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Para todos los públicos Últimas preguntas - Infancias rotas - ver ahora
Transcripción completa

transgrede las normas, entonces, como padre tienes que saber.

(Música cabecera)

Hola, amigos, muy buenos días, muchísimas gracias

por estar con nosotros otra semana aquí en "Últimas preguntas".

Vamos a hablar de un tema que no se habla mucho de él,

sinceramente. Es verdad que en los informativos,

en los periódicos, en las radios, cuando ocurre algún hecho

especialmente llamativo, pues aparece,

pero por desgracia es un tema que está bastante oculto.

Es cierto que es un tema tremendo, es un tema muy doloroso,

pero no por ocultarlo lo va a ser menos,

al contrario, se podrían prevenir y seguro que salvar

muchas situaciones si se hablase más de esta cuestión.

Nos referimos al tema de abusos a los niños,

de abusos a los menores.

Está con nosotros una persona de la que les puedo contar

que es licenciada en Filología Anglogermánica,

que es diplomada en ciencias religiosas,

que es madre de cuatro hijos, pero, si me permiten,

hoy yo le voy a poner un calificativo:

es una persona valiente porque ha abordado este tema

que, como digo, no es fácil y no se quiere hablar demasiado de él.

Ella es María Martínez-Sagrera. Bienvenida, María.

Hola.

Muchísimas gracias por estar con nosotros.

Autora del libro que hoy nos convoca, "Infancias rotas",

un libro publicado en la Editorial Mensajero,

que también yo creo que hay que destacar la valentía

al querer dar visibilidad a un tema que está bastante oculto.

María, me imagino que no habrá sido fácil para ti,

nos vamos a tutear si me permites. Sí, por supuesto.

No habrá sido fácil para ti ni investigar

ni siquiera luego plasmar lo que aquí cuentas.

Bueno, la investigación, como es un tema más de campo,

más académico, puede ser algo más asequible.

El abordar esta novela sí ha sido muy difícil

porque todo lo que yo me he encontrado en mi camino

ha sido devastador, ha sido espantoso,

nadie quiere saber de ello.

Y yo, sin embargo, mi reto era escribir una novela

que todo el mundo quisiese leer, una novela que te atraiga

y que la leas no solamente por el interés por el tema,

sino porque es una buena novela, que te entretenga, que te divierte

y que te apetece leer.

Es una novela dura en la que recoges casos,

no son casos concretos, en el sentido que no estás plasmando

la historia de nadie en concreto, pero son tres casos en concreto

basados todos en situaciones reales que tú has conocido,

que has investigado y que por desgracia existen.

Sí, algunos casos los he conocido en primera persona,

otros los he conocido a partir de informes,

de estudios, de sentencias, y bueno, he intentado coger

lo más significativo, lo que más se da,

aunque a todo el mundo le sorprende, porque dicen "Pero ¿esto?",

no, es que esto es la realidad.

Por eso he puesto esta realidad y no otra.

Una realidad, estamos hablando de casos de abusos sexuales a menores,

que se da en el seno de la propia familia.

Por desgracia, en más ámbitos, pero estadísticamente

la mayoría de los casos están en el seno de la propia familia

o al menos, en el entorno más cercano,

tanto familiar, como decimos, como de amistades o de cuidadores.

El 65%, dentro de la familia, o sea, algún miembro de la familia:

padre biológico, padrastro, abuelo, tío, hermano...

Luego, un 20%, personas muy allegadas a la familia

y que gozan de toda la confianza, por eso es tan fácil

el acercamiento con el niño.

¿Por eso es tan fácil el acercamiento, María,

y tan difícil la denuncia, la visibilidad,

el reconocer que algo puede estar pasando?

Claro, yo creo que les da miedo las consecuencias que pueden pasar

o al cartel de esta familia tal...

Entonces, intentan separar el tema del abuso de lo público.

Se sabe lo que está pasando y lo encierran dentro de la familia.

Hay dos problemas gravísimos: primero, dejamos de proteger al niño

y además le estamos negando la posibilidad a recuperarse.

Y luego, es un delito, nos convertimos en encubridores.

Tú insistes mucho en esta novela en ese tema.

Insistimos, es una historia novelada,

pero de historias reales al fin y al cabo

en la que en todos los casos se da esa circunstancia,

de una u otra manera, con diversos matices,

pero se da esa circunstancia de encubrimiento,

de no reconocimiento, de no denuncia en algunos casos.

Tú insistes mucho en la necesidad de dar luz a esta realidad.

Claro. Vamos a ver, yo creo que el tema de los abusos a menores

necesita por parte de todos, primero, sensibilizar,

o sea, tiene que dolernos.

Como no lo miramos, no nos duele, vivimos alejados y ajenos a él.

Luego, concienciarnos de que esto pasa

y creernos la cifra, las cifras están ahí

y están al alcance de cualquier persona,

pero es mucho más fácil decir "No me lo creo",

o decir "Esto pasa en entornos muy lejanos al mío,

como no me salpica, puedo vivir tranquila".

Luego, informar, informar o formar, depende.

El profesional de entorno infantil tiene que estar bien formado

para saber identificarlo.

Y la familia tiene que estar informada de lo que pasa.

Y solo a partir de estas tres fases, podremos prevenirlos.

Entonces insisto, claro, no puede ser un tema fantasma,

un tema oculto, tiene que ser un tema visible.

Ahí está el interés mío de la novela, ponerlo encima de cada hogar,

que se pueda hablar en una tertulia, una sobremesa.

Yo he insistido también con la editorial en el formato,

y dije "Quiero que sea un libro de metro",

que te lo puedas llevar en el metro, leerlo, debajo del brazo,

que sea un libro de fácil lectura.

Desde luego que lo es, es de fácil lectura,

pero de difícil, si me permites esta expresión,

de difícil digestión en el sentido de que nos va a dar,

y eso es lo que pretendes, obviamente,

que nos va a dar mucho que pensar y desde luego,

encontrarnos con una realidad que pensamos que no existe.

Antes aludías al tema del entorno,

tendemos a pensar "Bueno, esto pasa en otros ambientes,

cerca de mí segurísimo que no se está dando".

Este es uno de los principales problemas,

uno de los principales errores en los que caemos.

Claro, lo convertimos en un problema fantasma

o, mejor dicho, lo hacemos tan invisible

que no llega ni a categoría de problema.

Si no es problema, tampoco buscamos una solución.

Entonces estos niños si no se les trata adecuadamente,

son muy difícilmente recuperables.

El 50% de ellos va a desarrollar comportamientos antisociales,

pueden ser violentos o no, pero siempre antisociales.

Y un 25% de los varones van a ser abusadores el día de mañana.

O sea, o le plantamos cara y con valentía, que tú has insistido,

con esa expresión, o no hacemos nada.

¿Cómo se puede detectar, cómo podemos detectar

que se puede estar dando un caso?

Claro, con esto siempre hay que ser muy precavidos, obviamente,

está bien la presunción de inocencia,

pero también hay que tener un poco de vista.

Pero claro, para eso hay que conocer.

¿Cuáles serían esos datos o esos rasgos

que nos pueden hacer sospechar que un niño

está siendo víctima de malos tratos? De malos tratos sexuales,

me refiero, de abusos sexuales. Sí, sí.

Hay muchísimos indicadores y todos son objetivos, claros, obvios,

se comentan "Pero ¿qué le está pasando al niño?

¿Por qué hace esto? ¿Por qué hace lo otro?",

O sea, no pasan desapercibidos.

Lo que no encontramos es el nombre adecuado

o el origen real de ese cambio de comportamiento.

Lo primero, el niño cambia radicalmente de actitud.

Todos sus hábitos cambian, de sueño, de alimentación,

la manera de relacionarse con los demás,

los niños, sobre todos los más pequeños,

esa mirada triste, opaca, distante,

eso que te hace pensar "Está incubando un virus",

que es algo muy común, que les pasa a todos los niños,

pasa en todos los hogares. No todos los niños que incuban

un virus tienen un abuso sexual detrás,

pero si lleva un mes incubando el virus

y además el niño no solo ha dejado de comer,

sino que le cuesta trabajo dormir, tiene pesadillas,

no quiere ir al colegio, le da miedo estar con ciertas personas

que hasta ese momento sí estaba...

Oye, hay que plantearse algo.

Si encima le sumamos el hecho de que a lo mejor

el niño empieza a venir con regalos o con juguetes

y no preguntamos o nos conformamos con una respuesta,

"Me lo han prestado en el colegio"...

Hay indicadores específicos de los abusos.

No los conocen los mismos profesores y tendrían que conocerlo,

que son conductas sexuadas, o sea, un dibujo sexual

no existe en un niño que no está viviendo esto.

Pues qué fácil, a través de un dibujo.

Sobre todos los dibujos de familias, que los colegios insisten mucho

en hacerlos para descubrir cosas, pero esta posibilidad no existe.

Es que es tremendo, juegos.

Un niño no tiene juegos sexuados, un niño pequeño,

solamente aquel que lo está viviendo en primera persona.

Si es tan fácil como eso.

Y en el caso, porque explícitamente tú planteas,

con esto no voy, ahora que se dice, hacer spoiler del libro,

ni muchísimo menos, pero sí que es una realidad

que, insisto, tú muy valientemente abordas,

es que es un caso crudísimo, todos lo son,

pero como lo vas narrando en tiempo real

pues es realmente duro el tema del bebé.

En los casos de los bebés, porque desgraciadamente existen

casos de abusos sexuales a bebés,

¿cómo se puede detectar en niños tan pequeñitos?

Pues lo mismo, cambio de actitud. Ajá.

O sea, aunque sea un bebé, aunque no hable,

aunque no se exprese, el niño cambia sus hábitos.

Todos los bebés, las madres tendemos a que tengan una vida regular,

de sueño, de comida, de hora de paseo,

pues el niño va a ir contra todos esos hábitos.

¿Eso te lleva a detectar el abuso?

No, te lleva a detectar que hay un cambio.

Que algo pasa.

Entonces tienes que profundizar un poco más.

Y en cuanto al libro, es una parte muy dura,

que a mí me costó mucho escribir. Me imagino.

Yo no era capaz de escribir esa parte,

tuve que recurrir a sentencias reales,

y vi imprescindible ponerla porque como todo mi interés

era hacer un libro de muy fácil acceso,

que la misma manera de escribir, el estilo literario

te lleva a querer pasar una página y a seguir leyendo,

llegar hasta el final, el suspense, la intriga,

digo "Tampoco quiero que al final del libro

no sepas lo que es un abuso", porque la mente sana

no es capaz de imaginarlo. Claro.

Y me parecía fundamental ponerlo. He intentado no ahondar,

no hacer daño, porque también hay muchas personas abusadas

que puedan acercarse. Que puedan, claro, leer el libro.

Y lo último que yo quiero es hacerles más daño,

porque ya sufren bastante.

Entonces era fundamental, pero digamos que incluso aislado

dentro de la novela.

(ASIENTE) Es verdad que hemos hablado mucho de valentía

y yo creo que aquí, igual que hablábamos de la tuya

a la hora de abordar este libro

y poner sobre la mesa una realidad que existe,

también yo creo que es necesaria esa valentía

por parte de los padres, en primer lugar, los profesores,

los pediatras, dijo estas profesiones,

que están más cerca de los niños, del trato cercano con niños

y que lo pueden detectar,

pero cuando vemos unos comportamientos,

como muy bien señalabas, diferentes en los niños,

yo creo que dejamos para el final, si es que llegamos a considerarlo,

el que pueda estar siendo víctima de un abuso.

Entonces claro, hasta que no seamos capaces de asimilar que eso existe

y, discúlpeme que insista tanto en esto,

no vamos a ser capaces de atajar la situación.

Dentro del elenco de posibilidades, nunca está el abuso.

Nunca, la desechamos en primer lugar.

Nunca, es que no existe, es un tema que no nos planteamos.

Y esa es la gravedad del tema.

A mí, en Sevilla, que es donde yo vivo,

presenté el libro la semana pasada

y a lo largo del puente ha habido tantas personas que se lo han leído

que me han mandado mensajes...

Y sobre todo, lo que más me llama la atención

es el agradecimiento a haberse metido en un tema

que nunca les había interesado, pero no por desprecio,

sino porque no está dentro de la mente,

que eso pueda ser algo real. (ASIENTE)

María, ¿es importante hablar de estos temas con los niños?

Porque claro, los padres, los profesores, médicos, cuidadores,

podemos estar alerta, pero es muy difícil que un niño

ponga nombre, por un lado, porque no lo sabe,

y por otro, porque me imagino que el miedo atenaza, obviamente,

es difícil que un niño llegue a contar que le está pasando algo.

¿Se podría allanar un poco el terreno si hablásemos

con normalidad, con naturalidad de este tema,

igual que hablamos de otros temas con nuestros hijos?

Sí, sí, es otra cara más.

O sea, dentro de dar visibilidad al problema de los abusos,

también hay que hablar con los niños.

Estamos hablando con niños, no podemos darle una información

que ellos desconocen, pero sí hay que darle claves.

A los niños, a todos les prevenimos de no coger un caramelo

de un desconocido, de no hablar con desconocidos,

pero de este tema no.

Y yo creo que los niños están muy preparados

para entender sin escandalizarse y para no darle más vueltas.

Las madres también sabemos muy bien acercarnos a ellos

y simplemente decirle a un niño

"Oye, cuando a ti alguien te dé este abrazo que te doy yo,

que soy tu madre, y tú notes algo raro,

tú me lo puedes contar".

No hay que decir nada más.

El niño tampoco le va a dar más vueltas,

pero si esa situación ocurre, el niño va a hablar.

De hecho, todos los niños que sufren abusos hablan.

Lo que pasa es que hablan a su manera.

¿Y se les escucha? No. No se les escucha

porque los padres, o los educadores, o la persona que el niño haya elegido

para confiarse no sabe del tema, no sabe de qué le está hablando,

tienden a pensar "Bueno, los niños fantasean,

está llamando la atención, ha nacido un hermanito,

entonces quiere él el protagonismo

o está viviendo una situación complicada la familia

y el niño se ha venido abajo por eso...",

siempre se busca otra excusa.

Si son adolescentes, hablan a su manera.

Un adolescente grita, un adolescente se comporta mal,

transgrede las normas, entonces, como padre tienes que saber.

"¿Este es el comportamiento normal de mi hijo

o está pasándose un poquito más de lo que le correspondería?"

Cada niño es un mundo, cada familia es un mundo,

pero todos los niños hablan, hay que saber escucharlos.

¿Y el sistema legal que tenemos, por ejemplo, en nuestro país,

escucha también estas realidades? El sistema legal está bien diseñado,

es mejorable, como todo, pero está bien diseñado.

Lo que pasa es que yo creo que no se pone muy en práctica.

Lo primero que se dice es que el niño nunca debe ser interrogado,

ni siquiera debe llegar a un juez, salvo en caso fundamental,

el niño tiene que ser, digamos, abordado de una manera infantil

por trabajadores sociales, por peritos, por forenses,

por personas especializadas.

Ellos hacen un informe y ese informe es el que va a juicio.

Ese informe tiene como valor el prioritario dentro del juicio,

pues se tiende a darle mucho más valor y más crédito

al testimonio del adulto.

María, ¿por qué te has acercado tú a esta realidad?

¿Qué te ha llevado no solamente acercarte a esta realidad,

sino ir más allá y transmitir esta realidad en forma de libro?

Porque por tu formación, quiero decir, no eres jurista,

no te dedicas especialmente al ámbito infantil, juvenil.

¿Por qué? Bueno, al ámbito infantil

me he dedicado siempre, pero de modo personal.

Desde otra perspectiva. Sí, desde otra perspectiva siempre...

En un momento de la novela le preguntan a una periodista,

"Pero es que qué poco te pega",

y dice "Pues no lo sé, pero los niños siempre me han llamado".

Y entonces pues de casualidad, una noticia, enseguida,

también, casualidades de la vida una experiencia cercana,

ya te interesan más, lees un poco, cuando lees ya te llaman la atención

esos datos, esas cifras, una de cada cinco niñas,

uno de cada siete niños. Es que son cifras tremendas.

Claro, y dices "¿Y yo no las conocía?",

"¿No me he encontrado con ningún caso?",

"¿No conozco a nadie?",

"¿Nadie del colegio ha detectado ni cuando yo era alumna

ni cuando tengo hijos"? "¿Y por qué no se habla de esto?"

y entonces vas profundizando más y me doy cuenta

de que el primer problema es precisamente ese silencio

y yo quiero dar voz a estos niños.

Has titulado la novela, el libro, "Infancias rotas".

¿Infancias o vidas que se pueden reconstruir?

Se pueden reconstruir siempre desde la detección

y el devolverle al niño lo que se le ha robado.

O sea, un niño es una persona en desarrollo.

Los temas de violencia de género son gravísimos,

pero se están dando en personas que ya están desarrolladas

y que ya, digamos, tienen su personalidad

o sus capacidades hechas, aunque luego siempre

las pueden potenciar más.

Un niño está haciéndolo, no tiene eso que le están quitando.

Entonces a un niño que le quitan la capacidad de amar,

la capacidad de proteger, la capacidad de comprender,

incluso de aceptar la autoridad,

difícilmente va a tener una vida sana.

Si le rompes la infancia, le rompes la vida.

¿Qué no tiene solución? Por supuesto que no,

es en lo que yo insisto todo el tiempo,

es una novela con tono esperanzador y optimista.

Entonces, es mi mensaje, hay que detectarlo

para darle el tratamiento adecuado

para restaurar todas esas dimensiones que hemos roto

y tendrán una vida sana, estupenda y fantástica.

Lo que les ha pasado les ha pasado, eso no lo pueden borrar,

pero sobre esas cenizas, pueden construir algo muy grande.

Y para eso es fundamental la formación,

antes de algún modo lo apuntabas, pero igual que en los colegios,

por ejemplo, se está trabajando mucho el tema del bullying,

y está muy bien, también hay que abrir un poco la mirada

y abordar otras cuestiones, como pueda ser esta.

Sí, además está todo muy relacionado. Claro.

Los niños abusados son normalmente niños más tímidos.

Suelen buscar niños discapacitados física o psíquicamente,

niños que tengan poca empatía, niños más solitarios,

por eso es más fácil acercarse a ellos,

estos niños también son con un perfil muy común

dentro de los niños que sufren bullying.

Y hay otra cosa demoledora

y es que los niños que sufren algún tipo de maltrato,

suelen sufrir varios tipos de maltrato,

no solamente uno. Es tremendo, es tremendo.

María Martínez-Sagrera, de verdad te agradezco

obviamente que hayas estado hoy con nosotros, pero sobre todo,

que te hayas acercado a esta realidad y con valentía

nos la hayas acercado a nosotros.

Merece la pena, de verdad, "Infancias rotas",

una novela, un libro que encontramos en la editorial Mensajero,

que, como decía al principio, creo que también hay que destacar

la labor de una editorial como es esta,

que abre las puertas, porque imagino que alguna puerta se habrá cerrado

en el camino y está bien que haya editoriales como Mensajero

que quieran también dar visibilidad, dar luz a unas situaciones

como estas tan tremendas y, por desgracia, tan cercanas.

María Martínez-Sagrera, muchísimas gracias.

Muchas gracias a ti.

Y nosotros ahora nos quedamos con otras historias

que nos cuenta en este caso Margarita García.

"Atrévete a ser misionero" es el lema

con el que Obras Misionales Pontificias

nos invita a celebrar el Día de la Infancia Misionera.

Fruto de esta jornada, que cumple 175 años,

es la vida y vocación de Monseñor Francisco Lerma,

obispo de la diócesis de Gurúe, en Mozambique.

Mi vocación misionera nace con la infancia misionera

de los años 50.

En España había una sensibilidad, un ambiente misionero muy grande.

En mi diócesis de Cartagena, Murcia, en este tiempo

había más de 50 sacerdotes y de Domund en América Latina,

especialmente, y también en África y en Asia,

y allí en ese contexto, en las escuelas en esos años,

los maestros eran casi, no digo misioneros,

eran los que promovían la vocación misionera.

Yo me acuerdo de que mis maestros tenían siempre unas huchas en la mesa

y los lunes los niños íbamos allí y poníamos un poco los 5,

los perros gordos, que se llamaban.

En las parroquias se organizaban las jornadas del Domund,

cabalgatas, teatro, poesía, concursos,

había más de elaboración y todo eso. O sea, había un ambiente misionero,

que después lo encontré también en el seminario.

¿Y cómo pueden ser los niños misioneros?

Abriéndose un poco al mundo, no quedarse cerrados en sus familias

o en su trabajo o en sus diversiones o en las cuestiones políticas

de aquí solo del país, hay que abrirse.

Eso es lo primero, actitud, una abertura a todo el mundo,

un salir de mí mismo, como dice el papa,

salir para entrar en contacto con la realidad de este mundo,

que no tiene que vivir de la esperanza

de un mundo de injusticia o un mundo de guerra, un mundo de violencia,

hay que ir al encuentro de este mundo,

eso es lo primero, mentalidad.

La segunda, son los caminos normales de la cooperación misionera,

la oración, que pone en contacto con un dios que es padre de todos,

con un dios que es padre bueno, es padre misericordioso,

un dios que comparte su amor y su vida

y entonces el niño tiene también que abrirse a este dios

a través de la oración. Después vendrá el sacrificio,

los pequeños sacrificios de los niños, a su nivel,

según sus capacidades, y después, entonces también la ayuda económica,

pero la ayuda económica tendrá sentido si existe lo primero,

una mentalidad nueva, que nos la da el Evangelio,

una abertura a nosotros y un rezar también a Dios

por todas las necesidades y las tribulaciones.

La diócesis de África y de Asia y alguna de América Latina

vivimos gracias a las colectas que se hacen, como digo,

de la infancia misionera y también del Domund.

Nuestras diócesis tienen su sitio ordinario

de la Santa Sede a través de Propaganda Fide,

y es fruto de esta generosidad de los cristianos

de la vieja cristiandad. Hay un hogar para niños huérfanos,

se llama Arco Iris y se mantiene gracias a este subsidio

que Propaganda Fide dedica a esta obra.

Lanzarse a ser misionero.

Francisco se atrevió hace más de 40 años.

¿Y tú te atreves?

Es en este edificio donde se sitúa nuestra historia.

Allí viven tres niños, cada uno de un país distinto:

Carlos, Susana y Javier.

Carlos tiene 10 años, vive en el 3 A,

que es un país con muchos recursos, tiene de todo.

En su país aún es de noche, es un buen estudiante

y le encantan los videojuegos.

De mayor le gustaría estudiar... ¡Informática!

Para ser desarrollador de videojuegos,

crear historias para que los niños disfruten

y aprendan como él lo hizo en su infancia.

Por eso siempre que se le ocurre una idea para un juego nuevo

la apunta en su libreta.

Bueno, pues así nos despedimos, con el deseo de que todo

lo que hemos hablado en el programa de hoy

dé pie a seguir la conversación, es lo que siempre pretendemos.

Que aquí no se agote y que siga en casa, en la escuela,

en cualquier otro ámbito.

Gracias por haber participado de este encuentro

y hasta la próxima semana.

(Música créditos)

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Últimas preguntas - Infancias rotas

28 ene 2018

María Martinez-Sagrera es la autora del libro Infancias rotas, una novela que ahora con valentía el tema de los abusos sexuales a menores.

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  1. Annita

    Es el caso reflejado de una amiga, se ha descrito todo pero no creen a la niña,q con dos añitos ya lo mostraba

    01 feb 2018