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Para todos los públicos Últimas preguntas - Santos de copas - ver ahora
Transcripción completa

pues por cómo se lo han transmitido y lo han recibido,

(Música cabecera)

¿Qué tal, amigos? Bienvenidos una vez más

a "Últimas preguntas". En esta ocasión para saludar

a una persona que ya nos ha acompañado en otras ocasiones

y que para nosotros, como siempre, es un gusto. Por eso le invitamos,

porque nos encanta hablar con él, porque tiene cosas muy interesantes

que contar y que escribir, porque sobre todo escribe.

Escribe libros como este que tengo en mi mano, "Santos de copas".

Sí, que se puede ser santo mientras estamos en una discoteca

tomando unas copas con unos amigos, haciendo nuestra vida cotidiana.

Él es José Pedro Manglano. Buenos días, José Pedro.

Buenos días, María Ángeles. Muchas gracias por estar

con nosotros, insisto, una vez más y bien que nos alegra.

Gracias por la invitación. "Santos de copas".

Ahora hablamos con eso "de copas", pero vamos a empezar

con lo de ser santo, porque cuantas veces oímos:

"No, yo santo no soy".

Es verdad, puede que no lo seamos, pero parece que está implícito:

"Ni lo soy, ni creo que vaya lograr serlo",

pues a lo mejor, no es tan complicado.

No lo sé, José Pedro. Es verdad, pero fíjate

en los primeros cristianos, entre ellos se llamaban santos.

De hecho, en hechos de los apóstoles ya aparece el santo,

y claro, nosotros quizá,

la terminología influye mucho en el modo de pensar.

Entonces, el modo de hablar nuestro de un camino de santidad,

llegar a ser santos, comportarse como un santo...

Siempre, hablando especialmente, recorrer un camino en el que al final

yo llegaré a una situación ideal

que es la que llamaríamos "santidad".

Sin embargo, los primeros cristianos, entendían que eran santos

desde el primer momento, desde el momento en que se abren

de la santidad de Dios.

El santo no es el que alcanza una situación ideal,

sino que es el que vive abierto a la santidad de Dios

y se va dejando impregnar por ella.

Creo que es muy interesante alguno de los capítulos que se llama

"Santos, ya", pero con esa intención.

O sea, no tengo que ser distinto a cómo soy para ser santo,

sino que el ser santo, no es el traslado a una situación ideal,

sino que ser santo es compartir mi situación actual con Dios.

Compartir mi debilidad, compartir mi impotencia,

compartir mi fragilidad, compartir mi pecado,

incluso, con Dios.

Y cuando yo, es mi realidad,

lo que es real en mí, lo vivo en relación con Él,

dejándome sanar, dejándome consolar,

deseando su posesión,

eso es la santidad.

Y los jóvenes, ¿están abiertos a vivir de este modo?

Te lo pregunto porque además tienes una relación muy especial

con los jóvenes, por ejemplo a través de las clases

en la facultad, de los grupos que diriges,

los grupos con los que te encuentras,

organizas un montón de actividades. A ver si nos da tiempo a hablar

de alguna de ellas. Pero los jóvenes de hoy en día,

¿están abiertos a esta forma de ser santos, a esta santidad?

Yo creo que muchísimo.

Yo creo que todo hombre, la verdad del hombre,

Juan Pablo II hablaba muchísimo,

él creía en la verdad del hombre.

Los hombres estamos hechos a imagen de Dios,

tenemos sed de Dios.

Tenemos sed de infinito, sed de grandeza y de plenitud.

Y esa sed, ese impulso, ese anhelo, esa fuerza,

yo creo que la tenemos todos por el mero hecho de ser personas.

El joven, quizá, con mucha más fuerza.

Con un espíritu que está deseando siempre,

bueno, inconformista.

Lo que pasa es que muchas veces queda ese grito

que tenemos en el corazón, queda aplastado

por muchas cosas, por mucho movimiento,

por mucha electrónica, por mucho afán de diversión

y por tendencias humanas, a lo mejor la pereza o yo que sé.

Pero sin embargo, en cuanto encuentran un ámbito,

un ambiente en el que ellos pueden ir siendo ellos mismos,

en el que pueden encontrar, escuchar su corazón,

escuchar su verdad, sus gritos.

Entonces, aquello coge aire

y el grito ahogado,

empieza a coger volumen y a crecer

y enseguida...

Por ejemplo, hemos estado esta Semana Santa en Tánger.

Hemos ido un grupo de 100 universitarios.

Había personas no creyentes, otros que habían abandonado la fe,

otros que seguían a Cristo,

pero cuando están un tiempo así,

ayudando a niños que están en la calle,

a algunas personas que están para cruzar con pateras,

cuando encuentran un ambiente

en el que pueden volver a ser ellos mismos,

van descubriendo: "Nunca he tenido esta paz".

La paz yo creo que es el gran anunciador de que Dios

está entrando ahí.

Dios es el Dios de la paz.

Ese estar a gusto, ese estar en paz,

el ser yo mismo,

eso enseguida sale de cualquier persona,

y por supuesto, de cualquier joven.

Y con este "Santos de copas", ¿a qué te refieres?

¿Quiénes son estos "Santos de copas"?

Pues yo creo que es el cristiano que está pidiendo nuestro mundo.

Bueno, es una forma de hablar.

No es tanto ya la materialidad de la copa, que también,

sino como una actitud, una actitud ante la vida,

la actitud cristiana. La actitud que Cristo nos enseña

y nos quiere transmitir que es...

El cristiano es alguien que afirma el mundo,

que afirma la corporeidad, que afirma la carne,

que afirma la diversión, que afirma las relaciones humanas,

que afirma... El otro día, en una sesión les contaba...

Los placeres. O sea, Dios nos ha hecho de carne

y nos ha hecho para que podamos saciarnos

y tener placeres con el disfrute del mundo.

Es un Dios que nos ha hecho así

y Dios disfruta cuando nos ve disfrutar.

Les comentaba que quizá, cuando comemos un plátano de esos,

que son de invernaderos, que el pobre, de plátano, tiene poco.

Que nos sabe ni a plátano.

Cuando Dios nos ve comer un plátano de esos dice: "¡Qué pena!

Con lo que yo quería... con lo que yo he hecho y él podría disfrutar...".

Creo que es bueno recuperar...

esa relación con el mundo, con nosotros mismos,

que es puramente cristiana, puramente de Cristo,

que es la de amar el mundo, amar nuestra vida,

amar nuestra corporeidad, amar la sociedad,

amar la fiesta, amar las copas. O sea, yo creo, las copas

creo que son un lugar donde poder dar mucha gloria a Dios.

Pero con el mismo gusto con el que...

Una de las cosas...

Al venir hacia aquí, repasaba algunas cosas del libro,

y una de las cosas que leía era cómo en las fiestas

siempre hay vivos y muertos y los muertos consumen,

y los vivos disfrutan. O sea, consumen alcohol,

pero, sin embargo, el vivo disfruta del alcohol.

No es cambiarle el verbo, es una aproximación distinta.

Un alcohol de cualquier calidad,

con un tubo de plástico,

con hielo de pescadería y tal y beber, es difícil gustar eso,

pero sí que hay consumo. Pero, sin embargo, un buen alcohol

con unos buenos hielos... No sé.

Yo creo que el saber...

No es cantidad, sino calidad.

El saber vivir las cosas

con toda la plenitud que ellas permiten

y con una relación que es santa.

Sin embargo esto que estás diciendo,

este disfrutar de los placeres que la vida nos ofrece,

en este sentido que nos estás expresando,

muchas personas, durante mucho tiempo,

te hablaría de más de una generación

no han vivido o no se les ha presentado así el cristianismo.

Era todo lo contrario.

Todo es pecado, o casi todo es pecado,

el disfrutar de los placeres es banalidad,

por no llegar o no decir pecado, como decíamos antes,

algo está mal.

O algo ha estado mal en algún momento.

No sé, es la sensación que yo tengo, José Pedro.

Sí, yo creo... Hombre, hay...

Yo creo que esa relación... ¿Dónde está el límite?

Yo creo que más que... El límite es cuestión de actitudes.

De saber...

De saber mirar las cosas con la mirada de Dios.

Y entender...

que ser cristiano no es...

como someterse a un tipo de acciones,

de ir a misa el domingo, no beber más de tres copas

o no salir a estas horas o...

No está en un prontuario de obligaciones y de prohibiciones,

sino que el ser cristiano

es vivir abierto al espíritu de Dios,

dejar que el espíritu de Dios vaya...

siendo más nuestro y nosotros más de él,

dejarnos impregnar y poseer por él

y, entonces, acercarnos al mundo desde esa actitud,

desde esa nueva realidad.

"Os haré nuevos. Haré un hombre nuevo".

Pues el cristiano es el hombre nuevo.

Y el hombre nuevo bebe una copa o sale a la fiesta o...

No cambia nuestras acciones,

pero sí que las hacemos con una visión, con una aproximación,

con un espíritu... un espíritu nuevo. A mí me llamó mucho la atención...

Lo digo porque es como muy sencillo pero a la vez a mí me pareció

que llevaba una gran afirmación teológica.

Estábamos en la Javierada este año, y una chica que tampoco...

tenía mucha relación con la Iglesia ni con la práctica,

pero tendría 18 o 19 años,

y cuando estábamos en el castillo de Javier

después de toda la peregrinación, varios días,

en el grupo habíamos hecho una paella por la noche, no sé qué, tal,

y cuando estábamos acercándonos al Cristo de las Sonrisas

que está ahí me dice... Le pregunté qué tal estaba,

y me dijo: "Estoy orgullosa de estar aquí".

Y le dije: "Caramba, has dicho todo".

Porque creo que el ser cristiano es el que tiene conciencia...

de que está en...

Una se refería al lugar de Javier, sino de estar aquí,

de ser parte de este grupo,

de ser parte de este acontecimiento,

de ser parte de la Iglesia. Entonces, yo creo que el ser cristiano

es esa conciencia de ser parte de algo que me trasciende a mí,

ser parte de la familia de Dios

y estar en este mundo como familiar de Dios

y sentir orgullo...

No un orgullo en el sentido peyorativo y tal de la soberbia,

pero ese orgullo de ser de la familia de Dios,

de formar parte de algo que me trasciende,

en el que soy querido, yo soy piedra...,

yo soy una rama de esta vid,

yo soy...

Yo estoy trascendido en mi propio ser.

Yo creo que por ahí...

Fíjate, lo que decías en esta conversación me estaba recordando...

Yo creo que tiene también que ver...

Me parece que es en "Amoris laetitia" cuando el papa,

hablando de la educación de los hijos, dice:

"No es tan importante que los padres estén preocupados

de dónde están físicamente sus hijos

sino dónde están espiritualmente sus hijos.

Si están bien espiritualmente,...".

Entiéndame cómo lo digo y cómo lo dice el papa...

"...da igual donde estén, porque van a estar bien espiritualmente,

van a saber lo que hay que hacer en cada momento".

Efectivamente. Es como una forma de decir eso tremendamente expresiva.

En qué lugar se encuentra el espíritu, el corazón,

la actitud de mi hijo.

Es verdad que puede estar en casa y puede estar muy lejos

y puede estar muy lejos y puede estar en casa y...

Y en casa de... Bueno, la parábola del hijo pródigo.

El hijo estaba muy lejos pero está en la casa del padre

y el que está en la casa del padre

está con una actitud que se hace ajeno.

Pues es verdad. La educación no son unas normas,

sino que la educación cristiana es la liberación,

la liberación que va produciendo el espíritu de Cristo

en uno en la relación con él.

De hecho, en el subtítulo del libro, en "Santos de copas",

es "escandalosamente libres".

Efectivamente.

Sí, porque yo creo que es muy interesante,

lo veo mucho en jóvenes que no han tenido ninguna formación cristiana

y familias también, que no les han transmitido...

o ha sido una educación más bien laica,

y cuando ellos se acercan a un grupo cristiano,

como los grupos...

y muchos al acercarse se convierten.

Y ellos tienen experiencia de que Cristo les ha liberado.

Les ha liberado de la esclavitud, en la oscuridad,

del sinsentido,

y entonces, para ellos, en contraste con otros que,

a lo mejor, han tenido una formación en colegios,

en familias y tal, que es muy positivo,

pero en la transmisión a ellos les ha llegado como una especie...

un cristianismo que les corta alas,

que no les permite hacer algunos deseos que ellos tendrían,

que les han impuesto...

Lo han traducido como imposición de actos que tienen que realizar

o prohibiciones de cosas que no están bien.

Entonces, resulta que algunos cristianos...

que han nacido y han crecido

en el ámbito de la Iglesia,

pues por cómo se lo han transmitido y lo han recibido,

cada caso es cada caso, pero el caso es que...

tienen una idea de Cristo como el que les ha robado la libertad

y, sin embargo, cuando uno viene de lejos y descubre a Cristo,

se da cuenta de que él es el liberador.

Quizá porque van más a la esencia.

Quienes lo hemos vivido, lo hemos heredado, podríamos decir,

ese cristianismo heredado, transmitido de padres a hijos,

de algún modo hemos podido acostumbrarnos,

y es más, malacostumbrarnos, en ocasiones

y alguien que lo descubre que es otra cosa y va a la esencia,

lo que nunca teníamos que haber perdido.

Efectivamente, lo que es muy fácil transmitir son las formas.

Claro. Pero...

Pero las formas pueden dar forma a un espíritu

y entonces son fantásticas y son ayuda,

o pueden estar desconectadas del espíritu,

entonces, esas formas ahogan, ¿no?

Son un peso, son algo...

ajeno a mí que se me impone desde fuera.

Entonces, claro, en esos casos la esencia cada vez está más lejos,

o el espíritu está cada vez más lejos.

Efectivamente, claro,

el cristianismo es vivir con el espíritu de Dios, ¿no?

En el libro hablas, además,

aunque hay un capítulo dedicado especialmente,

pero luego sale en otras muchas ocasiones,

hablas de la kenosis, de ese vaciamiento interior.

¿Esto es posible hoy en día

que estamos enganchados a tantas cosas?

Simplemente al teléfono, estamos pendientes

si hay alguna notificación, a ver si van a decir algo

en el grupo y no me voy a enterar a la primera,

a ver si hay un tuit nuevo...

¿Es posible ese vaciamiento interior?

Sí, claro, por ejemplo, ahora en Tánger,

me viene a la cabeza mientras hablabas, que muchos dijeron:

"Es que hasta en una semana voy a estar desconectado, ¿no?"

Entonces era como una liberación.

Pero... cuando el...

Jesucristo lo que vive es una gran kenosis, ¿no?

Y kenosis es una palabra que significa como desvestimiento,

desnudamiento.

Él se desnuda de su rango divino

y pasa a ser como un hombre cualquiera, como un hombre más.

Y lo deja todo, lo deja todo.

Es muy interesante que deja todo menos a su madre, ¿eh?

Deja... No le importa no tener dónde nacer, dónde morir,

la dignidad, los amigos, deja todo,

pero a la única que hace imprescindible es a María.

O sea, un amor de madre,

por eso han hecho una canción ahora de eso, ya te contaré,

pero que se titula "Imprescindible", o sea,

de ti, ni el mismo Dios quiso prescindir de ti.

Pero, entonces, ese desnudamiento sí que es posible hoy

y yo creo que además hay un gran deseo de él, ¿no?

Lo que te comentaba del teléfono, pero muchas otras cosas

en las que uno se da cuenta de que el mundo le está ahogando.

Indudablemente hace falta un esfuerzo para liberarse

de muchas de esas esclavitudes o de muchas...

de esas relaciones que se han impuesto

y no me están dejando ser yo, ¿no?

Pero, bueno, ahí se sugieren como 10 caminos de kenosis

o de desnudamiento, que es donde el hombre debe poner el esfuerzo.

En cortar con esclavitudes, en aceptar la aceptación,

pues mi madre es como es, mi mujer es como es,

el trabajo es el que es, o sea, esa...

Aceptación, que no resignación. Efectivamente.

Hay una diferencia. Es tremenda la diferencia

porque la resignación es un "qué se le va a hacer"

y la aceptación es como amar esa situación que es real

y que es como es.

En el libro, que de verdad recomiendo su lectura a jóvenes,

adultos, mayores, a todo el mundo porque realmente merece la pena,

hay un capítulo exclusivamente dedicado a la sexualidad.

Un tema que, obviamente, interesa mucho a los jóvenes,

y entre otras cosas escribes:

"Si todo el mundo conociese la verdad de la sexualidad humana,

la vida sería mucho más bella". ¿Cuál es esa verdad, José Pedro?

Pues, caramba, decirlo ahora... (RÍE) Y esto en dos minutos.

Hombre, yo creo que la sexualidad humana es todo...

Bueno, Juan Pablo II decía que era un lenguaje,

pero es como... nada distinto a mí mismo, ¿no?

O sea, Cristo se encarna y no hay separación

entre su espíritu y su carne, es un Dios hecho carne,

una carne divinizada, ¿no?

Si Cristo te toca, te toca Dios, ¿no?

La sexualidad es...

forma parte del mismo ser de Cristo.

Todos los cristianos entendemos que nuestra sexualidad

no es algo con lo que yo trabajo, o con lo que puedo obtener,

o con lo que puedo hacer, no es como mis zapatos

o el coche que tengo, sino que es una dimensión

de mi persona.

Y todo lo que tiene que ver con la sexualidad es manifestación,

es lenguaje mío, es donación, está...

Que alguno puede tener un espíritu muy carnal,

pero también puede tener una carne muy espiritual.

Entonces, es la espiritualización de la sexualidad.

La verdad de la sexualidad es que es... mi verdad

con la que yo amo, con la que yo recibo,

con la que yo acepto, con la que me dono, con la que gozo,

con la que genero vida, la sexualidad es preciosa.

Yo muchas veces digo, como un Óscar a Dios, tal,

un Óscar por la sexualidad,

porque es una realidad divino humana, espiritual humana,

pero que no se trata de desencarnar la sexualidad,

sino de espiritualizar la sexualidad, ¿no?

Es la tarea de la redención, o sea, Cristo cuando redime,

esa división que hay en nosotros, cuerpo y alma,

y que a veces somos un poco platónicos,

pero es volver a darle la integridad,

que el cuerpo y el espíritu sean uno, ¿no?

Y esa es la labor de la redención de Cristo

que es con su gracia, con los sacramentos,

con la oración, con la vida, con él,

nos la va devolviendo, ¿no?

Y hay personas que, efectivamente, es que te tocan

y notas la misericordia que te llega a través de un gesto,

o de una mano, o de una mirada.

El cuerpo está poseído por el...

Bueno, no como dos realidades, sino que están...

más que fundidos, son lo mismo,

soy yo en... mis dedos, no se distingue.

El gran drama es la separación que a veces hacemos

entre la sexualidad y mi persona, ¿no?

Porque entonces ya no hay lenguaje, no hay donaciones,

no hay aceptaciones,

pero ¿cuál es la verdadera sexualidad?

Pues que es brutal, que es grandiosa, que soy yo.

Has hablado a lo largo de la conversación,

ha salido el tema de Hakuna, de un grupo musical,

cuéntanos un poquito, ¿quiénes son?

Pues, bueno, con las adoraciones que...

con grupos de jóvenes y tal, pues empezaron con canciones,

pero ellos fueron componiendo las suyas y son canciones

que recogen mucho todo este espíritu

y que sirven mucho para la adoración, que sirven para...

para dar conciertos, para todo, ¿no?

Pero eso yo creo que lo mejor sería que viniesen algunos de ellos.

Ah, pues sí, que vengan, claro. Y comentasen.

Entonces, se han ido creando distintos grupos.

Bueno, pues habrá como en ocho o nueve ciudades de España

y cada uno con su grupo de música.

Entonces, acaban de presentar un segundo disco,

pero es todo ese deseo de transmitir a Dios

con la alegría, con la vida,

pues para darle y para contagiarlo, ¿no?

Pues que vengan, que vengan Hakuna, ya les escribimos

y aquí les esperamos, al igual que a José Pedro Manglano,

siempre que la vida nos dé oportunidad

y a nosotros nos encanta recibirle aquí en el programa.

De verdad, muchísimas gracias por el momento.

Tendríamos muchísimas más cosas de las que hablar,

pero hoy nos hemos quedado con este libro: "Santos de copas".

Muy bien, pues muchísimas gracias, María Ángeles.

Un placer, como siempre.

Y a todos ustedes, amigos, gracias también

porque nos han dedicado este tiempo,

han estado con nosotros aquí en "Últimas preguntas",

donde les emplazamos de nuevo para encontrarnos la próxima semana.

Hasta entonces.

(Música)

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Últimas preguntas - Santos de copas

21 may 2017

Hoy nos acompaña José Pedro Manglano para hablarnos de su libro "Santos de copas" en el que reflexiona sobre la posibilidad de vivir la santidad en los ambientes que frecuentan los jóvenes.

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  1. María

    Muy buen libro! Lo recomiendo 100%!!

    01 jun 2017
  2. Luz mier y Terán

    Buenísimo, me encantó la sencillez y la profundidad con la que explica lo que es el amor de Dios, y lo de los santos

    22 may 2017