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No recomendado para menores de 12 años Cine en TVE - La voz dormida - ver ahora
Transcripción completa

(Pasos)

(REZA UN AVE MARÍA)

(TODAS REZAN)

-Ya vienen.

-Ya vienen.

No puede ser.

-¡Atención, internas!

La que se vaya nombrando, que salga vestida y rápida.

Juliana Carbonell Vidal.

Teresa Blanco Martín.

(LAS PRESAS LLORAN) -Ángeles Domínguez Tapia.

-Ramona Marín Díaz. -¿Ha dicho mi nombre?

(ACENTO ANDALUZ) Ha dicho mi nombre.

(SUSURRA) Ha dicho mi nombre.

Pero si yo no he hecho nada.

Yo no he hecho nada.

Si yo solo iba a la casa del pueblo a bailar.

Se lo he dicho mil veces, que yo no he hecho nada.

El que tenía el carné era mi novio. Yo solo iba a bailar...

(LLORA) ...porque me gusta bailar.

Reme, no he hecho nada.

No puedo.

Hortensia, no puedo moverme.

Me he orinado.

(LLORA) ¡Me he orinado!

(AC. ANDALUZ) Va, que nosotras te ayudamos. Venga, vida mía.

Ay, mi madre. Qué lástima de mi madre.

Se está quedando sin hijos.

Que alguien se lo diga.

Decidle que la quiero mucho.

(LLORA) ¡Ay, qué lástima de mi madre!

Ángeles, no llores, vida mía. Que no te vean llorar.

¡No les des ese gusto!

Venga, venga.

No llores, Ángeles.

(LLORA) ¡La cabeza bien alta!

-¡Pelotón! ¡Carguen armas!

(HOMBRE) ¡Abajo el fascismo! (MUJER) ¡Franco asesino!

-¡Apunten! (LAS MUJERES LLORAN)

(HOMBRE) ¡Fascistas! (MUJER) ¡Viva la CNT!

-¡Fuego!

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

-12. -Yo también he contado 12.

(MUJER GRITA) ¡Fascistas! -¡Abajo el fascismo!

¡Asesinos! ¡Asesinos!

(Disparo)

Elvira, quítate de la ventana.

Tomasa, que las balas rebotadas también matan.

¡Tomasa, agáchate, mujer! -¡Reme, déjame en paz!

(Griterío)

(UNA MUJER CANTA "LA INTERNACIONAL")

(CANTAN) "Atruena la razón en marcha.

Es el fin de la opresión.

Del pasado hay que hacer añicos,

legión esclava en pie a vencer,

el mundo va a cambiar de base,

los nada de hoy todo han de ser.

Agrupémonos todos

en la lucha final.

El género humano

es la internacional.

Ni en dioses, reyes ni tribunos

está el supremo salvador.

Nosotros mismos realicemos

el esfuerzo redentor".

(Timbre)

-¿Quién es? (AC. ANDALUZ) ¿La Sra. Celia?

Sí. Soy Pepita Rodríguez.

La hermana de Hortensia. Pepita, qué bien que has llegado.

(SUSURRA) Pasa.

¿Se sabe algo de mi hermana? Está bien para estar donde está.

Hace casi dos años que no la veo, Sra. Celia.

¿Ya sabes que está embarazada de siete meses?

Me lo contó en su última carta. Dios mío, cómo lloré.

Qué desgracia más grande, traer un hijo al mundo estando presa.

¿Se sabe algo del juicio? Por ahora, nada.

Hortensia se estaba quedando aquí cuando la detuvieron.

Mi hija y ella se hicieron muy buenas amigas.

¿Su hija de usted también está en la cárcel?

Mi Almudena nunca llegó a ir a ninguna cárcel.

Se la llevaron unos falangistas y no he vuelto a saber de ella.

Lo siento mucho, Sra. Celia.

Hortensia me dijo que ya habías servido.

Sí, desde que tenía 11 años entré a servir.

Ya con 14 llevaba una casa yo sola.

Un conocido mío está buscando servicio.

No quieren una chica interna pero te pagan bien.

Yo solo te puedo ofrecer alojamiento.

Usted tranquila, que no voy a ser una carga para usted.

Puedes dejar aquí tus cosas.

Toma. Con esos que llevas, te tratarán como a una pordiosera.

(APENADA) Eran de mi hija.

Venga, pruébatelos.

Qué bonitos son, Sra. Celia. Muchas gracias.

¿Te quedan grandes?

No importa. Les pongo un trocito de tela en las puntas, y listo.

Te voy a traer un poco de agua para que te asees.

Te hago una sopa de pan. Es lo único que puedo ofrecerte.

Muchas gracias, Sra. Celia, que Dios la bendiga.

Es allí, dile al portero que vas a casa de don Fernando.

¿Usted no va a subir conmigo? No, hija, mejor no.

En Madrid hay que tener mucho cuidado con lo que se dice.

No te puedes fiar. Tú, como si fueras invisible.

¿Comprendes qué te quiero decir? Ale, que todo va salir bien.

-Doña Celia dice que sabes cocinar. Algo sé.

Y lo que no sé, lo aprendo. También sé coser.

¿Y la paga? Lo que usted diga estará bien.

Así es imposible no llegar a un arreglo.

Doña Celia me ha dicho que tienes una hermana en la cárcel.

Sí, pero ella no ha hecho nada. No tienes que darme explicaciones.

Quiero decir es que no hace falta que la señora se entere.

Ni que vienes de parte de doña Celia. ¿Te parece bien?

Sí, señorito, lo que usted diga.

Amparo, esta es Pepita. Viene a sustituir a dolores.

-¿Por quién llevas luto, Pepita? Por mi padre, señora.

¿De qué murió? Lo fusilaron, señora.

¿Quiénes, los nuestros o los rojos?

Los nuestros, señora.

Además de cocinar y coser, sabe leer y escribir.

También me sé las cuatro reglas. No se liará con la compra.

-¿Eres andaluza? Sí, señora, soy andaluza.

¿Por qué viniste a Madrid?

Para ayudar a mi hermana, señora. ¿Qué le pasa a tu hermana?

-Por favor, Pepita, contesta.

Está embarazada y presa en la cárcel de Ventas.

¿Tú eres comunista? No, señora, y nunca lo seré.

Pero tu hermana y tu padre sí. Mi padre no era comunista.

Nunca le hizo mal a nadie.

Lo mataron porque no encontraban a mi hermana.

¿Sabes por qué llevó luto yo?

No, señora.

Los rojos mataron a mis dos hermanos pequeños.

Lo siento mucho, señora. De corazón se lo digo, ¿eh?

La guerra sido muy mala para todo el mundo.

Pero ya que ha llegado la paz, es hora de perdonar.

Y de vivir tranquilos. ¿Eres una buena cristiana?

Intento serlo, señora.

Con la ayuda de Dios. Voy a misa cada domingo, confieso y comulgo.

Está bien, te quedarás una semana a prueba.

Entrarás a las 9:00 para el desayuno y te irás tras dejar la cena hecha.

Empezarás hoy. Gracias, señora.

Que nadie sepa que tienes una hermana presa o te echaré.

Lo que usted mande, señora.

(FERNANDO) ¿Necesitas algo?

-No.

(Bullicio)

¿Pepi? ¡Pepi!

¡Pepi, hermana, que estoy aquí!

(LLORA) Hermana, ¿cómo estás? Bien, estamos bien.

Que alegría verte, hermana. Parece que estés enferma.

Estoy bien, no te preocupes. No vas a tener leche, Tensi.

¿Qué no voy a tener leche? No llores, tonta, que estoy bien.

Que no lloro, es que estoy muy contenta de verte, Tensi.

No te he podido traer casi nada. Mis compañeras me cuidan bien.

Mira, Reme, esta es mi hermana. Hola, "bonica".

¿Se sabe algo de tu juicio? No sé nada. ¿Tú cómo estás?

Bien, ya tengo trabajo. Me lo ha conseguido la Sra. Celia.

En casa de don Fernando, un conocido suyo.

¿Cómo está doña Celia? Muy bien.

Te manda muchos besos. ¡Es más buena!

Mira, Tensi, me regaló estos zapatos de su hija. Están nuevos.

Póngase el zapato.

Haz lo que ella te diga, y con don Fernando igual.

¿Tú conoces a don Fernando? ¡Chist!

¿Y nuestra casita?

Le he dejado las llaves a la prima Rocío para que la cuide.

Hermana, necesito que me hagas un favor.

Claro, Tensi, lo que tú quieras.

Tráeme un cachito de jabón, que tengo la cabeza llena de piojos.

Un favor como el de Córdoba, cuando estaba en la sierra.

¿Te acuerdas? Tensi, por Dios, no me pidas eso.

Te lo pido porque no se lo puedo pedir a nadie más.

Necesito que le lleves una carta a Felipe.

Tensi, no me pidas eso, que yo no tengo sangre para esas cosas.

A mí me coge la policía y lo digo todo.

Pepi, que estoy desesperada. Hace dos meses que no sé de él.

Hasta hace unos días no hemos conseguido contactar con ellos.

Hermana, por favor.

(Timbre fuerte)

¿Esto qué es?

Hermana, necesitan ayuda. Tú eres la única que puede ir.

(GUARDIA) ¡Vamos! ¿Ya hay que irse?

Hermana, por favor, que es muy importante. Dime que vas a ir.

(GUARDIA) ¡Vamos, rápido! (OTRA) ¡Deprisa!

-Vamos. ¡Vamos, rápido!

-Hola, Pepita.

Camina como si fuésemos amigas. ¿Quién es usted?

Soy la amiga de tu hermana.

¿Adónde vamos? A dar un paseo.

Mi nombre es Amalia y mi madre se llama Sole.

Si alguien pregunta, nos conocemos de vernos aquí.

¿Lo has entendido? ¿Sí?

Los documentos y el dinero están dentro.

Mi hermana solo me dijo que llevara una carta.

Son cédulas de identidad falsas y permisos de viaje.

Sin esto tu cuñado no va a poder bajar de la sierra nunca. ¡Ponte!

¿Por qué no va otra? Yo no valgo para esto.

Ya le hemos enviado un mensaje a tu cuñado diciendo que vas tú.

Ellos no se fiarían de nadie que no conozcan.

¡Póntela, coño!

¿Tú sabes leer? Sí, claro.

Aquí está el lugar donde tienes que ir y cómo llegar.

Te lo aprendes y te comes el papel o lo quemas, no lo lleves encima.

Lo has entendido, ¿no? ¿Por qué no vas tú?

A mí no me conocen y el partido ya me ha encargado otra misión.

(ENFADADA) Pues que el partido se busque a otra.

Bastante he sufrido por el partido. ¡Que yo no discuto contigo!

Dame la faja y le decimos a tu hermana que no has querido ir.

(GRITA) ¡Que me des la faja, coño! ¡No! No.

Voy a ir, pero es la primera vez y la última que me mete en sus líos.

Esto lo llevas bien visible. Ponte lo mejor que tengas.

La policía cree que las guapas no tienen ideas políticas.

No las tengo.

Las cárceles y las fosas estás llenas de gente que nunca las tuvo.

Eso no lo olvides nunca. ¡Nunca!

Espera cinco minutos antes de irte.

-¿Más grande?

-Remedios, pon atención, por favor. ¡Que no me sale, coño!

Me matan a palos y... Lo dejo.

Escucha, Reme, aquí no se rinde nadie.

Si lo dejas, Elvirita no te va a leer tus cartas. Tú misma.

¿Qué le pasa a Carmenchu? Tiene calentura.

Tu hermana ya va camino de la sierra.

Ay, Dios mío, el miedo que estará pasando la pobrecita.

Una cosa más.

Anoche la Guardia Civil ha hecho una emboscada en la sierra.

Han caído muchos compañeros. ¿Quiénes, Sole?

¿A mi marido le ha pasado algo? Pues no sabemos.

Padre, ¿es aquí, este es el pueblo? Sí, hija, aquí te tienes que bajar.

Gracias, padre. (HOMBRE) Dámelo.

(GRITA) ¡Silencio! Dámelo.

¿Esto qué es? Son de la guerrilla.

-¡Silencio todos!

Vosotros, ¿qué miráis? -¿Es este?

¡Míralo bien! ¿Es este? (SUPLICA) -Se lo juro, señor.

-¿Alguien conoce a este hombre?

Estamos buscando a tres asesinos muy peligrosos.

A uno le llaman el Toledano. A otro, el Cordobés.

A otro, el Chaqueta Negra. Ese hijoputa es el más peligroso.

Si alguien sabe algo o nos puede dar una pista

tendrá una recompensa.

El que les ayude o les dé refugio que se atenga a las consecuencias.

¡Arriba España! (TODOS) ¡Arriba!

-¡Viva Franco! (TODOS) ¡Viva!

-Vamos a hacerle una foto.

-¡Sonríe!

(Música de suspense)

(Sonido aflautado)

(Sonido aflautado)

"Xiqueta", no te asustes. Soy camarada de tu cuñado.

Te estamos esperando. Tú eres la Pepita, ¿verdad?

Vengo de parte del Felipe. ¿Por qué no ha venido él?

Te lo digo si sales de ahí. Tengo que irme.

Pepita, no te vayas. Soy amigo del Felipe.

Yo no conozco a ningún Felipe. Si acabas de preguntarme por él.

Yo no conozco a ningún Felipe, ni a usted tampoco, ¿se entera?

El Felipe ha perdido el único retrato que tenía de la Tensi.

Uno donde salía con unos zarcillos que a ti te gustaban mucho.

Dice que tú se los quitabas a tu hermana para ponértelos.

Felipe dice que eres muy coqueta. ¿Eso ha dicho mi cuñado?

Y que tienes los ojos más bonitos de toda Córdoba.

Pues dígale que yo no le he dado permiso para hablar de mí.

¿Se entera usted? Yo ya no soy ninguna niña.

Sí me he enterado, pero no te enfades.

Me enfado si yo quiero.

Dese usted la vuelta. ¿Cómo?

¡Le he dicho que se dé la vuelta!

No mire, ¿eh?

Que ustedes los comunistas sois todos unos frescos.

Tenga, esto es lo que venía a traer.

Antes quiero ver a mi cuñado. No puede ser.

¿Por qué no ha venido él? Felipe está herido.

¡Ay, Dios mío! ¿Qué le ha pasado? Hay que sacarle una bala.

Necesita un médico. Tú trabajas en casa de uno.

Se confunde, el señorito no es médico.

El señorito es contable. Lo será ahora, pero es médico.

Hay que sacarla bala o morirá. ¡Ay, Dios mío, mi pobre hermana!

¿Y usted qué pretende? ¿Que yo le traiga aquí al señorito?

No, aquí no. La sierra ya no es segura.

Nosotros lo bajaremos esta noche.

El señorito me puede denunciar.

No te denunciará. Dile que vienes de mi parte, de Paulino González.

Aquí tienes que llevar al médico.

Es una pensión. Dile a la Sra. María que vienes de parte mía

y que quieres dos habitaciones.

Ella te contestará: "Solo me queda una de matrimonio".

Si te dice que no tiene ninguna te vas de inmediato.

¿Te ha quedado claro? Sí, ¿no me va a quedar?

Eso es.

Ahora dámelo, que me tengo que ir.

Pero yo quiero ver a mi cuñado. ¡No seas tozuda!

Ya lo verás esta noche.

Que no se entere tu señora. No hables de esto con nadie.

Descuide, no hablaré ni con mi sombra.

"Au, xiqueta", vete.

El autobús pasa en media hora. ¡Ya me voy!

Todavía no me he repuesto del susto.

(Llaman a la puerta)

Qué bien que llegaste. Ya me estaba yendo.

Pasa, mujer, pasa.

¿Hace mucho frío?

Sí, señorito. Disculpe el retraso.

Doña Celia me avisó de que llegarías tarde.

¿Está la señora? No, está en misa.

¿Qué pasa?

Tengo que decirle una cosa, señorito.

Chiquilla, estás al borde de una lipotimia. Siéntate.

Señorito, tengo que decirle algo de parte de Paulino González.

¿Es verdad que usted es médico? No.

Lo era, ya no. Paulino me envía para pedirle ayuda.

Mi cuñado Felipe tiene una bala dentro.

Hay que sacársela o se muere y usted es médico.

El marido de mi hermana Hortensia le necesita.

Está presa y preñada y se morirá si a Felipe le pasa algo.

También me dijo el tal Paulino que no se enterase la señora.

Yo no sé por qué, pero que no se entere la señora.

También me ha dicho que usted no va a denunciarme, señorito.

No, no te voy a denunciar.

-Buenas tardes, señoras. -Buenas tardes, hermana.

-Tengo que ir a la enfermería, tengo un dolor de oído terrible.

No puedo dormir por la noche. Tenga compasión, hermana.

-Hablaré con la superiora. Váyase.

-Tu hermana ha llegado bien. Ya ha hecho el encargo.

(ALIVIADA) Menos mal. ¿De mi marido sabe algo?

Tu marido y algunos más han logrado escapar.

Se bajan de la sierra esta noche pero no se pueden quedar en Madrid.

La policía tiene infiltrados tras la pista del Chaqueta Negra.

Yo creo que lo mejor es que se vayan para Francia.

-Buenas noches. Buenas noches, ¿doña María?

Soy yo.

Vengo de parte de Paulino González.

(SUSURRA) ¿No me tenías que decir algo?

Sí, que si usted tiene dos habitaciones para esta noche.

Y usted me tiene que contestar... Chist.

Solo me queda una de matrimonio.

(SUSURRA) Pasa. Pasen, rápido.

Fernando, gracias por venir. Me alegro de verte.

¿Dónde está el Cordobés? Ella te acompaña.

Venga conmigo.

No puedes pasar.

¿Por qué? Porque no puedes.

Espérate aquí. Cuando termine el doctor, entrarás a verlo.

(Murmullos)

(Puerta)

Perdona por haberte encerrado aquí.

Había gente que era mejor que no te vieran.

¿Cómo está mi cuñado? Bien, el Cordobés es duro.

Toma, esta carta es para tu hermana.

Se la das a la Sra. Celia. Ya sabrá cómo pasarla.

Esto lo metes en el próximo paquete que le lleves. Está permitido.

¿Lo ha hecho mi cuñado? Nunca deja de pensar en tu hermana.

"F y T". Felipe y Tensi.

¿Cómo está la Tensi? Bien.

Ella no se queja, pero a mí me dio mucha angustia verla ahí dentro.

Tan delgada, con su barriga.

¿Te molesta que fume? Estoy acostumbrada.

Mi padre fumaba más que un carretero.

Fume usted, si quiere. ¿Podrías no hablarme de usted?

No soy tan mayor. A mí me da lo mismo.

Tú fuiste el que enseñó a leer y a escribir a mi Tensi, ¿no?

Sí.

Entonces, tú tienes que ser el Chaqueta Negra.

No hagas tantas preguntas. Cuanto menos sepas, mejor.

Ya es un poco tarde para eso, ¿no? (SUSURRA) No te alteres.

(Puerta)

(SUSURRA) Hablen bajito.

¿Tú por qué me dices siempre a mí "xiqueta"?

En mi pueblo os decimos "xiqueta" a todas las chavalillas.

Y si son bonitas como tú, con más motivo.

Oye, no te tomes tanta confianza. Todo el monte no es orégano.

Perdona, mujer, no quería ofenderte.

Yo te hacía mucho más mayor y mucho más alto.

Mi hermana decía que habías sido el mejor jefe que había tenido.

Fíjate, si eres casi igual que yo.

"Me sap mal, xiqueta". ¿Qué?

Que siento mucho haberte defraudado.

Ya puedes pasar a ver a tu cuñado, pero no te entretengas.

Con permiso.

La herida es mala, ¿verdad? Pues sí, bastante.

La bala ha hecho mucho destrozo.

¿Cómo estás, cuñado? Bien, estoy a salvo.

¿Y la Tensi? Dentro de lo que cabe, bien.

Y con una barriguita... Si parece hasta más guapa.

Te he traído una foto de la Tensi.

Es la única que tengo, es de antes de la guerra.

Parecemos otras. Gracias, cuñadita.

Ojalá pudiera cambiarme por ella. Cuñado, deja ya esta locura.

La Tensi te necesita. Y cuando tenga el niño, más.

No es tan fácil. La guerra se acabó, pero la lucha no.

Olvida la maldita lucha, leche.

Cuando suelten a la Tensi, nos volvemos todos para Córdoba.

En Madrid se pasa mucho frío y mucho miedo.

Au, "xiqueta", tenéis que iros.

Cuando me hirieron en la sierra pensé mucho en la Tensi.

Pensé que no me quería morir sin volverla a ver.

(SOLLOZA) La Tensi es mi vida. Ya lo sé, cuñado.

Mi Tensi también te quiere mucho. Que no sepa que estoy herido.

Bastante tiene ya con lo que tiene. (SUSURRA) No se va a enterar.

(CALMÁNDOLO) Venga.

Cuídate, ¿eh? Y descansa.

¡Pero si es un regalo de mi marido!

Es muy apañado. Con una navaja y una madera te hace maravillas.

"Cucha", qué cosa más bonita.

(SUSPIRA)

¡El vestido de mi madre!

Le pedí a mi abuelo que me lo trajera.

Tomasa, esto es para usted.

(SORPRENDIDA) -¿Para mí?

No, gracias, hija, no me hace falta. Ya me apaño yo con esto.

-Tomasa, se puede ser burra y orgullosa, pero no desagradecida.

-Yo no le he pedido nada. ¡Yo no quiero nada!

Aquí están. A ver...

Elvirita, niña, esto se lo das a la Trini.

Ayúdala a hacer las copias y a repartirlas en las galerías.

Esto se lo das a la Sole.

¿Esto qué es, es una carta?

¡De mi marido!

¿A ver, a ver? -¡Léela, por favor!

¡Que no! ¡Sí, léela!

Primero la leo yo sola y después ya veré lo que hago.

Reme, haz tú el reparto y separa lo del pabellón de las madres.

(Música emotiva)

Esta carta no la he escrito mi Felipe.

Esta la ha escrito el Paulino. El pobrecito mío no sabe escribir.

Pero el sentimiento sí que es suyo.

Las palabras no, pero el sentimiento sí.

¡Agua, agua! -¡Las funcionarias!

-¡Hortensia, que viene la nueva! -Trae para acá los documentos.

Dame a mí también.

Esto está asqueroso. Mucha palabra "bonica", pero qué mal sabe.

(RÍEN)

-Hortensia Rodríguez García.

Sí, soy yo.

Venga conmigo.

¿Adónde, señora? A Diligencias, la espera el juez.

(MUJERES CANTAN EL "CARA AL SOL")

-Están todas, señoría. -Gracias, hermana.

Soy el juez encargado de instruir sus expedientes.

Para no alargarme mucho y acabar rápido, voy a proceder.

Se las acusa todas, entre otros delitos,

de auxilio y adhesión a la rebelión, desórdenes y crímenes diversos.

De acuerdo con el código de justicia militar,

el fiscal pide para todas la pena de muerte.

(SE LAMENTAN) -¡Silencio!

-Pero, señoría, yo no me he unido a ninguna rebelión.

-¡Usted cállese! Hable solo cuando se le pregunte.

-¿Quién de vosotras es... Hortensia Rodríguez?

Yo. "Yo, señoría".

Yo, señoría.

¿Para cuándo? Para finales de enero, señoría.

Habrá que ver qué se hace con eso, ¿eh?

Indiscutiblemente, usted es la peor de todas.

Además de adhesión a la rebelión, de malos antecedentes morales

y actuar sin piedad contra personas de derechas,

se la acusa de cometer con una banda de asesinos y bandoleros

robos y crímenes.

Yo no he cometido ningún crimen. ¿Cómo dice?

Yo no... (GRITA) ¡Usted se calla!

Disculpe, hermana.

La vista de la causa está fijada para el 20 de diciembre.

El defensor que se les ha asignado es...

el capitán de infantería don Juan Francisco del Moral.

-Señoría... Con todo respeto, madre.

¿Cuándo vendrá vernos el abogado, el tal don Francisco?

-Imposible.

Ya lo verán el día del consejo. ¡Ud., nombre!

-Señoría, tengo testigos que pueden asegurar que yo no maté a nadie.

(LLORA) ¡Ni estuve en el frente, yo soy inocente!

-El sumario está cerrado.

Lo que tenga que decir, ya lo dirá el día del consejo. ¡Usted, nombre!

-Rafaela Pérez Granados, su señoría.

-Tome. Firme aquí, en "enterado". -Yo no sé firmar, señoría.

-Deme la mano. ¡La derecha!

-¡No pueden condenarme, señoría! -¡Silencio, Rafaela!

¿No ha oído al señor juez? (LLORA) -Pero usted sabe...

-¡Silencio, he dicho!

-Ahora, tú. Antes me gustaría leerlo, señoría.

(DESDEÑOSO) ¿Sabe usted leer? Lo suficiente, señoría.

Con su permiso, señoría. Yo soy maestra y licenciada en Historia.

También me gustaría leer ese documento antes de firmarlo.

Estoy en mi derecho. -¿Conque en esas estamos?

Pues no van a ustedes a leer nada porque yo no tengo tiempo.

Si no firman, da igual, porque firmará la hermana

como testigo de que han sido informadas.

¿Ninguna firma?

Muy bien, pues hemos acabado. Pueden ustedes llevárselas.

-¡Media vuelta y en fila de una!

¡Rafaela! ¿Estás sorda? ¡Vamos, vamos!

¡Chiquillo! ¿Cuánto? (NO HABLA)

¿Cuatro pesetas? Eso es mucho.

No, no, no. Buenos días, "xiqueta".

¿Nos vamos? Agárrame del brazo.

Como si fueras mi novia.

¿Tú estás loca? ¿Cómo se te ocurre ponerte a mirar los escaparates?

¡A mí no me hables así, no soy del partido!

Calma, calma. Vamos a llamar la atención.

Antes que nada: ahora me llamo Jaime Salas.

Soy de Belchite.

Somos novios desde agosto. Desde las fiestas de la Paloma.

No puede ser, yo en agosto aún no había llegado a Madrid.

Entonces, nos conocimos en Córdoba, ¿te parece?

Bueno, como es de mentirijillas, lo acepto.

Me alegro.

¿Qué ha pasado con el Chaqueta Negra?

(SUSURRA) Nunca vuelvas a decir ese nombre.

Chaqueta Negra murió en la sierra y nunca has oído hablar de él.

¿Entiendes lo que te digo? ¿No lo voy a entender?

Toma. ¡No, aquí no!

Vamos a entrar en esa iglesia.

Hace mucho que no escuchamos misa juntos.

Encima con pitorreo. Maldita sea mi suerte.

¿Tanto dinero te sobra para gastarlo en velas?

Yo con mi dinero hago lo que me da la gana.

Mejor te callas. Mujer, qué genio.

Toma esto, que me tengo que ir

antes de que la señora me eche en falta.

Espera un minuto. Todavía no hemos rezado juntos.

Nos vamos a Francia.

Nos iremos a Toulouse con unos salvoconductos.

Pero Francia está muy lejos, ¿no?

No mucho.

Como están las cosas, puede ser el fin del mundo.

¿Podrá mi cuñado hacer un viaje tan largo?

Tendrá que poder, "xiqueta". Aquí corremos mucho peligro.

¡Chist!

Pepita, me gustaría preguntarte una cosa.

¿Tienes novio?

Sí, estoy hablando con uno en Córdoba.

Mi información es que no.

Pues si tan bien informado estás, ¿para qué preguntas?

Para que me lo digas tú y saber si me puedo hacer ilusiones.

Hazte las ilusiones que quieras, que de ilusiones viven los ilusos.

¿Entonces? ¿"Entonces", qué?

¿Me hago ilusiones? En mi tierra no se hace así.

¿Y cómo se hace? Si el muchacho va en plan formal,

ronda a la muchacha un año o dos, y luego...

Yo no tengo tanto tiempo. Ya me gustaría a mí.

¡Chist!

Mejor que me vaya ya. Son capaces de llamar a la policía.

Deja que me lo piense, esta noche te digo.

Esta noche no vayas, ya te has arriesgado demasiado.

Pero yo quiero ver a mi cuñado. No puede ser, "xiqueta".

Tenemos que cambiar de refugio.

Díselo a Fernando, y le das las gracias por todo.

¿Se lo ofreces por mí? ¿Qué quieres que le pida?

Tú ya sabes lo que yo quiero, "xiqueta".

(SUSURRA) Espérate aquí cinco minutos antes de salir.

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

Tranquila, Hortensia.

Ya verás que en el juicio todo va a salir bien.

(LLORA) Tengo miedo por mi hijo.

Tengo miedo de que me fusilen con mi niño dentro.

¡No digas eso, mujer! ¿Cómo van a hacer eso?

Entonces, en este mundo no habría corazón, no seríamos personas.

-¿Tú crees que esa gente tiene corazón?

¿No oyes lo que pasa aquí todas las noches?

Son unos asesinos y quieren acabar con todas nosotras.

(GRITA) ¡Si no lo ves eres tonta! Cállese usted, Tomasa.

Cállese, por lo que más quiera.

Venga, vamos a dormir, que dentro de nada toca levantarse.

Anda, Reme, vamos a dormir.

Acuéstate conmigo, que tengo frío.

(HOMBRE) -La tarea de forjar la nueva España

se empieza por retirar las manzanas podridas del cesto.

Todos estos individuos no son auténticos españoles.

Son monigotes al servicio del comunismo internacional

cuyo único objetivo era destruir los valores más puros de la patria.

(ALZA LA VOZ) ¡No hay ni puede haber un lugar para ellos...

(GRITA) ...bajo el cielo de la nueva España!

(CARRASPEA)

Todos y cada uno de los hechos referidos aquí hoy

constituyen un delito de adhesión a la rebelión

según el párrafo 2 del artículo 238 del Código castrense.

Señor presidente,

lo que esta fiscalía pide para todos y cada uno de los acusados

es la pena máxima. La que se merecen.

La pena de muerte. -Tiene la palabra la Defensa.

-Con la venia del tribunal.

Esta defensa comparte plenamente el principio

de que en nuestra patria no hay lugar para los traidores,

para los que quisieron vender a la madre patria como esclava

al comunismo soviético.

No obstante, apela a la clemencia del tribunal,

solicitando que se rebaje en un grado la pena impuesta,

pidiendo para todos y cada uno de los acusados reclusión perpetua.

Se solicita especial consideración para la acusada...

Hortensia Rodríguez, en consideración a su estado,

ya que su delito, igualmente grave, no puede recaer sobre un inocente

que aún puede ser recuperado para la causa de la nueva España.

-Procedo a dar la última palabra a los acusados.

María Ferrer.

Póngase en pie.

¿Tiene algo que alegar o manifestar en su defensa?

(LLOROSA) -Con todo el respeto, señoría,

mi hija y yo no hemos participado en ninguna rebelión

y jamás hemos hecho daño a nadie.

A mí se me juzga por pertenecer a la UGT, que entonces era legal.

(GRITA) -¡Eso a estos les da igual! ¡Esto no es un juicio, es una farsa!

-¡Esta es la justicia del fascismo! -¡Silencio!

(ENFAD.) ¿Qué cojones se creen, que esto es un mitin marxista?

Se lo advertí. Llévenselos a todos a los calabozos ahora mismo.

La vista ha terminado. Este tribunal se retira a deliberar.

¡Desalojen la sala!

(Música dramática)

Los hechos constituyen un delito de adhesión a la rebelión

con arreglo al párrafo 2 del art. 238 del Código castrense

y a lo dispuesto en el decreto 10 de enero de 1937

y ley de 9 de febrero de 1939.

Por ello, fallamos que debemos condenar y condenamos

a las procesadas Isabel Puig Ferrer y María Ferrer Camins,

como autoras del delito de adhesión a la rebelión,

a la pena de muerte. (LLORAN)

-Fallamos que debemos condenar y condenamos a las procesadas

Paloma Castro Romero, Eugenia Núñez Vidal

y Rafaela Pérez Granados,

como autoras del delito de adhesión a la rebelión,

a la pena de muerte. (LLORAN)

-Fallamos que debemos condenar y condenamos a la procesada

Hortensia Rodríguez García,

como autora del delito de adhesión a la rebelión,

a la pena de muerte. No obstante, este tribunal

ha tenido en cuenta la petición de la defensa

y consideramos que la criatura que lleva en su vientre

es inocente de los crímenes de la madre.

Por tanto, la ejecución de Hortensia Rodríguez García

se pospondrá hasta después del parto,

dejándose pasar el tiempo que las autoridades de la prisión

consideren conveniente.

(Música dramática)

(SIGUE LEYENDO SENTENCIAS DE MUERTE)

(Puerta)

Me la han condenado a muerte, señorito. Me la van a matar.

¿Han dictado sentencia tan rápido, en una mañana?

Sí, señorito.

Señorito, usted tiene que conocer a gente importante.

Hable con quien sea. No tengo amigos que quieran ayudarme.

En mi situación no puedo pedir favores.

Señorito, su padre es amigo de Franco.

Fue su médico durante la guerra. Por favor, hable usted con él.

Pepita, mi padre no me escucharía. Apenas nos hablamos.

La señora dijo que él y su madre vendrían a cenar en Nochebuena.

¿Aquí, en casa?

No sabía nada de esa cena. Por favor, hable con él.

(SOLLOZA) Inténtelo.

No serviría de nada. Mi padre solo piensa en él y en su posición.

No va a señalarse ayudando a una comunista.

Enseguida le pongo el té, señora. Mi marido le dijo la verdad.

Ni él ni mi suegro pueden hacer nada por su hermana. Lo siento.

Cada uno tiene que pagar por sus crímenes.

Mi hermana no ha cometido ningún crimen, señora, se lo juro.

(LLORA) Señora...

Por nuestro señor, Jesucristo, que murió en la cruz.

Por favor, ayúdeme a que no me la maten.

Que me la castiguen con la cárcel, pero que no me la maten.

Es la única familia que me queda.

Hablaré con el señor obispo para que te reciba.

Es un hombre caritativo. Él sabrá aconsejarte.

Gracias, señora.

Levántate. El agua está hirviendo. Llévame el té al salón, por favor.

(Música triste)

(Música triste)

-¡En pie! Todas en formación.

(Himno de España a lo lejos)

¿Quién es?

Llévensela.

(Puerta)

-Su Ilustrísima ya ha hablado con D Amparo.

Está al corriente, pero hoy es imposible que las atienda.

Vuelvan mañana.

-Padre, como ya suponíamos

que Su Ilustrísima estaría ocupado, y abusando de su bondad,

le traemos esta carta, que explica el caso con todos sus datos.

-Muy bien pensado. Se lo daré en mano a Su Ilustrísima.

Quédense tranquilas. Gracias, padre.

Vamos, Pepita.

-¡Traen a Sole!

(Música dramática)

-¡Callaos!

(Golpe de porra en la verja)

(Música triste)

(HOMBRE) Acepta de una vez que las cosas han cambiado.

¿Por qué no piensas en tu familia?

¡Y en tu mujer, que encima le mataron dos hermanos!

(FERNANDO) -Papá, ella sabe cuánto siento lo de sus hermanos.

Pero no voy a cambiar mi manera de pensar.

(HOMBRE) -Y lo dices tan tranquilo.

Sin pensar en los problemas que estamos tenido por tu culpa.

-No creo que tú tengas muchos problemas.

En la delegación de abastos te va muy bien.

-Yo arriesgué mi vida por España. Ganamos la guerra.

Ahora estamos recogiendo los frutos de la victoria.

-En Intendencia, a 50 km del frente, no creo que peligrara tu vida.

-¿Qué estás queriendo decir?

(GRITA) ¿Que soy un cobarde? -¡Alberto!

Fernando, ¿ni siquiera hoy podemos tener un día en paz?

Fernando, no pienses solo en ti.

Piensa también en tu mujer. ¿No te das cuenta de lo que sufre?

-Isabel, por favor. -Ni "por favor" ni nada.

¡Te casaste con un médico, no con un contable de mierda!

Debería darte vergüenza vivir a costa de tu mujer.

-¡Gonzalo! Hijo, por favor, otros lo han hecho y no ha pasado nada.

Reconocieron sus errores y ocupan el lugar que les correspondía.

-Papá no puede seguir respondiendo por ti mucho tiempo más.

Hay gente empeñada en sacar a la luz tu historial.

-Alberto, por favor, yo no tuve nada que ver con aquello.

Lo de Paracuellos fue una desgracia, todo se descontroló.

-No, fue una masacre cometida por tus amigos comunistas.

Y tú no hiciste nada. -¿Qué iba a hacer yo?

¡Yo solo era el médico! (PADRE) ¡Se acabó, Fernando!

¡Toma una decisión!

O juras lealtad al régimen y vuelves a la medicina

o te vas de España. Aquí nos complicas la vida a todos.

Nos veremos en la misa por tus hermanos.

-Te sienta muy bien el uniforme. Gracias, señora.

Se lo arregló ella misma. -Qué bien sirve esta chica.

Gonzalo, dale un aguinaldo a Pepita, que se lo ha ganado.

-Pepita aprende rápido, es muy lista y sabe leer y escribir.

-Mira qué bien. Una muchacha muy completita, sí.

Anda, toma. D. Gonzalo, perdone el atrevimiento.

Tengo una hermana condenada a muerte.

¿Cómo se atreve? Vaya al comedor y recoja la mesa.

-Déjala que hable, por favor. Gracias, don Gonzalo.

Ella no ha hecho esos crímenes.

Se lo juro por lo más sagrado. Está embarazada.

No es cristiano que su hijo se quede sin madre.

Mi hermana se llama Hortensia Rodríguez.

He escrito una carta al Generalísimo y no sé si se la puede dar en mano.

Usted es amigo de Su Excelencia el Caudillo.

Veré lo que puedo hacer, pero no te prometo nada.

Dios le bendiga.

(AMPARO) Ve al comedor. Sí, señora.

Gonzalo, lo siento. -Tranquila, Amparo.

Pero que nadie sepa que la hermana de una comunista trabaja en tu casa.

Niña, ¿otra vez?

Deja de pellizcarte, te vas a hacer un cardenal.

Reme, alma mía, ¿qué te pasa? Reme, ¿qué te ocurre?

¡Reme! (SUSPIRA) -Nada.

Tengo un nudo aquí... -Si vas a conocer a tu primer nieto.

(LLORA) -Por eso, lo voy a poder ver y no lo voy a poder tocar.

Ni un "abracico", le voy a poder dar.

-¡Otra vez han cortado el agua!

Y saben que toda la galería se está preparando para comunicarse.

Dale una taza de las nuestras. ¡Pero bueno!

¿Qué le pasa a nuestra alegría de la huerta?

-Nada, llora de emoción porque va a conocer a su primer nieto.

-Cuando salgamos a comunicar tenemos que estar juntas.

(SUSURRA) Vas a tener una visita muy especial.

Fíjate bien en el marido de mi hija. ¿El marido de tu hija?

Pero si el marido de tu hija...

¿El marido de tu hija es quien yo me figuro que es?

¡Está loco!

-No le llames por su nombre. Ahora tiene una identidad nueva.

(SUSURRA) Se hace llamar Matías. Matías Bejarano.

(GUARDIA) ¡Todas fuera de su celda!

-¿Qué querrá esa ahora? -¡Vamos, rápido!

¡En fila de a una! (SUSURRA) -Que viene la Topete.

Ahora nos vemos. (GUARDIA) ¡Venga, rápido!

¡Salgan, salgan!

-Bajen a la galería central.

¡Vamos, rápido!

-¡Todo el mundo fuera, saliendo de las celdas!

(CANTAN EL "CARA AL SOL")

(GRITA) -¡Arriba España! (TODAS) ¡Arriba!

(GRITA) -¡Viva Franco! (TODAS) ¡Viva!

-La que faltaba, la bruja vestida de santa.

-Cállate, extremeña.

-La Navidad es la fiesta donde la familia cristiana

se reúne para celebrar el nacimiento de Dios hecho hombre.

Celebramos que Jesús vino al mundo para redimirnos,

para reabrir las puertas del paraíso,

que estaban cerradas desde el pecado original.

En la misa de esta mañana muchas han rechazado la eucaristía.

No entienden que el culto religioso forma parte de vuestra reeducación.

Lo que han hecho es un insulto a Jesús en el día de su nacimiento.

Pues muy bien. Para desagraviarle,

todas le van a dar un beso en su piececito

como señal de amor y sumisión.

Quien no lo haga se queda sin comunicación durante un mes.

-Nunca. (SUSPIRAN SOBRESALTADAS)

No pueden obligarnos. Hortensia, por el amor de Dios.

Bésalo o te quedas sin comunicar. ¡Que no puedo!

¡Silencio! ¡No quiero oír ni una mosca!

-Que yo quiero ver a mi crío. Y a mi "nietecico".

Tú no te preocupes, Reme. Tú haz lo que quieras.

(Sopapo)

Yo no puedo.

¿Qué haces?

El reglamento no dice nada de besar imágenes.

-¡Si tú eres una analfabeta, desgraciada!

¿Qué vas a saber tú qué dice el reglamento?

-No soy creyente y no le besuqueo el pie a ningún muñeco.

(SUSPIRAN SOBRESALTADAS)

-¿Cómo dices que el niño Dios es un muñeco?

¡Vas a besarle el pie, te lo ordeno!

¡Escoria roja, sacrílega, no mereces ni el aire que respiras!

¡Va a aprender a respetar! (TODAS) ¡Oh!

(ENFURECIDA) ¡Puta!

¡Vas a arder en el infierno eternamente!

¡Con todas las de tu calaña! ¡Llévensela de aquí!

¡Quiten a este demonio de mi vista!

¡Todas ustedes son basura! ¡No hay redención posible!

En este país no habrá paz ni Dios nos perdonará

hasta que todos los rojos estén en la cárcel... o muertos.

(JADEA)

(GUARDIA) -¡En formación y en silencio!

¡Quien hable, hoy se queda sin comunicar!

(TOSE)

¿Qué le pasa, no se encuentra bien? Sí, hija, estoy bien.

El frío, que se mete dentro y no hay forma de echarlo.

Los años, la vejez... Hola, Pepita.

Te presento a mi marido, Matías Bejarano.

(SUSURRA) Hola, cuñadita. ¿Tú qué haces aquí? ¿Estás loco?

Tengo que ver a la Tensi. Necesito verla.

Te pueden coger y matarte. ¡Que me da igual!

Callaos ya, que vais a llamar la atención.

Este es mi marido y viene conmigo. Si pasa algo, largo, no te metas.

¿Has entendido?

Perdón. -¿Sí?

-¿Les importa que nos pongamos con ella? Debemos entrar juntos.

-Sí, mujer, sí. -Gracias.

-¡Vamos, vayan pasando!

(Bullicio)

¡Tensi, aquí!

Mi amor, qué alegría verte.

¡Estás loco, chiquillo! Loco de pensar que estás aquí.

No te oigo.

Tensi, el padre de don Fernando va hablar con Franco de ti.

Gracias, hermana.

Tensi, ¿estás bien? ¿Y la criaturita, cómo está?

Bien, no para de moverse y de dar patadas.

Yo quiero que sea una niña, y le ponemos Tensi.

Si tú quieres que sea una niña, será una niña.

Que todavía no salga, no quiero. Vendrá cuando tenga que venir.

Será la niña más bonita del mundo y no va a pasar nada.

Qué bonita eres, hermana.

Mi amor, quiero que sepas que te quiero con toda mi alma.

No dejo de pensar en ti. Ni yo en ti, mi vida.

Ya lo sé, mi amor, pero si a mí me pasa algo, tienes que ser fuerte.

Y cuidar de nuestro hijo. No digas eso, no pasará nada.

A estos cabrones los echamos... ¡y todos libres!

¡Chist! ¿Estás loco?

Tensi, en el paquete va el vestido que te he hecho.

Es de flores de colores, para que te dé alegría y suerte.

(Timbre)

(GUARDIA) -¡Se acabó, todos en fila de a uno!

¿Ya nos tenemos que ir? ¡Si no ha dado tiempo de nada!

¡Deja de llamar la atención! ¡Vamos, se ha acabado el tiempo!

Te voy hacer otro vestido para después del parto.

Yo me voy hacer otro de colores para quitarme el luto de una vez.

¡Vamos, rápido!

Adiós, mi amor. ¡Todas a las celdas!

(Bullicio)

-Vamos, ya hemos tentado demasiado a la suerte.

Madre mía, ¿este qué hace aquí?

Al final me vais a matar de un susto.

¿Cómo está? Bien, mejor que yo.

Es más valiente. ¿Dejamos los detalles?

(SUSURRA) Hay que irse cuanto antes.

¿Adónde vas? A casa de doña Celia.

¿Te acompaño? Si quieres...

Nos están esperando. Solo hasta la parada del autobús.

(SUSURRA) No es prudente. La pones en peligro.

Nadie va a desconfiar de una pareja paseando el día de Navidad.

¿A qué sí, "xiqueta"? Por cinco minutos no pasa nada.

Cada vez que pueda, te enviaré dinero y cartas para la Tensi.

Quédate tranquilo, yo cuido de ella. Si este se sobrepasa, me lo dices.

Le voy a enseñar yo a respetarte. Id a por el coche.

Recogedme en la parada.

Vamos.

Te has puesto seria. ¿Te ha molestado alguna cosa?

Yo no puedo vivir con tanto susto.

Encima, desaparecen y no escriben para decir si están bien.

¿Qué pasa, el partido es más importante que las personas?

No, "xiqueta", pero la policía tiene infiltrados en el partido.

Tenemos que cambiar de escondite constantemente.

Por eso no he podido venir a verte. Escribirte una carta es peligroso.

Ya no me fío de nadie. ¿Ni de María?

Con María contactamos anoche para ver a la Tensi.

Ella también tiene sus problemas.

Su marido también está con la pena de muerte.

Me pediste una contestación. ¿Te la doy o ya no te interesa?

Claro que me interesa,

pero antes quiero hablarte de algo muy importante.

Si después no quieres saber nada de mí, lo entenderé.

Tú dirás. Que soy comunista ya lo sabes.

Pero quiero que sepas que estoy a las órdenes del partido.

No voy a abandonar nunca la lucha.

¿Eso es todo lo que me tienes que decir?

(COHIBIDO) Sí. Pues vaya novedad.

Estaba figurando que estabas casado y tenías un chiquillo.

Qué cosas tienes, "xiqueta". ¡A ver!

Como andas por la guerra con unas y otras...

Esto es mucho más serio, yo soy un huido.

En cualquier momento pueden cogerme y meterme en la cárcel.

Pueden matarme, ¿me entiendes? ¿Qué hay que comprender?

Quien comparta mi suerte debe saber que la suya puede ser negra.

Ya lo sabía.

Mi padre decía que la política es una araña que siempre te atrapa.

No, la política no es una araña.

Las personas nos convertimos en alimañas.

Acabamos devorando a nuestros semejantes.

La política tendría que existir para que esto no pasara.

Seguro que tú tienes razón,

pero vas a soltarme un discurso, ¿no?

No, no había venido por eso.

Por una vez estamos de acuerdo.

Me tengo que ir. ¿No quieres mi respuesta ahora?

Por favor, "xiqueta", piénsatelo bien.

¿Quieres mi respuesta, sí o no? Es lo que más deseo en el mundo.

Pues ven, que se fastidie el partido por una vez.

Venga, pregúntamelo otra vez. "Xiqueta", ha llegado el autobús.

Da igual, puedo coger el siguiente. Dime.

Yo no sé si es justo pedírtelo. (IMPACIENTE) ¡Venga!

¿Quieres ser mi novia?

Por favor, "xiqueta", piensa bien en lo que te he dicho.

Yo no tengo miedo por mí,

pero una sola lágrima tuya me partiría el corazón.

Si no querías que me enamorara de ti,

no me hagas lo que me estás haciendo.

¿Qué te estoy haciendo? Mirarme como me miras.

Hablarme como me hablas.

No puedo evitarlo.

Y yo ya no puedo evitar... el quererte.

(Música tierna)

(GRITA DE DOLOR) ¡Bien!

-Empuja, que ya le toco la cabecita.

-¡Hortensia, empuje, que ya falta poco!

(JADEA) Sra. Mercedes...

Que se lo den a mi hermana, que no se lo lleven a la inclusa.

Por Dios, no pienses ahora en eso. ¡Empuje, Hortensia!

-Empuja, mujer, que ya ha salido la cabecita.

(GRITA DE DOLOR) Sra. Mercedes...

Que se lo den a mi hermana. Sí.

(GRITA DE DOLOR) ¡Empuje más, que ya está aquí!

-¡Una niña! -¡Una cría, una bendita!

-Corte ahí con la tijera. Niña, lo que quería mi marido.

(EL BEBÉ LLORA) (ELLAS RÍEN)

-¡Ay, Dios mío! ¿Está bien, Reme?

Sí, sangre mía, está bien. ¡Y tiene unos deditos!

Va a ser más "bonica" que la madre.

(EL BEBÉ LLORA)

¡Qué cosita más bonita!

Señora, ¿puedo ir a por las cosas de la cría y la ropa de la madre?

-Niña, vete a la cocina y que te den leche y comida para la madre.

Que recupere fuerzas.

Y para mí un café solo. Bueno, dile que es para el doctor.

-Sí, doctor, lo que usted mande.

Con su permiso, señora. -Sí, vaya.

-¿Cómo se va a llamar? Tensi.

Su padre quiere que se llame Tensi. ¿Con qué nombre la va a bautizar?

Yo no la voy a bautizar, no soy creyente.

Dígame el nombre completo para el registro.

Hortensia Vargas Rodríguez.

Que usted no sea creyente da igual.

Bautícela y le evitará muchos problemas a su hija.

Es un consejo que le doy.

-¿Me la deja? La voy a lavar antes de que se enfríe el agua.

La lavo y se la traigo enseguida para que le dé el pecho.

(EL BEBÉ LLORA) (CALMÁNDOLO) Chis.

(EL BEBÉ LLORA)

(Música de tensión)

¡Hermana! ¡Tensi!

No la veo, pobrecita. ¿Qué dices?

Es chiquitita, pero muy bonita. Tiene los ojos claros, como tú.

Te he conseguido leche en polvo. Muchas gracias, hermana.

Mira qué bonito me queda.

Tienes unas manos de oro.

Qué bonita estás, Tensi.

Mañana me cambian al pabellón de las madres.

Pregunta en la puerta cuándo son los horarios de visita.

Hermana, necesito que me hagas un favor.

¿Qué te hace falta? Quiero que busques a tu cuñado.

¡Ay, Tensi! Yo no sé dónde paran.

Desde Navidades no sé nada ni de él ni de su amigo.

Pepi, encuéntralo. Dile que no se quede en Madrid.

Que se vaya a Francia.

Que no se quede también sin padre. No te va a pasar nada, ya lo verás.

Tú vas a salir de aquí...

y la criarás.

(LLORA) Lo vas a ver. Pepi, escúchame.

Le dices al Paulino que se vaya también.

Aunque te duela separarte de él. Desde luego, para no verlo...

...que se vaya.

Ay, Pepi, qué mal momento para echarte novio, hija.

¿Qué voy a hacer, hermana? Esas cosas no las elige una.

El Paulino me gusta mucho para ti. Yo no sé, Tensi, no soy de su clase.

Se le ve estudiado y de buena familia.

¿Y eso qué más da? Para nosotros somos todos iguales.

Es muy buen camarada y el mejor hombre que he conocido.

Quitando a mi Felipe, claro está. Pero mi Paulino es más guapo.

Y Felipe es más hombre.

(CANTA FLAMENCO) "Ay, mi niña morenita,

no te asustes con mi pena..."

(AMBAS) "...que las lágrimas que corren

riegan a la hierbabuena".

"Duerme, mi niña, duerme.

La Luna te mira, tu hermana te quiere".

(SUSURRA) ¿Tú estás loca? Pasa, venga.

¿Qué haces aquí?

Discúlpeme, doña María, necesito ver a mi cuñado ya su compañero.

No sé nada de ellos. No me mienta, doña María.

Tengo que verlos. (SUSURRA) No te miento.

¡Tienen que venir a salvar a mi Tensi!

(SOLLOZA) No me mienta. No te miento.

(LLORA) Me voy a volver loca.

¿Qué va hacer ahora el partido por mi hermana?

El partido no puede hacer nada.

Hay más de 3.000 camaradas con la pena de muerte en Madrid.

(EMOCIONADA) A mí me han fusilado a dos hijos. Y a un sobrino.

Mi marido está desaparecido.

No puedo quedarme de brazos cruzados.

Yo lo intenté todo.

Lo único que conseguí fue una paliza en Gobernación.

Y seis meses presa. Mi consejo es que no llames la atención.

O acabarás mal.

Entonces, ¿quién va a ayudar a tu hermana y a tu sobrina?

-Pase. -Con su permiso, hermana.

-Traigo a una nueva.

-¿La que no quiere bautizar a su hija?

Muy bien, deje las cosas ahí. Gracias, Florencia.

-De nada, hermana. Venga, saliendo, vamos.

Cuidad de la Tomasa.

Llevadle medicinas, ¿eh? Menos besuqueos y fuera.

(SECA) -Al fondo hay una cama libre. Ocúpala.

(Llanto)

Don Javier, ¿ha habido saca? Sí, hija, han fusilado cinco.

¿Sabe usted quiénes? No, lo siento, no lo sé.

Tendríamos que buscar la forma... ¿Le importaría que pase?

¿Le importaría dejarme pasar?

Siguiente.

Hortensia Rodríguez, del pabellón de madres.

¿Entrega y parentesco? Josefa Rodríguez, su hermana.

Un momento.

Sí, está aquí.

Dame el paquete. Hermana, ¿sabe usted cuándo...?

¿Cuándo? Cuándo la sacan.

Es por la pobrecita de mi sobrina. Ya sabe que eso no se pregunta.

¿Se lo voy a tener que decir todos los días?

No, hermana. Pues no me pregunte más.

Disculpe y gracias, hermana. Siguiente.

-¡Pepita!

-¿Es la hermana de Hortensia Rodríguez García?

Sí, ¿ocurre algo? Venga.

¿Adónde? ¡A callar!

A ver si te voy a tener que romper la boca, ¿eh?

Adentro.

(Música ominosa)

-Mira esta foto.

Esta eres tú y está tu hermana. ¿Cierto?

Sí, señor comisario.

¿Sabes por qué tengo esta foto? No, señor comisario.

La llevaba un hijo de puta que se llama el Cordobés.

¿Te suena? No, señor comisario.

¿No conoces al marido de tu hermana?

Sí, pero el marido de mi hermana se llamaba Felipe Vargas Caballero

y le decíamos Flaco. ¿"Se llamaba"?

¿Cuándo lo viste por última vez? Hace mucho, después de la guerra.

Luego me dijeron que lo habían matado en Madrid, en la sierra.

Entonces, ¿de quién es el hijo que ha parido?

Ni lo sé ni se lo he querido preguntar, señor comisario.

Mírale. ¡Que le mires, coño!

Mírale.

¿Es el marido de tu hermana? ¡Sí, soy su cuñado, cabrones!

(LLORA)

¿Cuándo fue la última vez que os visteis?

Ya se lo he dicho antes, no lo veo desde después de la guerra.

Pensaba que estaba muerto. (GRITA) ¿Dónde lo viste?

En Córdoba.

No le peguen más, que lo van a matar.

¿Dónde lo viste por última vez? En Córdoba.

¿Conoces a uno al que le dicen el Chaqueta Negra?

No, señor comisario, no había oído nunca mentar ese nombre.

Mira, voy a ser muy clarito.

Si colaboras, en media hora estarás en tu casita.

Si no colaboras, te encierro aquí hasta que se te caiga el pelo.

¿He sido claro?

Si yo he colaborado, señor comisario, se lo juro.

¿Quién de esos dos es el Chaqueta Negra?

Yo no conozco a nadie, señor...

Muchachita, me parece que no has entendido nada.

-La herida de tu cuñado se la tuvo que curar un médico.

¿Quién fue?

Yo a mi cuñado no lo veo desde después de la guerra.

Ya me tienes hasta los cojones, putita.

Dame las pinzas.

¡Se lo juro, yo no sé nada!

¡Que no sé nada!

¡Se lo juro!

¡Que yo no sé nada! Última vez que te lo pregunto.

¿Cuál de esos es el Chaqueta Negra?

(LLORA)

(GRITA) ¿Eh?

¿Estás pensando?

Pues piensa rápido.

(GRITA DE DOLOR)

Después de esta medicina, no vas a poder pensar en tu puta vida.

(GRITA DE DOLOR)

Con perdón. Abajo hay una señora que quiere hablar con usted.

-Con permiso.

-Dale la ropa para que se vista. -No, démela a mí.

Y déjenos solos. -Mi general...

Sáquela por la puerta de atrás, yo les llamaré un taxi.

-Gracias, comisario. -De nada, mi general.

Aquí me tiene para lo que usted ordene.

Don Gonzalo...

¿Has mencionado el nombre de mi hijo? No he dicho el nombre de nadie.

¿Seguro que no has dicho el nombre de mi hijo?

Se lo juro por la memoria de mi padre, don Gonzalo.

Te voy a advertir una cosa.

Como menciones a mi hijo una sola vez en tu puta vida,

yo mismo voy a venir a buscarte y te voy a pegar un tiro.

¿Te estás enterando?

No quiero volverte a ver en su casa nunca más.

(CON RABIA) ¿Te queda claro? (LLORA) Lo que usted mande.

Vístete.

Don Gonzalo...

Usted me dijo que haría lo posible por ayudar a mi hermana.

A tu hermana solo la pueden salvar el Generalísimo o Dios.

No pienso molestar a ninguno de los dos.

Don Gonzalo, pero Ud. me dijo... (GRITA) ¡Que te calles, coño!

¡Date prisa, que ya ha perdido bastante tiempo!

(Música de tensión)

(GRITA DE DOLOR)

¿Eres tú el Chaqueta Negra?

Cordobés... (EMITE UN ESTERTOR)

Cordobés...

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

¡Tensi! ¿Qué te han hecho?

Nada, que el otro día me llevaron para Gobernación.

Ay, Dios mío, ¿qué te hicieron? Que como soy tu hermana,

querían saber si...

Si conocía a esos, pero yo no dije nada.

¡Qué hijos de puta! No te debería haber metido en esto.

Tampoco fue para tanto. Déjame ver a la niña.

Qué cosa más bonita, Dios mío. Qué bonita es.

¿Tú cómo estás? Yo estoy bien.

¿Sabes algo de don Gonzalo?

No, pero doña Amparo dice que esta semana iba a ver a Franco.

Tú no me lo estás contando todo. No me estás diciendo la verdad.

¿De verdad que estás bien? Que sí, me soltaron. Ya está.

¿Y tu cuñado? Eso te quería decir.

(DISIMULA) Eso yo te quería comentar.

Ayer, por fin, se fueron para Francia los dos.

Por eso también estoy así, porque no lo voy a volver a ver.

Hermana, voy a pedir que te entreguen a la niña.

Si se me queda aquí me puede enfermar de algo malo.

Claro, en casa de la Sra. Celia ya tiene preparada la cunita.

Hermana, quiero que mi hija sepa todo esto.

Lo sabrá porque tú se lo vas a contar, Tensi.

Dale los cuadernos para que sepa cómo era su madre y por qué luchó.

Cuando veas a su padre, le dices que se busque a otra mujer.

Tensi, no digas eso. Ni lo pienses.

Una buena mujer que lo quiera como yo lo he querido.

Y que quiera a nuestra hija. Yo no pienso decirle nada de eso.

Tensi, ¿por qué no hablas con las monjas?

Ellas te pueden ayudar. Si les dices que te arrepientes y pides perdón...

¿"Perdón"? ¿Perdón por qué?

Yo no he hecho nada para tener que pedir perdón.

Ellos tienen que pedirlo. ¡Tensi, no seas cabezona, hija!

Si ellas piden clemencia...

¡Tensi, tienes que vivir! Hazlo por tu hija.

No seas ingenua, hermana. Ellos no quieren arrepentidos.

Tensi, ¿qué trabajo te cuesta? ¡Que no me pidas eso, Pepi!

Si me vas a pedir eso, prefiero que no vengas más.

(Timbre)

(GUARDIA) ¡Saliendo en orden y en silencio!

-¡Se acabó! -¡En fila de a uno!

(Música dramática)

-Vayan saliendo. ¡Que no te la quiten, hermana!

¡Que no se la lleven a la inclusa!

¡Por lo que más quieras!

Te quiero, hermana.

Ay. -Por ahora no puedo hacer más.

Espero que la infección se pare.

Hablaré con la hermana para que la deje salir al patio.

-Gracias, doctor.

-Avíseme si empeora.

-Tomasa, no te enfrentes más a las funcionarias.

-Venga, bonita.

Come una miaja. -No tengo hambre.

-Si es que tienes que comer. No te puedes abandonar así.

-Vámonos, se acabó mi turno y estoy loca por irme a mi casa.

-Un "segundico", señora, le voy a dejar algo para que coma.

(SUSURRA) Tienes que resistir. -Vengo a por las internas.

-¡Tienen que irse!

-Deja que terminen. Vete tú, ya me encargo yo de cerrar.

-Como quieras.

-Te he traído el vestido de la madre de Elvirita

y la toquilla para que te cambies.

(APENADA) -Esta noche sacan a Hortensia.

-¿Está segura?

¿Cómo lo sabe?

-Acabo de ver la orden.

-Hay que avisar a la hermana a que venga a por la niña.

-Mi hija viene al mediodía a traerme un paquete.

Podría usted decírselo. Ella sabría cómo localizarla.

(Timbre)

(SUSURRA) -¡Doña Celia!

(Toques)

¡Pepita!

(Toques)

¡Pepita, soy Amalia!

Buenas.

(LEE) "Las presas que tenemos hijos

vivimos las situaciones más crueles y dolorosas de toda la prisión.

No hay cosa más terrible que ver morir a nuestros hijos

y no poder hacer nada por evitarlo". ¡Agua, viene una funcionaria!

(CONTENTA) ¡Pero bueno! "Cucha" quién ha venido a vernos.

Perdonadme, es que tengo visita.

Mira, las titas.

Hola, Reme. Que "cosica" más bonita.

¿Cómo estáis? ¿Y mi ángel?

Venga, a sentarse. ¿Cómo estáis? ¿Habéis visto qué guapa?

¿Qué os pasa?

¿Le ha ocurrido algo a la Tomasa? Tomasa está bien.

Te manda muchos besos para ti y para la niña.

Entonces, ¿qué pasa, Sole?

Han dicho algo.

(SOLLOZA) Esta noche.

Mi niña.

Mi niña se va a quedar sin su madre.

(SOLLOZA) Mi tesoro.

Hay que avisar a mi hermana, que venga a por la niña.

Que no se la lleven a un orfanato ni se la den a nadie.

Ya le hemos enviado recado con mi hija.

Ay, mi hermana.

(LLORA) Mi hermana, pobrecita mía, lo que va a sufrir.

Que no se queden con la niña, Sole, por Dios.

La nueva me ha prometido que no se la llevan.

Ella misma se va a encargar de entregársela a tu hermana.

Sole...

Esta carta le hemos escrito un grupo de madres.

Tiene que llegar al partido en Francia.

Todo el mundo debe saber lo que pasa aquí con los niños.

No llores, niña.

No llores, hay que ser fuerte.

Entereza y resistencia.

Es el mejor homenaje que me podéis hacer.

Y yo voy a aprender a leer y escribir, Hortensia. Te lo juro.

Qué bonita eres.

Sra. Celia, ¿puedo pasar?

Entra.

No puedo dormir.

Tengo un nudo en el estómago que no me deja respirar.

¿Qué te pasa?

La Tensi se ha enfadado conmigo. ¿Por qué?

Porque le dije que pidiera perdón.

Pedir perdón no le va a servir de nada.

Pero Sra. Celia, podría intentarlo.

Así ganaría unos meses. Las cosas pueden cambiar.

Pepita, las cosas no van a cambiar en unos meses.

Acuéstate, que te vas a enfriar.

Sra. Celia.

¿Sí?

Si a mi hermana, que Dios no lo quiera...

Si a mi hermana... Me gustaría irme a Córdoba con la niña

y llevarme a mi hermana para enterrarla con mi padre.

¡Él la quería tanto!

No podrá ser.

No podrás llevarte a tu hermana. ¿Por qué no?

Porque en esta nueva España tus muertos ya no te pertenecen.

No podrás encargar una misa ni habrá responsos por tus muertos.

Rezarás, pero sin que nadie sepa por quién rezas.

Llorarás, pero a escondidas. En tu casa, sin que nadie te vea.

Lo único que no podrán quitarte es su recuerdo.

Y el dolor de su ausencia.

(Pasos)

(Ruido)

(Pasos)

(EL BEBÉ LLORA)

Mi niña.

Ya llegó la hora.

Perdóname, hija mía.

Por mi culpa no tendrás una madre que te quiera y te proteja.

Pero vas a tener a tu padre, que te va a querer mucho.

Qué poco me han dejado disfrutar de ti.

(Puerta)

(SUSURRA) No llores.

Ayúdame a ser fuerte. Vayan a buscarla.

No quiero que me vean llorar. No les quiero dar el gusto.

Hortensia Rodríguez García, coja a su hija y sus cosas.

Dese prisa, no tenemos toda la noche.

Déjeme tranquila.

¿No ve que me estoy poniendo mi propia mortaja?

(SUSPIRA)

Mis cosas.

Vámonos.

(Puerta)

(MUJER LLORA)

-Cojan a la niña. Necesito hablar con la madre.

Entregue la niña por las buenas o se la quitaremos por las malas.

-Hortensia, déjemela, yo la cuidaré.

Por favor.

-Salga y espere fuera.

Muchacha, en unas horas estarás sola frente a la muerte.

¿No crees que ya no es momento para el orgullo?

Ha llegado la hora de ponerte en paz con Dios.

Mi conciencia está muy tranquila. Tu soberbia te ciega.

Te estoy ofreciendo salvarte de la condenación eterna.

¿Sabes qué es?

Sí, un cuento para que los pobres estemos conformes y callados.

El virus del comunismo te ha corrompido hasta lo más profundo.

Ya veo que contigo no hay posibilidad de arrepentimiento.

No tengo de qué arrepentirme. Está bien, Hortensia.

Si quieres condenar tu alma, allá tú. Salva al menos la de tu hija.

Pídele el bautismo.

Para mi hija pido una España libre de curas y de caudillos.

(ENRABIADO) Dios sabrá darte el castigo que te mereces.

Está bien, nos veremos frente al pelotón de ejecución.

Veremos si ahí sigues siendo tan soberbia.

(EL BEBÉ LLORA)

(EL BEBÉ LLORA A LO LEJOS)

(EL BEBÉ LLORA A LO LEJOS)

-¡Menuda tiene la pobre! Se la oye desde el cuarto de guardias.

-Florencia, el relevo.

Déjame a la niña, anda. ¿Me la dejas un rato?

¡Ay, qué hambre tiene! ¿Verdad?

Si alguna quiere descansar, le hago el relevo.

-Vete tú, Florencia, si quieres. A mí no me importa quedarme.

-¿Seguro? -Seguro.

-Bueno, por mí encantada.

Ten cuidado con esa. Le han quitado a su cachorro y esta rabiosa.

-Si Dios me hubiese premiado con un regalo como este,

ni la política ni nadie me harían renunciar a ella.

Las comunistas no saben querer a sus hijos como nosotras.

-No digas eso. Claro que ella quiere a su hija.

-¡Si no ha dejado que la bauticen!

Mírala, ni una lágrima ha derramado por su hija.

-Hay muchas formas de llorar, Conchita.

Conchita, esta niña es una criatura inocente sin culpa de nada.

Necesita comer. -Mercedes, no me pidas eso.

Que nos echan a la calle. -Nadie se va a enterar.

Ella no va a hablar. ¿Es cristiano privar a esta inocente

de la leche de su madre por última vez?

El Señor nos enseñó a perdonar

y a tener piedad con nuestros enemigos.

Conchita, a esa desgraciada le quedan pocas horas de vida.

Dejémosla que esté solo cinco minutos con su hija.

Hazlo por mí, Conchita. Yo sabré recompensarte.

Chist.

(Puerta)

-Mercedes, cinco minutos.

-Tenga, no sé cuánto tiempo podrá.

(EL BEBÉ LLORA)

¿Le duele?

Esto no es dolor. Esto es la vida misma.

¿Está usted casada?

Soy viuda.

Mi marido murió en la guerra.

¿Tiene usted hijos? Dos.

Bueno, tres.

Al mayor también me lo mataron en la guerra.

Acababa de cumplir 21 años.

En la Guerra murió mucha gente que no debiera haber muerto.

A mí eso no me consuela.

Sra. Mercedes, la guerra no la empezamos nosotros.

Eso ya da igual. No, no da igual.

La guerra nunca tenía que haber ocurrido.

(EL BEBÉ SE QUEJA)

(CHASQUEA LA LENGUA PARA CALMARLO)

¿Usted por qué se hizo funcionaria?

No tiene usted madera para este trabajo.

Me lo consiguió mi hermano.

Es la ventaja de ser madre y esposa de mártires.

El sueldo de maestra no daba para mantener a dos hijos.

¿Era usted maestra? Sí.

A mí me hubiese gustado mucho ser maestra.

Enseñar tiene que ser lo más bonito del mundo, ¿verdad?

Lo es.

(EL BEBÉ SE QUEJA)

(CANTA FLAMENCO) "Ay, mi niña morenita,

no te asustes con mi pena,

que las lágrimas que corren

riegan a la hierbabuena.

Duerme, mi niña, duerme.

La Luna te mira,

tu madre te quiere".

(Música triste)

(Pasos)

(Puerta)

Mercedes, coge la niña y vamos para fuera, que ya vienen.

Por el amor que le tiene a sus hijos,

júreme que se la entregará a mi hermana.

Te prometo que haré todo lo que esté en mi mano.

Conchita, por favor, hazte cargo de la bolsa.

(Pasos)

(Música dramática)

-¡Vamos!

-Es tu última oportunidad, Hortensia.

Pide que bauticen a tu hija.

(Percusión marcial)

(TODAS GRITAN) ¡Hortensia!

-¡Te queremos! -¡Adiós, tesoro!

-¡Asesinos!

(Gritos y lamentos)

-¡Adiós, mi niña!

¡No tengas miedo!

(Música dramática)

(Motor en marcha)

(Música dramática)

(HOMBRE) ¡Vamos, padre, acabe, se hace tarde!

¡Pelotón, carguen armas!

(HOMBRE) ¡Fascista, asesino!

-¡Apunten! -¡Viva la libertad!

¡Abajo el fascismo! (GRITA) ¡Viva la República!

¡Fuego!

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(Disparo)

(GUARDIA) ¡Vamos, en silencio! ¡En fila!

-La primera.

-Para Inés Vidal, en el pabellón de menores.

-¿Quién entrega y parentesco? -Ángeles Bravo, su madre.

-Siguiente.

Para Hortensia Rodríguez, pabellón de madres.

Espérese ahí un momento.

¿Por qué? ¿Qué pasa, hermana? ¡Que se espere, le he dicho!

Hermana, hágase cargo.

-Siguiente.

-¿Es usted Josefa Rodríguez? Sí, señora.

Está dormidita, hace un ratito le di un poco de leche y la cambié.

Entonces, ¿me la puedo llevar?

Sí, pero antes tiene que firmar que le ha sido entregada.

Tenga.

Firme aquí.

¿Podría entregarle este paquete a alguna de sus compañeras?

Claro. ¿Tiene fuerzas? ¿Quiere que alguien le ayude?

Puede irse.

Las cosas de su hermana, tenga.

(SOLLOZA) ¿Sufrió? ¿Sufrió mi hermana?

No piense ya en eso. Ahora ya está descansando.

Ande, váyase.

-¡Un momento!

El certificado de bautismo. La hemos bautizado esta mañana.

La Sra. Mercedes ha sido la madrina. Que no se pierda.

-Adiós y suerte.

Gracias, suerte para usted.

(LLORA)

(CANTA) "El día que yo te falte

y ya no pueda acunarte,

tendrás dos ojos azules

y un corazón para amarte.

Duerme, niña, duerme.

La Luna te mira, tu madre te quiere".

(MUJER) "Mi tía Pepita, que también es mi madre,

decía que el dolor de las guerras debe acabarse cuando estas acaban,

pero no fue así.

La nueva España de Franco se llenó de silencio y de luto.

También de espera.

Mi tía Pepita aprendió a vivir en la espera.

Jaime Salas, Paulino González, fue condenado a 30 años y un día.

Se salvó de la pena de muerte.

Nunca pudieron demostrar que era el Chaqueta Negra.

Quizá fue la suerte o quizá, por primera vez,

las plegarias de mi tía fueron escuchadas.

Ella le prometió que le esperaría el tiempo que fuese necesario.

19 años le estuvo esperando.

Solo le permitieron verle una vez al año y una carta cada 15 días.

Con mi tío Jaime salió de la cárcel lo primero que hicieron fue casarse.

Esa misma noche cogieron el tren nocturno en dirección a Córdoba.

Mi tía cumplía otro deseo largamente postergado

volver a su casita de Córdoba.

Ella tenía 39 años y el novio apenas la había besado tres veces.

Yo me quedé en Madrid para llevar flores a la tumba de mi madre

y para cumplir una promesa que me hice a mí misma:

encontrar el cadáver de mi padre y enterrarlos juntos

para que juntos estuviesen en la eternidad de los enamorados.

Cada vez que veo las fotos de mi madre y mi tía,

que también es mi madre, sonrientes y felices antes de la guerra,

es cuando más lloro de dolor y rabia,

porque aquella maldita guerra y todo lo que vino después

nunca debió de haber ocurrido".

(CANTA) "Duerme, mi niña, duerme,

la Luna te mira,

tu hermana te quiere".

Cine en TVE - La voz dormida

01 dic 2019

Madrid, 1940. Pepita, una joven cordobesa, llega a la capital para estar cerca de su hermana Hortensia, embarazada de siete meses y encarcelada por el régimen franquista. Hortensia es juzgada y condenada a muerte.

Contenido disponible hasta el 16 de diciembre de 2019.

Histórico de emisiones:
09/02/2014
10/11/2018

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