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Para todos los públicos UNED - 26/04/19 - ver ahora
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La sociología, la historia, la pedagogía, la filología,

múltiples disciplinas han tenido como objeto de investigación

el campo de la lectura.

Ha sido pensada, analizada y parametrizada

por diferentes agentes sociales, editoriales, bibliotecas, blogs,

sociedades de gestión de derechos, etc.

El grupo de la UNED de Antropología Urbana,

junto a otros colaboradores,

ha realizado una investigación cultural,

una mirada etnográfica que atiende a los pequeños detalles

en las diferentes maneras de leer, que ha quedado plasmada en el libro

"¿Cómo leemos en la sociedad digital?".

La lectura no es únicamente un desciframiento racional,

reductible al valor informativo para el sujeto,

sino que es corporal,

pues la persona que lee, lee con todo su cuerpo,

es afectiva, pues moviliza la imaginación y la emoción,

es activa, pues el sujeto interpreta,

es abierta, es social, es holística.

En la investigación que el grupo Cultura Urbana de la UNED,

junto con otros colegas de la Universidad de Valencia,

de la Universidad de Sevilla,

y financiados por la Fundación Telefónica,

hemos llevado a cabo...

una investigación sobre maneras de leer y sus transformaciones,

las transformaciones de la lectura en el siglo XXI.

Nos hemos fijado mucho, no sólo en los nuevos soportes de lectura

que, obviamente, están transformando,

a través del impacto del mundo digital,

no sólo los contenidos lectores, sino también los modos de leer

y, también, cambiar la pregunta sobre el qué leemos

y dirigirla, más bien, hacia el cómo leemos, quiénes leemos,

porque la lectura para un antropólogo es, ante todo,

una práctica que constituye a los sujetos que la hacen.

Nuestra manera de ser quienes somos

tiene que ver con las formas de leer que tenemos,

con cómo ponemos el cuerpo, con el gesto lector,

con los momentos de lectura, con las ocasiones de la lectura,

con si la lectura se comparte o no, y con una gran pregunta que es...

¿cómo entra el hecho de leer en el sistema de nuestras prácticas?,

¿cómo se relaciona, por así decirlo, con la vida cotidiana que tenemos?

Esa es la gran pregunta

que las antropologías o las etnografías de la lectura,

que queremos impulsar, se está haciendo.

La lectoescritura conforma al sujeto moderno,

una práctica cotidiana ligada a las formas de conciencia.

La lectura no es sólo una operación abstracta,

los gestos, los espacios, las costumbres de la práctica lectora,

cobran relevancia en este estudio.

Rastreando las diferentes imágenes sobre la lectura,

analizando los cambios en las representaciones iconográficas

de la situación y actitud lectora en el hogar,

podemos dibujar los diferentes procesos de transformación

de los interiores domésticos como la informalización,

la individualización y el desabigarramiento.

Una de las cuestiones más interesantes,

a la hora de estudiar la lectura, es la transformación...

de las representaciones de las lecturas de interior.

Esto de lecturas de interior es una expresión que tomamos de...

uno de los más importantes historiadores de la lectura

en España, de Jean-François Botrel, que se refiere, básicamente,

a situaciones de lectura en el espacio doméstico.

Uno de los aspectos más interesantes en la transformación

de la representación de la práctica lectora

es la informalización de ésta.

Baste pensar en el tipo de postura

en el que el lector había sido representado

durante todo el siglo XVIII y el siglo XIX,

e incluso en las primeras décadas del siglo XX.

Un lector rígidamente disciplinado

en el tipo de lectura que podríamos encontrar en un escritorio,

que viene, por supuesto, a su vez,

del tipo de disciplina física de la escuela y de la biblioteca.

Por el contrario, encontramos, ya a mediados de los años 80,

una representación de los lectores, tanto masculinos como femeninos,

particularmente informal.

Esto atañe, no sólo a la postura del lector o la lectora,

que aparecen lánguidamente representados

en un sofá o en un sillón mullido,

sino también a todo el entorno lector,

las pantuflas, el tipo de iluminación...

esto, a su vez, remite a una idea que...

durante todo el siglo XVIII y XIX fue particularmente rechazada,

que es la idea de la lectura como un placer compuesto en el que,

no sólo juega un papel fundamental el contenido que uno está leyendo

y el tipo de evocación y placer que puede estar suscitando,

sino también un conjunto de placeres periféricos que confluyen,

tales como la propia comodidad de un sofá mullido

o el propio calor de hogar,

así como esa luz afelpada del flexo que, por primera vez, nos acompaña,

habiendo sido ya abandonadas,

como anuncian las propias revistas de decoración,

las luminarias de techo.

Nosotros, evidentemente, como lectores contemporáneos,

pensamos la lectura como una práctica silenciosa,

ensimismada y, sobre todo, solitaria.

De hecho, muchos tenemos que escondernos

en algún rincón de la casa para que nos dejen leer.

Por el contrario en el caso, por ejemplo,

de casas como esta, del siglo XIX,

existían muchas prácticas lectoras colectivas.

Esas lecturas colectivas, en voz alta, irán desapareciendo,

como así su representación, tanto en la pintura como en la fotografía,

y, de hecho, en las fuentes que nosotros hemos consultado

de los años 60 en adelante, todas las lecturas que vemos representadas,

son lecturas solitarias y silenciosas,

absolutamente individuales.

Al atender a lo que hemos llamado "el entorno lector",

una de las características fundamentales de la transformación

de ese entorno es el desabigarramiento.

Esto, que afecta a todos los espacios de la casa,

es muy pronunciado en el caso de los espacios dedicados a la lectura.

Eso tiene que ver también, evidentemente,

con la desaparición de muchos de los muebles de almacenaje

que estaban destinados a los soportes en papel.

El caso, evidentemente, más representativo importante,

bibliotecas como esta que podría llegar a albergar miles de volúmenes.

En el análisis de estas representaciones

de los lectores y las lecturas, es imposible no prestar atención

a diferentes variables de género y época

entre la lectura ocupada o debida

y la lectura desocupada o por placer.

A la hora de pensar

las representaciones de la práctica lectora

es importante atender a la distinción

entre la lectura ocupada u obligada y la lectura desocupada o por placer.

La lectura ocupada es, precisamente, la lectura que ha protagonizado

las primeras representaciones de la práctica lectora

con las que contamos en la historia de la pintura.

En el caso de las fuentes que nosotros hemos consultado,

que son revistas de decoración,

mantendrán una representación de lectura estrictamente masculina,

hasta más o menos los años 70, de hecho, no contamos...

con representaciones de lectura ocupada femenina,

en revistas de decoración,

hasta mediados de los años 80 en que, por fin, encontraremos mujeres...

en una actividad de lectura que sea esforzada,

la podríamos llamar intelectual.

En el caso de la lectura desocupada o lectura por placer,

la clave del género, en función de la época a la que atendamos,

también es fundamental.

Así, por ejemplo, en el caso de la revista El Mueble,

durante los últimos años 60 y primeros años 70,

encontraremos una representación de la lectura ociosa masculina

que apela al imaginario del "ocium literatum", del literato ocioso.

Es decir, aunque se trate de una lectura

no relacionada con el trabajo o el deber,

no deja de ser una lectura particularmente comprometida

con un cierto capital intelectual.

En el caso, en cambio, de la lectura femenina,

esa lectura grata, está más bien relacionada

con el picoteo, con el ojeo, es decir, con una lectura que...

lejos de atender a los criterios del canon lector

de la lectura de principio a fin y de una lectura ensimismada,

más bien es representada como una lectura voluptuosa,

una lectura entretenida y, sobre todo, particularmente distraída,

entre otras cosas porque el tipo de representación de la lectora,

atiende más bien a una lectura entre horas, entre labores,

que no corresponde, por así decir,

a la lectura ininterrumpida que el varón exigía,

tanto en el despacho como en su alcoba.

Saliendo de la esfera del hogar,

son infinitos los escenarios que cobijan la práctica lectora.

Presentado como un ensayo visual a través de fotografías en la calle,

en el metro, en parques o avenidas,

esta etnografía pone también la mirada

en todo aquello que envuelve al lector de hoy,

aquello que rodea y vertebra el tiempo de la lectura.

En materia de práctica, la forma importa.

Nos preguntábamos qué puede una fotografía

aportar a un estudio sobre lectores.

Muchas veces lo que aporta es, precisamente, mostrar...

el cortocircuito entre el tiempo del lector,

el contexto en el que está leyendo y el tiempo de la lectura,

es estar como siempre en otra parte, como siempre en fuga, evadido.

Lo que tienen las fotografías que hemos hecho en la investigación

es, precisamente, fugas,

lectores abstraídos en diferentes contextos de la ciudad de Madrid,

que es donde hemos ido realizando todas las fotografías.

Lo interesante de la fotografía, en este sentido,

es como cuando los fotógrafos captan a dos amantes,

que están en mitad de una ciudad, en mitad de un contexto,

el contexto es lo que menos importa,

porque parece que desaparecen en ese beso,

pues algo parecido ocurre con los lectores.

Cuando un lector está leyendo a Paul Auster en el metro,

de repente está en aquel Palacio de la Luna, imaginándose a sí mismo,

pero cuando lo fotografías en realidad te das cuenta

que ese lector está rodeado de una muchedumbre de gente con prisa

o haciendo otra serie de cosas.

Con este ensayo queríamos reconectar el sentido del lector contemporáneo

mostrando el tiempo de la lectura, que es estar siempre en otra parte,

y el tiempo del lector, que es el aquí y ahora, el contexto.

El escenario donde se encuadra la lectura

sufre también transformaciones aceleradas

por las formas de consumo y las prácticas culturales.

Esto está sucediendo con las bibliotecas.

La institución canónica, donde encontrar todo conocimiento,

está dejando de ser un espacio sagrado donde reina el silencio.

Almacenar, archivar, organizar

y salvaguardar toda memoria de la cultura,

consultar, leer e investigar,

las bibliotecas desean ampliar estas funciones

y se plantean como espacios de encuentro.

La biblioteca es la institución cultural más visitada en España,

frecuentada por más del 30% de la población.

Quieren llegar a ser un facilitador de encuentros,

de entrecruzamiento de nuevos materiales para la lectura,

nuevas temáticas y nuevas personas.

Las bibliotecas públicas han sufrido una transformación,

en los últimos 30 años, totalmente radical.

Es decir, del espacio sacrosanto en torno al libro

que había hasta hace unos años

y que todo giraba en torno a ese libro, la lectura...

y era el sancta sanctorum, el sitio donde se almacenan libros.

Las bibliotecas se han transformado totalmente,

los usuarios y usuarias se han convertido en actores...

en actores de la biblioteca y han tomado cada vez más protagonismo.

El libro sigue teniendo un peso fundamental en las bibliotecas,

pero otra serie de actuaciones, otra serie de actividades,

otra serie de dinámicas son las que se han implantado en las bibliotecas.

Hay muchos usuarios de todo tipo, con todo tipo de perfiles,

gente que quiere escribir, gente que quiere leer,

gente que quiere escuchar un cuentacuentos.

Entonces, las bibliotecas han diversificado toda esa acción

y han convertido al usuario o usuaria

en el protagonista de la biblioteca, más que el libro.

Ha sido una transformación muy lenta,

ha ido de la mano de las redes sociales,

de los cambios políticos, económicos y culturales que ha sufrido el país,

y es algo que se está dando en todo el mundo,

es algo común a todo el mundo.

Es decir, esa biblioteca de los años 80,

que era un sitio pequeñito con una colección de 15 mil libros,

se ha convertido en una gran biblioteca de 2.000²,

con salas polivalentes, con un calendario de actividades infinito,

con la implicación tanto del personal de las bibliotecas

como de los usuarios, y donde se puede hacer casi cualquier cosa.

Ahora estamos en un momento de "impasse"

en el que la función social

está imperando por encima de la función de conservación del libro,

de conservación de la cultura.

Entonces, no sabemos que nos depara el futuro,

pero sí que sabemos que la gente de bibliotecas,

el personal bibliotecario es un personal adaptativo,

es decir, se van adaptando a lo que se va pidiendo.

Se están conformando nuevas estrategias en torno

a la posibilidad de escribir, de editar,

de distribuir, de darse a conocer.

Autores colectivos, autoedición,

textos collage conformados por fragmentos de otros textos,

el circuito productivo está envuelto en un proceso de constante cambio.

Con el objetivo de fomentar la lectura,

de generar redes, de proyectar cosas juntos,

existen diferentes estrategias

seguidas por pequeñas distribuidoras y editoriales

que se estructuran en torno a momentos clave de encuentro,

como ferias, festivales, foros o congresos.

Si hay una figura dominante

en el canon cultural que hemos recibido del siglo XX,

esta era la del autor, la figura del autor, que era incuestionable.

No era posible imaginar la producción cultural

si no era con un nombre y con un gran nombre que firmara las cosas.

Si hay algo que ha transformado radicalmente la cultura de la red

y las nuevas maneras de escribir y de leer es, justamente,

la posibilidad de pensar en una autoría colectiva,

en formas colaborativas de producción

como es el caso de Wikipedia,

como ha sido el caso de muchas plataformas y de muchos protocolos

que se han ido desarrollado a través de licencias de software libre

y a través de figuras de producción

que no necesariamente llevan una firma única,

sino que permiten aparecer la coautoría compartida

a veces de manera incluso anónima.

El circuito del libro también está sufriendo una transformación brutal

que está en consonancia con el mundo digital, también,

y con el ritmo de la producción en general.

Este ritmo tan brutal de edición y de producción literaria

es mucho mejor absorbido y mejor llevado por las grandes editoriales

y los grandes grupos de edición y de la industria

que pueden asumir todos esos costes, todo ese volumen de publicación,

que por los pequeños proyectos de editoriales y librerías

que sacan proyectos chiquititos, que tienen otro perfil,

quizás más cuidado, más delicado, pero que ante ese ritmo infernal...

es muy complicado que puedan sobrevivir.

Entonces, esta reorganización de su trabajo pasa, fundamentalmente,

por un trabajo en red y en colaboración.

Una de estas iniciativas que he encontrado muy interesante es...

el grupo de gente que promueve un festival

que se llama "¡Hostia un libro!,

en el que, en principio, mezclan lucha libre y literatura.

El grupo de gente que lo hace quiere reivindicar, sobre todo,

la falta de complejos en mezclar una cosa con la otra,

la posibilidad de que te guste la lucha libre

con la lectura de cualquier manera, con la música electrónica,

con danzas de espadas laser y cualquier cosa que quieras mezclar,

y que te guste y que quieras compartir y disfrutar.

Ese es el espíritu de esta feria tan surrealista y tan atípica.

La extensión de Internet en los hogares,

con la multiplicación y popularización de los dispositivos

utilizados para la lectoescritura,

desde el ordenador personal hasta el teléfono móvil,

abrió con fuerza el debate sobre la desaparición del libro en papel.

La presencia física del libro

hace que gravite en su entorno una atmósfera mágica,

el libro material que nos acompaña desde hace siglos

compuesto por páginas, tapa, tipología de letras etc.,

se relaciona con cada sujeto lector de una forma particular.

Nos hemos metido en casas de personas de Ciudad Real,

les hemos pedido que nos enseñen sus bibliotecas

y que nos cuenten la historia de esos libros

y la historia de ellos como lectores,

y nos hemos encontrado con cosas maravillosas,

con un pastor que tenía un libro que era como una calculadora,

un pastor que parte de la poca pensión que tiene

la destina a comprar libros

en una librería que se ha hecho él a mano, en una estantería,

y que esconde el dinero para que su mujer...

no vea que se gasta el dinero en libros,

porque un pastor, en principio, no debería de hacer eso.

-¿De qué trata este libro?

-Este es de uno que se va a una isla

y se encuentra allí unas pocas mujeres... y anda allí con ellas y...

y luego, al final, te desilusiona,

porque dice "todo esto es una novela".

Lejos de desaparecer, hoy los libros reviven y hasta proliferan,

aunque toman distancia respecto al canon culto

heredado de tiempos pasados.

La multiplicación de lo que es posible leer y cómo leerlo,

viene de la mano de los cambios culturales,

que complica la existencia del canon.

Un canon no solamente es una selección de textos

considerados modélicos o considerados "sagrados",

o considerados de referencia cultural para todos,

un canon es también, de alguna forma,

un patrón de medida de la excelencia cultural.

Y lo cierto es que si a lo largo del siglo XX

la escuela generalizó un cierto canon literario,

científico, filosófico...

el propio siglo XX se ha encargado de irlo desdibujando.

Por ejemplo, podemos pensar en cómo la cultura popular,

el impacto de los medios de comunicación,

la cultura del espectáculo y del ocio han ido...

diversificando nuestras prácticas

y han ido introduciendo cosas como la gastronomía,

o como la literatura de viajes,

o como el culturismo y la cultura deportiva como...

partes legitimas del canon cultural.

Lo que es la lectura canónica,

ahora yo creo que se ha quedado solamente

en una parte muy chiquitita de la lectura.

Ahora hay un gran número de personas y se lee mucho más,

sobre todo la gente joven,

con una lectura que está vinculada al ocio, por ejemplo,

no tanto a la escuela como al ocio.

La lectura... sobre todo es un derecho,

es el derecho a la cultura y el derecho al acceso a la información

y a tener herramientas para poder llevar una vida digna

y tener el conocimiento necesario para poder vivir mejor,

es un derecho de la ciudadanía,

pero también requiere ciertas obligaciones

como cualquier otro derecho.

Entre esas obligaciones, ahí está la escuela,

el papel que tiene la escuela de enseñanza

y de garantizar el aprendizaje en nuestra sociedad.

Entonces, ahí la lectura podría resultar una obligación,

bueno, pero es para adquirir un derecho,

es una relación que está constantemente mezclada...

o la lectura profesional que tenemos que hacer todos nosotros

para poder continuar con nuestra profesión

y llevar nuestras tareas diarias.

Yo creo que un gran derecho requiere una gran responsabilidad

y así se tiene que entender la práctica.

En esta época de tanta hibridación,

los lectores que nos encontramos son híbridos,

están a la lectura canónica, o deberían estar,

y ahí está y es muy importante,

y a toda esa otra variedad de lecturas

que se puede realizar ahora y que la tecnología nos facilita.

Lo que parece estar mutando es la legitimidad misma del hecho de leer,

su posición crecientemente desdibujada

dentro de un repertorio amplio de prácticas cotidianas.

La lectura está marcada

por una relación indisociable con la escritura, la interactividad,

la sociabilidad, la adopción constante de nuevos dispositivos,

la fragmentación de tiempos

y la multiplicación de ocasiones y motivos de lectura.

Los cambios en nuestra manera de leer

son reveladores de otros cambios más generales

en el régimen cultural contemporáneo.

Uno de los cambios más radicales que introduce las nuevas tecnologías,

las tecnologías digitales, es la interactividad,

y eso impacta directamente sobre la textualidad y sobre la lectura.

¿Por qué?, pues porque la lectura ha dejado de ser sólo lectura,

en todo caso es siempre lectura y escritura,

es una nueva cultura de "red & raider", dicen los ingleses.

Una de las quejas de los lectores contemporáneos

y, en particular, de la gente de cultura,

es la fragmentación de la lectura,

la sensación de decir

"cuánto tiempo hace que no he podido leer un libro de cabo a rabo,

o sea, por qué estoy leyendo a trozos, a fragmentos...",

incluso cuando se pregunta a los estudiantes,

muchos de ellos nunca han leído un texto completo...

de antropología o de sociología... de Marx o de Weber, han leído...

partes de cosas que... o bien están en la red,

o bien aparecen ya en textos compilados,

pero digamos que esa experiencia integrada de la lectura continuada...

tiende a perderse hoy día.

Eso es algo reclamado por muchos de los lectores contemporáneos,

aunque no necesariamente es así,

hay gente que es capaz de conservar sus momentos de lectura.

En nuestra investigación, lo que resulta muy claro es que...

no solamente es fragmentada la lectura como tal, como práctica,

sino, sobre todo, nuestros tiempos son los que han reventado,

se han fragmentado.

Vivimos una época de gran aceleración, de mucha movilidad

y de fragmentación de tiempos y de exigencias diversas,

de modo que lo que hacemos es leer cuando podemos.

El panorama de la lectura está cambiando y lo hace rápidamente.

Las maneras de leer,

constituidas por la reproducción de prácticas heredadas

cambian en un continuo proceso

de invención y producción de nuevos modos y esquemas,

creando maneras propias de lectura y específicas de cada sujeto.

Todo lo que tiene que ver con la investigación,

para nuestra facultad, es absolutamente fundamental,

por supuesto, después de la docencia,

pero absolutamente fundamental, de hecho...

la mitad del presupuesto anual que tenemos lo dedicamos...

a un plan de investigación, para fomentar la investigación...

no solamente para nuestros profesores,

sino también para nuestros doctorandos

y para los alumnos de los últimos cursos de los grados.

Somos muy conscientes de que la investigación en Historia

está en un momento social muy importante

y que debe tener una divulgación... sana,

una divulgación creíble, como credibilidad,

y una divulgación de fondo para la sociedad.

El gran peligro es que los ciudadanos

se conviertan en espectadores de lo que sucede,

en lugar de ser actores,

y tenemos que ser conscientes de nuestras responsabilidades,

especialmente, y esto quiero destacarlo,

en un momento en que, por primera vez en la historia,

si no se actúa a tiempo...

haya una serie de fenómenos irreversibles que van a producirse,

entre ellos está, por ejemplo,

el cambio de las características climatológicas, el cambio climático,

la habitabilidad misma de La Tierra puede deteriorarse,

y todo ello, ¿qué es lo que implica?

Implica que, primero, los ciudadanos seamos conscientes

y que después podamos expresarlo.

Las jornadas de investigación de la Facultad de Geografía e Historia,

son el foro en el que los estudiantes de doctorado...

nos presentan sus avances, sus hipótesis,

su línea de trabajo en la elaboración de sus tesis doctorales.

Lo hacemos en dos bloques,

uno de ellos siempre fuera de la facultad,

en este caso, ha sido en la sede del Senado,

con el profesor Federico Mayor Zaragoza,

y, luego, las sesiones de trabajo, propiamente dichas,

se hacen en la facultad, en diferentes foros,

separados por departamentos o bien por áreas temáticas,

donde los estudiantes y, en este caso, por primera vez,

también algunos profesores, vamos a plantear los trabajos...

de investigación, de hipótesis, de desarrollo,

para conseguir un feed-back,

un poco de retroalimentación con el resto de compañeros

y, bueno, orientarnos,

ver elementos que está trabajando un compañero y nosotros no, en fin...

sirve un poco, primero...

porque es una actividad obligatoria dentro del doctorado,

pero también es una manera de integrar,

de hacer equipos y de conocernos en...

las diferentes investigaciones que hacemos en la facultad.

La lectura siempre ha sido vertebral

para definir quiénes somos,

determinante para definir

la identidad individual y colectiva del sujeto,

por tanto, las nuevas formas de la práctica lectora,

afectan irremediablemente en la conformación del propio sujeto,

de cómo construye su mundo y lo expresa.

El grupo de la UNED de Antropología Urbana y la Fundación Telefónica,

son los autores de un encuentro etnográfico

que pone la mirada en el hábito lector, plasmado en el libro

"¿Cómo leemos en la sociedad digital?".

El libro atiende a las transformaciones aceleradas

en los consumos y prácticas lectoras.

La lectura para un antropólogo es, ante todo, una práctica...

que constituye a los sujetos que la hacen.

Nuestra manera de ser quiénes somos

tiene que ver con las formas de leer que tenemos,

con cómo ponemos el cuerpo, con el gesto lector,

con los momentos de lectura, con las ocasiones de la lectura,

con si la lectura se comparte o no, y con una gran pregunta que es...

¿cómo entra el hecho de leer en el sistema de nuestras prácticas?,

¿cómo se relaciona, por así decirlo, con la vida cotidiana que tenemos?

Esa es la gran pregunta

que las antropologías o las etnografías de la lectura,

que queremos impulsar, se está haciendo.

Considerando la red un espacio privilegiado de subjetivación,

¿qué lugar ocupa el texto en ella?

Al hablar de digitalización,

apuntamos al nacimiento de una nueva cultura,

donde la lectura y la escritura,

van ligadas a la interactividad en la red.

Separar la lectura del resto de las prácticas de relación online

sería artificioso,

como dice Remedios Zafra "todos escribimos para todos",

de forma que las personas lectoras son también potenciales escritoras.

Los límites del ejercicio de la lectura y la escritura

se desdibujan y emborronan,

descolocando la unidireccionalidad comunicativa como se concebía,

e incorporando nuevos agentes y mediadores.

Explorar cómo el par lectura- escritura se volvió indisociable,

se hace imprescindible.

Uno de los cambios más radicales que introducen las nuevas tecnologías,

las tecnologías digitales, es la interactividad.

Y eso impacta directamente sobre la textualidad y sobre la lectura.

¿Por qué?, pues porque la lectura ha dejado de ser sólo lectura,

en todo caso, es siempre lectura y escritura.

Es una nueva cultura de "red & raid", dicen los ingleses,

porque desde el mismo momento en que queremos leer en la red,

estamos obligados a inscribirnos en ella

a través de ejercicios escritores.

Con lo cual el "book", por ejemplo,

aparece como una herramienta fundamental de comunicación

donde uno es, al mismo tiempo, escritor y lector.

Y, en general, esto ha ido generalizándose

para toda la blogosfera.

Antes estaban bien separados los autores y los lectores,

los emisores y los receptores, los productores y los consumidores.

Ahora la red, sobre todo la Red 2.0,

que permite que exista tanto un diálogo

como una capacidad de creación muy sencilla,

porque todo el mundo tiene en su móvil una cámara de video estupenda,

un editor de textos, una serie de herramientas que...

si bien quedan limitadas a qué sabes hacer con ellas

y que tienen, a veces, unos espacios más reducidos,

permiten que todo el mundo pueda crear sus propios contenidos.

Al igual que tenemos que leer y escribir

como parte de una misma operación cognitiva,

en general, yo diría que hoy día estar en la red y existir en la red,

es ser prosumidor, es decir,

al mismo tiempo, producir contenidos para la red y consumirlos.

En esa medida, no sólo se ha desdibujado la separación radical

entre producción y consumo, sino, de manera más general,

ha aparecido una nueva manera de producir cultura,

mucho más vinculada a la idea del amateur o de la persona vocacional,

o la persona apasionada, que no necesariamente es un profesional.

Con esa distinción, la distinción canónica del siglo XX,

entre los escritores o los productores culturales

y los consumidores o los lectores, por otro,

se ha desdibujado enormemente

en muchos de los sectores de la producción.

En las mutaciones de la lectura,

podemos ver procesos de transformación cultural

de más amplio alcance.

La transformación digital ha permitido que se vean cosas

que ya en la cultura moderna del siglo XX se estaban produciendo,

como la individualización y la fragmentación.

Las escrituras y, en consecuencia, la lectura,

se han vuelto más personales, más individualizadas,

como el proceso de la vida social, en general,

que tiende a considerar al individuo

como la institución fundamental de la cultura.

Por tanto, las exigencias de hoy,

no sólo pasan por saber leer y escribir como antaño

para relacionarse con el mundo a partir de una alfabetización básica,

no basta con que uno sepa leer y escribir como cualquiera,

existe también la voluntad, por ejemplo, en la escuela,

de desarrollar las escrituras personales,

de que uno sea capaz no sólo de repetir algo o de interiorizar algo,

sino, además, de hacerlo suyo, de expresarse.

Y esa necesidad de expresión, por ejemplo,

la encontramos muy marcadamente en la red, hoy día,

con la voluntad muy firme de la gente que postea,

o que participa en foros, o que tuitea,

de tener una voz propia, de escribir de una manera particular.

Tenemos unas lecturas más fragmentadas, muchas veces en la red.

También tenemos vidas más fragmentadas, en mi opinión.

Fragmentamos desde nuestro día a día hasta nuestra narrativa vital.

Si bien hubo un momento en el cual...

la gente podía ver grandes bloques en su narrativa, en su vida,

ahora mismo creo que todo está muy fragmentado.

Esa idea perenne de la flexibilidad

y esa necesidad de estirar el tiempo hasta lo infinito

para que quepan todas nuestras identidades,

que hay que desarrollar todas y cada una de ellas,

ha llevado a una fragmentación que también se ve en la lectura.

Causa de tales cambios,

tiene que ver con la democratización

del acceso a la educación y la cultura,

con el desarrollo de los medios de comunicación masivos,

con el desdibujamiento de fronteras

entre lo que se consideraba alta cultura,

cultura masiva y cultura popular,

con la existencia de Internet, donde todo cabe,

con el nuevo sentido del tiempo

marcado por la rapidez y la obsolescencia.

La práctica lectora responde congruentemente

a estos cambios en la cultura.

Los cambios en nuestra manera de leer

son reveladores de otros cambios más generales

en el régimen cultural contemporáneo.

Cuando hablo de régimen cultural,

lo que quiero decir es que, en realidad,

nuestras prácticas no sólo vienen determinadas tecnológicamente

por los dispositivos nuevos que tenemos,

o, económicamente, por el acceso a la cultura

y el sistema de producción y distribución de los textos,

no es sólo eso, es algo que tiene que ver con...

en realidad, lo más íntimo de las disposiciones de lector

en relación con aquello que busca.

Es fácil entender que si la cultura, en su conjunto,

está sometida a estas trasformaciones, a estas mutaciones,

que han desdibujado los límites de la cultura letrada,

de la cultura legitima, y los han vuelto mucho más porosos

a la diversidad cultural y a las lógicas de la vida cotidiana,

nuestras lecturas lo reflejan también.

Alonso Víctor de Paredes, en el siglo XVII,

asimilaba el libro al hombre.

El libro constaba de dos partes,

la material y la espiritual, de cuerpo y alma.

¿Se puede perder el alma si falta el cuerpo?

¿Las nuevas tecnologías han hecho de la lectura una acción desalmada?

Para comprender las vicisitudes de la lectura,

es preciso acercarse a sus protagonistas.

-¿Qué está usted leyendo?

-Pues, aquí, un libro de cocina de hacer dulces y eso.

-Si ese lo tiene mi madre también... -¿Sí?

Los investigadores de la UNED

han ido al encuentro de quienes hoy siguen

hallando el alma del libro en la materia,

retornar a la relación primigenia con el libro de papel,

lejos de los entornos virtuales.

¿Cómo son los lectores que siguen amando el libro material

y están lejos todavía de los dispositivos electrónicos?

Son un tipo de lectores que hemos llamado, en nuestra investigación,

en nuestra reflexión, lectores primigenios,

que viven en un entorno que lo hemos llamado, metafóricamente,

el entorno de Analogia.

¿Cómo son los lectores primigenios en Analogia?

Son un tipo de lectores que,

de alguna manera, subliman la relación con el libro,

tienen un vínculo de amor, no lo maltratan, saben...

son lectores que están en pequeños pueblos, tienen pequeñas bibliotecas,

pero saben perfectamente todos los libros que tienen,

saben lo que les ha podido ayudar cada uno de los libros,

saben incluso lo que les ha costado.

La idea de no maltratarlos,

y, en ese sentido, la humanización del libro

se expresa en que no les gusta doblar páginas,

que inmediatamente que llegan los libros a sus casas los forran,

que los tienen colocados con un tipo de cariño que va más allá

de la consideración de una materia sin alma.

Básicamente, en Analogia, hemos trabajado con dos personas,

una peluquera que se llama Ángela y un pastor que se llama Eusebio,

y hemos trabajado con sus dos bibliotecas.

-En vez de cubalibres, pues a mí me ha dado por esto, por los papeles.

Para cuando vaya a Ciudad Real, gastarlo en libros.

-¿Sí?, lo guardas ahí.

-Bueno, no, ahora lo tengo aquí,

pero lo escondo en la mesita, ahí entre los papeles y ya está.

-Yo, cuando dicen "el libro electrónico"...

sí, porque te los puedes bajar, es verdad, te puedes bajar...

todo y no te cuesta dinero, pero yo prefiero tocarlo.

Lo que más me gustaría es tener un sitio...

ves, por eso los tengo todos cerrados,

porque no me gusta tenerlos al aire.

-Lo que nos ha demostrado esta experiencia en Analogia

es que cualquiera puede sentir el amor intenso,

la gravitación de los libros, que decía Jorge Luis Borges...

resulta curiosa esa metáfora de la gravitación

que usa Jorge Luis Borges,

quizás, el lector más culto de la historia de la relación hombre-libro

con la relación de Eusebio con los libros.

Para Eusebio sus libros también gravitaban

y creaban un tipo de atmosfera que le construía...

exactamente igual que lo que había dicho Jorge Luis Borges,

aunque fuesen lectores tan diferentes en sentir la gravitación.

Hasta el punto que Jorge Luis Borges decía...

que él, siendo ciego, todavía le gustaba comprar libros

y seguía ampliando su biblioteca,

porque la presencia de la materia libro gravitando,

por una especie de osmosis,

se impregnaba en su cuerpo y llenaba de aura mágica su vida,

pues algo así pasaba con... en la distancia tan grande,

con Eusebio, el pastor de Abenójar.

Al mismo tiempo, coexisten Digitalia y Analogia.

En Digitalia se valora la lectura fragmentada,

sin fin, de ida y vuelta, abierta.

La lectura en la red, inicia en mapas, buscadores, listados,

estructuras no lineales, dando forma a la Navegación.

Frente a lectores de Analogia,

que entienden que la relación con los libros precisa una digestión,

precisa una ritualización en el proceso de leer,

tranquilidad, mesura y digestión.

Para el caso de Digitalia,

la lectura está fundamentada en contactos múltiples con los libros,

lecturas parcializadas, lecturas fragmentarias,

lecturas que se lee un poquito y se rebotan inmediatamente

y, como en el caso de la alimentación,

los sociólogos de la alimentación han hablado de full contact,

para referirse a la nueva situación de la relación de los jóvenes,

sobre todo, con las comidas.

Si en el pasado, digamos, en un pasado culinario en Analogia,

una persona tiene cuatro contactos con la comida a lo largo del día;

el desayuno, el almuerzo, la comida y la cena,

en la modernidad culinaria en Digitalia,

uno puede tener 20 contactos con la comida, 20 full contact,

y uno puede tener 100 contactos con las letras,

con libros, con tuits, con facebook... 100 o 200 o 500,

y ante esto cabe la reflexión de decir...

"¿ya no se digiere la lectura?".

La experiencia de leer en pantallas

es distinta a la de la lectura en papel, eso es obvio.

No solamente, digamos, por los componentes...

sensoriales o táctiles de esa experiencia, sino, fundamentalmente,

por esto que el tropo fundamental de la web

señala al llamarlo "navegar".

Navegar significa, de alguna manera, dejarse llevar, perder el control,

no seguir un hilo necesariamente determinado

solamente desde tu capacidad lectora

y desde el guion que ya viene dado en el texto,

sino crear un texto, saltando o navegando, moviéndose...

en ese bosque de referencias textuales que es Internet.

Esa es una experiencia tremendamente placentera para mucha gente

y tremendamente desafiante, la primera vez que la has hecho,

esa lectura hipertextual, pero...

también conlleva los temores o las ansiedades de perderse...

en un marasmo sin referencias,

esa especie de sensación de autoabandono

que a veces tenemos cuando estamos leyendo de esa manera.

Hemos pasado de un texto plano

a un texto, que a mí me gusta decir, poliédrico,

poliédrico y, además, no lineal.

En este sentido, en realidad los textos que ahora leemos,

que pueden ser también audiovisuales, por ejemplo,

o en imágenes, o de otro tipo,

acaban de hacerse, acaban de escribirse con la mirada del lector,

porque es el lector el que va a decir cuál es el orden,

dónde empiezan, dónde acaban, cómo navegan.

En este sentido, vamos a viajar por ese hipertexto

y cada texto va a ser distinto dependiendo de ese lector,

porque los viajes posibles empiezan a ser infinitos.

Internet transforma la práctica lectora,

siendo sintomático de un nuevo régimen para el sujeto.

Una nueva cultura empieza a tomar forma.

Las redes sociales, como las nuevas industrias del yo,

que hacen orbitar las prácticas de producción

y recepción del mundo alrededor de uno mismo.

Las formas de llegar al encuentro con el texto se han multiplicado,

lo que ha trasformado los conceptos mismos de trabajo,

autoría, propiedad e industria.

Si hablamos de nuevas formas de lectura,

es inevitable hablar de las nuevas formas de producción del libro

y, en particular, del negocio editorial.

Las nuevas formas de edición, vinculadas con la red,

han traído consigo toda una revolución

por el abaratamiento de costes,

por la multiplicación de posibilidades y, sobre todo,

por la multiplicación de los actores que realizan esa mediación,

digamos que hay una pérdida de poder de mediadores tradicionales,

hay un debilitamiento y una precarización

de parte del tejido industrial y económico

que estaba vinculado a la distribución del libro en papel,

y ahí, la irrupción de grandes actores

como pueden ser, hoy día, las plataformas digitales,

como son los buscadores, como puede ser Google,

como puede ser Amazon, con la distribución on-line, etc.,

de modo que hoy día asistimos a un mundo digital de edición

que es tremendamente complejo, económicamente, tecnológicamente,

pero que también ofrece múltiples posibilidades

de imaginar nuevas formas de circulación del texto.

La posibilidad de que todo el mundo pueda acceder a ciertos contenidos

y pueda producir, pueda emitir mensajes, pueda escribir...

nos lleva a nuevas lógicas,

en las cuales deja de ser patrimonio exclusivo de algunos

la posibilidad de emitir mensajes,

de decir "esto se publica y esto no se publica",

y se democratiza, o eso parecía, la posibilidad de hablar,

y eso es cierto, todos podemos hablar en la red,

sin embargo, no todos vamos a ser escuchados, por varias razones:

la primera, porque no se puede oír a todo el mundo;

la segunda, porque, probablemente,

ni siquiera te interese escuchar a todo el mundo;

y la tercera, porque, realmente, lo que uno ve

y lo que a uno le llega en la red no es ajeno, tampoco,

a ciertas manipulaciones...

que tienen que ver con dónde vamos a ver las cosas y porqué.

Si tú consultas un término en un famosísimo buscador,

probablemente, tus resultados y los míos,

sean ligeramente diferentes o muy diferentes.

Las prácticas son la sociedad incorporada.

Las nuevas formas de textualidad, no necesariamente literaria,

despliegan nuevos y estrechos vínculos con lo audiovisual,

la sociabilidad distribuida de los medios,

la interactividad, la convergencia, la velocidad y la hiperabundancia.

Debemos atender a la gestión de estas nuevas dimensiones.

En la red hay mucho texto y hay muchos textos,

hay mucha letra y hay mucha imagen,

y hay muchas combinaciones posibles que suponen otros lenguajes,

que requieren otras habilidades para leer

y para poderlas... no sólo decodificar, sino...

principalmente, hacer una lectura crítica de las mismas

y entender qué es lo que nos están planteando, quién y porqué.

Si, se supone, que la alfabetización es aquello

que nos lleva a poder interactuar con el mundo

y a poder ser ciudadanos y ciudadanas libres,

y que puedan participar de la construcción de la realidad,

no podremos hacerlo si...

no somos capaces de manejarnos en esos entornos digitales,

pero, además, de manejarnos de manera crítica.

Hay un término que apareció

y al que se le siguen dando muchas vueltas,

que es el de "los nativos digitales".

El problema es que se ha supuesto que ser nativo digital,

que básicamente era una cuestión de tanta edad tienes,

naciste con pantallas, si, no, pues entonces eres nativo digital,

se ha llevado a creer que un nativo digital comprende...

o sabe, o puede leer críticamente el mundo en el que vive,

y eso no es así, es una falacia.

El pensamiento crítico es la parte más básica

de esa lectura crítica del espacio de los medios,

y no basta con saberse manejar o mover por una interfaz.

¿Las nuevas tecnologías

han de sustituir la vieja cultura del papel?,

¿enfrentarla con la cultura digital?

Vivimos el 2018,

el año en el que según vaticinaron los gurús de la feria de Fráncfort,

el libro electrónico superaría en volumen a la industria en papel.

No ha sido así.

Viejas y originales formas de lectura y escritura coexisten

y se pluralizan y extienden.

Los que auguran la muerte del libro como materia,

los que auguran que Analogia desaparecerá,

entienden que todas las lecturas y todos los lectores

se decantarán hacia lo digital.

Esa pérdida que entendemos,

nos lleva a pensar que los placeres y las utilidades

de los dos modos de leer y relacionarse con las lecturas

deben caminar, pues la acción pública y política, hacia la suma.

No hay que pensar que...

un tipo de libro tiene que estar en combate con el otro,

un tipo de lectura en combate con la otra, sino sumar.

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UNED - 26/04/19

26 abr 2019

1.- Maneras de leer. Más allá del canon.
2.- Noticias. Jornadas de Investigación en la Facultad de Geografía e Historia.
3.- Maneras de leer: navegando entre Analogía y Digitalia.

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