios,

y en la cual yo reconozco

que en el mundo de la izquierda abertzale

han sabido movilizarse muchas cosas.

Yo no entiendo el veneno que gente, y no quiero generalizar,

ha metido a metido a gente joven.

Tenemos el caso de Iñaki Rekarte,

que con 19 años ya estaba con una pistola.

Yo he visto gente, y familiares que me han venido a ver

y gente que me ha dicho:

"Oye, Gorka, tengo el hijo que está metido, creo,

en líos de la Kale borroka.

¿Qué hay que hacer?".

"Yo no te puedo dar ninguna solución.

Pregúntate por qué, primero, se ha metido ahí.

Y qué habéis hecho vosotros como padres

para evitar o para corregir esta historia".

En una dinámica de un pueblo, con 16 años lo cogían,

al venir de la Ikastola o de la escuela pública,

le ponían la pancarta.

Lo hemos visto directamente.

Y a los 18, estaba con el cóctel molotov.

Y a los 20 años, algunos, con una pistola.

Y esto, en un pueblo, se vive de forma un poquitín dramática.

El personaje que interpreta Álex Angulo...

Desde aquí...

Todo nuestro amor para Álex Angulo. -No hay palabras.

-Lo hace perfectamente, además. -Ser humano inconmensurable.

Oh, por Dios.

Bueno... -Un gran tío.

Gran persona, sin duda.

Ese personaje está inspirado en tu propia persona.

¿Qué te remueve ver a un actor interpretando algo que has vivido?

Sí, yo hablé con él. Una persona entrañable.

Gran disgusto cuando supimos de su desaparición.

No, él pedía consejos.

"¿Cómo lo llevas en la calle?

¿Cómo se baja a la redacción? ¿Cómo se camina? ¿Cómo lo haces?".

Pero yo, bueno...

Me conoció a mí personalmente a través de Gorka.

Porque yo le seguía artísticamente, no le conocía personalmente.

Un gran actor.

Pero también es la historia de muchos periodistas

que han sufrido también las amenazas.

Pues es complicado.

Hay muchos periodistas que tuvieron que abandonar el País Vasco

y venirse a Madrid.

Yo preferí quedarme allá por convicción personal

y lo entendí así, con todo el respeto a todo el mundo.

Hay muchos que han vivido escoltados durante muchos años.

Y son cosas surrealistas.

Estás paseando en el malecón de Zarautz

y tú con dos escoltas, mi hermano también con escoltas...

"¿En qué país estoy viviendo en mi casa?

Que me tengo que ir a la sociedad.

Me tengo que bañar en el mar, que llevo 50 años bañándome

y con dos señores".

Y la gente "Agur, Gorka". (HABLA EN VASCO)

Qué surrealismo todo esto.

Gente amenazándote de tu propio pueblo.

Por ese odio.

Pero yo quiero aportar una nota positiva.

Esa mirada que hemos hablado al principio

que se ve en la película, la de Gaizka a su tío,

o la que vivíamos en los pueblos hasta hace poco,

es donde hemos avanzado más.

La convivencia ya vendrá,

porque eso vendrá con el tiempo y con los relatos.

Lo que me alegra a mí es que esas miradas de odio

han desaparecido en Euskadi.

Y ese es el primer gran avance que hemos dado.

Hay que seguir trabajando por la paz.

ETA se tiene que disolver.

Habrá que resolver algún día el problema de los presos.

Acercar los presos de ETA.

Buscar soluciones dentro de la legalidad.

Pero la convivencia, eso del abrazo fraterno,

eso no llegará tan pronto, pero las miradas han desaparecido.

Y empiezan a saludarte los que no te saludaban antes.

"Kaixo". "Hombre, kaixo".

"Bienvenido al club", suelo decir yo.

Al club de la amistad o de la concordia.

¿No me has saludado durante años y ahora me saludas? Pues yo saludo.

"Agur, ya nos veremos y tomaremos un café,

evidentemente, para explicar todo esto".

-Hay algo que ha dicho Gorka que me gustaría retomar un poquito.

Es esta idea

de que la reconciliación, el perdón y demás ya vendrán,

que lo que necesitas ahora es saber, que te den una explicación.

Y yo creo que eso es fundamental en el momento en el que estamos.

El conocimiento.

-No para justificar ni para decir... -No, ni para vengarse.

No, simplemente una explicación.

Y un intento, por lo menos,

de desentrañar alguna de esas dudas, por decirlo de alguna manera,

que tenemos todos.

Bueno, vamos a pasar página sin conocer, sin realmente saber

o intentar por lo menos entender lo que ha pasado aquí.

Y yo creo que en ese sentido la izquierda abertzale

tiene un trabajo enorme por hacer.

Y después, el saludo estará muy bien, y que no veas esa mirada de odio,

y que la convivencia, de alguna manera,

se vaya construyendo desde el conocimiento.

Yo creo que eso es algo fundamental.

-Fundamental.

Edurne, en "El eco de los disparos" analizas distintas aproximaciones

de la literatura y del cine a la violencia

que habéis vivido en el País Vasco.

Y me gustaría que me hicieras una valoración

de los títulos que te parece que merece la pena nombrar.

Bueno, no voy a nombrar todos los que hay en el libro

porque llevaría demasiado tiempo.

Pero igual en diálogo con esta película,

yo sugeriría un documental muy particular

que es el de Aitor Merino, que es "Asier ETA biok",

que trata sobre la relación de Aitor Merino

con su amigo, que Asier Aranguren.

(OFF) -"Este es Asier en la época en que lo conocí.

Este soy yo".

-Es un amigo de toda la vida que de repente un día

Aitor descubre que forma parte de ETA.

Entonces, todo el documental es sobre qué hacer

con estos afectos que le unen y le desunen con su amigo.

Creo que a nivel de una narración íntima del "conflicto",

creo que es muy buena película.

Y luego, a nivel de la literatura hay un libro de cuentos

que se ha reeditado hace poco, el de Jokin Muñoz,

que se titula "Letargo".

Es una colección de relatos maravillosa

que tiene muchísimo que ver con la representación del conflicto

desde lo íntimo.

Y con alguna de las historias que estaba contando Gorka.

El nivel de la ficción, cómo un autor en 2003 era capaz

de reflejar con un lenguaje maravilloso

un tema tan doloroso.

-Y hay una obra de teatro, "Proyecto 43.2",

que yo recomiendo porque he estado varias veces viendo esta obra.

Es el encuentro de una víctima de ETA

con un exetarra que está arrepentido,

que es de la Vía Nanclares, que reconoce su error,

y lo han plasmado perfectamente. -Sí.

-Y la dan en muchos sitios.

Si tenéis ocasión de ir a ver esa obra de teatro,

está muy bien porque es otra parte del tema.

Hablamos de reconciliación, etcétera, pero hay la Vía Nanclares,

que se les ha olvidado a toda esta gente,

que hizo el esfuerzo.

Yo estuve con ellos en la cárcel dos horas hablando hace cinco años,

a calzón quitado, con Joseba Urrusolo y otros siete,

y hablamos claramente.

Pero yo le dije: "Lo único que os voy a decir...".

Y habían cometido crímenes horrendos. Pero habían hecho, digamos...

...una...

...un camino atrás,

y reconociendo, efectivamente, que se habían equivocado.

Reconocieron el error en el cual se habían metido.

Se habían arrepentido. Esa palabra no les gusta a ellos.

Una autocrítica profunda, pero durante años.

Y esa vía me parece muy importante como ser humano.

Yo digo que siempre hay que dar una segunda oportunidad a la gente,

cuando se puede dar.

Pero de eso hemos hablado muy pocos,

porque no interesaba ni a los unos ni a los otros.

Como ha pasado en tu película.

A unos no les interesaba, a los otros tal...

Pero cuando estás en la mitad, es lo mejor que te puede ocurrir.

Esto no es una película de "cowboys".

-Se soluciona hablando, no a tiros. -Ellos no quieren, Sara.

Esta situación no la empezamos nosotros.

-No justifica la muerte de Germán. -Ni la de ningún vasco.

¿Vos creés que hay ideas por las que se puede matar?

Hay ideas por las que merece la pena morir.

-Hay una cosa que yo quiero señalar, en la película.

En un momento, la cuñada de Txomin,

la viuda, que se le muere el marido,

dice en un momento dado a la sobrina, que venía de Argentina:

"Hay ideas por las que merece la pena morir".

Es una frase terrible.

Yo creo que la conclusión de lo que estamos hablando...

¿Hay ideas por las que merece la pena morir?

Pues no. Ni tampoco puede haber ideas por las que se pueda matar.

Esa es la gran conclusión que tenemos que sacar en Euskadi.

Que nunca jamás alguien en nombre de cualquier ideología,

de cualquier ideal,

vuelva a empuñar una pistola y unas bombas.

Y esa es la labor en la cual todos teneos que participar.

Pues nos tenemos que despedir ya.

Ha sido un placer teneros aquí, de verdad. Muchísimas gracias...

-Gracias a ti. -A ti.

...por haber venido para compartir todo esto

que forma parte, en realidad, de nuestra historia,

pero también de las vidas de todos y cada uno de vosotros

y de muchísima gente.

Así que gracias por compartir vuestra intimidad.

-Gracias a ti. -A ti.

Y a vosotros os despido.

Llega la hora del cortometraje en "Versión española".

(Música)

A veces, nada es lo que parece

y, a veces, los juegos los carga el diablo.

Enhorabuena a Hammudi Al-Rahmoun,

director y protagonista de esta historia,

y a Alba José, su maravillosa compañera de reparto.

Y nada más, ya sabéis que la semana que viene.

nos volvemos a encontrar para seguir compartiendo

el mejor cine español reciente.

Chao.

(Música créditos)

  • La casa de mi padre (Presentación y coloquio)

Versión española - La casa de mi padre (Presentación y coloquio)

11 jun 2017

Cayetana Guillén Cuervo conduce el coloquio en el que participan el director Gorka Merchán junto a la escritora Edurne Portela y al periodista Gorka Landáburu.
¿Es posible hacer un cambio imaginativo que permita reconstruir los vínculos sociales resquebrajados por la violencia? Ésta es una de las preguntas a las que trata de responder ‘El eco de los disparos. Cultura y memoria de la violencia’, escrito por Edurne Portela. Con ella, una voz muy activa contra la violencia, Gorka Landáburu, periodista, testigo y narrador de los años más duros del conflicto y que en 2001 fue víctima de un terrible atentado de ETA.

ver más sobre "Versión española - La casa de mi padre (Presentación y coloquio)" ver menos sobre "Versión española - La casa de mi padre (Presentación y coloquio)"
Programas completos (53)
Clips

Los últimos 750 programas de Versión española

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios