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No recomendado para menores de 12 años Versión española - La buena nueva (Coloquio) - ver ahora
Transcripción completa

Al final, Miguel y Margari abandonan el pueblo

rumbo a algún lugar donde sea posible

seguir adelante con sus vidas,

y quién sabe si también atender a sus sentimientos.

Pero el tren en el que viajan

se adentra en un largo y oscuro túnel

que deja la luz cada vez más lejos.

Aquí seguimos con nuestros invitados.

Helena Taberna, directora de la película.

Buenas noches. Buenas noches.

Y Javier Dronda, historiador

y autor de este libro que tengo aquí a mi lado:

"Con Cristo o contra Cristo.

Religión y movilización antirrepublicana en Navarra".

Nos centra en el paréntesis histórico

del que habla la película con rigor.

Así que vamos a intentar estar viajando

por el valor cinematográfico y el valor temático

que tiene la película que acabamos de ver.

Realmente es interesante.

Ese final.

Quisiera empezar por ahí

porque quisiera que me contaras qué fue de esos dos protagonistas

y qué querías contar tú con esa luz que se aleja.

Porque no estás acercándonos a una luz.

Es una luz de un túnel que se aleja. Claro.

A mí me parece que es interesante, y entronca también con el título,

esas dos misas, las dos celebraciones de ese montaje final

en el que se encuentran las dos Españas, las dos Iglesias,

y que tiene esa fuerza, por una parte,

el pueblo refugiándose en ese hombre de bien

y en ese Cristo humano.

Y los años terribles que llegaban por el otro lado.

Y ya el espectador creo que vuelve a sentir esa emoción.

Luego cuando subimos, en la celebración,

en la misa esa que no es misa, que es un encuentro,

yo creo que ahí están...

Fíjate luego, al pasar.

¿Por qué funciona tan bien esa secuencia y conmueve tanto?

Aparte de por ser un homenaje a todas las mujeres

que han sufrido tanto en la guerra y que nunca han estado visibilizadas.

Están los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua.

Y hay algo, no sé cómo...

Más allá de lo previsto,

desde mi punto de vista cinematográfico

que funciona, conmoviendo bastante.

-"Requiescat in pace".

-Hablaba Helena de dos Españas.

Yo hablaría de que la película refleja también no solo dos Españas,

sino dos visiones de la religión.

Por una parte, la religión de los vencedores.

La religión de aquellos, como el capitán falangista,

a los que menos les preocupa es la religión,

sino únicamente el papel social que cumple la religión

a la hora de salvaguardar un determinado orden socioeconómico.

Ese capitán falangista descreído

que incluso llega a decirle en conversación privada a Miguel

que él considera que la Iglesia tiene demasiado poder.

Pero mientras nos seáis útiles para ganar la guerra, nos viene bien.

Y ese falangista descreído, sin embargo,

es el que obliga a bautizar a los niños que estaban sin bautizar.

Mientras que es el cura Miguel el que considera

que si los bautizos no son voluntarios no deberían...

Que no se los manden, que no se meta en su competencia...

Es decir, la visión de la religión de los vencedores

y la visión de la religión de los que, como Miguel,

están con los que sufren.

Como le dice al personaje de Margari en escena que también es muy emotiva,

cuando la otra le dice que ha quitado el retrato del papa,

que los que creen en la religión son los que han matado a mi marido...

Los que en teoría están defendiendo la religión,

acaban de hacer una atea.

Es decir, esas dos escenas finales representan muy bien

no solo dos Españas, sino dos concepciones de la religión.

Dos maneras de vivirla y de percibirla, efectivamente.

Y ahora que ha nombrado eso, para dar más datos al espectador,

creo que es muy interesante, Helena, vamos a hablar de Marino Ayerra

que era el personaje en el que está inspirada la historia

que era tu tío, ni más ni menos, el hermano de tu madre.

Y que era un personaje real.

Para compartir con los espectadores, ¿qué fue de este sacerdote?

¿Qué pasó con él, Helena? Pues pagó el precio de la honestidad.

Que es un precio un poquito alto.

Pero vamos, fue un hombre que estuvo primero en Montevideo

y luego en Buenos Aires, ahí se refugió.

Se casó y tuvo dos hijas.

y ahí estuvo trabajando primero en editoriales

porque era un hombre intelectualmente muy preparado

y dominaba el griego y el latín, y se estuvo dedicando a eso.

Pero con las propias editoriales hubo problemas también

porque el poder de la Iglesia llegaba hasta allá

y le alejó de ese trabajo.

Realmente tuvo una vida dura, desde el punto de vista pragmático.

Pero él siguió reflexionando, escribió varios libros.

Y tuvo una vida, por lo menos, adecuada a su pensamiento.

Hay una biografía, Helena, que quería que tú destacaras.

Cuenta por qué, Javier, porque tiene mucho que ver con lo que decías.

Son las propias memorias de Marino Ayerra,

con un título muy explícito: "No me avergoncé del Evangelio".

De hecho, si os acordáis de la escena que comentaba de Margari y Miguel,

ahí está muy bien traída una frase que le dice Miguel:

"Una cosa es lo que dicen los cardenales

y otra cosa es lo que dicen los evangelios".

Marino Ayerra nunca se avergonzó de los evangelios,

sino de los cardenales,

de esa Iglesia que justificaba el golpe de Estado

contra un poder legítimamente constituido

y la represión que vino después.

Contra eso es, de alguna manera...

El libro es no es solo unas memorias, sino, de alguna manera,

un ajuste de cuentas contra eso que vivió.

Y ahí algunos episodios, que están en la película,

son episodios reales contados por él.

Por ejemplo, si me permitís destacar uno,

yo creo que está muy bien reflejado en la película

ese episodio del falangista que acude primero a confesarse

cuando aparecen los primeros muertos.

Aparece apesadumbrado

y cuenta un poco cómo le han medio forzado a hacerlo,

cómo han pedido falangistas valientes

y él, por supuesto, ha tenido que decir que sí,

cómo le han dicho que en la Falange no se pregunta, se obedece

y cómo ha tenido que matar.

Y cómo le dice al cura

algo así como: "Dígame qué he hecho bien".

Marino Ayerra, seguramente, nunca le diría que había hecho bien.

Pero por desgracia, hubo muchos sacerdotes en España

que en esos casos sí dijeron que se había hecho bien.

Padre, antes de matarles les dijimos que podían rezar.

Para ponerse en paz con Dios.

Dígame que hicimos bien, don Miguel.

-Y en sus memorias Ayerra cuenta cómo ese falangista al que confesó

luego parecía avergonzarse de haberse confesado

y tenía una actitud muy diferente.

Y eso... Perdona un segundo, comentar otra cosa a propósito de eso

que creo que también está muy bien reflejado,

que es la idea de identidad masculina agresiva y violenta

que aparece no solo en el falangista en cuestión,

sino también en el capitán falangista.

Y cómo, de alguna manera, esa brutalización del personaje

es algo asociado a la experiencia de guerra

pero también al hacerse mayor, al hacerse hombre.

"Ya me decían los mayores que uno se acostumbra.

Yo ya me he acostumbrado y ahora ya soy un hombre".

Yo creo que esa identidad de género violenta y agresiva

está muy bien reflejada ahí.

Helena, ¿cuáles son los temas que a ti te interesaba contar?

Porque hay cosas ficcionadas y cosas que parten de la realidad,

hay cosas que has sido muy fiel. Bueno...

¿Qué querías contar tú en esta película?

Para empezar, me ha encantado la reflexión que has hecho, Javier.

Me encanta. ¿Y qué cosas me interesaban a mí contar?

Pues cómo se puede concitar esa necesidad

que yo entiendo que el ser humano tiene

de sentir la vida en libertad.

De ver que si algo le parece blanco o negro,

tenga posibilidad de decirlo.

Por otra parte, algo que también es importante,

la pertenencia al grupo.

Cómo yo, como ser humano, estoy implicado con los demás.

Si yo me salvo solo, no me sirve.

Porque necesito estar salvado junto con los demás.

Yo creo que el ser humano tiene que estar

en estado de alerta permanente.

Porque el peligro es que la necesidad de afecto

nos lleva a estar en relaciones o en grupos

aceptando cosas por esa necesidad afectiva.

Yo creo que tendremos que ir caminando cada vez más

para ser seres humanos libres

y juntarnos todos con menos dependencia y más amor.

Me temo que eso nos puede llevar toda la vida y la siguiente

pero por lo menos, como idea que esté ahí,

no me parece desacertado que yo hurgue por ahí

porque es algo que para mí es muy esencial

en la manera de estar en el mundo.

Estoy segura de que el espectador ahora mismo tiene enorme gratitud

solamente de escuchar algo que le concierne hasta ese punto.

La necesidad de aprobación puede ser tan tóxica

a la hora de tomar decisiones en un ser humano

que te puede vulnerar tu propia identidad.

Efectivamente, es un temazo, Helena.

Que nos afecta a todos los humanos. ¡A todos!

No hay personas fuertes, personas débiles.

No hay poderosos, no poderosos.

En el momento en el que esa necesidad es humana,

nos llega a todos, en todas las gamas y en todas las épocas de la vida.

Decíamos al principio, como autor de este libro, Javier,

que nos parece tan interesante, analizas el papel de la Iglesia

en los años previos al estallido de la Guerra Civil.

Efectivamente, sabemos que es mucho pedir

que resumas nada con un trabajo con tanta profundidad,

que significa años por tu parte.

Pero ¿cuáles serían las líneas principales de esa actuación?

Para que nos centremos.

Bueno, de la Iglesia en Navarra, que es lo que analizo yo,

que es donde está también ambientada la película,

el papel de la Iglesia, socialmente, es enormemente influyente.

Y, como en toda España, muy ligado

a la defensa de los intereses de las clases dominantes.

¡Dos!

¡Tres!

¡Cuatro!

-Cruzan Alsasua.

Por ejemplo, el alcalde que estaba cuando viene el alzamiento

y se produce el asalto,

el alcalde estaba en la iglesia.

Era republicano y sin embargo iba a misa.

En cambio, el falangista, según me contaban después,

no había ido a misa hasta que entró en la falange

y entraron las fuerzas fascistas en Alsasua.

Quiero decir que tenía un espacio amplísimo.

O sea, que popularmente había una fe ciega en la población.

Sí, efectivamente, había sectores de la población

que a él lo estaban perdiendo,

pero había también republicanos católicos.

El alcalde de Alsasua en ese momento, efectivamente,

lo cuenta Ayerra en sus memorias,

en la primera misa que da Ayerra en Alsasua,

luego a la salida

va el alcalde a despedirse de él

porque han venido ya los camiones de militares, etcétera.

Y sabe que lo van a deponer.

Y esa es una figura de alguien demócrata

pero también cristiano

y de un ejemplo de cómo, no necesariamente,

a pesar de que a menudo se planteaba así,

la identidad republicana no tenía por qué ser contraria a la cristiana.

Pero, por ejemplo, en la película también se percibe

cierto clima anticlerical de la época.

¿A qué es debido eso?

¿De dónde surge ese anticlericalismo?

Porque hasta qué punto ese miedo de la Iglesia al rechazo

les hizo posicionarse en otro lugar definitivamente.

Claro, el anticlericalismo está totalmente ligado

al papel social y político que cumple la Iglesia.

Cuando la Iglesia está del lado de las clases dominantes,

los sectores de las clases populares que quieren cambiar las cosas

son anticlericales, mayoritariamente.

Cuando eso cambia, cuando aparece una Iglesia casi revolucionaria,

como decía Helena,

cuando a partir de muchos cambios que vienen de atrás

pero que se plasman sobre todo en el Concilio Vaticano II,

que hay una Iglesia más abierta, más plural,

que coincide con la Teología de la Liberación de Latinoamérica,

y coincide en España, en los años finales del franquismo,

con un sector de la Iglesia...

Los curas obreros, los que permiten las asambleas de obreros

en las parroquias, etcétera.

Cuando la Iglesia cambia su papel sociopolítico,

el anticlericalismo de izquierdas desaparece.

Claro. Desaparece totalmente.

Aparece, en todo caso,

un anticlericalismo de extrema derecha,

el de "Tarancón al paredón",

el que critica esa apertura de la Iglesia en la Transición.

Lo cual nos muestra que el anticlericalismo

no era un fenómeno antirreligioso, era un fenómeno político

que criticaba el papel concreto que estaba jugando la Iglesia.

Y cuando cambia, cambia también el anticlericalismo.

Claro, porque había personajes como Miguel

espantados con las consecuencias de la violencia

y que supongo que, a pie de calle, su labor con el pueblo y la gente

era muy distinta a lo que se predicaba

desde una ley más formal.

-Eso es así, sí.

Y muy claramente explicado, me gusta escucharle.

¿Verdad? Es interesantísimo. Muy interesante.

Es un placer enorme. Sí, sí.

Además de los hechos reales que hemos comentado aquí,

seguro que te encontraste muchísimas historias.

Historias pequeñas de seres humanos.

Pequeñas pero enormes, como la de tu tío Marino.

Historias que tuviste que dejar fuera, supongo.

No sé si ahora recuerdas, han pasado unos años de la película

pero realmente has puesto el foco en seres humanos.

Y a través de ellos has contado la historia.

Yo creo que la importancia más grande,

una vez que quieres contar la historia,

y aquí entra también el trabajo de Andrés Martorell, coguionista,

escribimos la historia juntos.

La importancia de contar una historia, de estructurarla bien.

Porque como el material nos importaba mucho,

nos importaba también tener una buena historia que contar

donde los personajes fuesen creíbles,

que apareciesen luces y sombras en todos ellos.

No ese buenismo, porque, además, no lo era el personaje.

No es un bueno así...

Sino que es un hombre en conflicto, en lucha.

O sea, que elige hacer el bien, que podría no haberse mojado.

Hay continuamente elecciones éticas que el personaje,

y los demás personajes también, tienen que hacer.

Y cómo van construyendo ese mundo de afectos,

llenos de miedos, y cómo va creándose esa confianza,

ese grupo de las costureras con él,

cómo van quitándose las capas del miedo.

A ver si se va a meter usted en un lío con la cooperativa.

Si Franco necesita uniformes, alguien tendrá que coserlos.

Así podremos salir adelante, que es lo que importa.

-Y por otra parte, tienes también la alegría,

que comentábamos el otro día también,

la alegría del cambio social tan enorme que se ha producido.

Yo cuando estaba rodando la película...

Claro, prefiero tener constancia.

Tan enorme que de repente, rodando la película,

tuvimos que tener un sacerdote para enseñar a los figurantes

a hacer el nombre del Padre. No sabían hacerlo.

Fíjate qué cambio sociológico tan interesante.

Y luego, el cambio también en lo militar.

Cuando estábamos ensayando las marchas militares,

como no había mili,

que era algo que tampoco entonces se pensaba que podría ser,

pues tuvieron que enseñar rápidamente.

(Música saxofón)

La película muestra en hora y media una realidad tremendamente compleja

y es imposible abarcar en ese tiempo todo lo que ocurría.

Hay conceptos a los que ahora no estamos ya tan acostumbrados.

Y estaría bien abordarlos.

Por ejemplo, en la toma del pueblo vemos la convivencia

de distintas fuerzas favorables al alzamiento.

Y a mí me gustaría que te detuvieras y nos explicaras, por favor,

de quién se trataba y qué relación había entre ellos.

Estamos viendo... Sí.

Junto a los militares, se levantan las milicias,

los grupos paramilitares organizados por los carlistas,

que son la derecha más tradicionalista, más antigua,

con más apego a la tradición, al pasado, más católicos.

Que son los que van con la chapela roja.

Esos son los requetés, los paramilitares carlistas.

-¡Viva España! -Bienvenido, capitán.

-Y luego están los de la camisa azul, que son las milicias falangistas

que eran mucho más minoritarias en Navarra

pero una vez empieza la guerra van llenándose de gente.

Y que son, digamos, una derecha más moderna,

más puramente fascista.

Más abierta a imitar lo que se hacía en la Alemania nazi

o en la Italia fascista.

Y que, en teoría, tienen también una visión algo más laica.

Aunque luego, como vemos, van a utilizar la religión

en lo que les interesa.

La diferencia entre ambas está también bastante bien tratada

en el personaje de Hugo y el del falangista.

Acordaos que están jugando a las cartas...

¡Me cago en la Virgen Santa!

¡Eh!

Si vas a seguir blasfemando, aquí va a haber más que palabras.

Uno blasfema, el otro le recrimina... Aunque blasfemar, blasfemaban todos.

Uno de los gritos típicos de los requetés en el frente

era "me cago en Dios, viva Cristo Rey".

La paradoja del grito... ¡Qué lío! (RÍE)

...era algo habitual.

-¡Viva el clero! -¡Viva!

-¡Viva Cristo Rey! -¡Viva!

Mi monaguillo no necesita esto.

Pero España sí.

-Ahí, de alguna manera, quienes salieron perdiendo

en la unificación, etcétera, fueron los carlistas.

Y quienes salieron ganando fueron los falangistas,

quienes estaban con la moda europea,

con quienes estaban ayudando a ganar la guerra a Franco

que eran la Italia fascista y la Alemania nazi

sin cuya ayuda, desde luego, la victoria franquista

no hubiera sido tan fácil como fue.

Sin decir que fuera fácil tampoco, que duró tres años la guerra.

¿No crees que quizá los hábitos, las costumbres...?

El ser humano necesita un tiempo.

¿No crees que quizá estamos hablando de pasos demasiado acelerados

para ser asimilados por una sociedad en una época,

que quizá eso contribuyó a la desafección hacia la República?

Sí, el debate está ahí.

A ver, el régimen republicano, hay una cosa que no cabe duda,

es un régimen democrático.

En un contexto de crisis económica, de crisis política en toda Europa,

y con muchísimas dificultades

y, además, en un proceso todavía de transición

hacia la construcción de un régimen democrático pleno

porque no se construía de la noche a la mañana.

Pero sin duda es un régimen mucho más democrático

que el que hay antes, la dictadura de Primo de Rivera,

y que el que hay después, la dictadura de Franco.

Y tiene sus dificultades porque se hace en un momento...

No tanto porque cree problemas, porque estaban ahí.

Problemas estructurales de reparto de la propiedad de la tierra,

de falta de poder de los trabajadores en las relaciones laborales,

y de muchas otras cosas que había que solucionar.

Y había masas presionando para solucionar esos problemas.

Y masas presionando también, por ejemplo,

con el tema de la secularización, de la reforma religiosa,

para que las reformas no fueran en esa línea.

Entonces, el Gobierno republicano estaba en una situación muy difícil.

Pero, sobre todo, una democracia abre las expectativas de la gente

de que se puedan solucionar sus problemas.

Entonces, aumenta la movilización y la confrontación.

Y la democracia republicana es de confrontación.

Como lo son también la democracia francesa,

la democracia británica u otras democracias de la época

y nadie cuestiona su validez democrática.

De hecho, la democracia española era mucho más democrática que la francesa

donde no podían votar las mujeres, por ejemplo.

O que la estadounidense, que marginaba a la población negra.

Era una democracia, sí, con muchos problemas.

Y la confrontación y la movilización social

provocó una serie de tensiones

que pusieron en un brete, de alguna manera,

a los Gobiernos republicanos.

Lo que hay que evitar, sobre todo, es identificar que esos problemas

acaban llevando a la Guerra Civil, porque eso no es así.

En otras democracias que he mencionado

también se daban tensiones similares y no hubo Guerra Civil

porque lo que no hubo allá fue golpe de Estado.

Lo que va a provocar la guerra

y la revolución en la retaguardia en los primeros meses de la guerra

va a ser el golpe de Estado, sin eso no hubiera ocurrido.

Y por parte de la República, estos gestos que me refería antes,

por ejemplo, de prohibir procesiones o arrancar crucifijos de escuelas...

¿Crees que hubo una aplicación demasiado brusca por la República

de determinados gestos que provocaron esa desafección?

No tanto del Gobierno republicano

como luego cómo adoptan algunas de estas medidas

las autoridades concretas a nivel local.

Me explico, por ejemplo: no se prohíben las procesiones.

Para las procesiones se requiere que se solicite un permiso

al gobernador, a la autoridad civil.

Y la Iglesia de muchos lugares lo considera una humillación

y no lo solicita.

También hay extralimitaciones de algunos gobernadores

o de muchos ayuntamientos,

que, sin razón, no conceden el permiso.

Pero no es que se prohibieran.

Algunas medidas...

La disolución de los jesuitas u otras sí que pudieron ser interpretadas

como unas medidas demasiado radicales

pero hay que tener en cuenta que el papel del Gobierno republicano

no era nada fácil en ese aspecto.

Como en la reforma agraria o como en otros.

Porque por una parte tenías a una parte del país, los católicos,

que decían que de ninguna manera tolerarían

ni siquiera una libertad de culto, una libertad religiosa.

No digamos ya sacar los crucifijos de las escuelas.

Pero por otra parte, estaban también las masas más anticlericales

que identificaban a la Iglesia como un obstáculo

para la modernización de España, y querían ir todavía más lejos.

Querían, por ejemplo, expulsar a todas las órdenes religiosas.

Que es algo que finalmente no se hace.

El Gobierno republicano anda siempre

intentando templar gaitas entre unos extremos u otros.

Y no sé hasta qué punto tenían mucho más margen de maniobra.

Es verdad que la situación se deterioró

hasta el punto de que en las elecciones de 1933,

después de dos años de Gobierno republicano progresista,

las van a perder, van a venir las derechas

y van a paralizar todas estas reformas.

Y, por ejemplo, las procesiones vuelven a salir sin ningún problema

porque la Iglesia no tiene ningún problema como este Gobierno.

Y en el 36, las cosas en el tema religioso

están bastante más calmadas.

Quiero decir, sin golpe de Estado, era algo perfectamente reconducible.

Volviendo a la película, en la redacción comentábamos

que una de las cosas más inteligentes

del punto de vista, por tu parte, es llevar el conflicto bélico

a al terreno de las consecuencias personales y sentimentales.

Porque ahí es donde enfocas la cuestión concreta

y ahí es donde el cordón umbilical con el espectador conecta.

Siempre lo que más me interesa del conflicto...

A mí casi todo lo humano me interesa.

Y me interesa el resto de las cosas por su conexión con lo humano.

Es así. Me interesa el cine porque conecta con lo humano.

Me interesa la historia también.

Casi todo creo que está en función, para mí,

de comprender qué es esto que llamamos vida

y cómo somos, y cómo nos relacionamos

y por qué nos movemos, qué pasiones nos mueven...

Entonces, desde luego, en la construcción de esa historia

fueron apareciendo personajes que a la vez nos fuesen dando datos

sobre la forma de comportarnos de una época.

Sobre el juego, el alcoholismo, la relación madre...

Casi toda la película tiene muchas lecturas

porque cada uno de los personajes está ahondando en esencias humanas

y en el contexto que les tocó vivir.

-He venido a pensar alto...

...sentir hondo y hablar claro.

Pensar alto hasta la misma altura de Dios.

Sentir hondo en mi propia carne.

Haciendo mía la tristeza y la alegría de vuestros corazones.

Hemos hablado de memoria, de memoria histórica, de historia,

y creo que tú eres bastante conciso en diferencias los conceptos.

En diferenciar lo que es memoria y lo que es historia.

Me parece muy interesante tu punto de vista.

Si lo puedes compartir... Los historiadores en general.

Bueno, hoy te tenemos aquí como...

No me voy a arrogar yo el mérito de la distinción.

Pero sí que es una distinción muy pertinente

en la sociedad de nuestra época, que muchas veces lo confunde

a propósito, por ejemplo, de monumentos,

de homenaje al franquismo que todavía puedan seguir existiendo

y mucha gente cuestiona que se retiren

diciendo que como son historia hay que mantenerlos.

Obviamente, una cosa es la historia, lo que sucedió y tenemos que recordar

y otra cosa es la memoria,

que es lo que queremos valorar de aquello que sucedió.

Y el hecho de que algo haya sido historia

no quiere decir que lo tengamos por qué homenajear.

Y hay cosas que no son homenajeables

y no se deberían homenajear en una democracia.

También eran historia las esvásticas que había por toda Alemania

cuando pierden la Segunda Guerra Mundial

y lo primero que hacen los vencedores es derribarlas todas,

porque no tenía cabida un homenaje a ese símbolo en el espacio público.

A mí me gustaría hacer un pequeño ejercicio para despedirnos,

que es trasladar la importancia de lo que cuenta esta historia

a la actualidad. -A ver...

(RÍE)

Bueno, pues... Por donde queráis.

Como decía al principio, una sociedad democrática

es fundamental que mire a su pasado y que lo conozca.

Y que practique una memoria democrática.

Sin una memoria democrática, el peligro de volver a derroteros

autoritarios, fascistas, como los queramos llamar,

a los que no deberíamos volver, pues es mayor.

Y sin ponerme demasiado pesimista, pero sí que tengo que decir

que en la actualidad, en España y en Europa,

y en el mundo en general, hay síntomas de preocupación.

Síntomas muy preocupantes de cómo hemos de tener muy presentes

estas lecciones del pasado para no caer por ahí.

Porque vemos en España

un despertar del franquismo sociológico y político

que probablemente pensábamos

que no estaba tan presente como resulta que está,

y tenemos que estar muy alerta

para conseguir que eso no vuelva a ocurrir.

A mí en este momento, creo que el cine mejor que se está haciendo

y el que más nos pone en situación,

son muchas de las series que están tratando

con un futuro que es ya, que es muy cercano,

y el miedo que me da el vivir desde la distopía.

Yo vengo de la utopía

y sigo creyendo que la utopía es el sueño que me mantiene viva

y que creo que los seres humanos tienen que estar en un entorno

en el que hace falta hablar de la distopía

porque se está programando.

Los niveles de pérdida de libertad son cada vez más grandes.

Y no somos muy conscientes de ello.

En fin, es un momento para pensar hondo,

hablar alto y sentir...

Como decía en el primer discurso Marino, es una entrada bonita.

Pero sí que es un momento preocupante.

Y donde el ejercicio de la libertad tiene que ser ejercitado

muy, muy, muy seriamente.

Porque existen problemas para el ejercicio de la libertad

por muchos lados.

Bueno, pues aquí, si os parece, lo dejamos.

Porque si hay algo contra lo que no podremos combatir nunca

es el paso del tiempo. (RÍE)

Así que hasta aquí hemos llegado hoy.

Javier, Helena, ha sido un auténtico placer

estar con vosotros alrededor de "La buena nueva".

Y terminemos con un cierto optimismo, pondremos remedio a esto.

Lo peor de todo es no ser conscientes de que hay dificultades.

de que el ejercicio de la democracia o de la libertad

no se conquista una vez y ya está para siempre,

sino que es un ejercicio de todos los humanos de la sociedad.

Y, además, diario casi. Si no, por lo menos, cíclico.

Cada tres años hay que hacer una revisión general.

Es cierto, es cierto.

Y momentos como este están muy bien para charlar de ello y recordarlo.

Muchísimas gracias a los dos por haber compartido

esta noche de domingo con nosotros, con el equipo y los espectadores.

Os seguiremos muy de cerca.

Enhorabuena por tu libro, Javier. Y gracias, Helena.

Seguimos muy de cerca tus andadas cinematográficas.

Muchas gracias a vosotros también por estar ahí un domingo más.

Ya sabéis que nos volvemos a encontrar la semana que viene

para seguir conversando en torno al mejor cine español más reciente.

Un beso muy fuerte. Chao.

(Música créditos)

  • La buena nueva (Coloquio)

Versión española - La buena nueva (Coloquio)

12 nov 2017

En el coloquio, participan la propia directora Helena Taberna (que nos desvelará los hechos reales que inspiraron su película) y el historiador Javier Dronda, autor del libro Con Cristo o contra Cristo, especialista en la historia de la Iglesia navarra en los años previos a la Guerra Civil, que nos ilustrará sobre el contexto social de los años en los que transcurre La buena nueva.

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