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Para todos los públicos Últimas preguntas - Mons. Luis Argüello - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Saludos, amigos.

Bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Es un gusto contar con ustedes al otro lado de la pantalla,

y es un auténtico placer que hoy podamos conversar

con tranquilidad, la que nos permita el tiempo que tenemos,

ni más ni menos que con monseñor Luis Argüello,

que es Secretario General de la Conferencia Episcopal Española

desde el pasado mes de noviembre, recién empezado en este cargo.

En este servicio, si me lo permite, monseñor, bienvenido.

Muchísimas gracias.

Buenos días, me alegra estar hoy del otro lado de la pantalla.

Es verdad. (RÍEN)

Del otro lado, muchas gracias.

He dicho "cargo", que lo es, pero ante todo es un servicio, ¿no?

Creo que sí, porque la Conferencia Episcopal en sí misma,

ya es un servicio a las iglesias de España.

Y dentro de lo que supone el servicio

de la propia Conferencia, el secretario general,

el que a un obispo le hayan pedido ser Secretario General,

desde luego se trata de un servicio dentro

de una organización de servicios.

Un obispo que lo es, auxiliar de Valladolid,

y que desde el pasado mes de noviembre es Secretario General

de la Conferencia Episcopal.

Usted es palentino, en concreto,

me gusta decir siempre el nombre de los pueblos de donde uno viene,

porque las raíces no hay que olvidarlas.

De Meneses del Campo, de Tierra de Campos.

De la Tierra de Campos,

una comarca que está distribuida por varias provincias,

entre otras, las de Valladolid y Palencia.

Mi pueblo es de la provincia de Palencia,

ya en el límite con Valladolid y tenemos mucha relación

con los pueblos vecinos de Palencia y de Valladolid.

A mí, las circunstancias de los estudios,

como todavía no había muchos institutos en los pueblos,

fui interno al colegio Lourdes de Valladolid,

de los hermanos de la Salle,

y ahí empezó mi vinculación con Valladolid, luego,

estudiando Derecho,

dando clases en la facultad y sintiendo la llamada del señor,

que me llevó al seminario de Valladolid.

Usted había dado clases.

Antes de llegar al seminario, ya era profesor universitario.

Sí, de Derecho Administrativo.

En la época en la que surgió la Constitución Española, en 1978,

yo estuve en el departamento

de Derecho Administrativo desde el año 76 al año 83,

y fueron unos años de lo que supuso la renovación constitucional

y sus consecuencias,

también en el campo del Derecho Administrativo,

no digamos nada con el estado autonómico,

con las nacientes autonomías en España.

Eso supone una revolución del Derecho Administrativo,

entre otras cosas,

porque se multiplican las normas

administrativas de cada una de las autonomías.

No sé si nos llegará el tiempo para hablar también

de las autonomías en el programa de hoy

y de toda esta situación sociopolítica que estamos viviendo,

pero vamos por partes.

Lo más inminente, en cuanto a actualidad se refiere,

es que hoy en Roma,

y, además, creo que es un tema muy importante para la sociedad,

y para la Iglesia de modo particular.

Hoy, en Roma,

finaliza tras cuatro días de reunión el encuentro

que las distintas Conferencias Episcopales de todo el mundo

están teniendo en el Vaticano con el Papa,

respecto al tema de los abusos en el seno de la Iglesia.

Es un tema fundamental.

¿Qué esperanzas tiene la Iglesia española?

Creo que el encuentro que culmina supone, podríamos decir,

el recoger toda una etapa.

Primero, de dolor, de petición de perdón

pero, al mismo tiempo, de sentir cómo una fuerte llamada,

porque si los abusos son como una expresión de una realidad

de renovación eclesial a la que tanto el desafío misionero,

al que estamos llamados,

como la necesidad de cuidar todos los aspectos

que tienen que ver con la formación,

con el salir al paso de los posibles abusos,

que en muchos casos son comportamientos delictivos,

que las autoridades públicas deben de conocer.

Todo esto,

toda esta llamada fuerte a una renovación eclesial

creo que es lo que en el encuentro de estos días en Roma,

y en la acogida que hagamos ahora

en las respectivas iglesias particulares,

es lo que estamos llamados a vivir,

una fuerte renovación interna en la vida de la Iglesia,

que por otra parte,

ha también de concretarse en protocolos de actuación,

en saber cómo hemos de vivir todos estos episodios

que esperamos que de ahora en adelante sean mínimos,

si es que no radicados del todo.

De hecho, también incluso muchos de los asuntos

que han surgido en las últimas semanas,

la mayoría de ellos se refieren a casos de hace décadas.

Pero no importa, en todo caso,

la llamada a la renovación eclesial es fuerte,

y a la toma de medidas que ayuden en la formación,

en el salir al paso de los posibles casos que hubiera aquí.

Y, sobre todo, cómo no,

en la atención a las víctimas

para que se pueda producir la sanación

de las heridas provocadas por comportamientos reprobables.

Desde luego, es fundamental y ya se está haciendo.

Y ahora creo que va a haber un impulso renovado

después de esta reunión

de la que ya tendremos tiempo de hablar más adelante,

si Dios quiere.

Me parece fundamental, también, el evitar,

en todos los ámbitos de la sociedad,

hablamos hoy obviamente de los abusos

que se han producido en el seno de la Iglesia,

pero desgraciadamente, ocurre también en otros ámbitos, es así.

Es fundamental la educación, la prevención, que esto no ocurra,

que no haya ni un solo caso, venga de donde venga.

Esto es,

quiero decir que la Iglesia está preocupada no solamente

por los abusos realizados por eclesiásticos,

sino por los abusos realizados por cualquier otro tipo de persona,

que algunos también pueden ser miembros de la Iglesia,

y por las víctimas,

que algunas también son fieles cristianos en la Iglesia.

Aunque los abusadores no hayan sido propiamente los clérigos,

personas consagradas.

La preocupación es por toda esta realidad,

y a la Iglesia le gustaría poder abanderar una lucha social

contra lo que eso significa.

Los abusos sexuales,

como los de tipo psicológico o de autoridad de diversa manera

que se puedan producir, abusos de conciencia,

somos conscientes de que en el seno

de las familias se producen muchas situaciones de abuso,

por eso es tan importante la propuesta de una vida familiar,

de una educación afectivo-sexual, el caer en la cuenta

de que, a veces, hay comportamientos que son patológicos

y que obedecen a situaciones de personas

que, además de que su libertad está en juego

y sea recriminable penalmente su comportamiento,

también hay una situación de patología

que sea necesario poder abordar.

Creo que también,

en la sabiduría de la Iglesia está el caer en la cuenta

de que aunque nos digamos con toda fuerza "esto hay que erradicarlo",

la realidad de la herida del corazón humano,

de lo que llamamos la realidad de pecado,

sin más no desaparece porque haya protocolos o leyes,

sino que de alguna forma sigue estando ahí.

Por eso, es necesario una vigilancia permanente y, también,

una acogida humilde y misericordiosa de las realidades

que se dan en nuestro mundo, en nuestra sociedad, en la familia,

en la Iglesia, en distintos ámbitos,

que es necesario poder abordar siempre y responder con verdad,

con justicia y con misericordia.

Seguiremos, obviamente, muy pendientes de este asunto.

Otra de las cuestiones por las que siempre solemos preguntarles,

porque tanto si es una rueda de prensa, una entrevista,

pero creo que lo lleva ya en el cargo de secretario general

y portavoz, el tema de la educación.

Además, usted ha sido profesor universitario,

ha estado cerca del ámbito educativo,

el tema de la educación es un tema que me consta que a usted,

particularmente, le preocupa y le ocupa.

Sí, he sido profesor en la enseñanza media,

en el mismo colegio donde estudié.

Creo que la educación es clave en la vida de una sociedad,

por lo que supone del permanente desafío de algo que está ahí,

en la vida de cualquier pueblo, que es como ayudar a los niños,

jóvenes, adolescentes a desarrollar todas sus capacidades

y a poder acoger lo que la sabiduría acumulada

de los pueblos a lo largo del tiempo,

es como un depósito que es necesario transmitir.

Y, después, porque cada generación se encuentra con desafíos nuevos.

Ahora nos encontramos con el desafío

de las nuevas tecnologías,

de la revolución 4.0, 5.0 o 6.0, vaya usted a saber,

que supone siempre un desafío grande de la novedad,

de las posibilidades que da la globalización

y sus propios desafíos y riesgos

a la hora de cómo situarnos en el futuro.

Todo esto nos interesa.

A mí a veces me apena que a la Iglesia solo se le pregunta

cuando se habla de educación,

por la clase de religión o por la escuela concertada.

Nos preocupa la educación en su conjunto,

porque nos preocupa el desarrollo

de las personas en todas sus dimensiones.

Por supuesto, también la dimensión religiosa,

por eso debe estar presente.

Creo que para que haya una propuesta educativa adecuada

hace falta aceptar una comprensión antropológica,

porque si se trata de educar,

de extraer de cada persona lo mejor de sí mismo, que sus capacidades,

actitudes, posibilidades de conocimiento, se desarrollen,

hace falta una comprensión de lo que la persona es

y de su destino, podríamos decir.

En ese sentido, la Iglesia,

que tiene su propia comprensión antropológica

y su propia visión sobre el destino de las personas

y su aportación al bien común,

sin duda pensamos que sigue teniendo

una palabra importante que decir a la hora

de que como sociedad pensemos juntos

cuál sea la mejor manera de educar a los niños y jóvenes.

Esto convendría un pacto educativo,

para no tener que andar constantemente,

cada vez que haya un cambio de gobierno,

pensando en novedades legislativas que suponen un revuelo

en la vida de las aulas, que necesitan también

un sosiego para afrontar todas estas novedades

y desafíos educativos.

Estamos en un momento,

desde el punto de vista sociopolítico,

un momento interesante en nuestro país.

Vamos a ver qué ocurre.

En este momento en el que parece claro

que mayorías parlamentarias de un solo grupo

sean difícilmente pensables,

por lo menos, en el corto y medio plazo,

favorecer un espíritu de escucha por parte de unos y otros,

para ir más allá de los cortos plazos que siempre,

para estos grandes asuntos,

como es la educación u otros pilares del Estado del bienestar,

no podemos pensar solo con miradas a tres o cuatro años vista,

que puede ser un periodo electoral,

sino seguramente una mirada de más largo plazo,

para lo que hace falta que los agentes sociopolíticos

estén dispuestos a escucharse unos a otros y a escuchar también

a la sociedad y a las diversas instancias

de lo que llamamos habitualmente sociedad civil

en cada uno de los campos para poder mirar a largo plazo.

Hay tantísimos temas en los que, obviamente,

la Iglesia forma parte de la sociedad en la que vivimos,

y tantos temas en los que está presente.

Por hablar de cuestiones más puramente eclesiales,

como digo, en la mayoría de las ocasiones no se pueden separar,

porque nada de lo que es humano nos es ajeno.

Esta Iglesia en salida de la que tanto habla el Papa Francisco,

¿cómo se está moviendo en nuestro país?

Creo que en cada una de las iglesias diocesanas,

esta llamada del Papa que, en realidad,

es un nuevo altavoz al gran acontecimiento

que la Iglesia vive con el Concilio Vaticano II

que, en realidad, ya desde el Concilio,

que en la jerga eclesial lo consideramos un Pentecostés,

un acontecimiento de unas características

y una gran importancia,

se impulsa a una renovación de la Iglesia

desde la acogida de la palabra de Dios,

desde la renovación litúrgica, para una gran salida misionera.

Eso está ahí, y quizás el Papa Francisco,

que es el primer Papa

que proviene de una megalópolis del sur del planeta,

que no estuvo como tal siendo padre conciliar,

ha dado como unas palmadas, diciendo:

"bueno, chicos, ya está bien solo

de hablar solo de la misión y pongámonos a ello".

Con una llamada fuerte a la conversión pastoral

para vivir un sueño misionero, del que el Papa nos habla.

Desde ahí, nos dice: "centrémonos en lo esencial,

acojamos a las personas donde están, como están,

en sus circunstancias,

no seamos agoreros ni predicadores de malas noticias,

sino que anunciemos esta buena noticia

de la que somos depositarios,

que sin duda luego tiene consecuencias morales, sociales,

de diversa índole, pero, primero, este anuncio".

La Iglesia española, en cada una de sus diócesis,

está en esta línea, y por otra parte, en su conjunto,

desde el servicio de la Conferencia Episcopal,

hay organizado un congreso de laicos en España para febrero

del año que viene en el que precisamente esta escucha

de lo que en unos sitios y otros

se está haciendo para el impulso misionero,

está en la primera página de la convocatoria de este congreso.

Cuando se habla de impulso misionero,

creo que tendemos a pensar, por error,

que solamente son los misioneros, y bendita labor la que hacen,

obviamente, por todos los países del mundo.

De hecho,

el próximo mes de octubre el Papa ha considerado este mes

un mes extraordinario misionero.

Pero es importante el congreso del que nos habla monseñor

porque es fundamental que los laicos

seamos conscientes de esa labor misionera

que tenemos en todos nuestros ámbitos,

aquí mismo en la televisión, por ejemplo.

El Papa Francisco,

que es tan dado a ofrecernos alguna expresión que nos sirve

como de eslogan,

ha dicho que cada uno de los bautizados

debería poder decirse a sí mismo: "yo soy una misión".

Para esta condición de discípulos misioneros,

vivirla en todos los ámbitos.

De hecho, el mes misionero del que hablas

también en la convocatoria

que hizo el papá del mes misionero,

incluye, aunque es verdad que el acento más fuerte del mes misionero

es la misión llamada "Ad gentes",

la salida a otras tierras, lugares, países,

para anunciar el Evangelio,

pero el Papa también incluye que en cada lugar la Iglesia se plantee

la misión en su propio sitio, en su propio pueblo y sociedad.

Tanto el mes misionero como el congreso

del que hablamos antes estarían en la misma onda eclesial,

en la misma onda de la salida para el anuncio del Evangelio,

de ser un pueblo que se sitúa entre los pueblos

y que se sabe depositario de una buena noticia

que desea compartir con los hombres y mujeres que quieran escucharla.

Ahí están incluidos, obviamente,

y creo que la Iglesia tiene puestas sus esperanzas,

también en los jóvenes.

Recientemente, ha finalizado...

Bueno, a mí no me gusta decir que una JMJ ha finalizado,

ha finalizado el encuentro

de todos los jóvenes del mundo en Panamá con el Papa,

pero la JMJ hay que vivirla todos los días.

Hubo también a finales del año pasado

el sínodo dedicado a los jóvenes.

Qué le falta a la Iglesia española, en este caso,

vamos a fijarnos en lo que nos queda más cerca,

para enganchar definitivamente a los jóvenes.

¿Qué les falta a los jóvenes para engancharse a la Iglesia?

Hombre,

si yo tuviese esa respuesta para poderla decir aquí rápido,

bendito sea Dios.

Creo que, quizás, lo que nos falta es, por una parte,

audacia y confianza en el corazón de los jóvenes,

para pensar que aquello que la Iglesia anuncia,

tiene una cualidad permanentemente joven, que a un corazón joven,

que de una u otra forma siempre

experimenta un latido vigoroso por la libertad,

un latido fuerte por el amor, por amar y ser amados,

y un latido inextinguible por la alegría, por la felicidad,

que a veces se hace fiesta, o solo fiesta.

Pero ese triple latido está en todo corazón humano,

pero de una forma singular

en el corazón de un chaval y una chavala.

El poder ofrecer el Evangelio del Cristo,

ayuda a una libertad más audaz,

a un amor que no se ve limitado solo por las correspondencias,

y a una alegría que incluso puede ser compatible, a veces,

con las lágrimas en los ojos.

Si nosotros fuésemos capaces de transmitir al corazón de un joven

que Jesucristo es capaz de liberar la libertad,

de ensanchar el amor y de ofrecer una alegría que no acaba,

bueno, por ahí estamos.

Decías bien lo de la Jornada Mundial de la Juventud,

la propuesta es de una peregrinación a lo largo de toda la tierra,

que va haciendo sus estaciones.

Acabamos de vivir la estación de Panamá,

pero ya se nos ha dicho cuál es la siguiente.

Nos vamos a Lisboa. La estación de Lisboa.

Y entre una estación y otra,

entre sentarnos en esa tienda de campaña grande,

que ha sido Panamá, que hace no tanto fue Madrid,

las iglesias se plantean toda esta renovación

para hacer llegar el Evangelio a los jóvenes.

O también para llegar la buena noticia del Evangelio hecha caridad

y obras de misericordia a tantos jóvenes

en tantos lugares de la tierra,

que no tienen siquiera la posibilidad de ser jóvenes.

Yo percibo que en las sociedades occidentales

hablamos con mucha alegría de adolescentes y jóvenes,

pero hay muchos chicos sometidos a trabajo esclavo,

muchos casi niños que se ven obligados a salir de casa

muy pronto para ver si consiguen algo de comida

que llevar a sus hogares.

No perdamos de vista que la juventud es una clase social

que prácticamente ha aparecido en el siglo XX.

Todavía en el siglo XIX, entre nosotros,

en las grandes revoluciones industriales del siglo XIX,

en la vieja Europa,

los jóvenes estaban obligados a trabajar en condiciones insalubres

sin seguridad social, y sin condiciones laborales mínimas.

Esto sigue ocurriendo hoy en amplios lugares de la tierra.

Incluso, a veces la ropa que llevamos

está fabricada por gente joven en condiciones de trabajo esclavo.

Y eso también la Iglesia ha de, por una parte, denunciarlo,

y por otra parte,

promover una vida solidaria que haga posible

la transformación de esta realidad que afecta a tantos jóvenes.

Si fuésemos capaces de hacer llegar a los jóvenes de aquí

cómo viven los jóvenes de otros sitios...

A veces, para poder llevar un teléfono móvil

en la mano con el coltán que se ha tenido que excavar

y extraer de algunas minas por coetáneos suyos en trabajo esclavo,

seguramente se produjera un revulsivo.

Se nos está yendo el tiempo, y no hemos hablado de dinero.

Ya tendremos ocasión cuando se presente la memoria de la Iglesia,

por ejemplo, a final de temporada, que decimos aquí en televisión,

por el mes de mayo o junio.

Sí al menos mencionar que recientemente se han presentado

los datos del IRPF de la campaña del año 2017,

que corresponde al año anterior, y que ha habido un incremento.

Tanto de españoles que han marcado la X,

es una forma de la autofinanciación de la Iglesia,

que se hace de manera directa con algunas colectas,

y se hace de esta manera indirecta

a través de la llamada asignación tributaria,

un ejercicio de democracia fiscal que sería tan importante

que quizás se abriera a otros ámbitos

de la realidad fiscal española.

Nos alegra ver esta confianza de los españoles en la acción

y la vida de la Iglesia.

Don Luis Argüello,

Secretario General de la Conferencia Episcopal y portavoz,

le agradezco muchísimo este tiempo que nos ha dedicado,

y le invito para lo antes posible. Encantado, un placer.

Para que sean penúltimas preguntas.

Penúltimas, efectivamente. Muchísimas gracias.

Y a todos ustedes, amigos,

gracias también por este tiempo que nos han dedicado.

Les emplazamos, si ustedes lo desean y si Dios quiere,

hasta el próximo domingo aquí en TVE.

(Música)

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Últimas preguntas - Mons. Luis Argüello

24 feb 2019

El domingo entrevistamos a Mons. Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española, con quien abordaremos asuntos de actualidad como los retos de la Iglesia en España.

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