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Para todos los públicos Verano Azul - Capítulo 3: "Pancho Panza" - ver ahora
Transcripción completa

-¡Piraña! -¡Chis!

Jo, macho, así no hay manera.

Mira a ese. Ahora que ya la ha espantado, pamemas.

-¿Cuántas habéis cazado?

-Si hubieras traído la escopeta, ya tendríamos tres, seguro.

Macho, es que tú eres un salvaje.

No sé para qué quieres lagartijas destripadas.

Pues anda, que con el sistema este de la pajita,

ni vivas ni muertas.

Para mí, que esto no funciona.

Perdona si te ofendo con mi desconfianza.

¿Qué dices, "chalao"?

No habré cazado lagartijas con esto, hombre.

Verás, venid.

Y miradlo, ¿eh?

Es por las ventanas.

¡Eh, eh, eh! Mirad.

Ya. ¡La cazó!

¡Eres fenómeno, Pancho! Es más fácil que el mear.

Toma, Tito.

Métesela a Bea esta noche en la cama y verás qué susto se pega.

-No hacen falta bichos para asustar a mi hermana.

Se asusta sola.

Esta mañana se despertó pidiendo socorro.

¿Y por qué?

¿Y qué le doy de comer a la lagartija?

No, di, ¿por qué pedía socorro Bea?

Porque la perseguían unos cuatreros por la playa.

-Cuatreros. Serían piratas, macho.

Nunca he visto cuatreros en una playa.

Los cuatreros son ladrones de ganado.

-Pues ella dijo que eran cuatreros. Que tenían cuchillos.

-No te digo... ¿Y la pillaron? -La primera vez, sí.

Y por eso daba gritos. -¿La primera vez?

¿Es que tu hermana sueña con moviolas?

(RÍE) La segunda vez, no.

No se despertó porque la salvó el jinete enmascarado.

Y dice que se lo pasó muy bien.

-Pues anda, que lo de tu hermana no es un sueño, es un tebeo.

Oye, Tito, ¿y qué más te contó Bea?

A mí no me contó nada.

Cuando la capturaron los bandidos, se lo estaba contando a mi madre.

Y cuando la salvó el jinete enmascarado,

se lo estaba contando a Desita.

¿Quién es ese jinete enmascarado? ¿Lo dijo?

Qué va. Dice que apareció cuando ella escapaba por la playa.

Y que venía montado en un caballo grande,

blanco, la subió al caballo, escaparon los dos

y dice que se lo pasó muy bien.

-Lo que yo digo, de película.

Se tira el pegote con la Desi.

Eh, Pancho, ¿te vas?

Sí, tíos, tengo que marcharme.

Pero falta mi lagartija. Dijiste que una para cada uno.

Mañana, ¿vale? Es que tengo una cosa que hacer.

Y no me acordaba.

Como ese no ha cazado más que una, la lagartija es de los dos.

-Qué va, esta es mía. Me la ha regalado Pancho.

La voy a criar.

-¿Tú? ¿Sin mi colaboración?

¡Pobre bicho!

¿Qué le vas a dar de comer?

-Moscas y hormigas.

-¡Bah! Así no crecerá nada.

Para que se haga gigante tienes que darle leche y mortadela.

-¿Mortadela?

-Es lo que más les gusta a las lagartijas.

Venga, vamos a comprar un bocata de mortadela.

-¿Para esta un bocata entero?

-¡Para nosotros, memo!

A esta le damos unas migas y en paz.

-¿Qué le pasa a Pancho?

¿Por qué se habrá ido?

-Pancho está "pirao".

-¿"Pirao"? ¿"Pirao" por qué?

-"Pirao" por tu hermana, idiota. ¿Es que aún no te has dado cuenta?

Cada vez que oye decir "Bea", se queda como alelado.

-Qué cosas, ¿verdad? ¿Qué tiene mi hermana que no tengan las demás?

-Así es la vida, compréndelo.

¿Es que tú nunca te has enamorado? -No. ¿Y tú?

-Cantidad.

-Es que a mí me gustan todas. -¿Y Bea también?

-Bah, no está mal. Pero Bea todavía es una cría.

Y además, Pancho es mi amigo y no quiero cruzarme en su camino.

Oye, tía. Oigo.

Aquel sombrero negro que se puso el tío

para ir al entierro de la abuela María...

¿Lo recuerdas? Virgen, ¡no lo había de recordar!

Pero de eso hace ya cuatro años.

¿A santo de qué me hablas tú ahora de ese sombrero?

Bueno, es que lo necesito. Si el tío ya no lo usa...

¿Tienes fiebre, hijo?

Que no, tía. Que no es eso.

Bueno, ¿me dices dónde está el sombrero?

¿Para qué lo quieres? Bueno, son cosas mías, ¿no?

Ya.

Otra fiestecita de disfraces con esos niñatos.

Desde que tienes amistad con esos veraneantes

haces tú cosas muy raras.

Y ellos son aves de paso. Pero nosotros somos de aquí.

Y no es bueno que andes haciendo tanto el payaso.

De hippy te vas a poner, ¿es así?

Bueno, tía, ¿me lo das, sí o no?

Busca en el arcón que hay en el trastero.

Allí estará si no lo hemos tirado.

Pero me parece de mal agüero que juegues con algo

que tu tío compró para ir a un entierro.

Quiera Dios que no nos venga alguna desgracia.

¿Algo más, niña?

Ya sólo me falta el caballo.

(Silbidos)

(Ruido y gritos)

Pero chaval... ¿Es que venías dormido?

¿Dormido yo? Pero oiga, ¿es que no ha visto que es dirección prohibida?

¿Qué ha pasado?

¿Es que no lo ha visto? El niño, que sale a toda leche...

Esto no puede ser con mi leche. Que me la tiene usted que pagar.

¿Que tengo yo que pagar toda esta leche, encima?

(RÍE) Vas tú listo.

Bueno, pues su seguro.

Porque tendrá usted seguro contra terceros, ¿no?

El chico lleva razón, ¿eh?

Que usted viene de dirección prohibida.

-¿Quién le da vela en este entierro? -Bueno, un sabe.

-Uno sabe...

-¿Qué ha pasado, Pancho?

Floro, este hombre no entiende las señales de tráfico.

Tranquilo, tranquilo.

-¿Me permite su carné de conducir? -Eh... Sí.

-Esto es dirección prohibida.

Hay una señal en la bocacalle.

-Sí, señor. -Ya.

-Será por carné.

¿Dónde tengo yo el carné? Madre, ¿dónde?

Tenga.

Tenga y compruebe que llevo 20 años

autorizado a conducir vehículos con motor.

Sí sé que esto es dirección prohibida.

Pero es que vengo con el coche averiado, por eso venía en primera.

Y a medio embrague. -Ya.

-Ya sé que la ley es la ley, pero siempre hay una casuística.

-Ca... ¿qué? -Casuística.

Circunstancias. -No me líe, no me líe.

Mire, en este pueblo no hay casuística ni circunstancias.

Ni manga ancha, si es a eso a lo que se refiere usted.

Aquí, las señales prohibidas no se pueden pasar

ni a medio embrague.

Eche el coche para atrás. -Sí, señor agente.

No me interrumpa más el tráfico ciudadano.

Sí, señor agente.

¿Te duele el pie, chaval?

Me ha dejado cojo para toda la vida.

Cuando se entere mi tío, me va a partir a mí

la otra pierna.

Pero... Pero ¿a ustedes tampoco? No me lo explico.

El chico salió a la misma hora de todos los días.

Sí. Sí, señora. Tomo nota.

Avenida

Miramar, número 13. No se preocupe, señora.

Dentro de media hora recibirá las tres botellas.

Y perdóneme. Muchas gracias, señora. Muchas gracias.

¡Antonia!

¿Tú sabes algo de Pancho?

Los clientes de Miramar esperan la leche.

No ha hecho ni un solo reparto, ¿entiendes? Es que ni uno.

-Ay, señor. El sombrero del entierro.

Ya llegó.

-¿El sombrero del entierro? ¿Qué es lo que llegó?

¿Qué repuñetas quieres decirme? -Pues eso, lo que estás oyendo.

Que la desgracia que iba a venir ya está aquí.

Y mira que se lo dije, sí.

No juegues con esas cosas, que es de mal agüero.

Pero como si nada.

Tu sobrino es terco como una mula, ¿entiendes?

-Pues no. -Está más claro que el agua, leñe.

¿O es que no hablo castellano?

A Pancho le ha caído una desgracia.

-Déjate de murgas, el que lo va a desgraciar

soy yo en cuanto le eche la vista encima.

-Tranquilos, que no ha sido nada grave.

Ya llega.

Pasa, Pancho.

Lo siento, tía, ha sido un accidente.

La madre que me...

¡Lo que faltaba! Un cojo en la familia.

-¿Lo ves, chiquillo?

Te dije que nos traería mal fario lo del sombrero del entierro.

Y ahí está. -Floro, es la ruina.

Nuestra única arma

para luchar contra la competencia del supermercado

era esto, el reparto a domicilio. Y ahora...

A verlas venir.

Tío, le he dicho que ha sido un accidente.

Un tipo que salió por dirección prohibida y...

Y... Mierda. ¿En qué ibas pensando para no verlo?

Bueno, es que... Es que... Es que... Es que...

¡Pamplinas! A ver si te metes esto en la cabeza.

Los currantes por cuenta propia

no tenemos derecho a sufrir accidentes.

Tío, usted hace dos días fundió la biela de la furgoneta.

Sí, pero fue un fallo mecánico.

Y lo tuyo ha sido un fallo humano, que no es lo mismo, majo.

-Vamos a ver.

¿Puedes oír lo que tiene que decir la autoridad en este asunto?

-Pero ¿qué autoridad ni qué leches?

Aquí dentro, la única autoridad es la mía.

-Sin faltar, ¿eh?

Lo único que vengo a certificar, porque me lo ha pedido tu sobrino,

es que la responsabilidad culposa del accidente

es del individuo que conducía el vehículo contrario.

Es decir, del que arremetió

contra el velocípedo de Pancho.

Porque el tal individuo iba circulando

en dirección prohibida.

He dicho.

-Pero ¿qué velocípedo ni qué gaitas?

El único culposo es este,

que me lo han dejado inútil para el pedaleo.

Tío, si sólo es un esguince.

Dicen que en tres o cuatro días, el tobillo se pondrá bien.

Señores...

Lo que tenía que decir, dicho está.

Buenos días.

-¿Te duele, hijo?

No, tía. Sólo si apoyo el pie. Ven a sentarte, cuidado.

Así.

Ay.

-Tres o cuatro días.

Casi nada.

Con mi biela fundida y tu pie hecho un cisco,

adiós a la clientela.

Antonia...

Prepara arroz con leche para todos

porque la leche nos la vamos a tomar nosotros.

(Ruido)

El Tito y el Piraña nos dijeron que habías tenido un accidente

y veníamos a ver si podíamos echarte una mano en el reparto.

Tendría que ser una mano y un pie.

Hola. -Hola.

Nosotros también venimos a eso,

a darle el pésame por lo de Pancho.

Les acompañamos en el sentimiento.

-Lo mismo digo.

Tío, ¿por qué no le dice a Avelino, el de la granja,

que le preste la burra? (SORPRENDIDO) ¿La burra?

¿Es que quieres ordeñar a la burra?

-Vamos, burra. Venga.

Venga. Venga, burra. Venga.

Venga, burra. Suéltala, que ya no se cae. Venga, burra.

Por ahí. El 4.

Dos de leche y cuatro yogures. Marchando, jefe.

Vale.

Lo siento, Pi,

pero está pinchada.

¿No ves que no guarda aire?

-¿Y dónde está el pinchazo?

Es que ya hemos mirado bien, ¿verdad, tú?

-Sí. -No hemos visto ningún clavo.

-Pues la habrás reventado o yo qué sé.

Y me largo, he quedado con Desi y no quiero perderme el espectáculo.

Adiós. -¡Y yo!

-¡Quieto, traidor! -¡Suéltame!

-Escucha, bellaco.

Yo he compartido mi mortadela con tu asquerosa lagartija, ¿no?

-Si no le gusta tu mortadela, mira, no se ha comido ni una pizca.

-Porque aún no tiene hambre.

Pero cuando le entre la gazuza, verás cómo lo devora.

El caso es que los amigos son los amigos.

Y cuando comparten la mortadela, comparten los pinchazos.

Así que andando.

Me acompañas al taller.

-Pero también quiero ver a Pancho montado en la burra.

-Primero, la obligación, macho. Y después, la devoción.

Vamos, tío.

Hoy por mí, mañana por ti.

Así es la vida, compréndelo.

-¿Por dónde andarán?

-Oye, eso de que Pancho va montado en un burro

y Javi lleva el triciclo,

¿no será un cuento de tu hermano y el piraña?

-Pues ahora que lo dices, me suena un poco raro.

Hasta lo del pinchazo del Piraña.

Pero como sea un camelo, se va a acordar, te lo prometo.

Vamos por allí.

Buenos días, su leche.

Pero a buenas horas. Estamos servidos ya, chaval.

He tenido que bajar a buscarla al autoservicio.

Pero...

Pero... Tú no eres Pancho.

¿No? ¿En que lo ha notado?

Hombre, en que Pancho es moreno y tú eres rubiales.

Y, ¿qué coño? Que no eres Pancho.

¿O es que encima quieres tomarme el pelo?

Quédese con la leche. Pancho ha sufrido un accidente laboral.

Por eso llego tarde al reparto.

Bastantes problemas tiene ya la clase obrera

como para que los capitalistas reduzcan la demanda.

¿Qué? ¿Es esto un mitin político?

Que yo no soy un capitalista. Soy un trabajador.

Ya. Como que ese bronce lo liga usted en el andamio.

En el mundo hay algo más que andamios, pollo.

Yo soy un trabajador ejecutivo.

Esta leche es especial para ejecutivos.

Viene de una granja diplomada. Aquí lo dice.

Escucha, "jodío" contestatario.

Lárgate de aquí, o la leche te la voy a dar yo,

que también tengo diplomas. Venga.

-¿Y Javi, todavía sigue en el 4?

No sé, estará pegando la hebra con otro cliente.

Mira, ahí sale.

Nada. Otro que quiere que le tachéis de las listas.

He intentado convencerle por las buenas, pero no traga.

Que le paséis la factura de lo debido hasta ayer.

Pues ya van tres bajas. Verás cómo se va a poner mi tío.

Tú, tranquilo.

Haremos una promoción de ventas entre las amistades,

como diría mi padre, y cubriremos las bajas.

Aquí están estas.

(Risas)

¿Cuál es el chiste? (RÍE) Tú.

(RÍE) El Piraña tenía razón.

(RÍE) Dijo que eras Pancho Panza.

Muy bueno, tú. Tiene mucha gracia, claro.

En cuanto tenga bien el pie,

voy a ir al piraña y le voy a dar una patada en todo el culo.

Y a ti, ¿qué? Te gustan más los que montan

en caballos blancos, ¿verdad, Bea?

¿Qué quieres decir con eso?

Nada, yo me entiendo.

Ah, y si ves cuatreros por la playa, avísame.

Por favor.

Vámonos, tíos.

¡Jía!

¿Lo has oído? La indirecta iba por ti.

Por lo que soñaste anoche. ¿Cómo se habrán enterado?

-Por el cotilla de mi hermano, seguro.

-Eso sí que es una lata. No volvemos a hablar delante de Tito.

Luego vienen los pitorreos.

(RÍE) -Pancho Panza.

¿A que está muy cómico encima de su burro?

(Risas)

-¡Javi! ¡Javi, hijo, espera!

Espera un momento, ¿vas para casa? Sí.

Que tu madre no me espere para comer. Voy con Manolo al club Sol y Mar

y tomaremos algo allí.

Javier, no sabía que este mozo fuera tu hijo.

-¡Sí! ¿No conoces a mi Javi?

-Bueno, yo creo que de vista, sí. ¿Verdad, chaval?

Pero no sabía que fuera tu hijo. Oye, ¿cómo marchan esas...

vacas diplomadas?

Bien, muy bien. Adiós, papá, tengo prisa.

Adiós.

(Ríe)

Oye, Manolo, explícame.

¿Por qué le has dicho al chico eso de... las vacas diplomadas?

Supongo que es una coña, pero no la entiendo.

-Venga. ¿No sabes que tu hijo

se dedica al reparto de leche a domicilio?

-Pero ¿qué dices?

¿Estás de cachondeo o qué? -Cachondeo, el suyo.

El de tu hijo, que, además de repartir leche,

endilga soflamas políticos de lo más basto que se ha parido.

-Que te expliques, Javi.

¿Es que no me oyes?

-Por favor, Javier, deja que el chico coma en paz.

Luego habláis. Ya te lo he dicho.

Pancho, el chico de la lechería, ha tenido un accidente

y Quique y yo le hemos ayudado en su reparto.

Eso no es una explicación.

¿Por qué lo has hecho?

Quiero saber por qué coño tienes tú que meter baza en ese entierro.

Pues está bien claro.

Pancho es amigo mío.

Estaba en un apuro y yo le he echado una mano.

Eso es todo, no hay más.

Sí que lo hay, hijo.

Es de imbéciles dejarse enredar por los problemas ajenos.

Cada cual que resuelva los suyos.

¿Lo entiendes? Pues no.

Y perdona si lo que te digo te cabrea,

pero sé que si estuviera en su lugar,

él hubiera hecho lo mismo por mí.

Javi, no me seas tontaina.

Cada cual está donde está.

Y no valen fantasías.

El que no está en su sitio, lo único que consigue

es hacer el ridículo.

-Pero ¿puedo saber a qué viene todo esto?

Anda, hijo. Come, que se va a enfriar.

-Otra. Es que no te has dado cuenta de nada, ¿verdad?

¿Los huevos fritos tienen más importancia que lo que digo?

-Mira, digas lo que digas, la cosa ya no tiene remedio.

Pero si la comida se enfría, pierde su gracia.

Anda, te preparo algo a ti.

-No.

Yo paso.

Las gambas que estaba comiendo se me pusieron a saltar dentro

cuando me contaron la faena de este.

Dame un poco de bicarbonato, por favor.

-Vaya por Dios. Sí te ha sentado mal el asunto.

-Luisa, no me quemes tú también la sangre.

¿Te parece bien que nuestro hijo vaya por ahí

repartiendo leche y llamando capitalistas

a los ejecutivos que no quieren comprarla?

Entérate bien, mocito.

Estamos en un área de libre comercio.

Y el que no quiere comprar, no compra.

Y no hay por qué insultarlo.

Se acabó, ¿lo entiendes?

Esto se acabó.

¿Y a ti también te regañaron por... hacer de repartidor?

También. Es que la madre de este se chivó a la mía.

Bueno, muchachos.

Me doy por enterado de vuestro problema,

pero nada más. Algunas veces, he mediado en vuestros asuntos,

pero ya os he dicho que, en las relaciones padres e hijos,

yo no soy quién para meterme.

Y, por otra parte, hay que partir de un hecho:

que mientras seáis menores de edad,

os guste más o deje de gustaros,

les debéis obediencia.

¿Tú crees que repartir botellas de leche es un trabajo servil?

Hombre, no. Por supuesto que no. Pues mi padre dice que sí.

Mira...

Escucha, muchacho,

qué es lo que pienso y a ver si lo sé explicar.

Lo servil es condición de la persona,

nunca de un trabajo determinado.

Vivimos en sociedad

y todos los trabajos están al servicio de los demás.

Si se hacen bien, son igualmente dignos.

Lo que sucede es

que suele medirse la dignidad del trabajo

según la remuneración en pesetas.

Y de ahí, vienen muchas confusiones.

Generalmente, no se busca el trabajo que mejor podemos hacer,

sino aquel trabajo en el que podemos ganar más.

Y así marcha el mundo.

Porque así somos.

Gente descontrolada y fuera de sitio.

Y buscar lo contrario sería

como pedirle peras al olmo.

O sea, que no estás de acuerdo con mi padre.

No sé si tengo por qué estarlo.

Cada cual, es dueño de su opinión.

Y el trabajo que hace Pancho es muy digno.

Porque lo hace con mucha dignidad, sin avergonzarse.

Ni nosotros tampoco, ¿verdad, tú? No.

En una cosa sí estoy de acuerdo con tu padre,

y con esto, vamos a dejar zanjado el asunto.

Que tú has de obedecerle.

Y si él no quiere verte repartiendo botellas, pues "finito".

Y sanseacabó.

Bueno, y vámonos de aquí, que tengo que comprar

una brocha para repintar La dorada.

Que el sol le ha comido el color en cubierta.

¿Qué os pasa?

Parece que no estáis conformes con la consulta.

Pues claro que no.

Porque si nosotros no echamos una mano a Pancho,

a ver cómo va a solucionar sus problemas de repartir.

Porque el problema es ese.

Pancho está cojo.

Con servilismos y obediencia paterna

no se soluciona nada. Si no, que se lo digan a su tío.

Bueno, pues que se lo digan y lo resuelva él.

Al fin y al cabo, tiene una furgoneta. Que la use.

Ya, con la biela fundida.

Se ve que las desgracias son como las cerezas.

Salen a pares.

(Gritos de niños)

(Gritos de niños)

Hola, Julia. Hola.

Hola, Julia.

Uy, qué serios, ¿no?

Es que vamos a un entierro. ¿Qué?

Se ha muerto mi lagartija.

La mortadela estaba envenenada.

-No es verdad, gili. La mortadela estaba buena.

Yo me la comí y no me he muerto. -Porque tú no eres una lagartija.

Oye, oye, a mí no me la dais, ¿eh? Las lagartijas no comen mortadela.

¿Si no tienen hambre? Ni así.

No tienen dientes.

Se habrá muerto de asfixia.

O de tristeza, por tenerla ahí encerrada.

Claro, idiota, la has tenido mucho tiempo ahí metida.

-Ni hablar, cuando la puse al sol en la terraza,

todavía estaba viva.

-Pues se habrá muerto de insolación.

Tenías que haberle puesto un sombrero, tío.

-Bueno, ya que está muerta,

vamos a enterrarla.

¿Nos acompañas, Julia? Uy, no, no. Gracias, no.

A mí los entierros me deprimen muchísimo.

Aunque sean de lagartijas. Bueno.

Hasta la vista, Julia.

Adiós, pareja.

Oye, mirad, ahí vienen Bea y Desi.

Invitadlas a ellas.

Bea no quiere hablar con este porque dice que es un chivato.

-Venga, vosotros, largaos.

(Pedorreta)

Hola, Julia. Hola.

Llevamos media hora buscándote.

Qué bonito.

Qué va... Es un churro, no sale lo que yo quiero.

¿Qué os pasa? Os noto raras, ¿no?

Se trata de Pancho. -Tiene un problema.

¿Se ha roto el otro pie?

Qué va. Sigue cojo del mismo. Y ahí está la cosa.

A Javi y a Quique les han prohibido ayudar a Pancho a hacer su reparto.

¿Y quién se lo ha prohibido? Pues ¿quiénes iban a ser?

Sus respectivos.

-Pero a nosotras, no.

Y queríamos exponerte un plan.

A ver si te parece bien.

Me parece que os he comprendido.

¿Y sabéis lo que os digo, jovencitas?

¿Qué?

Que podéis contar conmigo.

(Ríen)

(Bocina)

¡Venga, macho, que estás hecho un Eddy Merckx! ¡Chupa rueda!

Oye, ¿estas tendrán narices para hacer lo que han dicho?

Ya veremos.

Lo están haciendo, las tías.

¿Algo más? En esta calle no, ¿no?

¿Eh? Nada.

Nos han fastidiado, así cualquiera.

Yo no veo servilismo por ninguna parte. ¿Tú?

Tampoco. Yo diría

que lo hacen con mucha dignidad.

Bueno, pero peor que nosotros. Eso se da por supuesto.

El caso es que lo están haciendo. Y me alegro por Pancho, ¿entiendes?

Sería un feo que la pandilla no le echara una mano.

Mañana me quitan las vendas.

Me voy a romper el otro pie, para tener buena compañía.

Me entiendes, ¿no?

Pues hazlo, que estabas muy majo montado en borrica. Arreando.

(Bocina)

¡Hola, ciclistas!

¡Hola! -¡Hola!

¿Qué os parece el invento? Así cualquiera, con coche y todo.

¿Os queda mucho? Nada, tres calles y acabamos.

Querrás decir acaban, tío cara, que tú no das golpe.

¿Y quién lleva la operación, ciclista de mierda?

Pues tú, pero ponte bueno pronto,

porque ya le estás echando mucho cuento a la mala pata.

¡Que no llegas! ¿Vamos?

Venga, un pique. Una carrerita, venga.

Qué envidia, ¿eh?

-Pero ¿no lo entiendes, Agustín?

Se trata de una auténtica conspiración, nos toman el pelo.

-Bah, no es para tanto.

(RÍE) Te lo tomas muy a la tremenda.

¿Que mi hija ha estado repartiendo botellas

para ayudar a ese chico de la lechería?

¿Que los ha visto todo el mundo?

Pues bueno, no querrás que reprenda a mi hija

por hacer algo útil.

-Perdona que te lo diga, pero tú tienes la manga muy ancha.

Eres muy dueño de dejar hacer a tu hija lo que quieras.

Pero me haces poco favor al no darte cuenta de que los tiros

van contra mí.

-Pues mira, eso no lo entiendo.

Pues está clarísimo, compañero.

Yo le prohibí a Javi que lo hiciese, ¿no?

Pero van las chicas y se ponen a hacerlo.

Lo cual me parece todavía mucho peor.

Tu hija y esa amiga suya...

¿Cómo se llama? -Desi.

-Esa.

La que no tiene padre.

-Bueno, tener, sí que lo tiene. Pero lejos.

Están separados, si ya lo sabéis. -Vamos, no seáis cotillas.

Nunca he comprendido ese placer por los chismes de casas ajenas.

-No son chismes, Agustín.

Son hechos.

Hechos de la vida que conviene tener en cuenta.

A lo mejor resulta que esa amiga

no es buena compañera para tu hija.

Una chica que vive en esa situación familiar.

-Os quiero, de verdad, pero hay veces que no os aguanto.

Pero ¿qué tiene que ver esa chica con lo que sus padres hagan?

¿Eh?

Habéis leído algo de Cervantes, supongo.

-Sí, claro. Es ese señor que escribió

"Persiles y Segismunda".

Sí, sí, nosotros lo tenemos en una estantería.

(Ríe)

-Me refiero a "El Quijote", coño.

Allí dice algo que es muy cierto y que todos debemos tener presente.

-¿A qué te refieres, si puede saberse?

-Pues mira, a algo muy sencillo y muy evidente.

Cervantes dice que cada cual

es hijo de sus obras.

Eso. -Bueno, literaturas aparte, Agustín.

Debo reconocer que a mí tampoco me gusta nada este asunto.

Además, dicen que iban acompañados de la pintora.

Sí, ya sabéis, de la Julia esa.

La verdad es que a mí me gustaría que Beatriz buscara otras amistades.

-Pero bueno.

¿Acaso han hecho daño a alguien? No, pues entonces.

Ay, acabaréis sacándome de mis casillas.

Lo único que ha ocurrido es que han ayudado al de la lechería

a hacer su trabajo. ¿Es eso?

Pues me parece muy bien que aprendan que para ganarse el pan,

hay que trabajar.

Todos deberíamos agradecer la lección.

-Tranquilo, Agustín, tranquilo.

Tampoco es para que te pongas así. -¿Y tú? ¿Cómo te pones tú?

Que estás liándolo todo por una cosa sin importancia.

-Lo que ha hecho Bea lo considero como una...

Eso es, como una bofetada moral.

Puesto que yo se lo había prohibido a Javi y ella lo sabía.

-Y dale... Vuelta que vuelta. Bah... Vamos a dejar este asunto.

Hombre, vamos a dejar este asunto. Mira qué día hace.

(RÍE) ¿Vamos a discutir con este día maravilloso?

Bueno...

Yo me voy a dar un paseo al puerto.

Tengo ganas de andar un rato.

-Admiro a Agustín en muchas cosas.

Pero creo que se pasa en complaciente con Bea.

Le da demasiada libertad.

Y eso puede ser peligroso.

Vuestra hija está en una edad

muy crítica.

Prefiero tener un hijo a una hija.

-Pero ¿qué quieres decir?

-Mujer, ¿no lo sabes aún?

Anda, dile lo que has oído a tu hijo.

-Bueno, Manolito me ha dado a entender

que el chico ese, el de la lechería,

está enamoradísimo de Bea.

Manolito dice "piradísimo".

-Pero eso son cosas normales de la edad.

Lo que no es tan normal, digo yo,

es estar tejiendo una bufanda de lana en pleno agosto.

Sólo de mirarte, me está entrando un agobio...

(RÍE) -¿Esto?

(RÍE) Es que es un capricho de mi Cosme.

Si no le tejo una bufanda en cada aniversario,

se pone muy triste, el pobre.

Y como cumplimos fecha el 15 de septiembre,

ya me veis.

-Son todos unos maniáticos. Yo no le veo la gracia.

-Pues chica, para mí sí que la tiene.

Verás, el día del aniversario, cuando se la regalo,

entra en el cuarto de baño

y sale con la bufanda puesta.

Sólo con la bufanda.

(RÍE) ¿Entendéis?

(RÍE) ¡Como el día que nos casamos!

(Ríen)

-¡Ay!

(Ríen)

¡Es un capricho de hombre!

(Ríen)

Bueno, va.

¡Ay! Si en lugar de ser burra fueses caballo, bonita...

Todo sería tan distinto.

(Relinchos)

No te lo tomes a mal, que cada uno es como es.

Y es que Bea me ha llamado Pancho Panza, ¿entiendes?

Y eso es un corte.

Bueno.

Vámonos.

Hola, Ayo. Hola, Pancho, ¿qué haces por aquí?

Vengo a hacer negocios, quiero hacer un trato.

¿Qué vendes tú?

No vendo, vengo a comprar. Ah...

Quiero traer a unos amigos a comer.

Bueno, si me haces precio especial. ¿Cuántos sois?

Pues somos

ocho, contando conmigo. Ocho.

Nueve, si quiere venir Chanquete.

¿Y qué dinero traes?

Esto es lo que tengo.

Por eso te doy una paella que pilla medio merendero.

Con gaseosa, vino,

postre, café y puro si queréis, vamos.

Hombre, gracias.

¿Y a qué hora es la fiestecita?

Pues será mañana sobre las dos.

Pues entonces mañana a las dos menos cuarto tú te vienes

para coger mesa aquí.

Vale. Que se forma lío aquí a mediodía.

Y a las dos en punto, yo tengo lista la paella.

Hasta luego. Hasta luego.

(Silbidos)

(Silbidos)

¿Qué haces por aquí otra vez?

Me han dicho que has comprado una yegua blanca.

Pues no están equivocados, Pancho.

Pero la yegua más bonita de Andalucía.

La que mejor trota de todos estos contornos.

Vamos, una yegua de una vez, Pancho.

¿Tú me la podrías dejar para darme un paseíllo?

¿Dejar?

Pero ¿tú has perdido la cabeza?

¿Has dormido esta noche bien, muchacho?

¿Es que estás chalado del todo? Te trabajo de camarero una semana.

Mira, aunque me trabajes de esclavo toda la vida, no te presto la yegua.

Además, lo que se monta no se presta.

¿De acuerdo? Hasta luego.

Mi yegua a trotar. Ni hablar.

Con lo que me ha costado poner mi yegua en condiciones.

Además,

que las mujeres, estilográficas y yeguas no se prestan.

Eso lo quiero yo para mí.

(Relincha)

(Relincho)

Toma, toma.

(Silbidos)

Hola.

(Motor)

Buenas tardes, Chanquete.

¿Andando vienes? Sí.

Me alegro, eso es buena señal. El pie está bueno, ¿verdad?

¿Quieres tomarte unas cervezas? Bueno.

Pues anda, entra y cógela tú mismo.

Ya sabes dónde está.

¿Qué te trae por aquí?

Pues venía a ver si puedes venir mañana con nosotros,

con todos nosotros, al chiringuito del Ayo.

Ah, buen tipo mi amigo Ayo.

Pues naturalmente que iré.

¿Y a qué se debe esa invitación?

Pues es que me ayudaron en el reparto.

Y quiero tener un detalle con ellos.

Con ellos y con ellas, ¿verdad, Pancho?

Sobre todo con una.

A veces uno se pregunta por qué la vida será tan complicada,

La alegría por lo que se siente

y añoranza por lo que no se tiene.

Una alegría que a veces también duele, ¿verdad?

Tienes razón, Chanquete.

Pero ¿por qué soñará con caballos blancos?

Eso es lo que pone todo más difícil.

Ahora soy yo el que no entiende nada, palabra.

Claro. Bueno, deja que te lo explique.

Pero antes, dime. ¿Tú eres amigo de Ayo?

Hombre, pues sí.

Pero ¿muy amigo, muy amigo? Hombre... Tanto, tanto, tanto, no.

Mira, un ejemplo. Si yo le digo a Ayo

que necesito parte de su sangre,

estoy seguro de que si se la pido, me la da.

Eso es ser muy amigo.

Pero si yo le digo... Espera, no he terminado el ejemplo.

Si yo le digo: "Mira, Ayo, necesito que me dejes tu yegua blanca

para dar un paseo por ahí,

entonces también estoy seguro de que el Ayo me dice que nones.

Bueno, pues la hemos fastidiado.

Ah, se trataba de eso, ¿eh?

Pues mira, óyeme, esa yegua

es algo muy especial.

Bueno, para Ayo, se entiende, ¿comprendes?

Me pregunto por qué uno cuando quiere a una chica

es capaz de hacer tonterías sin darse cuenta.

Pero...

¿Acaso vas a ir a un baile de máscaras, Pancho?

No, Chanquete, a un baile de máscaras, no.

Pero tengo que hacer la tontería completa.

Si no, me siento fracasado.

Hasta mañana, Chanquete. Hasta mañana.

Te esperamos mañana en la playa, no falles.

Que sí, hombre, sí. Hasta mañana.

¡Pancho!

Ten cuidado.

Los delitos contra la propiedad privada

están castigados por el código penal.

Tú eres amigo de Lucas, comandante de puesto, ¿no?

Hombre... Lo conozco.

Espero que, si necesito ayuda, me eches una mano.

He de cumplir un sueño

y eso es más importante que nada, Chanquete.

Hasta luego.

(LEE) "Te espero en Cala Chica cuando el sol toque la montaña".

"Ven sola".

"El jinete enmascarada".

-¡La paella!

(Gritos)

(Gritos)

-¡Paella! -¡Venga, paella!

¡Vamos! ¡Venga, venga!

(Gritos)

-Primero las señoritas. Las señoritas, antes.

Gracias, Pancho. Señores.

Madre mía, yo no sé si voy a poder con todo esto.

Sí, mujer.

Usted pruébela antes de hablar y verá cómo cambia de opinión.

¿Le pongo un poco más? No, no, no.

(Ríen)

Qué pinta tiene, ¿verdad?

Hala, Tito, madre mía. Y el Piraña, madre mía.

(RÍE) Eres feliz, ¿eh?

¡Vamos!

(CANTAN) "Es un muchacho excelente, es un muchacho excelente,

es un muchacho excelente

y siempre lo será.

Y siempre lo será".

(Aplausos)

Venga, vamos a ello. Bueno, al ataque.

Vamos, Piraña, a por ello.

Está fenómena.

-Francamente buena.

-Mira, lo que te he dicho antes.

(LEE) -"Te espero en Cala Chica cuando el sol toque la montaña".

"Ven sola. El jinete enmascarado".

¿Quién será el bromista? -A saber.

Cualquier gamberro de estos.

-Ya te gustaría que fuera verdad.

-Si fuera el chico del sueño, sí.

Yo, si fuera tú, acudiría a la cita.

¿Cómo? Te lo aconsejo.

Puede ser muy bonito.

Y quizás sea algo que no olvides nunca.

Pero tienes que ir sola.

Y no debes tener miedo.

¿Se puede saber qué misterio se traen ustedes?

Ah, Julia, se me olvidaba.

¿Hace mucho que no pasea usted

por esos huertos que hay cerca de la casa de Ayo?

Pues no. Pues esta tarde, la espero allí.

Poco antes de que el sol toque aquella montaña.

¿Es una cita de amor?

(Ríe)

Es una cita de honor.

Va usted a ver a Ayo correr en moto como no lo ha visto correr nunca.

(Ríen)

Ayo, Ayo, ¿qué te pasa? Para, hombre.

Una desgracia muy grande que me ha pasado.

¿Se ha muerto tu madre? Peor que eso todavía.

Hombre, ¿hay algo peor que eso, Ayo? Sí.

Que me han robado mi yegua blanca. Bueno, tranquilo, tranquilo.

Tranquilo, porque a ti no te ha pasado.

Que no. Tranquilo, que lo sabemos todo.

¿Cómo que lo sabéis todo? Sí, y no te preocupes.

Y no des parte a la Guardia Civil, que es adonde ibas.

Allí derecho iba. Pues vente con nosotros.

Encima me vas a tomar el pelo después del día que llevo.

Anda, dígaselo usted, Julia. Pero si no hay nada que decir, Ayo.

¿Que no hay nada que decir?

Usted se viene con nosotros y ya está.

Sí, lo verá con sus propios ojos. ¿Y adónde voy con vosotros?

A Cala Chica.

¿Por qué te asustas, muchacha?

Pero si eres Pancho Panza.

¡Mierda! Esto no es un burro.

Bueno, no te pongas así, hombre. Ya veo que es un caballo.

Es una yegua, la mejor yegua de Andalucía, que te enteres.

Tampoco te pases.

Bueno, no me vuelvas a llamar nunca Pancho Panza, por favor.

Vale.

Venga, ahora sube. Que vamos a dar un paseo.

Oye, la otra noche soñaste con un caballo blanco, ¿verdad?

Bueno, a lo mejor era una yegua.

Como el asunto no se distingue bien, y menos en sueños...

¿Pero era blanca? Sí.

Pues menos mal, porque venir aquí con esta yegua

me ha costado sudores. Y más que me puede costar.

Pero ¿te gusta el paseo? Me parece estupendo.

Oye, cuando te fuiste con el enmascarado

en su caballo, ¿qué paso? ¿Eh?

Sí, rico, con que a ti te lo voy a contar.

¿Es que nunca vas a tener confianza conmigo?

No.

¡Eh!

¡Yupi!

No dirás que no monta bien el muchacho, ¿eh, Ayo?

Chanquete, yo no sé si monta bien o si monta mal.

Ahora, el susto que me ha metido el Panchito este

no hay quien me lo quite ya.

A ese lo voy a trincar yo y ese me va a hacer a mí

tres semanas el chiringuito trabajando de bar.

Ese me va a fregar platos, me va a recoger colillas,

me va a barrer el merendero y me va a servir.

Todo lo va a hacer el Panchito este.

Pero Ayo, fíjese que gracias a su yegua,

se ha hecho realidad un sueño. ¿No le parece bonito?

  • Capítulo 3: "Pancho Panza"

Verano Azul - Capítulo 3: "Pancho Panza"

02 jul 2014

Pancho ha tenido un accidente y tiene que hacer el reparto de leche diario a lomos de una burra. Bea, que la noche anterior ha soñado que un misterioso caballero en un caballo blanco la salvava de una persecución, se ríe de él  y le llama Pancho Panza. Por ello, Pancho hará lo posible por conseguir un caballo blanco y hacer realidad el sueño de Bea. 

Histórico de emisiones:

25/10/1981 

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