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Para todos los públicos Últimas preguntas - San Romero de los Derechos Humanos - ver ahora
Transcripción completa

Hola, amigos, ¿qué tal? Muy buenos días.

Bienvenidos a "Últimas preguntas".

Un programa en el que hoy vamos a hablar especialmente

de Derechos Humanos, desde diferentes enfoques.

Yo les invito a que se queden con nosotros todo el programa,

porque yo creo que vamos a salir con unas ideas para continuar,

como decimos siempre, la reflexión, la conversación,

en casa, en la escuela, con ideas que nos van a aportar

yo creo muchas luces.

La primera de ellas nos viene a través de un libro

y de su autor, que hoy nos acompaña.

El libro se llama "San Romero de los Derechos Humanos",

y su autor es Luis Aranguren. Bienvenido, Luis.

Muchas gracias. Un gusto, de verdad que esté

con nosotros Luis Aranguren, que es formador,

se dedica especialmente al ámbito de la educación

relacionado con la acción social y desde luego, dos ámbitos

que tienen mucho que ver con la figura

a la que has querido acercarte, nos vamos a tutear si me permites,

a la que has querido acercarte en este libro,

a la figura monseñor Óscar Romero,

que no es una biografía, no es una aproximación teológica,

es otra vuelta más como decíamos antes de comenzar el programa.

Otra vuelta que has querido dar. Cuéntanos un poco en qué línea.

Sí, otra vuelta, porque efectivamente,

sobre monseñor Romero se ha escrito mucho y muy bien

y sobre todo, yo creo que con los jesuitas,

Jon Sobrino, con Ignacio Ellacuría, pues toda la aproximación teológica,

pastoral, espiritual, está dicha y está expresada.

Yo ahí no tenía nada que decir.

Pero sí creía que había un hueco

de todo el legado de monseñor Romero,

sus homilías, las entrevistas que le hicieron, etc.,

de cuál era un poco la vertiente ética,

la vertiente también de la educación en valores

que se puede desprender de ahí.

Por lo tanto, toda la aplicación en el mundo educativo.

Tanto la educación formal, colegios, etc.,

como la educación no formal.

Pensaba en tantos voluntarios y voluntarias,

tantas gentes que están en la acción social

y que digamos que el legado de Romero

puede seguir siendo actual e interesante.

Porque había también en mí otro interés,

y era, monseñor Romero posiblemente,

las nuevas generaciones no le conocen,

no saben quién es y era importante universalizar su figura.

No tenerle solamente como aquello

que dicen los propios latinoamericanos

de San Romero de América, que fue un verso

de Pedro Casaldàliga precioso,

pero yo creo que San Romero es un patrimonio de toda la humanidad

y Romero tiene mucho que decirnos hoy a las gentes que están hoy

trabajando con los migrantes en los barrios de Madrid,

con las mujeres que son víctimas de violencia doméstica,

con los niños de la calle.

Es decir, con un montón de situaciones también de injusticia

o de pobreza hoy, Romero tiene mucho que decir.

Nos vamos a acercar desde luego a vertiente, pero antes me gustaría,

digamos, de un modo poco más personal,

en el plano más personal, Luis,

¿cómo te acercas tú a la figura de monseñor Romero?

Claro, yo me acerco porque cuando...

Estas cosas pasan como cuando caen las Torres Gemelas, o el 23 F,

uno se pregunta: "¿Dónde estabas tú el 24 de marzo de 1980?".

Al menos para los que tenemos edad para decir qué hacíamos entonces.

Yo estaba en Vallecas.

Yo vivía en Vallecas con una comunidad cristiana

allá en el Pocito Raimundo, tenía 20 años.

En el círculo en los que me movía, esto como que se veía venir, ¿no?

Domingo a domingo, los telediarios nos iban poniendo pequeñas imágenes

de las homilías de Romero, que cada vez eran más incendiarias,

una situación de persecución, de represión y decíamos:

"Esto no puede acabar bien", y efectivamente,

le asesinan el 24 de marzo.

Enseguida organizamos un funeral en Vallecas

con nuestro obispo Alberto Iniesta.

Y para mí fue una de las experiencias más importantes que tuve en mi vida.

Aquel funeral donde la comunidad cristiana le encomendó a Alberto

que se fuera a El Salvador para participar en aquel funeral.

Él dijo: "No tiene dinero, la vicaría no tiene dinero,

esto tiene que salir de aquí". Hacía falta 120 000 pesetas.

Se recaudó 1 200 000 Pts.

El milagro que luego yo en el libro hago la semejanza

del milagro de los panes y los peces,

cuando lo imposible es al final posible.

Romero, digamos a toda mi generación, entiendo,

es alguien que nos ha cautivado que nos ha impactado,

y que nos ha ayudado a hacer una aproximación también histórica

de un Evangelio encarnado en la realidad

en la que estamos viviendo.

Para escrutar y perforar qué es lo verdaderamente real.

como él supo escrutar en su momento y decir:

"Lo más real de la zona en la que vivo es la miseria,

es la pobreza", y desde ahí, cómo encarnar el Evangelio.

Decías que quienes seguís la actualidad, lo que estaba pasando

en El Salvador en ese momento, cómo estaba interviniendo,

cómo se estaba implicando y complicando, desde luego

monseñor Romero, lo veíais venir, pero es que él también.

Apenas una semana antes de su muerte, él decía:

"Me matan porque les indico el camino".

Esto además es una frase, este "les indico el camino",

este "Adelante", como lema que él tenía,

podríamos decir no sé si es un lema oficioso,

pero sí que era un poco el impulso

que él se daba a sí mismo y daba a los demás, es muy significativo.

Sí, y además yo creo que muy actual. Y muy actual.

Porque una sociedad con la que estamos

saturada de información digamos, con muchísima información,

yo creo que siempre, pienso que hace falta ciertos indicadores

para el camino, unos cuantos señaladores

y monseñor Romero, lo expresa muy bien:

"Sigan por ahí, adelante".

Ese "por ahí", lo dice en un funeral de un sacerdote.

Dice: "Si hoy nos dijera Alfonso Navarro qué tenemos

que hacer, sigan por ahí y me matan porque les indico el camino".

Ese señalar el camino, ese "por ahí",

y ese seguir hacia delante, y adelante cómo y con quién,

con el pueblo.

Porque digamos que en el propio proceso de conversión paulatina

de Romero cuando van matando a sus curas,

van matando a la gente y eso antes él permanecía ciego.

Él habla de la ceguera, él habla que se le cae...

Perdona que te interrumpa, a mí eso me ha encantado

de cómo lo transmites en el libro.

Era un aspecto que yo desconocía más,

cómo él también tiene digamos un proceso,

no sé si decir de conversión, pero sí de decir:

"Vamos a ver, la realidad es esta". Claro. Él lo llama de conversión.

De conversión, sí. Y que es gradual,

porque ya antes de ser arzobispo de San Salvador

ya había matanzas de campesinos, de obreros, pero él se limitaba

a escribir cartas privadas al presidente de la nación

porque era muy amigo de la oligarquía,

era muy amigo de los jefes,

era muy amigo de la gente del ejército,

entonces tampoco se quería complicar mucho la vida.

Era sensible al sufrimiento de la gente,

pero no se atrevía a dar el paso. ¿Cuándo da el paso?

Cuando matan a Rutilio Grande y ya hace pública su protesta,

ya no se limita a hacer una carta, sino que ya va a las homilías,

ya hace público, y es lo que él llama

también cuando se le cae la venda de los ojos.

Yo creo que este es el paso también que da,

no solamente de decir públicamente lo que está aconteciendo,

las injusticias que están pasando, cómo están matando a la gente,

sino que es cuando da el paso de implicarse

con el pueblo salvadoreño, porque también, hasta entonces

era un hombre muy afectivo con la gente,

muy asistencialista, digamos,

eso dicho por las propias gentes de ahí, del Salvador,

pero ya se coloca en otra posición.

Yo digo ahí que cambia de domicilio. Cambia de domicilio.

Cambia de domicilio existencial. Incluso su despacho cambia,

su despacho se llena de gente,

de familiares de desaparecidos que van con las fotos

de sus familiares o muertos o desaparecidos,

y su despacho se llena de rostros,

y su despacho está lleno de fotos con esa gente que iba con sus fotos.

Él las iba poniendo y ese era el decorado de su despacho.

Por lo tanto, aunque fuera allí, en el obispado,

fuera el mismo sitio oficial, pero él había cambiado de domicilio.

La secretaria suya solía decir: "Aquí nunca se desamparó a nadie".

Creo que también en esa defensa de los Derechos Humanos

y por los desaparecidos, porque no tenían dónde acudir

y a quién acudir, no había ninguna instancia

donde poder reivindicar. "A mi marido le han detenido",

"Mi hijo ha desaparecido",

"A este le han matado y no aparece el cuerpo".

Bueno, a eso se dedicaba, a poner nombre a todo aquello

en una situación de extrema violencia y de extrema represión.

¿Qué actualidad tiene 40 años después de su muerte,

de su martirio?

¿Qué actualidad tiene el testimonio de monseñor Romero?

Yo creo que tiene la actualidad de ponernos las pilas

tanto a cristianos y no cristianos, a todo el mundo,

para ser sensibles ante la situación de injusticia

en la que seguimos viviendo.

Él diferenciaba muy bien entre sensibilidad y sensiblería.

Yo creo que también todos tenemos cierta educación en una sensiblería,

en un adornar las situaciones de injusticia

como una especie de desgracias.

Entonces él, digamos que...

Hacía muchísimo hincapié en decir: "A ver, las situaciones de injusticia

que estamos viviendo no son fruto de la casualidad,

no es una desgracia física y una... Pues eso, hay un terremoto,

hay unas lluvias torrenciales, etc., y las casas de los pobres

son las primeras en caer. Y eso no es fruto de una desgracia,

eso es una organización económica y social

que está planificada para que sea así".

Por tanto, el alentar a una sensibilización mayor.

Todo lo que tiene que ver con la historización

de los valores de la paz, de la justicia, de la cooperación,

del trabajo en común, de la movilización también

de las organizaciones populares. Decía: "Ustedes organícense".

Él no hablaba del derecho a la organización, hablaba del deber.

Del deber. De organización

de las clases populares para defender sus derechos.

Y dice: "Tampoco dependan de mí, porque no voy a estar aquí siempre".

Claro. También, yo creo, tiene la actualidad

Romero de que es un gran maestro

de lo que yo llamo de la autonomía moral,

es decir, de ser cada uno autónomos en nuestras decisiones,

aunque nos la juguemos.

La gran decisión que él tenía que tomar en su última homilía,

cuando tiene que decidir si manda, si exhorta a los jurados

a la desobediencia sabiendo que está incumpliendo, digamos,

una legislación, la legislación de aquel país,

y que le pueden encausar y cometer un delito,

pero si eso éticamente es lo que tiene que hacer o no.

Y esa es su gran deliberación de su último fin de semana,

pero la autonomía moral es la que le hace tomar la decisión

de: " Soldados, no obedezcan a aquellos jefes

que les están obligando a matar. Esto es inmoral".

Hablamos de esa pedagogía del ejemplo.

El papa Francisco beatificó a monseñor Romero en el año 2015.

No sé, cada persona es diferente, obviamente,

pero sí que hay quizá algunas conexiones.

Por ejemplo, esos gestos que a los dos se les destaca mucho,

ese callejear, callejeadores de la fe,

o ese no olvidarse de los pobres, una de las primeras...

De los primeros planteamientos que hizo el papa ya como pontífice,

ya lo había hecho antes como arzobispo en Buenos Aires,

como cardenal. Existe esa conexión. Sin duda, lo trato un poco al final.

Para mí hay muchas semejanzas yo creo en esas actitudes de fondo.

Ninguno de los dos balconea, siguiendo la expresión de Romero,

no, de Francisco, sino que son de callejear.

Y porque son de callejear, los dos son eminentemente pastores.

Y son dos, lo digo con una frase que igual puede sonar mal,

pero yo hablo de "animales pastorales".

Para mí es una expresión muy querida, no tiene un viso despectivo,

son animales pastorales, están volcados con la gente

y eso se nota.

Ninguno de los dos es teólogo de profesión.

Es verdad. Y esto es importante.

Ninguno de los dos imparte doctrina.

Y, sin embargo, las homilías de los dos

son muy apreciadas y son de lo más leído.

Las homilías de Romero y las homilías de Francisco.

Los dos vienen del final del mundo, digamos, aquello que decía Francisco

de "Han ido a buscar a un papa, a un obispo de Roma,

al final del mundo",

y cuando comienza su discurso en Lovaina,

cuando le entregan también un premio a monseñor Romero dice:

"Vengo del país más pequeño de América Latina".

Yo creo que los dos están muy imbuidos también

por la realidad latinoamericana,

los dos son hijos del Concilio Vaticano II,

pero en especial, de las conferencias de Medellín, de Puebla,

allí se quedó Romero, pero luego Francisco estuvo en Aparecida,

que es donde se hace la conexión con Medellín y Puebla.

Yo creo que también son hijos

de esa lectura aterrizada y encarnada del Concilio Vaticano II

en el mundo de los pobres, es decir, esa opción por los pobres,

que ahora estamos cumpliendo ese 50 años de Medellín también,

que en Francisco luego se torna 50 o 40 años más tarde

en el grito de la tierra y el grito de los pobres

y en el cuidado y digamos que se hermana

con la solidaridad y con la opción por los pobres

que decía Romero, pero sí que hay ahí todas esas semejanzas.

Pues, Luis Aranguren,

autor de "San Romero de los Derechos Humanos.

Lecciones éticas, desafío educativo",

un libro, por cierto, editado, publicado en la editorial San Pablo,

te agradezco muchísimo este tiempo que nos has dedicado

y este esfuerzo por acercarnos la figura de Óscar Romero

desde otro punto de vista siempre interesante.

Muchas gracias. Muchas gracias a ti, María Ángeles.

Y hablando de Derechos Humanos y puntos de vista

les vamos a ofrecer otro con un formato diferente

al que ponemos, al que usamos habitualmente en el programa.

Lo hemos llamado "Encuentros" y es un encuentro entre dos personas

cuyas profesiones son totalmente distintas,

aunque puede haber conexiones también.

Un artista, Siro López; un periodista, Antonio Pampliega.

¿Cómo se acercan desde sus profesiones,

desde sus ámbitos, a los Derechos Humanos?

Ellos mismos nos lo cuentan.

Desde el arte siempre he sentido la necesidad

de expresar la belleza como aquello que...

Que se cuestiona,

se pregunta sobre la justicia, sobre las lágrimas, sobre las risas.

Entonces, personalmente, los Derechos Humanos

es como el alma de esa estética

que nos ayuda a seguir respirando la esperanza.

Es como que no puedo pintar algo

que no tenga que ver con las personas,

pero unas personas que se alimentan de dignidad.

Entonces, cuando me encuentro con personas también como tú,

es como que me interpela, me anima, me golpea y me abraza.

-El periodismo me da herramientas para intentar acercar una realidad

muchas veces desconocida a gente, por ejemplo, que vive en España

y que si no fuera por mis fotografías o por mis vídeos

sería una realidad totalmente desconocida.

Me gusta decir que somos los ojos de aquellos que no pueden ver

y la voz de aquellos que no pueden hablar.

Y entonces, a través de ese trabajo, acercar una realidad

a gente que de otra forma no podría saber qué ocurre

yo creo que es una herramienta bastante poderosa.

-Desde el arte o como artista es poderme empapar

incluso de más allá y ahora en un mundo globalizado

como que uno pueda acercarse

más allá de la información,

ese océano emocional de lo que vive el otro,

de lo que el otro también sufre o festeja.

-Yo creo que la palabra clave que has dicho, Siro,

es "acercarte a la realidad",

estar con ellos, tocarlos, preguntarles

o simplemente escucharles,

que es muchas veces lo que necesita la gente.

No tanto que le hagas una fotografía, sino sentarte con él a tomar un té

o a comer o a compartir comida y decirle: "Escucho,

quiero escuchar tu historia porque me interesa tu historia".

Entonces, mirarle a los ojos

a una persona que normalmente no tiene esa oportunidad,

sobre todo desde el prisma occidental,

yo creo que es una de las cosas más importantes,

ya no solamente como artista, que luego lo plasmas,

sino como periodista y sobre todo, como ser humano.

-En este cuadro, una de las cosas que me gusta explicar

es que empiezo siempre por los ojos.

Entonces, hasta que no tengo pintado un ojo no continúo al otro,

pero pintado es totalmente, y dejo en vacío el resto del rostro.

Es como esa necesidad vital de poder mirar a las personas

que pinto, retrato, directamente a los ojos,

comunicarme en lo que transmiten siempre a través de la mirada.

Y es donde dedico más tiempo.

Después, la nariz, la boca, como que ya me preocupa mucho,

pero la mirada me es vital.

-Yo una de las imágenes que tengo guardadas

después de diez años cubriendo zonas de guerra

es un niño sirio el 4 de octubre del 2012.

Había sufrido amputación de los dos pies

por una herida de metralla y yo le estaba grabando

y el chaval me miraba, pero tenía una mirada vacía,

o sea, como si no tuviera vida. No lloraba, no emitía ningún sonido,

simplemente los ojos se clavaban a la cámara

y en un momento dado bajé la cámara,

le volví a mirar a los ojos y me puse a llorar,

porque yo creo que, como bien dices,

los ojos de las personas son lo que más transmite

y esos ojos vacíos de un crío de 10 años

yo los tengo grabados y, vamos, no se me olvidarán en la vida.

A mí es que lo de los niños en las guerras es lo que más me toca,

no sé tú como padre.

-Sí, ¿no? Yo creo que cualquiera incluso sin ser padre.

Al final la infancia es nuestra alma,

nuestra pequeña, no sé si semilla,

no me gusta ahora quizás esa palabra,

pero yo creo que es ese niño o niña que llevamos dentro

y que al menos gran parte de mi obra está centrada en la infancia.

Y la pregunta que siempre me hago

es "¿Qué mundo les estamos entregando?".

-Yo tengo una serie de reportajes que se llama "Los niños perdidos",

como los niños perdidos de Peter Pan.

Y entonces a la gente le gusta mucho esta serie

porque pones voz a los críos

y son ellos los que te cuentan, por ejemplo, que con 10 años

en la ciudad de Mosul los yihadistas de Estado Islámico

le obligaban a ir a una plaza del pueblo

a ver cómo decapitaban a gente.

Y que te lo cuente un niño de 10 años

no es lo mismo que te lo cuente un adulto.

O ese mismo niño me decía: "Mira, yo nací en Irak en 2006,

con tres años me mudé a Alepo, en Siria,

con ocho me tenido que volver a Mosul,

he estado viviendo dos años bajo dominio del Estado Islámico,

ahora vivo en un campo de refugiados y yo quiero ir a Europa

y no me dejáis ir a Europa.

¿Por qué no me dejáis?".

-No es suficiente que haya miles de niños.

Bastaría que hubiese uno

o que hubiese un anciano

que está muriendo en la más absoluta soledad.

Es decir, no me bastan estadísticas, bastaría uno.

-Sí, muchas veces desde Occidente y desde los medios de comunicación

ponemos números a lo que son personas.

Entonces la gente no empatiza

y yo lo que haría es: a esa gente que tiene que tomar las decisiones

los llevaría a un campo de refugiados

para que vea lo que conlleva sus decisiones.

Y con "sus decisiones" digo "fomentar las guerras",

porque las guerras van a seguir estando y existiendo

hasta que dejen de ser rentables,

pero muchas veces nos congratulamos

de que a la Unión Europea le hayan dado el Premio Nobel,

o el otro día, el Premio Príncipe, Princesa de Asturias de la Concordia

por cosas que no hacen y que se supone que deberían hacer.

Es lamentable que le den el Concordia, el premio Concordia,

cuando deja que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo,

o que fomenta guerras.

Y nosotros como sociedad civil podemos cambiar las cosas,

por eso vivimos en una democracia, pero muchas veces,

si no te lo enseñan o no lo queremos ver...

Esto, Siro, ¿qué es?

-Pues es un boceto para una escultura o posible escultura

sobresaliendo del Mediterráneo una mano de un bebé.

Muchas veces ponemos esos flotadores o lanchas

en instalaciones artísticas,

pero es que se nos está yendo la vida,

independientemente de que sean nuestros hijos o no,

y es que además también hay niños o mujeres embarazadas.

¿Qué más tiene que pasar para que digamos "Basta"?

-Yo creo que la clave está en la educación.

No se apuesta por la educación y yo creo que la educación

es el arma de destrucción masiva más importante,

más importante que existe y que tiene el ser humano.

Sin educación no hay futuro

y sin futuro lo que hay es gente muriendo en el Mediterráneo

y occidentales matando occidentales.

-Y una educación que no esté anclada en el pasado,

en esa memorización o repetición, un poco caricatura

porque afortunadamente la educación no es así,

pero anclada en un pasado, en una memorización.

No, una educación que genera pensamiento y un pensamiento crítico

y que genera futuro, es decir, que es creadora

de nuevos desafíos, como puede ser humanitarios.

Personalmente no puedo vivir sin el arte, es algo que...

O sea, necesito respirar desde la belleza

porque si no, me hundo en la miseria.

Es como que el pesimismo de la realidad en ocasiones me puede

y entonces, para levantarme de ese sofá

necesito del arte, del juego, del mimo.

-A mí me gusta conocer a gente como tú, Siro,

porque yo vivo en una realidad

que está bastante influenciada por el pesimismo.

Soy consciente de que el ser humano puede hacer cosas maravillosas,

como poner, por ejemplo, a un hombre en la Luna,

pero es que no tan lejos de aquí, a 4500 km en Raqa, en Siria,

el ser humano ejecuta gente, por ejemplo, crucificándola,

o a los homosexuales los tira desde el campanario.

Entonces, me gusta ver que a pesar de que yo veo lo peor del ser humano,

hay gente como tú que todavía da esperanza

y sensación de "No nos tenemos que rendir".

-¡Guau! Tío...

-Y mira, te voy a contar una anécdota porque yo soy una persona

a la que le gusta abrazar,

y es que durante 299 días me estuve acordando

de abrazar a la gente,

en concreto, a mi padre, que me abrazó el 8 de julio de 2015

y durante 10 meses eché de menos ese abrazo.

Entonces, a mí que la gente me abrace,

lo que te decía antes, tocar,

mostrar empatía y cariño para mí es fundamental.

-Es que la ternura, el cariño, incluso en nuestra dureza

o en nuestros miedos, en nuestro pesimismo.

Y si existe alguna espiritualidad o sentido de la vida

yo creo que es el cariño, el que nos podamos rozar esa piel

y podernos sentir como personas.

Creo que no hay mejor trascendencia que sentirnos personas.

Bien, pues así nos despedimos de un programa

que hoy, podemos decir, ha sido monográfico,

el tema de los Derechos Humanos ha centrado nuestra atención.

Les agradecemos que lo hayan compartido con nosotros

y les emplazamos, si así lo desean y si Dios quiere,

hasta la próxima semana aquí en "Últimas preguntas",

en La 2 de Televisión Española y también en el Canal Internacional.

Un saludo y feliz semana.

(Música)

  • San Romero de los Derechos Humanos

Últimas preguntas - San Romero de los Derechos Humanos

25 feb 2018

Hablamos con Luis Aranguren autor de "San Romero de los Derechos Humanos", un libro que nos presenta al beato monseñor Romero desde un enfoque pedagógico y educativo.

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