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Para todos los públicos Últimas preguntas - El Día del Padre - ver ahora
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Hola, amigos, ¿Qué tal? Muy buenos días.

Gracias por estar una semana más con nosotros.

Hoy hablaremos de un tema muy importante

y del que, sin embargo, me da la sensación

al que no nos referimos con frecuencia

o no tenemos demasiado presente.

Vamos a hablar de la figura paterna, de la paternidad,

además, a lo largo de la historia.

Lo haremos a propósito de un trabajo muy interesante

que al final ha cobrado forma de libro: "El día del padre".

Por cierto, un regalo estupendo para el próximo Día del Padre,

ya que lo comentamos,

porque, además, yo creo que puede tener incluso

un juego de interpretaciones, podríamos decir.

Está con nosotros el autor del libro,

investigador, por tanto,

de todas las cuestiones que aquí aparecen

y entre otras cosas porque es director

del Instituto Universitario de la Familia,

profesor de Sociología de la Universidad Pontificia Comillas

y profesor de Investigación de Boston College.

Está con nosotros Fernando Vidal. Buenos días.

Muy buenos días.

Gracias por acompañarnos una vez más.

Gracias a vosotros.

Es una gozada poder hablar, además,

de temas que tienen que ver con la familia,

pero que... Por ejemplo, echando un vistazo a los libros,

hay muchísimos libros dirigidos

a los padres, a los dos, padre y madre;

muchos libros dirigidos a las madres, a la maternidad,

pero no nos ocupamos tanto de la paternidad.

Yo creo. Efectivamente es así.

Estamos en una encrucijada,

los padres estamos en suspensión sin saber muy bien

cuál es nuestro papel en términos singulares.

Creo que nos corresponde en tanto que varones,

sí en tanto que padres, progenitores, en general,

y yo creo que estamos en una encrucijada

en la cual hay gente que opta

por una vía activa, tierna y de desarrollo personal

y hay gente muy perdida.

Yo creo que es bueno dar referencias.

En una encuesta hace poco

preguntábamos cuál es la referencia pública de paternidad

y el 85 % no supo decir ningún nombre,

no sabía a qué persona poder referirse.

Claro, es curioso porque a mí me ha llamado la atención,

por ejemplo, del libro, yo creo que tenemos la imagen

de que se está, de algún modo, reivindicando el papel del padre

en el cuidado de los hijos ahora, pero es que aquí tenemos historias

del segundo milenio antes de Cristo, por ejemplo.

Efectivamente. Realmente estamos programados para ser buenos padres,

hay una naturaleza en nosotros

que hace incluso cambie nuestro sistema endocrino

para adaptarnos a la crianza, para ser cuidadores, protectores,

para entregarnos a nuestros hijos, para acercarnos y abrazarlos.

Esto se ha distraído, no hemos sido capaces de ser fieles

a aquello para lo que estamos hechos como padres.

Yo creo que estamos en el momento de realmente ser padres,

ser originalmente varones, ser masculinos

y cuidar de nuestros hijos.

¿Por qué has acudido a la historia

para proponernos cuatro modelos de paternidad

como Abraham, el faraón Ajenatón, Dédalo y Confucio?

¿Por qué has acudido a estos cuatro referentes históricos?

Primero por esta encuesta,

en la que nadie sabía dar una figura pública.

Realmente lo que estamos viendo es que en algún momento

se cortó la tradición histórica de la buena paternidad

y en gran parte se cortó

cuando los padres fueron industrializados,

los padres fueron quitados de sus casas

y se les llevó a larguísimas jornadas

en las que no podían estar con sus hijos,

no podían comprometerse en su educación,

no podían compartir con ellos tareas

y se crearon dos esferas muy separadas

entre maternidad y paternidad y entre masculinidad y feminidad.

Por eso era importante volver atrás, recuperar la tradición.

Sin duda ha habido muy malos padres en la historia,

pero también ha habido grandes y muy buenos padres

y no es un invento solo de ahora,

aunque tengamos que recrear la paternidad en nuestro tiempo

y saber qué significa.

Por eso necesitábamos ir hacia atrás y buscar buenos ejemplos de padres.

Yendo, yendo, yendo dijimos:

"¿Dónde están los primeros? ¿Dónde se fundó la paternidad?"

Además, es algo muy vinculado

a nuestro propio proceso de hominización

y que ser padres, ser singularmente padres, como varones,

fue algo que hizo posible la existencia del hombre,

pues empezamos a buscar y descubrimos estos cuatro nombres

como las primeras grandes cuatro referencias,

algo así como los padres que fundaron la paternidad.

Vamos a comentar alguno de ellos. Por ejemplo, hablas de Abraham.

Además, hablar de Abraham,

desde el punto de vista de la paternidad,

es que estamos hablando de una paternidad universal,

pero, por ejemplo, extraes como modelo de Abraham

el hecho de que no somos dueños de nuestros hijos.

Esto a veces, y aquí incluyo obviamente a las madres,

nos cuesta entenderlo. Sí...

Incluso hablamos, disculpa, hablamos en plural.

"Tenemos examen". O "estamos embarazados".

O "estamos embarazados". Sí, es cierto.

Haciendo la investigación y yendo hacia atrás en la paternidad

me encontré con que cualquiera de estos padres

es tremendamente contemporáneo, sus temas, sus problemas,

sus preocupaciones, sus relaciones con sus hijos

tiene mucho que ver con lo que sentimos hoy

o incluso cómo lo sentimos.

Quisimos explorar

cuál fue su experiencia interna de paternidad,

cómo se llevó internamente con sus hijos.

Efectivamente, Abraham aparece en esa referencia al siglo XIX

de un pastor de Mamre,

como una persona que descubrió que el hijo era suyo,

pero que realmente no era el dueño de su hijo.

Es curioso, porque siempre que se habla de patriarcado

se refiere la sociedad a las grandes figuras bíblicas.

Lo primero que hay que ver es que Abraham no es un patriarca,

Abraham con Saray formaban un "fratriarcado".

Eso es muy interesante. Ella era una hermana-esposa.

Había una relación de igualdad y de corregencia de su pueblo,

por lo tanto, no es un patriarca, sino un "fratriarca".

En segundo lugar,

hay un momento muy impresionante en la historia de Abraham.

Cuando Abraham va a sacrificar a Isaac le ata las manos

y cuando descubre que no lo tiene que matar

y está con el cordero él no le desata las manos,

no es él quien le desata las manos,

sino que el pasaje bíblico dice que Dios le desató las manos a Isaac

y le dijo: "Nunca más un padre

debe poner la mano encima a su hijo".

Es un mensaje que dicho diez siglos antes de Cristo

referido a 20 o 19 siglos antes de Cristo

es muy impresionante.

Ya entonces estaba sustentando

una forma de relacionarse con los hijos

en las que el padre no podía ponerle la mano encima,

el padre tenía que ser cuidador,

padre e hijo estaban llamados a algo mayor,

y, sobre todo, Abraham no era el dueño de su hijo.

El hijo quedó liberado de Abraham,

igual que Abraham se liberó de servir a su padre.

No eran esclavos, no eran propiedad de los padres,

no estaban bajo una autoridad tiránica de los padres,

sino que eran seres libres y así se reconocía Abraham,

tanto en su relación con Ismael, como con Isaac.

Otro tema fundamental,

que además aparece en otros momentos del libro

relacionado con otras figuras, es la confianza.

En el caso de Abraham

podemos encontrar el tema de la confianza en Dios,

pero también de la confianza en el hijo.

A mí me parece un hilo conductor magnífico.

Sí, y además, la confianza en los dos hijos.

En la tradición musulmana,

porque hemos recogido de una forma intercultural

todas las historias,

nos habla de cómo Abraham acompañó a Ismael hasta la Kaaba,

donde fundaron el nuevo pueblo de Ismael.

Ciertamente hay una gran confianza en los hijos.

Abraham en todo el relato

y todas las fuentes que nos llevan a construir su relato

se muestra como un hombre muy tierno,

muy volcado en los hijos y con mucha confianza en ellos.

De hecho, la experiencia hasta hace muy pocas décadas

era que realmente los padres iban a vivir pocos años,

en relación a lo que vivimos hoy,

la esperanza de vida era mucho más corta

y los padres entregaban sus vidas a sus hijos,

confiaban sus propias vidas a sus hijos,

pero sí, la confianza

es algo que atraviesa estas cuatro historias.

La confianza en el desarrollo del hijo,

en que puede más...

Quizá es en Dédalo donde está mejor expresado.

Sí.

Él confía en que el hijo será capaz de volar

y, de hecho, en los relatos que se recogen,

legendariamente

Ícaro recorre 300 kilómetros volando.

Solo al final cae.

Y creo que nos encontramos en esta tesitura todos,

¿confío en mi hijo sabiendo que yo, a lo mejor, podría hacerlo mejor?

¿Lo dejo volar?

Ese momento en que los hijos vuelan solos

porque empiezan en la escuela o en el colegio

o porque ya se van de casa

o porque ya empiezan a gestionar cosas importantes por sí mismos...

Ese momento del vuelo de los hijos

es algo que se manifiesta muy bien en Dédalo.

Todos hemos sentido lo que podría estar experimentando

en el momento en que suelta al hijo para que vuele.

Claro. Es una lección para todos.

Confiar siempre es lo mejor.

Además, creo que en un momento cobra especial importancia,

si me permites, en este momento en el que quizá haya,

al menos así lo dicen estudios

y hay mucha literatura e investigación sobre este tema,

un momento de excesiva protección, sobreprotección al hijo.

Se habla incluso de los padres helicóptero,

los que acuden incluso antes de que el niño caiga.

Me parece que es un mensaje para hacernos pensar.

Sí, sin duda. La sobreprotección es el nuevo autoritarismo.

¿El nuevo autoritarismo? Sin duda.

Nunca crees que están preparados para poder hacer su vida.

Siempre te sientes inseguro,

no quieres separarte de ellos en el fondo.

Tenemos miedo de un entorno cada vez más incierto,

un entorno donde no hay hermanos

ni hemos experimentado con otros hijos

lo que ya vas a vivir con él...

Lo que nos enseña la historia es que la confianza en el hijo

forma parte de la paternidad.

El padre tiene que confiar en el hijo,

tiene que transmitir al hijo

esa confianza, esa seguridad en sí mismo.

Seguridad no solo en que pueda llevar a cabo su vida,

gestionarla y cuidarla, sino incluso en que pueda cuidarle a él.

En Confucio es muy claro,

porque Confucio llegó un momento en que se fue,

se fue de casa, lo dejó todo. Se emancipó, ¿no?

Se emancipó él, se largó, se emancipó de todo el mundo,

de los hijos, de la mujer...

Y no volvió hasta muchos años después

y dejó todo en manos de sus hijos, de su hijo mayor, de Kong Li.

Kong Li, que además era un chico

que no tenía grandes dotes académicas,

no como otros compañeros suyos,

que estaban en la escuela de Confucio,

se hizo cargo de todo, de la propia vida de Confucio.

Muchos de sus discípulos

se encargaron de su doctrina, de la escuela...

Pero solo su hijo pudo hacerse cargo de toda la familia.

Cuando volvió, estuvieron unos años juntos

y el hijo murió antes que Confucio.

Confucio pasó los otros tres años

llorando por no haber dado más a su hijo,

por no haber confiado a su hijo

no solo su familia, sino también la escuela.

Ese llorar por el hijo,

ese pensar que no hemos dado lo suficiente,

creo que es una constante también.

(RESOPLA) Y además es que... Padres y madres.

Y además, es que en las historias que tenemos,

en Abraham, Ajenatón y Dédalo, es terrible.

Abraham sale de Ur dejando a su padre

y se va al desierto con todos los suyos.

¿Qué tiene para ofrecerle a sus hijos?

Pues lo que les ofrece es la tierra, que nunca va a tener;

la seguridad, que nunca va a tener;

la multiplicación de muchos hijos, que tampoco va a tener,

porque al final tiene solo esos dos hijos.

Realmente él siente que no tiene tierra que darles,

que lo único que les puede dar es la confianza en Dios,

pero es que en Dédalo es peor,

porque Dédalo comete un asesinato y tiene que huir de Grecia,

por eso se va a Creta

y por sus andanzas

con la mujer del rey Minos

lo llevan al laberinto.

Se encuentra en el laberinto con su hijo por culpa suya.

En Ajenatón yo creo que es todavía más grave.

Ajenatón comienza una revolución en todo Egipto

para cambiar el planeta y al final sale mal

y es él el que, con toda la buena intención,

ha comprometido a sus hijos

en algo que está poniendo en riesgo sus vidas

y que hará que al final Tutankamón traicione a su padre.

Él mismo puso a su hijo

en una situación insostenible para el propio hijo,

porque, si no lo hubiera acusado, posiblemente hubiera sido asesinado.

Es verdad que portamos los pecados de nuestros padres.

Pero es verdad

que hay esta gran parte de nuestro crecimiento,

asumir la vida al cien por cien.

Nuestros padres no son perfectos, pero son reales.

Hablando del faraón, aquí has reivindicado, sobre todo,

la ternura. (ASIENTE)

Yo creo que es algo que a los padres varones

se les ha...

Os lo hemos quitado. Os lo hemos impedido.

No sé en qué momento de la historia se ha puesto el cartelito

de que la ternura es solo de las madres.

Yo creo que tiene mucho que ver con el proceso de industrialización.

Todos los valores y todos los dones de la familia

en la fábrica, en condiciones de explotación muy intensas,

no eran coherentes, no cuajaban, no era funcional

a ese orden de explotación capitalista que existía.

La ternura, la comunicación, la solidaridad, la comunión

no eran palabras bien acogidas en una fábrica.

Es verdad que en Ajenatón esto es especialmente acentuado,

porque es la primera vez en la historia

que nos encontramos con obras de arte

en las que se ve al padre

en una posición extremadamente tierna con los hijos.

Ajenatón superó todos los formalismos.

En los grabados de Ajenatón encontramos al hijo que lo toca

y juega con su barba, con sus joyas, y Ajenatón mismo,

él expresó por escrito y ha quedado históricamente grabado,

el tremendo desgarro interior y las lágrimas que derramaba

con la muerte de su hija, de su primogénita.

Realmente en Ajenatón descubrimos al hombre llorando,

al hombre tierno

y al hombre que hacía de la ternura política de estado,

que hacía del amor política de estado diciendo:

"Esto tiene que ser el centro de nuestra revolución política,

la ternura, el amor".

Además, nos encontramos a un hombre que primó y priorizó

el estar con su familia

por encima de cualquier formalismo o divinización de su figura.

Realmente, Ajenatón fundó una paternidad

que va más allá de lo personal,

sino que lo establece como un principio político,

el del cuidado.

Parece que todas estas cosas son de hoy,

parece que nos lo estamos inventando ahora y, sin embargo,

yo creo que lo que ha ocurrido en la historia

es que en algún momento lo hemos borrado,

no lo hemos querido mirar

o han pasado otras cosas que lo han cubierto,

pero hay que volver a los orígenes, ¿no, Fernando?

Sí, yo creo que el libro

es una llamada a volver a la historia

y a descubrir estas figuras de paternidad,

que tienen cosas buenas y cosas malas.

Claro. Pero que son como nosotros

y que nos comunican esa figura de paternidad singular,

pero también creo que es una llamada a conectar

con la historia de nuestros padres, abuelos y bisabuelos,

donde, evidentemente, hay lejanías, ha habido distanciamientos,

incluso rasgos autoritarios,

pero donde también ha habido mucha entrega.

Gente que entendía que trabajar todo el día,

que deslomarse por nosotros era una forma de amar.

Claro. Gente que fue llevada a la guerra

para defender a su familia o en función de su familia.

También una conexión con nuestra historia personal.

Y recuperar aquello de nosotros que en la infancia, en la juventud,

que con nuestros padres ahora mismo,

los que tenemos la suerte de tener a nuestro padre vivo,

nos sigue comunicando lo más auténtico.

Con una cosa se da la otra.

Necesitamos reconstruir una cadena de solidaridad

entre todos hombres que porte esta nueva paternidad.

Y sin complejos, que a lo mejor queda un poco de complejo

de que esto es cosa de mujeres.

Sí, creo que queda un poco de machismo,

de que esto es cosa de mujeres, y, ciertamente, lo que está claro

es que no hemos constituido una figura pública de la paternidad

que sea capaz de hacerse cargo

de todo lo que significa la paternidad.

Y el hombre está en ese terreno de nadie,

en esa tierra de nadie, donde, evidentemente,

se da a sus hijos,

pero casi renunciando a lo que es él a veces,

renunciando a la masculinidad como algo muy original,

algo tremendamente singular,

que es necesario que los chicos reciban también,

algo que es complementario, algo que es único, singular,

que te toca darlo a ti.

Yo creo que la idea de sin complejos

se refiere más bien a sin incertidumbres,

a siendo lo que somos, a ser lo que somos,

atrévete a ser lo que eres,

eres padre, eres varón, da lo mejor que tienes.

Es eso. Eso yo lo pondría como titular.

Si hubiera que poner un titular al programa...

Ser padre y ser un buen padre es de las mejores cosas

que puedes hacer para cambiar el mundo.

¿Vas a seguir en la línea de investigación

y de publicación sobre el padre, reivindicando la figura del padre?

Sí, estamos preparando otros dos libros,

también gracias a la colaboración de la Fundación Casa de la Familia,

en donde recogemos padres del siglo XVIII.

Ya tenemos al padre de Jane Austen. Qué bonito.

Es impresionante. Un hombre comprometido con su hija.

Su hija escribió gracias a él, le promocionó,

había una complicidad enorme entre los dos,

además, él era clérigo anglicano.

Y después estamos muy interesados en el siglo II después de Cristo,

en cómo el cristianismo fue el motor que cambió la paternidad,

cambió esa idea de autoridad paterna romana,

donde tenía toda la propiedad sobre sus hijos,

donde controlaba toda la casa,

donde realmente residía el patriarcalismo,

que no está en la tradición judeocristiana,

está en la tradición romana.

Precisamente el cristianismo permitió superar esto

por la promoción de las mujeres

y de la vida inalienable de los hijos.

Entonces, si me permites, yo te digo que hasta pronto.

Ojalá, hasta pronto.

Serás, como siempre, muy bien recibido.

Muchas gracias. Muchas gracias.

Nos quedamos, de momento, con "El día del padre",

publicado en la Editorial San Pablo, y firmado por Fernando Vidal.

Nosotros nos quedamos con otras historias

que, en esta ocasión,

nos llevan a conocer un poco más el seminario.

"El seminario, misión de todos es el lema para esta jornada

que en este año nos recuerda que somos responsables

de la pastoral de la llamada, todos, empezando por los de casa,

padres, abuelos, hermanos...

Es en la familia donde nacen

muchas de las vocaciones al sacerdocio, como la de Pablo".

Nací en una familia católica

y nunca había pensado en ser sacerdote, al revés,

creía que era algo reservado para gente o muy especial

o gente que no sabía qué hacer con su vida

y al final "me voy al seminario".

Y con el colegio hacíamos convivencias en el seminario

y en una de ellas nos pusieron un vídeo, "Pescadores de hombres",

que me llamó montón la atención.

En una parte del vídeo sale Jesús llamando a los apóstoles

y en el momento en que llama a Pedro y le dice: "Ven y sígueme",

es difícil de explicar, pero yo noté una llamada muy personal a mí

que Dios me decía: "Ven y sígueme".

En ese momento dije: "Ni hablar, no puede ser, yo esto no lo quiero".

Pero es verdad que después de varios meses,

Dios como que va poniendo señales en las que te va diciendo

cuál es el camino que quiere para ti

y, sobre todo, que Dios habla a través de la paz, de la alegría.

Esta es mi experiencia, yo, en el seminario,

soy muy feliz, si no, no estaría aquí.

Que Dios se haya fijado en tu familia

para que tengas una vocación y generar esa inquietud en Pablo,

pues es una gran bendición

y te amplía el tema de tu familia,

porque ya tu familia no solo son tus hijos y tu mujer,

sino que es el seminario, los formadores, los seminaristas,

los compañeros de Pablo, que están ahí

y al final son parte de tu realidad y de tu vida

y los sientes también como hijos.

Se gana un hijo porque la unión que tenemos con Pablo

desde que está en el seminario es mucho más intensa,

aunque haya lejanía y esté fuera, es mucho más intensa y cercana,

y nuestros hijos así lo viven y así lo perciben.

Como familia yo creo que tenemos que estar abiertos a ello

y apoyarlo.

Yo lo que quiero es que Pablo sea feliz,

sea fontanero, arquitecto... Lo que sea, pero que sea feliz.

En este camino que él lleva lo vemos feliz.

"Todos estamos llamados a rezar y colaborar

en el sostenimiento de las vocaciones.

En este año ha aumentado el número de ordenados en un 24 %,

según datos recogidos

por la Conferencia Episcopal Española".

Este año hemos tenido la suerte de tener 135 seminaristas más

que han sido ordenados presbíteros en nuestra iglesia en España.

Es un signo muy alentador, dar muchas gracias a Dios,

porque son jóvenes dispuestos a servir, a servir al Señor,

a la Iglesia, al mundo y a la humanidad,

que tanto necesita seguir experimentando el amor de Dios

y la presencia de Dios con nosotros.

Y ahora, si nos acompañan, nos vamos al cine,

con Lucía González Barandiarán.

Muy buenos días a todos, seguimos con esta oleada espiritual

que parece que llega a los cines con películas con valores

y con trasfondo un poco más humanístico

y hoy os queremos hablar de una muy especial,

no solo por lo que cuenta, sino por el modo en que lo cuenta.

Su título es "Contemplación".

(Pasos)

"Esta es la cinta uno, pista uno."

Notas sobre la ceguera.

Basada en la historia de John Hull,

un catedrático y teólogo de la Universidad de Birmingham,

esta fascinante historia real narra cómo este gran hombre,

a principios de los 80 perdió la visión.

Ante este suceso, que él no logra comprender racionalmente,

decide grabar en radiocasetes

cómo vive él la percepción de ser una persona que ve

a una que deja de serlo.

Vemos cómo es la evolución de un alma y de una persona

que no logra comprender que alguien, que considera bueno,

le suceden cosas que también considera malas,

para llegar finalmente a una conclusión:

que en su caso, al menos él lo apunta así de claro,

muchas veces Dios permite cosas para lograr un bien mayor.

En este caso Dios permitió que él perdiera la visión

para que aprendiera algo más importante,

para que aprendiera a mirar,

para que aprendiera a ver más allá de lo superficial,

para que aprendiera a contemplar.

De aquí el título de esta película.

"Contemplación", nominada a varios Baftas,

los óscares del cine británico,

gozó de mucho éxito entre el público y la crítica

y ahora llega a nuestras salas con una única intención:

que sepamos agudizar nuestros sentidos

para poder mirar más allá

y estar abiertos a todo aquello que nos viene

y que al principio no podemos comprender.

"La ceguera tiene algo...

Un efecto capaz de depurarte por completo.

O bien te destruye, o bien acaba renovándote."

Pues así nos despedimos.

Ya saben que la semana que viene, si lo desean,

tenemos una cita aquí, en "Últimas preguntas".

Estaremos encantados de recibirles. Buena semana.

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Últimas preguntas - El Día del Padre

17 mar 2019

Este domingo celebramos por adelantado el Día del Padre, y lo hacemos con el último libro de Fernando Vidal, director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas y autor de "El día del Padre".

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