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Para todos los públicos Últimas preguntas - Vida para celebrar y compartir - ver ahora
Transcripción completa

y decía: "En la vida hay que salir de la rotonda".

(Música cabecera)

Hola, amigos. Muy buenos días.

Gracias por acompañarnos una semana más aquí,

en "Últimas preguntas",

en un encuentro en el que, durante este mes,

vamos a recordar algunas de las historias

que hemos compartido en el programa durante la última temporada.

Una de esas historias tiene que ver con la vida,

con nuestro día a día.

La persona con quien hablábamos es el psicólogo Javier Urra,

que nos presentaba también su último trabajo.

En ese momento, su trabajo más reciente

en cuanto a literatura se refiere,

el libro "Celebra y comparte la vida".

De eso hablábamos, de celebrar y de compartir.

Muy buenos días. Gracias por invitarme de nuevo.

Un gusto. El gusto es mío de estar contigo.

Gracias. Y de estar en este programa,

que es un magnífico programa y esta sociedad lo valora y aplaude.

O sea que muchísimas gracias. Muchas gracias.

Seguro que los espectadores están, si me permiten el juego de palabras,

expectantes a ver de qué hablará hoy Javier Urra.

Pues miren, vamos a hablar de un libro

que acaba de publicar hace algunos meses ya...

Esto es culpa mía, que me retrasé un poco en llamarte.

Es que hay que leerlo. Sí, sí. Claro.

El libro se llama "Celebra y comparte la vida",

pero como para celebrar y compartir la vida siempre hay tiempo,

pues este momento es oportuno.

¿Por qué "Celebra y comparte la vida"?

"Celebra" y "comparte".

María Ángeles, dos cosas. La vida no es justa.

Así, directamente.

Hay quien nace en un lugar del mundo, quien nace en otro,

quien nace con espina bífida...

La vida no es justa, punto primero. Segundo, no pedimos nacer.

Pero el último día de nuestra vida

quizá la pregunta inteligente que nos haremos es

no "¿mereció la pena?", sino "¿para quién he vivido?".

Una causa, una razón, un objetivo.

Y mientras vivimos, lo mejor es...

favorecer el contacto con los otros,

disfrutar de la belleza del ser humano

y de lo que nos hace la naturaleza o Dios.

Fijarnos en los pequeños detalles.

Y no pedirle a la vida más de lo que la vida puede dar.

Sabes que yo tuve un infarto de miocardio

después de ser Defensor del Menor,

y me pusieron tres stent en el Gregorio Marañón.

Yo estaba agotado. No podía caminar.

Pero quise ir a Atención al Paciente y escribí una nota de agradecimiento.

Se quedaron asustados.

La gente tendemos poco a dar las gracias.

Y hemos de dar las gracias a todos.

Al que ilumina este estudio, al de sonido,

a la que nos quita las manchas de la chaqueta...

A los que nos han antecedido.

A nuestros padres, a nuestros abuelos,

a tanta gente que no conoceremos.

Y a los que nos continuarán.

A nuestros hijos, María Ángeles. A nuestros nietos.

Bueno, yo creo que la vida es compartir.

Hay mucha tontería con: "En busca de la felicidad".

La vida es feliz, y es aburrimiento, y es disgusto,

y la gente que queremos morirá antes que nosotros

o nosotros antes que esa gente, que no sé qué es peor.

Por lo tanto, la vida es lo que es, pero la vida es compartir.

¿Quién va a comer hoy mejor? Es que esté mejor acompañado.

La vida no es el "yo", es el "tú". Son los otros.

Y de ahí ha venido este sencillo libro,

que es "Celebrar y compartir la vida", una redundancia.

Celebrar y compartir la vida es casi lo mismo.

Lo ha sugerido ahora Javier y yo lo tenía aquí subrayado también,

el preguntarnos, al final de la vida y cada día casi, en cada instante,

para quién vivimos.

Muchas veces, el "para qué" o el "por qué",

pero aquí sugiere el "para quién". Ahí cambia.

Ahí cambia, porque, al final, decimos:

"Las nuevas tecnologías, las máquinas, los ordenadores".

El ser humano es capaz de compartir una sonrisa,

es capaz de ver las cuentas del Ibex, del banco, y echarse a llorar.

El ser humano es capaz de compadecerse

por lo que se hizo en Auschwitz, en el Holocausto.

Ese es el ser humano. Muy violento...

Yo que he trabajado 30 años en la fiscalía,

el ser humano puede ser violento, puede cometer hechos terribles,

pero muy generoso.

Es capaz de dar la vida por los demás,

de irse a otros países a ayudar.

Ese es el ser humano en estado puro.

Por cierto, a veces, el mismo ser humano es capaz...

De lo uno y lo contrario. De lo uno y de lo otro.

Y esos son nuestros interrogantes, nuestras incertidumbres.

Bueno, somos lo que somos.

Hay días que parece que se levanta uno

como si fuera un dios.

Luego, de pronto, te empieza a doler el dedo gordo del pie y dices:

"Jo, es que no soy nada".

El ser humano en estado puro, que evoluciona,

pero que es muy social.

Yo, por ejemplo, soy un tipo muy sociable.

Muy sociable.

Pero ahora debo viajar a Chile

y estaré deseando que no me toque nadie al lado en el avión.

Eres sociable hasta que tu pareja

pone el cepillo de dientes en tu lado.

Ese es el ser humano, que queremos que nos den siempre la razón,

que somos profundamente subjetivos.

Que, en vez de plantear pensamientos e ideas,

muchas veces sojuzgamos a los demás.

Y que tenemos que crecer y educar y educarnos,

porque los niños tampoco es que nazcan buenos.

Nacen para vivir junto con los demás.

Me parece muy importante esa idea de la socialización.

El ser austero en la vida, tener lo justo.

Porque yo el mejor coche que tendré en mi vida, seguro,

era el Seat 600, el primero que tuve.

Porque era el primero...

Era genial.

No se trata de si bajas o no.

La vida muchas veces es "hakuna matata".

No se necesita tanto.

Y esas son las respuestas que debe darnos la pura filosofía.

Y gustar de la vida. Y gustar de la gente.

Tú sabes, y me conoces, que yo soy un cotilla social.

Me encanta la gente.

Es igual que el avión lo pierda, porque me pongo a mirar a la gente

y veo a ese señor que está...,

y se van todos los señores y no sale su maleta,

y empieza a plantearse: "¿Por qué a mí?".

Esas son las pequeñas cosas de la existencia.

Dos niños que corren entrelazados,

dos abuelos que se quieren

porque han entendido que el amor no es querer,

que el amor no es poseer,

que el amor es darse al otro al cien por cien,

que lo importante de la vida es la ternura...

Yo no sé si de eso adolecen algunos de nuestros niños

y están faltos de esa vitamina,

de explicar qué es lo esencial en la vida.

Ahora voy a retomar esto último que dices, pero...

En estas contradicciones de las que estábamos hablando,

a mí me surge, y seguro que a muchos espectadores

les está surgiendo esta pregunta.

Vamos a ver: vivir, celebrar, compartir;

pero es que muchas veces en la vida, como decimos en tono coloquial,

vienen mal dadas. Sí.

Hay mucho sufrimiento, hay mucho dolor.

Perdemos seres queridos, como nos decías.

Sin duda. ¿Ahí también celebramos, Javier?

Mira, lo primero que hice en mi vida es montar campamentos.

Tenía 18 años. Tengo 59.

Los llevé a Peregrinos, a la parte de arriba del Escorial.

Llevé a niños de educación especial. No se había hecho nunca.

Tener un niño con educación especial

es frustrar las expectativas que todos los padres tenemos.

Pero luego monté con otro compañero un centro en Villalba,

que se llama Apascovi.

Y había un niño con síndrome de Down y se portaba mal.

Le dije: "Te has quedado sin recreo".

"Sin recreo, sin bocadillo y sin balón de fútbol".

Y ya nos fuimos.

Y vi a otro síndrome de Down que no salía y le dije: "Sal".

Me dijo: "No, no. Castígueme a mí. Ha castigado a mi amigo".

Veo a mucha gente que dice: "Este tipo es muy inteligente".

Luego es un desgraciado como persona, como pareja,

se lleva mal con los hijos.

No sé muy bien para qué es inteligente.

Por tanto, hay mucho que aprender absolutamente de todos.

30 años en fiscalía.

He trabajado con muchos violadores,

gente que ha cometido hechos terribles.

Con El Rafita, que cometió el hecho de Sandra Palo,

con casos de Clara García... Casos muy terribles.

Pero, al final, la gente, a solas y por la noche, llora.

Y entiendes por qué ha cometido algunos hechos.

No los compartes.

Y crees que tienen que ser durísimamente sancionados.

Como creo que este verano hablé en San Sebastián

sobre el perdón y el olvido.

No, no. La víctima puede perdonar a un etarra,

pero la sociedad no puede permitir

que no cumpla hasta el último día de su sanción. No, no.

Y la víctima puede, o no.

La sociedad tiene que entender lo que está bien y lo que está mal.

No es lo mismo dar la vida por los demás

que quitarle la vida a otro.

Me parece que esas cosas son las realmente esenciales.

¿La actitud es fundamental? La actitud es fundamental.

Decías que la vida es dura.

Yo llevo con mi madre cinco años con alzhéimer.

Está en una residencia.

Muchos días, me dice: "Sí, señora".

A mí, con este bigote.

Pero yo, cuando me voy, le digo: "Oye, mamá, ¿me quieres?".

Y me mira y me dice: "Mucho".

"¿Me das un beso?", y dice: "Claro".

¿Qué más necesito yo?

Por cierto, que luego voy dando besos a todas las señoras.

Son muy celosas, entonces beso a todas.

Y cuando me voy siempre hay alguna que dice:

"Qué simpático es este joven". Y me voy encantado.

Esto es...

Lo que me queda es que se muera.

Por lo tanto, ¿cómo no voy a dar gracias a Dios de que siga viva?

Ahora, yo no le voy a preguntar por la foto, "¿y este quién es?",

y enfadarme porque no reconoce a su marido, que es mi padre.

Eso es no entender las cosas.

Entonces, vuelvo a repetir que...

Por ejemplo, la psicología positiva.

Es genial y esperanzada hasta un punto.

Yo recuerdo, de una magnífica compañera tuya periodista,

que dijo un día en los medios de comunicación: "Tengo leucemia".

Y un compañero mío salió en la radio y dijo: "Lo superará".

Le llamé y le dije: "¿Cómo te atreves a decir eso?

Di que luchará". Pero el ser humano es vulnerable.

No, no, no.

Y hay cosas que no dependen de nosotros.

Y hemos visto un volcán y un terremoto,

y ahí te das cuenta de la magnitud del ser humano.

Por lo tanto, tú, tus hijas, yo, el otro,

tenemos que mirar a las estrellas y decir: "¿Dónde estamos ubicados?".

Y eso es fundamental.

Y tenemos que saber lo que es el deber.

Y a un niño de nueve años, sin dudarlo,

lo llevaría a un hospital para que vea niños muy enfermos

y decir: "Algunos de estos niños no van a salir".

No me digas que hace calor. Hace calor, te abanicas.

Ya está. Si es que la vida es un poco regular.

Bueno, me parece que es importante.

Dicho eso, la actitud lo es todo.

Yo voy a dar clase a la universidad

y me encanta ver a los alumnos atentos,

pero veo a compañeros que van arrastrados.

Dices: "¿Qué tal?", dice: "Vaya. Hoy tengo clases".

Digo: "Ya, es que eres profesor".

Lo que no puede pasar, y te lo he dicho alguna vez

en un programa de estos, es que en la muerte ponga:

"Murió como vivió". Sin ganas.

¿Tú podrías llevar tantos años haciendo un programa

si no fuera tu vocación y tu ilusión

y si no escuchases con mucha atención a tu entrevistado?

No serías creíble. Eso la gente lo nota.

¿Y esa actitud se puede educar? Esa actitud ante la vida,

ante ese celebrar y compartir la vida.

¿Se puede educar desde niños? Yo creo que sí.

Planteando todas las posibilidades.

Creo que hay gente que no valora la belleza, por ejemplo.

Y no digo ir a un museo, que me parece bien, o leer un libro.

Hay gente que no lee nada. Me parece esencial.

Las formas, la actitud, el rigor, el ser elegante con los demás,

y el decir: "¿Y la vida qué es?".

Yo tengo ahora 59 años.

No soy el chico de 20 años que corría en los Sanfermines.

Ni puedo ni debo serlo.

Esa tontada de: "Estás joven". Pregúntaselo a uno de 18.

Hay que asumir.

No pasa nada por que se tengan marcas.

No hay que estar todo el día haciéndose operaciones.

Yo tengo 96 chicos que agreden a sus padres

y que quieren querer a sus padres, y los padres a ellos.

Y yo veo llorar a los hijos y a los padres.

Pero las niñas que yo tengo,

que me las mandan de muchos hospitales,

del Gregorio Marañón, del Niño Jesús, del Miguel Servet...

¿Sabes los problemas que tienen las niñas de 18 años?

"Que tengo estrías". "Que tengo cartucheras".

Pero auténticos problemas para la alimentación.

Chavalas que son majas, chavalas que un día se frustran...

Ayer ingresábamos a una niña que se ha tomado...,

que ha tragado varias pastillas y tal.

Cuando te enfrentas a ella,

te das cuenta de que es una niña desesperanzada.

Ver a una chica de 16 años que ya tiene desesperanza,

que tiene angustia vital, que tiene un terrible vacío...

Algo nos falla.

Es verdad que el ser humano sabe de la angustia,

sabe de la soledad.

Pero un niño tiene que tener una ilusión.

¿Que un día te va a dejar la persona que más quieres? Pues sin duda.

Pero hay más.

Y si no, camina hacia adelante.

O ten una razón.

O cuánta gente te llorará.

O a quién podrías dejar de ayudar.

Claro que la actitud se puede transmitir,

pero para eso hace falta poner ilusión.

Y luego hay cosas que no son fáciles.

Si tú tienes una madre depresiva, tienes un problema.

Y esa madre depresiva no puede salir sola

de tan mala enfermedad.

Tenemos casos de patologías, de trastornos límites.

Tenemos una sociedad con un consumo de alcohol

y otras drogas terrorífico.

Por eso, los jóvenes de 18 a 24 años en España

de lo que más mueren, no me equivoco, ¿eh?,

es de suicidio.

Por lo tanto, tenemos jóvenes que son como el cristal:

duros pero frágiles.

Y hay que hacer que sean resilientes.

Como cuando nuestro tenista pega un pelotazo,

la pelota se deforma, pero luego vuelve a su ser.

Está todo, si me preguntas, María Ángeles,

casi todo, en la actitud.

Nacemos con una herencia para tener unos ojos tan bonitos como los tuyos,

o pequeñitos como los míos, pero luego la actitud lo es todo.

Y en esta actitud entra también...

Es que estoy recordando una frase que escuché una vez a una persona

a la que tengo un gran cariño,

y decía: "En la vida hay que salir de la rotonda".

No se puede estar dando vueltas, hay que tomar una salida.

Y yo pregunto, Javier, aunque sea la equivocada,

¿hay que salir? Sí.

¿Hay que tomar decisiones? Sí, porque la vida es un dilema.

Si tú estás de entrevistadora de este programa,

no estás en otras cosas.

Y si he venido aquí hoy

es porque me parece lo más importante que tengo que hacer.

La vida es tomar decisiones.

La vida es llevar la vida en los propios brazos.

Dicen los chinos: "Si vas a hacer un túnel en la montaña,

empieza por los dos lados.

Si se unen, tendrás un túnel. Si no, tendrás dos".

Yo creo que la esperanza es una obligación ética.

Hay que valorar la vida como lo que es, un punto efímero.

Hemos pasado por aquí,

hemos hecho lo mejor que pudimos las cosas.

Cuando tuve el infarto de miocardio, que noté que se me iba la vida,

me quedé muy tranquilo porque decía: "Ya hice lo que quería hacer".

Unicef, como Defensor del Menor, en la fiscalía...

Luego, mi hija me dijo: "Papa, eso es muy egoísta.

¿Qué pasa con los que te queremos?". Ah.

Está bien esa forma de girar el tablero.

Vuelvo a repetir, para mí el criterio de la vida...

Lo importante no es el "yo", es el "tú".

Lo importante es: "¿Hay alguien ahí?".

Porque si no nos ve nadie, quedamos tú y yo solos.

Oye, ¿y el miedo?

El miedo llega a paralizar en la vida.

El miedo llega a paralizar la vida,

pero la mejor lección me la dio un jesuita, Antonio Beristain Ipiña,

un catedrático de Derecho Penal en el País Vasco.

Un día estábamos por allí y fuimos a cenar en San Sebastián.

Ya sabes que los buenos restaurantes están en un primero

en San Sebastián, en Pamplona,

y había unos jóvenes, en la época de la kale borroka,

haciendo una pintada terrible en euskera.

Antonio se dirigió a ellos, les dijo de todo.

Subimos.

Y entramos al restaurante y a mí me tocó de espaldas a la puerta.

Era la época mala, ¿eh?

Le dije: "Antonio, ¿y si ahora suben y nos pegan dos tiros?".

Dijo: "¿Y?".

Es la mejor lección que te pueden dar.

Eso es la vida, eso es el miedo.

El miedo es a que suene el teléfono

y te digan que tu hijo ha tenido un accidente y ha muerto.

Y que posiblemente te quiebre, ¿eh?

Esto de: "Es un duelo patológico".

No, no. Duelo normal. Las tonterías que se oyen por ahí.

"El tiempo todo lo cura". Es que eso no es verdad.

Además, la gente se duele y se ofende cuando oye eso.

Hay gente que no quiere olvidar su dolor.

Pero con el miedo hay que convivir.

Miedo a la soledad, miedo al dolor... Miedo a tantas cosas.

Miedo a que te echen del trabajo. Pero es que, si no, no vives.

Por lo tanto, vivir es afrontar las cosas con cierta adaptabilidad.

Y seguro de ti mismo. No de lo que ocupas o donde estás.

Cuando era Defensor del Menor era "excelentísimo señor",

coche oficial...

Hubo gente, sobre todo políticos, que me dijeron: "No lo dejará".

"Te ofreceremos cosas y dirás que sí".

Dije: "Yo soy psicólogo.

Volveré a la fiscalía el 8 de octubre a las 8 de la mañana". Y eso hice.

Porque había empezado en educación especial,

donde aprendí que enseñar a un deficiente

lo que es el verde, el amarillo y el rojo

le permite cruzar un semáforo.

Me da la sensación siempre, y para mí es una sensación

que me llena mucho, Javier, cuando hablo...

Iba a decir "con usted", pero no me sale.

Perdónenme, que vamos a estar más cómodos tuteándonos.

Sin duda. Cuando hablo contigo, Javier,

me da la sensación, y tras leer este libro, otra vez,

de que todo en la vida es aprovechable.

O casi todo.

Yo creo que en la vida todo es aprovechable.

Voy a intentar explicarme bien.

El dolor y el sufrimiento. El dolor es medible.

Tú tienes un cólico nefrítico y te lo miramos.

O cuando has tenido un parto.

El sufrimiento no.

Una pérdida, un hijo que te llama y te dice:

"No volveré a estar contigo ningunas Navidades".

Eso, ¿cómo se mide?

Y el dolor, con el tiempo, se va olvidando.

El sufrimiento, no.

Dicho eso, hay que saber maquillar la vida.

Hay que saber olvidar.

Tan importante como la memoria es olvidar.

Bueno, hay que manejar todos esos equilibrios

hasta donde uno puede.

Porque el ser humano también se hace sufrir a sí mismo,

pero puede ser su mejor terapeuta.

Con una buena música, con un buen paseo,

hablando con alguien.

A mí me apasiona charlar, escuchar.

Con los agricultores, tal, a cuánto está el precio de la cebada.

"¿Usted se va a dedicar a esto?". "No, pero me interesa mucho

saber por qué, qué les ilusiona, si tienen seguro,

por qué miran al cielo...". Otros planteamientos de vida.

Bueno, es una actitud de vida.

Yo no soy masoquista,

pero cuando tratas con gente que ha sufrido mucho,

notas que han forjado un carácter.

Yo saqué un test que es trauma, test de resistencia al trauma.

Por cierto, lo está comprando el Ejército.

Al final, tener un carácter optimista, como carácter,

el ser coherente contigo mismo y congruente,

es lo que hace que, ante bofetadas terribles de la vida y sufriendo,

puedas volver a mirar a la vida cara a cara.

Claro que todos intentamos dar la mejor cara de nosotros,

y eso es ser prosocial.

Pero hay que ser coherente.

Intentar dar una imagen que no se compagina con uno mismo

es terrible.

Veíamos hace un tiempo lo de Trump, lo de Clinton...

Es bochornoso.

Gente que va a presidir este país, que es Estados Unidos,

que es quizá la mayor potencia del mundo,

tengan esa mentalidad, que es sucia, que es perversa.

No es que lo diga en este programa, lo digo en todos los sitios,

el ser humano tiene un alto grado de espiritualidad.

El ser humano es mucho más que su propio cuerpo.

Y eso lo nota una persona un día paseando

o escuchando el agua o viendo el fuego.

Siente que hay algo más.

Y estamos cercenando a los niños.

No digo ya la religiosidad,

que a mí, particularmente, me parece importante,

pero al menos la espiritualidad. El ser humano es mucho más.

Y en España somos generosos en los trasplantes de órganos,

en las transfusiones sanguíneas.

Pero quizá estamos acotando y acortando mucho

a niños que están dados al clic, al "lo quiero aquí y ahora".

Un país lleno de prostíbulos, un país...

Embarrados en la corrupción.

El otro día, cenando con una gente, me dice una señora:

"Todos tenemos un precio". Yo seguí cenando.

Al rato, dijo: "Todos tenemos un precio".

Dije: "Señora, no hay nada ni nadie en el mundo

que me pueda comprar.

Empiezo a pensar que usted tiene un precio bajo".

Que no es verdad, que a la mayoría de la gente

jamás se nos podría comprar nuestra dignidad, nuestro honor

o nuestro saber hacer las cosas

lo mejor que creemos que podemos hacerlo.

En este camino de la vida, en este celebrar,

en este compartir la vida,

ingrediente, por hablar en términos culinarios, principal, ¿el amor?

Esencial. Esencial.

El ser humano quiere ser querido y quiere amar.

Porque es malo no ser querido,

pero también es malo que alguien te quiera

y tú no quieras a esa persona.

Por lo tanto, el ser humano necesita amor.

¿Dinero? Lo justo.

Si no estás todo el día yendo a Andorra o a Panamá,

se te va la vida trayendo dinero.

Dinero, lo justo.

Para vivir, para tomarte una cerveza con cuatro amigos.

Ya está, no se necesita más.

Salud, la idea es que sí,

pero la tesis doctoral mía demostró que no.

He estado mucho en el centro de parapléjicos de Toledo, etc.,

y ves que hay gente que sufre, o que está muy mala,

o que tiene esclerosis múltiple, y da lo mejor de su vida

sabiendo que ya no puede mirar muy a lo lejos.

Y da lo mejor de sí.

Pero tiene que tener una causa.

El amor puede ser una pareja, pueden ser los hijos.

El amor puede ser para un misionero gente que no conoce.

Pero ese es el objeto de su trabajo.

¿Es difícil vivir la vida?

Es difícil depende de cómo uno se lo plantee.

¿Volvemos al tema de la actitud? Yo creo que sí.

Si eres capaz de reírte, si tienes sentido del humor,

si relativizas los problemas...

Hay gente que sale por la mañana, no le saluda el del 3C,

y ya está mosqueado 40 minutos.

Vamos a ver, ¿tanto le importa el del 3C?

Gente que quiere caerle bien a todo el mundo.

Eso es absolutamente imposible. Esa parte del libro me encantó.

Es que es verdad. Qué necesidad, ¿no?

Claro, y a ti te ve mucha gente... Y no puedo caer bien a todos.

Caerás bien a la inmensa mayoría, casi seguro.

A otros les serás neutro.

Y a alguien, por lo que sea, porque te sonríes,

porque transmites felicidad, le caerás mal.

Y entonces tendrá una idea purulenta y negativa, y entonces la vida...

He dicho al comienzo que la vida es injusta,

pero si tú te vas a una cafetería, es muy típico oír al lado:

"No se me valora lo suficiente".

¿Qué es valorar? Yo he seleccionado a 103 compañeros,

psiquiatras, educadores, psicólogos, para el equipo que tengo.

Y cuando preguntas cómo son: "Majísimo", "simpático", "líder",

"cariñoso", "trabajo en equipo bien".

Cuando ya se te viene muy arriba, le dices: "Dime algo negativo".

"¿Negativo mío? ¿Yo negativo?

Quizá... perfeccionista".

Así es el ser humano, María Ángeles.

Nos creemos más de lo que en el fondo somos.

Pero luego, por ejemplo, cuando la gente muere,

dices: "Te acompaño en el sentimiento".

Esa frase a mí me gusta. Es el sentimiento.

La vida es más sentimiento y emoción que razón.

La vida aristotélica es la razón, el pensamiento.

Yo me paso la vida escribiendo, pensando, estudiando.

Pero nos movemos más por el amor. Es la palabra esencial.

Una persona que no ha amado en la vida...

no ha vivido.

No ha vivido. Javier, qué gusto. Como siempre.

Ya se nos ha pasado el tiempo. Escribiré otro libro.

Para venir contigo. Aunque solo sea por eso, por favor.

Aunque tenemos muchos más motivos, pero por favor.

Muchísimas gracias. Gracias, Javier Urra.

Un gusto, como siempre. Gracias también a ustedes.

Como muy bien ha dicho Javier, nos podíamos haber ido

a tomar un café y hablar de estas y de muchas más cosas,

pero están ustedes ahí y queríamos compartirlo.

Muchas gracias. Y la semana que viene, si lo desean, más.

  • Vida para celebrar y compartir

Últimas preguntas - Vida para celebrar y compartir

06 ago 2017

Hoy conversamos con el psicólogo Javier Urra que, en su libro más reciente, reflexiona sobre la importancia de celebrar y compartir la vida.

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