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Para todos los públicos Últimas preguntas - Encuentros - ver ahora
Transcripción completa

pero un libro como este, es que tú no lo has terminado,

(Música cabecera)

Hola, amigos, muy buenos días,

bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Bienvenida la persona, la mujer, la amiga que hoy nos acompaña.

Amiga mía, yo creo que podemos decir sin temor a equivocarnos demasiado

que al menos muy cercana a los espectadores de "Últimas preguntas",

porque ha venido en bastantes ocasiones.

Y nos consta, por los mensajes que ustedes nos hacen llegar,

que la esperan y disfrutan cuando está con nosotros,

así que se cumple todo para que podamos pasar un rato muy agradable.

Está con nosotros Carmen Guaita. Buenos días, Carmen.

Qué alegría. Qué alegría, otra vez.

Sí, muchas gracias, María Ángeles.

Muchísimas gracias a ti por estar con nosotros para hablarnos,

iba a decir yo de un libro, sí, efectivamente,

acabas de publicar, hace unas semanas has publicado "Encuentros".

Pero vamos a hablar de la vida, porque de eso trata este libro, ¿no?

La verdad es que sí, "Encuentros", la vida son los encuentros.

¿Podemos definir nuestra vida en función de los encuentros

que tengamos o hayamos tenido?

Yo creo que completamente, que la vida del hombre

está hecha de principio a fin de los encuentros.

De hecho, el ser humano nace desvalido, tiene que encontrarse

con alguien que lo cuide, alguien que lo quiera.

Y a partir de ahí, toda nuestra vida está hecha...

Cada mañana que despertamos es para recibir una interacción con los demás

y para enriquecerte, modificar tu vida con ella.

Sinceramente, creo que somos los encuentros

que hemos tenido en la vida.

Incluso con nosotros mismos.

El encuentro fundamental,

el encuentro apelador al que todos los demás encuentros te deben llevar,

creo yo que es, ese encuentro interior de: "¿Quién soy yo?

¿Cómo quiero vivir?".

Ayer, precisamente, leía un libro de filosofía,

que decía que el ser humano es el único ser vivo

que tiene que estar constantemente decidiendo cómo quiere vivir.

Y en ese reto de la libertad y de construirte a uno mismo

está el encuentro contigo, claro.

Que también tenemos que propiciarlo, porque puede parecer paradójico,

pero a veces nos resulta mucho más fácil

encontrarnos con los demás que propiciar ese encuentro, serio,

me refiero, con nosotros mismos. Con la interioridad.

Y sin embargo, es una demanda que tenemos.

Yo estoy convencida de que esta demanda que tenemos ahora mismo,

en una sociedad tan rápida, tan agónica como la nuestra,

que nos lleva a una velocidad tan grande,

esa necesidad que estamos teniendo de la meditación,

de técnicas de yoga, cuando se habla del "mindfulness",

es decir, la consciencia de uno mismo,

lo que estamos es clamando por la vida interior.

Nuestras tatarabuelas lo llamaban examen de conciencia.

Claro. Yo creo que hay que hacerlo a diario.

En este libro, y además me ha encantado ese planteamiento,

vas desgajando esos encuentros, como decimos,

con los demás, por supuesto, con nosotros mismos, con Dios,

encuentros con la vida, encuentros con la muerte,

que al fin y al cabo es la vida.

Encuentros que además tú has querido plantear

también en forma de etapas.

El encuentro con nosotros de niños,

el encuentro con nuestra madurez,

el encuentro con nuestra edad adulta, con la vejez, con la muerte.

Todo ese proceso del que venimos, y al que vamos.

Sí, hay una cita, porque el libro contiene bastantes citas,

que forman parte de mi bagaje, de mis cuadernos.

Soy la loca de los cuadernos, están todas en mis cuadernitos.

Hay una cita del filósofo Kierkegaard

que habla precisamente de esto, María Ángeles, del tiempo, y dice:

"El presente no es la medida del tiempo, el presente es el instante

donde el tiempo se encuentra con lo eterno".

Yo creo que si pensamos bien lo que significa esta frase,

el momento que nosotros vivimos es un encuentro entre el tiempo tasado

de nuestra vida y la eternidad.

Por eso nuestra vida se desarrolla...

Por eso tenemos que ser conscientes de nuestra vida,

y de cómo se desarrolla en momentos presentes.

A mí, como me dan grandes lecciones mis alumnos,

te tengo que contar que están preparando una exposición.

¿Ah, sí?

Sí, una exposición de su propio patrimonio.

Ajá. Personal, de niños.

(ASIENTE) De su historia.

Y la están preparando, bueno, se hablará de ella,

en el Centro Cibeles de Madrid.

Han estado ellos trabajando en cómo se va llamar esta exposición,

y una niña me dijo: "Una exposición sobre nuestra historia

y nuestra memoria de niños debería llamarse 'Crecemos por momentos'".

A mí me impactó, porque el ser humano crece por los momentos.

Crecemos por momentos, por la riqueza de los encuentros,

por los momentos en que hemos sido bendecidos, conscientes,

o por los momentos de dolor, así que esta niña me daba una gran clave

y es cierto, los seres humanos crecemos por los momentos,

ese es el presente.

En este libro, bueno, yo creo que en todos tus libros,

incluso en las novelas, que podía ser donde el autor

quizá pueda ser más objetivo, ponerse más hacia un lado,

pero yo creo que en tu caso te implicas tanto,

que estás en todos tus libros,

pero en este especialmente, ¿no, Carmen?

Es que al ser un libro de reflexiones personales,

no he tenido más remedio que ser sincera,

y ahí están plasmados, entre líneas, mis propios encuentros, claro.

Me ha emocionado el encuentro con los padres,

con el padre y con la madre. Sí.

El encuentro con los padres, ese encuentro que señala,

que define posiblemente la vida entera, la vida entera.

Es el encuentro...

Es el encuentro primordial,

visto desde el punto de vista del hijo,

y visto desde el punto de vista de los padres.

Claro.

También tenemos que ser conscientes

de que ese ser que se nos otorga durante un periodo de la vida

para que nos encontremos con él y él se encuentre con nosotros,

es un gran tesoro, y un gran desafío.

Y sí, el libro está dedicado a mi madre.

Sí.

(RÍE)

Carmen, hasta el momento, digo hasta el momento,

ahora mismo se está produciendo otro encuentro,

además, para mí, si me permiten este paréntesis, fascinante,

con personas a quienes no vemos nosotras,

que no conocemos, pero que nos estamos encontrando,

a mí esto me deslumbra cada semana, ¿no?

Pero, en tu vida, ya que hablábamos de que es un libro

obviamente muy personal, hasta el momento,

¿cuáles han sido esos encuentros que más te han marcado?

Muchos, porque, humildemente,

confieso que soy una persona privilegiada.

Y los encuentros han sido desde la infancia,

desde mis padres y mis abuelos,

absolutamente determinantes para mí,

hasta el encuentro con mi marido, con el que llevo toda la vida.

Y fíjate, y te voy a decir que con mis suegros,

a los que quise y todos los días menciono, hasta hoy.

El encuentro con los hijos. Claro.

Es impactante, absolutamente transformador.

Pero luego, el encuentro con los alumnos, porque claro, un profe,

construye su vida profesional sobre encuentros con otros seres humanos,

y es el gran privilegio de mi profesión de maestra.

El encuentro, estoy por decirte, hasta con los lectores

de los libros, que ven cosas que yo no veía,

y que proyectan en el libro a sí mismos, con lo cual enriquecen...

El encuentro con la amistad, para mi vida, fundamental,

tú eres amiga mía. Muy importante, ¿eh? Sí.

Y el encuentro contigo, que fue en un plató de televisión,

jamás lo voy a olvidar, la verdad.

Y el encuentro con mis amigas y mis amigos,

personas muy transformadoras, muy influyentes para mí.

Y el encuentro con mis hermanos, es que no me puedo dejar

a nadie en el tintero.

Mi vida es ancha, todas las personas que tenemos el privilegio

de tener una vida ancha, tenemos que dar gracias a Dios.

Y el gran encuentro, que es el encuentro con uno mismo,

yo estoy en proceso, como todo ser humano,

pero también el encuentro con la trascendencia.

Ese privilegio de pensar que hay un Padre

que me conoce y me distingue entre todos los seres humanos,

al cual yo me puedo dirigir, pedir ayuda, y recibir ayuda,

es un encuentro maravilloso, la verdad,

la fe es también un gran encuentro.

Acabas de mencionar algo que...

Perdona, y a quien me dejaré en el tintero, perdonadme.

(RÍE)

Están sus encuentros también con quienes no se puede nombrar,

porque sería solo para nombrar encuentros, efectivamente, Carmen.

Has mencionado, Carmen, un aspecto que me parece que es una constante

en el libro, y que tanto de forma expresa como de forma más implícita,

y es el tema de la individualidad de cada uno,

que yo creo que es lo que hace que cada encuentro sea original,

aunque sea con la misma persona 20 000 veces a lo largo de la vida.

Sí, la individualidad creo que es muy importante.

Pero también es cierto que corresponde a un patrón

de creencias muy particular.

He tenido el gran privilegio de conocer a personas que,

pues mira, como Víctor Ullate, un gran encuentro en mi vida,

que me permitió ser su biógrafa,

que tiene una idea

relacionada con la visión oriental del ser humano,

que forma parte de un círculo.

Sin embargo, yo creo que nosotros, los cristianos, los católicos,

tenemos una visión del alma individual

creada expresamente a medida para cada uno de nosotros.

Y a mí esa idea me llega al alma, nunca mejor dicho,

y me interpela el pensar que...

que cada uno de nosotros es un ser absolutamente irrepetible,

que no ha habido nadie como nosotros ni lo habrá,

que somos absolutamente imprescindibles

para que la realidad en la que nosotros estamos

sea como es.

Aunque, evidentemente, podamos faltar y la realidad continúe.

Pero esta idea de la individualidad es también muy...

Interpela mucho. Mucho.

Porque entonces interpela, efectivamente, a la libertad,

a lo que tú quieres hacer con tu vida, a tu tiempo,

a qué haces tú con tus talentos, esos talentos de la parábola,

que es una parábola que a mí siempre me ha impactado mucho,

el decir: "¿Cuántos talentos te dieron?

¿Seis, ocho, nueve, diez, dos? Pero ¿qué vas a hacer con ellos?

Tú, solo tú".

Y también esa idea de que nosotros

no estamos absolutamente condicionados

por el entorno en el que nacimos

o por el entorno en el que nos movemos,

que es una idea que sí tienen otras religiones, posiblemente,

sino la idea de que nosotros podemos hacer con nuestros mimbres

un cesto, una canastita

absolutamente individual y única,

y esto es, a la vez, muy interpelante,

te produce un poco de agobio, porque eres tú ante la vida,

respondiendo tú,

pero, por otro lado, también es un reto muy bonito.

A mí, hablando de retos, uno que me parece magnífico

y me interpela y me deslumbra, podía decir,

es el encuentro que se produce, un poco lo que te decía antes, ¿no?,

el encuentro que se produce entre personas

que igual se ven todos los días a todas horas.

Puede ser, ahora mismo, con las jornadas largas de trabajo,

un compañero de trabajo, o cómo no, los hijos,

el marido, la mujer, los padres...

¿Cómo es posible que un encuentro tan repetido a lo largo del tiempo

sea siempre nuevo y original?

Por los seres humanos.

Es que, claro, cada día, cada encuentro te transforma.

El libro cuenta un pequeño episodio que me sucedió con mi hijo mayor,

que creo que ya lo he contado. Sí.

Porque lo mencioné en el libro "La flor de la esperanza".

Y es que nuestra vida la vamos dibujando con nuestro propio lápiz

y que cada persona que se cruza con nosotros mueve el lápiz.

Eso me lo dijo mi hijo.

Y claro, cuando el lápiz se mueve, el dibujo de la vida se transforma,

de tal manera que algo que me suceda esta tarde

puede hacer que mañana sea una persona distinta,

tal vez, más rica que hoy,

o tal vez más madura o más seria.

Y lo mismo te sucede a ti,

lo mismo nos sucede a todos con quienes nos encontramos,

incluso los encuentros casuales. Claro.

Hace poco estaba en una residencia de ancianos

y una ancianita que no...

que no tiene lucidez alguna

y que dice un montón de disparates, de repente, me miró y me dijo:

"No me puedo ir, hija,

porque todavía no he terminado de hacer mi casa".

Y me impactó muchísimo esa...

Me pareció de una profundidad... "Hacer mi casa".

"He venido aquí a construir una casa y me iré cuando la tenga construida".

Fíjate, un encuentro casual a mí me transformó.

Carmen, ¿qué es para ti la vida?

Aparte de los encuentros o precisamente por los encuentros.

¿Qué es vivir?

¡Uf, María Ángeles! Y esto, en un ratito solo.

(RÍEN)

Yo creo que vivir... Yo creo que vivir es...

Crecer.

Yo creo que vivir es caminar.

Esta mañana, precisamente, un amigo me decía: "Vivir es ladrar".

Y yo entendía lo que me quería decir, porque quería decir:

"Expresarme, sacar de mí lo que hay dentro, desarrollarlo".

Vivir es llegar a una meta,

el camino que nos conduce a una meta.

La meta es: "Yo soy así",

que no lo puedo decir hasta el último día.

Vivir es desarrollar cómo soy.

Cómo soy y soy como quiero ser.

Seré ese último día como yo haya querido ser.

Un último día, por cierto, en el que nos examinarán en el amor.

Y en el amor, efectivamente.

Y yo creo que eso no se debe perder nunca de vista,

porque la oportunidad de decir "yo amé" en el último día de la vida

es impresionante.

Creo que todos podremos decir "yo fui amado",

"de alguna manera, fui amado",

porque si no fuiste amado no puedes empezar a caminar.

Pero el camino, el decir "yo amé",

eso forma parte de nuestra respuesta a la vida

y es ese camino, yo sí veo la vida como un camino,

sinceramente, creo que maravilloso.

Lo bueno de un libro de este tipo, yo creo que de todos,

pero un libro como este, es que tú no lo has terminado,

cada uno, luego, ¿verdad? Claro, eso creo yo.

Le vamos a poner nuestros capítulos. De hecho, has dejado al final...

Lo ha dejado la editorial. Pues un gran acierto.

Me ha parecido muy buena idea. Un gran acierto, al final...

Sí. Hay páginas para que mi adentro

lo rellenamos nosotros. Eso es.

Lo completemos nosotros. Estoy agradecida a San Pablo

por este reto, porque... Sí, sí.

Porque, sinceramente, yo quería coger una novela, ya,

y, sin embargo, ellos me invitaron,

bueno, a resituarme, a replantearme y les estoy muy agradecida.

Un encuentro importante también que era necesario.

Sí. Hablaba de las etapas

y, bueno, habría tanto que decir de cada una,

pero es que he leído y he releído cuando hablas de la madurez.

Hay algún momento en nuestra vida, tú lo dices con otras palabras,

pero viene a decir que tenemos que ser conscientes

de que nos estamos haciendo o que hemos dado el salto

a la vida adulta, ¿no?

En algún momento hay que decir: "Soy adulto", ¿no?

Sí. De hecho, en algún momento hay que decir: "Soy mayor".

"Soy mayor" también. Es más que adulto.

Sí, sí. Los jóvenes son adultos también.

Sí, es cierto.

Yo creo que cada etapa de la vida debe vivirse muy plenamente.

Las etapas obligan a despedidas,

que nos van preparando para la gran despedida,

evidentemente.

Pero uno tiene que despedirse en un momento determinado,

como tiene que despedirse de la infancia.

Normalmente, uno se despide de la infancia con alegría:

"¡Ya soy mayor! ¡Ya puedo...!". Es verdad.

Pero despedirse de la juventud es más difícil.

Yo creo que hay un momento en el cual conviene decir:

"Bueno, me despido de la juventud

y soy una persona mayor. Entro en la madurez".

O, incluso, como yo, entro en una etapa

en el principio, en la infancia, de la etapa final de la vida,

que cada vez es más larga, afortunadamente.

Es muy enriquecedor porque, de repente, empiezas a...

Ya no ves o ya no te agobia lo que te falta:

"Me falta color en el pelo y tengo canas";

"me faltan piropos por la calle y ya soy invisible,

una señora de mediana edad".

Y, sin embargo, empiezas a ver lo que tienes

y tienes tantas cosas en el momento de la madurez...

Tienes tantas cosas,

que merece la pena abrazar la madurez,

merece la pena y vivirla en plenitud.

Incluso, invito en el libro

a despedirse conscientemente, a escoger un día

en el que te haya pasado algo muy bonito,

algo muy bonito, por lo menos, yo lo hice así.

Sí. Y lo cuento,

aunque creo que no es un libro de autoayuda,

es un libro como de meditación, no de autoayuda.

Pero, bueno, yo lo hice así

y lo he recomendado después a mis amigas:

escoge un día muy bonito, muy espacial y di:

"Vale, genial, fuegos artificiales.

Adiós, juventud, con estos fuegos artificiales.

Bienvenida, madurez".

Un sabio consejo, como tantos otros que, quizá sin pretenderlo,

pero que aparecen en el libro.

Y lo bueno, como decíamos antes, es que fruto de este encuentro,

los libros, desde luego, son un medio magnífico

para propiciar encuentros, pues nos van a ayudar

a entrar un poco más en esos encuentros con nosotros mismos,

con los demás, con la trascendencia, con Dios...

Un libro maravilloso que se llama así, así de sencillo,

"Encuentros: reflexiones y parábolas".

Pues Carmen Guaita, como siempre, un gusto.

Qué alegría que te haya gustado. Me ha encantado.

Lo estoy releyendo ya no sé por cuántas veces.

Por cierto, un libro que,

es al menos la forma que yo tengo de verlo,

que hay que leerlo a poquitos, como dicen en algunos países.

Sí, sí. A poquitos.

Está hecho así, está hecho para poderlo leer a poquitos.

Y tenerlo cerquita siempre. Carmen, hasta muy prontito,

porque seguro que ya estás con otras cosas interesantísimas.

Sí. Que pronto vendrás a contarnos.

Gracias, Carmen. Mil gracias, María Ángeles.

Y a todos ustedes, amigos,

vamos a seguir con otras historias, con otros encuentros, por cierto.

En este caso, un encuentro que nos lleva a otras realidades

con las que debemos encontrarnos, permítame este juego de palabras.

A propósito de los premios

que ha entregado la revista "Mundo negro",

vamos a disfrutar de este encuentro con los premiados.

Helena Maleno vive en la actualidad en Tánger

y forma parte del colectivo Caminando Fronteras,

una red de apoyo a las comunidades migrantes,

sensibilización y denuncia.

Tanto Maleno como Caminando Fronteras

han contribuido durante años a la localización

y el rescate de cientos de personas en el Mediterráneo occidental

y a la identificación de los fallecidos

y desaparecidos en la travesía,

así como en el acompañamiento

y duelo de las familias de las víctimas.

Además, su trabajo ha servido

para denunciar ilegalidades y abusos

por parte de la Policía española,

como las devoluciones en caliente.

-Las familias africanas no pensemos

que cuando pasan todas estas violaciones de derechos,

cuando hay gente que desaparece, cuando hay gente que muere,

aunque nosotros les neguemos el derecho a ser personas,

las familias sí se lo dan,

sí saben los compañeros y compañeras que han muerto,

sí buscan saber la verdad,

por eso nos llaman, por eso después de cada alerta,

cuando hay desaparecidos, nos llaman y nos dicen:

"Por favor, explícame cómo murió,

qué fue lo último que dijo, qué fue lo último que pasó.

Aunque nunca encuentre su cuerpo, yo necesito saber".

Esas familias se están organizando,

pero también está la organización de las comunidades migrantes.

No olvidemos a los compañeros y a las compañeras

que resisten ese camino y que se organizan.

Yo creo que en Marruecos no hemos llegado a ese poder

que tienen las mafias en otros lugares,

en Libia o en Egipto, como contaba el padre Zerai,

porque la fuerza de las comunidades migrantes,

porque la estructura de las propias comunidades migrantes

se ha reforzado para negociar con esas redes criminales.

¿Esto es criminal?

Pues seguramente cualquier gobierno europeo diría que sí,

pero para ellos son procesos de resistencia ante la violencia.

Y ellos están entre dos violencias, no lo olvidemos:

hay una violencia, que es la violencia de las mafias,

pero hay otra violencia, que es la violencia de las instituciones.

Lo que tenemos es que gritar fuerte por ese derecho a la vida,

que es de todos y de todas. Muchas gracias.

-En Italia se le conoce como "don Barcone",

"padre patera". "Barcone" sería una patera.

(HABLA EN ITALIANO)

La Fiscalía de Trapani, en Sicilia,

le ha abierto un expediente

acusado de mantener vínculos con las mafias

y con la promoción de la inmigración irregular.

Zerai dice que la solidaridad no es un crimen.

Él se defiende diciendo

que siempre ha actuado con fines humanitarios

y de forma transparente.

Todo ello le valió ser en 2015

candidato al Premio Nobel de la Paz.

Y ahora, hoy, en 2017,

el Premio Mundo Negro a la Fraternidad.

-Para mí, este premio es un motivo de reconocimiento

y de ánimo por el trabajo que estamos haciendo

de salvar vidas humanas, y para lograr

una mayor sensibilización de la opinión pública,

atendiendo y reconociendo la dignidad de esas personas.

El lema de estas jornadas, "Migrante, persona",

sintetizan muy bien este pensamiento, que el migrante es una persona.

Afirmar que, no por otras causas,

sino como derecho, los migrantes son personas,

es intrínsecamente un derecho natural que lleva cada uno.

Que las leyes sean justas y, por lo tanto, sean aplicadas

y aplicables a cada uno de los emigrantes que llegan.

No son personas que vienen a invadir, como algunos interpretan,

sino que son personas necesitadas de una ayuda,

que si están en esta situación

es porque escapan de guerras, de hambres...

Claro que nos encontramos con dificultades.

La primera es el clima político que se vive en Europa,

no nos ayuda, no ayuda a estas personas.

Hay una crisis de valores.

Europa, en muchos aspectos, no es solidaria

para atender estas crisis de las personas que están llegando

en esta situación.

Son crisis internas de Europa y que se revuelven,

precisamente, contra estas personas que están más necesitadas,

los inmigrantes.

Es necesario un cambio de mentalidad.

Antes que implementar las leyes

es necesario un cambio en nuestra mente,

hacer espacio en nuestra cabeza y en nuestro corazón

para que esta mentalidad entre.

Y nosotros nos tenemos que despedir.

Tantas cosas que se puedan quedar en el tintero,

pero que ahora, y esta es una de las razones del programa,

tienen que salir, hay que seguir, debemos seguir encontrándonos.

Y se han servido para algo estas conversaciones que hoy hemos tenido,

pues mejor que mejor.

Nos emplazamos, si ustedes lo desean,

hasta nuestro próximo encuentro el próximo domingo. Hasta entonces.

(Música)

  • Encuentros

Últimas preguntas - Encuentros

18 feb 2018

En el programa de hoy hablamos con la escritora Carmen Guaita que acaba de publicar, con San Pablo, "Encuentros", un libro de reflexiones que propicia, precisamente, el encuentro con uno mismo, con la familia, la trascendencia.

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