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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Atraco - ver ahora
Transcripción completa

No las vamos a vender. Las vamos a empeñar.

Son las cosas de Evita. ¿Cómo vamos a empeñarlas?

Se nos acabó el dinero.

Para instalar a Perón en Madrid lo necesitaremos.

Disculpen la espera.

¿Tienen la llave?

Cuando estén listos, por favor,

pulsen el timbre. Muchas gracias.

A usted, general, le costará el pescuezo, Landa.

No tiene por qué enterarse.

Estamos en Panamá. Acá se conoce todo el mundo.

El martes tengo una entrevista en Madrid,

para concretar la concesión del asilo político al general.

Aprovecharé allí la oportunidad para empeñarlas.

¿Y si quiere verlas antes? Cuando le ataca la nostalgia...

Con el viaje a España tendrá la cabeza en otra cosa.

Y cuando estemos en Madrid,

llegado el caso le diremos que están guardadas aquí, en Panamá.

A partir de ahora usted es el responsable,

no yo. ¿Estamos?

"No puede pasar". "¡Déjeme, me están esperando!".

¡Que no puede pasar! ¡Merello!

Venga. Déjelo, está conmigo.

¿Lo ve?

¿Por qué llega tan tarde?

Sin plata no me dejaron sacar el coche.

Se lo dije a Buscaglia.

Está bien, Merello.

Pero se lo dije ayer, y... Está bien. Déjelo ya.

No se preocupe.

¿Qué pasa?

¿Espera a alguien usted? No.

¿Lo conoce?

No.

Entre sin hacer ruido y esconda eso.

Un solo movimiento y lo mato.

No, no. ¿Levanto las manos?

¿Está solo?

Sí.

¡Espere, espere! ¿Qué buscas? Quieto.

¿Qué buscas? A Moisés Landa.

¿Para qué?

¿Es usted? Las preguntas las hago yo.

¿Qué quieres? Necesito hablar con él.

No está.

Bueno... lo espero.

No puede quedarse.

¿Y qué va a hacer, me va a matar?

¿Moisés Landa? ¿Qué quiere?

Hablar con usted.

¿Puedo...? Que hable.

Eh...

Me manda mi mamá.

Matilde Jordán.

¿Matilde Jordán es su madre?

Desde el día en que nací.

¿Puedo...?

A ella ya la conoce. El pibe soy yo.

Está bien, Merello. Tranquilo. Es el hijo de una amiga.

¿Está seguro? Sí.

¿Y cómo está Matilde? Me extraña mucho, pero...

Se complicó en Argentina para los patriotas

y me tuve que ir.

¿Es peronista usted? Hasta la muerte.

¿Y qué hace acá?

Mi mamá me dijo que quizá usted podría ayudarme a encontrar trabajo.

¿Qué sabe hacer?

Yo soy... artista.

De variedades. Imito a Chaplin.

Bueno, con el bombín y con el bastón la gente se caga de risa.

Ah. ¿Conoce el Happy Land?

Un cabaret junto al puerto. Llegué hace dos días.

Venga.

Mañana se presenta...

y pregunta por el encargado, Almagro.

¿Almorzó?

Hace como dos días que no como.

Como Chaplin en "La quimera del oro". ¿La vio?

No. Ah. Debería...

Tome.

Cómprese algo. Y acuérdese, Almagro.

Luis Almagro. Le dice que va de mi parte.

Le haré quedar bien. No se va a arrepentir.

Vaya a descansar.

Bueno. Buenas tardes.

(Puerta)

¿Qué pasa?

Nada, es...

¿Podría verlas?

¿Qué quiere ver?

Las joyas de la señora.

¿Se acuerda?

Usted se las vio lucir cuando la custodiaba.

No, no.

Yo siempre estaba de espaldas, vigilando.

Cara a cara la vi una sola vez.

Qué maravilla.

Esa la lució cuando vino en su visita oficial a España.

Parecía una estrella de cine.

Era una de esas personas que brilla con luz propia.

Esa la llevaba en el encuentro con Pío XII.

Imagínese. Para el general son un talismán.

La sola idea de desprenderme de ellas me enferma.

Son joyas muy especiales, sí.

Pero esto es una joyería, no una casa de empeños.

Pagaríamos un interés por la gauchada.

¿Por la qué? Por el trato.

Por empeñarlas. Sí, claro. Claro.

Un 20 por 100.

Ferrán...

¿De cuánto?

De cinco millones.

Usted me prometió

más dinero.

Es todo cuanto puedo ofrecerle.

Son las cosas de Eva Perón.

De acuerdo.

¿Se encuentra bien? Sí, muy bien.

¿Le llamo un taxi? No. No es un problema.

¿Dónde hay una farmacia?

Aquí, cruzando la calle a la derecha.

No tiene pérdida. -Señor Ferrán.

Es para usted. -Un momento.

Vigile el dinero. Sí.

Si me permite. Atienda.

Sí.

¿Qué le pasa? ¿Se encuentra mal?

Respire. Respire.

¿Le ayudo?

No sé qué tiene. Eso es asma.

¿Seguro? Sí. Soy enfermera.

Pare ese taxi.

No se preocupe, le ayudaré. Tranquilo.

Gracias. Pase.

Ya se ha despertado.

¿Cómo se encuentra?

¿Dónde estoy?

En la Clínica de la Concepción.

Mi portafolio. ¿Dónde está

mi portafolio?

¿Qué portafolio? Tranquilo, no se mueva.

Aquí está.

¿Alguien lo abrió?

No. Aquí no abrimos nada.

Me ha salvado usted la vida. No exagere.

Me gustaría poder agradecérselo de alguna forma.

No tiene que hacer nada. Algo debo hacer.

¿Qué quiere? No, hombre. Permítame, por favor.

Está bien.

Cánteme un tango.

¿Yo?

No sé.

Un argentino que no canta tangos. Qué pena. Con lo que me gustan a mí.

Ahí llega un taxi.

No me olvidaré de usted.

Eso dicen todos.

Yo no soy como todos. Eso también lo dicen todos.

No olvide llevar siempre dos.

Ferrán es un buen amigo. Sobre todo de mi mujer.

A Adela le encanta visitarle.

¿Le hizo una buena oferta?

¿Cuánto le ofreció? Cinco millones.

Caray. Quién los tuviera... sin que lo supiera Adela.

Instalarnos en Madrid supondrá gastos.

Habrá que alquilar casas, amueblarlas, comprar coches,

tomar personal de servicio, de seguridad. Como comprenderá,

el general no puede vivir en cualquier parte.

Gracias, Juan.

Tome. Verá. Siéntese, por favor. Gracias.

Los españoles estamos muy agradecidos con Argentina.

Y nunca olvidaremos los barcos cargados de trigo

que nos mandó Perón tras la guerra.

Somos pueblos hermanos, coronel. Sí.

Y el generalísimo lo tiene muy presente.

Siente admiración por Perón.

Y el general también le aprecia mucho.

Sí, pero Perón está excomulgado por el santo padre.

Y este es un país católico, apostólico y romano.

Como sabrá, no es el momento más oportuno

para... concederle asilo político.

Lo del asilo tardará un poco todavía.

Me dijo que ya estaba hecho. Bueno...

Faltan algunos detalles.

Seguramente a fin de año ya estará.

Estos españoles... son unos hijos de mala madre.

En todo caso, no le diga nada al general.

¿Cómo está? Igual, deprimido.

Se la pasa escuchando música, hablando de muertos.

¿Preguntó por mí?

No.

Voy a verlo a su bungaló.

No. Ahora no.

¿Está durmiendo? Está con la bailarina.

Me pidió que a mi vuelta pasara a verlo.

Más tarde, o mañana.

O mejor todavía: yo lo llamo.

Sí, soy yo.

Bien, muy bien.

¿Quién?

Carmen Polo, la mujer de Franco. Le encanta visitar joyerías.

Y cuando quiere alguna pieza, la pide para palacio.

"Para que Paco lo vea".

¿Este no le gusta? -"¿Y quién se atreve a negárselo?".

"Pero nunca las devuelve. Y no le pidas factura".

"Alguien le habló de las joyas,

y no paró hasta que mis empleados se las mostraron".

"Claro, a la señora le encantaron".

¿Las joyas de Evita?

"Y cuando llegué era tarde. Se entusiasmó. Que le encantaban".

"Que nunca vio algo así. Y que

se las mandáramos ya a palacio". Ferrán, esas joyas no son suyas.

Es la mujer del generalísimo.

¿Se las mandó ya? "No".

Dije que debíamos hacer el seguro,

y que tardarían una semana o 10 días.

Pero la señora tiene prisa. Le han gustado mucho.

(SUSURRA) 10 días.

(Alboroto)

(Música)

Merello. ¿Dónde lo puedo encontrar?

No se pone.

Bah... sigue, vamos.

(Puerta)

¿Quién es? "Landa, Merello".

Un segundo, por favor.

Discúlpeme que me presente así, de improviso,

pero el asunto es urgente. Usted dirá.

El general necesita sus servicios.

Si el general lo pide... lo que sea, Landa.

Fabián.

Hay que robar una joyería.

Pero el joyero estará de acuerdo.

No es un robo.

Bueno, tendrá que parecerlo.

Usted viaja a Madrid y se entrevista con el joyero.

¿Cómo, en Madrid de España? Sí.

¿Algún problema?

No, no. Usted me conoce mejor que nadie.

Si hay que poner el pecho por el general,

ya lo hice alguna vez. ¿Entonces?

Esto de viajar en avión nunca lo hice.

El general me dijo que usted era el más indicado.

¿Eso dijo?

¿Nos sentamos? Sí, sí.

Con Ferrán, el joyero, van a organizar todo.

Usted roba la joyería, él le entrega las joyas de Evita...

¿Son las joyas de la señora? Sí.

Usted toma las joyas y se va. Y las esconde donde él le diga.

Y se vuelve a Panamá en el primer avión.

¿Y las robamos para devolverlas?

¿Y si no las devolvemos? Empeñé mi palabra.

¿Conoce a alguien con experiencia que le pueda servir de apoyo?

¿Y que ponga el pecho por el general?

No, Landa. Patriotas ya no quedan.

(Música tribal)

¿Ese chico? Sí.

Es broma, ¿no? La primera impresión no es buena.

La segunda tampoco.

Está dispuesto a todo.

Eso se ve, Landa, pero muy profesional no parece.

No necesitamos profesionales. Necesitamos patriotas.

Pero yo no toqué un arma en mi vida.

Ni de chico me gustaban. ¿Lo ve?

Pero me dijo que era actor.

No es la persona adecuada. Usted

es peronista. Me dijo que no me decepcionaría.

¿Eh?

¿No hay que matar a nadie? No.

¿Ni disparar? No.

¿Nada de sangre? No.

¿Y si se resiste?

No lo hará. El joyero está de acuerdo.

Ah, ¿sí?

Entonces ¿para qué le robamos?

Oh, dios mío. No es para pendejos esto. Vamos.

Espere, espere.

¿Cuándo salimos?

(Música mambo)

Gira, gira.

¡Vamos!

Venga, vamos, vamos.

¡Vamos!

Marcelo Albino Tigerotti Costa.

Vaya nombre, ¿eh?

Y Alberto Orlando Bermejo.

¿Cómo uruguayo? ¿Uruguayo por qué?

Yo siempre seré argentino.

La Argentina se lleva acá.

Y hasta la muerte.

Así es. Aquí tienen

los billetes y los visados.

Salen el sábado. Así llegan el domingo a Madrid.

Los controles estarán más relajados.

¿Por qué? ¿Qué puede pasar?

¿Cuándo volvemos? El domingo siguiente a la noche.

¿Y las pistolas? ¿Qué pistolas?

Pero... perdón, ¿el joyero no está en la joda?

¿Cómo robamos, con los dedos? Los consigue usted en Madrid.

Aquí tienen para sus gastos.

Procúrense abrigo. Madrid es frío. Y me traen recibo de todo.

Yo estaba pensando...

¿cómo será este Marcelo Albino?

¿Eh? Es uruguayo.

Eso está claro. Digo, su temperamento.

Igual luego podemos hablar de su personaje.

Pero el mío... ¿qué es, un boludo el tipo?

¿Para adentro es un pícaro, un pillo?

¿Qué pasa? ¿Qué me miran ustedes dos?

¿Cómo es?

Voy a pedir otra ronda. Por favor.

Tenga.

Edmundo Rivero.

¿Para mí? No hacía falta.

No. Le pido un favor. Cuando esté en Madrid

y tenga un tiempo,

va a la Clínica de la Concepción y deja eso con esta nota en recepción

para Teresa Carvajal. Y se va.

Una amiga.

Una amiga.

¿Muy amiga?

Una amiga.

(Música mambo)

Eso es. Vamos.

Arriba.

Si en dos semanas no vuelvo, ¿le puedes dar esta carta a Landa?

¿Si no vuelves? ¿Y adónde vas?

Es un asunto confidencial... en Madrid.

¿En Madrid?

A mí me encantaría vivir en Madrid.

Tráeme algo.

Dalo por hecho. ¿Y qué le dirás a Almagro?

No sé, que tengo fiebre.

Con fiebre, acá se trabaja.

Que me esguincé.

(Puerta)

¿Se puede? -Buscaglia.

¿Qué lo trae por acá? -Vengo a ver a la artista.

El general preguntó por usted. -Ah, ¿sí?

Sírvase.

Qué lindas.

Nos tiene medio enamorados.

Como a todos.

(Música flamenco)

Ahí llegó.

Voy a hablar yo. Usted ni una sola palabra.

¿Marcelo Albino Tigerotti y Alberto Orlando Bermejo?

Los dos. Uruguayos.

Yo soy...

¿Cuándo llegaron a Madrid? Llegamos no más.

¿Conocían ya la ciudad?

No. Pero a uno le apetece conocer.

¿Sabe dónde está la Clínica de la Concepción?

¿No está bien?

Déjelo, Marcelo Antonio. Albino.

Marcelo Albino, uruguayo.

¿A qué hora abre? ¿La clínica?

La joyería.

A las 10.00.

¿Cuántos empleados tiene? Tres. Y yo.

¿Saben lo del robo? No, no.

¿Tienen armas allí?

No, por dios.

No irán armados, ¿verdad?

¿Y dónde vio un robo sin armas?

Pero no las van a usar. Si hace lo que debe, no hará falta.

¿Y cuándo lo harán?

Porque casi siempre visito clientes, y sería raro que no...

Porque es mejor que esté yo, ¿no?

Si no, ¿quién me entrega las joyas?

Sí, claro. Claro.

(Aplausos)

¿Cuándo lo harán? El sábado por la mañana.

¿Este sábado?

¿A qué hora, más o menos?

¿Dónde las guarda? En la caja fuerte del despacho.

Bien. Haremos lo siguiente:

Él se quedará

con los empleados y usted y yo iremos al despacho

y me dará las joyas mientras Marcelo...

Albino. Uruguayo.

agarra las de la vidriera.

No. No quedamos en eso.

La idea es que parezca un robo común, Ferrán.

Si me da solo las joyas de la señora, sospecharán.

No pueden llevarse mi género. No debe ser bueno.

No, todo es bueno.

Si la compañía de seguros huele algo raro,

usted estará en problemas.

Pero luego me lo devolverán. ¿Tenemos cara de chorros nosotros?

¿El qué?

Las dejaremos en la caja, con las otras. Deme la llave.

Bien. Aquí les indico cómo llegar.

¿Tienen coche? Sí.

No. Sí.

Cuesta abrirla. Hay que tirar hacia arriba.

Así. Y antes de entrar se quitan los zapatos.

Acabamos de barnizar el parqué.

Y no encienda la chimenea.

No hay vecinos, pero el humo se ve de lejos.

Y cuando se vayan,

me apagan la luz.

Y me esconden las llaves bajo la maceta de la entrada.

Y me lo dejan todo como lo encontraron.

Y no roben, que mi mujer... No vinimos a chorear.

¿A qué? Vinimos a hacer justicia.

No, ya, pero...

Si sigue así, lo mando de vuelta mañana.

Vine a ayudar. Ayuda mejor calladito.

Merello. (GRITA) ¿No me escuchó?

¿Qué pasa? ¿Sabe manejar?

¿Qué cosa?

Mirar, ¿sabe? ¿Mirar qué?

¿Puede avisar si viene alguien? ¿Qué hace?

¿Cómo escapamos de la joyería, en tranvía?

Merello, esto es robar. No me diga.

Merello.

¿No se calla nunca? ¡Eh!

¿Qué hacen con mi coche? Nada.

¡Bájese de ahí! No lo va a creer.

Se nos cayó una moneda dentro.

¡Ábrame!

(GRITA)

Con esto suben a primera planta y... Oiga.

Un momento. Estoy atendiendo.

Es por allá.

A ver, dígame.

Le decía que quería dejar esto

para una enfermera llamada Teresa Carvajal.

Teresa Carvajal, a recepción. No hacía falta. Simplemente...

Espere.

Dime, Lola. Preguntan por ti, cielo.

¿Es Teresa Carvajal?

Sí, soy yo.

¿Necesita algo?

No hacía falta. Se lo dije de broma.

Sí. Es muy cumplidor, como todos los uruguayos.

Pensé que era argentino. ¿Eh?

Bueno, es lo mismo. Uruguayo, argentino.

A todos nos gusta el tango.

¿Y qué es, un amigo tuyo, un pariente?

Es... mi padre.

Ah. Bueno, tenéis un aire. Sí, bueno.

Padre e hijo a veces...

¿Cómo está del asma?

¿Eh?

Bien. Bien, no...

Lo lleva muy bien. Lo va llevando.

Que se acuerde del inhalador.

Sí, claro. Me dijo que como él no podía,

quizá podía invitarte yo a bailar un tango.

¿En Madrid o en Buenos Aires?

O en Montevideo, o en China.

Estoy hablando de Madrid. O un chachachá. Lo que quieras.

Me gusta bailar.

Soy medio bailarín.

Yo también. ¿A qué hora sales?

Hoy salgo un poco tarde.

¿Y mañana? O pasado. O pasado, pasado,

pasado.

¿Y el viernes?

Bueno, hay que entrar.

¿Por? Desde la vidriera no se ve.

Pues más o menos, todas las joyerías son parecidas.

¿O no? Claro.

Cuanto mejor se conozca el lugar del golpe, mejor.

¿Qué golpe? Me va a esperar acá.

¿No vamos juntos?

¿Alguna vez vio dos hombres juntos en una joyería?

Yo jamás entré a ninguna. ¿Usted?

Trabajé en una en Buenos Aires.

¿Era joyero? No, vigilancia.

Se mueve mucho. ¿Algún problema?

Me estoy orinando.

Me espera acá. Es un minuto nada más.

Buenas tardes. Bienvenido.

Maribel, por favor.

¿Qué deseaba? Tengo que hacer un regalo.

¿Para su mujer, su madre, su suegra...?

Mi mujer. ¿Y qué le gustaría?

Una pulsera, unos pendientes, un broche, un collar.

Un collar puede ser, sí.

¿Le gustan las perlas? Me encantan.

Pues tengo unas divinas. Espere un momento.

Hola.

Buenas tardes.

Sí. Eh... ¿pulseras tienen? Sí, claro.

¿Me las podría mostrar?

¿Qué tipo de pulsera busca? ¿Un baño?

¿Disculpe? Un...

Un lavabo.

Para... Sí. Sígame, por favor.

No. No me consta que haya llegado.

Espere un momento. Se lo consulto a Maribel.

Este tiene el cierre de plata.

Maribel, tengo a Linogar al aparato.

Me dice... -¿Qué?

Oiga.

Atienda al señor. Atiéndalo.

¿Le enseño

las pulseras? No, gracias.

Ya prefiero otra cosa, gracias.

¿Cuál le gusta más? Lo voy a pensar.

Yo le digo una cosa:

las perlas nos sientan de maravilla.

Lo sé. Muchas gracias. En otra oportunidad regreso. Adiós.

No puedo mear en la calle. Al trabajo se va meado.

Este no es mi trabajo.

El mío sí.

¿Cómo empezó con esto?

Es la última vez que se lo digo.

Estamos acá para recuperar las joyas de la señora.

Una cagada más como esta última y lo mando de vuelta con su mamá.

Isaac Nudelman era un gran tipo.

¿Quién? ¿Qué me preguntó?

Ah, bueno. Estábamos volviendo...

Cómo empezó con todo esto.

Era un gran tipo. Manco.

Pero muy buena gente.

Siempre le daba vergüenza que se supiera que era maco.

Fácil no debe ser.

¿Me deja seguir o no?

Usted.

Mucha vergüenza le daba.

Entonces dejaba la manga vacía dentro del bolsillo del saco.

Y una tarde, el segundo día de la huelga del mercado de abastos

un milico lo mira...

y lo manda llamar.

Cuando lo tiene enfrente le ordena levantar los brazos.

Y Nudelman obedece, el pobre.

Levantó solo el brazo izquierdo.

¿Y qué otra cosa podía hacer? No tenía más.

¿Me deja contarlo o lo cuenta usted?

Usted.

Levanta el brazo izquierdo...

y la manga vacía le queda sujeta en el bolsillo del saco.

El milico pensó que iba a sacar un arma.

Y cagado de miedo...

le dispara y lo mata ahí mismo.

¿De verdad?

Por manco.

Yo estaba ahí, presente.

Era muy chiquito. Tenía... no sé, 10 años.

Y ver la muerte tan de cerca...

le cambia a uno la vida.

En cambio a mí...

me quitó el miedo de perderla.

Y de eso

hice mi oficio.

¿Qué pasa?

Y cuénteme, Miguel.

¿Cómo descubrió el suyo?

¿Mi qué? Su oficio.

¿Qué oficio? ¡Oh! ¿No es actor?

Ah, sí. Sí. No...

De chico

yo no tenía papá. Lo que pasa... bueno, sí.

Papá tenía, lo que pasa que... ¿Qué hago, sigo contando?

Eh... yo no tenía... papá de chiquito.

Sí, lo tenía.

(Gritos)

...padres. Pero en el... (GRITA) ¿A qué han venido?

Dijo que por las tardes no estaría. Pues esta tarde sí.

Dios mío, cuando les he visto...

Les dije

que no la encendieran. Hace frío en la casa, Ferrán.

¡Por dios! ¡Eh, eh! Dejaremos todo como está.

¿Y eso? ¿Qué le diré a mi mujer?

¡Con lo que le gustan estos muebles!

¿Y estas botellas? ¿Y los zapatos?

¡Les dije que se los quitaran! ¡No!

Tienen que irse. Se anula el atraco.

Ni en pedo. ¿Qué?

Que... dijo que no.

No saldrá bien. Me pondré nervioso, y...

¿No ven que es una locura? Hoy les han visto.

¿Y? Les van a reconocer.

Tranquilo, Ferrán. Nadie nos va a reconocer.

No es exactamente lo que me pidió,

pero ya nos ha pasado otras veces.

Coincide el rodaje

de una película de policías y ladrones, con un atraco,

y nos deja sin uniformes. ¿Para qué los quiere?

Es un... una fiesta de disfraces.

Ah, entonces sí.

¿Y estos de qué son?

Son de... bueno, son de gala.

Ajá. Pero la gente que nos vea sabrá que somos del Ejército.

Claro. Cuando vean estos botones,

y los galones. Y hay un par de gorras fenomenales.

Niña, tráeme las gorras.

¿De dónde es usted?

Chile. Ah, Chile.

Francisca. -Ah, gracias.

En su país no sé, pero aquí la gente no distingue uniformes.

Y al ser de gala, tienen mucho empaque y mucha...

mucha autoridad. Si quiere, le ponemos unas medallas.

¿Funcionan?

Solo hay que limpiarlas. ¿Repuestos tienes?

A ver.

No vale lo que dijeron.

Aquí sí. Muy bien.

Aquí sí. Perfecto.

Me la llevo.

Pero ¿sabes qué voy a hacer?

Te voy a pagar la mitad, porque más no vale.

Ahora serán 4000.

Muy bien. Subió de golpe.

Ahí está.

¿Balas? ¿O disparo aire?

Serán 100 más.

Sabes que me robas, ¿no?

¿Qué más?

Acompáñale a la puerta. No hace falta, pendejo.

Sé el camino.

La guita.

¿Qué? La plata.

La plata.

Va, va, va.

Muy bien.

No está cargada. ¿No?

¿Quieres probar? ¡Hijo de puta!

(Quejidos)

A un argentino nunca le putees a la madre.

Yo no se lo pedí.

El general dijo que me la mostraría.

Pero es que eso no es posible.

Las cosas de la señora están guardadas en una caja

en un banco.

Y de ahí no se pueden sacar.

Pero Buscaglia me dijo que vos tienes una llave.

Dichosos los ojos que la ven. -Buscaglia.

Menos mal que llegó.

El general está un poco inquieto.

Pensaba que ya no llegaría.

¿Cómo iba a hacerle eso al general? -Pase. La está esperando.

Está en su despacho.

Buscaglia.

Hay que parar con esto de las joyas. ¿Qué quiere que haga yo?

Al general le gusta la chica.

Tiene debilidad por las rubias, ya lo sabe.

Y mientras no piensa sobre cuándo iremos a Madrid.

Le dije que no debía empeñarlas. ¿O no?

¡Todos quietos!

¡Quédense quietos! Quietos...

Arriba las manos.

¡Arriba las manos! ¡Esto es un asalto!

¿Qué hace? ¿Qué es eso?

Estoy ensayando cómo sacar...

No se olvide del gallego.

Ah, no. Estuve practicando.

¿Quiere escuchar? Sería...

¿Sabe? Le voy a pedir que pare con eso.

Me vuelve loco.

¿Y para qué la limpia? Si no vamos a disparar.

(RESOPLA) ¡Arriba las manos! ¡Esto es un asalto!

Atraco. Voy por lo clásico. Atraco ¿qué?

Atraco se dice acá.

¿Que diga atraco?

A ver. ¡Arriba las manos! ¡Esto es un atraco!

No, diga. Más gallego. Más...

¡Quedaros quietos, o haré algo que no quiero!

¿Qué hace?

Porque me veo la mano.

Cuando me veo el dedo es cuando... Por ser actor.

¡Arriba las manos! ¡Esto es un atraco!

Meta un "¡coño, hostia!".

Sí.

Coño, no hostia, porque hostia ya nos metemos en la iglesia.

¡Arriba las manos! ¡Esto es un asalto, un atraco, coño!

¡Quédense quietos, o disparo con mi arma!

Coño.

¿Está bien?

¿Y por qué robó otro auto?

¿Va a poner una concesionaria?

¿No tiene nada que hacer?

No. Cambie la de atrás.

(Música en inglés)

Pues en Madrid no se ven muchos paraguayos.

Uruguayos. Da igual.

Ah, es lo mismo. En cambio, argentino sí. Mal.

Sí, son más gente.

Para mí... no creas que me gustan mucho.

Ah, ¿no? No, porque son... como Eva Perón.

Que vino hace unos años. Sí, sí.

Parecía... a ver, la mujer de Franco es una señora,

porque se la ve señora. Pero esa Perón es vulgar.

Ah, ¿sí? Sí.

Un poco fresca, ya me entiendes.

La mujer de Franco lo vio claro, y no...

Qué tío más raro me has presentado. ¿Qué le has hecho?

Luego te lo cuento.

¿Se va?

Sí. ¿No le gusta la amiga de Teresa?

No.

Ah. Espere, que agarro las cosas y me voy con usted.

No, quédese. No demore. Mañana hay que hacer.

¿Qué le pasa?

Nada. Tenía cosas que hacer.

A estas horas.

Sí, sí. Yo lo lamento por tu amiga.

¿Mi amiga? Si mira...

(Fin de música)

(Música romántica)

¿Tú no tienes nada que hacer?

¿Bailar esta con vos?

¿No me dices qué has venido a hacer a Madrid?

Trabajo.

¿Qué trabajo?

Bailemos esta y te lo digo.

Otra vez. No.

¡Venga, otra vez! No, no.

La última, lo juro. ¿La última?

Sí. Pero me tendrás que dar un beso.

De acuerdo.

Venga.

Ven.

¿Vives por acá?

Cerca.

Precisamente aquí conocí a tu padre.

Ven.

Qué bonito.

¿Y el beso?

Si me regalas una...

Entonces tendrán que ser dos.

Elige una.

El trébol.

Para que me dé suerte.

Acá lo tienes.

Para que nunca te olvides de mí.

A ver cómo me queda.

(Motor)

Ahí vienen.

Falta una empleada.

Estará por llegar.

(TARAREA)

(VOCALIZA)

(CARRASPEA)

¿Qué hace? ¿Qué es eso?

Vocalizo. Bueno, ya deje de joder, ¿eh?

¿Ya meó? Dos veces.

¿Ya vamos? No, no.

Esperamos que se saquen los abrigos.

Ayer volvieron a llamar de El Pardo.

¿Qué querían? -Saber cuándo mandábamos las joyas.

¿Y qué les has dicho? -Que el seguro se estaba retrasando.

Como usted me dijo.

Yo creo que viene hoy. -¿Quién?

Doña Carmen. -¿Por qué?

No sé.

Vi un coche del Ejército. -¿Dónde?

Ahí fuera. -¿Fuera?

Dios mío.

¿Quién cambió las joyas? -Yo, ayer por la noche.

Era el escaparate nuevo. Y están -Sí, ya...

las de menos calidad. -A ver si se mueve el género.

¿Le pasa algo?

Tranquilos, ¿eh? Todos tranquilos.

Trabajando, como siempre.

Dolores.

¿Sí? -¿Ordenó los pedidos?

Sí, sí.

Vamos a ver.

Espere, espere. ¿Qué le pasa?

(VOMITA)

¿Está bien?

Sí. Sí.

Me pasa siempre ante un estreno.

¿Y no para el coche?

¿Y si se lo roban? ¿Quién le roba a un milico?

Merello. ¿Qué?

¿Usted nunca se enamoró?

¿Enamorar? ¡Pero no me jodas! ¿Tú qué hablas?

¿De la señora tampoco?

De Evita.

Uno no se enamora de una diosa. Uno la adora.

Vamos. No olvide que es gallego.

(Puerta)

Buenos días. ¿Les puedo ayudar?

Todo el mundo quieto. Esto es un atraco.

¡Coño! No se mueva nadie, o me veré obligado a hacer algo que no quiero.

¿Y la caja fuerte?

¡Anda!

En mi despacho.

Acompáñale.

¡Y tú, mueve! ¡Mueve!

¡Coño!

¿Qué hacen vestidos así? Abra la caja.

No dijeron que vendrían disfrazados. ¡Ábrala!

Abre esa. Sí.

¡Abre esa! Sí, tranquilo.

¿Dónde está?

¿El qué?

El trébol.

¿Qué trébol? Había un trébol con un colgante.

¿Dónde está? Es que... lo han cambiado todo.

¿Dónde está? Coño.

Ahora lo busco.

¿Son las de verdad? Si me mete el perro...

¿Qué perro? ¿Son las de la señora?

¡Claro que lo son!

Un trébol. ¡No, un trébol!

No, un trébol con un colgante.

¿Qué hace? ¡Busque un trébol, coño!

¡Espere, espere! En la casa...

Me las esconden con la leña.

Todas, ¿eh?

¡Pero espere, hombre!

No puede irse así. Tiene que romper algo.

Que parezca que opuse resistencia.

(Grito)

Teniente. ¡Ustedes sigan buscando!

¡Es un trébol! ¿Qué pasó?

¡Que sigan buscando, coño!

¡Lo tengo, vamos!

¡Vamos, carajo!

¿Qué mierda buscas?

¡Vamos! ¡Ya, ya! Acá está.

¡Espere, espere!

¡Vamos, joder! ¡Arranque, carajo!

¡De frente! ¡Sí, sí!

(Claxon)

No toque la bocina, boludo.

¿Y el otro auto? Le sale mucha sangre.

Estoy bien. No parece. ¿Y el otro auto?

A cinco minutos por este camino. Vaya a buscarlo.

¡No le dejaré solo! ¡Vaya! ¡Que estoy bien le digo!

¡Vaya!

(Balidos)

¡Salid, bichos de mierda!

No puede ser, joder. ¿Y Antúnez?

Se cogió el fin de semana. -¿Colina está de baja?

Correcto. -Mira que atracar en sábado.

¿A quién mando yo ahora? -Puedo ocuparme yo.

Si hace un mes que salió de la academia.

Como segundo mejor de la promoción.

Con Naranjo. -Comisario...

Ha llevado casos parecidos. -Hace 20 años.

¡Naranjo!

Sí.

Suba. Le asignaré un caso. ¿Ha oído lo del atraco?

Si en España no hay atracos.

No me joda, Naranjo. No me joda.

(Quejidos)

Cuidado, hombre. ¡Puta madre!

Mañana estaré bien. Tienes que ir a un hospital.

¿Cómo voy a ir con un tiro en el pecho?

¿Y si se le infecta? ¿Sabe sacar una bala?

¿Eh? Vaya a hervir agua.

Vaya a hervirla.

¿Cuántos eran? -Dos. Eran dos.

Militares.

¿Cómo que militares? -Sí. Llevaban uniforme.

Y el más joven llamaba al otro teniente.

¿De qué cuerpo eran?

No sé. -De aviación parecían, ¿no?

De caballería, por las botas.

Bueno. ¿Cómo eran? Edad, aspecto físico, altura.

Eran... -Hablaban muy raro.

Sí. -¿Raro?

¿En español? -Sí, pero con acento.

¿Qué tipo de acento? ¿Andaluz, vasco, catalán?

No, no. Era...

Como sudamericano. -Eso.

Sobre todo el mayor, cuando salió del despacho.

Y el joven decía mucho "coño". -Dolores.

Quería un colgante con un trébol. -Sí. Estaba como loco.

Como loco.

¿Y los ojos cómo eran? Como dos brillantes.

Y muy dulces. Siempre estaba sonriendo.

Siga preguntándome.

Eh... la voz.

¿Cómo era? ¿Cómo hablaba? Oh. Cuando hablaba,

aunque se dirigía a multitudes, parecía que te hablaba a ti.

Y te hablaba directo al corazón. Ya, ya.

No era tan difícil.

Ay. Bueno, voy a estar bien.

Debemos ir a ver a Teresa. Ni se le ocurra.

Le decimos que se lastimó con otra cosa.

Ya no tiene la bala. ¿No me oyó?

Esto hay que cerrarlo.

Usted no está bien. Yo no soy importante.

Acá solo importan las joyas de la señora.

Y que nadie sepa dónde estamos parando. ¿Quedó claro?

Para mí es importante.

No se haga el romántico ahora, y tráigame coñac.

Sí, ya le sirvo.

¿Cómo le sirvo? Para la herida.

Y alcánceme las joyas.

¿Qué?

Rosario, ¿lo tienes?

¿Se puede probar? -¡No, espera!

Yo estaba arriba con el otro.

Con el mayor. -Sí.

¿Le sonaba su cara de algo o...?

(Risas y aplausos)

Almudena. -¿Qué?

Es que con lo del atraco le duele la...

Disculpe. -¿Habló con él?

¿Con quién? -Con el que subió a su despacho.

Hablaba él. -¿En español?

Sí, claro. Eran militares españoles.

¿Y no cree que tenían

algún acento especial? -¿Como cuál?

Un acento sudamericano quizá. -No.

Eran españoles, sin acento ni nada.

¿Inspector Ramos? -Sí.

Le llaman de comisaría. -Gracias.

Mi ayudante seguirá preguntando.

¿Por qué subió con usted al despacho?

Quería que abriera la caja fuerte. ¿Y la abrió?

No, me negué.

Por eso le golpeó. -Sí.

¿Qué guarda en la caja fuerte? -No, si no la abrí.

Por eso. Por algo no la abriría. -Bueno...

¿Qué guardaba?

¿En la caja fuerte? -Sí.

Nada. -¿Nada? ¿Y por qué no la abrió?

Bueno, porque...

Uf. -¿Te duele, Antonio?

¿Lo ve? Es que tantas preguntas...

Déjenlo para mañana o pasado. Mire cómo está.

Han encontrado el coche.

Ay. ¿Ves qué bien?

¿Quieren un zumito? Recién hecho.

(Balidos)

Busque al pastor, a ver si vio algo.

Rotura de parabrisas delantero.

Herida superficial.

Hay poca sangre. -Porque tiene la bala dentro.

Si hubiera salido por la espalda, habría manchado el respaldo.

Que alerten a todos los hospitales. -Están avisados.

Bien. El coche es robado.

El otro coche lleva la matrícula de este.

¿Qué otro coche? -Si dejaron el coche aquí,

es porque tenían otro esperándoles.

Inspector.

¿Vio a los del coche?

No. -Entonces ¿quién los vio?

La niña.

(SOLLOZANDO) Yo no quería disparar. De verdad.

No se preocupe, señorita. Tenga.

¿Que no me preocupe? Que creo que le he matado.

Por habernos atracado.

La gente a veces atraca por necesidad, Dolores.

Por necesidad, pan o jamón. Pero no joyas.

Si me disculpan un segundo. -¿Nos podemos ir ya?

Eh... sí, sí. Si las necesitamos, las llamaremos.

No se morirá, ¿verdad?

No. Los malos

no mueren nunca.

Por un tiro al hombro no se muere nadie.

Ay, que no se infecte.

Naranjo, ¿nunca habla en serio? -¿Sucede algo?

Me voy hasta el lunes. No quiero ver nada en la prensa.

No molesten mucho a Ferrán.

Conoce a gente, y no quiero que llamen del ministerio.

¿Entendido? -Sí, sí.

Si resuelven el caso estos días,

el martes hablo con el subsecretario.

A ver si le quitan la sanción. -Yo no tengo sanción.

Usted ya me entiende.

Es su primer atraco. No me falle. -No lo haré.

¿Qué dicen de los uniformes? -Que son de bombero.

¿Cómo? -Sí, de gala.

No me joda, Naranjo.

Los alquiló un joven.

¿Español? -No. Sudamericano.

De acuerdo.

Tenemos... dos sudamericanos,

asalto a una joyería en el centro de Madrid

vestidos de bombero para llevarse quincalla y un trébol de plata.

¿Le ve algún sentido?

Juega con él, coño. Juega.

¡Pégala! ¡Pégala, joder!

¡Esquiva!

Después. Venga, venga, vamos.

¡Sube la guardia, coño!

Venga, juega. Juega con él ahí.

Ahí, venga. ¡Pega abajo!

¿Cómo andamos, Julián?

¿Los chicos bien? -No tan buenos como tú.

Quédate con ellos. Ven.

¡No, hombre, no! ¡Directo a la jeta!

Mira, como yo.

Derecha, izquierda.

¿Entiendes? -Teodoro.

¿Qué? -Mira quién ha venido.

Hola, padre.

¿Qué, ya has ido a misa?

Que hoy es sábado, Teodoro. -Este va todos los días.

¿A qué has venido? -A hablar contigo.

¿No ves que estoy ocupado?

¿Qué quieres?

¿Quién tiene estas pistolas?

¿No eres policía tú?

¿Quién las vende en Madrid? -Yo ya no trafico con armas.

Es una Walther P38.

¿Qué crees, que estoy ciego?

¿De dónde pudo salir? -Era de la División Azul.

¿Y quién se hizo con ellas?

Que no trabaje en eso no quiere decir que te vaya a salir gratis.

¿Cuánto quieres?

¡Déjalo, joder!

El Chato.

Eso lo vende el Chato.

Mira que hacerte policía.

Como ese cabrón.

Espere.

¿De qué conoce a mi padre?

Le detuve alguna vez.

Era un tipo duro.

¿Qué le pasó?

Se pasó de listo con los portugueses, y... ya ve cómo quedó.

Es normal que esté amargado.

No si su hijo le sale policía.

En toda familia hay una oveja negra.

¿Alguien más en el cuerpo lo sabe? -No, solo lo sé yo.

Mejor que siga siendo así.

No sé. Aquí no vendemos armas.

Ya. Pero quizá podría ayudarnos. -Yo no sé nada.

Pero vería a alguien alrededor. -No sé nada.

En la central creen que sí. -¿Sí?

Todos. Con esa arma hoy han herido a un compañero.

Y la gente está encendida. -Normal.

Ya sabe cómo somos. Si no nos ayudan, nos duele.

Tendrá que buscar en otro sitio.

No hace falta que nos dé nombres.

Aquí nadie deja nombres. -Ya.

Pero digamos que alguien extranjero quisiera comprarla.

Un sudamericano, por ejemplo.

¿De dónde sería?

Argentina.

El "hijoputa" era argentino.

A ver si me escuchan un momento.

Se me reparten por mesas y cogen todos los visados

de sudamericanos llegados a España el último mes.

Y me los ordenan por día de llegada. ¿Entendido?

Vamos, que hay prisa.

Buenos días. -Buenos días. Ya están aquí.

Sí, a ver.

¿Qué hace? -Ordenándolos por día de llegada.

¿Me echa una mano? -No, por dios.

Solo nos interesan los argentinos.

¿Y si son chilenos o mexicanos?

Ya oyó al trapero.

Bien.

¿Ha desayunado? -No.

No es bueno trabajar con el estómago vacío.

Hoy es domingo.

¿Y? -Voy a misa.

¿Por eso no desayuna? -Quiero comulgar.

Ah. -¿Me echa una mano?

No me gustan los curas.

Voy a desayunar.

Bien, chicos. Nos centraremos en los argentinos.

No.

No.

No.

No.

No.

Espere. ¿Puedo ver...?

Moisés Landa.

Esta cara...

Moisés Landa.

Dijo que los atracadores...

Espere.

No. No es un atracador.

Era un...

¿Un qué?

Un cliente del señor Ferrán.

¿Qué quería? -No lo sé.

¿Cuándo fue eso?

Uf. Eh... pues...

Fue dos días antes de que viniera doña Carmen.

O sea, el... -¿Doña Carmen?

Doña Carmen. -¿Carmen Polo, de Franco?

Sí.

(CARRASPEA)

Moisés Landa. ¿Qué más recuerda?

Tuvo un ataque de asma.

Si no llega a ser por la enfermera. -¿Qué enfermera?

La chica que lo atendió. -¿Qué pasa, Toquero?

Preguntan por usted. -¿Es el del seguro?

¿Qué seguro? -Es un momento.

Ya. -Bien, la enfermera.

Eh... ¿qué más puede decirme de ella?

Dijo que trabajaba en la Concepción.

En la clínica. -Sí.

Buenos días. -Buenos días.

¿Quiere tomar algo? -No, que me están esperando.

Mire, aquí tiene la lista de lo que robaron.

Ah, muy bien. Muchas gracias.

¿A cuánto sube? -35 817 pesetas.

¿Y el trébol? El colgante con el trébol.

¿El trébol?

El trébol... 500 pesetas.

¿No le parece muy poco?

Para un atraco en una joyería como esta,

esto no es nada.

¿Alguna cosa más? -No, ya está.

Bueno, sí. Un momento.

¿Ferrán es de fiar? -¿Cómo que si es de fiar?

Pues claro. Ferrán es un joyero serio.

¿Por qué lo dice? -No, porque...

Pocos días antes del atraco, la mujer de...

La mujer del caudillo visitó la joyería.

Doña Carmen. -¿Sí? ¿Y qué se llevó?

Pues no lo sé, la verdad. -Esa mujer no da puntada sin hilo.

Me preguntaba por Ferrán, si era de fiar.

Él propuso la creación de un fondo.

¿Eso qué es?

La mujer de Franco se llevaba joyas sin pagar,

y los joyeros han creado un fondo

para entre todos resarcir al afectado.

Y eso fue Ferrán el que... -Ajá.

¿Alguna cosa más? -No, muchas gracias.

Le acompaño a la puerta.

(Chisporroteo)

¡Miguel!

¡Miguel!

A ver.

Te queda precioso. ¿Sí?

Me gusta mucho.

Sí. Quería...

Quería dártelo antes de irme.

¿Te vas?

Sí. Nos vamos hoy, con mi tío.

Lo que pasa...

Nada, es igual. No.

¿Qué pasa?

Mi tío se lastimó.

Se cortó, se hizo un agujerito, y...

No sé si podrá viajar por eso.

Deberías traerlo aquí. Sí, pero viste cómo es él.

No le gustan estos lugares.

Los salones de baile tampoco. Es una cosa uruguaya.

¿Entonces?

Yo estaba pensando... que...

A lo mejor, si vienes adonde estamos,

lo puedes curar, y aprovechamos y estamos más tiempo juntos.

No puedo dejar el trabajo.

¿Y a qué hora sales?

Así que policías.

Pues para ser policías, saben muy poca cosa.

Ya.

Y le tratamos aquí.

Sí.

Qué raro. Esto es una maternidad.

Sí, eso lo sabíamos.

¿Y qué día fue? -El 4 o el 5, por la mañana.

A ver.

Vaya. Landa, Moisés. -Correcto.

Una insuficiente respiratoria. -¿Dejó una dirección?

No. -¿Quién le atendió?

El doctor Sebastián. Pero hoy por la tarde no trabaja.

¿Mañana vendrá? -Por la tarde.

Bien. Muchas gracias.

Esperen. Teresa.

Dime. ¿No estuviste tú con el del asma?

Sí. Queremos hacerle unas preguntas.

Sí, es el primer Moisés que conozco.

¿Le ha pasado algo? Bueno, verá...

Perdió unos papeles.

Nos los trajeron a comisaría,

y quizá usted tenga su dirección. ¿Y cómo saben que vino aquí?

Los policías sabemos muchas cosas. -El taxista que lo trajo

encontró los papeles. -Sí, eso.

¿Sabe dónde puede estar?

No. Volvía a su país esa tarde.

A Argentina. Me dijo que vivía en Panamá.

Ya. ¿Tiene su dirección en Panamá?

No. ¿Ni sabe en qué hotel se hospedaba?

¿Ni qué hacía en Madrid? No.

¿No ha sabido más de él?

Me mandó un disco.

Ah. Qué amable.

Sí. ¿Y no había un remitente?

No. Me lo trajo alguien.

¿Un amigo en común?

Su hijo.

¿El hijo de Landa?

Sí.

¿Y sabe dónde puede estar?

No.

No. Me lo trajo y se marchó enseguida.

¿Y no le ha llamado, ni...?

No, no.

Y si me disculpan,

debo volver a planta.

Unas preguntas... -Vale, vale.

Tiene mucho trabajo. Muchas gracias

por su tiempo. Si vuelve a verle,

dígale que nos llame, que tenemos sus papeles.

No creo que le vuelva a ver. Si me permiten.

¿Lo ha visto? -¿Que le gusta la chica? Claro.

El trébol. -¿Qué trébol?

El trébol de plata. Naranjo, coño.

¡Joder!

(Puerta)

¿De dónde vienes?

De la clínica.

Usted es un pelotudo. Pero no me vio nadie.

Lo va a curar Teresa.

Cuando acabe de trabajar la traigo para acá.

Y la Policía los va a seguir aquí.

Si no le siguieron ahora.

Vamos.

¿Adónde va?

A la clínica. Acá no nos pueden encontrar.

Prométame algo, Miguel. Si algo llegara a suceder,

nunca diga que estuvo en esta casa.

¿Qué puede suceder?

Prométamelo.

Se lo prometo.

Agarre las joyas de Ferrán y vamos.

¿Y las de la señora? Las de Ferrán.

Estarán esperando atrás.

¿Cuántos son? -Dos coches.

Bien.

¿Les has dicho que cuando salga? -Les aviso y nos seguirán.

Si no vienen antes los atracadores. -Pues pasaremos al plan B.

¿Quiere? -No.

Vamos. -No, gracias.

Ya no podrá ir a misa.

A las 8.00 en los Trinitarios. -A ver.

Están saliendo.

Avisa a los coches.

Vamos, deprisa, coño, Ramos.

¿Cómo funciona esta mierda?

Naranjo, es un hombre, no una enfermera.

No me joda.

Es que con esa luz no se ve nada.

Dentro había mucha y no vio el trébol.

No ve ni torta, ¿verdad?

Y usted es muy listo.

¿Y qué va a hacer el lunes? -¿Y usted?

En la revisión.

Si ningún listillo se chiva, pasarla, como cada año.

¿No ve nada? -Sí, coño. Claro que veo.

Pero muy poco.

Lo malo es que es un glaucoma, y cada día va peor.

Es peligroso un policía que no ve. -Sí.

Y más uno que se pasa el día escribiendo a máquina.

Hoy no escribe a máquina.

(Motor)

Espere.

Ha llegado un coche.

¿Por qué no se jubila?

Si me jubilo ahora, me pagarán una miseria.

No tendría para mi mujer y mi hijo.

A ella que la zurzan, pero quiero que el chaval estudie.

Pero no de policía.

¿No le gusta la Policía? -Es mi vida. Claro que me gusta.

Lo que no me gusta es... Espere un momento.

¿Quién va?

Es un chico. ¿Qué es lo que no le gusta?

Pero está bajando otro.

Sí, pero...

Espere. ¿Es uno mayor? -Sí.

¿Está herido? -Eh... no lo sé.

Aquí el que ve es usted.

¿Cómo lleva el abrigo? -Pues...

¿Lo lleva tirado sobre los hombros? -Correcto.

Llame. Se ha quedado sin misa, Ramos.

Aquí Ramos. Plan B.

¿No hay nadie?

No les digas dónde está la casa.

¿A quién?

A estos.

(Silencio)

"Detienen a los atracadores de la Joyería Ferrán".

"De nacionalidad uruguaya". -"Enfermera acusada de complicidad".

"Gran éxito policial. Detenidos en 48 horas".

"Se recuperan todas las joyas". -"El inspector Ramos

se ha apuntado un brillante éxito al detener a los atracadores".

No le den más vueltas. El caso está cerrado.

Y muy bien, por cierto. -Quedan algunos cabos sueltos.

Ah, ¿sí? ¿Como cuáles?

Ferrán ocultó que tenía tratos con Moisés Landa.

A Ferrán no lo metan en eso.

Ya, pero él puso en contacto a los atracadores con la chica.

El caso está cerrado, Ramos.

Y Landa trabaja en Panamá.

En la oficina de Perón.

¿Qué tiene que ver?

A Evita le gustaban las joyas, y Perón necesita dinero.

¿No me han oído? Que se olviden. -Y cometen el atraco días después

que Carmen Polo vaya a la joyería. -Si digo el que cierro el caso,

está cerrado.

Y usted vaya con cuidado. Su ascenso no está firmado aún.

Naranjo, siéntese.

¿Qué le metió al chico en la cabeza?

¿Quiere que le pase como a usted? -Hay muchos cabos sueltos.

Y usted lo sabe bien.

Yo sé muchas cosas, Naranjo.

Y una de ellas es que eso no hay que tocarlo.

Dicen que el puesto de encargado de seguridad

en La Habana está vacante.

Un trabajo bien pagado, en un sitio tranquilo,

con un buen clima, rodeado de mulatas.

Usted se olvida del atraco,

yo hablo con quien corresponde y el puesto es suyo.

La oportunidad de su vida, Naranjo.

Si tiene vista, no lo dejará escapar.

Tiene un día para pensárselo.

Muy bien.

Siento que no hayamos podido cerrar el caso.

No se preocupe. Da igual.

¿Cómo sacó que el atraco

tenía relación con las joyas de Evita

y con doña Carmen?

Ha sido un disparo al aire, pero Verdugo me lo confirmó.

Ya ves cómo se puso.

Joder, Naranjo. -¿Qué?

Que no se entiende.

Con su experiencia, y llenando papeles.

Cosas de la guerra.

¿Fue rojo?

No, no.

Era policía, pero con los que perdieron la guerra.

Y usted ya sabe cómo se paga esto. -¿Tiene el resultado de la revisión?

¿Y? -Bien.

Tengo buena memoria.

Y buena vista.

Y buena vista. Aquí los ciegos son otros.

Ramos.

¿Es verdad que en Cuba hay muchas mulatas?

Lo va a pagar muy caro eso, Landa.

Lo va a pagar muy caro.

Y mejor que no lo sepa el general.

¿Los atracadores son gente nuestra?

Sí. ¿Quiénes son?

Uno es Merello, y el otro no lo conoce.

Merello. No me joda.

¿Es el que está herido?

¿Y el otro quién es?

Es un conocido mío, es argentino. Pero ninguno abrirá la boca.

Landa, Landa.

Que aseguró

que no había problema.

¿Qué pasará con las joyas? Las joyas están a salvo.

¿Seguro?

Sí.

Landa.

(Música mambo)

# ¡Mambo!

# ¡Mambo!

# ¡Mambo! #

Esto también. -Sí.

No me dijiste que te ibas.

¿Hubieras venido a México conmigo?

¿Y el general

sabe que te vas? -El general ya tiene otra.

La mosquita muerta de Isabelita.

Esto me lo dejó Miguel para ti.

¿Se quedó en Madrid el chico? Sí.

Qué suerte. Madrid.

Madrid, Madrid.

"Querido Landa,

puede que todo esto le parezcan boludeces,

pero cuando era chico mi madre me hablaba mucho de usted".

"Me contaba cosas de cuando se conocieron".

"Qué se yo, cosas que usted decía, viajes que realizaron juntos".

"Yo siempre los imaginaba juntos".

"Y así empecé a soñar con tener un padre como usted".

"Qué estupideces pasaban por mi cabeza".

"Pero todo eso hacía que me sintiera menos solo".

"Y prometí que un día lo buscaría".

"Y por eso me vine a Panamá a conocerlo".

"Y cuando lo vi supe que era mi padre".

"Me lo dijo el corazón".

"Y por eso me voy a Madrid, para que esté orgulloso de mí".

"Aunque no dudé de usted".

"¿Cómo va a dudar un hijo de su padre?".

"Si lee esta carta es porque la cosa no salió como esperábamos

y muy posiblemente no vuelva a verlo más".

"Esperando que esté orgulloso de mí, le mando el abrazo que nunca le di".

"Viva Perón, viva Evita, viva Argentina".

"Su hijo, Miguel".

Hoy es martes.

¿Qué carajo le importa qué día es hoy?

Por el día de visitas.

No va a venir.

Ya tuvo que haber leído la carta.

¿Y si la bailarina no se la dio?

¿Por qué no iba a dársela?

Bermejo.

¿Qué pasa? Visita.

¿Y yo? Tú vas luego.

No voy a parar hasta sacarlo de aquí, Merello.

¿Y cuándo? Estoy harto de ser uruguayo.

Yo me voy a ocupar. Más temprano que tarde

volverán a Panamá.

¿Cómo está el general?

Me ha ordenado que no pare hasta mandarlos de vuelta,

para él personalmente poder darles un abrazo.

¿No se olvidó de nosotros? ¿Cómo se va a olvidar, Merello?

Está orgulloso de ustedes.

Y agradecido de que no dijeran

el sitio donde escondieron las joyas.

Son de la señora.

Sí, claro. ¿Dónde las escondió?

Porque el general quisiera verlas.

Usted sabe que soy capaz de hacer cualquier cosa por él.

Y sabe que nunca me quedaré con nada que no es mío.

Pero hasta que no salgamos de acá...

Haré lo imposible para sacarlo, Merello.

Pero es que esas joyas son muy importantes.

Para todos. Para el general,

para el movimiento, para la patria.

Son más importantes que nuestra propia vida.

Que la suya y la mía estoy seguro.

Usted y yo sabíamos dónde nos metíamos.

Pero el chico no.

Y aguantó como un león y nunca dijo

dónde escondimos las joyas. Y mire que le dieron duro.

Se está consumiendo acá adentro.

Si no lo sacan rápido...

Se me está volviendo un romántico.

Cuando salgamos de acá,

yo le diré dónde están las joyas. Usted no se preocupe.

Querrá ver al chico. Por favor.

Su parte.

¿Cómo está?

Se le ve un poco más delgado.

Mucho garbanzo y poco bife por acá.

¿Duerme bien?

(SUSPIRA)

Hace un poco de frío.

Les mandaré un par de mantas.

¿Vio a Teresa?

No.

Vaya a verla.

Dígale que no le guardamos rencor. Que sabemos que ella...

no tiene nada que ver.

(SUSURRA) Y dele esto.

Lo hice yo en el taller.

¿Rosita le dio una carta?

¿Mía?

¿La leyó?

Entonces ya sabe que...

somos familia.

¿Sabe lo primero que haré cuando salga de acá?

Darle el abrazo que nunca pude a mi papá.

Yo os voy a sacar de acá, hijo.

Te lo juro. Te voy a sacar.

Es que 23 años es mucho tiempo, coronel.

Atraco a mano armada, vestidos de militares.

Fue un consejo de guerra. Pudo caerles

mucho más. Sí, claro.

Pero... habrá alguna manera de hacerles salir.

Un indulto quizá.

No llevan ni dos meses en prisión.

Pero algo se podrá hacer.

Este es un país serio, Landa.

Sí. Si yo no lo pongo en duda.

Lo que me preocupa es...

¿Hasta qué punto son de confianza sus hombres?

Absoluta, coronel.

Ahora, tanto tiempo lejos de su casa,

lejos de su país, sabiendo

que pueden implicar a doña Carmen... Landa.

Solo han cumplido con su deber de patriotas,

coronel. Yo no puedo sacarles de prisión

así como así.

Pero veremos qué se puede hacer.

Deme... un par de meses.

Y asegúrese de que no se vayan de la lengua.

¡Venga, vamos!

¡Vamos!

Venga.

Ay. ¿Dónde estamos?

Crucen la arboleda.

Junto al río les esperan.

Bien. Adiós.

¿Vio?

¿No le dije que nos sacarían?

(Motor)

Ahí están.

Versión española - Atraco

10 sep 2017

Mayo de 1956. Una joyería de la zona más céntrica de Madrid, Gran Vía, es atracada por dos hombres vestidos de militar y con acento argentino. En el robo los ladrones se hacen con una gran cantidad de joyas valoradas en millones de pesetas y consiguen huir, pero uno de ellos resulta herido.

Contenido disponible hasta el 25 de septiembre de 2017.

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  1. Antonio Sánchez Rosales

    Pelicula con un error en el vestuario porque se trata de los asalatantes de un uniforme de bomberos antoguos del real cuerpo de bomberos de Málaga. Saludos

    13 sep 2017
  2. Antonio Sánchez Rosales

    Gran error de vestuarios. Los asaltantes no son militares porque tiene un uniforme antiguo de bomberos.

    13 sep 2017