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No recomendado para menores de 12 años Versión española - Arrugas - ver ahora
Transcripción completa

Le seré sincero: con su sueldo y no trabajando su esposa,

me es completamente imposible concederle una hipoteca.

¡Esto es desesperante, no hay quien lo aguante!

¡Es para volverse loco! Siempre igual, joder.

No empecemos otra vez, no tenemos tiempo para tonterías.

Cálmese, llevo más de 20 años como director de esta sucursal.

Ya basta, papá, hace ya años que no trabajas en la caja.

Yo no quiero ningún préstamo, quiero que te comas la sopa.

(DESCONCERTADO) ¿Pero qué...?

Mira la hora que es, ya no llegamos.

(ENFADADO) Pues nada, a llamar a Julien y a decirles

que le regalen las entradas a quien sea

porque nosotros ya no llegamos. Que las dejen en la taquilla.

Cuando acabe de cenar no llegamos ni a ver el final.

Xoan, tampoco es eso. Cada día está peor.

(AMBOS) ¡Oh! Ya os podéis ir.

(TRISTE) Ya he terminado.

Hola, buenos días. Hola, buenos días.

¿Qué tal? Me llamo Emilio. ¿Qué tal? Me llamo Emilio.

¿Qué tal? Me llamo Emilio. (TITUBEA)

Qué bien, papá, ya has hecho nuevos amigos.

Vas estar muy bien aquí con otros abueletes como tú.

Ya verás, papá, aquí hay de todo. Vas a estar mejor que en casa.

(REFUNFUÑA) Nosotros tenemos que irnos ya.

Vendremos a verte muy a menudo. Cuídate mucho, papá.

(Puerta)

Adiós, Emilio, hasta pronto.

(Puerta del coche)

(Arranca)

(ENFADADO) Adiós, hijo. Adiós, hijo. Adiós, hijo.

Adiós, hijo. Adiós, hijo. Adiós, hijo. Adiós, hijo.

-Ya vale, Ramón, nos hemos enterado.

-Ya nos hemos enterado. -Usted es Emilio, ¿verdad?

Venga, le acompaño a su habitación. Gracias.

Le llevo la maleta. No se moleste, ya la llevo yo.

No es molestia. Sígame, es por aquí.

-Es por aquí, es por aquí. Es por aquí, es por aquí.

(Música triste)

Quiero irme con mi madre.

(Burlas)

-"Mami, tengo miedo".

(Risas)

-Puede pasar. Voy a por Miguel, su compañero de habitación.

Así se conocen. Muy bien, muchas gracias.

Espero aquí. (ASIENTE)

(Alguien canta a lo lejos)

(CANTA) "Siempre te he querido como un perrito faldero".

(AC. ARGENTINO) Buen día, compañero. ¿Qué te parece la celda?

¿Cuantos años te echaron a vos?

¿"Cuántos años"? No me hagas caso.

Era una broma sin gracia. Soy Miguel, tu compañero de habitación.

Yo me llamo Emilio, encantado de conocerte.

Eres argentino, ¿verdad? En realidad, nací en Ribadeo.

Mi papá y mi mamá emigraron cuando yo apenas tenía un año.

Has vuelto a la madre patria. Las residencias son mejores acá.

No, che, en realidad yo me volví hace casi 30 años,

pero no hay caso, el acento no se me va.

Ya habrá tiempo para contarte la historia de mi vida.

Me han pedido que te enseñe la residencia.

¿Querés descansar un poco, deshacer la maleta?

No estoy cansado. Podemos ir ahora, si quieres.

Estupendo. Vení,que te doy el gran tour de la residencia.

Tenés que pagar 10 euros por no sé qué gasto de administración.

Si vos me lo das ahora, se lo paso a la chica que lleva estas cosas.

¿Qué clase de gastos?

Papeleo, no hay quien lo entienda. Mejor pagar y olvidar.

Yo era director de un banco. De estas cosas entiendo algo.

¡Director de banco, qué bárbaro! ¿Vos qué sos, otro Rockefeller?

Solo era director de una sucursal de barrio, tampoco es para tanto.

No, un director es un director.

Si entendés de dinero y acciones, tienes que explicarme un día.

Yo no me entero de nada, tengo la cabeza muy dura.

De todas formas, estos 10 euros mejor me los das ahora,

no nos vayamos olvidar más tarde, ¿viste?

Sí, claro, te los doy ahora. Ya preguntaré para qué son.

Toma, aquí tienes. Estupendo.

Venite para acá, Rockefeller, que te doy el tour.

(MOLESTO) Me llamo Emilio. (PARA SÍ) Emilio.

Acá lo tenés, el salón principal.

El mismísimo corazón palpitante de la residencia.

Se llama sala Mirador, pero todos la llaman "la pecera".

Parece que están en una sala de espera.

La pecera, sala de espera. La pecera, sala de espera.

Che, Ramón, estás hecho un poeta hoy.

Un poeta hoy, la pecera... Este es Ramón, el locutor.

Repite todo lo que oye. (TITUBEA) Sí, lo conozco.

Ya nos hemos... presentado. Ramón era locutor de radio.

Pero ahora ya no habla, solo repite lo que oye.

De tanto hablar se le gastaron las palabras.

Se le gastaron las palabras. ¿A que sí, Ramón?

Sigamos, queda casi todo por ver. Queda casi todo por ver.

Queda casi todo por ver. Queda casi todo por ver.

El comedor.

La biblioteca.

Los lavabos. No te confundas, los de señoras están ahí al lado.

El médico. Es medio maricón, pero no es mala persona.

La enfermería, con las drogas con las que nos tienen dopados.

(AC. CARIBEÑO) ¡Que malo es! Buen día, Rosi, ¿cómo andás?

Administración. Prohibida la entrada a viejos.

La entrada principal. Si querés escaparte, es por ahí.

Espero que te guste ver la tele. Es de lo poco que se puede hacer.

Pues mira, estos programas de animales, si te digo la verdad,

no me gustan mucho. Otra cosa no ponen.

¿No se puede cambiar de cadena? No sé.

En los dos años que llevo aquí, siempre están los documentales.

(TELE) "...contiene enzimas que inician el proceso digestivo

y disuelven los órganos y tejidos internos de la presa..."

¿Te parece que sigamos?

El gimnasio.

No me he traído el chándal. No te preocupés.

Para lo que vas a hacer, no te hace falta.

Lo mejor, para el final: la piscina.

Tampoco me he traído el bañador. Tranquilo, no la vas a usar nunca.

Está de adorno, para impresionar a los clientes.

¿Los clientes? Sí, los que pagan la factura.

Tus hijos, el Gobierno... Ellos son los clientes de la residencia.

La piscina es para que la vean cuando vienen de visita

y se crean que esto es un hotel de cinco estrellas.

¿Pero qué piscina ni qué carajo? Muchos ni pueden ducharse solos.

A mí siempre me ha gustado nadar. De joven nadaba mucho en el mar.

Cuando trabajaba en la caja iba a la piscina una vez a la semana.

Ahora lo echo de menos. Pues pedid la llave de la piscina.

Puede que te dejen estrenarla y todo.

Igual un día de estos me animo y se las pido.

Si quieres algo, pídelo. Puedo conseguirte cualquier cosa.

Un traje de baño o lo que sea. ¿Saben dónde hay un teléfono?

Buen día, doña Sol. Tengo que llamar a mis hijos.

Me han dejado aquí, pero yo ya estoy bien.

Tienen que venir a recogerme. ¿Dónde hay un teléfono?

En recepción hay uno, doña Sol. ¿Me dejarán usarlo?

Sí, no se preocupe, claro que la dejan.

Usted me paga a mí ahora y luego llama en recepción.

De acuerdo, es que tienen que venir a recogerme.

Ya estoy bien.

Con esto basta. Estupendo, con esto vale.

Vaya por este pasillo a recepción y pregunte por el teléfono.

Sí, el teléfono.

Tengo que llamar a mis hijos para que vengan a recogerme.

Yo ya estoy bien. ¿Recepción no está en la entrada?

Está, pero no te preocupés, Rockefeller.

Doña Sol se pasa todo el día buscando un teléfono,

pero nunca llama. Así se entretiene.

Cuando encuentre la recepción se habrá olvidado de lo que quería.

Mejor así, en recepción no le dejarían usar el teléfono.

(CANTA) "¿Por qué me dejas como el palo al gallinero

si yo siempre te he querido como un perrito faldero?"

(SE ALEJA CANTANDO)

(MOHÍN DE INSEGURIDAD)

(TITUBEA) Hola.

¡Hola!

(TITUBEA) ¡Manuel!

(Gritos a lo lejos)

(HOMBRE) ¡No quiero! ¡Me quieren matar! ¡No quiero!

(Ascensor)

¡Che, Rockefeller! (SUSPIRA SOBRESALTADO)

(TITUBEA) Perdona, es que... me has dado un buen susto.

Respirá, Rockefeller, respirá, que no te dé un ataque al corazón

y batas el récord de la estancia más corta la residencia.

Sí, claro. La verdad es que entre el locutor y tú

hoy no gano para sobresaltos.

¿Qué hay en el piso de arriba?

Arriba está el piso de los asistidos.

¿"Los asistidos"? Los que no se valen por sí mismos.

Los que tienen alguna demencia, como alzhéimer.

Mejor no subir. No es nada lindo de ver.

(HOMBRE) ¡No, no!

Vamos, que acá se cena temprano.

Este es Emilio, mi nuevo compañero de habitación.

Buenas tardes. Antonia.

Encantada, bienvenido a la residencia.

Dolores y Modesto. Encantados.

Lo mismo digo. ¿Qué te parece la residencia?

Es muy moderna. Todavía no estoy muy asentado.

Se me hace extraño estar aquí. Es natural. Te acostumbrarás pronto.

Aquí estamos de maravilla, tenemos de todo.

Dolores, ¿iréis a la excursión del puente de octubre?

¿La del casino? Modesto y yo nos lo estamos pensando.

¿El precio incluye la comida? -A ver, los medicamentos.

Dame algo para el dolor de piernas, que las tengo fatal.

(RÍE)Si no mejoro, no podré bailar contigo.

Ya sabéis que yo no puedo daros nada sin el permiso del médico.

Tenéis que hablar con él. ¡Che, Trenzas!

Este es Emilio. Recién acaba de llegar hoy.

Xoanxo es enfermero.

Es un buen tipo, a pesar de llevar esas trenzas.

Son "rastas", Miguel.

(RÍE) Pedile algo al médico, a ver si se te curan.

Miguel, no te metas con Xoanxo. Le queda muy bien el pelo así.

Vamos a ver, estas para Modesto. Las tuyas, Dolores.

Las de Antonia. Gracias, Xoanxo.

Estas son las tuyas, Emilio. ¿Ya sabéis qué medicinas tomo?

Sí, tranquilo, esa información ya nos la han dado tus familiares.

Aquí están muy bien organizados. Sobre todo, para doparnos.

Che, Trenzas, te has vuelto a equivocar con mis pastillitas.

¿En serio? Te olvidaste de mi Viagra.

¡Miguel, por Dios, qué grosero!

Gracias. Flan la primera noche, qué suerte.

¿Suerte? Esperate a probarlo, no sabe a nada.

No lleva azúcar de verdad. No le hagas caso.

Está bueno y es muy sano. ¿Para qué quiero comer sano?

Yo quiero disfrutar de la comida. A nuestra edad se debe comer sano.

(A LO LEJOS) A nuestra edad ya da igual lo que comamos.

(DOLORES) ¿A ver?

Así, muy bien.

(NO SE OYE)

¡Emilio, Emilio!

¿Eh? Ah, perdón. ¿Te vas a comer la mantequilla?

No, cógela, si quieres. Gracias.

Ya empiezan.

Todavía con la comida en la boca y haciendo cola para acostarse.

Todas las noches lo mismo. ¿Por qué tienen tanta prisa?

Necesitan ayuda para acostarse y no hay suficientes auxiliares.

Pueden pasarse una hora esperando.

¿Por qué no hacen otra cosa mientras esperan?

¿Otra cosa? Aquí solo hay comer, dormir y cagar.

¡Miguel, que estamos comiendo!

(UNA MUJER GRITA DE FONDO)

(Sonido líquido)

(Cadena del váter)

(LA MUJER SIGUE GRITANDO)

(Puerta)

(Pedo)

(Música triste)

(Música triste)

(Música triste)

(LEJANA) ¡Emilio, Emilio!

¿Eh? ¿Te vas a comer la mermelada?

No, puedes cogerla. Gracias.

No vas a usar esta bolsita, ¿verdad? No.

Mira a Miguel, ya está haciendo de las suyas otra vez.

(CANTURREA)

Bueno, ahora un "tecito" bien calentito.

¿Qué? Si está forrada y a ella le da lo mismo.

Miguel, te aprovechas de Sol y eso no está bien.

¿Pero qué decís? Si yo le hago un favor.

Así, por lo menos, está entretenida yendo de acá para allá.

Claro, y el dinero que le timas todos los días también es un favor.

Pará, que yo no le hago ningún mal a nadie.

El dinero que le mandan todos los meses,

¿de qué le sirve acá con la cabeza como la tiene?

¡De nada! ¿Qué preferís, que le diga la verdad?

"Mire, doña Sol, le va a dar igual llamar que no llamar a sus hijos

porque nunca van a venir a buscarla".

¿De qué vale eso? Yo le mantengo la esperanza.

Si, de paso, me gano unos euritos, ¿qué tiene de malo?

Así ganamos todos. Hay que ver, qué caradura.

¿Qué le pasa a Modesto? ¿A Modesto? Uy, el largo adiós.

Modesto tiene alzhéimer. El pobre ya no sabe ni dónde está.

Si Dolores no se ocupara de él, ya lo habían subido arriba.

Dolores es una santa, hay que ver cómo se ocupa de modesto.

Se vino aquí para cuidarlo. Ella tiene una salud de hierro.

Che, pero qué estupidez. Hacer eso es desperdiciar la vida para nada.

A Modesto le da igual tenerla a ella que tener a una lechuga podrida.

No seas bruto, Miguel. ¿Cómo que le da igual?

Aunque no lo parezca, Modesto se da cuenta.

¿Qué decís, mujer? Si no se entera de nada.

Yo también creo que sí se entera. ¿Ves? Emilio me da la razón.

Lo que pasa es que sois un par de sentimentales.

Y tú eres un amargado, Miguel. Te da rabia ser viejo.

¿Amargado yo? Para nada.

Me encanta ser viejo, es una maravilla.

Te pasás toda la vida trabajando como un animal

y cuando ya no puedes recoger a los nietecitos en la escuela

la familia te encierra acá y se olvida de vos.

¡Es una maravilla! ¡No es verdad, no digas eso!

¡Mi familia me quiere! Estoy aquí por no molestarlos ni ser una carga.

¡Es ley de vida! ¿Te enteras?

(SOLLOZA) Los jóvenes tienen que vivir su vida.

Antonia tiene tres hijos y dos hijas y como 50 nietos,

pero nunca viene nadie de la familia a visitarla.

Bueno, uno de los nietos viene muy de vez en cuando.

Vaya, el té se ha quedado frío.

Así que tienes nietos. ¿Yo, nietos? ¡Ni hablar!

Perdona, como dijiste eso de... No, eso era un decir.

Yo nunca me casé ni tuve hijos. Que yo sepa, por lo menos.

Y no me arrepiento en absoluto.

He vivido siempre sin ataduras, haciendo lo que he querido.

Y fijate ahora. La única diferencia es que no me paso el día llorando

porque los nenes no vienen a visitarme.

En eso tienes razón. Te pasas la vida trabajando y luego...

Vos ya sabés, el mundo es y será una porquería.

Vaya, el té se ha quedado frío.

Bueno, che, ahora tengo que hacer un par de cositas.

¿Querés venir, Rockefeller? Así conocés a una persona.

(Traqueteo de tren)

Buen día, Sra. Rosario. Buenos días.

¿Ustedes también van a Estambul? No, señora, somos los revisores.

Claro. Pasen, por favor.

Me dirijo a Estambul, donde me espera mi marido.

Usted tiene suerte, Estambul es una ciudad preciosa.

Si me permite su billete. Sí, cómo no.

Un momento, creo que lo tengo por aquí.

Aquí está. Estupendo.

Se lo devolveremos tras cruzar cruzado la frontera.

Claro, muy bien. Disfrute del viaje, Sra. Rosario.

Los Cárpatos están preciosos en esta época del año, ¿verdad?

(SUSURRA) Se pasa todo el día acá mirando por la ventana.

Se cree que va en el Orient Express.

Yo siempre le sigo la corriente y eso la hace feliz, a la pobre.

Vamos, Rockefeller, que si nos ven aquí, nos regañan.

(EXHALA)

(EXHALA)

(Traqueteo del tren)

(Música triste)

(Música triste)

(Música triste)

(Música triste)

¡Maite!

¡Xoan, Maite!

¿Dónde estáis?

Maite, Xoan. ¡Maite!

(REFUNFUÑA)

¡Che, arriba, dormilón! ¡Hoy es miércoles!

(SARCÁSTICO) ¿Sí? ¿Y qué toca hoy, siesta especial?

No, Rockefeller, los miércoles toca gimnasia.

¿Cómo que gimnasia?

No me he traído el chándal. Sí, ya sé, ya me contaste.

Acá no te va a hacer falta. La gimnasia es una estupidez.

Lo interesante no es lo que hay para hacer, sino para mirar.

¿Para mirar? Perdona, no te entiendo.

No te preocupés, que vos ya me vas a entender.

¿Has visto mi cartera? ¿Tu cartera? No, no la he visto.

(DESCONFIADO) La dejé aquí mismo anoche, con mi reloj.

Ahora no está. Si la dejaste ahí, ahí estará.

Fíjate bien. A lo mejor se ha caído entre la cama y la mesita.

¿Miraste? A ver.

No, aquí no se ve nada. Pues no sé.

Si anoche la tenías acá, tiene que estar por algún sitio.

Pero si vos no te apurás, no llegás a desayunar, ¿eh?

Mejor vestite y vamos a desayunar. Luego te ayudo a buscarla.

(Pasos)

(Puerta)

(SUSPIRA)

(Silbato muy fuerte)

¡Muy bien, genial! Así me gusta, chicos.

Veros a todos aquí despiertos y llenos de energía.

¿Ahora me entendés, Rockefeller, lo que hay para mirar?

Hay que levantar la rodilla y tocarla con la mano opuesta.

Mirad para aquí, como hago yo. De esta forma. ¿Veis? Así.

¡Muy bien, como yo estoy haciendo!

-¡Hable más alto!

¿Qué dice que hay que hacer? (GRITA) -¡Hay que tocar la rod...!

¡Oh! (RÍE)

Agustín ha perdido el oído pero no ha perdido el tacto.

(ENFADADA) ¡Se acabó! Pasemos al siguiente ejercicio.

Vamos a hacer una serie de ejercicios con la pelota.

Para el primero, pasadle la pelota al compañero de la derecha.

-¿Cómo dice? ¡No la oigo!

-Tenéis que pasarle la pelota al compañero de la derecha.

-¿Qué, cómo? ¿Qué hay que hacer? -¡Al compañero de la derecha!

-¡No la oigo!

-Tenéis que pasarle la pelota... -No la oigo. Acérquese más.

-Pellicer, explíqueselo usted. (GRITA) -¡Hay que pasarle...!

Ya le oigo, no me grite.

-Empieza tú, Antonia. Hay que hacerlo rápido.

¡A ver si batimos el récord la semana pasada!

¿Preparados?

(Silbato fuerte)

Aquí, aquí. Esteban, cójalo, hombre.

¿No está ciego? Sí, le dio un subidón de azúcar.

Pero a ver, hombre, mire...

¡Oh! -Bien hecho, Srta. Ana.

-Aquí tiene, Esteban. ¡No, al contrario!

¡Oh! -Yo no he hecho nada, señorita.

(Música humorística)

(AMBOS RÍEN)

-¡Toma! (LA ANCIANA RONCA)

Dolores, despiértate, que te toca a ti.

Tú, que estás despierto.

Toma, Agustín. (PELLICER) Tenga cuidado.

-Aquí tienes, Agustín. -Qué torpe estoy.

-Ya lo tengo. ¡Ay!

¡Cuidado, Pellicer! Así se hace, Pellicer.

(Silbato)

¡Muy bien! Dos minutos menos. Hemos batido nuestro récord.

¡Un aplauso!

Fantástico, muy bien, estupendo.

Ahora, lo hacemos al revés. La pasamos al de la izquierda.

Empieza tú, Emilio. ¿Qué? ¿La qué?

La "bóleta", Emilio, al compañero de la izquierda.

(TITUBEA) ¿Qué? La "bóleta", Emilio, igual que antes.

¡Date prisa, hay que batir el récord!

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

(Trueno)

(SUSPIRA)

Pelota... La pelota...

(Puerta)

Tengo que llamar a mis hijos. (RAMÓN) ¡El teléfono!

Tengo que llamar a mis hijos. Tengo que llamar a mis hijos.

¿Cómo se le ocurre a esa pobre buscar un teléfono con este día?

Acá, cuando no sucede nada interesante hay que provocarlo.

Si no mantenés la cabeza ocupada con algo la perdés enseguida.

Alguna vez he llegado a formar una fila de cinco personas.

La última, la viejita del paraguas, es Carmiña.

Nunca está sola porque tiene miedo de que se la lleven los marcianos.

(Música de miedo)

(ASUSTADA) ¡Ah!

(GIME ASUSTADA)

¡Che, mirá cómo corre Carmiña!

Nada como una buena paranoia para mantenerse joven.

(MOLESTO) No me parece bien. Es una broma cruel.

(Música triste)

Acá eso ya da igual, Rockefeller.

Acá lo único que importa es no dejarse hundir.

(Música triste)

(Música desconcertante)

(Música triste)

(JADEA)

(Gemidos de perro)

No es un fox terrier, como pediste, pero te gusta, ¿no?

Sí, no importa, es muy bonito.

Gracias, Miguel. A vos.

Cualquier cosa que quieras no tenés más que pedirme.

(SE QUEJA) No puedo.

Arriba, Martín. Vamos adentro, no cojas frío.

Gracias otra vez, Miguel. De nada, a mandar.

Feliz Navidad, Martín. Feliz Navidad.

Creía que no se podían tener perros en la residencia.

No se puede.

Martín lo esconde en su habitación y lo pasea los fines de semana

cuando va a visitar a su hijo. ¿Y qué hará cuando crezca?

Martín es muy despistado. No le va a durar tanto.

Ah, vaya.

Con esa barba pareces Papá Noel. Me decís lo mismo todos los días.

Vos sí que sos despistado. Es que solo te falta el gorro.

Vamos, es casi la hora de comer. ¿No tenés frio sin abrigo?

No. Vos también deberías dejarte barba.

No, a mí me queda muy mal. No, en serio.

Las jovencitas se vuelven locas por una barba blanca.

Te vas a agarrar una bronquitis con el pijama desabrochado.

(TITUBEA) ¿Qué? No, yo... estoy bien así... yo...

Yo nunca me resfrío. Yo tampoco.

Somos un par de viejos duros de pelar, ¿eh, Rockefeller?

Yo siempre he hecho deporte. Sobre todo, natación.

De joven nadaba mucho en el mar y luego, cuando estaba en la caja,

iba a la piscina por lo menos una vez a la semana.

¿En serio? ¡Che, qué bárbaro!

Debería aprovechar la piscina de aquí.

A ver si mañana me animo y les pido la llave.

Sí, claro, animate nomás, Rockefeller,

aunque mañana esto va a estar ajetreado con la visita navideña.

Vendrá a verte tu hijo, supongo. No lo sé.

Me da exactamente igual que venga o no venga.

No te preocupés, acá los familiares son como el turrón:

faltan todo el año pero en Navidad caen seguro.

Sí, y las dos cosas dan ardor de estómago.

(RÍE) Es verdad, también se parecen en eso.

Buenas noches, Rockefeller.

Buenas noches.

¡Mi reloj estaba cuando me dormí y aquí no ha entrado nadie!

Le han salido patas y se ha ido corriendo él solito, ¿verdad?

Yo no he tocado tu reloj. Buscalo bien, estará en algún sitio.

¡Manuel, no te hagas el inocente! Si no lo he cogido yo lo tendrás tú.

Calmate, yo te ayudo a buscarlo. Pero no me vengas ahora con que...

¿Crees que soy imbécil? ¿Cómo que me ayudas a buscarlo?

¿Crees que no te he visto timando a esa pobre gente y robándoles?

Cuidadito con el dedito y las acusaciones.

Vos siempre andás perdiendo cosas. Tenés la cabeza mal.

¡No es cierto, mentiroso! ¡No me pongas la mano encima!

¿Querés pelea? Te voy a...

Che, Rockefeller, ¿estás bien, te has hecho daño?

Devuélveme el reloj, ladrón. ¿Sabés lo que te digo?

Buscate vos solo el relojito de mierda y dejate de joder.

Esto no se va a quedar así. Te voy a denunciar.

Sí, dale, denunciame nomás, viejo loco.

(Zumbido ominoso)

(SOBRESALTADO) ¡Ah!

(TITUBEA) Estoy buscando mi reloj.

Escuchame bien, Rockefeller.

Si volvés a tocar mis cosas o contás a alguien lo de esta caja

te juro que te recago a patadas. ¿Me entendés bien?

(LEJANO) ¿Me entendés bien, Rockefeller?

(Puerta)

Hola, Emilio, ¿te encuentras bien?

¿Te encuentras bien?

¡Ah! ¿Te encuentras bien?

No has venido a desayunar.

Estaba cansado y he dormido más de la cuenta, pero estoy bien.

¿Seguro que no te encuentras mal?

No, estoy bien, de verdad. Solo quería dormir un poco más.

No pasa nada, Emilio, te he traído tus medicinas.

Gracias. ¿Cómo que tú no te has vestido?

Vístete rápido, mi hijo, ha venido tu familia a visitarte.

¿Qué? ¡Tu familia ha venido a verte!

(NIÑO) ¡Abuelo, mira aquí, mírame!

¿Por qué estás vestido así? Quítale el flash, que deslumbra.

¿Vestido cómo? No molestes al abuelo.

-Mira la foto. ¿Ves, abuelo? Tienes el jersey sobre la chaqueta.

Así estoy más cómodo, y como no tengo que ir a trabajar...

¿Ves qué cámara me han traído? Es de 10 megapíxeles.

Ya se la enseñas luego, que ahora estamos hablando.

Ve a hacer más fotos. Luego te enseño la cámara.

Claro.

Oye, Xoan, dime, ¿este niño a mí por qué me llama abuelo?

Papá, es mi hijo, Emi, tu nieto. ¿No te acuerdas?

(DISIMULA) Sí, hombre, claro.

En estas cosas no me fijo mucho. ¡Que le quites el flash!

Es que sale solo. -Emi, déjame la cámara.

Estoy bien, últimamente las luces fuertes me deslumbran mucho.

Deben de ser las cataratas, que las tengo peor.

¿Tú estás contento en este sitio? ¿Te tratan bien?

Hombre, pues... no estoy mal.

Los enfermeros y el personal son muy amables, la verdad.

La comida está muy bien, se come como en un restaurante.

Además, hacemos gimnasia todas las semanas.

¿Gimnasia? Que bien, papá, te vas a poner en forma.

Sí, hasta tenemos piscina. Sí, ya sabía.

Por eso elegimos esta residencia.

Como a ti te gusta tanto nadar... Bueno, con el frío da pereza,

pero en primavera voy a empezar a nadar.

Muchísimos artículos se hacían eco de mi increíble remontada.

Mirad este, es del ABC.

-¡Feliz Navidad, abuelo! ¡Feliz Navidad, abuelo!

-No me pueden cambiar y no puedo dormir con los ronquidos de Félix.

El hombre es como una máquina. La abuela tiene cositas para darte.

Lo he ido guardando para ti: "ketchup", un té muy bueno

unas mermeladas muy ricas... ¿Para qué quiero yo eso?

(SUSURRA) Cállate y cógelos deprisa, no te los vayan a quitar.

(Villancico)

A ver, chavales, que os traigo el cotillón.

Como no estáis en vuestro sitio de siempre, es un lío.

Dolores, las tuyas y las de Modesto.

Emilio, tú tienes los brazos largos, toma.

Para algo tenía que servir ser alto. ¡Espera, Emilio, espera!

Y tú, Dolores, me he confundido. Dame las de Modesto.

Dame, Emilio, le he dado a Modesto las tuyas y a ti, las de Modesto.

Aunque da igual, porque aparte de la media aspirina de Modesto,

los dos tenéis la misma medicación.

(Villancico)

(Villancico)

(Villancico)

-Sí, efectivamente, está tomando la misma medicación que Modesto.

Pero eso no puede ser, debe tratarse de un error.

Modesto tiene alzhéimer. (CARRASPEA)

A ver, Emilio, el alzhéimer no tiene un tratamiento específico.

Estos medicamentos se recetan con frecuencia a personas mayores.

¡Claro, qué tonto! No se me había ocurrido.

Me he pasado la noche sin pegar ojo pensando que tenía alzhéimer.

(CARRASPEA) Claro, desde luego, es comprensible.

No se preocupe usted por estas cosas, Emilio.

Para diagnosticar ya estoy yo aquí. Uno empieza imaginarse cosas...

Es un alivio, me quedo tranquilo sabiendo que no me pasa nada.

(CARRASPEA)

(HOMBRE GRITA) ¡No! ¡No quiero!

¡Me queréis matar! ¡No!

(TOSE)

(Sonido metálico)

(JADEA)

¿Quién es la chica joven en el piso de arriba?

Ya sabes quién digo, la paralítica.

¿Subiste arriba, Rockefeller? ¿Quién es esa joven?

¿Por qué está en la residencia?

Era okupa. ¡Hijo de puta, cabrón!

El edificio donde vivía se desplomó encima y quedó parapléjica.

Como nadie la reclamó y parece no tener familia la trajeron acá.

Está allí tirada como si fuese una cosa.

Están todos abandonados como trastos rotos en un desván.

No hay nada para tragar.

(RÍE)

-Todo tiene que ser de otra manera.

Ya te dije que era mejor no subir.

Miguel...

tengo alzhéimer.

Te lo han dicho. No se atreven, pero no soy imbécil.

¿Tú ya lo sabías? Llevo acá más de dos años.

Estas cosas se aprenden pronto.

El compañero de habitación que tenía antes que vos, Paco,

también tenía alzhéimer. Era un buen tipo, Paco.

¿Murió? No, que yo sepa.

Se lo llevaron para allá arriba. Todavía estará allí, supongo.

Yo no quiero acabar así. (TOSE)

Emilio, no te preocupés mucho.

Con el alzhéimer podés pasar años sin empeorar,

pero si ves que las cosas se ponen feas...

Las pastillas que encontraste, yo...

Yo las fui juntando para mí. Por si acaso.

Por si las cosas se me ponen feas,

pero yo puedo conseguir más.

No, a mí eso no me parece bien.

A vos nada te parece bien, Rockefeller,

pero acá esos moralismos no sirven para nada.

Acá solo tenés dos opciones: podés seguir engañándote

pensando que todo va bien, que andás en el Orient Express,

que cuando llegue la primavera vas a nadar en la piscina,

y acabar allá arriba con los otros.

O podés afrontar la realidad.

(SUSPIRA)

¡La pucha que lo parió!

(GRITA) ¡Rockefeller, salí de ahí ahora mismo, no hagas locuras!

¡Rockefeller, salí de ahí!

¿Te has vuelto loco? ¿Qué crees que estás haciendo?

¡Rockefeller!

¡Rockefeller!

(Música dramática)

¡Mierda!

(TOSE)

(JADEA)

Rockefeller, ¿qué estás haciendo? ¡Vení, salite de acá!

No me toques, déjame, ya estoy harto de tantas tonterías.

¡Todavía no estoy muerto!

Quizá dentro de un año ya no sepa quién soy, pero ahora estoy vivo.

¡Esto es una piscina, yo quiero nadar y nado! ¡Punto!

¡Se acabó! Y si no te gusta... (TITUBEA) ...¡te jodes!

¿Eso es lo que estás haciendo, estás nadando?

¡Claro que estoy nadando! ¿Qué otra cosa iba a hacer, si no?

Rockefeller, así no podés nadar.

Si vos querés nadar, antes tenés que quitarte la ropa.

No estás tú para criticar, te has metido con abrigo y todo.

(INSPIRA HONDO)

(Goteo)

Rockefeller. ¿Mmm?

Tú y yo, de alguna manera, nos la vamos a arreglar.

No vamos a acabar en el piso de arriba.

(Trinos)

A ver, dejame a mí. Es importante estar bien vestido, Rockefeller.

Especialmente hoy. El médico y los enfermeros

enseguida se dan cuenta de cómo nos anda la cabeza

según cómo vamos vestidos. Sí, como la señora...

La señora esa que se pinta tanto. Exacto, como la Sra. Xosefa.

Basta con verla por la mañana para saber

si se ha levantado con todas las neuronas.

Ahí estás. Metete bien la camisa por dentro.

¿Qué corbata querés, la de siempre o la roja?

La de siempre va bien. ¿Estás seguro?

¿No preferís la roja para estar más elegante?

No, la de siempre. La roja no me gusta, nunca la uso.

No sé por qué la he traído. Debe tener valor sentimental.

Carajo con el nudito este, nunca me queda parejo.

No es una obra de arte, pero ahí está.

Gracias, Miguel. Y sí, sí.

Trae aquí los puños.

El izquierdo te lo dejo desabrochado para que podás leer las respuestas.

Acordate que las tenés ahí escritas. Sí, claro.

Siempre pregunta lo mismo no deberíamos tener problemas.

Mantén la palma contra el cuerpo para que no te la vean, ¿eh?

No estás nervioso, ¿no? ¿Quién, yo? ¡No!

Aunque es la primera vez que utilizo una chuleta.

Che, tranquilo, Rockefeller. Yo en esto soy un experto.

Ahora tenés que meter aquí los brazos.

Yo voy a estar a tu lado y ya arreglé todo, no te preocupés.

¿Cómo harás para que te dejen entrar conmigo la consulta?

Hoy la consulta va a estar fuera de servicio por problemas técnicos.

No, creo que es necesario llamar a un cerrajero.

Alguien ha metido chicle hasta el fondo de la cerradura.

-Pues vaya una gracia.

Emilio, vamos hacer el test aquí mientras me arreglan la puerta.

Lo dejamos para otro día si ves que hay mucho barullo.

No, aquí está bien, no me importa. De acuerdo.

Un momento, que abro este programa.

Ya está. Háblame de la cena de anoche.

(TITUBEA) ¿De la cena? ¿Que le hable de la cena?

Sí, por ejemplo, qué tomaste de primero...

Ah, bueno... Vamos a ver...

(TITUBEA) De primero... De primero...

O cualquier otra cosa que recuerdes sobre la cena.

-La cena, la cena, la cena. -Ahora no, Ramón, por favor.

¿No ves que estamos ocupados? -Estamos ocupados.

Estamos ocupados, estamos ocupados.

-Cállate, por favor. ¡Basta ya, Ramón!

Emilio... (SUSPIRA SOBRESALTADO)

Emilio, ¿te encuentras bien? ¿Tienes molestias en el brazo?

(TITUBEA) No.

No distraigas a Emilio, estamos haciendo algo importante.

Emilio, mejor volvemos a empezar desde el principio.

Vamos allá. Háblame de la cena de anoche.

Sí, la cena, claro.

La verdad es que en estas cosas no me suelo fijar.

Como casi siempre nos ponen lo mismo...

En eso tienes razón, Emilio. Mucha variedad no os ponen.

No importa. La siguiente pregunta...

(Alarma)

Che, mirá qué tajo me hice con esa porquería de alarma.

Debería ponerles una demanda. ¿No te parece, Rockefeller?

No lo he hecho muy bien, ¿verdad? ¡No! ¿Qué decís?

Salió todo perfecto, ya lo vas a ver.

Mañana mantendré al doctor ocupado con un par de lumbagos

y ya no se vuelve a acordar de vos hasta el año que viene.

No te preocupés por nada, Rockefeller, todo está bajo control.

Miguel. Che, Martín, ¿cómo andás?

¿Cómo está la Laica, te sigue comiendo las zapatillas?

¿Qué, pero tan pronto?

Si me pudieras conseguir otro...

Sí, hombre, no te preocupés. Ya vas a ver cómo te lo consigo.

A ver si te encuentro un fox terrier.

"La vejez es algo natural, no es una crisis nacional.

A nuestras familias no queremos estorbar o no podrían trabajar.

Pero no nos llamen viejos, no somos un saco de pellejos.

Que nos llamen mejor mayores..." Hasta ahí he llegado.

No se me ocurre nada que rime con "mayores".

"Llamadnos mayores, estamos llenos de temblores".

Miguel, siempre igual.

O mejor: "Llamadnos mayores, solo vivimos para tener dolores".

(GRITA) ¡Camarera, camarera!

¡Camarera! Che, ¿qué pasa?

El cuchillo no corta.

¿Qué quieres? (TITUBEA) Que este... este...

(LO CORTA) ¿A partir de ahora podemos comer solo bocadillos?

¿Bocadillos? Sí, bocadillos.

Unos buenos bocatas, ¿entendés? (TITUBEA) No sé, supongo que sí.

¿Tú también quieres bocadillos? (TITUBEA) Eh...

Pues...

Sí, yo también quiero, sí.

Allá vosotros, yo le paso el aviso a cocina, pero luego no os quejéis.

Gracias, hermosa, cada día estas más guapa.

Che, Emilio, ¿por qué no usás ese cuchillo de allá?

El que tenés junto al plato. Ya verás como sí corta.

(ENFADADO) ¿Para qué ponen tanto... tanto... tanta cosa de esta?

¿Qué pretenden, confundirnos? Tenés razón, Rockefeller.

A partir de mañana, bocadillos y nos evitamos problemas.

¿No te parece, Rockefeller? No es mala idea, Emilio.

Si no fuera por la dentadura, me apuntaba.

¿A que sí, Emilio?

(DOLORES, DULCE) A ver, que se te cae.

Ahora hay que limpiarlo.

(NO SE OYE)

¿Qué le dices para que sonría? ¿Quién, yo, a Modesto?

Sí. ¿Qué le dices para que sonría? Una tontería, le llamo "tramposo".

¿"Tramposo"? ¿Por qué le llamas eso?

Por una historia de cuando éramos niños y vivíamos en el pueblo.

Fíjate tú si hará ya de esto. Debíamos tener 12 o 13 años.

-Loli, ¿quieres ser mi novia?

(INDIGNADA) -¿Qué? -Que si quieres ser mi novia.

(SE BURLAN) -"Modesto quiere a Loli, Modesto quiere a Loli".

-¡Ya está, callaos, basta!

Vale, nos hacemos novios si antes me traes una nube.

(RÍEN)

-¿Qué haces ahí pasmado, Modesto? Vete a buscar una nube para Loli.

(RÍE)

(Música emotiva)

-¡Eh, niño!

-¡Perdón! -A ver si miras por dónde vas.

-¡Loli! Ven conmigo, date prisa. ¡Vamos, date prisa!

(Música emotiva)

-Modesto, al campanario no se puede subir.

Modesto, no hagas tonterías, que te vas a caer.

-No tengas miedo, lo he hecho muchas veces.

No seas miedosa. Vamos, sube.

Dame la mano.

Ten cuidado, no mires hacia abajo.

Sujétate bien, agárrate.

Aquí viene, ya está aquí.

(Viento)

(Música emotiva)

Querías una nube y te la he traído. Ahora somos novios, ¿no?

(VOZ DE ANCIANA) -Tramposo.

(Música emotiva)

Modesto estaba peor y Dolores no podía ocuparse de él ella sola.

Esta mañana los han subido a los dos al piso de arriba.

¿Dolores también subió? Eso es una locura, es como suicidarse.

Dentro de dos semanas va a estar tan loca como todos los otros.

Tú no entiendes porque nunca has querido a nadie, Miguel.

(APENADO) Es una auténtica mierda.

Pero qué vida de mierda, esta.

(Ruido)

¿Qué hacés, Rockefeller?

(BOSTEZA) Che, Rockefeller, ¿qué estás haciendo?

(ENFADADO) Me voy a mi casa, estoy harto de que robes mis cosas.

¿Qué decís, qué te robé ahora? Sí, hazte el tonto. Bien lo sabes.

Los calcetines negros. ¿Los calcetines negros?

¡Déjame, me voy a mi casa con mi mujer!

(GRITA) ¡Estoy harto de este sitio! Emilio, que te van a oír.

(GRITA) ¡Que me oigan, yo me voy a mi casa!

Un enfermero. Callate, Emilio, que te mandan al piso de arriba.

Buen día, Sastre, ¿cómo andas? Bonito día, ¿no?

No hay nada como hacer un poco de gimnasia por la mañana.

(SUSURRA) Saludá, Rockefeller.

Suéltame. Mira, Manuel, yo no digo que hayas sido tú,

pero alguien ha estado robando mis cosas y ya estoy harto.

Me voy a mi casa. No sé por qué te empeñas en quedarte.

Seguro que tú también estarías mejor en tu casa. Hazme caso.

(SUSURRA) Venga, vamos por acá.

¡Esperad, no vayáis tan deprisa! (SUSURRA) Cállate.

Con la hierba el andador se maneja fatal.

Antonia, bajá la voz, por favor. Ya, bueno...

Para andar por aquí deberías traer el bastón, no ese catafalco.

Claro, y con lo oscuro que está, me caigo y me rompo la cadera.

Esto me pasa por ir a despedirme.

No me iba a quedar aquí sola mientras vosotros os vais de juerga.

Bueno, che, vamos rápido, que nos están esperando.

Y calladitos, por favor.

¡Ay, Zurdo, casi me das un ataque al corazón!

(SUSURRA) Chist, que te van a oír. Pasad por aquí.

Vamos, joder, id pasando.

(Chasquidos)

(GRUÑE DE ESFUERZO)

Así está mejor, Zurdo, que ya estamos mayores, joder.

¡Ay! Te vas a dar, Emilio, cuidado.

No, si ya me he dado bien. Y vos no te enredés con el alambre.

Iluminá bien el suelo, Zurdo.

Gracias, guapo. De nada, señora.

Cuidado con eso, que son ortigas.

Joder, Zurdo, que te dije rojo. Con el poco aviso que me has dado,

bastante que he encontrado un descapotable.

Además, está nuevecito y va de puta madre, ya verás.

¿Tiene los papeles en regla y el depósito lleno?

Sí, hasta arriba. Bah supongo que el color de igual.

Aunque hubiese sido mejor que fuese rojo.

Acá tenés la guita, igual falta, pero no hay más.

(RESIGNADO) Vale, vale, la documentación está la guantera.

Tomá, Emilio, conducí vos. Me quitaron el carné hace años.

Por lo menos, lo tuviste. Vos no conducís, ¿verdad, Antonia?

¿Quién, yo? No, qué va. ¿Tú no conduces, Miguel?

Entre una cosa y otra nunca aprendí.

Te toca a vos, Rockefeller. Tenés pinta de ser buen conductor.

(Autorradio: Cha-cha-cha)

¡Ah! ¡Emilio, por Dios!

(AUTORRADIO, CANCIÓN) "Yo no tengo padre, yo no tengo madre,

yo no tengo a nadie que me quiera".

No tengo padre, no tengo madre..." (GRITA) ¡Libres! ¡Somos libres!

¿Qué has hecho, Miguel? Me has tirado el andador.

Ya no te hace falta, Antonia, ahora estamos motorizados.

Pero en algún momento habrá que bajarse del coche.

No te preocupés ahora por eso. Te consigo otro cuando haga falta.

Miguel, sube la capota, que me estoy quedando helada.

No lo estarás diciendo en serio. Estoy destemplada.

Así voy a coger una pulmonía. A mí también me está dando frío.

No lo puedo creer. Menudo par. ¡La capota se pone sola!

¿Qué te parece, Antonia? Tecnología de lujo.

Como en una película de James Bond.

Así mejor. Cuando veáis una estación de servicio,

paramos y cojo agua para tomar las pastillas.

Dijimos que nada de medicinas. No seremos esclavos de la vejez.

Pero he traído solo las pastillas del estreñimiento y la circulación.

No me he traído las del estómago ni las del azúcar...

(Claxon)

¡Hala, qué animal, cómo va ese! Rockefeller, ¿por dónde conduces?

No estaremos yendo a contramano.

No estoy seguro, voy a ver.

(Derrape)

(Choque)

(Ladridos)

(Autorradio y motor al ralentí)

(AUTORRADIO) "Yo soy... el huerfanito".

...o peor todavía, podríais haber chocado con otro coche.

Y suerte que la prensa no ha sabido de la historia.

Por este asunto nos podían cerrar la residencia.

Miguel, no sé si te das cuenta de la seriedad de la situación

y de las ramificaciones legales de este incidente.

¿Me estás escuchando, Miguel? ¿Cómo está Emilio? ¿Está bien?

Emilio está recibiendo el cuidado profesional que necesita.

No vayas arriba a causar más problemas.

¿Pero se está recuperando?

Miguel, Emilio perdió el conocimiento unas horas.

Luego, la Anestesia y la confusión del hospital...

Este tipo de cosas afectan mucho a los enfermos de alzhéimer.

A partir de ahora, Emilio va a necesitar cuidado continuo.

No nos crees tú más problemas, que bastante has hecho ya.

Hablo en serio.

(LEJANA) A la primera queja, te transfiero...

¿No vas a comer?

¿No quieres que te traigan otra cosa?

(Zumbido grave)

(GRUÑE DEL ESFUERZO)

¡Oh!

(RESOPLA)

(DOLORIDO) ¡Ay, la pucha!

¡Ay!

(SUSPIRA, SORPRENDIDO)

(Música triste)

(LLORA)

(Música triste)

(Llaman a la puerta)

Adelante, pase.

Buenas, ¿se puede? ¿Cómo no? Pase usted.

¿Usted también va a Estambul? Sí, yo también voy a Estambul.

Qué bien, así podemos hacernos compañía.

Claro, a mí no me gusta viajar sola.

(Pitido del tren)

(Tictac)

¡Que se te cae! ¿No ves que así estás mucho mejor?

Hoy sí tenías hambre. Al final te lo comiste todo.

Vamos a limpiar por aquí un poco. ¡Miguel!

Colócame me bien la pajita de los cojones, se me ha girado.

Pero che, flaca, que lenguaje. Te voy a lavar la boca con jabón.

Ya te dije que a Emilio no le gusta que digas tantas palabrotas.

A Emilio le da igual. Ya no se entera de nada.

Estás muy equivocada, flaca, de lo que importa sí que se entera.

¿No es cierto, Rockefeller?

(Música emotiva)

(Ladridos)

No seas escandaloso, ya sabes que en la tienda no puedes entrar.

(Toca al telefonillo)

¡"Sit"! ¡"Sit", Milú!

Así, Milú, siéntate.

(Gemido)

(ASUSTADO) ¡Milú, Milú!

(GIMOTEA) No, por Dios, no....

¡Milú!

(ALIVIADO) ¡Milú!

Qué susto me has dado, Milú. Pasa, nos seas tan despistado.

Versión española - Arrugas

03 dic 2017

"Arrugas" narra la amistad entre Emilio y Miguel, dos ancianos recluidos en un geriátrico. Emilio, que acaba de llegar a la residencia en un estado inicial de Alzheimer, será ayudado por Miguel y otros compañeros para no acabar en la planta superior de la residencia, el temido piso de los asistidos.

Contenido disponible hasta el 18 de diciembre de 2017.

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