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Para todos los públicos Un país para comérselo - Guadalajara - Ver ahora reproducir video 50.13 min
Transcripción completa

El viajero sale un día y enfila sus pasos hacia una comarca

dispuesto a recorrerla con pies ligeros y sin fecha de retorno.

La ruta de hoy comienza entre Guadalajara y Cuenca,

en esta comarca de pura cepa castellana que Camilo José Cela

convirtió en un gran destino literario,

la Alcarria.

El país del viajero sigue teniendo trigo, patatas, cabras,

olivos y caza y también pueblos que parecen dibujados

a punta de carboncillo en la falda de las montañas.

Ancha es la espalda de Guadalajara peleada durante siglos entre moros

y cristianos desde un rosario de fortalezas y castillos

que todavía reinan hoy sobre colinas perfectas.

Cerca de una de ellas, en Jadraque, es una tarde de verano

y el campo rezuma el color de hierbas silvestres

con las que voy a preparar la especialidad de la zona,

el cabrito al horno.

Soy Pedro y soy maestro asador. Sí me gusta cuidar el jardín,

lo miro todos los días y le voy quitando las malas hojas.

Ganar no gano nada pero me da alegría ver las flores

y verlo tan verde.

Desde pequeño me gustan mucho los animales,

siempre he tenido perdices y las sigo teniendo.

Pues al vivir en un pueblo tan solitario

tienes una vida tranquila y sana.

Mi plato preferido es el cabrito asado y además es típico del pueblo.

Me encanta.

Mi madre ha sido una persona muy trabajadora,

jamás ha ido de vacaciones, ha estado siempre en la cocina.

¿Dónde está Carlitos? Eso digo yo, ¿dónde está?

¿Y Antonio?

Bueno, le voy a dar una segunda oportunidad.

Yo tengo 90 años.

Pues tiene un aspecto estupendo y unos ojos preciosos.

Se lo habrán dicho muchas veces. También tú.

-Bueno Ana, veo que has conocido a mi madre.

-Su padre hace que murió 36 años. Con 55 y cuatro hijos.

¿Y Pedro el único varón? Sí.

Así que has sido el hombre de la casa.

El niño.

-Cuando murió su padre él tenía 17 años.

No tenía más remedio.

Ya le había enseñado su padre lo del horno,

y ya ha seguido él.

He tenido buenos hijos, gracias a Dios.

Y buenos acompañantes que tienen porque he tenido

una suerte tremenda.

A mí, siendo formales y honrados me sobra todo.

Si yo tuviese que volver a empezar empezaría con lo mismo

porque me ha ido bien.

¿Por qué las cosas de antes estaban más ricas?

Porque no había tanta química. Claro.

Ahora hay química para todo, hasta para vivir, mira.

El secreto es que sea buena carne.

Lo pones en la cazuela con un poco de agua, la sal y se acabó.

Esto es un espectáculo. Se ha matado en casa.

-Más leña o menos leña.

¿Qué tipo de leña? Tipo carrasca.

¿Durante cuánto tiempo?

Se tiene una hora según está y a la hora se vuelve a sacar,

se le da la vuelta a la carne,

se le echa otro poco de sal y se tiene dos horas.

Por la parte del costado.

Sí. Está en el horno más o menos 3 horas.

Pero guardáis el secreto. El breve.

¿Por qué le llamáis el breve? El breve quiere decir nada.

No me vas a contar nada.

-Claro, entonces si lo dices no viene nadie a comer, lo hacen.

-Ponemos el vinagre, un poco de tomillo,

un poco de orégano, una hoja de laurel y media cabeza de ajo.

Esto lo dejamos macerando mientras se asa el asado.

Lo voy a intentar hacer yo pero no creo que me salga tan bueno.

Lo mejor de esta visita el cabrito por supuesto, pero conocerla.

Igualmente.

Usted ha sido como mi Mercedes, una emprendedora, una trabajadora,

una luchadora. ¿A sus 90 años que es lo mejor de la vida?

El amor de mis hijos es lo más grande, lo único que tengo.

Me alegro mucho de verla.

Gracias. ¿Cuándo empieza la otra serie?

(RISAS)

Allí está Soria, luego enfrente tenemos Segovia,

en este lateral Madrid y a nuestra espalda Guadalajara.

Qué barbaridad, qué bonito.

¿Por qué se llama el castillo del Cid?

Lo construyeron en el siglo XI.

Iban a liberar las tropas del Cid Guadalajara y pasaron por aquí

y se quedó como el castillo del Cid.

Luego, en el siglo XV se quedó el cardenal Mendoza

que hizo como su casa aquí.

Tiene un poco como forma de buque,

parece que esté navegando en las tierras de Castilla.

Aquí podemos comernos el cabrito.

Se nos habrá enfriado un poco, pero bueno.

No estará malo. Huele que alimenta.

Está muy tierno, sabe a vuestra tierra,

a orégano, tomillo, laurel, ajo...

¿Cómo sois la gente de aquí? Poco habladora.

(RISAS)

La inmigración a las ciudades dejó a muchos de los pueblos

de esta comarca en riesgo de convertirse en decorados

pintorescos para imaginar cómo fue la vida rural en el pasado.

Pero en Campillo de ranas su emprendedor alcalde

ha encontrado la forma de revitalizar la economía local

y crear un proyecto de vida permanente para todos sus vecinos.

¿Me puedes decir donde está Paco, el alcalde?

Soy yo.

Me llamo Paco y soy el alcalde de Campillo de ranas.

La gente me define como algo raro.

Recuerdo de mi infancia a mi madre planchando

y oyendo a Elena Francis.

Cuando digo que he hecho la casa solo digo que todas estas piedras

las he sacado con mis manos y las he traído,

el barro que lleva entre las piedras lo he amasado yo

y las tejas las he arpado yo con las cuñas.

He tenido ayuda,

porque en Campillo de ranas es normal ayudarse entre vecinos.

No te imaginaba así para nada. Te imaginaba de otra manera.

Gordo, con bigote.

(RISAS)

Es precioso todas las tejas negras, forma parte los pueblos negros.

Era el trabajo de antes.

¿Esta es la escuela? Sí.

¿Cuántos niños en la escuela?

Ahora hay 16. Y otros cinco que están bajando al Instituto.

Hola, ¿ya vas con el nieto?

-Sí, nos vamos hasta el pantano. -Muy bien.

Qué bien, a bañarse. Es precioso del pueblo.

¿Cuántos habitantes hay?

Vivimos unos 60 y censados somos 214.

¿Cómo te vienes a vivir a este lugar tan maravilloso?

Una historia muy larga porque con 17 años y con tres amigos

cogimos un macuto y nos fuimos a vivir al campo.

Era como trasladarse a la edad media.

Dijimos que nos quedábamos aquí y hasta hoy.

En cada rincón apetece sentarse. Hola.

Ana, te presento a Paco.

-¿Qué tal?

¿Desde cuándo vive aquí?

De modo permanente desde que me jubilé

pero estoy aquí desde niño todos los veranos.

¿Se vive bien aquí? Se vive de maravilla.

-Yo duermo con la ventana abierta

y cuando me despierto escucho a las alondras.

No sé cómo voy a hacer para no irme.

¿Qué pasa Ricardo? -Hola.

-Te tengo de alguacil sin pagarte.

¿Está usted limpiando? Sí.

¿Cómo es el alcalde? Muy bueno.

-Gracias.

Ha traído muchas cosas buenas. Sí.

-Tuvimos siempre muy claro que era importante que viviéramos de ello,

de la protección de la arquitectura,

pero que era mucho más importante que la población estuviera a gusto.

Los niños de aquí se crían como una familia, eso es muy importante.

Bueno Ricardo, muchas gracias.

-Voy a terminar. Lo está dejando muy limpio.

No te canses mucho que tienes muchos días.

¿Este es tu sueño? Este es mi sueño, es mi vida,

aquí es donde paso mi vida cuando me dejan.

(BALADO)

Pero bueno, tienes cabritos y todo. Es que me ha oído, conocen la voz.

Qué bien huele aquí, la melisa. Aquí nace silvestre.

Tengo cabras porque me gusta,

hubo un tiempo que las tenía por obligación como supervivencia.

¿Pero te gusta tenerlo o comerlo? Me gustan las dos cosas.

No tengo la tontería esa de que pobrecito comérselo.

La cabra es la vaca del pobre,

te da leche, te da carne y te da piel y te da basura para la huerta.

La huerta mía es toda biológica.

Esto es orégano que he recogido esta mañana.

Mira qué diferencia del orégano que puedes usarnormalmente a este,

no tiene nada que ver.

¿Esto lo deja secar y luego lo pones en botes?

Claro, con este orégano hay para todo el año.

Me quedaría aquí dormida. Ahora hueles entera a orégano.

Esto ha sido un ramo que...

¿Te quieres casar conmigo? (RISAS)

En otra vida a lo mejor, y si salgo chico a lo mejor te gusto.

Pues claro, un chico rubio, de ojos azules.

Salimos bien en mi familia.

Sí, sois guapos (RISAS)

¿Qué pasa Juli?

-Buenos días. Estoy regando un poco las plantas, ¿cómo estáis?

-Pues nada, con Ana paseando por nuestro pueblo.

-Bienvenidos.

¿Este es tu bar? Sí, aquí trabajamos.

¿Desde cuándo vives aquí?

Me vine para ocho días y va a hacer 17 años.

No volví, me gustó la paz, me gustó el sitio.

Viniendo de dónde venimos que hay mucho ruido, mucha gente,

muchos semáforo y muchos coches, esto es el paraíso.

Así que llegas un día de visita

y aquí corres el riesgo de que te quedas atrapado.

Esto era la antigua fragua del siglo XVII y se transformó en un bar.

-¿Queréis tomar una cerveza? Yo no te digo que no.

Pues venga.

Esto además es algo muy típico de este tipo de pueblos,

el ver la vida pasar.

Sobre todo en el mundo rural hay tiempo para todo.

Tú estás pensando a ver cuando llega la semana Santa para irme a Murcia,

a ver cuando llegan las vacaciones para irme y en ese tramo

de a ver cuando viene se te va la vida.

Cuando la vida hay que vivir no la meta sino el recorrido.

Claro.

-Muchas gracias, Juli.

-Y un poco de chorizo de jabalí para que lo probemos.

-Qué bien.

-Llega un momento en el que dices que necesitas

un poco de aire y conoces un sitio como este y,

si tienes la posibilidad, lo mandas todo al garete.

Por ejemplo, en mi familia somos seis hermanos

y ya vivimos tres aquí.

La gente me pregunta que cuando salgo de trabajar aquí

qué hago y les respondo que me siento en la puerta de casa

a ver cómo crece la hierba. Me decían que no estaba bien.

Cuando yo vivía en la ciudad tenía la sensación de que siempre

tenía que estar en movimiento,

siempre tenía que estar haciendo algo. El no hacer nada...

Era una pérdida de tiempo. Exacto.

Cuando mirar dos golondrinas es lo más bonito que hay.

Podías estar relajándote, no.

Tenías que estar perdiendo el tiempo porque no estabas haciendo nada.

Cuando te vienes a vivir a un sitio como este te das cuenta

de todas las cosas innecesarias que hay en una ciudad.

Y que te hacen dependiente de algo.

Por ejemplo aquí casi todos vamos sin dinero.

Hay cosas que funcionan en este pueblo como el trueque, por ejemplo.

El electricista me arregla un enchufe y yo un día le invito

a comer.

Y a lo mejor le prestas la motosierra a tu vecino

y te aparece con dos melones o con peras.

Eso es maravilloso,

le quita valor al dinero y le da valor a las personas.

Hay un momento en el que este pueblo, Campillo de ranas,

se pone en el mapa y todo el mundo mira hacia aquí.

Sin querer, y por un acto militante decido levantar la voz

y decir que yo voy a casar a los matrimonios gays.

A partir de ahí fuimos un ejemplo a nivel mundial de tolerancia.

Campillo se ha convertido en un icono para venirse a casar.

Una cosa que le llamó mucho la atención a los medios,

¿qué dice su pueblo de que usted sea gay?

¿Cómo reaccionaron?

Perfectamente, yo recuerdo cuando vine una cosa que me sorprendió

fue esa tolerancia por parte de los mayores.

Yo estoy por venirme a vivir aquí. Pues hay sitio.

Son muchas las ataduras que tengo pero ataduras inútiles.

Aquí las ataduras...

Al otro mundo no nos llevamos nada

y con medio metro de terreno no sobra todo.

En esta tierra de romances,

a la que tantos poemas y canciones se han dedicado,

una familia de titiriteros ha encontrado en Tamajón

el lugar perfecto para sentarse

y hacer de su oficio un cuento de nunca acabar.

Yo soy Pilar Cosa y tenemos un grupo de teatro y construimos marionetas.

-Pilar sobre todo es muy cariñosa y muy generosa.

Soy José Luis Luque, soy actor, titiritero y artesano.

-Muy trabajador, constante, es una persona equilibrada, divertido.

-Nos enfadamos habitualmente.

-Prácticamente todos los días a la hora de comer.

-Yo soy Arena, vine aquí por circunstancias de crisis,

trabajaba en el teatro en Madrid y ahora me dedico

a la artesanía y los fines de semana trabajo en una casa rural.

-Yo soy Sabina Manuela Luque. Me dedico a escribir y dibujar.

-Lo mejor de vivir en Tamajón es la naturaleza, la tranquilidad.

-Creo que sobre todo he aprendido a quitarle importancia a las cosas,

a vivir más sencillamente. Se puede vivir con menos que con más.

-Yo he aprendido a estar conmigo misma.

-A no tener que estar todo el tiempo con alguien.

-Yo a jugar con mi hermana.

He aprendido a tener paciencia

y sentarme mucho rato a jugar con ella.

-Mi plato preferido, la sopa. Al contrario que Mafalda.

-A mí me gusta mucho la pasta y el pepino también.

-A mí los garbanzos.

-Yo desde que he vuelto a casa me gusta todo. (RISAS)

-Hay amigas que tengo que vienen en verano les asustan las marionetas

que tengo en la habitación y por la casa.

En la vecina Sigüenza, ciudad con catedral,

he quedado con los hermanos Pérez,

que además de apellido comparten su pasión por el buen yantar.

Me llamo Eduardo Pérez,

soy el jefe de sala del restaurante Doncel y la mano derecha de Kike.

Me llamo Enrique Pérez,

soy el jefe de cocina del Doncel y soy la otra mano de Eduardo.

Lo mejor de mi hermano es el aguante que tiene conmigo, tremendo.

Tiene muchas virtudes,

es un gran profesional y sobre todo sabe entender a la gente.

-Kike es un gran cocinero,

un gran maestro para mí y para la gente que estamos en el Doncel.

-Yo creo que lo que hemos aprendido de nuestros padres,

el legado que nos han dejado,

es estar muy unidos y sobre todo respetarnos mucho.

Somos gente castellana,

creo que en esa palabra resume un poco la forma de ser.

Sobre todo somos muy hospitalarios

porque es una ciudad que vive del turismo

y creo que eso nos ha enseñado a respetar a la gente que viene

y hace el esfuerzo de venir hasta Sigüenza a acogerles

con mucho cariño e intentar que vuelvan.

¿Cómo es esto de trabajar juntos?

Se lleva muy bien. (RISAS)

¿Cómo cambiáis esa tradición familiar a la modernidad?

Yo creo que lo hicimos inconscientemente.

Sabíamos que queríamos hacer un trabajo un poco más adaptado

a nuestros estudios y era incompatible con la cocina

y el perfil de negocio que habíamos heredado.

-Queríamos hacer unos platos con un toque más personal,

no esos platos llenos de comida.

-Vamos a hacer carpacho de corzo.

Lo hemos empanado, por así decirlo,

y luego lo que hemos hecho ha sido cortarlo muy fino.

¿Cómo es la carne de corzo?

La carne de corzo es muy poco fibrosa, muy poco grasa.

Estas perlas son de caviar.

-Es un espumoso de Toledo.

-Estamos poniendo unos microvegetales.

Hemos utilizado un aceite de calidad.

Sabe a rábano.

-Esto es un helado de esas aromáticas que hablábamos antes.

Lo que más me gusta es terminarlo con una uva

que es lo que nos va a dar en la boca esa sensación de frescor.

Voy a coger también un poco de helado.

¿Qué te parece? Son los sabores que hemos conjugado.

Una delicia.

Es muy carnoso, muy crujiente.

Recuerda a una avellana cruda, a una almendra fresca.

Este coctel tiene ginebra con trufa y tomillo.

Lo que hacemos es una maceración de un brandy de melocotón

y un golpe de lima.

-Ya veremos como bajamos del monte este.

Esta patata la hemos triturado con un aceite de trufa.

Vamos a utilizar una lenteja verde.

También le vamos a poner una pizca de trufa,

ahora la vas a probar al natural para que veas

ese recuerdo del almendruco.

Tiene un sabor un poco amargo.

Vamos a poner un poco de tupinambo.

También le vamos a poner unas espinacas.

Vamos a utilizar los tomillos

que ha puesto Edu también en ese combinado.

Ahora le ponemos esta pizca de sal y para que se integren

todos los sabores le vamos a poner una pizca de aceite de oliva.

-Lo hemos hecho con un vino blanco de aquí,

un concentrado de frutas rojas, un poco de zumo de melocotón,

un poco de miel y un poco de romero.

Vamos a brindar. Por los dos hermanos, que sois dos artistas.

Espliego, romero, tomillo, ajedrea.

El campo de la Alcarria es una gran selva de arbustos

y flores silvestres,

un auténtico banquete para las abejas de la comarca.

-Me llamo Ana Bedoya,

llevo toda la vida dedicándome al turismo.

Aquí llevo ya 20 años.

Miel de la Alcarria, miel líquida y calientita.

Le ponemos un poco de limón para que haga el efecto exfoliante.

Me encanta la sensación que tienes cuando te la están aplicando

calientita, y luego que se te queda una piel divina.

Qué gusto.

Para mí la Alcarria es un sitio especial

porque es mi tierra y creo que tiene muchas posibilidades,

muchas oportunidades. Me gusta vivir en la Alcarria.

Sueño que soñando camino por el cementerio de Brihuega.

En compañía de Javier voy en busca de la tumba y la enigmática historia

de Juan Elegido Millán,

conocido en todo el mundo como el Profesor Max.

¿Esta es la tumba de tu tío Max? Aquí es donde se quiso enterrar.

(LEE) Juan Elegido Millán. Profesor Max.

Así es. ¿Quién era?

(OFF) Recientemente ha vuelto a su Brihuega natal.

Hacía más de 20 años que no actuaba ante sus paisanos

y ahora va a hacerlo pero antes recorre las calles

del pueblo alcarreño.

De repente se encuentra a una vecina dispuesta a aviar una gallina.

-Pero mujer, ¿qué va usted a hacer? Le dice el profesor.

-Verá usted, con mi procedimiento la hipnotizaremos

y así pasará del corral a la cazuela sin darse cuenta de nada.

Y dicho y hecho,

el profesor en un alarde de sus facultades suprasensoriales

deja a la gallina hipnotizada en un santiamén.

-Max fue un gran hipnotizador,

el primero que hipnotizó por teléfono y por fotografía.

Fue un aventurero, viajó mucho, estuvo en África, en América,

recorrió parte de Europa, algunos me cuentan que estuvo en Australia.

Él lo que iba haciendo es su espectáculo de magia de sugestión

e hipnotismo, tenía una mente prodigiosa,

cálculos mentales muy rápidos,

y sobre todo su gran fuerza era el poder de la sugestión

y de la hipnosis. Te decía "ya" y estabas dormida.

(OFF) Seguimos en Brihuega, en cuyo teatro en presencia

de las autoridades y de un público eminentemente juvenil

realiza diversas demostraciones sobre hipnotismo y su gestión.

-Estuviese en el país que estuviese,

el color rojizo que tiene la Alcarria,

él tenía que venir todos los años,

imagínate en los años 40 venir desde América,

no sé si eran 16 o 22 horas,

él venía a su virgen de la peña y a sus gigantes y cabezudos.

Uno de los sueños de tu tío fue la colección de miniaturas,

viajó por todo el mundo.

Cuando estaba haciendo los espectáculos de magia empezó

a coleccionar las cosas pequeñas.

Sobre los años 70 se le ocurre montar un museo,

60.000 piezas en miniatura.

Desde casas de muñecas, microminiaturas,

cosas increíbles de ver y hay que verlas a través de lupas

y microscopios.

Dejo atrás Brihuega donde el escritor Manu Leguineche

encontró la felicidad de la tierra,

una tierra tan dulce como uno de sus platos más representativos.

El bizcocho borracho es típico de toda la provincia de Guadalajara.

Lo fundamental es tener huevos, azúcar.

Los ponemos abatir y a emulsionar para que después,

cuando han blanqueado y emulsionado

le añadimos la harina con un poco de levadura

para que suba un poco más de lo normal.

Acabo de añadir el almíbar,

es simple y llanamente azúcar y agua.

Añado una proporción de nuestro secreto.

Los secretos no se tienen que contar.

Añado un poco fundamentalmente para darle aroma y color al almíbar.

Cojo un poco de miel.

Daos cuenta de una cosa, aquí en Guadalajara,

en toda la provincia, tenemos la mejor miel del mundo.

Tu padre ya hacía bizcocho.

Sí, mi padre ha sido un grandísimo pastelero.

A mi padre le enseñó su padre.

La vida de un pastelero es una vida muy...

Es una vida encantadora, maravilloso.

Qué gusto da oír eso.

Afortunadamente tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta.

Se te nota en la cara, la sonrisa que tienes.

Soy feliz haciendo mi pastelería.

Soy muy defensor de la pastelería tradicional,

me gusta una buena rosquilla, me gusta un buen bizcocho,

me gusta una buena tarta empapada en licor.

Hablando de licor,

¿los bizcochos borrachos están permitidos para menores?

Sí. La proporción es tan ínfima de licor que lo pueden tomar.

Cualquier niño se puede tomar 12 bizcochos borrachos de una atacada.

Se va a poner malo pero no se va a emborrachar.

Ahora acogemos el bizcocho, lo metemos en el almíbar,

como si estuviese mojando un trozo de bizcocho en un vaso de leche.

Sacamos el bizcocho y una vez que lo tenemos así lo dejamos ahí.

Una vez que has hecho esto hay que dejarlo bastante tiempo

para que macere, para que coja su sabor, que repose.

Yo quiero saber si me gustan, nunca lo he probado.

Pues vamos a llamar a Lola

para que veas otra cosa muy curiosa del bizcocho borracho.

Le falta la canela. -Importante, es verdad.

Ahora le ponemos todo ese golpe de canela

que le da un aroma muy particular. Vas a ver cómo dobla los envases.

¿Cuánto tiempo llevas haciendo esto?

Unos 25 años aproximadamente.

Es fácil.

Madre mía, qué habilidad. Con esto estoy un poco entretenida.

Me voy a colar y voy a probar este.

El orgullo de Guadalajara.

Soy Pití y estoy orgulloso de ser ganchero.

-Yo soy Herme y estoy encantado y orgulloso de ser ganchero.

-Soy Parri y estoy orgulloso de ser ganchero.

-El alto Tajo es especial por su naturaleza, por su geología,

por sus aguas y porque es muy bonito.

-Para mí tiene de especial el alto Tajo que es una zona

que prácticamente la podemos considerar virgen.

Es mi tierra, quiero conservarla y quiero vivir en ella.

Toda la vida hemos ido juntos a la escuela

y hemos ido a hacer nuestros pinitos juntos.

Tenemos nuestros pequeños en disputa porque si no no seríamos colegas.

Para nosotros es muy importante mantener esta tradición

de los gancheros.

Todos estos pueblos de la zona han vivido del tema del monte pinar,

desde que se tira el pino, se pela,

se arrastra, se pone en la orilla del río y se transporta.

Es muy importante mantener

las tradiciones culturales para saber realmente de dónde venimos.

¿Dónde estamos, Parri?

Estamos en el parque natural del alto Tajo,

a pocos kilómetros de su nacimiento.

Aquí vivían los gancheros, ¿quiénes son?

Los hombres que se encargaban de transportar la madera

desde esta sierra hasta Aranjuez.

¿Para qué se utilizaba esa madera? Para la construcción.

Buenas. Hola, ¿qué tal?

-Este es mi colega Herme y mi colega Pití.

A lo mejor en la operación de bajar los palos a Aranjuez trabajaban

2000 o 3000 personas, aparte de los que se dedicaban a cortarlos,

a pelarlos y a trasportarlos hasta la orilla del río.

Se creaba una forma de vida alrededor del río.

Una forma de vida que ha durado hasta el siglo pasado,

hasta que se inventó el motor de explosión.

¿Y la vida del ganchero cómo era?

Para que te hagas una idea las maderadas empezaban

a finales de febrero.

Imagínate en esa época todo el día en el río con una ropa

de aquella manera. Si se caía en el río...

Muchos no sabrían nadar.

San Pedro decía que eran pastores de bosques flotantes.

Exactamente.

-Aunque supieran nadar el oficio era muy peligroso

porque todo el río estaba cubierto de palos,

si te colabas para adentro

luego no podías salir porque los pinos te tapaban.

Por ejemplo, ¿qué instrumentos utilizaban? Que veo aquí...

Este es un gancho de un ganchero que me lo dejó,

era la única herramienta que llevaban los gancheros.

Una punta que servía para empujar al tronco

y luego el gancho para atraer el palo.

¿Qué comían los gancheros?

Un colega me decía que nuestros abuelos cogían las truchas

por espuertas, nuestros padres las cogían por kilos

y nosotros ahora las cogemos por piezas.

De uno de esos palos vamos a hacer dos rastreles.

Cogemos un palo, ponerlo aquí y luego con los ganchos

los palos arrodillo van por los rastreles y caen al río.

-Imagínate que tú no ves el agua.

Lo que tenían que procurar es que el palo que llega a la orilla

y se entronca hay que empujarlo para que salga.

-Por estos dos rastreles bajan los palos.

-Clava el gancho en ese lado.

-Echa el gancho al otro lado.

-¡Valiente!

Nos ha traído nuestro colega Pablo un almuerzo tradicional

de nuestra tierra y te lo vamos a dar a probar a ver si te gusta.

A que adivino lo que es.

¿No me habéis dicho que aquí los gancheros comían truchas?

Efectivamente, una trucha escabechada.

¿Había alguna mujer ganchera? No.

-Yo voy a echar un trago de vino.

-Esto tiene muy buena pinta. ¿Eso qué es?

Te he traído dos productos típicos de la tierra

que se hacían en conserva,

un escabeche de trucha y un lomo de orza que también es muy típico

de aquí. Se fríe el lomo, se mete en una orza con aceite y se mantiene.

Una orza es un recipiente de barro.

Efectivamente. Es la misma receta tradicional, a ver si te gusta.

Pásame la bota.

Veo que se te da bien darle a la bota.

Toma, Pablo.

Yo quiero probar la trucha.

Realmente es una receta de mi mujer porque yo solo soy cocinillas.

La receta es muy sencilla, se coge la trucha, se sala por dentro,

se marca en harina y se pone a freír.

Otro recipiente al lado se pone al fuego, coges la cebolla,

la partes y pones cebolla, zanahoria, un poco de laurel,

un poco de pimienta, hay quien a lo mejor le echa un poco de orégano,

pero muy poco, y sobre todo vinagre y vino.

Ahí está el quid del escabeche.

El escabeche es un conservante y hay quien solo pone vinagre

pero mi mujer le pone la mitad de vinagre y la mitad de vino.

Que rico sobre todo lo de pueblo. Y con buen hambre ahora.

Ya te digo, después de arrastrar todos estos troncos.

Voy a probar la trucha.

Está buenísima.

¿Cómo es la gente de esta tierra? Somos gente sencilla, buena gente.

Y mucho sentido del humor.

En invierno debe haber alrededor de 100 personas.

-Somos por lo menos 200 o 300.

Pues vaya diferencia, de 100 a 200.

En mitad de la carretera, en pleno verano, espero a Andrés,

un agricultor que me ha propuesto una visita a la plantación

de lavanda más extensa de España.

Soy Andrés Corral, soy un agricultor de esta bonita zona de la Alcarria

y me dedico a cultivar cereales y, como estáis viendo,

estos campos de lavanda.

Intento cambiar un poco el producto,

desde que yo de mi planta madre extraigo el esqueje,

en mi propio vivero hago una planta,

la planto en estas alcarrias y estoy viendo estos resultados,

soy un agricultor afortunado.

Para mí la lavanda es naturaleza, en cierta manera lo hemos recuperado.

Hace muchos años este cultivo ya estaba implantado en estas mesetas,

se dio un poco de lado pero ahora estamos recuperándolo.

Te quita mucho tiempo porque a la planta hay que mimarla,

hay que estar pendiente de ella porque no deja de ser una planta.

Todos los mimos que le demos son pocos.

Si no fuese agricultor no sé qué sería

porque desde mi niñez he estado en la agricultura con mi padre

y sigo su labor.

¿Cuántas extensiones de lavanda tienes?

Tengo plantadas 480 ha.

Desde que de la planta madre extraemos el esqueje

hasta que la vemos así pueden transcurrir cuatro años.

Habéis recuperado el paisaje.

El entorno, el paisaje, mantener el campo vivo.

Yo tengo que hacer esto con mucho personal y para mí es una alegría

dar puestos de trabajo.

Andrés me ha invitado a participar en la celebración que organiza

cada año para festejar el florecimiento de sus plantaciones

de lavanda.

A la cita están invitados los vecinos de toda la comarca

y a pesar de mi primera impresión no llegan atraídos por el aterrizaje

de un ovni ni por la convocatoria de una misteriosa secta.

Solo hacen falta dos cosas para viajar por esta tierra,

unas buenas botas para caminar y encontrar el tiempo para escuchar

las historias de los vecinos de la Alcarria.

En una tarde violeta de verano.

La música que es mediterránea y que os inspiráis de la tierra,

de los olores.

Efectivamente, estamos haciendo una música de calorcito,

con unos ritmos que beben del flamenco y de la música del Magreb,

teñido de ese flamenco que es tan nuestro y tan universal.

En este sentido no conocemos mucha frontera.

Como todo lo bueno,

el verano y el viaje se acerca a su fin cuando llego a Yebes.

Un lugar en donde un grupo de sabios lanza cada día preguntas

al cielo buscando en las estrellas una respuesta

al futuro de este planeta llamado tierra.

Escondidos aunque muy cerca de Guadalajara.

Se construyó en que el 70. A partir del 74.

Se buscaba también un sitio donde no hubiese contaminación lumínica,

donde estuviese escondido, donde no hubiese radiofrecuencia.

Encantada. Un verdadero científico.

Soy José Antonio López Fernández,

soy el director del observatorio de Yebes.

Me dedico a la ingeniería de telecomunicación y la astronomía,

en particular a gestionar el radiotelescópico de Yebes.

Radioastronomía es la observación de los fenómenos del universo.

Son como pequeñas radios que nosotros estamos recibiendo.

La cocina, aparte de ser un auténtico relax

me aporta la satisfacción de ver cómo disfrutan

con cada plato que hago.

¿Qué observáis aquí con estos radiotelescopios?

Observamos que el universo, lo más lejano posible,

y lo observamos para sacar información sobre el universo

y también sobre la tierra.

Observamos puntos muy lejanos, esos puntos al estar tan lejos.

¿Cuánto de lejos? Unos 2000 millones de años luz.

¿2000 millones? Es posible que ni existan.

Bueno, hablando del universo, vamos a bajar a la tierra.

Vamos a lo que nos une tanto y que es necesario,

una tortilla de patata con collejas. ¿En qué te puedo ayudar?

Ya sabes que hay que batir los huevos.

Pero eso es lo más fácil.

Lo que quiere decir es que vosotros podéis predecir

lo que nos puede afectar en nuestra vida con todo este cambio climático

que está sufriendo la tierra.

Tenemos la misión de poder estudiar los precursores

de las catástrofes naturales.

Se puede hacer una política de infraestructura del tipo

de construir diques en zonas que sabemos inevitablemente

que van a ser cubiertas por el mar en el próximo siglo.

Hay que trasladar a esa población,

hay que darle esa información al gobierno.

¿Las collejas las meto aquí dentro? Sí.

¿Habéis descubierto algún asteroide?

Ahora hace 20 años que se detectó un asteroide y se le puso el nombre

de Yebes.

Freímos un poco las patatas.

Me parece que esas patatas ya están. Las vamos a retirar.

Cuidado, no te vayas a quemar.

Me habían dicho que los científicos eran sosos pero de eso nada.

Bueno, más que sosos algunos somos muy aburridos

porque vamos de la casa al trabajo y del trabajo a la casa

y cuando puedes te llevas el trabajo a la casa también.

Dudo yo que un granadino sea aburrido.

La ciencia tiene ese componente de que si te puedes dedicar

a la ciencia y además comes de ello puedes llegar a pensar

que eres un privilegiado.

No eres un futbolista pero el que te funcionen las cosas ya es un premio.

Creo que la tortilla ya está.

Creo que no es necesario que cuaje demasiado

porque pierde el gusto de la colleja.

Te ha salido muy bonita.

¿Dónde nos vamos a comer la tortilla?

Te voy a llevar a Aries XXI.

¿Ahí arriba? Sí.

Madre mía, qué maravilla.

Aquí tenéis toda la Alcarria a vuestros pies.

Muy rica.

Veo que los científicos también saben cocinar.

En la vida todo es cocinar, cocinas una tortilla,

cocinas un radiotelescopio, cocinas una observación.

Los científicos creo que tenéis un corazón de filósofo.

En realidad tú no buscas el infinito para ser más grande,

en realidad estás buscando el infinito para darte cuenta

de que cada día eres más pequeño, más humilde.

Ese es el sentido de la vida.

Brindemos por ello.

El mundo a escala cósmica solo es un breve instante

pero lo más valioso del universo puede resumirse en el rostro

de un amigo, en todos los momentos vividos en la Alcarria,

en la curva de un camino o en un sueño de verano.

Cada uno de esos momentos hacen que la vida sea una aventura

que encierra sorpresas todos los días.

Aunque la felicidad de la tierra

continúe siendo un auténtico misterio.

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Un país para comérselo - Guadalajara

17 nov 2014

Ana Duato emprende su camino con el espíritu de uno de los grandes viajes literarios del castellano: el que hiciera Cela en su 'Viaje a la Alcarria'. La actriz pasará por Jadraque, los pueblos negros, Sigüenza, Brihuega, el Alto Tajo y el centro astronómico de Yebes y en su recorrido saboreará un cabrito al horno, una receta de caza con un cóctel y la famosa miel de la Alcarria.

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