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Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Sínodo jóvenes - ver ahora
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Saludos, amigos.

Bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

El pasado mes de octubre se celebró en Roma, en el Vaticano,

el sínodo de los obispos centrado, en esta ocasión, en los jóvenes.

Principalmente, en el tema vocacional

con todo lo que da de sí esta cuestión.

Saben que aquí en el programa hemos hablado,

a lo largo de este año en distintas ocasiones,

pero es que el sínodo ya se ha celebrado

y ahora queremos ver qué pasó ahí.

Por eso hemos acudido, como se suele decir,

me permiten la expresión, a las fuentes,

a alguien que estuvo ahí, en el sínodo.

Un padre sinodal.

En esta ocasión nos acompaña Monseñor Carlos Escribano

que es además presidente de la Comisión de Juventud

de la Conferencia Episcopal española,

del departamento de juventud. Muchísimas gracias y bienvenido.

Muchísimas gracias por invitarme.

¿Cómo es un sínodo por dentro? Tengo mucha curiosidad.

¿Cómo lo vive un padre sinodal?

Yo también fui con mucha curiosidad porque era la primera vez

que participaba en un sínodo.

Había oído hablar de los sínodos, había trabajado en los documentos

que el Papa después saca de los sínodos,

pero nunca había tenido la oportunidad de estar en uno.

Cuando uno ya lo ve desde la perspectiva del retorno,

lo ve como un acontecimiento de gracia.

Realmente, es una fortuna enorme estar en el sínodo.

Es verdad que cuando tienes que ir, te abruma un poco

porque tienes que irte de la diócesis casi un mes,

pero luego cuando entras en el aula sinodal,

el trabajo es enormemente intenso, trabajábamos de lunes a sábado,

sesiones de mañana y tarde.

El Santo Padre estaba con nosotros, así que había una gran cercanía.

El Papa, además, tenía mucho interés,

lo tiene siempre.

Pero esa presencia del Papa, indudablemente, da mucha luz

y da mucha paz.

Y él también nos pedía que hablásemos con sinceridad,

que fuéramos poniendo los temas,

que era un momento para tener esa capacidad de hablar

y de escucharnos mutuamente.

De escucharnos siendo Iglesia Universal,

porque al final, en el sínodo están presentes obispos

de todos los países del mundo,

pero luego, conjunto con los obispos,

hay más participantes.

Están los que llaman los especialistas, los auditores...

Una participación muy significativa en el sínodo fueron los jóvenes,

había casi 40 jóvenes de muchos países del mundo

que tenían también la posibilidad de participar.

La metodología del sínodo, también, es interesante.

Cuando nos juntábamos todos en lo que se llaman

las congregaciones generales que es cuando está el Papa presente,

son momentos en los que la gente va interviniendo,

son turnos de palabra de cuatro minutos,

podemos intervenir los que tenemos derecho a la palabra

que somos nosotros, los auditores, los jóvenes,

los jóvenes intervenían como nosotros,

en turnos que previamente tienes que entregar por escrito.

Sobre todo, para facilitar el trabajo de los traductores.

Aparte de esos momentos,

luego teníamos los momentos que eran de los círculos menores

que están estructurados por idiomas en los que ya no se tasa el tiempo.

Al final,

todo confluía en el aula sinodal y se iba entregando a los organismos

que se crearon para redactar el documento final.

Pues vamos a meternos un poco por ahí.

Si me tuviese que quedar, me dijeran de:

"Di una palabra que te haya llegado de lo que ha pasado en el sínodo".

Yo he oído mucho la palabra "escucha".

Como demandas de los jóvenes.

"Queremos que nos escuchen".

Sí, la palabra "escucha" sobre todo, ocupó las primeras semanas.

Es decir,

el Papa insistía en la necesidad de tener esa capacidad de escuchar.

También tiene una gran lógica.

El tema de escuchar, por un lado,

nos abre con humildad a la persona que tenemos delante.

En el fondo, le estamos diciendo que lo que nos dice nos interesa.

Muchas veces, los problemas que podemos tener

con los jóvenes es que intentamos hacer una propuesta, una respuesta,

cuando está pronunciando la primera palabra

y no terminamos de ahondar realmente en la necesidad que puede tener.

Y eso nos ocurre en el trato con los jóvenes,

entre nosotros...

Entonces, se insistió mucho en el tema

de escucharnos mutuamente, en la capacidad de escuchar.

También eso nos va haciendo el dibujo de la realidad

y la persona que tenemos.

En el aula sinodal, nos escuchamos mutuamente.

Pero esa tarea de escuchar,

lo que se pretende también, desde la propuesta del sínodo,

es que luego seamos capaces de llevarla

a la Conferencia Episcopal Española, a nuestras diócesis, parroquias...

Para que seamos capaces de escuchar.

La escucha también nos va a dar oportunidades

de evangelizar mejor.

Cuando yo ya tengo el dibujo de lo que eres, de tus necesidades,

de lo que hay en el fondo de tu corazón,

estoy en disposición de hacerte mejores propuestas.

Que, de alguna manera, respondan más a las necesidades

que tú estás expresando.

¿Qué necesidades expresaban?

¿Qué dicen los jóvenes que han escuchado ustedes?

Los jóvenes proponían o hablaban desde la realidad enormemente plural

que había en el aula sinodal

y expresaban cosas que eran muy interesantes.

Por ejemplo, hay que tener en cuenta que la Iglesia

estaba toda ella representada,

había muchos jóvenes y había obispos que venían de países

y de zonas de persecución.

Había algunos de ellos que habían estado en la cárcel

por confesar la fe.

Claro, ellos hacían una petición muy particular,

ellos pedían paz y libertad para poder vivir su fe.

Porque cuando se expresaban como creyentes,

tenían un problema que era un problema realmente

que les complicaba el poder ejercer su fe de una manera...

De una manera natural.

Luego había otras peticiones, como las que venían de África.

En África había una gran preocupación

por lo que es el tema de la educación.

Ellos decían:

"Nosotros no tenemos problemas con que nuestros jóvenes

vayan o no vayan a misa.

Están los católicos que somos, pero de los que están,

tienen una clara identidad".

Claro, tenemos un problema y es un poco la demanda

de los jóvenes africanos.

Es todo el problema de la educación, una educación que realmente

les haga poder tener perspectivas de futuro

y no llegar al segundo problema que mostraban los africanos,

que era el tener que irse de sus países.

El problema de la emigración.

Entonces, era una problemática en la que tú vas vislumbrando

una globalidad en la propuesta que los jóvenes estaban diciendo.

Los jóvenes europeos expresaban otro tipo de realidad.

Una cosa que era recurrente era la capacidad de sentirse,

ya no solo escuchados por la Iglesia,

sino que fuesen una escucha activa.

Es decir, si yo te escucho, luego voy a hacerte propuestas.

Y lanzaban un reto que de alguna manera

viene desarrollado también en lo que es el cuerpo del documento

que es todo lo que hace referencia a cuestiones de acompañamiento.

Si yo te escucho, en esa escucha que tiene que ser activa

y que tiene que generar respuestas en mí,

lo que yo tengo que hacer es ver cómo soy capaz de acompañarte

para poder dar respuestas a lo que tú me estás diciendo,

qué es lo que te puedo decir.

¿Qué es relevante para nuestros jóvenes?

¿En qué elementos son ellos capaces de mantener el interés?

Pues muchas veces mantienen el interés

a través de lo que son las redes sociales,

de las aplicaciones que tienen, de las series que ven...

Bueno, una de las conclusiones a las que se llega en el sínodo,

es decir, no solo hay que hacer una presencia

para transmitir información,

sino quizá uno de los retos que tenemos por delante

es la capacidad de evangelizar el mundo digital.

Ya no solo hacer presencia, sino tomarlo como un espacio

en el que también el Evangelio tiene que empezar a dialogar con él.

Hablaban también, en ocasiones, no con palabras,

pero a lo mejor sí con ovaciones, cuando les gustaba...

Algo bueno.

La intervención de los padres sinodales,

o de entre ellos, pues ellos lo jaleaban.

Y hay que decir que el Papa les animaba.

Les animaban a que se expresasen con naturalidad.

Y ellos lo hacían, y lo hacían muy bien.

¿Hay conexión entre jóvenes e Iglesia como institución?

¿O queda un camino todavía por hacer?

Queda un camino por hacer, pero hay conexión

con algunos jóvenes.

Eso es así y es verdad que quizá no sean excesivos,

ojalá hubiera más jóvenes que tuvieron esa conexión,

hay jóvenes que viven con mucha intensidad su fe,

que son magníficos testigos...

Una de las cosas que se hablaban en el sínodo es que hay que pasar

de una evangelización para los jóvenes

a una evangelización con los jóvenes.

Es que ese cambio es... Pero es necesario.

Creo que también tiene sentido, porque al final ellos

son los mejores evangelizadores de otros jóvenes.

Hay que confiar en ellos, hay que darles espacio,

hay que apostar por ellos,

hay que asumir que en ocasiones pueden equivocarse.

Pero hay que darles un impulso real

para que ellos puedan llevar adelante esa tarea.

Ellos conocen muy bien, por un lado, la gente que tienen en su entorno,

conocen muy bien los problemas de esa gente,

conocen muy bien los lenguajes...

Yo me voy haciendo mayor, yo tengo Instagram y esas cosas.

Pero yo a veces para publicar un mensaje en Instagram,

pido que los jóvenes que tenemos en la pastoral juvenil en Logroño

me echen un cable para intentar hacer una traducción.

Es verdad que cuando tú te planteas, y eso ha salido reiteradamente

en el aula sinodal, la evangelización con los jóvenes,

no hay que perder de vista lo que propone Francisco

en la "Evangelii gaudium".

Especialmente, en el número 14.

Cuando yo tengo que llevar adelante

una tarea de evangelización, por un lado,

tengo que considerar a los que son presentes,

de los que estábamos hablando ahora, nuestra gente,

a la que hay que pedirle siempre un plus.

Es decir, que descubran plenamente su bautismo

y que sean consecuentes con la tarea de evangelización

porque son discípulos misioneros:

"Ánimo, ánimo".

Y tenéis que tomar conciencia y tenemos que ayudaros a tomarla.

Pero también hay que atender a la gente,

a los que amamos alejados, gente que, a lo mejor,

tiene una cierta relación afectiva con la Iglesia,

o participa en la recepción de algún sacramento

sin culminar bien la iniciación cristiana

pero viene a confirmarse, o puntualmente,

hace presencia con nosotros, participa en algunos ámbitos...

Y luego, también, la gente que está ausente

que entiende que el hecho religioso no es significativo,

ya no hablo de los beligerantes, pero sí de los ausentes.

Es decir, gente que no han estado ni se les espera, y, sin embargo,

nosotros tenemos que generar estrategias pastorales

para llegar a los tres ámbitos.

Entonces hay que ver cómo me puedo aproximar,

cómo te muestro que la tarea de aproximarme,

en el fondo, lo que pretende es vivir a tu servicio.

Y yo vengo, no para procurarte ni para juzgarte,

sino vengo a ver en qué realidad estás

qué es lo que te puedo ir proponiendo

y cómo puedo empezar a caminar contigo.

Y cómo puedo hacer ese camino,

ese trecho en el que te puedo mostrar

una realidad que para mí ha sido enormemente significativa

y que lo puede ser también para ti.

Me parece un ejercicio realmente interesante que requiere,

desde luego, mucha humildad por parte de todos nosotros,

de todos los que nos sentimos pertenecientes a la Iglesia

y queremos a nuestra Iglesia.

Salir un poco de esta zona de confort

en la que quizá estamos y acercarnos a otras realidades

que exigen un plus.

Había una cosa que era muy significativa

pero que en el fondo marcaba muy bien un horizonte

de trabajo inmenso.

Es decir, decía el "Instrumentum laboris":

"¿Cuál es el objetivo del sínodo?".

"El objetivo del sínodo es acompañar a todos los jóvenes,

sin excepción, a la alegría del amor".

Claro, ya la primera palabra, "acompañar".

Es decir, generar espacios de acompañamiento

que se refieran al acompañamiento espiritual

que luego procura el discernimiento en la propia vida de la persona,

del joven, al acompañamiento en la debilidad,

en la iniciación, desde la familia...

O sea, el acompañamiento es enorme, tremendo.

A todos, sin excepción. A todos, claro.

Hay que salir a por todos, hay que ir hacia todos.

Y luego, hacia la alegría del amor.

Que es "Amoris laetitia".

Hacia lo que es la construcción de un proyecto de vida

que está basado en la búsqueda de la felicidad,

en la búsqueda de la plenitud, es decir, ojalá puedas aportar

y aportarte a ti mismo el recuperar tu propia dignidad

para tener ese horizonte en el que quieres construir

un proyecto conforme a la gran propuesta

que Dios te ha hecho, incluso aunque no creas.

Porque Dios pensó en ti, te ama de un modo único, singular,

quizá tú ni siquiera lo intuyas, pero yo te voy a acompañar,

de alguna manera, siendo ternura y presencia

de ese Dios que te ama y del que tú aún no conoces.

O quizás, tengas muchos motivos para rechazarlo

porque la vida te ha golpeado con una enorme dureza.

Con lo cual, ahora, la tarea, el sínodo,

los trabajos, digamos, en Roma, en el Vaticano,

han terminado oficialmente.

Pero el camino que queda por recorrer en las diócesis,

en las parroquias, en el día a día, en nuestro día a día cotidiano,

es muy grande que exige muchísima creatividad, mucho salir

de esa zona en la que quizás nos hemos acomodado,

y aquí no hablo solamente de los obispos ni muchísimo menos.

Toda la Iglesia tenemos que ampliar un poco nuestras miras.

Creo que vamos a seguir hablando de jóvenes mucho tiempo.

Yo creo que el reto es grande.

También es verdad que el sínodo va a hacer propuestas

más concretas a la hora de decir:

"¿Cómo podemos trabajar? ¿Qué es lo que podemos hacer?".

Desde la creación de gabinetes para la evangelización de la red

que hablábamos antes, del mundo digital.

Desde estructurar de una manera adecuada

lo que tiene que ser la continuidad entre la pastoral juvenil

y la pastoral familiar.

La pastoral juvenil, al final,

lo que pretende es que el joven ponga a Cristo en el centro

y haga una propuesta y una construcción

de un proyecto de vida.

Eso hay que articularlo, hay que acompañarlo,

hay que estar junto a ellos.

Desde la realidad que se nos pedía que trabajásemos,

ya no solo por departamentos,

sino que fuéramos capaces de crear proyectos

donde el joven se sienta más cómodo.

La tarea de priorizar tareas pastorales.

Cada vez tenemos menos sacerdotes, tenemos los seglares que tenemos,

hay que pedir a la gente que tome conciencia de su bautismo

porque seguimos siendo mucha gente que tiene ilusión.

Y en cuanto le pides un poquito, da una respuesta, quiere caminar.

Pero a lo mejor tenemos que priorizar de un modo distinto

lo que realmente es importante

y tenemos que hacer un discernimiento

sobre las prioridades que tenemos que atender.

Porque si no, hay veces que la propia estructura

y la realidad en la que estamos trabajando

nos acaba subyugando enormemente.

Son muchas puertas que se abren,

es como un montón de links que se presentan,

que habrá que pincharlos, habrá que ver por dónde nos van a llevar...

Pero siempre pensando en cómo llevar el Evangelio

a nuestros jóvenes. Es un gran reto, lo sigue siendo.

El sínodo no pretende, porque quizás no es su papel,

tener fórmulas mágicas.

Pero sí abrir horizontes de evangelización.

Campos de trabajo en el sentido de líneas de trabajo.

Vamos a tirar por aquí, vamos a intentar ver

cómo lo podemos hacer,

la propia estructura del sínodo, cuando habla de vocación,

cómo podemos estructurar nuestra pastoral para que realmente,

desde la vocación podamos construir el anhelo de la santidad

de nuestra gente.

El que le acompañemos de una manera afectiva en eso.

En fin, yo creo que son horizontes muy interesantes,

que hay que reposar y desde ese reposo,

intentar dar respuestas.

Pues, Monseñor Carlos Escribano,

gracias por haber estado con nosotros.

Como digo, este tema nos seguirá ocupando,

nos seguiremos preocupando y, por tanto,

ocupando espacio en nuestro programa.

Muchísimas gracias. Muchas gracias.

Espacio como el que ahora vamos a seguir dedicando

a los jóvenes y a otras realidades.

Nos vamos, en primer lugar, al congreso que también,

recientemente se ha celebrado en el CEU.

Congreso "Católicos y vida pública" que también,

en esta ocasión, tenía que ver con los jóvenes.

(Música)

Los jóvenes son los protagonistas de la sociedad.

Hay que escuchar lo que piensan y hay que tener fe

y confianza en ellos. Sobre esta base se ha celebrado

los pasados días 16, 17 y 18 de noviembre,

el congreso "Católicos y vida pública".

Organizado por la Asociación Católica de Propagandistas

que ha llegado a su 20 edición con el lema "Fe en los jóvenes".

Tenemos que estar al lado de los jóvenes,

tenemos que aprender de ellos, y debemos acompañarles.

Y el Papa Francisco ha sido muy claro:

"Los jóvenes, fruto de muchas de las decisiones

tomadas en el pasado, nos llaman a asumir con ellos

el presente con mayor compromiso, y a luchar contra los que,

de alguna manera, impiden que sus actividades

y sus vidas se desarrollen con dignidad".

Nos piden y reclaman una entrega creativa,

una dinámica inteligente, entusiasta y esperanzadora.

Y que no les dejemos solos,

en manos de tantos mercaderes de la muerte

que oprimen sus vidas y oscurecen su visión.

En la inauguración del congreso, Monseñor Fidel Herráez,

arzobispo de Burgos y consiliario nacional

de la Asociación Católica de Propagandistas,

destacó la importancia del testimonio.

Vemos la acción del espíritu en muchos jóvenes

que siguen descubriendo hoy la alegría de la fe.

Así sucede, por supuesto,

y que se sienten comprometidos y misioneros desde el convencimiento

de que el mejor apóstol de un joven es siempre otro joven.

A lo largo de estos tres días,

se han celebrado distintas conferencias

y mesas redondas en las que se han abordado temas

como la juventud, la fe y el discernimiento vocacional.

El diálogo entre abuelos y nietos,

experiencias de inclusión real o las redes sociales.

Los jóvenes están pasando por un proceso de cambio

desde la niñez hasta la adultez

y les coloca en una situación especialmente vulnerable

en comparación con, a lo mejor, los adultos.

El principal reto que tienen que resolver

los adolescentes es descubrir "¿quién soy?".

Es decir, construir la identidad.

-Las redes sociales, hoy por hoy,

no son un instrumento de comunicación,

ni el móvil es un instrumento de comunicación.

Es un espacio en el que estamos llamados

a convivir y a vivir.

Y el vivir va después del convivir

porque nuestra vida se va a hacer siempre

en relación con otras personas.

-Se han abierto tantas puertas

que a veces ni nos queremos dar cuenta

de que están ahí.

Y están abiertas,

lo que pasa es que hay que fijarse más

y esforzarse mucho más por cada pequeña cosa que hagas.

-Creo que educar en la sensibilidad es educar en hacerse preguntas.

A mí me han educado en hacerme preguntas,

en ser sensible a las cosas que pasan a mi alrededor,

creo que si el mundo no te interpela,

es muy difícil que te comprometas con él.

El presidente

de la Asociación Católica de Propagandistas

y la Fundación Universitaria San Pablo CEU,

Alfonso Bullón de Mendoza,

recordó en el discurso de clausura

que este congreso ha coincidido también

con el aniversario de la Revolución de Mayo del 68,

apelando a una nueva revolución cristiana.

Una revolución que, como la de Mayo del 68,

esté protagonizada por los jóvenes,

pero que a diferencia de la que aconteció hace 50 años,

sea una revolución por la vida.

Y no solo porque apueste directamente por la vida,

por una cultura que valore y proteja la maternidad y la fecundidad,

el matrimonio y la familia, que también;

sino y, sobre todo, porque nazca ella misma

de la vida con mayúscula.

El director del congreso, Rafael Ortega,

insistió en numerosas ocasiones en la necesidad

de escuchar a los jóvenes y tener fe en ellos,

pues estas fueron las impresiones

de algunos de los jóvenes participantes tras el congreso.

Ha sido una experiencia inolvidable,

se la recomiendo a todo el mundo, sea cristiano o no sea cristiano,

tenga fe o no tenga fe, porque ya pensando fríamente,

sirve para contactar con otros compañeros

de universidades y al fin y al cabo, eso también es, entre comillas, fe.

-Yo creo que sí, que somos una generación

que tenemos valores, a lo mejor no todo el mundo es cristiano,

no tiene por qué serlo, pero incluso la gente que no cree

tiene unos valores y tiene unas ideas

y unas ganas de mejorar el mundo que deberían protegerse

y deberían impulsarse siempre.

(Música)

Y seguimos hablando de jóvenes

ya que para ellos es el próximo encuentro

que la Comunidad de Taizé organiza a finales de año

en una ciudad europea.

Nosotros somos una comunidad ecuménica

en Francia que acoge muchos jóvenes.

Pero es muy importante que los jóvenes

no vivan esta experiencia solo entre ellos,

sino con toda la Iglesia.

Por eso, cada año, invitamos a los jóvenes

para venir a una gran ciudad europea para cinco días de oración,

de comunión, de reflexión juntos y, este año, es Madrid.

Del 28 de diciembre al 1 de enero, 15.000 jóvenes de toda Europa,

más de 100 parroquias, cerca de 500 voluntarios,

2 metros de suelo para dormir y un mismo espíritu:

el de la Colina de Taizé.

(HABLA EN OTRO IDIOMA)

Roma, Basilea, Estrasburgo, Valencia...

Y en su edición número 41, Madrid.

Se trata de unas jornadas de unidad y universalidad de la Iglesia

y para muchos que participan, de cambio de vida.

He aprendido la importancia de rezar en silencio,

de tener silencio en mi vida para tener momentos de oración,

una vida muy sencilla del Evangelio

pero de un encuentro con Dios muy íntimo

y también vivir con las puertas abiertas.

Y lo inesperado.

Es como una peregrinación de confianza para mí.

Nuestros llamamos al encuentro "peregrinación de confianza"

y es lo que he descubierto en mi vida.

Vivir con las manos abiertas a lo que pueda venir,

a afrontar nuevos retos, siempre con esperanza.

-Con Taizé me encuentro hace muchísimos años

porque mis padres se conocieron ahí

y fue ahí desde pequeño, desde niño, y desde entonces,

una semana al año toda mi vida.

Y también durante los encuentros europeos,

al final he estado en Valencia, en Praga y en Basilea,

y siempre me ha llenado de emociones.

En Basilea estuve en una casa con una abuela

y me llevo muchísimo cariño

porque era una señora que no tenía mucho

y que nos dio todo.

Pero un encuentro de esta magnitud no puede ser improvisado.

Madrid lleva meses preparándose para estas jornadas,

así como sus parroquias y todas aquellas familias

que abran sus puertas a la acogida.

Estamos intentando acogerlos unas 200 parroquias

de toda la diócesis.

Principalmente, en la zona del transporte público.

Estamos contando de que en cada lugar

en estos hogares de acogida,

haya un equipo de preparación que entre dos y tres personas

que ayuden a prepararlo todo,

que ayuden a preparar esta acogida el día 28 de diciembre...

Para ello, aún se necesitan camas, sofás,

Dos metros de suelo donde más de 15000 peregrinos

puedan dormir y desayunar.

Necesitamos que el encuentro sea, justamente, esta acogida.

Que los jóvenes tengan esta oportunidad de vivir

la hospitalidad que se brinda en una casa.

Es fácil, a lo mejor, hacer un encuentro

donde uno puede poner a 50 o 100 jóvenes en un gimnasio

y ya fue, pero sentimos que ese contacto personal,

esa acogida es superimportante para que el joven

pueda vivir una experiencia distinta de final de año

y que esa familia de acogida, igual. ¿Por qué no?

A veces estamos como tan acostumbrados

a lo que hacemos año a año...

¿Por qué no vivir este final de año un poco distinto

a lo que normalmente hacemos siempre?

Madrid va a tener la gracia de acoger en su casa

a Jesús Peregrino, que viene a traernos

la buena noticia de la salvación.

¿Te animas a abrir tus puertas a Cristo?

(Música)

No tenemos tiempos para más, así nos despedimos, eso sí,

en las próximas semanas, los próximos meses,

intuyo que por aquí van a ir pasando muchas realidades,

muchas propuestas concretas de las que nos hablaba

Monseñor Carlos Escribano hace unos minutos.

Nos despedimos hasta la próxima semana

si lo desean, ya saben donde podemos encontrarnos:

Aquí en "Últimas preguntas". Feliz semana.

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Últimas preguntas - Sínodo jóvenes

02 dic 2018

¿Cómo presentar a Cristo a los jóvenes? Charlamos con Monseñor Carlos Escribano, responsable de la Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Española.

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