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Para todos los públicos  Un país para comérselo - Villas de Madrid. Tan lejos tan cerca - Ver ahora reproducir video 46.24 min
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Cinco minutos bastan para soñar toda una vida.

Por eso dicen que el tiempo es relativo,

sin embargo a las afueras de Madrid existen siete villas

donde el tiempo no tiene tiempo para tener prisa.

Los segundos se escurren de forma diferente en las plazas

de Chinchón o Navalcarnero.

Los imponentes edificios de Nuevo Baztan o Manzanares el Real,

las cuevas de Colmenar de Oreja

con los paisajes de Rascafría o Buitrago de Lozoya.

Para disfrutar de estas villas es preciso evitar la prisa

y despojarnos del reloj que impone su ley en la gran ciudad.

Lo mejor es abandonarse hasta nueva medida,

en la que en un minuto pueden caber varios días.

46 km es la distancia exacta entre la capital y Chinchón,

aquí pasó la historia, vivió y se quedó.

Se dice siempre sobre esta villa rodeada de golosas huertas.

El calendario agrícola sitúa al ajo antes que el melón y la sandía,

otros dos productos que rivalizan por el estrellato

en estas fértiles vegas.

Aquí aún quedan familias orgullosas que prestan sus minutos cuidando

de estas hortalizas.

Aquí está toda su familia.

Aquí están trabajando, trabajamos todos.

Hola. (TODOS) Hola, buenas.

Tu mujer, tu madre, tu hermana...

Esto de verdad que es un trabajo en familia.

Sí.

¿Es tu hija? Es mi sobrina.

¿Tú también haces ristras?

Este es el ajo de Chinchón.

Es el ajo de toda la vida de Chinchón.

Yo quiero aprender a hacer una ristra de ajos.

Madre mía, ¿esto aguanta así todo el año?

Sí.

Como huele. Esto no pasa por cámara ni nada.

-Nada, esto dura hasta que vengan los nuevos el año que viene.

Se nota en el olor el frescor.

Es igual que cuando vas haciendo una trenza del pelo.

No es nada fácil.

No se ría de mí.

Ana, vamos a conocer a mi padre.

Pero si es que tu madre me está enseñando a hacer las ristras.

Luego sigues.

Pues nada, voy a conocer a tu marido. Ahora vuelvo.

Ya está mayor.

Soy Santiago Ortego y soy agricultor desde que nací,

desde que tenía ocho años.

-Yo soy Roberto Ortegón Martínez

y me dedico a la agricultura desde pequeño.

Cuando salí del colegio me puse con mis padres y aquí sigo.

-Trabajar con mi hijo es fenomenal porque ya tiene más fuerza que yo

y me siento orgulloso de él. Le veo que es muy trabajador y muy bueno.

-Mi padre es un trabajador auténtico, de toda la vida.

-Mi plato preferido es patatas y dos huevos.

-Mi plato preferido es el cocido madrileño.

¿Cogéis cuando está maduro el melón? Un poco antes.

¿Pero va madurando a medida que lo cogéis?

Lo cogemos y a los ocho días...

-Está mejor a los ocho días que recién cortado.

O sea, eso de que el melón madura en el montón es verdad.

Sí. ¿Cómo eliges un buen melón?

-Lo primero que pese, que tenga un buen peso

para que no esté hueco por dentro y que la cama esté amarillenta.

¿Dónde hay un melón para que me lo enseñéis?

Vamos a buscarlo, seguro que hay alguno.

Vaya melón más bonito.

Mira cómo pesa y qué sonido tiene. Si quieres lo abrimos y lo probamos.

Sí, sí.

Recién cortado.

Cómo huele ya, cómo son los olores de la huerta.

Faltan estos olores en la ciudad.

Este está buenísimo.

Pues si lo dejaras unos días estaría incluso mejor, más dulce.

Adiós, adiós. (TODOS) Adiós.

Ana, ¿tienes hora?

Es que se me ha parado el reloj.

Dame el reloj porque aquí no hace falta.

(RISAS) Así que aquí se para el tiempo. Eso está bien.

El reloj no marca nunca las horas para los dichosos.

Es fácil sentir esa felicidad cuando se pisa

un lugar como la plaza de Chinchón.

Sus 234 balcones han visto corridas de toros,

coronaciones o rodajes de películas entre otros eventos.

(LEE) Almazara.

(LEE)

Hola, buenas tardes.

Hola. ¿Esto es una antigua casa de labranza?

Exactamente. Es muy antigua.

Tiene 300 años de antigüedad.

Esta parte es la más antigua concretamente.

Este mesón era de mis antepasados, de generación en generación

fue pasando hasta que mi padre lo convirtió en restaurante

hace 50 años.

Tiene distintas estancias, tiene cuevas, bodegas, lagar,

molino, cuadras, lo que era una antigua casa de labores.

Y trabajaban aquí y hacían vino, aceite...

De todo. El vino, por ejemplo, lo transportaban en estos pellejos.

Son de macho cabrío y los llevaban a distintos pueblos para venderlo.

¿Quieres probar un vivito?

Sí, además le debe dar un sabor muy especial.

Realmente es muy bueno.

Habrá pasado por aquí todo tipo de gente, me imagino.

Porque además Chinchón es un lugar al que viene a rodar mucha gente.

Se han rodado "Los 7 magníficos", "Campanadas a medianoche".

Ha venido Orson Wells, Janet Leigh.

Es que es un lugar... estupendo,

lleno de historia y de olor a brasas, a comida.

Es un lugar muy especial.

Con el tiempo girando de forma distinta la realidad

es una mera ilusión, aunque muy persistente.

Por eso me parece escuchar las risotadas de Orson Wells

o el acento mexicano de Cantinflas entre las tinajas

donde estamparon su firma personalidades de otro tiempo.

El reloj me lleva mucho más atrás,

hasta cuando los primeros habitantes de esta villa vivían en cuevas

que siglos después se transformaron en un laberinto húmedo de pasadizos

en el que el único sonido era el del vino.

Hola, vengo de... De Chinchón.

Sí. Normal.

Estoy un poco despistada.

He venido por cuevas y no sé muy bien por donde he salido.

Has salido a Colmenar de Oreja. La bodega de Jesús Díaz.

Justo ahí quería venir.

¿Tú eres Consuelo? Yo soy Consuelo.

Encantada.

Colmenar de Oreja cuenta con un casco urbano declarado

bien de interés cultural.

Su estratégica posición cerca de dos calzadas romanas

hizo prosperar un cultivo que a día de hoy sigue siendo

una de las señas de identidad de esta villa, el vino.

Recogéis esa tradición familiar y ese amor por el vino,

que es vuestra vida, toda la familia.

Todos los hermanos.

Sigue siendo un negocio familiar y una bodega familiar.

¿Por qué recogéis todo ese legado?

Las tradiciones, el cariño, el amor al vino, el amor a la uva,

la tierra.

Resulta que seguís elaborando el vino y manteniendo todo

como lo hacía vuestro padre.

Tendrás un poco de hambre.

Sí. Aunque la verdad que como me han quitado el reloj

no sé ni la hora que es.

Es un poco tarde.

Vamos a coger unas hojas del nogal,

cuentan que ahí ponían las patatas chulas.

(CANTAN JOTA)

Colmenar de Oreja tiene su propio folklore, la Jota Barranquera.

Ingredientes indispensables:

la zambomba, el almirez y las ganas de pasarlo bien.

(CANTAN JOTA)

Aunque no tengan ni idea de qué hora es

ya huele al aceite de las vegas de colmenar en el que pacientemente

se va cocinando un plato de nombre muy castizo, patatas chulas.

Qué bien huele.

Estoy cocinando las patatas chulas, típicas de Colmenar de Oreja.

Para acompañar mira el vino que hemos traído.

Muy bien.

-Y unas hojas. -Para sacar las chulas,

porque antiguamente se hacía con estas hojas de nogal.

¿Y las pones aquí para que chupe todo el aceite?

Claro.

Hacemos esto y lo mojamos. Qué bueno.

Te vas a quemar. (RISAS)

Ya entiendo yo porque son patatas chulas,

hay que ser muy chula para cogerlas.

Buenísimas.

¿A qué te sabe el vino de tu tierra? Me sabe a fruta, a fruta no madura.

Está hecho con tempranillo aunque en este caso la llamaríamos

de verdad la "tinto fino" porque es la de Madrid.

Soy José Jiménez Mingo, soy hostelero,

llevo trabajando más de 40 años en la hostelería.

Me defino como una buena persona y trabajador.

Me gusta ser amigo de mis amigos.

Los madrileños somos gente muy sana, la gran mayoría muy buena gente.

Para dejarlo todo el tenido mis momentos, momentos de enfermedad,

momentos de problemas pero al final sigo, me gusta luchar.

Colmenar de Oreja cuenta con una receta, la carne al desarreglo.

Se dice que este curioso nombre tiene que ver con el desarreglo que,

a base de robar del caldero, unos agricultores hicieron al guiso

que sus mujeres les estaban preparando.

Cebolla, echamos la carne.

Cuando coja la carne un poco de color echamos los ajos,

el laurel y sal. Lo dejamos macerar un poco más y añadimos del vino

y el agua.

Se va reduciendo y queda un guiso muy rico.

Vamos a retirarlo.

Se comía así, se cogía la navaja, se tomaba un trozo de pan,

se picaba con la navaja. Eso es una cuchara perfecta.

Y se comía así.

Antiguamente carne había poca y pan bastante.

Se comía mucho pan y poca carne.

¿Está rico? Está buenísimo.

(SUENAN CAMPANAS)

Parece mentira que estemos al lado de una ciudad como Madrid,

una gran ciudad,

y que todavía exista esta cosa que te mete directamente en el pueblo.

Cómo separa el tiempo aquí. Sí.

(SUENAN CAMPANAS)

Allí donde se juntan los caminos de Portugal y de Toledo hacia Madrid,

se encuentra Navalcarnero,

una villa que en su origen y durante casi 200 años perteneció a Segovia.

Por eso en su escudo podemos encontrar un acueducto,

y un cierto aire castellano que se respira en sus tranquilas

y preciosas calles.

Pero en Navalcarnero lo que también se respira por todas sus esquinas,

es arte.

Soy Alberto Álvarez Pirrangelli,

me dedico a pintar desde muy pequeño, desde muy niño,

He estado viviendo de la pintura, primero dedicado al cine,

luego dedicado a mil cosas distintas,

siempre relacionadas con el mundo de la pintura

de gran tamaño y en este caso,

estoy muy relacionado con el Ayuntamiento de Navalcarnero

para hacer trampantojos y grandes murales.

Mi pintura es la pintura del barroco,

si hubiera nacido en algún siglo,

me hubiera gustado haber nacido en el siglo de oro, sin ninguna duda.

Soy muy perfeccionista, aunque desgraciadamente,

no siempre consigo la perfección

porque en la pintura es muy difícil por no decir imposible,

conseguir esa magia de la alquimia, de la luz y de todo eso,

al menos lo intento, apasionadamente además.

Me inicié en el mundo del gran tamaño con el cine,

en un pueblo de Extremadura, un gran pueblo, Don Benito,

donde había varios cines y yo era un crío con 13 años

y hablé con el dueño de los locales.

Yo llegué a casa y recuerdo que sin decir nada a nadie,

cogí una sábana, me fui al corral, a las cuadras, era un pueblo,

unas cuadras grandes, allí la colgué y la clave,

allí lo pinté se lo llevé al empresario,

le gustó y me pagó 300 pesetas de la época y me contrató durante

toda la semana para hacer el cartel de cine.

Me vine a Madrid porque yo quería pintar en la Gran Vía

y al final lo conseguí con los años.

He sido el último cartelista que ha habido en Madrid.

Yo siempre trabajo solo porque la pintura no es compartida,

la pintura es una cosa muy personal, concretamente en estos casos

que me encuentro con locales como esta Iglesia de San Pedro,

donde me encuentro unas paredes con unos siesos, toda enyesada,

ahí no hay nada más que eso y lógicamente a mí eso me atrae mucho,

porque a partir de ese momento me meto dentro de ello

y cuando me enfrento dentro del andamio

y me pongo a pintar la pared, la pared la hago posesiva,

la hago mía. La pared es mía pero mía, mía, muy íntimamente mía.

Mi plato preferido acá en Navalcarnero

es la "Olla del segador", magnífica.

Cosidos, hay de muchas clases, pero en Navalcarnero,

a este plato tan universal, se le conoce como la "Olla del segador".

Una variante elaborada con garbanzos del lugar.

Soy Manuel, llevo toda la vida referente al tema de la agricultura,

me ha gustado muchísimo y me sigue gustando

y creo que hasta que pueda aguantar continuaré así.

Somos cuatro hermanos y el único que le ha gustado es a mí.

El garbanzo es como todas las cosas, lo da el terreno.

Ahora mismo donde estamos, estamos en unas tierras fuertes,

tierras buenas, aparte es una tierra que se adapta muy bien al garbanzo

de toda la vida. La tierra da todo.

Se deja la tierra preparada a primeros de marzo

y luego del 10 al 20 de marzo es cuando sembramos.

Nunca les hemos echado ningún tipo de nitrato

porque el garbanzo tiene que ser lo que es, natural de la tierra.

Siempre se ha dicho aquí en Navalcarnero,

el garbanzo le hace falta muy poca agua para ser y para cocer.

Antiguamente con la hoz se segaban los garbanzos

y luego el medio de transporte al pueblo a Las Heras como podían,

unos en sacos, otros con los burros en los cerones,

otros con los carros, se iba al pueblo allí en Las Heras,

se trillaban con burros o con mulas y va dejándolo limpio,

la paja iba a un lado y el grano se iba quedando todo ahí.

Luego se cogía la criba, se volvía a cribar,

se cogía la cuartilla para que todos los sacos fueran iguales,

se envasaba en los sacos, se ataban los sacos y luego a casa.

Los cuatro jóvenes que quedan,

no quieren estos laberintos porque son laberintos muy engorrosos.

No corras, no seas impaciente, confía en el ritmo eterno.

Las tranquilas calles de Navalcarnero animan a disfrutar

de estas tres leyes básicas y universales que enseña

la naturaleza pero que no siempre hay que seguirlas

al pie de la letra.

Hola, Ana. Hola Amalio.

Sube que se pelan los garbanzos.

¿Se pelan los garbanzos? Sí.

Pues vamos corriendo. Vamos.

Me encanta que los planes salgan bien.

Bueno, ¿qué van a hacer? Vamos a hacer la "Olla del segador".

¿Por qué se llama la "Olla del segador"?

Porque es lo que se llevaba cuando estaban segando.

En el campo había una cuadrilla de gente y las mujeres,

nos levantábamos a las 7:30 de la mañana,

poníamos la olla para que a las 12, estuviese ya retirada de la lumbre.

¿En que la transportaban, en estas ollas?

Sí y para que no se bazuqueara, y se derritiera se le echaba arriba

más arroz para que se quedara un poco duro.

Que hiciera de tapón el arroz. Sí.

Primero se echa la patata porque abajo cuece menos y no se deshaga.

Se le echa todo sin el agua todavía. Sin el agua.

Porque esto se hace...

Durante 4 o 5 horas, hemos dicho, desde las siete de la mañana....

Se echan los huesos a la parte delante del puchero.

Un hueso fresco y un hueso de jamón. Si, de jamón.

La carne, imagino, es muy importante.

Es morcillo delantero.

Morcillo delantero.

Que es la parte más tierna...

Más jugosa. Más jugosa.

Se echa el tocino, debajo también para que cuece menos.

Luego el chorizo...

El chorizo, las morcillas y luego el hueso de espinazo

y falda porque es lo que hace el cocido,

el pollo igual y luego ya la carne.

La zanahoria. La zanahoria, la cebolla.

Una cebolla aquí.

Los garbanzos.

Bueno, aquí viene la clave de la cuestión.

El garbanzo, ¿de dónde es? De Navalcarnero.

Hombre, ya digo yo. El mejor garbanzo que hay.

El mejor garbanzo y el mejor ladrón de Navalcarnero son.

¿Por qué? -Es un dicho.

-Es un dicho popular de aquí.

¿Este garbanzo que tiene para ser tan bueno? ¿Es un garbanzo...?

-No hay garbanzo mas bueno o mas malo,

según la tierra donde lo siembre.

-Tiene que ser una tierra más bien de los valles,

tierra fuerte, tierra de barro.

¿El agua se le echa fría?

Porque yo siempre he oído que a los garbanzos

hay que echarlos el agua caliente.

No, no, es agua caliente. Ah.

Esto se pone a cocer,

cuando los garbanzos están un día cocidos, se echa la hierbabuena,

la sal, el azafrán, se pone a cocer.

Vamos allá. -Vamos al lío.

-No, es pesado. -Pesa mucho.

-Eso al fuego.

-Tarda cuatro horas en cocerse.

-Soy Amalio Megías Asensio,

soy de Navalcarnero y muy orgulloso de ello.

Tengo la capacidad de trabajo de mi padre

y tengo el carácter de mi madre.

En realidad me hubiera gustado dedicarme al campo

que es de lo que he vivido toda la vida en mi casa,

mis padres, mis abuelos, pero según está la situación

me ha resultado imposible vivir de ello pero me encantaría.

Nunca se sabe, igual en un futuro puedo volver

y es posible que a lo mejor vuelva.

La gente de Navalcarnero, somos gente abierta,

gente muy humana y gente muy alegre.

Mi plato preferido es la "Olla de segador".

Ana, ¿puedes venir, por favor?

¿Ya está hecho? Ya está hecho.

Qué pinta tiene esto. Vamos para alla.

Por Dios. Tiene una pinta buenísima.

Qué color tiene con las hebritas de azafrán.

Pues nada. Vamos a comer.

A ver cómo están estos garbanzos.

Son crema.

¿Qué es lo mejor que te han dado tus padres?

Pues después de la vida, creo que todo, no tengo nada...

todo es bueno.

Han trabajado, luchado, han estado en la tierra,

en el campo pero ahí...

trabajando, no mirando las horas ni mirando el esfuerzo.

-Hemos hecho lo que hemos podido,

no tienen carrera pero tienen oficios.

-Cualquier cosa es buena y sigue siéndolo

porque en cualquier momento...

vivo frente a ellos, todos vivimos cerca de la casa.

Seguro que la "Olla del segador" es un momento que todavía vosotros

compartir como algo familiar, vuestro, de vuestras raíces.

Por supuesto.

Todos los sábados siguen tomando "Olla del segador".

¿Cómo es su marido?

Como mi nieto.

María.

¿La verdad? La verdad.

¿La verdad? La verdad.

Buenísimo.

Hago lo que quiero, lo que me da la gana,

no sabe si tengo un duro o no tengo un duro pero es un poco tonto.

(RISAS)

-¿Por qué me dices a mi tonto?

Y usted, ¿cómo es su mujer? Porque menuda mujer.

-María tiene un genio que no la aguantan más que yo.

(RISAS)

¿Por qué brindamos entonces, Mariano?

¿Por esta tierra maravillosa que le ha dado todo?

Exactamente. La vida y la tierra.

La vida en la tierra. Viva Navalcarnero.

Eso digo yo.

Al sureste de Madrid hay un sueño hecho realidad en forma de villa

y se llama Nuevo Baztán.

El creador de este sueño se llamaba Juan de Goyeneche

un ilustrado navarro que a principios del siglo XVIII

imaginó una ciudad en la que sus habitantes fueran artesanos

del vidrio, fabricantes de paños, de sombreros, de papel.

Soñó con amplias y rectas calles, esbeltos palacios y fuentes.

La ciudad se pobló con familias flamencas, Navarra,

castellanas o portuguesas que vivían en torno al imponente

palacio iglesia de Goyeneche.

Hoy en día Nuevo Baztán es una de las villas

más sorprendentes y bellas de la comunidad de Madrid

en donde aún reciben descendientes de aquel navarro soñador.

Hola, soy Mercedes de Oñate, descendiente de Juan de Goyeneche.

Juan de Goyeneche nació en el valle de Baztán.

Con 14 años se vino a Madrid, al colegio de los jesuitas,

que era donde estudiaban todos los nobles y ahí empezó él,

aparte de tener una devoción grande a San Francisco Javier,

cuando fundó este pueblo quiso que la Iglesia

se llamara San Francisco Javier.

Yo creo que Juan de Goyeneche fue un emprendedor,

quiso hacer como una empresa, entonces fundó este pueblo

que dio trabajo a como 500 personas.

Hizo fábricas de telas, de cristales...

Él también, una de las cosas que hizo,

fue fundar la Gaceta de Madrid que es ahora el BOE.

Al norte de Madrid, los pies de la sierra de Guadarrama,

se encuentra Rascafría.

Aquí el cielo gira de manera especial y tranquila.

En esta villa pide un cocinero italiano, Roberto.

Una persona feliz porque no mira el reloj.

Pero, hombre.

Pero haberlo dicho antes, hombre, que estoy aquí.

Yo, paseo para arriba, paseo para abajo,

he preguntado a todo el mundo.

¿Cómo estás? Muy bien.

Tu restaurante.

Esta es mi casa. Qué bonito.

Cómo huele a horno.

La base de la pizza es muy simple.

Sal, agua, levadura y harina. No hay más.

Fíjate.

Poquito de levadura de pan.

Sal.

Y aceite de oliva.

Y ahora ya con la mano se mezcla, lo rompemos un poquitín...

y ya todo a ojo.

¿Qué te pareció Rascafría cuando llegaste?

Me parecía un cuento de hadas. ¿Sí?

Pues ahora esta es la textura que tiene.

A ver.

Durito. Durito pero no demás.

Pero no demasiado. Perfecto.

Una vez que está hecha hay que empezar...

A envolver. A envolver.

Así.

Esas manos han amasado mucho, quizás.

Voy a hacer yo una, me voy a animar.

No, no.

Cojo la tuya.

Ahora lo más importante es el embolado, cuatro dedos y así.

Sí.

Tomate no más de un cazo, orégano de aquí. De la tierra.

Me lo trae mi suegro.

Ahora le ponemos mozzarella, que es diferente,

eso sí que viene de Italia. Y después le ponemos jamón ibérico.

¿Cuánto tiempo tiene que estar en el horno?

3 o 4 minutos. ¿Solo?

Solamente 3 o 4 minutos. Vamos a terminar aquí.

Imagino que tu suegro, como era panadero,

te habrá enseñado mucho del horno.

Aunque él diga que yo nunca le hago caso,

si no es por su consejo nunca habría llegado tan lejos

como creo que estoy llegando.

Qué bonito.

Aquí la tengo. Qué buena.

Paco, ven aquí, te presento a Ana.

¿Usted sabe lo bien que habla su yerno de usted?

Que sí.

Pase ahí.

¿Sabe qué piropo acaba de decirle?

Que aunque usted no se lo crea, por lo que le dice ha llegado tan lejos.

¿Qué me dice?

¡Cómo va a ser eso verdad, mujer! Si yo sé menos que él, hombre.

Panadero desde niño. De toda la vida.

Me llamo Roberto Capone, soy cocinero desde que tenía 14 años.

Desde que tenía 8 años le dije a mi padre de comprarme un horno

para hacer galletas, me encanta.

Soy una persona normal, vivo en la normalidad, trabajo,

tengo mi familia y me esfuerzo mucho por mi trabajo.

Los de aquí son únicos, a mí me adoptaron hace ya 18 años,

estoy encantado con ellos.

Mi plato preferido es un plato típico del Tirol,

que me recuerda muchísimo a toda mi familia,

las Navidades y cuando lo como es un viaje al pasado, me encanta.

Yo veo los partidos del Inter de Milán,

junto al Atlético de Madrid son los mejores equipos del mundo entero.

Lo que impresiona de estos lugares es el silencio,

yo echo de menos tanto en silencio,

no escuchar nada, más que la naturaleza.

(MÚSICA)

La verdad es que es un paisaje maravilloso, ¿aquel es el pantano?

Es el pantano de Pinilla,

la Sierra Norte de Madrid se tiene que visitar, que descubrir.

Es una gran desconocida.

Este sitio es espectacular, ahí está el pueblo, Rascafría, El Paular.

El Monasterio de El Paular, que es una joya, es algo único.

Cuando estás en un sitio tan bonito,

te da suerte, puedes trabajar a gusto, tienes dos hijos,

sigues trabajando, es que es todo...

¿Cómo te vas a ir de aquí? Es imposible. Rascafría es única.

Vamos a brindar. Es una buena combinación.

¿Hay caracteres mejores que el italiano y el español?

No. La mezcla.

Por lo tanto los mezclamos y triunfamos.

"El libro del buen amor"

es uno de los textos medievales más importantes,

en él ya se hablaba de la actividad ganadera en esta zona de Rascafría.

Hoy en día las terneras de la sierra siguen siendo un producto

muy apreciado gracias al trabajo de ganaderos como Antonio.

Soy Antonio Martín Merino, de Rascafría, soy ganadero,

empecé con las vacas hace 30 años más o menos.

Estamos en plena Sierra y yo creo que el agua, el monte,

el pasto es muy bueno, todo hace,

desde el 15 de abril hasta el 15 de noviembre tenemos pastos comunales,

luego en noviembre las bajamos al pueblo.

Ser ganadero es muy esclavo porque tienes que estar todo el día.

En el invierno, todos los días tienes que estar ahí.

Estoy orgulloso de ser ganadero, desde luego.

Suspendida sobre las aguas, el tiempo en Buitrago de Lozoya

es como una imagen de la eternidad de movimiento.

Murallas declaradas monumento nacional siguen intactas.

Se puede pasear por ellas,

tocarlas y sentir la historia de una villa

que fue lugar fronterizo entre los mundos cristiano y musulmán.

Hay cocineros como Juan Pozuelo que ven esta villa de una manera

más práctica, como uno de los lugares donde se producen carnes

de excelente calidad.

Hola, hola, Juan. ¿De dónde vienes?

(RISAS)

Vienes con cara de estar perdida.

Perdida, tú no sabes lo del mundo de las Villas de Madrid. ¿Cómo estás?

Muy bien, me alegro de verte. Yo también.

En un sitio paradisíaco, aquí. Un sitio fantástico. Fíjate...

El río Lozoya. El río Lozoya, el castillo.

Soy Juan Pozuelo y me dedico a la cocina, soy pasional,

visceral y un poco comecocos.

Me considero de cualquier lugar donde haya algo interesante

que vivir. Los madrileños somos abiertos, somos curiosos.

Me hubiera gustado ser músico,

me encanta transmitir y la cocina al fin y al cabo es un lenguaje,

al igual que la música.

Mi plato preferido es lo más sencillo del mundo,

huevos con patatas.

¿Tú has hecho ketchup alguna vez en casa?

No.

Pero sin embargo lo comes con las hamburguesas.

Es fundamental. ¿Quieres aprender a hacerlo?

Claro que quiero.

Tomate natural triturado.

Vamos a poner zumo de manzana,

un poquito de sal y un poco de azúcar moreno,

más o menos entre 2 o 3 veces de azúcar que de sal,

pero esto lo volvamos a probar al final y en función....

Esto es vinagre.

¿De dónde viene la palabra kétchup? De China.

Ketsiap es la palabra china que significa sopa, caldo de tomate.

Ahora dejar que hierva y después lo que haremos

será ligarlo con un poquito de maicena.

Lo dejamos enfriar y listo.

Lo primero es coger una porción de carne, un poquito de sal.

Salas en crudo. En crudo. Un poquito de pimienta.

Pimienta negra.

Vamos a meterle tomate seco,

que es un tomate que concentra mucho el sabor con el que podemos

hacer una guarnición o picar en trocitos

y lo vamos a meter dentro de la hamburguesa de modo que cuando,

muchos vamos a encontrar esos trocitos.

Importante, como veis, amasarlo bien a mano.

La cebolla.

La cebolla la pochas para meterla en la hamburguesa.

Efectivamente.

Importante el cocinado y el atemperado.

El súmmum de las carnes son los asadores, las parrillas,

las brasas y unas buenas carnes se tienen atemperado

durante mucho tiempo, 15, 20, 25 minutos encima de las brasas,

antes de que toque la parrilla,

en ese tiempo las carnes empiezan a volverse un poco más fluidas,

empiezan a ponerse más jugosas y luego con el tiempo suficiente

en la parrilla están deliciosas.

Con las hamburguesas hacemos lo mismo,

sería un error sacarlas directamente del frigorífico y cocinarlas,

hay que atemperarlas.

Colocamos, dejamos el tiempo que queramos,

aproximadamente 2 o 3 minutos si no nos gusta muy hecho,

3,5 o 4 poquito más hecha o 5 si nos gusta pasada,

damos la vuelta y dejamos más o menos el mismo tiempo.

Si quisiéramos que se cocinara antes, como mucho,

lo que podríamos hacer es pinchar con un tenedor.

Vamos a darle la vuelta y ahora vamos a aprovechar

porque vamos a colocar encima la cebollita.

De los sabores interesantes o texturas en hamburguesas

son aquellas cosas que nos pueden aportar frescor.

Nosotros lo vamos a buscar con el tomate, tomate cherry pequeñito

y con ese aguacate.

Cortar unas lonchitas como si fuera para ensalada.

Vamos a poner aquí un poquito de este tomate con el kétchup,

que lo vamos a poner en el pan. El kétchup en el pan.

Un poquito de lechuga.

Qué rico.

¡Guau!

¡Qué bueno!

Importante, siempre aplastar un poquito.

Un poquito para que se quede... Efectivamente.

Oye, esto es fantástico. Voy a probarlo.

¿Sabes el tiempo que hacía que no comía en el campo así?

(MÚSICA)

Soy Carlos Soria, me he dedicado toda la vida a la tapicería,

pero yo nací alpinista.

Desde los 14 años que descubrí esto, soy un alpinista, no cabe duda.

Ahora a tiempo total.

Me defino como un tío bastante normal, bajito, morenucho, feillo,

pero apasionado por las cosas que hago,

lo mismo cuando he hecho mi trabajo

que cuando hago el deporte que me gusta.

La montaña no es solamente subir montaña, es conocer otros mundos,

otras culturas.

¡Quién iba a decir a aquel chavalillo de 14 años

que vino aquí por primera vez que iba a tener oportunidad

de conocer prácticamente el mundo por las montañas!

He hecho las 7 cumbres más altas de los 7 continentes,

he estado en la Antártida, pero siempre vuelvo a la Pedriza,

la Pedriza es la montaña de mi juventud, la montaña próxima,

es prácticamente única, este granito tan redondeado

como el yelmo y como esta roca es una maravilla.

Mi plato preferido, la paella.

Hola, Ana, ¿qué tal? Pero bueno...

¿Cómo entra esa vena de la montaña? Desde los 14 años,

vine por primera vez aquí a la Pedriza de vacaciones con un amigo,

con una lona y dos palos que nos habían prestado

y pasamos aquí 15 días, pero me di cuenta que esto era lo mío.

Desde muy niño me tiraban los arroyos,

los sitios fuera de la ciudad en las vacaciones del colegio.

Cuando llegué a la Pedriza dije, esto es lo que yo buscaba.

Te tiraba...

Y desde los 14 años hasta hora, que sigo subiendo montañas.

Es una filosofía un poquito, escalar la vida.

Es mucho más que subir montañas,

es una manera de vivir totalmente distintas.

Pero tú te mantienes muy en forma y tendrá mucho que ver también

lo que comes. También, por supuesto.

Comer... Es lo que somos, mucha gente lo dice.

Tampoco soy un chiflado, que no, yo de esto no como, yo como de todo.

Tomo muchísima fruta y procuro comer lo más sano posible.

¿Y cuando subes y estás a 8000 m, qué es lo que comes?

Por allí poco, lo importante es beber

porque en las situaciones límites cuando estas muy alto, sobre todo,

se te quita el apetito y aquí al revés, que se te abre el apetito.

Te puedo ofrecer un poquito de vino.

Yo también tengo cosas, tengo aquí una tartera con huevos,

con atún, tenemos al de todo.

Seguro que tú has comido en esas situaciones límite

cosas extrañísimas. Bueno, lo más extraño,

una cosa que digo es que cuando soy capaz de comer a 6000 m

lentejas con arroz ya estamos aclimatados.

En la montaña el compañerismo es algo fundamental.

Sí. En la montaña verdaderamente...

Como en la vida, pero en la montaña más.

Como siempre convivir con una persona durante dos meses

en una situación un poco complicada como es la montaña,

te hace tener muy buenos amigos

y ver a la gente que verdaderamente merece la pena cuando hay problemas.

(MÚSICA)

¿Que tiene la montaña que tira de esa manera?

La montaña para mí ha sido todo prácticamente.

Mi trabajo también, mi familia también,

pero la montaña es lo que hay a mi alrededor.

Mis amigos tienen que ver con la montaña,

no es que sea un bicho raro,

pero la verdad es que la montaña para mí ha sido mucho toda mi vida.

Y para mi familia, yo conocí a mi mujer en la montaña,

la conocí aquí, en la Pedriza.

Carlos me dice que no muy lejos de estas cumbres se encuentra

el Castillo de Manzanares el Real.

Desde el siglo XV se alza firme y orgullosa esta mágica construcción.

Aquí el tiempo no es más que un espacio entre los recuerdos

de aquellos que vivían en este lugar,

pero que también parece haberse detenido porque recordar

es la única forma de parar el tiempo.

El recuerdo de los antiguos habitantes de este palacio

parece haber congelado el reloj en todas sus estancias.

El reloj.

Ana, has llegado al final de tu camino.

(MÚSICA)

El tiempo solo existe en nuestra muñeca.

Einstein decía que cuando se corteja a una bella mujer

una hora aparece un segundo,

pero si te sientes sobre el carbón al rojo vivo

un segundo parecerá una hora.

Por eso, desde esta privilegiada atalaya el tiempo

se ha detenido durante mi viaje por todas estas Villas de Madrid.

Con las sonrisas, sonidos,

besos y abrazos que he ido recogiendo lo largo de este camino,

porque el reloj nunca existe durante las horas felices.

El viajero sale un día y enfila sus pasos hacia una comarca

dispuesto a recorrerla con pies ligeros y sin fecha de retorno.

La ruta de hoy comienza entre Guadalajara y Cuenca,

en esta comarca de pura cepa castellana que Camilo José Cela

convirtió en un gran destino literario,

la Alcarria.

El país del viajero sigue teniendo trigo, patatas, cabras,

olivos y caza y también pueblos que parecen dibujados

a punta de carboncillo en la falda de las montañas.

Ancha es la espalda de Guadalajara peleada durante siglos entre moros

y cristianos desde un rosario de fortalezas y castillos

que todavía reinan hoy sobre colinas perfectas.

Cerca de una de ellas, en Jadraque, es una tarde de verano

y el campo rezuma el color de hierbas silvestres

con las que voy a preparar la especialidad de la zona,

el cabrito al horno.

Soy Pedro y soy maestro asador. Sí me gusta cuidar el jardín,

lo miro todos los días y le voy quitando las malas hojas.

Ganar no gano nada pero me da alegría ver las flores

y verlo tan verde.

Desde pequeño me gustan mucho los animales,

siempre he tenido perdices y las sigo teniendo.

Pues al vivir en un pueblo tan solitario

tienes una vida tranquila y sana.

Mi plato preferido es el cabrito asado y además es típico del pueblo.

Me encanta.

Mi madre ha sido una persona muy trabajadora,

jamás ha ido de vacaciones, ha estado siempre en la cocina.

¿Dónde está Carlitos? Eso digo yo, ¿dónde está?

¿Y Antonio?

Bueno, le voy a dar una segunda oportunidad.

Yo tengo 90 años.

Pues tiene un aspecto estupendo y unos ojos preciosos.

Se lo habrán dicho muchas veces. También tú.

-Bueno Ana, veo que has conocido a mi madre.

-Su padre hace que murió 36 años. Con 55 y cuatro hijos.

¿Y Pedro el único varón? Sí.

Así que has sido el hombre de la casa.

El niño.

-Cuando murió su padre él tenía 17 años.

No tenía más remedio.

Ya le había enseñado su padre lo del horno,

y ya ha seguido él.

He tenido buenos hijos, gracias a Dios.

Y buenos acompañantes que tienen porque he tenido

una suerte tremenda.

A mí, siendo formales y honrados me sobra todo.

Si yo tuviese que volver a empezar empezaría con lo mismo

porque me ha ido bien.

¿Por qué las cosas de antes estaban más ricas?

Porque no había tanta química. Claro.

Ahora hay química para todo, hasta para vivir, mira.

El secreto es que sea buena carne.

Lo pones en la cazuela con un poco de agua, la sal y se acabó.

Esto es un espectáculo. Se ha matado en casa.

-Más leña o menos leña.

¿Qué tipo de leña? Tipo carrasca.

¿Durante cuánto tiempo?

Se tiene una hora según está y a la hora se vuelve a sacar,

se le da la vuelta a la carne,

se le echa otro poco de sal y se tiene dos horas.

Por la parte del costado.

Sí. Está en el horno más o menos 3 horas.

Pero guardáis el secreto. El breve.

¿Por qué le llamáis el breve? El breve quiere decir nada.

No me vas a contar nada.

-Claro, entonces si lo dices no viene nadie a comer, lo hacen.

-Ponemos el vinagre, un poco de tomillo,

un poco de orégano, una hoja de laurel y media cabeza de ajo.

Esto lo dejamos macerando mientras se asa el asado.

Lo voy a intentar hacer yo pero no creo que me salga tan bueno.

Lo mejor de esta visita el cabrito por supuesto, pero conocerla.

Igualmente.

Usted ha sido como mi Mercedes, una emprendedora, una trabajadora,

una luchadora. ¿A sus 90 años que es lo mejor de la vida?

El amor de mis hijos es lo más grande, lo único que tengo.

Me alegro mucho de verla.

Gracias. ¿Cuándo empieza la otra serie?

(RISAS)

Allí está Soria, luego enfrente tenemos Segovia,

en este lateral Madrid y a nuestra espalda Guadalajara.

Qué barbaridad, qué bonito.

¿Por qué se llama el castillo del Cid?

Lo construyeron en el siglo XI.

Iban a liberar las tropas del Cid Guadalajara y pasaron por aquí

y se quedó como el castillo del Cid.

Luego, en el siglo XV se quedó el cardenal Mendoza

que hizo como su casa aquí.

Tiene un poco como forma de buque,

parece que esté navegando en las tierras de Castilla.

Aquí podemos comernos el cabrito.

Se nos habrá enfriado un poco, pero bueno.

No estará malo. Huele que alimenta.

Está muy tierno, sabe a vuestra tierra,

a orégano, tomillo, laurel, ajo...

¿Cómo sois la gente de aquí? Poco habladora.

(RISAS)

La inmigración a las ciudades dejó a muchos de los pueblos

de esta comarca en riesgo de convertirse en decorados

pintorescos para imaginar cómo fue la vida rural en el pasado.

Pero en Campillo de ranas su emprendedor alcalde

ha encontrado la forma de revitalizar la economía local

y crear un proyecto de vida permanente para todos sus vecinos.

¿Me puedes decir donde está Paco, el alcalde?

Soy yo.

Me llamo Paco y soy el alcalde de Campillo de ranas.

La gente me define como algo raro.

Recuerdo de mi infancia a mi madre planchando

y oyendo a Elena Francis.

Cuando digo que he hecho la casa solo digo que todas estas piedras

las he sacado con mis manos y las he traído,

el barro que lleva entre las piedras lo he amasado yo

y las tejas las he arpado yo con las cuñas.

He tenido ayuda,

porque en Campillo de ranas es normal ayudarse entre vecinos.

No te imaginaba así para nada. Te imaginaba de otra manera.

Gordo, con bigote.

(RISAS)

Es precioso todas las tejas negras, forma parte los pueblos negros.

Era el trabajo de antes.

¿Esta es la escuela? Sí.

¿Cuántos niños en la escuela?

Ahora hay 16. Y otros cinco que están bajando al Instituto.

Hola, ¿ya vas con el nieto?

-Sí, nos vamos hasta el pantano. -Muy bien.

Qué bien, a bañarse. Es precioso del pueblo.

¿Cuántos habitantes hay?

Vivimos unos 60 y censados somos 214.

¿Cómo te vienes a vivir a este lugar tan maravilloso?

Una historia muy larga porque con 17 años y con tres amigos

cogimos un macuto y nos fuimos a vivir al campo.

Era como trasladarse a la edad media.

Dijimos que nos quedábamos aquí y hasta hoy.

En cada rincón apetece sentarse. Hola.

Ana, te presento a Paco.

-¿Qué tal?

¿Desde cuándo vive aquí?

De modo permanente desde que me jubilé

pero estoy aquí desde niño todos los veranos.

¿Se vive bien aquí? Se vive de maravilla.

-Yo duermo con la ventana abierta

y cuando me despierto escucho a las alondras.

No sé cómo voy a hacer para no irme.

¿Qué pasa Ricardo? -Hola.

-Te tengo de alguacil sin pagarte.

¿Está usted limpiando? Sí.

¿Cómo es el alcalde? Muy bueno.

-Gracias.

Ha traído muchas cosas buenas. Sí.

-Tuvimos siempre muy claro que era importante que viviéramos de ello,

de la protección de la arquitectura,

pero que era mucho más importante que la población estuviera a gusto.

Los niños de aquí se crían como una familia, eso es muy importante.

Bueno Ricardo, muchas gracias.

-Voy a terminar. Lo está dejando muy limpio.

No te canses mucho que tienes muchos días.

¿Este es tu sueño? Este es mi sueño, es mi vida,

aquí es donde paso mi vida cuando me dejan.

(BALADO)

Pero bueno, tienes cabritos y todo. Es que me ha oído, conocen la voz.

Qué bien huele aquí, la melisa. Aquí nace silvestre.

Tengo cabras porque me gusta,

hubo un tiempo que las tenía por obligación como supervivencia.

¿Pero te gusta tenerlo o comerlo? Me gustan las dos cosas.

No tengo la tontería esa de que pobrecito comérselo.

La cabra es la vaca del pobre,

te da leche, te da carne y te da piel y te da basura para la huerta.

La huerta mía es toda biológica.

Esto es orégano que he recogido esta mañana.

Mira qué diferencia del orégano que puedes usarnormalmente a este,

no tiene nada que ver.

¿Esto lo deja secar y luego lo pones en botes?

Claro, con este orégano hay para todo el año.

Me quedaría aquí dormida. Ahora hueles entera a orégano.

Esto ha sido un ramo que...

¿Te quieres casar conmigo? (RISAS)

En otra vida a lo mejor, y si salgo chico a lo mejor te gusto.

Pues claro, un chico rubio, de ojos azules.

Salimos bien en mi familia.

Sí, sois guapos (RISAS)

¿Qué pasa Juli?

-Buenos días. Estoy regando un poco las plantas, ¿cómo estáis?

-Pues nada, con Ana paseando por nuestro pueblo.

-Bienvenidos.

¿Este es tu bar? Sí, aquí trabajamos.

¿Desde cuándo vives aquí?

Me vine para ocho días y va a hacer 17 años.

No volví, me gustó la paz, me gustó el sitio.

Viniendo de dónde venimos que hay mucho ruido, mucha gente,

muchos semáforo y muchos coches, esto es el paraíso.

Así que llegas un día de visita

y aquí corres el riesgo de que te quedas atrapado.

Esto era la antigua fragua del siglo XVII y se transformó en un bar.

-¿Queréis tomar una cerveza? Yo no te digo que no.

Pues venga.

Esto además es algo muy típico de este tipo de pueblos,

el ver la vida pasar.

Sobre todo en el mundo rural hay tiempo para todo.

Tú estás pensando a ver cuando llega la semana Santa para irme a Murcia,

a ver cuando llegan las vacaciones para irme y en ese tramo

de a ver cuando viene se te va la vida.

Cuando la vida hay que vivir no la meta sino el recorrido.

Claro.

-Muchas gracias, Juli.

-Y un poco de chorizo de jabalí para que lo probemos.

-Qué bien.

-Llega un momento en el que dices que necesitas

un poco de aire y conoces un sitio como este y,

si tienes la posibilidad, lo mandas todo al garete.

Por ejemplo, en mi familia somos seis hermanos

y ya vivimos tres aquí.

La gente me pregunta que cuando salgo de trabajar aquí

qué hago y les respondo que me siento en la puerta de casa

a ver cómo crece la hierba. Me decían que no estaba bien.

Cuando yo vivía en la ciudad tenía la sensación de que siempre

tenía que estar en movimiento,

siempre tenía que estar haciendo algo. El no hacer nada...

Era una pérdida de tiempo. Exacto.

Cuando mirar dos golondrinas es lo más bonito que hay.

Podías estar relajándote, no.

Tenías que estar perdiendo el tiempo porque no estabas haciendo nada.

Cuando te vienes a vivir a un sitio como este te das cuenta

de todas las cosas innecesarias que hay en una ciudad.

Y que te hacen dependiente de algo.

Por ejemplo aquí casi todos vamos sin dinero.

Hay cosas que funcionan en este pueblo como el trueque, por ejemplo.

El electricista me arregla un enchufe y yo un día le invito

a comer.

Y a lo mejor le prestas la motosierra a tu vecino

y te aparece con dos melones o con peras.

Eso es maravilloso,

le quita valor al dinero y le da valor a las personas.

Hay un momento en el que este pueblo, Campillo de ranas,

se pone en el mapa y todo el mundo mira hacia aquí.

Sin querer, y por un acto militante decido levantar la voz

y decir que yo voy a casar a los matrimonios gays.

A partir de ahí fuimos un ejemplo a nivel mundial de tolerancia.

Campillo se ha convertido en un icono para venirse a casar.

Una cosa que le llamó mucho la atención a los medios,

¿qué dice su pueblo de que usted sea gay?

¿Cómo reaccionaron?

Perfectamente, yo recuerdo cuando vine una cosa que me sorprendió

fue esa tolerancia por parte de los mayores.

Yo estoy por venirme a vivir aquí. Pues hay sitio.

Son muchas las ataduras que tengo pero ataduras inútiles.

Aquí las ataduras...

Al otro mundo no nos llevamos nada

y con medio metro de terreno no sobra todo.

En esta tierra de romances,

a la que tantos poemas y canciones se han dedicado,

una familia de titiriteros ha encontrado en Tamajón

el lugar perfecto para sentarse

y hacer de su oficio un cuento de nunca acabar.

Yo soy Pilar Cosa y tenemos un grupo de teatro y construimos marionetas.

-Pilar sobre todo es muy cariñosa y muy generosa.

Soy José Luis Luque, soy actor, titiritero y artesano.

-Muy trabajador, constante, es una persona equilibrada, divertido.

-Nos enfadamos habitualmente.

-Prácticamente todos los días a la hora de comer.

-Yo soy Arena, vine aquí por circunstancias de crisis,

trabajaba en el teatro en Madrid y ahora me dedico

a la artesanía y los fines de semana trabajo en una casa rural.

-Yo soy Sabina Manuela Luque. Me dedico a escribir y dibujar.

-Lo mejor de vivir en Tamajón es la naturaleza, la tranquilidad.

-Creo que sobre todo he aprendido a quitarle importancia a las cosas,

a vivir más sencillamente. Se puede vivir con menos que con más.

-Yo he aprendido a estar conmigo misma.

-A no tener que estar todo el tiempo con alguien.

-Yo a jugar con mi hermana.

He aprendido a tener paciencia

y sentarme mucho rato a jugar con ella.

-Mi plato preferido, la sopa. Al contrario que Mafalda.

-A mí me gusta mucho la pasta y el pepino también.

-A mí los garbanzos.

-Yo desde que he vuelto a casa me gusta todo. (RISAS)

-Hay amigas que tengo que vienen en verano les asustan las marionetas

que tengo en la habitación y por la casa.

En la vecina Sigüenza, ciudad con catedral,

he quedado con los hermanos Pérez,

que además de apellido comparten su pasión por el buen yantar.

Me llamo Eduardo Pérez,

soy el jefe de sala del restaurante Doncel y la mano derecha de Kike.

Me llamo Enrique Pérez,

soy el jefe de cocina del Doncel y soy la otra mano de Eduardo.

Lo mejor de mi hermano es el aguante que tiene conmigo, tremendo.

Tiene muchas virtudes,

es un gran profesional y sobre todo sabe entender a la gente.

-Kike es un gran cocinero,

un gran maestro para mí y para la gente que estamos en el Doncel.

-Yo creo que lo que hemos aprendido de nuestros padres,

el legado que nos han dejado,

es estar muy unidos y sobre todo respetarnos mucho.

Somos gente castellana,

creo que en esa palabra resume un poco la forma de ser.

Sobre todo somos muy hospitalarios

porque es una ciudad que vive del turismo

y creo que eso nos ha enseñado a respetar a la gente que viene

y hace el esfuerzo de venir hasta Sigüenza a acogerles

con mucho cariño e intentar que vuelvan.

¿Cómo es esto de trabajar juntos?

Se lleva muy bien. (RISAS)

¿Cómo cambiáis esa tradición familiar a la modernidad?

Yo creo que lo hicimos inconscientemente.

Sabíamos que queríamos hacer un trabajo un poco más adaptado

a nuestros estudios y era incompatible con la cocina

y el perfil de negocio que habíamos heredado.

-Queríamos hacer unos platos con un toque más personal,

no esos platos llenos de comida.

-Vamos a hacer carpacho de corzo.

Lo hemos empanado, por así decirlo,

y luego lo que hemos hecho ha sido cortarlo muy fino.

¿Cómo es la carne de corzo?

La carne de corzo es muy poco fibrosa, muy poco grasa.

Estas perlas son de caviar.

-Es un espumoso de Toledo.

-Estamos poniendo unos microvegetales.

Hemos utilizado un aceite de calidad.

Sabe a rábano.

-Esto es un helado de esas aromáticas que hablábamos antes.

Lo que más me gusta es terminarlo con una uva

que es lo que nos va a dar en la boca esa sensación de frescor.

Voy a coger también un poco de helado.

¿Qué te parece? Son los sabores que hemos conjugado.

Una delicia.

Es muy carnoso, muy crujiente.

Recuerda a una avellana cruda, a una almendra fresca.

Este coctel tiene ginebra con trufa y tomillo.

Lo que hacemos es una maceración de un brandy de melocotón

y un golpe de lima.

-Ya veremos como bajamos del monte este.

Esta patata la hemos triturado con un aceite de trufa.

Vamos a utilizar una lenteja verde.

También le vamos a poner una pizca de trufa,

ahora la vas a probar al natural para que veas

ese recuerdo del almendruco.

Tiene un sabor un poco amargo.

Vamos a poner un poco de tupinambo.

También le vamos a poner unas espinacas.

Vamos a utilizar los tomillos

que ha puesto Edu también en ese combinado.

Ahora le ponemos esta pizca de sal y para que se integren

todos los sabores le vamos a poner una pizca de aceite de oliva.

-Lo hemos hecho con un vino blanco de aquí,

un concentrado de frutas rojas, un poco de zumo de melocotón,

un poco de miel y un poco de romero.

Vamos a brindar. Por los dos hermanos, que sois dos artistas.

Espliego, romero, tomillo, ajedrea.

El campo de la Alcarria es una gran selva de arbustos

y flores silvestres,

un auténtico banquete para las abejas de la comarca.

-Me llamo Ana Bedoya,

llevo toda la vida dedicándome al turismo.

Aquí llevo ya 20 años.

Miel de la Alcarria, miel líquida y calientita.

Le ponemos un poco de limón para que haga el efecto exfoliante.

Me encanta la sensación que tienes cuando te la están aplicando

calientita, y luego que se te queda una piel divina.

Qué gusto.

Para mí la Alcarria es un sitio especial

porque es mi tierra y creo que tiene muchas posibilidades,

muchas oportunidades. Me gusta vivir en la Alcarria.

Sueño que soñando camino por el cementerio de Brihuega.

En compañía de Javier voy en busca de la tumba y la enigmática historia

de Juan Elegido Millán,

conocido en todo el mundo como el Profesor Max.

¿Esta es la tumba de tu tío Max? Aquí es donde se quiso enterrar.

(LEE) Juan Elegido Millán. Profesor Max.

Así es. ¿Quién era?

(OFF) Recientemente ha vuelto a su Brihuega natal.

Hacía más de 20 años que no actuaba ante sus paisanos

y ahora va a hacerlo pero antes recorre las calles

del pueblo alcarreño.

De repente se encuentra a una vecina dispuesta a aviar una gallina.

-Pero mujer, ¿qué va usted a hacer? Le dice el profesor.

-Verá usted, con mi procedimiento la hipnotizaremos

y así pasará del corral a la cazuela sin darse cuenta de nada.

Y dicho y hecho,

el profesor en un alarde de sus facultades suprasensoriales

deja a la gallina hipnotizada en un santiamén.

-Max fue un gran hipnotizador,

el primero que hipnotizó por teléfono y por fotografía.

Fue un aventurero, viajó mucho, estuvo en África, en América,

recorrió parte de Europa, algunos me cuentan que estuvo en Australia.

Él lo que iba haciendo es su espectáculo de magia de sugestión

e hipnotismo, tenía una mente prodigiosa,

cálculos mentales muy rápidos,

y sobre todo su gran fuerza era el poder de la sugestión

y de la hipnosis. Te decía "ya" y estabas dormida.

(OFF) Seguimos en Brihuega, en cuyo teatro en presencia

de las autoridades y de un público eminentemente juvenil

realiza diversas demostraciones sobre hipnotismo y su gestión.

-Estuviese en el país que estuviese,

el color rojizo que tiene la Alcarria,

él tenía que venir todos los años,

imagínate en los años 40 venir desde América,

no sé si eran 16 o 22 horas,

él venía a su virgen de la peña y a sus gigantes y cabezudos.

Uno de los sueños de tu tío fue la colección de miniaturas,

viajó por todo el mundo.

Cuando estaba haciendo los espectáculos de magia empezó

a coleccionar las cosas pequeñas.

Sobre los años 70 se le ocurre montar un museo,

60.000 piezas en miniatura.

Desde casas de muñecas, microminiaturas,

cosas increíbles de ver y hay que verlas a través de lupas

y microscopios.

Dejo atrás Brihuega donde el escritor Manu Leguineche

encontró la felicidad de la tierra,

una tierra tan dulce como uno de sus platos más representativos.

El bizcocho borracho es típico de toda la provincia de Guadalajara.

Lo fundamental es tener huevos, azúcar.

Los ponemos abatir y a emulsionar para que después,

cuando han blanqueado y emulsionado

le añadimos la harina con un poco de levadura

para que suba un poco más de lo normal.

Acabo de añadir el almíbar,

es simple y llanamente azúcar y agua.

Añado una proporción de nuestro secreto.

Los secretos no se tienen que contar.

Añado un poco fundamentalmente para darle aroma y color al almíbar.

Cojo un poco de miel.

Daos cuenta de una cosa, aquí en Guadalajara,

en toda la provincia, tenemos la mejor miel del mundo.

Tu padre ya hacía bizcocho.

Sí, mi padre ha sido un grandísimo pastelero.

A mi padre le enseñó su padre.

La vida de un pastelero es una vida muy...

Es una vida encantadora, maravilloso.

Qué gusto da oír eso.

Afortunadamente tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta.

Se te nota en la cara, la sonrisa que tienes.

Soy feliz haciendo mi pastelería.

Soy muy defensor de la pastelería tradicional,

me gusta una buena rosquilla, me gusta un buen bizcocho,

me gusta una buena tarta empapada en licor.

Hablando de licor,

¿los bizcochos borrachos están permitidos para menores?

Sí. La proporción es tan ínfima de licor que lo pueden tomar.

Cualquier niño se puede tomar 12 bizcochos borrachos de una atacada.

Se va a poner malo pero no se va a emborrachar.

Ahora acogemos el bizcocho, lo metemos en el almíbar,

como si estuviese mojando un trozo de bizcocho en un vaso de leche.

Sacamos el bizcocho y una vez que lo tenemos así lo dejamos ahí.

Una vez que has hecho esto hay que dejarlo bastante tiempo

para que macere, para que coja su sabor, que repose.

Yo quiero saber si me gustan, nunca lo he probado.

Pues vamos a llamar a Lola

para que veas otra cosa muy curiosa del bizcocho borracho.

Le falta la canela. -Importante, es verdad.

Ahora le ponemos todo ese golpe de canela

que le da un aroma muy particular. Vas a ver cómo dobla los envases.

¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?

Unos 25 años aproximadamente.

Es fácil.

Madre mía, qué habilidad. Con esto estoy un poco entretenida.

Me voy a colar y voy a probar este.

El orgullo de Guadalajara.

Soy Pití y estoy orgulloso de ser ganchero.

-Yo soy Herme y estoy encantado y orgulloso de ser ganchero.

-Soy Parri y estoy orgulloso de ser ganchero.

-El alto Tajo es especial por su naturaleza, por su geología,

por sus aguas y porque es muy bonito.

-Para mí tiene de especial el alto Tajo que es una zona

que prácticamente la podemos considerar virgen.

Es mi tierra, quiero conservarla y quiero vivir en ella.

Toda la vida hemos ido juntos a la escuela

y hemos ido a hacer nuestros pinitos juntos.

Tenemos nuestros pequeños en disputa porque si no no seríamos colegas.

Para nosotros es muy importante mantener esta tradición

de los gancheros.

Todos estos pueblos de la zona han vivido del tema del monte pinar,

desde que se tira el pino, se pela,

se arrastra, se pone en la orilla del río y se transporta.

Es muy importante mantener

las tradiciones culturales para saber realmente de dónde venimos.

¿Dónde estamos, Parri?

Estamos en el parque natural del alto Tajo,

a pocos kilómetros de su nacimiento.

Aquí vivían los gancheros, ¿quiénes son?

Los hombres que se encargaban de transportar la madera

desde esta sierra hasta Aranjuez.

¿Para qué se utilizaba esa madera? Para la construcción.

Buenas. Hola, ¿qué tal?

-Este es mi colega Herme y mi colega Pití.

A lo mejor en la operación de bajar los palos a Aranjuez trabajaban

2000 o 3000 personas, aparte de los que se dedicaban a cortarlos,

a pelarlos y a trasportarlos hasta la orilla del río.

Se creaba una forma de vida alrededor del río.

Una forma de vida que ha durado hasta el siglo pasado,

hasta que se inventó el motor de explosión.

¿Y la vida del ganchero cómo era?

Para que te hagas una idea las maderadas empezaban

a finales de febrero.

Imagínate en esa época todo el día en el río con una ropa

de aquella manera. Si se caía en el río...

Muchos no sabrían nadar.

San Pedro decía que eran pastores de bosques flotantes.

Exactamente.

-Aunque supieran nadar el oficio era muy peligroso

porque todo el río estaba cubierto de palos,

si te colabas para adentro

luego no podías salir porque los pinos te tapaban.

Por ejemplo, ¿qué instrumentos utilizaban? Que veo aquí...

Este es un gancho de un ganchero que me lo dejó,

era la única herramienta que llevaban los gancheros.

Una punta que servía para empujar al tronco

y luego el gancho para atraer el palo.

¿Qué comían los gancheros?

Un colega me decía que nuestros abuelos cogían las truchas

por espuertas, nuestros padres las cogían por kilos

y nosotros ahora las cogemos por piezas.

De uno de esos palos vamos a hacer dos rastreles.

Cogemos un palo, ponerlo aquí y luego con los ganchos

los palos arrodillo van por los rastreles y caen al río.

-Imagínate que tú no ves el agua.

Lo que tenían que procurar es que el palo que llega a la orilla

y se entronca hay que empujarlo para que salga.

-Por estos dos rastreles bajan los palos.

-Clava el gancho en ese lado.

-Echa el gancho al otro lado.

-¡Valiente!

Nos ha traído nuestro colega Pablo un almuerzo tradicional

de nuestra tierra y te lo vamos a dar a probar a ver si te gusta.

A que adivino lo que es.

¿No me habéis dicho que aquí los gancheros comían truchas?

Efectivamente, una trucha escabechada.

¿Había alguna mujer ganchera? No.

-Yo voy a echar un trago de vino.

-Esto tiene muy buena pinta. ¿Eso qué es?

Te he traído dos productos típicos de la tierra

que se hacían en conserva,

un escabeche de trucha y un lomo de orza que también es muy típico

de aquí. Se fríe el lomo, se mete en una orza con aceite y se mantiene.

Una orza es un recipiente de barro.

Efectivamente. Es la misma receta tradicional, a ver si te gusta.

Pásame la bota.

Veo que se te da bien darle a la bota.

Toma, Pablo.

Yo quiero probar la trucha.

Realmente es una receta de mi mujer porque yo solo soy cocinillas.

La receta es muy sencilla, se coge la trucha, se sala por dentro,

se marca en harina y se pone a freír.

Otro recipiente al lado se pone al fuego, coges la cebolla,

la partes y pones cebolla, zanahoria, un poco de laurel,

un poco de pimienta, hay quien a lo mejor le echa un poco de orégano,

pero muy poco, y sobre todo vinagre y vino.

Ahí está el quid del escabeche.

El escabeche es un conservante y hay quien solo pone vinagre

pero mi mujer le pone la mitad de vinagre y la mitad de vino.

Que rico sobre todo lo de pueblo. Y con buen hambre ahora.

Ya te digo, después de arrastrar todos estos troncos.

Voy a probar la trucha.

Está buenísima.

¿Cómo es la gente de esta tierra? Somos gente sencilla, buena gente.

Y mucho sentido del humor.

En invierno debe haber alrededor de 100 personas.

-Somos por lo menos 200 o 300.

Pues vaya diferencia, de 100 a 200.

En mitad de la carretera, en pleno verano, espero a Andrés,

un agricultor que me ha propuesto una visita a la plantación

de lavanda más extensa de España.

Soy Andrés Corral, soy un agricultor de esta bonita zona de la Alcarria

y me dedico a cultivar cereales y, como estáis viendo,

estos campos de lavanda.

Intento cambiar un poco el producto,

desde que yo de mi planta madre extraigo el esqueje,

en mi propio vivero hago una planta,

la planto en estas alcarrias y estoy viendo estos resultados,

soy un agricultor afortunado.

Para mí la lavanda es naturaleza, en cierta manera lo hemos recuperado.

Hace muchos años este cultivo ya estaba implantado en estas mesetas,

se dio un poco de lado pero ahora estamos recuperándolo.

Te quita mucho tiempo porque a la planta hay que mimarla,

hay que estar pendiente de ella porque no deja de ser una planta.

Todos los mimos que le demos son pocos.

Si no fuese agricultor no sé qué sería

porque desde mi niñez he estado en la agricultura con mi padre

y sigo su labor.

¿Cuántas extensiones de lavanda tienes?

Tengo plantadas 480 ha.

Desde que de la planta madre extraemos el esqueje

hasta que la vemos así pueden transcurrir cuatro años.

Habéis recuperado el paisaje.

El entorno, el paisaje, mantener el campo vivo.

Yo tengo que hacer esto con mucho personal y para mí es una alegría

dar puestos de trabajo.

Andrés me ha invitado a participar en la celebración que organiza

cada año para festejar el florecimiento de sus plantaciones

de lavanda.

A la cita están invitados los vecinos de toda la comarca

y a pesar de mi primera impresión no llegan atraídos por el aterrizaje

de un ovni ni por la convocatoria de una misteriosa secta.

Solo hacen falta dos cosas para viajar por esta tierra,

unas buenas botas para caminar y encontrar el tiempo para escuchar

las historias de los vecinos de la Alcarria.

En una tarde violeta de verano.

La música que es mediterránea y que os inspiráis de la tierra,

de los olores.

Efectivamente, estamos haciendo una música de calorcito,

con unos ritmos que beben del flamenco y de la música del Magreb,

teñido de ese flamenco que es tan nuestro y tan universal.

En este sentido no conocemos mucha frontera.

Como todo lo bueno,

el verano y el viaje se acerca a su fin cuando llego a Yebes.

Un lugar en donde un grupo de sabios lanza cada día preguntas

al cielo buscando en las estrellas una respuesta

al futuro de este planeta llamado tierra.

Escondidos aunque muy cerca de Guadalajara.

Se construyó en que el 70. A partir del 74.

Se buscaba también un sitio donde no hubiese contaminación lumínica,

donde estuviese escondido, donde no hubiese radiofrecuencia.

Encantada. Un verdadero científico.

Soy José Antonio López Fernández,

soy el director del observatorio de Yebes.

Me dedico a la ingeniería de telecomunicación y la astronomía,

en particular a gestionar el radiotelescópico de Yebes.

Radioastronomía es la observación de los fenómenos del universo.

Son como pequeñas radios que nosotros estamos recibiendo.

La cocina, aparte de ser un auténtico relax

me aporta la satisfacción de ver cómo disfrutan

con cada plato que hago.

¿Qué observáis aquí con estos radiotelescopios?

Observamos que el universo, lo más lejano posible,

y lo observamos para sacar información sobre el universo

y también sobre la tierra.

Observamos puntos muy lejanos, esos puntos al estar tan lejos.

¿Cuánto de lejos? Unos 2000 millones de años luz.

¿2000 millones? Es posible que ni existan.

Bueno, hablando del universo, vamos a bajar a la tierra.

Vamos a lo que nos une tanto y que es necesario,

una tortilla de patata con collejas. ¿En qué te puedo ayudar?

Ya sabes que hay que batir los huevos.

Pero eso es lo más fácil.

Lo que quiere decir es que vosotros podéis predecir

lo que nos puede afectar en nuestra vida con todo este cambio climático

que está sufriendo la tierra.

Tenemos la misión de poder estudiar los precursores

de las catástrofes naturales.

Se puede hacer una política de infraestructura del tipo

de construir diques en zonas que sabemos inevitablemente

que van a ser cubiertas por el mar en el próximo siglo.

Hay que trasladar a esa población,

hay que darle esa información al gobierno.

¿Las collejas las meto aquí dentro? Sí.

¿Habéis descubierto algún asteroide?

Ahora hace 20 años que se detectó un asteroide y se le puso el nombre

de Yebes.

Freímos un poco las patatas.

Me parece que esas patatas ya están. Las vamos a retirar.

Cuidado, no te vayas a quemar.

Me habían dicho que los científicos eran sosos pero de eso nada.

Bueno, más que sosos algunos somos muy aburridos

porque vamos de la casa al trabajo y del trabajo a la casa

y cuando puedes te llevas el trabajo a la casa también.

Dudo yo que un granadino sea aburrido.

La ciencia tiene ese componente de que si te puedes dedicar

a la ciencia y además comes de ello puedes llegar a pensar

que eres un privilegiado.

No eres un futbolista pero el que te funcionen las cosas ya es un premio.

Creo que la tortilla ya está.

Creo que no es necesario que cuaje demasiado

porque pierde el gusto de la colleja.

Te ha salido muy bonita.

¿Dónde nos vamos a comer la tortilla?

Te voy a llevar a Aries XXI.

¿Ahí arriba? Sí.

Madre mía, qué maravilla.

Aquí tenéis toda la Alcarria a vuestros pies.

Muy rica.

Veo que los científicos también saben cocinar.

En la vida todo es cocinar, cocinas una tortilla,

cocinas un radiotelescopio, cocinas una observación.

Los científicos creo que tenéis un corazón de filósofo.

En realidad tú no buscas el infinito para ser más grande,

en realidad estás buscando el infinito para darte cuenta

de que cada día eres más pequeño, más humilde.

Ese es el sentido de la vida.

Brindemos por ello.

El mundo a escala cósmica solo es un breve instante

pero lo más valioso del universo puede resumirse en el rostro

de un amigo, en todos los momentos vividos en la Alcarria,

en la curva de un camino o en un sueño de verano.

Cada uno de esos momentos hacen que la vida sea una aventura

que encierra sorpresas todos los días.

Aunque la felicidad de la tierra

continúe siendo un auténtico misterio.

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