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Subtítulos de Verano Azul - Capítulo 16: "El guateque de papá"

Subtitulado por TVE. Con ellas quiero decir... te quiero, te adoro, mi vida. Deja la habitación igual que una leonera. No hay manera de que recoja las cosas. A tu lado vivirán y te hablarán como cuando estás conmigo. ¡Uy! ¡Qué barbaridad, Señor. Todo lo deja por ahí! ¡Nada, que lo recoja su madre! Claro, como su madre no tiene otra cosa que hacer. Este mañana me va a oír. "Si ves por ahí a la vacile de la Cristi, le puedes decir de mi parte que lo nuestro está pasaó. Que por mí, si le va el quedón del Dioni, porque dice que se parece al Travolta, que no hay problema, y que si le dejan entrar en la disco, que por mí como si se enrolla con la gramola. Además, aquí hay unas tías que están de vicio". ¿De vicio? "Y por si te mola contárselo, que tengo una medio novia, bueno, es una amiga, pero la estoy ligando a ver si se puede llegar a más. Es una chica que está muy bien. Cuando la conozcas ya verás cómo te mola. De la moto nada, tío, y de lo de... ir al extranjero nosotros solos todavía no he hablado con mi padre, pero me temo que en cuanto se lo largue la tenemos preparada. Me empezará con su rollo de siempre, de cuando él era como yo; no se dan cuenta de que estamos en otros tiempos. No se enteran de qué va el rollo. Los padres son un latazo, tío". Enrique... ¡Uy! ¡Pero mira cómo me has puesto! -Perdona, mujer. Me has llamado y me he vuelto en un acto reflejo. Ni me he dado cuenta que tenía esto en la mano. -Ya, pues no me hace ni pizca de gracia, ya lo sabes. ¡Pero si ha sido una broma, mujer! -Las bromas a su tiempo. Pues mejor tiempo que este. Además, un remojón se agradece. Tiarariarara. La. ¿Dónde está Quique? -No lo sé, ha salido. ¿A dónde? -No lo sé; no ha dicho nada. ¿Y tú no se lo has preguntado? -No. ¿Por qué? ¿Pasa algo? Nada, no pasa nada. Para ti nunca pasa nada. Se va tu hijo y no le preguntas a dónde ha ido. -Se habrá ido a buscar a sus amigos y luego irán a la playa, como siempre ¡Claro, como siempre! ¿Y tú qué sabes lo que hace? Tú sabes lo que crees que sabes, nada más. -Pues sí que le ha caído bien el remojón. ¡Zaca! ¡Uy, perdona, perdona, bonita!, me había olvidado de cómo te enfadas cuando te riego a ti. Fíjate que cosa más curiosa. A todas las flores les gusta que las rieguen, y tú, que eres una flor tan bonita... -¡Anda, déjate de bobadas, que a ti palabrería no te falta! Es que te enfadas por una tontería. -No estoy enfadada, y además, no es por eso. -¿Ah, no! Entonces ¿por qué es? Es que Quique... -¿Es que le pasa algo al chico? No, no es eso. Es que... ¿Tú estás seguro de conocer bien a tu hijo? -Claro, y ya sé que muy a menudo se pasa con sus caprichos, no dirás que no te lo he dicho muchas veces, que le mimas demasiado, que le consientes todo. Pero bueno ¿quieres decir de una vez qué pasa, mujer? Nada, no pasa nada. Es solo que está en una edad difícil y... qué sé yo. Está cambiando, ¿no te das cuenta? Empieza a tener sus propios amigos, y amigas, y nosotros pues no sé, como que ya no contamos. Bueno y qué, qué hay de malo. A mí me parece muy bien que le gusten las chicas, lo que me preocuparía es que no le gustaran. Además, si le gusta es que sale a su padre. ¡Anda bonita!, tú sabes que es una broma ¿verdad? Que la única que me gusta eres tú. Además, ¿sabes? Aquí no hay... -Pues a él le parece que hay algunas que están de vicio. ¿De vicio? ¿Y cuándo te ha dicho eso? -No, no, a mí no me lo ha dicho. Se lo dice en una carta a su amigo Tolín para que a su vez se lo cuente a la vacila de Cristi, y le haga saber que lo suyo con ella ya está pasao. ¿Pasao? ¿Y quién es esa Cristi? -¿Lo ves? No sabemos nada de nuestro hijo. Bueno, tampoco exageres, mujer. Al chico.. se le está despertando lo que le tiene que despertar, es natural. A todos nos ha pasado a su edad; bueno, más o menos, y un día, cuando estés haciendo la cama, pues de repente te encuentras en las sábanas... lo que te tienes que encontrar. Es natural, mujer, está empezando a hacerse un hombre. ¡Hala, vamos a dar un paseo ¿eh? Un hombre. Pues por eso nos necesita ahora más que nunca. Si fuera una chica en vez de un chico yo misma me encargaría de hablar con ella, de hacerme su amiga, de que me contara todo, de que no me ocultara nada, pero siendo un chico... yo creo que lo más lógico es que seas tú el que te preocupes de eso. -Bueno, ¿y qué quieres que haga yo? No pretenderás ahora que le cuente cómo se hace ¿no? Vamos, lo del chiste. ¿Te acuerdas hijo de aquellas dos suecas? Pues que las flores y los pajaritos lo mismo. ¡Vamos mujer!, si esos se las saben ya todas. ¿Tú crees que tu hijo no lo sabe? Y más ahora, que nacen enseñados. -Es que tú siempre te vas a lo mismo, y no solo es eso, hay otras cosas. Inquietudes, deseos, sueños... Qué sé yo. Es que vosotros si no es eso no hay nada más. -Bueno y te repito, ¿qué quieres que haga yo? -Pues no sé. Que te acerques más al chico, que le des más confianza; que seas un amigo, un verdadero amigo para él. -Pero yo ya lo hago, ya le digo lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer, y trato de darle buenos consejos y de predicar con el ejemplo. ¿O no es verdad? No, si yo no quiero decirte, no quiero reprocharte nada; yo sé que tú haces todo lo que puedes para orientarle y para que sea algo de provecho en la vida. -Pues entonces, es que no puedes tenerle atado todo el día como a un perro. No, pero... si tuvieras un contacto más amistoso, más íntimo con él, yo creo que eso le podría servir al niño. -Bueno, bueno, está bien. Ya veremos lo que pasa. Ronca Ronca ¿Qué pasa? -Llegó el momento. De qué. -De lo de que qué. De que empezaras a hablar con él. -Pero está leyendo. ¿No le ves? ¿Pero qué es lo que está leyendo? -Y yo qué sé. ¿Lo ves? Ni siquiera sabes las cosas que lee tu hijo. Anda. ¡Qué, qué lees? -Un libro. Hombre, eso ya lo veo, pero... ¿qué es, cómo se llama? -"El principito". ¿Todavía lees cuentos de hadas? -No es un cuento de hadas. ¡Ah!, como se titula así pensé que... ¿Y de qué trata? -¿Tú sabes lo que significa este dibujo? -¿A ver? Un sombrero. ¡Un sombrero! De eso trata. De la gente a la que una serpiente boa tragándose un elefante le parece un sombrero. -Es un libro un poco raro ¿no? ¿Es tuyo? No, me lo han dejado. -¿Y quién te lo ha prestado? Vamos, si no es indiscreción. -Julia. ¡Ah, ya, la pintora! ¿Sabes lo que yo leía cuando tenía tu edad? A mí los cuentos que me gustaban eran los de puñetazos, y los de tiros y los de mucha acción; cuentos cuentos, no como los de ahora que los llamáis cómics o yo qué sé. Los de Roberto Alcázar y "Pedrín", "El guerrero del antifaz"; ¡uh!, los del FBI, Sam, Jack y Bill, "El hombre enmascarado". ¿Cómo se llamaba? No me acuerdo. Bueno, y luego las otras, las gordas, las de "El coyote", las de Marcial Lafuente Estefanía, que no quedaba vivo ni al apuntador, y había bandido que moría hasta cuatro veces, y pistolas de seis tiros que mataban a 14 de una vez. Las de Pete Rice, Doc Savage... Ya a vosotros todo eso, nada ¿no? Ni os suenan. -Algunos sí. Anda hombre, qué os van a sonar. No te creas, también me gustaban las novelas románticas, sobre todo si eran un poco picantillas. ¿Me entiendes? -Pero ¿eróticas o pornográficas? ¡No hijo, no!, en esa época no había nada de eso. ¿Tú sabes que entonces no salían besos en el cine? -¿No había películas de amor? Sí, pero en el momento más emocionante, cuando el chico se acerca a la chica, ¡zas, corte!, y en el cuadro siguiente ya estaban casados, y ella embarazada. Nunca nos dejaban ver nada. Es que ¿se creían que era malo que se diesen un beso? -Sí, imagino que sería eso. Si en el colegio, cuando el chico le iba a dar el beso a la chica pues el cura ponía el bonete delante del proyector, y cuando lo quitaba ya las caras estaban separadas. ¡Armábamos unas tremolinas!, pero para nada. Fíjate cómo cambian los tiempos. Después, cuando... cuando ya dejaron poner besos en el cine, siempre y cuando no fueran muy allá, claro, pues entonces... los chicos los contábamos como goles. ¡Uno, cero, empate a uno, 2-1! Así... -¿Y para qué? Pues no lo sé. Todo el mundo lo hacía. La costumbre del fútbol, imagino. -Pues vaya bobada, ¿no? Estabais más reprimidos que la labia de un cartujo. -¡Hombre... un poco! Claro que ahora se están pasando y bien pasando con eso del cine y las revistas y todo... Todo sexo, venga sexo, siempre sexo. Eso os puede hacer más daño que lo otro. -¿Que lo del marcador simultáneo? Que el que no hubiera nada, que no se dieran besos en el cine... Porque un beso al fin y al cabo... pues no tiene mayor importancia pero... claro, es que del beso se pasa a lo otro y de lo otro a lo otro y se acaba viendo lo que no se puede ver y más. -Bueno, lo va a haber quien lo quiera ir a ver. Ya, pero es una tentación que está allí, y no todo el mundo tiene la formación ni el sentido moral que sería de desear; y además es que... te lo encuentras hasta en la sopa. Ves que echan una película de "Pinocho" y dices pues esta, esta al menos no será de eso; te metes en el cine y resulta que el tal "Pinocho" tiene una nariz que ya ya. Bueno, pero yo no tengo la culpa ¿no? -No, hijo no, estamos charlando, hablando como dos buenos amigos ¿no? -¡Ay! Bueno... ¿A dónde vas? -A buscar a mis amigos. ¡Ah, bueno! Adiós, hijo. Tenemos que seguir hablando ¿eh, Quique? Como dos buenos amigos. -Vale. Qué, ¿qué tal? -Bien. ¿Habéis coincidido con vuestros gustos por la lectura? -Coincidido. Un sombrero que no es sombrero sino que es una serpiente que se está comiendo un elefante. ¡Hombre, que lo nuestro era mucho más serio! Bueno, ya verás cómo hablando os entendéis mejor. Ahora lo que tienes que hacer es acercarte a él cada vez más, hasta que te considere uno de los suyos, un verdadero amigo. ¡Desi! ¡Devuelve, devuelve! Quique haz el favor de decirle a tu padre que me dé la pelota. -A ver, a quién se la tiro. ¡Aquí! -A mí, a mí. ¡Quique, macho, la pelota iba para el "piraña"! Bueno, pues que os la dé ¿no? Es que si yo llamo a mi padre también la cogemos nosotros. ¡Oye tú, que yo no le he llamado! -¡Eh, chavales que todo era broma! Toma chato, toma, para ti. ¡Tira, tira! -Yo ya no juego. ¡Pero porqué, Quique? -Porque no, porque ese es un idiota. Yo no he dicho nada; lo único que he dicho es que la pelota era nuestra. ¡Di que no, Quique! Tú te callas no te la vayas a ganar. ¡Seguro! Yo a ti no te he dicho nada. ¡Pero se lo has dicho a mi hermano! -¡Ey, ey, chicos!, que haya calma, que no pasa nada; y tú, Quique, no te lo tomes de esa forma. Los chicos no han de pelear; además, si queréis hacemos un saque neutro y el que coja la pelota para él. ¿Eh? -¡No me da la gana, la pelota es mía! -¡Y la tengo yo, y no la suelto hasta que no me la quiten! Bueno, bueno, era una sugerencia; si no os satisface pues nada. Yo ya no juego. -Jugar a otra cosa. Claro, como es su hijito le defiende. ¿A que no sabéis a que edad vi yo el mar por primera vez? ¿A los ocho? -A los 12. Mucho después. -A los 60. ¡Anda, pero qué estás diciendo, pequeñajo, hombre! -¡Yo no soy pequeñajo! -A los 21, cuando fui a Bilbao a hacer la mili. ¿Y por qué esperaste tanto? ¿Es que no sabías ni que estaba el mar? -Porque entonces... de vacaciones al mar iban solamente los hijos de los ricos. Porque nosotros, no tuvimos vuestra suerte, que os lo habéis encontrado todo echo por eso no sabéis apreciar las cosas. Bueno, como os iba diciendo; cuando llegué al mar la primera vez me pasé cinco horas dentro del agua, saltando y brincando las olas. ¡Ay...! me parecía mentira estar allí. Era el hombre más feliz del mundo; y eso... que ya tenía 21 años, como os digo, que no era ningún chaval. Y vosotros aquí ¿eh?, discutiendo y peleando, y hasta aburridos, ¡con todo esto para gozar! ¡Chicos no es posible! ¡Anda, vamos todos juntos al agua! ¡Yo el primero, de cabeza y el "plonyón"! ¡Qué golpe! ¡Sí que la llevo buena con esos chicos! Tu padre es un "pesao". Primero que se arma una guerra, y ahora por poco me parto una pierna. Para qué, ni caso me hacen. ¿Te escuece? -Un poco. Tienes que tener paciencia. -Yo no me he quejado. Me refiero a Quique. -¡Ah! Es natural que te cueste trabajo entrar en su intimidad; los chicos son muy celosos de sus cosas. -Sí, pero yo soy su padre. Ya lo sé. ¡Faltaría más! Claro que lo sabes. -No seas tonto. Lo que quiero decirte es que últimamente no sé, no te acercas mucho a él. Es que yo también tengo otras ocupaciones ¿sabes? Entre ellas, la de trabajar todos los días del año; menos estos que son los que, en teoría, debería descansar. -No te salgas por la tangente. Yo lo único que intento decirte es que es muy triste que nuestro hijo le cuente a un amigo lo que oculta a sus padres porque no tiene confianza en ellos, y que termine diciendo que los padres son un latazo que no saben de qué va el rollo. ¿Eso es lo que dice? Sí. Este me va a oír. -Sí, claro, te va a oír. ¿Lo ves? Así se pierde la confianza de un hijo leyendo sus cartas y riñéndole por lo que cuenta en ellas. -Pero yo no le he leído. ¡Ah, bueno! ahora resulta que me estás culpando a mí de todo. -Mira, no me vuelvas loco, yo no te estoy acusando de nada, eres tú quien me acusa a mí. -Está bien, si no quieres ocuparte de tu hijo... ¿Qué no quiero ocuparme de mi hijo? ¿Será posible? Lo que yo no quiero es ser su perro guardián; su perro guardián no y no, te pongas como te pongas. Traigo aceitunas, y almendras ¿vale? -Vale. ¡Qué! Está de vicio ¿no? -"Demasie para mi body". ¿Qué? ¡Ah, sí! -¿Qué pasa? Estaba pensando en la forma de hablar que tenéis los chicos de hoy. Qué lenguaje. La verdad es que no sé ni cómo os entendemos, Quique. -A mí me mola. Pues para mí es "demasie", macho. ¡Qué barbaridad, cómo cambian los tiempos! Fíjate, de 30 años para acá, cuando yo tenía tu edad más o menos. Ya es que habláis hasta otro idioma. Y así en todo ¿eh? Esto mismo de las chicas antes era distinto. No, no, no creas que no corríamos también detrás de ellas. Había domingos... en que nos tirábamos toda la tarde recorriendo el paseo de arriba a abajo, detrás de una, detrás de otra... Había algunas que te pasabas horas hablándoles y diciéndoles cosas y nada, no había forma... de sacarles una palabra. Entonces sí que estaba difícil eso de ligar. Pues podíais haberlas invitado a una reunión en casa de alguno para oír música y así... -De cuando yo te hablo, los chicos, bueno los jóvenes, al menos en una ciudad pequeña como la mía, no teníamos otra diversión que el cine o el paseo. Había bailes sí, pero la que iba ya estaba marcada, así que las chicas normales pues no iban; por miedo, no creas, por lo que pudiera decir la gente. Ahora hay menos hipocresía en ese aspecto. -A mí no me importa nada la gente. Es que tú no puedes entenderlo. Además, una mujer no es lo mismo que un hombre. Tenía que guardarse más. -Las mujeres son lo mismo que los hombres, lo que pasa es que han estado marginadas. Tú no puedes comprenderlo, hijo; aquella era otra época. ¿Tú crees por ejemplo... que las mujeres i... ¿que las mujeres iban con pantalones y que fumaban por la calle? Es que ahora todo parece tan normal. Fíjate, por ahí andan todas en bikini, y algunas... casi casi sin tela; y no pasa nada; pero es que en aquella época había cosas que eran inconcebibles. ¿Tú crees que yo me hubiera atrevido a decirle a mi padre que una chica estaba ¡de vicio? Me hubiera arreado un guantazo de campeonato. Y así en todo. ¿Y qué teníamos nosotros?... No, no, no. ...si no teníamos nada. En cambio hoy, lo tenéis todo; que si una bici, que si un balón de reglamento, que si una moto, que si una barca, que si papá dame 40 duros... ¿Tú sabes cuándo tuve yo mi primera... mi primera moto? -No. Poco antes de casarme. -Pues muchos chicos de mi edad ya la tienen. ¡Ya! Unos caprichosos y unos consentidos es lo que sois. A vosotros hubiera querido veros yo entonces. Ahora todo lo encontráis, todo se os da. Pero si no tenéis problemas de ningún tipo. -Nosotros también tenemos problemas. ¿Pero qué problemas tienes, Quique? ¿Por que todavía no quiero comprarte la moto? -Y otras cosas. ¡Va! ¡Menudos problemas! -Claro, para vosotros no cuentan; para vosotros solo cuenta lo vuestro; pero nosotros tenemos problemas, y quizá más gordos que los vuestros. Lo que pasa es que vosotros, como creéis que todo nos lo compráis o que todo nos lo podéis comprar, pues ya está, pero hay otras cosas ¿sabes? -Pero qué cosas, dímelas. Bueno, me tengo que ir. ¡Vamos chicos, vamos, que no se diga! Nos podías haber avisado de que venía tu padre ¿no? Para qué. Para no venir nosotros, macho, que es un corte. Lleva unos días que está rarísimo. Se pasa todo el día hablando de cuando él tenía mi edad. Unas cosas más raras. Yo creo que se las inventa. ¿Vosotros creéis que los besos que se daban los artistas de cine les parecían goles? Sí, porque es que los de ahora son patatas. Sí, es verdad. Y además, se empeña en ir conmigo a todos los lados. -Es que tu padre es un plasta, Quique. ¡Venga, chicos, que estáis dormidos! Es que no se cansa ¿eh? Estoy agotado. ¡Con lo bien que lo podíamos estar pasando! Nosotras nos vamos a ir a buscar a Julia. -Si queréis quedamos luego, más tarde, cuando se marche. Se ha creído que estamos en el Tour de Francia. ¡Vamos chicos, ahora vamos a hacer una carrera! ¡Vamos, que no se diga; venga! ¿Qué os pasa, chicos, que ya estáis cansados? Bueno, pues ahora vamos a hacer una carrera; a ver qué tal responden vuestras piernas. ¿Listos? Preparados... Uno... dos y ¡tres! ¡Vaya un día! ¡Adelante, chicos! Once, 12... 13, 14 y 15. Venga, ya está. Es que ahora no sabéis ni jugar. Cuando yo era un chaval como vosotros es que jugábamos a mil cosas, hombre; nunca estábamos aburridos, como vosotros. ¡Menudo cuadro parecéis! ¡Venga, venga! Ahora hay que formar dos equipos. -Pero papá, que ahora ya no jugamos a eso. ¿Ah, no? ¿Y a qué jugáis entonces? Nada, que habéis perdido hasta la capacidad de juego. Nosotros es que no parábamos. Al rial, al rial de cadena, a pídola, a civiles y ladrones, al burro, a bomba va número uno; un, dos, tres el zapatito inglés, lo que hace madre lo hace el hijo... ¡Hombre! Es que ahora a eso juegan los peques. ¿Peques? Mira, yo he jugado a todo eso hasta cuando llevaba pantalón bombacho. -¿Pantalón bombacho? ¿Bombacho? ¿Era para la guerra? ¿Bombacho? -¿Pero es que no sabéis lo que era un pantalón bombacho? Yo sí. -Hombre claro, tú sí porque me lo habrás oído decir a mí, pero estos. Bueno y al marro, cómo era aquello; y las canteas, con los chicos de los otros barrios; y aquellos partidos de fútbol; Atlético de Madrid-Atlético de Bilbao Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo, Gainza, Carlsson, Ben Barek, Múgica, Silva y Escudero, ¿qué... tampoco os suenan? ¡Santo Dios! Es que ahora no sabéis más que lo que os cuentan en la tele. Nosotros llevábamos otra vida. A la fuerza; la calle era nuestra segunda casa; bueno, que digo la segunda, la primera; si estábamos en ella prácticamente todo el tiempo, claro que entonces no había casi ni coches. Jugábamos en medio de la calle, y a lo mejor... cada media hora nos subíamos a la acera porque pasaba un coche. -¿A que antes no teníais tele? Me lo ha dicho mi padre. Sí, hombre, tú encima anímale, dale correa. ¡Tele dices tú! Qué más hubiéramos querido. Con la radio íbamos servidos. Ahora no creáis ¿eh?, la radio era pero que mucho más divertida que la tele. ¡Ay, aquellos programas! "Cabalgata fin de semana!, "El criminal nunca gana"... ¡Jo!, y los concursos: "Lo toma o lo deja". "¿Señora o señorita? -Señorita. Porque usted quiere, nada más". Toda la familia alrededor de la radio. ¡Ya está! A la gallinita ciega; podemos jugar a la gallinita ciega ¿eh? Eso no diréis que es para peques. Lo jugábamos a los 14 años, y así era la única forma de poder palpar algo. Venga, yo mismo soy la gallina ciega. Así. Vamos a ver. Nada ¿eh?, no veo nada. -¿No ves nada? Nada. -¿Seguro? ¡Hombre! Es la palabra de un adulto, ¿no? Venga, ahora tenéis que decir "gallinita ciega ¿qué se te ha perdido?" -Venga, decirlo. Todos:Gallinita ciega, ¿qué se te ha perdido? -Una aguja y un dedal. Venga, y ahora decid: da tres vueltas y la encontrarás. Todos:Da tres vueltas y la encontrarás. Una,... dos... y... ¡tres! Venga chicos. Chicos, tenéis que acercaros a mí y tocarme para que yo pueda saber por dónde andáis, si no... ¡Venga! ¡Venga, chicos. Venga, ánimo! ¡Ah, ya te tengo! Tú eres... Pero ¿quién eres tú? Hola, buenas. ¡Ah!, es usted. ¿Y los chicos? Hace un momento iban corriendo en esa dirección. Se han marchado. Otra vez se han marchado. Yo hago lo que puedo por... hacerme amigo suyo. Ya me ve, aquí estoy, haciendo de... de gallinita ciega, tratando de entretenerles, de... ser uno más de ellos. Pero es lo mismo. Al final... siempre aprovechan la primera oportunidad para dejarme plantado. En cambio con usted y con esa chica, Julia, no sé... parece que hacen buenas migas. A ustedes sí los consideran sus amigos. Somos sus amigos, sí señor. Pues tiene usted que ayudarme. ¿Yo? Tiene usted que decirme qué hablan con ellos, qué cosas les cuentan, qué hacen para lograr que ellos los traten como amigos. Nada. Como que nada. Supongo que hablará con ellos. Claro, naturalmente. ¿Y de qué hablan? Eso es lo que quiero decir. Hablamos de... de nuestras cosas y de lo que se tercia; no planeamos nuestras conversaciones. No sé pero... tiene que haber algo que los una. Sin ánimo de ofender, usted es bastante mayor que yo; quiero decir, por edad yo debería estar más cerca de ellos que usted, ¿no es verdad? Verdad es, sí señor. ¿Entonces? Yo no sabría explicárselo. A lo mejor es porque... yo soy igual cuando estoy con ellos que cuando no No entiendo qué quiere decir con eso. Quiero decir que somos amigos porque lo somos. Ni ellos ni yo hacemos nada especial para que sea así. Somos amigos, y basta. Usted quiere decir que los chicos notan que yo me esfuerzo por ser su amigo. Puede ser. Bueno, y aunque así fuese. No, nada, nada, no pasa nada. Lo que ocurre es que los chicos tienen como un radar para... para todo eso, para la sinceridad y todas esas cosas. Bueno, no lo sé tampoco, ya le dije que no sabría explicárselo. Bueno, tiene que perdonarme, pero todavía me aguarda faena. Permítame que le acompañe. No faltaba más, claro. Lo que es cierto es que a los chicos les gusta su compañía. Normal; también a mí me agrada la suya. Es algo refrescante para un solitario como yo sentirse rodeado de cachorrillos humanos. Me reconcilia con la especie ¿sabe? Uno ha vivido y ha visto a los hombres hacer barbaridades. Aquí, y en otras partes. En cambio los niños, los suyos, los de los demás, los niños de todo el mundo, son siempre... otra oportunidad, una esperanza. Nosotros somos agua lenta en el río; a veces incluso agua estancada, en cambio ellos... son agua de manantial. Bueno... eso lo saben ustedes tan bien o mejor que yo. Oiga, ¿podría decirle algo sin que se ofendiese? Diga. Lo que quiero decirle es algo sobre ustedes, sobre los padres. En cierto sentido... les admiro, y en cierto sentido también... los compadezco. ¿Por qué? Porque... cuando se deciden a traer hijos al mundo, o es que son unos valientes o unos inconscientes. Entiéndame, a lo mejor no son ni lo uno ni lo otro, son sencillamente seres que creen en la vida y en paz, sin otras zarandajas, que a lo mejor es así como debe de ser. Pero lo dicho, bajo mi punto de vista... o unos valientes o unos inconscientes. Siempre me aterró la posibilidad... de tener un hijo; bueno, la responsabilidad quiero decir. Sí, Chanquete, a veces se piensa en eso; al menos yo lo he pensado. Pero a todo se acostumbra uno, y no es tan terrible. Si usted lo dice... Celebro que sea así. Ya le he dicho que yo soy un solitario y veo las cosas desde fuera. Es posible que el mío no sea el mejor punto de mira. Mi mujer es la que está más preocupada por el chico. En realidad todo esto es idea suya. Le mima demasiado; se cree que todavía es un niño sujeto a sus faldas. Y es lo que yo le digo, el chico empieza ya a ser un hombre y es natural que quiera tener su propio mundo. ¿No le parece? Sí señor, sí me parece. Y que quiera prescindir de nosotros: ¿no es cierto? No, no señor. ¡Qué ha de querer prescindir! Les busca ahora más que nunca. ¿Qué el chico nos busca? ¿Se lo ha dicho él? No, no me lo ha dicho. Ya me parecía a mí. Usted es como mi mujer; pero yo me acuerdo muy bien que cuando yo tenía la edad del chico Usted también, seguro. ¿Yo también qué? Que también buscaba a sus padres más que nunca. Seguro, ya le digo. Va usted a probar un licor de hierbas muy digestivo. Lo hago yo mismo. Yo no les entiendo; de verdad que no les entiendo. Tienen todo lo que quieren y nunca están satisfechos. Parecen cansados, aburridos... Nada les interesa, nada les divierte. Puede que usted se equivoque al pensar eso. Lo que pasa es que quizá las cosas han cambiado. Las cosas no son como antes; nunca son como antes. Las cosas de mi infancia no fueron como las de la suya, ni las de las suyas son como las de sus hijos. Es ley de vida. El mundo va cambiando, y la gente va cambiando con él. Y así los unos... somos extraños a los otros. Quizá lo que... que dejemos... el mundo a un lado y veamos el interior de las personas. Por dentro, por bien adentro, no somos tan diferentes, ni usted ni yo, ni usted ni sus hijos. Es que eso no resulta tan fácil, y menos con los chicos. Son tan cerrados a los demás, tan egoístas. Bueno, perdone que vuelva a llevarle la contraria pero... creo que no tiene usted razón. Ellos son claros como la mar más clara, limpia, sí señor, transparentes, y el egoísmo que pueda usted ver en ellos pienso yo que puede ser nuestro propio egoísmo... reflejado. Si al menos uno supiese cómo hacerlo. ¿Cómo conseguir que el día de mañana nuestros hijos se sintiesen satisfechos de sus padres? ¿Que nosotros nos sintiésemos orgullos de nuestra obra, de lo que hemos hecho con ellos? En eso sí que siento... no poder darle esperanzas. Hagamos lo que hagamos, al final siempre tendremos la sensación de haber fracasado con ellos. ¿Y usted qué puede saber? Usted es un hombre solitario. Pues ese es precisamente... el fruto de mi fracaso. ¡Enrique! -¿Qué tal, hombre? ¿Qué quieres tomar? -Cualquier cosa; un agua mineral. Por favor ¿quiere traer un agua mineral con gas? ¡Vaya, así que todos reunidos! -Sí. ¿Y tú... qué tal? -Tirando, dando un paseíto. -¿Y los chicos? Bien, bien. -¡Anda, cuéntanoslo ya! No te hagas el interesante, hijo. -Pero que os cuente el qué. ¡Qué va a ser!, lo tuyo con los chicos. Tus experiencias con ellos para conocerlos mejor. -Mercedes nos lo ha contado todo. Sí, todo lo que estáis haciendo para conocer mejor a vuestro hijo. Si yo no estoy haciendo nada. -¡Por favor, Enrique, no seas modesto! Es una idea estupenda, y todos estamos dispuestos a seguirte -Sí, sí, ya lo tenemos decidido. ¡Pero habéis decidido el qué! -Pues eso. Que nosotros también queremos participar de lo que tú estás haciendo. -Queremos conocer a nuestros hijos en su propia salsa. ¿Qué dirás qué hemos pensado hacer para acercarnos más a ellos? Una idea estupenda, y se le ha ocurrido a tu mujercita. -A ella, a ella. Entraremos en su terreno, y haremos todos lo mismo, todos juntos, ellos y nosotros. -Sí, eso, como si fuésemos un grupo de amigos. ¿No adivinas lo que vamos a hacer? -Piensa, piensa. ¡Un guateque! ¡Un guateque! Hola, chicas. -Gracias. Vosotros también. Estos están riquísimos. ¿Verdad, Carmen? Sí, buenísimos; y estos también, te han salido muy bien. Toma, para luego. Por cierto, me tienes que decir qué les has puesto a los emparedados. Están riquísimos; mira, ya no quedan. Eso quiere decir que tengo yo razón. Buenísimos, ya te digo. ¿Qué pasa, no bailáis? Esta es vuestra música ¿no?, la que os mola. ¡Hala, ánimo! ¡Anda, anda, mira qué bien que se le da a este! No te vayas a creer, que desde luego hay algunos que lo hacen peor. -¡Va, pero les da lo mismo! Empiezan a mover el cuerpo que parece que se van a descoyuntar y ya está. Si lo hacen bien como si lo hacen mal; les da lo mismo Papá, ¿nos podemos tomar un cubata? ¡Sí, hombre, estaría bueno! Mira, ahí tenéis vuestras bebidas, y no la fastidiéis ¿eh? Esto... es un veneno. -Sí, pues os estáis poniendo morados. ¡Quique! -Déjalo, déjalo. Pero nosotros somos mayorcitos, y aunque tomemos una copa de vez en cuando no pasa nada. Vosotros estáis en edad de crecer, y esto es fatal, malísimo. Por mí podéis tomar un traguito pero... allí están vuestras madres, preguntárselo; ya veréis lo que os dicen. -Pues ellas también se están poniendo moradas. -¡Quique! Esa lengua un poco suelta ¿eh? -¡Venga hombre, venga! ¿Por qué no bailáis? Esto no es para bailar es para escuchar. Esta es para escuchar, ¿para escucharlo esto? Peor que para bailarlo. -¡Hombre, por Dios! ¿Qué dicen estos chicos? Oye, papá, ¿podemos fumarnos un cigarro? Sí, hombre sí, un cigarrito sí. Toma. Un cigarrito. ¿Y para estos? Ese para todos. ¿Uno para todos? Y todos para uno, y no protestéis ¿eh? Si no tocamos ni a tres caladas. ¡Y se quejan! Un Winston para tres y se quejan. Nos tomábamos nosotros un mataquintos para 12; y tan contentos, ¿te acuerdas? -¡Hombre, no me voy a acodar! Y las colillas nos fumábamos. Oye, ¿os acordáis, os acordáis de aquellos cigarrillos de anís?, ¿los que costaban...? No me acuerdo cuánto costaba el paquete. Bueno, te metías uno en el cuerpo y es que por donde iba pasando te destrozaba vivo. ¡Era una cosa aquello! -¿Los de anís? ¡Los que tendré yo fumados! Oye "pi", ¿nos echamos un poco de eso? Vale, guay. Échame un chorreoncito. ¡Esto mola! ¡Ah, maravilloso! ¡Niña, niña! Eres joven y bonita pero de música no entiendes nada. Anda, quita, quita. -¡Esto es lo mío! ¡Ay va! ¡Esto es música! ¡Ven pa cá, reina mora! ¡Olé! ¡Ven aquí, Nati de mis carnes! Vale, vale. Belleza tropical. ¡Ya verás cómo baila! -Esto es ritmo. ¡Cambio de bailable! De la tradicional enjundia del baile español por excelencia... a los románticos acordes de... Johan Strauss. Ven Javi, baila esto conmigo. Si yo no sé bailar esto. ¿Cómo que no? Venga, con más gracia. Vamos. Un, dos, tres... -Bea, cariño, vas a bailar un vals con tu padre. ¿Me permite este baile, madeimoselle? Oye, ¿todavía os dura el cigarrillo? Mira, eso sí, le sabéis sacar provecho. Otra vez tú y yo, Carmen. Vamos a demostrarles a estos cómo se baila un vals. ¡Pero niña, alegra la cara! Tito... -¿Qué? Tengo que confesarte una cosa. -Y qué es. Es la primera vez que voy a un guateque. -Y yo. "Pi". -¿Qué? ¡Que me va la marcha! Y ahora, señoras y señores... nuestro Machín. -¡Bravo! Dos gardenias para ti con ellas quiero decir te quiero, te adoro mi vida. Ponle toda tu atención porque son tu corazón y el mío... Son como niños. -Y que lo digas. que tendrán todo el calor de un beso, de esos besos que te di y que jamás encontrarás en el calor de otro querer. A tu lado vivirán y te amarán como cuando estás conmigo, y hasta creerás que te dirán te quiero. Pero si un atardecer... Vaya rollo ¿no? -Y encima no nos dejan poner nuestros casetes. -Mirar cómo bailan. Y luego dicen de nosotros. ...es porque han adivinado que tu amor se ha marchitado porque existe otro querer. ¿Cómo se llama este baile? Y yo qué sé. Un bolero, creo. Pues es una vacilada. Y un poco macarra. Son unos fósiles los carrozas estos. ...y que jamás encontrarás en el amor de otro querer. A tu lado vivirán y te hablarán como cuando estás conmigo... ¿Qué hacemos? Yo me aburro como una ostra. -¿Y para eso nos han hecho un guateque? Te quiero, pero si un atardecer las gardenias de mi amor se mueren, es porque han adivinado... Esto también le mola a mi tío cantidad. Oye, ¿por qué no nos vamos fuera y ponemos cosas nuestras en mi tocata? Vamos. Vale. A tu lado vivirán y te hablarán como cuando estás conmigo... Subtitulación realizada por Yolanda Fernández Gaitán.

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Verano Azul - Capítulo 16: "El guateque de papá"

24 jul 2014

El padre de Quique, alarmado por su mujer, trata de acercarse a la Pandilla, como medio para ganarse la confianza y la amistad de su hijo. El acercamiento es un fracaso, ya que logra introducir incomodidad y aburrimiento entre los chicos.

Histórico de emisiones:

24/01/1982

 

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