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Para todos los públicos Últimas Preguntas - Ruth Chaparro - ver ahora
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o para que se hagan daño.

(Música cabecera)

¿Qué tal, amigos? Muy buenos días.

Una semana más, estamos en "Últimas preguntas"

y hoy les invitamos a conocer a una mujer,

yo creo que muy especial.

Una mujer con gran sensibilidad y una mujer con un gran compromiso.

Compromiso con las comunidades indígenas, desde luego.

Ahora comentaremos y ahora conoceremos porqué,

pero, si me permiten, yo esto lo ampliaría mucho más;

y me parece que es una mujer con un gran compromiso

con la humanidad, con el planeta... con la vida, en definitiva.

Ella es Ruth Chaparro.

Enseguida vamos a conocerla y vamos hablar con ella.

Ella, en la actualidad, es subdirectora de FUCAI.

Y vamos a conocerla un poquito a través de las obras

de la fundación y después hablamos.

(Murmullo y risas de niños)

-FUCAI.

(RÍEN)

-FUCAI.

FUNDACIÓN CAMINOS DE IDENTIDAD

-FUCAI.

(RÍEN)

(Música)

-En 1991, nace la Fundación Caminos de Identidad,

uniendo los esfuerzos de un grupo de profesionales

que quisieron hacer realidad el sueño de trabajar por Colombia.

(Música)

Tenemos un país diverso, lleno de culturas diferentes.

Por eso, elegimos la identidad como el eje de nuestro trabajo.

(Música)

Implementamos procesos colectivos que le permiten a las personas

y a los pueblos decidir y construir su propio desarrollo

basados en el conocimiento de su propia identidad.

(RÍEN)

(Música)

¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Para dónde voy?

Soy un hombre, tengo un camino, está en mis manos,

es el camino de la identidad.

(Música)

-Soy una mujer, tengo un camino, está en mis manos,

es el camino de la identidad.

(Música)

-FUCAI es un camino propio, construido entre todos.

Asumimos nuestra historia y nuestra pertenencia.

De las raíces tomamos nuestra fuerza,

eso nos da la aceptación.

La dignidad, la diferencia.

FUCAI es incluyente, diversa y multicolor.

Creemos posible una Colombia más justa,

una Colombia con más amor y respeto por sí misma.

Una Colombia donde podamos nacer, crecer y morir

sin miedo y sin violencia.

Una Colombia educada, capaz de hacerle frente a los problemas,

con inteligencia y argumentos.

(HABLAN EN OTRO IDIOMA)

-Una Colombia organizada, sin clientelismo y sin corrupción.

Una Colombia con un tejido familiar y comunitario fuerte,

capaz de proteger y recrear la vida.

(Música)

Ruth Chaparro, buenos días. Buenos días.

Muchísimas gracias por estar con nosotros.

Una mujer, que hace unos años, en 2011, fue reconocida

con el Premio Mujer Cafam, que se entrega a las mujeres

que a través de su labor hacen todo lo posible

por mejorar las condiciones de su país, en este caso

de Colombia, y que en el año 2015 su organización, FUCAI,

fue galardonada con el Premio Bartolomé de las Casas

que otorga la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional

y para Iberoamérica del Ministerio Español de Asuntos Exteriores

y la Casa de América.

Esto, solamente, por darles una referencia

de quién es esta mujer. Pero usted, ¿cómo se define, Ruth?

A ver... como una mujer que tiene una vida corta

y mucho por hacer, que trabaja por un mundo

más igualitario, más equitativo, más incluyente.

Pienso que en esta vida cabemos todos, que todos tenemos derecho

a vivir y que tenemos que ser felices, y para ser felices

no necesitamos depredar ni el planeta ni a los demás seres humanos,

que podemos ser felices respetando el medio ambiente

y respetando la gente.

Y que tenemos la obligación de ayudar a hacer un mundo mejor

y una vida más justa para todos, no solo para unos.

Los estratos son inaceptables.

La clasificación de los seres humanos son inaceptables.

Y bueno, he pasado la vida haciendo eso.

¿Cómo llegó a esta relación que ahora tiene

con las comunidades indígenas?

Porque usted nació en la capital, en Bogotá, ¿no?

Y... Sin embargo, su vida, su misión se ha orientado a esas comunidades,

digamos, más excluidas.

Cuando terminé mi bachillerato, mis estudios secundarios,

no sabía qué carrera escoger. Me daban una lista:

derecho, medicina, odontología, psicología...

y me parecía una lista de mercado, como: papas, yuca, arroz...

Entonces, un primo me dijo:

"¿Y por qué no haces una experiencia? Yo trabajo con indígenas.

Y mientras tanto, piensas qué vas a estudiar".

A mí me llamó la atención porque yo había escuchado un texto

de 1545 de Ginés de Sepúlveda, que decía que los pueblos indígenas

eran tan inferiores a los españoles como las mujeres a los varones

y como los niños a los adultos.

Y también escuché a un expresidente de Colombia que decía

que nosotros, los colombianos, teníamos como raíces a los indios,

los negros y los españoles y que la identidad, digamos,

buscarla en la herencia española porque los indios y los negros

eran estigma de completa inferioridad.

Con esa idea me fui y encontré unos pueblos

a los que les decían "los irracionales".

Pero, ¿cómo así?

Ellos, incluso, nos decían: "Ustedes, los racionales".

¿Cómo así?

Y empecé a encontrar la discriminación,

el racismo y la ignorancia.

Porque lo que tenemos es ignorancia, no sabemos de esos pueblos.

Ya han pasado más de 500 años y no logramos superar la arrogancia.

Estos pueblos...

han sido excluidos, perseguidos.

Y encontré muy de cerca el hambre, el hambre física.

Y encontré la capacidad que tienen ellos para resistir el hambre.

Tienen una fuerza muy grande, resisten el hambre con dignidad.

Pero también cuando hay comida comen con todas las ganas, pues...

son sobrevivientes,

porque la historia ha sido muy difícil.

Hoy tenemos en Colombia cerca de 32 pueblos

en riesgo de desaparecer por necesidades básicas insatisfechas

y por conflicto armado. Y son pueblos sabios,

son pueblos trabajadores que tienen mucho que enseñarnos,

pero la arrogancia que tenemos nos impide ver lo que hay detrás

de esos rostros de sabiduría que no acumulan, que no contaminan.

Que no están interesados en dominar ni el mundo ni el planeta,

en depredar, en consumir, consumir, consumir,

producir basura, y después de declararse con depresión

o en crisis y buscar alternativas: medicinas alternativas, terapias...

Nos enredamos.

Esos pueblos pegados a lo natural pueden llevar una vida más tranquila

si los dejamos, si los respetamos. Por eso vengo

en medio del trabajo fuerte de Manos Unidas

a decir que necesitamos gente comprometida, empresas,

multinacionales, que logren entender que pueden desarrollar sus empresas

respetando el medio ambiente y la gente. El desarrollo,

lo que llaman "desarrollo", le cuesta la vida a miles de seres humanos.

Y esto está pasando... Efectivamente, usted ha venido

con motivo de la campaña de Manos Unidas de este año:

"El mundo no necesitaba más comida, necesita más gente comprometida".

Efectivamente. Porque usted ve que, efectivamente,

esto está ocurriendo. Que por nuestra forma,

por el estilo de vida de unos cuantos,

otros, en este caso las comunidades indígenas que usted conoce

en Colombia, pero en otros tantos lugares

están sufriendo las consecuencias de hambre, de crisis medioambiental,

de rechazo, de exclusión, de enfermedades...

Las empresas mineras de hidrocarburos afectan al medio ambiente.

Tienen que ser responsables, en La Guajira han agotado el agua.

Y esos pueblos mueren de hambre porque no hay agua.

Y ese carbón viene para Holanda y se distribuye a Europa.

En los últimos cinco años, más de 5000 niños indígenas wayú

muertos de física hambre. No por incapaces, se agotó el agua.

El cambio climático es una realidad y tenemos que ser responsables.

No son perezosos, no están esperando las limosnas,

les agotaron el agua.

Y aquí se consume el carbón y quienes lo consumen

no tienen ni idea que su bienestar le cuesta la vida,

sobre todo a los menores de cinco años,

porque los que mueren de hambre, la mayoría, son niños.

Ese desarrollo mal entendido produce muchos muertos.

Ese bienestar lo pagan los niños con su vida.

Y por eso, no es suficiente con que trabajemos allá,

tenemos que buscar las causas.

El hambre duele, profundamente, pero más duele conocer las causas.

Se mueren de inequidad, de exclusión, de racismo

y de indiferencia. Una sociedad civil que crítica,

que le echa la culpa al Gobierno, que le echa la culpa a la corrupción,

que calma su conciencia comprando cosas.

Esa sociedad civil es responsable con su silencio, con su arrogancia,

del holocausto de nuestra propia especie,

pero también del planeta. Tenemos que tomar partido,

tenemos que participar, tenemos que revisar

qué estamos haciendo con nuestra propia vida.

Y creo que tenemos la responsabilidad de ser felices

sin hacerle daño a otros, sin dañar el medio ambiente.

Lo que hacemos acá afecta a todo el planeta.

Y eso, ¿cómo se traduce, Ruth, en nuestro estilo de vida cotidiano?

Porque, a veces, podemos cometer, creo,

el error de pensar pues eso, que las grandes multinacionales

están haciendo no sé qué tipo de actividad que perjudica

al medio ambiente. Por ejemplo, es que los gobiernos están...

Pero ¿y nosotros?

En nuestra casa, en nuestra vida cotidiana,

¿somos también responsables, tanto de lo que está sucediendo,

como somos también responsables de que esto no suceda?

¿De qué nos comprometamos un poco más?

Son cosas de revisar la vida cotidiana.

Necesitamos gente menos consumista.

Por ejemplo: apagar una luz cuando no la estamos usando,

cerrar una llave para no malgastar el agua,

no pedir comida que no estoy en condiciones de consumir,

no comprar en el mercado lo que no voy a alcanzar a consumir,

no salir a ver qué rebajas hay.

A mí me parece que eso es locura total.

Cuando yo necesito unos zapatos voy a buscar unos zapatos,

pero cuando salgo con un dinero a ver qué rebajas hay...

¿Qué necesito? ¿Gastar? ¿Para qué? Para sentirme mejor.

Y el camino de las cosas no es un camino

que va a satisfacer a nadie, nunca.

Consumir, consumir y consumir produce toneladas de basura.

La basura altera el clima,

altera la vida del planeta,

y afecta hasta a los rincones más apartados.

El precio del cambio climático lo pagan los pobres.

Con la arrogancia de los ricos

se produce el cambio climático, pero lo pagan los pobres.

Entonces, yo sí creo que tenemos que tomar conciencia

que lo que hacemos... Yo represento la especie humana

y si yo hago mal afecto a toda la especie humana.

Y el mal también es no hacer nada,

quedarse callado, pensar que eso le toca a otros.

Tenemos la obligación de criar hijos responsables,

no podemos entregárselos al planeta de cualquier manera.

No traemos hijos al mundo para que le hagan daño a otros,

o para que se hagan daño.

La vida que tenemos no nos alcanza para superar los problemas

de desigualdad de hambre en el planeta.

Tenemos que ganarnos el corazón de las nuevas generaciones.

Y ¿qué está pasando en la familia?

Que no tienen tiempo para a sus hijos.

Están corriendo, corriendo, corriendo a pagar el coche,

a comprar, a trabajar. ¿Y sus hijos?

Después se quejan que los jóvenes no quieren,

que los jóvenes no sirven.

Tenemos que conquistar las nuevas generaciones

y tenemos que saber que en este planeta cabemos todos

y que lo que hagamos o dejemos de hacer nos afecta a nosotros

y a las las nuevas generaciones.

Yo diría: "No lo hagamos por los otros, hagámoslo por nosotros".

Ruth, usted se emociona cuando habla de esta realidad

que usted conoce porque vive con ellos, porque está con ellos,

en este caso con las comunidades indígenas,

con algunas comunidades indígenas de Colombia.

Se emociona, porque está viendo que esto está pasando.

Claro. Y usted ha visto niños morir

de hambre cuando se podía haber evitado.

Mire, a mí no me gusta ver imágenes ni noticias que digan

"hay hambre en el mundo". ¿Por qué? Porque me duele.

No me gusta ver una fotografía de personas con hambre porque me duele.

No me gusta ver gente en la calle con hambre porque me duele.

Y si a mí me duele, cuánto no les duele a las madres de estos niños.

Y si a mí me duele con solo ver,

¿cuánto no les duele a los niños que mueren de hambre?

Totalmente deshidratados, que ya no tiene lágrimas.

Y si duele por televisión, cuánto no duele que se mueran

en los brazos, sabiendo que sí había comida,

sabiendo que estaba en otro lugar, que la tiraron

y que este se murió

porque no la tenía.

Eso duele.

Ruth, usted ha estado en este tiempo que ha estado en campaña

de Manos Unidas, ha estado en distintos medios de comunicación,

también ha estado en colegios. A mí me gustaría, que ahora,

usted hablase especialmente a los niños, jóvenes, adolescentes

que puedan estar viendo este programa,

o que luego este programa yo sé que muchos profesores

luego lo utilizan en sus clases.

A mí me gustaría, porque me parece que usted tiene un testimonio

impresionante porque lo vive, porque lo ha conocido.

Niños que se están, o que estamos criando,

en una cultura del tener, del gastar, del quizá...

no valorar las cosas materiales que tenemos.

¿Qué les diría usted a estos niños, a estos jóvenes,

a esos adolescentes, Ruth?

Porque seguro que le van a hacer más caso que los adultos.

Que la vida vale la pena vivirla, que vale la pena correr los riesgos,

no adaptarse, no encerrarse en la tecnología.

Mire, la tecnología hay que usarla, por supuesto,

pero no ser víctimas de la tecnología que nos impide gozarnos la vida.

Que miren en nosotros lo bueno, que tomen lo positivo

y que aprendan de los errores de nosotros, los adultos,

para no repetirlos.

Les estamos heredando un mundo lleno de problemas,

no logramos hacer más.

Trabajamos duro para dejarles un mundo mejor y esto

es lo que les estamos dejando.

Y ustedes tienen la responsabilidad de tomar el mundo en sus manos

y hacerlo mejor.

Confiamos en que ustedes lo van hacer.

Confiamos en que tienen la capacidad de retomar el rumbo

y de hacerlo distinto.

Yo creo que el camino de las cosas no produce felicidad.

Podemos trabajar por este planeta, por el medio ambiente

y por todos. Yo sé que los niños y los jóvenes

aman a los otros niños y a los jóvenes

y les duele el hambre y la exclusión y ustedes pueden hacer mucho

si consumen menos. Consumir y consumir es drogarse,

es una enfermedad, es una dependencia. Hay que sanarse.

La indiferencia es otra enfermedad y esa enfermedad produce muertos.

Tenemos que tomar partido, la vida es movimiento.

No se queden sentados mirando la tele,

no se queden detrás de la tablet, no se queden en el iPhone.

Quítenlo de ahí y salgan a vivir, intensamente.

A aventurar, a producir, a crear, a inventar fórmulas

para un mundo más feliz, más incluyente, más equitativo.

Y en estas fórmulas no podemos, aunque fíjese lo que le voy a decir,

aunque solo sea por egoísmo de que vivamos mejor,

no debemos descartar a las comunidades indígenas.

Tenemos tanto que aprender de ellos...

Sin embargo, lo que estamos es descartando.

Estamos trabajando, por ejemplo, bioarquitectura.

Estamos haciendo en pleno desierto unas casas

adaptadas al clima, a los vientos, y son obras de arte.

Estamos produciendo soluciones de agua, para todos.

Estamos inventando nuevos alimentos y preservativos sin químicos,

estamos produciendo aceites esenciales.

Esa Amazonía es extraordinaria, es exuberante.

Tenemos más de 3000 ha establecidas con 191 especies amazónicas

que la gente no sabe, la gente reduce su alimentación

a los cinco productos que conoce, pero el mundo está sin conocer.

Deterioramos y acabamos lo desconocido.

Y yo creo que los jóvenes se pueden meter a esto

y lo pueden hacer mejor que nosotros,

pero tenemos que darles la confianza, apoyarlos.

Y no solo criticarlos y presionarlos y presionarlos

y decirles como cuando no tenemos mucha autoridad moral.

Padres que fuman delante de los hijos.

Fumar es un atentado contra nuestra propia vida,

es una falta de conciencia de lo sagrado que llevamos adentro,

es un acto de irresponsabilidad con la vida enorme

y fumamos con arrogancia delante de las nuevas generaciones,

y defendemos los derechos a la libertad de matarnos.

Es una falta de responsabilidad enorme.

Y fumar delante de otros, eso afecta el planeta

y quienes producen esos cigarrillos le hacen daño a la humanidad.

Pero, a veces, hay que callar, hay que tener diplomacia.

Yo no me callo, yo no tengo diplomacia.

Los padres que fuman tienen que revisar porqué se están matando,

no quieren tomar la vida.

Ruth, hablábamos de todo lo que tenemos.

Nos queda muy poquito tiempo, qué pena,

pero hablábamos de todo lo que podemos aprender

de las comunidades indígenas, que usted, antes de comenzar

el programa me decía: "Es como una universidad viva,

pero una universidad para todo el planeta,

una universidad viva, en apenas, unas comunidades".

Cuántas personas que están manteniendo ese legado

que es original, que es propio de la especie humana,

que es propio del cuidado, del ambiente.

Y yo le preguntaría ahora también, ¿de la espiritualidad?

¿Tenemos que aprender mucho de la espiritualidad indígena?

A ver, el centro de estas culturas es la espiritualidad.

De alguna manera, yo veo eso reflejado

en Manos Unidas,

cómo la espiritualidad los mueve a hacer un mundo mejor.

La espiritualidad de las plantas, la espiritualidad de los animales,

del agua... Ellos dicen que somos agua, que la vida

se gesta en el agua, que hasta la palabra

debe ser mojada para poder ser pronunciada

y no sería posible el lenguaje sin saliva.

Que las mayores alegrías y las mayores tristezas

se dan con lágrimas y que el agua

es la prolongación de Dios, es la saliva del Padre Creador.

Que sumergirse en el agua es sumergirse en Dios,

es revestirse de lo que el Creador quiere.

Que el agua no es simplemente H2O, es un elemento absolutamente sagrado

y vital, no es simplemente una botella que yo vendo,

que yo comercializo, que exploto con el agua.

El agua es sagrada, las plantas son sagradas,

los animales son sagrados y mi cuerpo

es absolutamente sagrado. ¿Por qué tantas cirugías?

¿Por qué nos profanamos?

¿Por qué acabamos con la vida cuando la vida es perfecta?

Esta es la espiritualidad de sus pueblos

y es a la espiritualidad a la que tenemos que volver.

Pero la espiritualidad está también en Europa,

está en muchísimas manifestaciones culturales

en todos los lugares, solo que estamos desconectados.

Tenemos que conectarnos.

A mí me llama la atención cómo un grupo europeo español,

como Manos Unidas, unas mujeres deciden declararle la guerra

al hambre en el mundo. Qué valientes.

¿Y de dónde les viene la fuerza? De su espiritualidad.

¿Y qué han hecho? Miles de proyectos.

¿En dónde? En muchísimos países, salvando miles de vidas.

Unas mujeres católicas, un poco de voluntarios....

Si se puede, todos podemos, y de distintas maneras.

No hay un solo camino de la espiritualidad,

pero el camino de las cosas, de consumir, consumir, consumir,

es absolutamente equivocado.

Yo creo que tenemos que consumir lo necesario,

pero no produce felicidad y hay unos límites,

podemos hacer daño, tenemos que ser responsables con nuestro consumo.

Pues, Ruth Chaparro, yo seguiría hablando y conociendo tantas cosas

que usted sabe porque las vive, porque las ve,

porque las experimenta todos los días.

Le agradezco muchísimo el tiempo que nos ha dedicado.

De verdad, gracias.

Gracias a ustedes por abrirnos estos espacios de inclusión.

Muchas gracias, Ruth.

Y muchas gracias a todos ustedes, amigos,

que también han formado parte de esta conversación,

que yo estoy convencida de que nos va a dar

para seguir hablando mucho de estos temas y pensando mucho

estos temas. Ahora, en familia, en la escuela, con los amigos,

es lo que nos gusta luego que pase después del programa. ¿Verdad?

Que no se acabe aquí, sino que esto dé para seguir

dándole vueltas.

Bueno, pues nos lo contamos la próxima semana si les parece

aquí, en "Últimas preguntas".

Ya saben, encantados de volver a vernos.

(Música créditos)

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Últimas Preguntas - Ruth Chaparro

14 may 2017

Hoy nos acompaña Ruth Chaparro para hablarnos del trabajo que realiza en las comunidades indígenas de Colombia.

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  1. Cruz Edilia Correa Ramírez.

    FUCAI. Ustedes son el testimonio vivo de la lucha por construir un País con Esperanza, desde el reconocimiento de nuestra realidad y la conciencia de nuestra DIGNIDAD. GRACIAS, MUCHAS GRACIAS!!!

    19 may 2017