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Para todos los públicos Últimas preguntas - Déjale crecer - ver ahora
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Hola, amigos. ¿Qué tal? Buenos días.

Bienvenidos una semana más a "Últimas preguntas".

Hoy vamos a hablar de la infancia,

de los niños, de la familia, de los padres,

y lo vamos a hacer con una persona...

Yo creo que ya podemos considerarle amigo

e invitado habitual del programa.

Está con nosotros Javier Urra.

Bienvenido. Encantado como siempre.

Me siento muy amigo y muy honrado.

Muchísimas gracias.

Porque lo cuidáis todo, lo mimáis todo y da gusto.

Lo procuramos. Muchísimas gracias.

Además, merece la pena

cuando vemos que vamos a hablar de temas

que yo creo que interesan

a todas las personas que nos están escuchando.

Tenemos un libro. Se llama "Déjale crecer".

Iba a decir el último.

No es el último libro de Javier Urra.

Ya hablaremos de eso en otro momento.

Este se llama

"Déjale crecer

o tu hijo en vez de un árbol fuerte será un bonsái".

Es verdad.

Un día dije esa expresión.

Si no dejas crecer a los niños, si no les dejas caer y levantarse,

en vez de tener un árbol que florece y que se va,

que es libre,

que no será como te lo plantees como madre o como padre,

al final se queda un poco agostado.

¿Estamos en un momento de sobreprotección de los niños?

En Occidente sin duda.

En Occidente.

Me gusta ese matiz.

Si tú te vas a Kenia o te vas a Honduras,

categóricamente, no.

Pero en Occidente se tienen pocos hijos.

España tiene 1,12.

El país, junto con Italia, con menos natalidad del mundo.

Segundo.

Se tienen los hijos con más edad los padres.

Y tercero.

Hay una teoría ahí, no sé quién la ha transmitido,

de que hay que tener cuidado para que los niños no se traumen.

Desde ese criterio de que los niños han de ser felices

le pedimos a la vida lo que la vida no puede dar,

porque la vida es simpatía, generosidad, alegría, esperanza,

aburrimiento, tristeza,

paro, separación de padres, muerte de abuelos...

La vida.

Por lo tanto, a nuestros niños hay que prepararles también

para las situaciones de la realidad.

No del mundo Disney, que ojalá fuera,

pero que vamos solo encaminados.

Javier, el libro hay que leerlo, obviamente.

Pero déjame que te pregunte esto.

¿Cuáles pueden ser algunas causas que apuntas en el libro

de esta sobreprotección?

¿Por qué los sobreprotegemos?

¿Miedos tal vez?

Las causas de la sobreprotección son válidas.

Una, fíjate, casi un poquito de postureo.

Ah, ¿sí? Yo creo que sí.

Hay padres y madres

que desde el primer día se trasladan a sí mismos.

Tengo que llevarlo al pediatra, necesitará un logopeda,

ahora estoy en tal profesional, ahora le llevo,

porque necesito demostrarme a mí y a los demás

que soy un buen padre y una buena madre.

Segundo.

Porque queremos esa idea

de que los chicos den de sí todo lo que tienen.

Todo lo que tienen que nosotros pensamos que tienen.

No hay nada peor para un niño o para cualquier ser humano

que ser esclavo del pensamiento de otro.

Tener otro dueño.

A los niños hay que dejarles crecer, jugar, conocer, bailar, salir,

estar en la naturaleza, practicar deporte...

Jugar.

En jugar yo insisto mucho.

A partir de ahí, un chico te dice:

"Quiero hacer hostelería", "quiero ser ingeniero",

"quiero ser conductor de autobús"...

Bueno, ya iremos viendo

qué le da capacidad de pasión, de vocación...

Luego, no querer que el niño no sufra nunca.

Si un viernes

tu hijo de 13 años sabe que todos sus amigos salen,

y que a él no le van a llamar,

va a sufrir.

Tú no vas a acabar eligiendo a su pareja.

Le puedes dar criterios iniciales para que él vea el mundo y elija.

Al final, se nace con un temperamento,

se tiene un carácter, se desarrolla una personalidad

y el ser humano es el yo y mis circunstancias.

Pero el niño o la niña tiene su biología,

tiene su genética, tiene su educación,

tiene la paternidad,

pero también tiene una idea...

Una paternidad que es una paternidad...

Hay autores que hablan...

La paternidad es adoptada.

No puede ser una paternidad biológica

porque el ser humano necesita ser querido

por ese alguien

y el ser humano adopta el ser padre.

Esto es muy bonito.

Además de eso, educan los medios de comunicación,

educa la red social, los amigos y la decisión del propio niño.

Por lo tanto, hay muchas circunstancias

que nos llevan a una sociedad

donde se han convertido en un tesoro.

En una sobreprotección.

Eso no quita, María Ángeles,

evitar que estén en contacto en la red

con un tío de 13 años que a lo mejor es un señor de 39,

para que no se metan en grupos fanáticos,

para que no se enganchen

en páginas o criterios autolíticos o de suicidio

o de anorexia o de ludopatía.

A los niños hay que protegerlos sin duda.

Y cuando digo niños, digo de 6 años, de 14, de 16...

Hay que seguir supervisándoles,

pero no sobreproteger en cosas nimias,

no volverse en contra del profesor,

no cuando dos niños de seis años están jugando en un parque

y se echan arena el uno al otro,

ir de casco azul,

no ser un padre helicóptero.

Eso no quita dejar que haya acoso escolar.

Pero entre el juego y la pelea, entre dos niños de igual a igual,

ahí hay que dejarlo.

A veces nos cuesta

porque en esa maternidad, en esa paternidad,

en ese querer estar tan encima...

Por eso, los padres y las madres hoy tienen tanta culpabilidad.

Porque se trabaja mucho,

porque los sueldos no dan para una vida garantizada...

Entonces, la gente dice:

"Le dedico poco tiempo".

Dedícale el que puedas.

Y luego el niño también se aburre.

Tiene una cosa preciosa que se llama imaginación.

Se llama creatividad.

Por lo tanto, ni tenemos que ser excepcionales

ni tenemos que sobreproteger.

Tenemos que mandarlos para que estén en un campamento,

hacer que vayan a un hospital a ver niños enfermos,

hacer que vayan a ver a la abuela con alzhéimer...

Que el niño no piense que lo importante es él.

Lo importante es el tú, el nosotros.

Eso me parece que es esencial.

¿El reto quizás está en encontrar, como en tantas cosas en la vida,

el término medio, ese equilibrio, podríamos decir,

entre esos límites que obviamente hay que poner,

entre esa protección que hay que dar a la infancia

y la autonomía?

Yo creo que sí.

Ahí está el reto, ¿no? Yo creo que sí.

Al principio, cuando se tiene un niño,

la asistencia es total.

Claro.

Necesita pecho, necesita biberón, necesita vacunas, necesita calor...

Y luego hay un momento

en que los niños preadolescentes se van separando

y a los padres les cuesta mucho

porque empieza a tener sus amigos, empieza a tener sus salidas,

porque no le cuenta todo a su mamá o a su papá.

Tú notas

que estás dejando de tener ese lazo afectivo y de apego.

No. Está ganando en independencia.

Está dejando de ser un niño para ser adulto.

Y tenemos miedo.

La oruga no se dejaría transformar para convertirse en mariposa.

Pero, al final, esa es la libertad.

Los padres tenemos que educar para la libertad de nuestros hijos.

Son entes distintos a nosotros.

No nos pertenecen.

Si no, tenemos ese criterio de sobreprotección.

Ahora bien, María Ángeles,

estamos teniendo un mayor índice de suicidios infantojuveniles

sobre todo en niñas.

La pregunta es por qué.

Y mi respuesta es si están pidiéndole a la vida

más de lo que pueden dar.

Cuando alguien les deja, cuando alguien rompe con ellos,

el mundo se quiebra.

Hay que anticipar que eso va a pasar,

que tres de cada cuatro jóvenes se van a separar.

Hay que educarles para la ruptura.

Hay que prepararles para la separación.

Estamos viendo, por ejemplo, niños que son acosados en la escuela.

¿De quién es la culpa?

Naturalmente, del agresor.

Pero también hay que educar a nuestros propios hijos

para que tengan habilidades sociales

y tengan otras niñas y otros niños que sean grupo de apoyo.

Si un día vienen a reírse de mí porque estoy gordito,

porque tengo orejas de soplillo

o porque soy distinto

y no me gusta el fútbol y toco el chelo,

tener un grupo.

Eso es fortalecerle,

pero hay que haberle enseñado lo que es la soledad, la austeridad,

el esfuerzo, el deber...

Eso es darle un mejor futuro a un niño.

Y, por último, una pregunta muy seria.

Muy severa.

Un chaval varón, María Ángeles, que tiene 15 años

y jamás se le ha dicho, por ejemplo, no.

La pregunta

es si el día que su pareja le diga no,

lo va a aceptar.

Por eso...

Pero ¿eso ocurre, Javier? Eso ocurre.

¿Hay niños y adolescentes

que no han oído un no en su vida por parte de sus padres?

En Fiscalía, donde he trabajado 32 años,

he visto un chico de 16 o 17 años que dijo:

"O sea, ¿yo voy a hacer esto porque tú lo dices?

¿Porque tú lo dices?".

¿Sabes a quién se lo estaba diciendo?

A la magistrada juez.

Como nunca había oído un no, le dijo:

"Lo voy a hacer porque tú lo dices".

Cuando ya llegó la policía y le puso las esposas,

ya entendió que sí.

No había recibido nunca un no.

Cuando todo el mundo a tu alrededor te arropa,

cuando la vida es algodonosa,

el día que estás mal dices:

"Pues tomo una pastilla".

Una pastilla o me drogo.

Busco atajos a la vida.

Ya. Claro.

A veces estás trabajando muy bien y te echan de un trabajo,

y una vez tienes un gran amigo y un día deja de hablarte

y le llamas y dices: "Pero ¿qué ha pasado?"

y no te vuelve a contestar

y te quedas para siempre con ese sufrimiento y ese dolor

de decir "¿qué hice mal?".

Pero es que no lo sé.

Eso es parte de la vida.

Por lo tanto, a los chavales hay que fortalecerles

en su carácter, en su asertividad...

"Oye, vamos a ir todos a las 03:00 a beber".

Y tienes un chaval que dice: "No".

"Eres un no sé qué. Ya no te ajuntamos".

"Pues vale. Me quedaré sin vosotros".

"Yo no voy a ir a las 03:00 a beber

para lo que estáis diciendo que vais a hacer".

"No".

"Me quedaré sin amigos y me quedaré muy triste".

Eso no es fácil de conseguir.

Eso se llama asertividad, eso se llama tener criterio.

Yo creo que educar ahí es desde el cariño y el afecto.

Pero un día hay que decirle:

"Oye, cruza la calle".

Que tú le traerías el pan siempre y así tiene menos riesgo, claro,

pero tiene que hacerlo él.

Están mandando muchos wásaps que me gustan a mí

por ejemplo de una osa madre que sube a una ladera nevada

y, de pronto, el osezno se cae con las uñas

y la madre mira.

La osa mira, pero no baja.

Y el osezno...

Y así cuatro o cinco veces hasta que alcanza la cota alta.

Pero no baja.

Le cuesta más no bajar que bajar. Claro.

Pero sabe

que el osezno tiene que demostrarse su autonomía.

Es decir, las águilas empujan a las crías

y caen y eso les fortaleza las alas.

Si nuestros aviones cuando despegan es contra el viento.

No a favor.

Es decir, tú te fortaleces.

Hay veces que, por ejemplo, dicen los Gobiernos:

"Vamos a aprobar a los chicos que no se dañen la autoestima".

Se equivocan.

La autoestima se fortalece

cuando tú te vas a la cama o yo o el que nos está viendo diciendo:

"He hecho todo lo que soy capaz de hacer".

Y te vas humildemente orgulloso de ti mismo.

Eso es.

Has hecho lo que podías hacer.

Cuando los padres, estas Navidades o cualquier día,

sale un niño en un obra de teatro y decía: "Cucu",

y se ponían a aplaudir, yo digo: "Pero ¿por qué aplauden?".

Si ha dicho cucu y, además, no lo ha dicho bien, ¿no?

Cuando un chico hace una cosa bien, hay que decir muy bien.

Lo que no puede ser, María Ángeles,

es que los padres, hoy, muchos padres, decís a los hijos:

"¿Me puedes retirar el libro, por favor?",

"¿me traes, por favor, un vaso de agua?".

Y, en cambio, ellos exigen.

Sí. Es verdad.

¿Por qué los padres piden por favor?

No.

Vamos a recoger la mesa o recoge la mesa.

No es una petición.

Es un respeto.

Tú eres parte de esta casa

y si te hago todo, te hago como el cristal.

Duro, pero frágil.

Por eso, hablar de la sobreprotección

en la misma editorial, La esfera de los libros,

donde nació aquel libro

del que vendí 300 000 libros en España,

que es "El pequeño dictador",

tiene su punto.

El punto es no sobreprotejamos a los niños

porque a veces los hacemos tiranos y a veces los hacemos quebradizos.

¿Les estamos...?

Me da la sensación

por esto que hemos leído en el libro

y que cuentas

de que, por un lado, procuramos darles mucha libertad,

pero, en el fondo, se la estamos quitando

porque no les estamos dejando con esa hiperprotección.

Yo estoy totalmente de acuerdo.

La idea del libro de "Déjale crecer" es que estamos haciendo personas

que en vez de ser ciudadanos, son consumidores.

Ese niño, desde muy corta edad, ya pide.

Exige un tipo de marca de botas, luego esta ropita.

Qué bien que elija si le gusta este color u otro.

De acuerdo.

Pero, sobre todo, hay que comprometerle.

No, no.

Los dilemas éticos.

A un niño de 13 años hay que decirle:

"Ahora mismo se está planteando el tema de la eutanasia

y cuando una persona tiene que morir,

hay que facilitarle amor".

Yo digo: "¿Tienes 13 años?".

Claro.

Eres un ciudadano.

No tienes todavía derecho al voto, pero no eres el futuro.

Eres el presente.

¿Esto cómo lo ves?

Pero vámonos a un tema mucho más grave.

La eugenesia.

¿Quién es una persona para decidir

si una persona tiene derecho o no a la vida

porque sea afecto de parálisis cerebral?

¿De síndrome de Down?

¿La eutanasia

porque mi madre, que es verdad,

tiene no sé exactamente qué tipo de demencia senil

y si es un alzhéimer y no me reconoce?

Pero ¿me siente?

¿Quién determina eso?

Hijo, no te lo voy a preguntar muchas veces,

pero planteémoslo.

Hijo o alumno.

Eso, yo creo, es tratar a los chicos con respeto.

Y es decir:

"Hija, si sales a la calle y rompes cosas o haces pintadas,

que sepas que la multa me va a llegar a mí

que soy la madre o que soy el padre

porque tengo una responsabilidad.

Al tener esa responsabilidad sobre ti, hija o hijo,

no quiero saber cuando tengas 17 años

qué tipo de relaciones tienes con tu pareja.

Eso es tu intimidad, tu dignidad, tu honor,

pero, mientras tanto, tengo que saber a quién escribes,

qué haces, cuáles son los riesgos, qué traes a casa.

Por cierto, no tengo ningún problema en mostrarte quiénes son mis amigas

y mis amigos y mis compañeros de trabajo.

Yo quiero conocer a los tuyos".

Yo te respeto

y la sobreprotección no permite el respeto.

Es alguien que está siempre tutelado

y los niños tienen que dejar de serlo

desde corta edad.

Entonces, a mí me da la sensación

de que hemos cambiado incluso el significado

o entendemos el respeto de forma muy distinta,

porque parece que les estamos respetando más.

No digo si les damos todo,

porque no quiero pensar que sea la intención de los padres,

pero, al final, es en lo que caemos, ¿no?

Yo creo que sí.

O sea, los padres quieren querer y lo que quieren es transmitir,

pero tienen que ser padres.

Ser padre es ser adulto

y ser padre es dar amor y es dar seguridad y es decir no

y es poner límites y es marcar un horario

y es decir "levántate y haz la cama".

Lo otro es una idea equívocamente democrática

de la familia

con un viso anarquista.

"Aquí haces lo que quieres y si no lo haces, te lo hago yo".

Si se lo haces tú, va a aprender a no hacerlo,

pero le incapacitas para hacerlo.

Tiene derecho a hacerlo con todos los costes que conlleve.

Ah, por cierto.

Si no se hacen tales cosas, habrá una sanción.

Es que tienes derecho a ser sancionado.

Si no, la sociedad te va a sancionar.

Claro.

La sociedad a veces también es la idea de...

Los anuncios.

"Porque tú lo vales".

Lo de que todo el mundo lo vale no lo tengo tan claro.

Mis colegas, psiquiatras y psicólogos, dicen:

"La autoestima".

Yo veo a mucha gente que tiene excesiva autoestima.

El 90 % de la gente, María Ángeles, cree que vale más que los demás.

Que es más listo que los demás.

Eso, estadísticamente, no es posible.

Yo doy conferencias en todas las ciudades

y en todos los pueblos de España

y muchas veces digo en un sala: "Aquí habrá algún imbécil",

y la gente se parte de risa,

porque todo el mundo piensa en el de al lado.

¿Este es el ser humano?

No.

¿Cuál es tu esfuerzo? ¿Qué has hecho?

Yo tengo muy buen pelo, pero eso no tiene ningún mérito.

Es heredado de mis padres que tenían muy buen pelo.

No.

Yo soy lo que hago.

Lo que he hecho.

Mi esfuerzo, mis 49 libros,

mis conferencias, mis clases en la universidad,

mi grupo de trabajo...

Eso es lo que yo soy

y eso lo puede ser un adulto o un joven.

Claro que a un chaval hay que darle responsabilidades.

Yo creo mucho en los jóvenes.

Con 18 años era jefe de un campamento

que tenía 3 grupos de 500 chicos cada vez

y llevábamos niños de educación especial

con niños que no lo eran.

¿Era yo menos responsable que ahora?

No.

Era más joven, tenía más fuerza, más pelo,

pero no menos criterio y menos responsabilidad.

Eso hay que darla. Hay que transmitírsela.

Hoy hay muchos niños que, además, son hijos solos.

No hijos únicos.

Me gusta ese matiz.

Esa diferencia, ¿eh? Claro.

He vivido toda la vida en Bravo Murillo,

tenía un balón de fútbol y una bicicleta.

Estaba todo el día en la calle y jugábamos

y nos caíamos con cariño y nos levantábamos.

Me parece

que hay que trasladar a los chavales.

"Oye, tú mismo".

"Pero tú mismo

porque te vas a encontrar con la prostitución o trata,

con el tema de la droga, con no pagar a Hacienda,

con saltarte los "stops", con ser un irresponsable

y beber y salir a la carretera y un día llevarte a un ciclista".

Tú eres todo eso. Todas esas cosas.

También puedes ser una persona que escriba

o que sea un buen médico o un magnífico piloto de aviación

o un señor detrás de cámaras de televisión

y haga lo mejor

para sacar la mejor imagen del invitado.

Por lo tanto, tú eres y yo te respeto.

Pero ya eres.

No es que vayas a ser en el futuro.

Eres el presente.

María Ángeles, los que nos ven y yo

somos lo que quedó del niño que fuimos.

Este libro,

"Déjale crecer

o en vez de un árbol fuerte serás un bonsái",

es un libro fluido.

Es un libro que se lee como el agua porque no me he puesto a escribir.

Está dictado.

Es un libro que se basa en la psicología,

que se basa en la realidad de 32 años en la Fiscalía,

que se basa en un centro

donde tenemos a hijos que agreden a padres,

que se basa en muchas experiencias

para decir "qué nos está llevando a esto".

Y me he dado cuenta de que gran parte,

gran parte, no todo, pero gran parte,

es una sociedad que sobreprotege a los niños

y que solo les da derechos

sin entender

que ser libre es tener responsabilidades.

En el libro...

Yo creo que planea durante todo el libro,

pero en algún momento sí que lo dices expresamente.

Nos sugieres a los padres o nos aconsejas, podríamos decir,

que disfrutemos educando.

Sí.

Hombre, tener un hijo es una gozada.

Es un conflicto...

A veces lo vemos como un conflicto. Conflicto seguro.

Es un conflicto seguro.

Entre otras cosas, porque los padres son una pared.

A los hijos, como la hiedra, les sirve para apoyarse y subir,

pero también para chocar.

Esto creo que te lo he contado

en tu programa aquí en Televisión Española.

En Fiscalía he visto a chicos que decían:

"Creo que no les importo nada".

Y yo les decía: "¿Y por qué?".

Decían: "Porque diga lo que diga y haga lo que haga,

no me dicen nada".

Ese es un problema.

Los padres y las madres tenemos que ser muy pesados,

pero muy pesados.

Tenemos que estar muy encima

para evitarles peligros reales, cosas que no pueden ver,

porque, además, un joven vive el presente.

Es incapaz de aprender mucho de lo pasado

y mucho menos de proyectarse en el futuro.

Esa es la función de los adultos.

Pero con corresponsabilidad

y también, María Ángeles, diciendo: "Mi vida. La mía".

La de María Ángeles.

No la de la mujer, no la de la madre,

no la de Javier, no la de la pareja.

No. La mía.

Yo también tengo mis derechos.

Yo también tengo malos momentos.

Yo también tengo un compañero que no es lo más cariñoso del mundo.

Por lo tanto, ese poder hablar,

ese poder ir un día a ver un partido de deporte...

A los hijos también hay que decirles:

"Oye, vente un día a verme.

Vente un día al estudio a ver cómo hacemos una entrevista"

para que los chicos aprendan a estar,

a ver nuestra valoración, a ver el mundo desde nosotros.

"Por cierto, yo respeto a los abuelos

y el esfuerzo que fue y saber que ha habido austeridad

y que no hay ninguna garantía

de que nuestros niños

no vayan a tener en unos años otra situación de hecatombe

y de que todo lo que tienen tengan que prescindir.

Al final, hijo, tú eres lo que eres. No lo que tienes".

Todo se puede perder.

Pero si eres una persona íntegra,

noble, leal, con palabra, con esfuerzo,

serás digno

y el último día de tu vida podrás mirarte en un espejo y decir:

"Mereció la pena. Hice lo que tenía que hacer".

Pero es mi teoría.

Posiblemente,

los que me están viendo no van a estar de acuerdo.

Yo no creo que al mundo se venga solo para ser feliz.

Hay que ser feliz.

Yo en esta entrevista estoy superfeliz.

Pero no es el objetivo ser feliz.

Es transmitir

y es mejorar en algo lo que hemos recibido.

Ah, por cierto.

Y un sentido de transcendencia de la vida,

de espiritualidad de la vida,

de mirar a las estrellas y decir: "¿No habrá nada más?".

Y de sentir, no solo de pensar, no solo de exigir,

sino de dar, enseñar a ser solidario, generoso.

Los Reyes Magos.

Se les trae juguetes.

Hay que darles la posibilidad de decir:

"¿Uno de los juguetes que te han traído nuevo

lo quieres regalar?

Hazlo.

Hazlo".

"¿De la paga que tienes ahora que empezamos otro nuevo año

quieres algún euro darlo para otros niños que lo tienen peor?

Es que tienes derecho".

Pero no lo voy a dar yo.

Lo vas a dar tú quitándotelo de ti.

Vas a tener ahí una disonancia.

Vas a tener un problema.

Pero ¿mereció la pena?

Pues esa es tu decisión.

Como un día podrás hacer una trasfusión.

Pero démosle.

Yo creo que eso es respetar.

Lo otro es anular

y no me queda muy claro

si anular a un niño se hace por amor o por amor a uno mismo.

Si no, dejar de ser un...

Yo soy el padre, yo soy la madre y no puedo dejar de serlo.

Bueno, pues retente.

Retente. Aunque cueste.

Aunque te cueste.

A veces puede tener uno un punto de celos,

pero uno tiene que entender que, al final, estropea el amor

y que no puede ser.

Hablabas de la trascendencia.

Me parece que nos vamos a ver relativamente pronto

porque tu trabajo más reciente

tiene que ver precisamente con la trascendencia, ¿no?

Bueno, es un librito pequeño muy pensado y muy trabajado

que se titula "Nostalgia del más allá".

Hablaremos del más allá.

Por cierto, ¿el más allá está antes o después?

Uy, qué pregunta.

¿Se muere antes de nacer?

¿Dónde estamos?

¿Qué es la vida? ¿Qué es lo esencial?

Llevo muchos años escribiendo el librito

que si tienes la amabilidad como siempre de invitarme,

estaré encantado.

De hecho, nos planteamos hablar hoy,

pero ese libro hay que tratarlo con tranquilidad.

A lo largo de este año. Efectivamente.

Para hablar de un tema

del que no se habla mucho con los hijos.

¿Qué hay después?,

¿qué pasa después? o ¿qué ocurre antes?

Es una pregunta inteligente.

Es una pregunta que, además, posiblemente,

ni tú ni yo ni nuestros hijos tengan la respuesta,

pero que podemos, por lo menos, compartir

para saber que la ansiedad,

la angustia, las preguntas o la esperanza

no es igual cuando tienes 6 años que cuando tienes 61.

La vida.

La vida es muchas veces preguntas compartidas sin duda.

Pues encantada

de seguir escuchando estas respuestas

o algunas de esas respuestas que podemos dar.

Encantado de estar en este magnífico programa.

Qué bien que este programa se continúe en el tiempo,

qué gran labor social y ciudadana

y qué magnífica persona y qué magnífica profesional eres.

Muchísimas gracias, Javier. A ti.

Sobre todo gracias por este tiempo

que con tanta amabilidad nos regalas,

porque es un auténtico regalo.

Voy a volver a...

Luego me dicen que no recuerdo los títulos.

Vamos a recordarlo.

"Déjale crecer

o tu hijo en vez de un árbol fuerte será un bonsái".

Firmado por Javier Urra.

En La esfera de los libros. Eso es.

Muchas gracias a todos, amigos espectadores.

Si lo desean, la próxima semana de nuevo nos encontramos aquí

en "Últimas preguntas".

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Últimas preguntas - Déjale crecer

17 feb 2019

Según el estilo educativo podemos lograr que los niños y adolescentes se desarrollen como árboles fuertes o que queden como pequeños bonsais. Esta es la tesis que analizamos hoy con el psicólogo Javier Urra.

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