Últimas preguntas La 2

Últimas preguntas

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Para todos los públicos Últimas preguntas - Me desconecto, luego existo - ver ahora
Transcripción completa

(Música)

Saludos, amigos.

Bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Ya saben que habitualmente, cuando terminamos, solemos decirles

que nos pueden seguir durante toda la semana

a través de las redes sociales, Internet y demás.

Claro que sí,

lo vamos a seguir haciendo, por supuesto.

Pero, hoy vamos a hablar de utilizar esas redes sociales,

ese mundo ¿virtual?, lo pongo así entre interrogaciones,

porque ahora hablaremos también de eso, con moderación.

Y con sentido común.

Yo creo que al final se puede explicar así también,

con sentido común.

Y le vamos a hacer a través de un libro.

Se llama "Me desconecto, luego existo",

un título bien sugerente,

que ha escrito un compañero nuestro, al que vamos a ver.

Bueno, a él no, porque no aparece habitualmente en pantalla,

pero en cuanto acabe "Últimas preguntas",

empieza "Testimonio".

Pues está con nosotros su director y autor de este libro,

"Me desconecto, luego existo".

Isidro Catela, bienvenido.

Muchas gracias, encantado de estar aquí.

En la que, de alguna forma, es mi casa también.

Claro que sí, y estás todos los domingos,

estamos aquí juntos todos los domingos,

pero, efectivamente, pocas veces apareces.

Así que muchísimas gracias por estar con nosotros, Isidro.

"Me desconecto, luego existo", ¿es necesario parar un poquito,

tú crees, así en una visión general a lo que nos rodea,

y a nosotros mismos?

Sí, dices bien, a nosotros mismos.

Porque el libro parte de una inquietud personal.

Es decir, no es para echarle ninguna moralina,

en el peor sentido de la palabra, a nadie,

sino como una inquietud de padre, de padre de tres hijos,

un adolescente, otra preadolescente y una pequeña,

con la que hay que dar ejemplo en casa.

Dedicándome a la comunicación, mucho más,

porque a veces nosotros nos hacemos trampas al solitario.

"Bueno, esto es para el trabajo".

Y abusamos de las pantallas.

Por un lado, tanto como padre, y por otro,

como profesor en la universidad,

perteneciente a un departamento de Humanidades,

donde, entre otras cosas, pensamos acerca de,

intentamos poner cabeza, en mi caso, a la comunicación.

Aunando esas dos cuestiones y viendo el acelerón

que todos llevamos, especialmente en los últimos años,

con los dispositivos móviles que han pasado a ser

una especie de prolongación de nosotros,

pues creo que sí, que dices bien.

Nada de desecharlos ni de hacer un discurso apocalíptico

con respecto las tecnologías,

pero sí una primera parada,

un semáforo en ámbar que nos permita,

"eh, hay que parar".

Porque este, iba a decir las nuevas tecnologías.

Yo creo, sobre todo, quienes nos escuchen

de generaciones, pues eso,

de nuestros hijos o un poco mayores incluso,

dirán que qué nuevas.

Pues las tecnologías que tenemos, no han conocido otras.

¿Están generando un nuevo modelo de sociedad?

No sé si es pronto para decir esto, Isidro,

pero ¿qué impresión te da?

Bueno, nos falta perspectiva, efectivamente.

Pero el Papa Francisco insiste mucho

en que no solo estamos viviendo una época de muchísimos cambios,

cambios que son muy sucesivos.

El cambio forma parte del cambio mismo,

cambia todo y de forma muy acelerada.

Es un cambio tecnológico.

Sino que es todo un cambio de época.

Y en esta idea que han insistido otros autores,

que recojo en el libro,

cuando se fundamenta todo lo que viene después

estoy muy de acuerdo.

Me parece que sí, que estamos,

el tiempo lo dirá,

pero ante una revolución de dimensiones epocales.

Es una gran palabra,

pero muy similar a lo que se produjo con la imprenta.

¿Por qué?

Pues porque no es solo un cambio tecnológico,

hay un cambio,

incluso, si vamos hasta el fondo de sus consecuencias,

del modelo antropológico, de cómo nos entendemos nosotros.

Por supuesto, de la "forma mentis",

de cómo pensamos y cómo accedemos a la realidad.

No hay más que verlo con los chavales

para los que no son nuevas las tecnologías.

Sino que son tecnologías...

Tienen una manera de entender el mundo y los relatos,

que son muy distintos a nuestro planteamiento, nudo y desenlace.

Nosotros que teníamos, por poner un ejemplo muy sencillo,

el famoso CD con 10 canciones, y hoy el chaval te dice:

"Pero papá, ¿por qué comprabais 10 canciones?

A mí me interesa una".

Efectivamente, ha cambiado por completo.

Ha cambiado nuestras relaciones personales,

nuestras formas de trabajar, trabajamos desde muchos sitios,

para muy bien.

Pero también para las sombras con las que hay que tener cuidado.

Porque, temas que nos preocupan a todos,

como por ejemplo el del abuso, el famoso "bullying",

bueno, pues hoy, tanto la víctima como el acosador

lo son 24 horas al día,

porque la tecnología así lo propicia.

Adicciones, de las que habla el libro y hablaremos,

se ven potenciadas por esta.

Es decir, son un poco altavoz para todas las demás.

Entonces, creo que hay indicios suficientes para que,

digamos que estamos ante algo que es nuevo,

y que exige respuestas nuevas,

aunque sea basada en cuestiones como el sentido común,

que ha estado presente siempre.

Hay una cuestión que tú también planteas en el libro,

reflexionas sobre ella.

Creo que es bueno que todos nos paremos un poco con ella.

De algún modo la apuntaba en la presentación,

cuando ponía entre interrogaciones ese mundo real, virtual.

Cuando hablamos del mundo de las redes sociales,

tendemos a utilizar la palabra virtual.

¿Lo estamos haciendo bien o es más real de lo que pensamos?

Y quizás por ahí pueden venir peligros,

por ejemplo como el "bullying".

"Bueno, eso pasa en las redes, en la vida cotidiana eso no ocurre".

Tiene consecuencias.

El lenguaje crea realidades.

Entonces, me parece importante.

Yo con los alumnos insisto mucho en esto en clases de Ética.

Primero, vamos a ponernos de acuerdo en el concepto.

Vamos a elaborar de qué estamos hablando.

Porque, si partimos de un concepto equivocado

o no estamos hablando de lo mismo,

es posible que lleguemos a conclusiones equivocadas

o muy distintas.

En el caso de la realidad virtual,

me parece que es un término que nos ha hecho más mal que bien.

Porque lo hemos contrapuesto, efectivamente, a la realidad.

De todo aquello que está en el espacio online,

espacio digital, virtual, se ha hablado de muchas maneras,

no existe o existe de otra manera.

Con lo cual,

las consecuencias inmediatas de esto son muy sencillas de entender.

No solo por el anonimato, por ejemplo, que nos permite la red,

sino que, indirectamente,

empiezas a entender que hay actos que no tienen consecuencias,

y eso es un error, un error tremendo.

Todos los actos tienen consecuencias.

No estoy hablando solo de cometer delitos,

sino que todo lo que hacemos en la red deja huella,

como todo lo que hacemos en la vida.

Efectivamente.

Tiene consecuencias más o menos graves,

más o menos diferentes,

pero también aquello que se produce

en lo que llamamos el ámbito virtual,

tiene consecuencias.

Este punto de partida es interesante

para que haya también un principio de responsabilidad.

Ojo, que me juego mi reputación online de cara al futuro.

A los alumnos les decimos, cuantas veces,

que más que su currículum va por delante su vida en la web hoy.

Antes del currículum.

Es una pena que un elemento tan potente,

un medio tan potente, pues lo utilicemos a veces tan mal,

pensando que esto es otra cosa.

Es la realidad misma,

donde actuamos de otra manera y en un medio distinto,

pero donde no damos abrazos tal cual,

pero donde tenemos relaciones.

Y a veces relaciones más profundas,

aunque sean con una base de mentira,

y que pueden hacer mucho daño también.

Bueno, creo que este punto de partida

hay que tenerlo en cuenta, tienes razón.

Además, tengo la sensación,

y también hablas de esta cuestión en el libro,

de que nuestra actitud, o el modelo,

hilando con lo que decíamos al principio,

el modelo que seguimos cuando utilizamos las redes sociales,

hombre, quienes ya somos un poco más mayores

igual no nos va a pasar eso, o sí, no lo sé.

Pero, sobre todo a los más jóvenes,

les está creando una forma de actuar

en la vida propia de las redes sociales.

Me explico con ejemplos.

Queremos ser los primeros en contestar un tweet,

queremos una satisfacción inmediata

porque las redes nos la proporcionan.

Me aburro, me meto ahí

y voy a encontrar muchas fotografías e historias,

un montón de acceso a tiendas, por ejemplo, en las páginas web.

Y eso mismo lo trasladamos a nuestra vida cotidiana

y demandamos, o tenemos esa impaciencia,

o demandamos esa respuesta inmediata.

Esto me está generando estrés solamente de contarlo.

(RÍEN)

Pues sí.

Es normal que te esté generando estrés.

Es una de las consecuencias.

De alguna manera,

estamos minando un valor importantísimo

que es el de la espera.

Para construirnos.

Para construirnos como personas en relación con el otro.

Estamos mandando un mensaje de que podemos tener

todo lo que queramos, y además al instante mismo.

Entonces, esto, que es un posible uso malo de las redes sociales,

es algo a tener muy en cuenta.

Porque, efectivamente, se traslada de un lugar a otro.

Incluso yendo un paso más allá.

Uno de los mensajes que se quedan incrustados en aquella persona

que hace un uso reiterado malo, pongamos, de las redes sociales,

es que empieza en su vida "offline"

fuera de la red, por no decir real,

a tener relaciones más superficiales.

Hay estudios en Estados Unidos.

Y a tratar a los demás

como un objeto en lugar de como un sujeto.

Al estar interactuando con sujetos,

pero que están de alguna forma parapetados detrás de una máscara,

de una pantalla, estamos rodeados de pantallas,

interactuando con pantallas.

Esa misma idea que tú has dicho,

se traslada cuando tenemos una relación personal.

Entonces, dejamos de mirar a los ojos.

Las generaciones que vienen, lo vemos en la universidad,

pierden habilidades básicas

sobre las que hay que volver a socializar.

Por ejemplo, la conversación.

Mirar alguien a los ojos, el dar un abrazo, servir de soporte,

de consuelo, son muy básicas, pero que se han perdido,

en buena medida... No hablar de lo esencial también.

Muchas veces en casa, con mis hijos mayores, decimos:

"Pero, ¿no habéis hablado de esto con el grupo de...?".

"No, sobre esto no se habla".

Una enfermedad de un amigo. "Sobre esto no se habla".

Bueno, me parece que el hecho de que se empiece a pasar

tanto tiempo teniendo ese tipo de relaciones,

hace que todas terminen siendo más superficiales,

en lugar de aprovechar lo bueno que tienen,

y tienen una cosa maravillosa,

que es que ojalá las pudiéramos pensar, las propias redes,

para que propicien el encuentro.

Es decir, para ser un poco caña de pescar

y que terminen desvirtualizándose, que dicen ahora.

"Qué bien cuando he puesto cara a alguien

que solo seguía en redes sociales".

Sin embargo, esas relaciones y esa impaciencia de la que hablas,

me parece que son dos consecuencias muy evidentes del abuso,

del mal uso, del abuso,

y por supuesto, de la adicción digital.

Hablaremos de esa adicción, pero antes me gustaría...

Tengo apuntado por aquí un concepto

que tú también has puesto en el libro.

El concepto de "extimidad", es decir,

la tendencia de las personas a hacer pública su intimidad.

Métanse un poquito en Instagram, y lo podemos comprobar.

Dices:

"Y a mí, con perdón,

qué me importa lo que ha hecho esta persona

desde que se ha levantado hasta que se ha acostado".

Eso, o a lo mejor sí nos importa, no lo sé.

Es curioso.

En el libro cuento que el fenómeno no es nuevo.

El fenómeno va con el ser humano,

que ya en la Grecia clásica se entraban con un espejo.

Vanidad de vanidades, que dice el Eclesiastés.

Está en el propio ser humano.

Igual que la lucha del amor es una lucha constante,

una tensión constante, esta también de nuestro propio ego.

Mirarnos más al corazón y menos al ombligo es una lucha constante.

Ahora bien, en el tiempo que nos toca vivir,

me parece que esto se ha exacerbado.

Lo podemos ver de manera muchísimo más clara.

Porque vamos todos con un espejo por la calle.

Un espejo que llevamos todos.

Es decir, hace un mes he estado en Roma,

en una audiencia con el Papa Francisco,

y desde arriba veía...

Hacía bastante tiempo que no iba,

y recordaba dos imágenes

que yo suelo poner en las conferencias o en clase,

que son las dos imágenes del cónclave,

que por la red son fáciles de encontrar,

de los dos últimos cónclaves,

imágenes de la Plaza de San Pedro desde Vía Conciliazione,

las mismas, con años de diferencia, 2005 y 2013.

Y la gran diferencia de las fotos

es que la gente ha pasado de mirar al balcón,

a mirar a través de una pantalla.

Si hiciéramos ahora otra, hace un mes lo veía,

todavía le daríamos una vuelta de tuerca a la foto.

Porque la gente ya no mira al Papa a través de la pantalla,

se mira a sí misma.

Es decir, se hace un selfie y el Papa pasa por detrás.

La cantidad de gente que había haciéndose selfies

sin mirar al Papa, que estaba a 50 m de él...

Entonces, claro,

cuando nos convertimos en narcisos digitales...

O en el libro,

cuando caemos en ese vicio tan extremo

de mirarnos solos a nosotros

y terminar ahogados en nuestra propia imagen,

pues va de la mano,

el propio concepto que has dicho

y que es fundamental para construirnos como seres humanos.

Los ámbitos, los espacios y los límites que tenemos,

que van de menos a más.

Lo íntimo, lo privado, lo público y luego lo publicado.

Lo que aparece en los medios.

Los medios, especialmente las redes, han troceado,

como si hubieran troquelado todos los demás.

De tal manera que es muy frecuente encontrarse,

no solo con problemas graves y delitos,

que por supuesto nos encontramos que hay gente que se los graba,

o que se graba en un precipicio y, por desgracia,

se cae mientras se hace un selfie.

O adolescentes o menos adolescentes

que le pegan una paliza a alguien y la graban.

O banalidades, con perdón,

que lo primero que hacíamos antes al levantarnos era abrir

y mirar por la ventana,

ahora lo primero que hacemos es mirar el móvil.

A ver qué tiempo va a hacer.

A ver qué tiempo va hacer, por ejemplo, sí, sí.

O a poner, como has dicho, en tu red social, diciendo:

"Ya me he levantado".

Con una necesidad de refuerzo, que además es adictiva,

para ver cuántos "me gusta" tiene luego.

Pendiente...

Se crea, además, se genera una expectativa de cuántos,

y sobre todo porque se pierde una cantidad de tiempo...

Se pierde tiempo mirando nuestro ombligo.

Con estas aplicaciones nuevas que hay muchos teléfonos,

que nos contabilizan el tiempo que pasamos,

no estaría de más que,

de vez en cuando le echásemos un vistazo, y digas:

De estas cuatro horas diarias que yo tengo el móvil abierto,

según me está indicando el propio móvil,

bueno, qué antiguo queda esto de decir móvil, por cierto,

cuántas han sido realmente eficaces,

cuántas eran necesarias.

Queda antigua la palabra

porque casi no lo usamos para llamar por teléfono.

¿Cuánta gente felicitamos por su cumpleaños llamando, hablándole?

Efectivamente, el tema de las aplicaciones.

Yo empiezo por ahí con los alumnos,

porque empecé conmigo mismo, para confrontar.

Lo primero que hay que hacer para abordar un problema,

yo mismo era consciente de que lo tenía:

¿Cuántas horas puedo pasar, tres, cuatro?

Pues eran cinco y pico.

En mi caso, soy profesional de esto, en fin, me dedico a ello,

y una serie más que me veo, porque cuenta todo.

Si me lo veo en una tablet...

Bueno, pues empiezan a ser cinco o seis horas al día,

es una barbaridad.

Con mis alumnos, cuando tratamos este tema,

que lo metemos en virtudes y en vicios,

en hábitos buenos y malos,

que nos pueden llevar a la adicción,

empezamos confrontando.

"Vosotros, ¿cuántos creéis?".

A cinco no llega ninguno.

Pasamos dos, tres, cuatro horas.

Una semana con una de las aplicaciones

que se mencionan en el libro...

Hay muchas, "Moment", por ejemplo.

Y sabiendo que están vigilados, esa semana,

es raro el alumno que baja de cinco o seis.

Son chavales entre 18 y 23 años, una edad universitaria.

Hay picos hasta de 11 y 12 horas diarias.

Hablamos de diarias.

Pero es que, el que quiera mirar para otro sitio, que mire,

pero insisto que lo tenemos dentro de la propia casa.

Yo no tengo ninguna queja con mis hijos,

pero la batalla es constante, conmigo y con ellos,

con el tema del móvil.

El mayor, preguntándole: "Oye, en el WhatsApp de clase,

he visto que, en el grupo que tenéis, esta noche,

esta madrugada ha habido gente conectada, a las 2,

las 3 o las 4:00 de la mañana".

Y me dice : "Sí, papá, juegan online por la noche".

Tienen el móvil en su habitación y, sin ningún tipo de control,

juegan por la noche.

Con lo cual, lo primero es saber de qué estamos hablando.

Y saber cuánto tiempo estamos pasando ahí,

para poder afrontar de alguna manera

el problema que tenemos.

Porque, claro, no es lo mismo en cantidad 2 que 12 horas.

Tampoco es lo mismo en calidad pasárselas apostando online,

que viendo una serie y después hablando de la serie con tu padre,

son usos muy distintos.

Isidro, si te parece vamos a dar un paso más

y vamos a hablar ya de adicciones.

Pero adicciones, con todo lo que eso implica.

Igual que hablamos de adicciones al alcohol u otras sustancias,

hay adicciones, insisto, si digo el móvil voy a quedar muy antigua,

a las redes sociales o al consumo, digamos, online, podríamos decir.

Adicciones digitales. Pero adicciones muy serias.

Adicciones muy serias, sí.

En el libro también se habla de uso, abuso y adicción.

He tratado de ser lo más honrado posible conmigo mismo,

y también pongo en valor gente que piensa que no existe.

Para mi cada vez es más claro.

Instituciones internacionales empiezan a hablar ya,

la Organización Mundial de la Salud,

de adicción a videojuegos.

Se ha abierto el primer centro en Madrid, este año,

de terapias en adicciones digitales para adolescentes.

Es decir, lo empezamos a utilizar.

Como hablábamos antes del lenguaje,

es un primer paso de reconocimiento.

Porque si no, estamos llamando de otra manera a lo que es.

¿Cuándo se produce la adicción?

Hay que ver cada caso en concreto.

Hay que entrar ya de manera interdisciplinar

con los especialistas.

Pero desde el punto de vista moral es muy claro.

Cuando tu voluntad está dominada,

cuando reconoces lo que está bien o mal,

pero con tu libertad no puedes ir hacia ello porque,

aunque sepas que está mal, vas, aunque sepas que está bien, no vas.

Es un problema

que con la inteligencia lo empiezas a comprender,

pero con la libertad no puedes.

De tal manera, que la tienes absolutamente condicionada.

Condicionada hasta tal punto,

que ya no es un instrumento a tu servicio,

sino que tú eres el que eres manejado

por los dispositivos móviles.

Y aquí no seamos ingenuos, el libro no hace un discurso,

como decía antes, terrorífico, al revés.

Apuesta por integrar equilibradamente

esto en nuestras vidas,

reconociendo que lo que viene va a ir a más

y que nos la estamos jugando aquí integrarlo.

Pero no seamos ingenuos, hay gente que programa esto,

al igual que la hay para enriquecer las relaciones personales,

hay gente que programa la tecnología

para ser cada vez más adictiva.

Para generar mecanismos de adicción que están muy estudiados,

con algunas de las adicciones de las que has hablado,

adicciones de sustancia, por ejemplo, las drogas;

de comportamiento, por ejemplo la adicción a las compras.

Bueno, pues señores, hablemos de la adicción digital,

porque efectivamente no solo es una adicción en sí misma,

que tiene sus características,

sino que es potenciadora de todas las demás.

Es decir, la adicción a la pornografía,

llevada a su extremo por una adicción digital,

por la gente que pasa muchas horas.

Claro, y además van enganchando.

La adicción a las compras, exactamente igual.

A través de la pasarela que supone el mundo digital.

En este sentido, empecemos a llamar las cosas por su nombre.

Hablemos de adicción,

reconozcámoslo en los casos que exista,

que afortunadamente estamos hablando de un extremo.

La gran mayoría,

lo que tenemos es un mal uso

y hay que volver a meternos en dieta,

hay que quitar los michelines digitales,

y pongámonos en manos de especialistas,

porque cuanto más tardemos, va a ser peor.

Con un buen diagnóstico y un tratamiento,

se puede salir, claro.

Y se puede prevenir.

Todo esto se puede prevenir.

Ahí tenemos la educación.

Tú escribiste hace un tiempo un libro

que se llamaba "Hijos conectados, educar en la era digital".

Yo creo que se complementan perfectamente.

Aunque hayan pasado cosas en estos años.

Todo pasa por una buena educación.

Y un buen ejemplo.

Sí, el buen ejemplo forma parte de la buena educación,

efectivamente.

Sí, en el libro se dan luego

algunos consejos muy concretos en esta línea.

Es imposible que tus hijos coman fruta

si tú no comes fruta delante de ellos, es muy complicado.

Al menos, en las primeras etapas de la educación,

que son tan importantes.

Qué le digo a mi hijo sobre no estar pantalla sobre pantalla,

si yo estoy viendo la televisión, con otra,

y a ser posible enganchado al hashtag

con la famosa televisión social.

Se van multiplicando las pantallas.

Si requiere mi atención y yo le digo:

"Espérate, que ahora termino".

Es decir, soy yo el primer enganchado.

En este sentido,

y sé que va contracorriente este consejo que voy a dar,

pero cuanto más se retarde, mejor.

Cuanto más se retarde el tener el móvil,

con lo que eso supone,

el dispositivo, con lo que supone de acceso,

que va a ser controlado gradualmente.

No digo ya el que se lo da como regalo de Comunión,

que es un disparate, por lo que supone,

sin ningún tipo de control, que es algo así como:

"Que el niño abra la nevera y coma lo que quiera,

sin ningún control nutricional".

Bueno, pues exactamente igual.

La policía está hablando de 14 años, por ejemplo.

Asociaciones en esta línea, incluso alguno lo retarda más.

"Madre mía, mi hijo con 13 o 14 va a ser el último de la clase".

En serio, no pasa nada.

No pasa nada, porque entiendo que ese chaval,

chico o chica de 13 años,

está haciendo otras cosas con las que está disfrutando,

y queen el momento en el que se incorpore,

se está incorporando en clase, pero tenga su propio dispositivo,

no va a abandonar todas las anteriores.

De tal manera que el equilibrio es mucho más probable.

Mientras que si tenemos al chaval con siete o nueve años,

o al bebé enganchado, como se ven muchos casos,

porque empieza a ser una pantalla niñera.

"No me puedo ocupar del niño y así se calla".

Estamos creando un pequeño monstruito,

porque el primer monstruito somos nosotros.

Entonces, luego es muy difícil, muy complicado,

pedirle con 12 o 13 años que no se pase cinco horas.

A lo mejor, de la otra manera, y mi experiencia es esa,

no solo como padre, incluso con alumnos y viendo estudios,

cada vez más, que se están haciendo en esta línea,

es que se equilibra el tiempo fuera de la red

con el tiempo dentro.

Y que se utilizan las redes para enriquecer el de fuera,

y eso es muy interesante. Eso es lo maravilloso.

Tener un Instagram familiar, o que tu hijo te comente:

"Mira papá, lo que he subido.

Me he leído este libro y lo he subido a redes".

Eso es interesantísimo.

Porque estamos, a mi juicio,

sabiendo leer muy bien el signo de nuestros tiempos.

Lo otro es perder la cabeza y el control sobre algo

que está para servirnos a nosotros.

Y vamos, ya para finalizar, al otro extremo.

¿Se puede vivir sin Internet?

¿O eso es de frikis?, con perdón.

(RÍEN)

Bueno, para mí son frikis menos peligrosos

que los que se van por el otro extremo.

En el libro se habla de los "hikikomori", los no solo jóvenes,

pero fundamentalmente jóvenes,

un fenómeno japonés de aislamiento social agudo.

De aislamiento total.

Este sería una especie de aislamiento por el otro lado,

al que no han llegado frikis normalmente.

Hablo en el libro, se llama "La gran adicción",

publicado en España y de otros casos fuera de España,

de gente que ha entendido

que su vida pasaba por un reseteo total.

Porque ha visto,

ha caído en el pozo de lo que era el mal uso,

en este caso, de su mundo digital.

No me parece de frikis en absoluto.

No es mi opción,

yo apuesto más por una educación equilibrada e integrada,

con los riesgos que supone,

porque de principio es mejor lo otro,

pero bueno, algún amigo me queda.

No muchos, estoy pensando en dos,

que no tienen ni televisión en sus casas.

No pueden ver "Últimas preguntas", ni "Testimonio",

siempre les pico por ahí,

les digo que hay cosas muy interesantes para ver.

Y dicen: "Ya, pero empiezo con uno y luego nos da pereza".

Y tienen a sus hijos adolescentes sin televisión.

Yo, me quito el sombrero.

Pues para los que tenemos televisión,

yo les aconsejo que se queden un rato más.

Hay todavía cosas muy interesantes

que contar aquí en La 2 de Televisión Española.

La más inmediata, "Testimonio".

Hoy ha estado con nosotros su director,

Isidro Catela, que además firma este libro que yo, de verdad,

sugiero que se lea y que se piense sobre ello, porque merece la pena.

"Me desconecto, luego existo".

Además, en una magnífica edición de la editorial Encuentro.

Isidro, muchísimas gracias. Un placer.

Vamos a ver juntos "Testimonio". Vamos a ello.

Hasta la próxima semana a ustedes.

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Últimas preguntas - Me desconecto, luego existo

13 ene 2019

Hoy nos acompaña Isidro Canela con quien conversaremos sobre las redes sociales, sus ventajas pero también la oportunidad de la desconexión. Isidro Catela es autor del libro "Me desconecto luego existo".

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